Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.
Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica
Capítulo #22: Lazos de unión, lazos de desunión
Aquel muchacho caminaba despreocupado por las calles de Kanagawa, sus manos descansaban en los bolsillos de su pantalón mientras su cabeza reproducía sus enardecidos diálogos con sus padres durante aquella mañana.
Akira regresaba a casa. Durante la noche había vagado por la ciudad. Un dejo de remordimiento le invadía al pensar en que había dejado a solas a su hermana con el chico problema de Shohoku, con quien estimaba que no llegaría a buen puerto.
— "No debí abandonarla"— se recriminó. Pero ya daba igual, parado frente a la puerta principal de aquella casa, metía la llave por la rendija para ingresar.
La iluminaria interna golpeó el rostro del joven, quien de manera inconsciente entrecerró sus ojos para eludirla.
Dio algunos pasos lentos por la casa, la luz ya no le molestaba, por lo cual volvió a aflojar su expresión. Caminó hacia la sala, y allí los vio. Padre y madre. Ella sentada en el sofá mientras chillaba patéticamente para su hijo. Él con una mano en el bolsillo, miraba por la ventana mientras que con la otra mano se llevaba con furia a la boca una copa de vino. Habían pasado también la noche en vela.
El ceño del muchacho se frunció de manera automática. El verlos ahí. A su madre lamentándose sentada en el sofá. Y su padre, cuya voz autoritaria e inflexibilidad manipulaba los sentimientos de su esposa para retenerle ahí, le enardecía.
Impotencia.
Sendoh no pudo hacer más que mover de un lado a otro su cabeza. Su madre alzó la vista por inercia, y vio bajo el umbral a su hijo.
— Akira— sollozó. Su padre volteó al instante— Ya regresaste, hijo—añadió mientras se ponía de pie sonriendo con un dejo de alivio mientras se acercaba al muchacho, quien volteando con indiferencia su rostro, esquivó el gesto de afecto de su madre.
— No me toques— la gravedad de su voz evidenciaba su molestia.
— Hijo—articuló con asombro, Nanami.
— No me vuelvