Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.
Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica
Capítulo #21: Noche Buena. Noche de Estrellas
El muchacho de mirada fría sonrió imperceptiblemente, obtenía la correspondencia de aquella joven por quien sentía algo que creía no volvería jamás a experimentar. Se acercó lentamente hasta ella, acarició con su mano una de las suaves mejillas de la chica, se acercó lentamente sin quitar la mirada de esos enormes y bellos ojos celestes que le contemplaban serenamente. Pudo notar como la pálida tez de Megan se matizaba de un tímido tono rojizo. Fue así como cerró sus ojos mientras sentía el calor que bordeaba a los labios de la joven.
— ¡Tengo una idea!— la muchacha repentinamente se alejó de Rukawa interrumpiendo sus intensiones, el ex Shohoku le observó curioso.
— ¿Qué dijiste?
— Que tengo una idea ¡Vamos!— pronunció entusiasta la muchacha tomando de una mano al pelinegro.
— ¿Pero a dónde vamos?—preguntó perplejo.
— Verás que te gustará, confía en mí… Lo único que tienes que hacer es pedalear— expresó la muchacha mientras guiñaba un ojo sonriendo.
— Aquí vamos otra vez— musitó Rukawa al notar que nuevamente atendía las ocurrencias de Megan.
El silencio ensordecedor se apoderó repentinamente del lugar. Los ojos marrones de aquel muchacho vibraban atónitos ante las palabras de la joven. Veía fijamente al chico que tenía en frente, su expresión seria adornada por las huellas de su puño en una de sus mejillas denotaban veracidad en la confesión. Hanamichi ahora volteó hacia la castaña, sus ojos humedecidos y expresión angustiada se lo confirmaba, pero aún una cuota de duda quedaba en él.
— ¿Tu hermano?— masculló sin soltar aún el cuello de la camisa de Sendoh.
— Sí. Akira es mi hermano— confirmó la ojiverde— ¡Así que suéltalo de una vez, Sakuragi!— vociferó fuera de sí la castaña. Hanamichi miró al joven de cabellos alzados, este seguía viéndole de manera estoica y algo agresiva. Repentinamente el pelirrojo desprendió de sus puños la camisa del chico de Ryonan. Pronto se puso de pie, Sendoh le imitó.
— Sally, yo no sabía— formuló pasmado dirigiéndose a la muchacha— Creí que tal vez…— añadió confundido.
— Déjala en paz, ya sabes lo que querías, ahora vete, Sakuragi— la grave voz de Sendoh interrumpió las palabras de Hanamichi, este volteó frunciendo el ceño hacia el capitán de Ryonan.
— No— la ojiverde intervino, ambos jóvenes voltearon sorprendidos hacia ella— Akira, si ya se enteró de esto quiero que sepa toda la historia— pronunció con la mirada baja— Por favor, déjamelo a mí, estaré bien— añadió mientras sonreía amablemente a su hermano.
— ¿Estás segura?—inquirió Sendoh, la muchacha asintió.
— Sally— susurró con asombro el pelirrojo.
— Entonces me voy. Por favor, llámame cuando llegues a casa ¿Quieres?— pidió a modo de súplica el chico de Ryonan.
— Esta bien— articuló la muchacha sonriendo de medio lado. Akira le abrazó unos instantes, y luego partió, Hanamichi observaba en silencio la escena. Un silencio sepulcral rodeó a los muchachos. Hanamichi no lograba articular palabra alguna, no sabía que debía decir en aquella circunstancia. El haberse empecinado con la idea de que Sally y Sendoh eran novios no le había permitido siquiera verlos como amigos, y si no los podía creer amigos, mucho menos hermanos. Tragó algo de saliva, tras lo cual dio un paso sigiloso hacia la muchacha.
— Sakuragi— la joven acabó con el silencio con su voz serena, el pelirrojo se detuvo posando sus ojos curiosos en la muchacha que se hallaba de espaldas ante él— ¿Buscamos un mejor sitio para poder hablar?— sugirió, Hanamichi le observó con asombro, la ojiverde no tardó en voltear hacia él regalándole una encantadora sonrisa.
— Sí— articuló confuso el pelirrojo mientras asentía.
Sus pasos sincronizados hacían de aquel recorrido el único ruido ambiente. Las mejillas rosa de la muchacha evidenciaba su pusilanimidad al verse a solas con aquel muchacho.
La convivencia había acabado ya, y a la vez la hora de regresar a casa era el panorama más próximo, en compañía de sus inseparables amigas, se anticipó ella. Pero no contaba con la sorpresiva oferta de aquel chico, que caminaba silente a su lado.
Los cuestionamientos en la cabeza del muchacho, del porqué había decidido acompañar a la joven hasta su casa le hacían gruñir de manera insonora. Y es que no podía evitar maldecirse internamente al observar a su acompañante con el rabillo del ojo y comprobar que la atmósfera silenciosa que surgía, era totalmente incómoda para ambos.
Ya harto del mutismo, Mitsui abrió el túnel oscuro que era su boca para decir algo. Pero al instante se contuvo.
¿Qué podía decir? Al parecer el entusiasmo con que Haruko se divertía hace un rato, se había esfumado en el mismo instante en que habían quedado a solas. Su actitud le enardecía. Por lo general Mitsui, adolescente cuya único interés era el básquetbol, no solía fijar su atención en las jóvenes a su alrededor, la mayoría de las cuales además, le contemplaban con temor al hacer de su apellido un sinónimo de pandillero. Pero ella, Haruko Akagi era una excepción a la regla, su retraimiento no se debía a eso. Aquella chica conocía del todo su historia, él era consciente de ello. Y es eso mismo lo que alteraba los ánimos de basquetbolista. Nada le sugería el porqué de su silencio.
Algunos gráciles copos de nieve comenzaron a precipitar, Hisashi alzó la vista al cielo para comprobarlo.
— "Nieve".
Pensó con fastidio bajando nuevamente la vista. Pudo notar un movimiento extraño en su acompañante, giró su rostro para verle y pudo percibir que la gélida brisa le ganaba la batalla al kimono que le abrigaba, por lo cual Haruko se abrazaba a sí misma para contrarrestar su baja sensación térmica. Mitsui se apresuró en quitarse su chaqueta negra, para colocarla en la espalda de la muchacha. Esta alzó la mirada hacia el joven, quien sonrió de medio lado.
— Si tenías frío, sólo debiste decirlo— pronunció amable, la chica de ojos azules asintió tímidamente.
— Gracias— articuló en un susurro, el muchacho sonrió algo más enérgico.
— No tienes que agradecerme— espetó reiniciando el camino— Ahora vamos, que en tu casa se preocuparán por ti— añadió. La joven con presura le alcanzó y continuaron su camino.
Estaban frente a frente, sentados a una pequeña mesa redonda de aquella tienda que se alzaba entre las tantas atracciones de aquel parque. Los ojos verdes de la muchacha, abatidos se reflejaban en las aguas verdes traslucidas del té que descansaba frente a ella. Hanamichi no articulaba palabra alguna. Desde que Sendoh los había dejado a solas no había querido interferir en el silencio voluntario de su compañera. Era probable que lo necesitara, debía darle tiempo para hablar, ya había advertido el quebranto de los ánimos de la muchacha y no quería alterarlos aún más forzándole a hablar. Fue así como permitió a su mirada explorar el ambiente externo a través de los grandes ventanales que actuaban de pared.
Traviesas melodías navideñas; familias enteras paseando; niños demandando un algodón de dulce; parejas de adolescentes caminando de la mano, comerciantes en fila ofrecían sus productos para la velada. Todo aquello daba vida al hermoso parque, donde la belleza era otorgada por la variada flora que durante todo el año ornamentaba naturalmente el sitio.
El muchacho suspiró afligido.
— "Como quisiera que Sally pudiera estar disfrutando de todo esto"— caviló mientras sostenía su rostro con la palma de su mano derecha.
— Sakuragi…— la serena voz de la castaña sacó repentinamente al pelirrojo de sus meditaciones. Este se reincorporó con premura entregando toda su atención a la muchacha.
— Sí, Sally— formuló atolondrado mientras aclaraba su garganta.
— Discúlpame por hacerte esperar tanto— expresó alzando la mirada hacia su interlocutor, este pudo notar que su pacificada voz, no era sustentada por su mirada, la que aún reflejaba su cólera.
— No, no— negó de prisa— Puedes tomarte el tiempo que quieras, sé que no debe ser fácil de explicar que tú y el puercoespín…— argumentó espontaneo ante la interrupción de la ojiverde.
— Ya tomé el tiempo suficiente— pronunció firmemente.
— Entonces… ¿Me dirás cómo es que tú y Sendoh son hermanos?— cuestionó sigiloso, en algún momento llegó a pensar que quizás se irían de aquella cafetera sin haber siquiera cruzado palabras. Sally asintió, tras lo cual tomó una gran bocanada de aire.
— No está de más aclarar que toda mi vida viví en Estados Unidos, con mi padre— inició sus palabras, los marrones ojos del pelirrojo se hundieron en el rostro de la castaña, intentando profundizar su atención en el relato de la muchacha— Desde que tengo recuerdos, supe que mi madre había muerto al poco tiempo de mi nacimiento, producto del parto— continuó, Hanamichi asintió al instante— Fue así como Megan y yo, crecimos sólo con nuestro padre… el mejor del mundo— pronunció esbozando una sutil sonrisa en sus labios— Pero no todo era tan perfecto como creímos por años con mi hermana… papá nos había mentido, según él por nuestro bien— esto último sonó oscurecido en su voz.
— ¿Por qué? ¿Qué mentira dijo tu padre?— interrogó extrañado. Sin embargo una posible respuesta asaltó repentinamente su cabeza— ¡¿Acaso él es padre de Sendoh?!— infirió escandalosamente. La mirada de las personas que se encontraban en el lugar se posaron curiosas en el chico.
— No— pronunció con una pequeña sonrisa la ojiverde— Mi madre había tenido un hijo antes de que naciera Megan. Mi padre lo aceptó como su propio hijo, continuaron su vida juntos, pero tiempo después de mi nacimiento… ella se marchó con mi hermano de vuelta a Japón para regresar con el padre de Akira— explicó la muchacha mientras revolvía la tasa de té verde con una cuchara.
— Eso quiere decir que…— articuló suspenso.
— Mi madre nunca murió, nos abandonó— continuó Sally. El pelirrojo abrió sus ojos con asombro, le resultaba realmente inconcebible el actuar de la madre de las muchachas.
— Entonces tú viniste a Japón para buscarla— pronunció de manera afirmativa.
— Sí, así fue— contestó la ojiverde mientras levantaba la vista para sonreír con amabilidad al pelirrojo. Era la primera vez que lo hacía. Aquel simple gesto le daba un aspecto encantador que no paso inadvertido por el chico de cabellos rojos, cuyo rostro se pintó sutilmente del mismo tono que su pelo. Aturdido por su espontánea admiración, sacudió su cabeza de un lado a otro para retomar su atención en la muchacha.
— "Demonios, ¡no es momento de estar pensando en esas cosas!"— se recriminó internamente.
— Creí que quizás estaría arrepentida de lo que hizo, y yo estaba dispuesta a darle una oportunidad. Ni mi padre ni mi hermana estuvieron de acuerdo con eso, pensaron que podría salir lastimada— pronunció mientras recordaba las palabras de su hermana Megan antes de partir.
— Ya no me des explicaciones— pronunció con un suspiro, Megan— Es tu decisión, eres dueña de hacer lo que quieras, no me puedo entrometer— añadió dándose por vencida— No es algo que comparta, jamás lo haría, pero si es importante para ti, hazlo, no diré nada, sólo espero que no te arrepientas o que salgas lastimada, no me gustaría verte así— expresó ahora la chica de cabello negro.
Una lágrima fugitiva se escapó desde uno de los vidriados ojos de Sally.
— Y estaban en lo cierto— susurró. Finalmente su hermana tenía razón, estaba saliendo dañada de lo que pretendía fuera el reencuentro definitivo con su madre.
Megan desde siempre había sido su firme defensora, nunca había faltado para protegerle, y ahora, cuando más le necesitaba no estaba para ella.
— "Cómo quisiera que estuvieras aquí"— pensó. El llanto reprimido en sus ojos cerrados drenó por sus mejillas en medio de un sollozo angustiado, mientras el sentimiento de soledad florecía en ella.
Hanamichi no soportaba verla así. Desde el primer día, Sally había demostrado ser una chica muy fuerte, de gran carácter. Pero ahora se veía tan indefensa y vulnerable. Después de vacilar un poco, se puso de pie y lentamente se acercó hasta la muchacha, se inclinó frente a ella y le observó mientras ésta mantenía la cabeza baja. Sus mejillas volvieron a tinturarse de escarlata al sentirla tan cerca, a lo cual se sumó su pulso alborotado en su garganta. El muchacho acercó lentamente sus manos a la chica, tragó algo de saliva nervioso.
La ojiverde sintió una gran mano sobre su hombro, abrió sus ojos con asombro, pero antes que pudiera reaccionar, se encontraba prisionera de los fornidos brazos de pelirrojo que tímidamente, la estrechaba entre ellos con mayor determinación.
Un abrazo…
Un simple gesto de empatía le hizo sentir una desbordante sensación de liberación. Hasta ahora se había sentido patética por estar llorando frente a su compañero de salón. Si bien, en el último tiempo su relación había progresado, no lo creía suficiente para estar lloriqueando frente a él. Creyó que se burlaría en su cara.
Pero ahí estaba…
Abrazándole y haciéndole sentir su apoyo.
Al parecer el grandulón de cabeza supuestamente apestosa a pimienta no era tan trivial como lo creía. Tantas discusiones tanto en el salón, durante los partidos del muchacho, en las calles de Kanagawa. Todas ellas se precipitaban en su mente como recuerdos simultáneos, para esfumarse ante aquel acto espontáneo y de aparente sincera afectividad. Se aferró enérgicamente a la ancha espalda del muchacho. Y lloró…
La muchacha de un brinco bajó de la parte trasera de la bicicleta. Su conductor le miró con el rabillo del ojo con fingido rencor.
— Al fin llegamos— expresó sonriente la muchacha mientras acomodaba sus blancas orejeras, que se habían desubicado durante el trayecto— Estás pedaleando muy lento, Kaede. Creo que realmente te está afectando estar sin jugar basquetbol— pronunció divertida, el muchacho bufó.
— "Las bicicletas no se conducen sobre la nieve"— pensó el ojiazul.
— Ven, quiero enseñarte algo— pronunció la chica tomándole de una mano. El muchacho le siguió.
Rukawa contempló lo que tenía en frente. Una enorme edificación blanca se alzaba frente a ellos. Contrastaba con su tejado negro, el cual se levantaba de forma circular hacia el cielo.
La pareja caminó hasta la puerta, sin embargo la muchacha se detuvo de súbito.
— No— expresó con decepción— Cerraron ya— añadió del mismo modo al notar recién que no atendían por tratarse de Noche Buena.
— Salimos en vano, qué más da— espetó bufando el ex Shohoku.
— Te equivocas, Kaede— refutó astuta la chica de ojos celestes. El ojiazul le dirigió una mirada inquisitiva.
— Por qué lo dices— inquirió.
— No te hice subir un cerro en bicicleta por capricho— espetó, Kaede le observó en silencio— Mira, tienes que ver esto— añadió tomando rápidamente del brazo a su novio.
Caminaron por el amplio camino de pavimento que antecedía a aquella edificación, el que se encontraba rodeado por grandes rectángulos de césped, otorgándole un somero aire silvestre al lugar.
Rukawa exploró con su mirada el sitio, no sabía qué era aquel edificio. Sin embargo una gran placa dorada con un grabado de letras oscuras le orientó "Bienvenidos al Observatorio Griffith".
— ¿Qué hacemos en un observatorio?— cuestionó en tono neutro.
— Ya verás chiquillo ansioso— pronunció divertida la muchacha.
Pronto estuvieron en la parte central del patio, una pequeña glorieta se levantaba allí. El pelinegro entró con suspicacia sentándose en una banca en su interior, Megan le imitó en el acto.
Tras sentarse soltó un gran suspiro de descanso.
— Que feliz me siento— expresó serenamente la muchacha. Rukawa le vio estirar sus brazos con falso enojo— Hace muchísimo que no venía aquí— sonrió con armonía.
— Porque nadie aceptaba traerte en bicicleta— espetó el chico. La mayor de las Bruce le contempló risueña.
— Mira— articuló mirando hacia el horizonte, Rukawa le imitó— Podría apostar mi vida que jamás viste algo así— añadió mientras su mirada admiraba a Los Ángeles destellante por la iluminaria de sus edificios, que a la distancia, en pequeñas lucecitas adornaban el panorama nocturno maravillosamente. Megan volteó hacia el muchacho, éste contemplaba en silencio la imagen, la chica pudo notar el reflejo de las lucecitas en los ojos azules de Kaede, sonrió.
— Solíamos venir con papá cuando era pequeña— relató la muchacha regresando la mirada hacia la ciudad— En ese entonces, todo iba bien— añadió bajando la mirada. Rukawa ahora volteó hacia ella.
— ¿Lo dices por tu madre?— inquirió calmo. La mayor de las Bruce suspiró nostálgica.
— Sí— contestó escuetamente— A veces creo que hubiera sido mejor seguir creyéndola muerta— confesó crudamente. Su joven acompañante le contempló con asombro— Creo que eso es mejor que saber que tu madre te abandonó por un hombre sin importarle tu porvenir— añadió— Me preocupa que Sally salga lastimada de todo esto. Ella está convencida de que Nanami está arrepentida, pero es algo que dudo— expresó— Me alivia que Akira Sendoh a sido muy amable con ella… al menos tiene un apoyo.
— Sendoh— repitió la joven.
— Sí… Estoy enterada que fueron buenos rivales— comentó la muchacha alzando una ceja. Rukawa asintió.
El silencio ahora reinó en el lugar. Nadie más visitaba aquel observatorio aquella noche. Sólo ellos. Desde las alturas de aquella montaña, aislados de todo sólo se tenían el uno al otro en mutua compañía.
Aquel silencio era agradable para ambos.
Ella ya comprendía a Kaede. Su silencio no representaba indiferencia. Sólo buscaba las palabras precisas para expresar lo que sentía exactamente, las cuales solían ser breves. Si no tenía nada auténtico que decir, guardaba sus palabras.
Él disfrutaba simplemente de tenerla junto a él. La elocuencia superflua quitaba deleite a tenerla ahí. Lo que debía decir, lo expresó durante la cena.
Su melancolía había menguado. Sentir el apoyo de aquel muchacho y poder llorar en sus brazos le habían aliviado increíblemente. Ahora caminaban por aquel parque.
Lejos del ambiente festivo, caminaban por la el sendero que dividía la colorida vegetación colindante. La muchacha giró a mirar a su acompañante, éste al notarlo también lo hizo, ella sonrió ampliamente, él correspondió tímidamente mientras sus mejillas se enrojecían. Bajó apresurado la mirada, quiso apaciguar su vergüenza introduciendo sus manos en los bolsillos de su pantalón, pero algo que tenía en ellas le impidió dicha acción.
Miró curioso, entonces lo recordó.
— "Los regalos"— pensó con asombro mientras observaba las bolsas que traía en su mano derecha— Sally— pronunció vacilante, la muchacha giró curiosa hacia él.
— Sí, ¿qué ocurre Sakuragi?— preguntó amable.
— Yo quería, bueno es que tú y yo— formuló con dificultad.
— ¿Ya tienes que irte a casa?— intuyó la muchacha algo apenada— ¿Te entretuve mucho tiempo?— añadió del mismo modo mientras bajaba la mirada.
— No, no… eso no Sally, puedo estar contigo el tiempo que quieras— refutó mientras sonreía tontamente.
— ¿Entonces?— inquirió extrañada.
— Es que después que te fuiste de casa de Ayako, fue la entrega del obsequio del amigo secreto…— enunció el pelirrojo.
— ¡Oh, es cierto! Y yo tenía que darte el obsequio… lamento no haber estado— se disculpó apenada.
— No es por eso… — articuló el basquetbolista— Es que, tú eras mi amiga secreta, y quería entregarte el obsequio que tenía para ti— expresó ruborizado con la mirada en el suelo extendiendo en sus manos la bolsa que contenía el presente. Sally le observó sorprendida mientras pestañeaba.
— ¿Es enserio?— articuló perpleja.
— Sí— respondió aturdido. La muchacha tomó suavemente la bolsa.
— Muchas gracias, Sakuragi— agradeció mientras hacía una reverencia amablemente. Aquel gesto alivió al pelirrojo, lo cual le hizo fortalecer sus ánimos.
— No tienes que agradecer, lo hice con mucho gusto y por eso quise entregártelo personalmente— expresó soltando una gran risotada mientras tomaba su cabeza.
No tardó en sentir cómo la muchacha abría el envoltorio, ensanchó sus ojos maravillada al ver su contenido. De prisa se sentó en una banca cercana, Hanamichi le siguió. Una vez allí sacó con cuidado el objeto.
— Es hermosa— expresó fascinada contemplando la miniatura de un piano negro, del cual al abrir su tapa, una dulce y armoniosa melodía comenzó a sonar. Sally no tardó en reconocerla— Bryan Adams… "I do it for you"— susurró maravillada, Hanamichi volvió a ruborizarse.
— Sí, este yo creí que te gustaría— pronunció el pelirrojo avergonzado.
— ¡Me encanta!— expresó feliz— Muchas gracias— reiteró, pronto contempló el fondo del piano, dentro del cual descansaba una bailarina blanca, la cual tomó para colocarla en la base del piano, donde comenzó a girar automáticamente— Es hermosa— sonrió agradecida al pelirrojo.
— Me… Me alegra que te guste— musitó.
— Y dime ¿Te a gustado mi obsequio? De seguro ya lo debiste ver— preguntó de manera afirmativa.
— Bueno es que creí que no era justo que yo fuera el único que no abriera mi obsequio sin que no estuviera mi amigo secreto para agradecérselo—explicó tomando su cabeza.
— Entonces ¿Qué esperas?— pronunció entusiasta. El pelirrojo asintió atolondrado. Entonces tomó el envoltorio que descansaba dentro de la bolsa que aún tenía en sus manos y comenzó a abrirlo.
Una camiseta negra desmangada fue lo que encontró en ella, el tono rojo en su cuello contrastaba perfectamente con el resto de ella, mientras que unas finas líneas blancas recorrían sus costados.
— Es para que la utilices en tus entrenamientos— pronunció la muchacha— Creí que te gustaría— añadió acercándose un poco al muchacho para señalar un pequeño bordado rojo que decoraba el lado izquierdo del pecho en la camiseta— Es de la línea de Michael Jordan— explicó mientras el muchacho contemplaba confuso el logotipo de Jumpman.
— ¿Michael Jordan?— Hanamichi no entendía mucho.
— Claro, es el mejor basquetbolista de la NBA ¿No lo sabías?— inquirió sorprendida la ojiverde. Las carcajadas vacilantes prontamente se hicieron sentir.
— Claro que sí. Ese tipo de información no puede ser ignorada por un hombre tan talentoso como yo— contestó mientras rascaba su nuca colorada riendo escandalosamente una vez más.
— ¿Entonces te ha gustado mi regalo?— preguntó sonriente la castaña.
— ¡Claro que sí! ¡Es el mejor regalo de navidad que me han hecho! ¡Te prometo que la usaré en todos mis entrenamientos y seré el mejor!— expresó entusiasta mientras se ponía de pie. La chica le contempló sonriente, pronto se echó a reír junto al pelirrojo. Al parecer, al fin sentía que el muchacho le simpatizaba.
Habían estado largo rato sentados uno al lado del otro. Sus ropas espesas les hacían ignorar la gélida noche que los cobijaba. La muchacha repentinamente se puso de pie, Rukawa le siguió con reprimida curiosidad con la mirada, no tardó descubrir que ella salía de la glorieta, sentándose en los peldaños de la misma
Miró el cielo. Una plácida sonrisa se dibujó en sus labios. El chico quiso averiguar qué contemplaba tan gustosamente la muchacha, pero el tejado de la glorieta se lo impedía. Se puso de pie, debió encorvarse un poco. La altura de la plazuela era limitada. Salió sentándose junto a Megan, ésta al notar su presencia giró a verle mientras sonreía, Kaede correspondió en gesto de manera imperceptible.
Ahora ambos miraron en cielo.
El enigmático tono negro del firmamento, se matizaba con el azul del polvo estelar que de manera inestimable, sembraba pequeños destellos nocturnos en el cielo. La luna, ese disco blanco que se alzaba como soberana nocturna, iluminaba sus propios rostros solidariamente. Aquel espectáculo, tan simple y tan bello a la vez, le permitía a aquel joven descubrir una actitud novedosa en Megan. Sus ojos celestes lo expresaban. No tenían ese reflejo agresivo que le caracterizaba. Era armonía pura, igual que su sonrisa.
— En la ciudad jamás podría ver esto— pronunció Megan, volteando nuevamente hacia Rukawa— Claro, al menos que haya un gran apagón— añadió sonriendo divertida— ¿Habías visto alguna vez las estrellas así?— preguntó ahora.
— Nunca— respondió neutral, la mayor de las Bruce sonrió de medio lado mientras alzaba una ceja.
— Eso me alegra— expresó regresando la mirada al cielo.
— ¿Y eso por qué?— cuestionó con disimulada curiosidad el ex Shohoku observándole con el rabillo del ojo.
— Pues, conociéndote, es imposible que te pusieras a ver las estrellas durante una noche. Podría apostar que si no te la pasabas durmiendo, estabas bajo el techo del gimnasio de la escuela practicando básquetbol— indicó adoptando una posición juiciosa.
— Que tonta— bufó Kaede.
— El único modo de que lo hubieras hecho, sería que alguna chica te hubiera llevado— el chico abrió sus ojos con asombro— Y eso no me habría agradado— añadió sonriendo con mesura. Rukawa la tomó de un brazo dejándola frente a él, la sorpresa de Megan se manifestó en el ensanchamiento de sus ojos.
— Sólo me importas tú— articuló abandonando sutilmente la imparcialidad de su voz, la muchacha fijó sus ojos en los del joven— No lo olvides— agregó. Ahora la pelinegra pudo notar como el cristal frío de la mirada de Kaede se derretía tibiamente. Una tenue calidez comenzó a gobernar su mirada, calidez que era regalada a ella.
La luz de la luna permitió al chico detectar el rosa en las mejillas de Megan, además de la oscilación en sus orbes celestes. Aquella imagen se le hacía simplemente encantadora, ante la cual no pudo evitar dibujar una sutil pero sincera sonrisa en sus labios. La muchacha abrió sus ojos con asombro. Era la primera vez que le veía sonreír así. Si bien su ademán era grácil, denotaba autenticidad, algo que sorprendía a Megan.
Rukawa se acercó un poco más a la chica, tomó con una de sus enormes manos el rostro de la joven. La calidez de su mano estremeció a Megan, quien alzó su mirada tímida a su acompañante, este se inclinó lentamente. No tuvo necesidad de hacerlo en extremo, la estatura de la chica le ayudaba.
La respiración cálida de ambos chocando contra sus rostros, les alertaba de su cercanía. Sus corazones despertaron presurosos golpeando con violencia en sus pechos. Mientras que en el vientre de Megan un revoloteo encantador se hacía sentir. Su mirada progresivamente vulnerada, fue cediendo a la gravedad, lo cual fue imitado por Kaede, quien ya sintiendo que sus labios tocaban puerto, disfrutó del dulce sabor de los de Megan. Sellando así el compromiso que los convertía en novios.
MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO C:
Reviews:
Jorge 4: Hola! Me alegra que te haya gustado el capítulo :). Aquí al fin actualicé, espero te guste también este capítulo. Como siempre agradezco tus comentarios amigo. Un gran saludo y hasta el siguiente :D
angélicacuario: Hola! Me da mucho gusto que este capítulo te haya gustado, más aún a pesar de lo largo que fue xD. Coincido contigo, el kimono de Sally también es el que más me gustó, es por eso que lo elegí para ella jajaaja. Mitsui, uff se nos soltó en la fiesta, yo creo que su vida de rebeldía lo debió llevar a caer en la bohemia y por eso se aplica en el baile xD. Megan y Rukawa, ya los vimos... creo que mejor no pueden estar, y me alegra que hagas la analogía con la fotografía de niño, era un detalle quería que se notara y creo que al menos tu lo viste xD. El papá de las niñas, bueno... al parecer no es perfecto, queriendo velar por el bienestar de sus hijas también se equivoca :/ . Los Sendoh están muy mal, lo único rescatable es el hijo xD jajaja, pero la que peor está es Nanami, al parecer los años no la han hecho madurar lo suficiente, estamos viendo que se repite la situación, y ahora peor, porque su esposo está mostrando una cara que en su juventud, no conocía. Veo que también notaste el detalle de Kazumi(la amiga de Sendoh), eso me da gusto porque ese personaje se nos queda en Kanagawa jajaja. Hanamichi y Sally, ya los podemos ver más cercanos, Sally al fin está viendo lo positivo en el pelirrojo, increíble como de algo tan negativo para ella, puede servir para cambiar su percepción de este niño. Tus preguntas las respondí en nuestros correos, aprovecho también para reiterar mis agradecimientos por tus sugerencias musicales. Un gran saludo y muchas gracias por leer y comentar =)
Lucy alvarez 4: Hola Lucy :D! No era necesario que te identificaras, en tanto leí tu nombre y además el número cuatro supe que eras la novia de Jorge :). Estás en lo correcto, con él hablamos de fanfics y de ti también por supuesto (y muy bien además). Me alegra que te haya gustado la historia tanto como para leerla en tan poco tiempo. Te pido que no te sientas así, la amistad con tu novio es cordial y de respeto, y en cada mensaje que me ha hablado de ti se nota a leguas que está muy enamorado de ti eso te lo puedo asegurar ;). Sobre lo que pienso de él, bueno me parece un chico muy simpático, que adora el básquet, que tiene una muy buena imaginación (por lo que espero ansiosa su fic que está escribiendo), pero que por sobre todo, te quiere mucho y no duda en manifestarlo. Sobre tí me ha contado del modo en que te conoció, como se hicieron amigos y lo nervioso que estaba porque quería declararse, y también el día en que fue a pedirte que fueras su novia. Espero aclarar tus dudas, un gran saludo y abrazo desde Chile y gracias por comentar y leer :D
Hipolita: Hola! Me dio mucho gusto encontrarme con tus comentarios. Me alegra también que te haya gustado este culebrón que armé xD. Jajaja, me alegra leer el "casi" y que finalmente no te hayas caído al leer que Sendoh era el hermano, pero a la vez veo que no fue algo predecible, lo cual me gusta :). Sobre Rukawa tienes razón, a pesar de ser una estrella en Kanagawa creo que en Estados Unidos no se pueden dar las cosas tan simples, hay que darle su tiempo para que se adapte y venza los obstáculos que le han ido apareciendo en el camino, el principal: Billie Newton, algo que vemos aún está pendiente... No te preocupes por no haber podido comentar por capítulo, si bien alegra mucho ver comentarios nuevos, creo que me halaga mucho más que no te hayas podido detener hasta acabar de leer lo que va de la historia :D. Yo feliz de hablar por privados contigo, cuando quieras, en cuanto lea tu mensaje contestaré encantada. La unión hace la fuerza jajajaja. Saludos y un abrazo desde la Región del Bíobio =)
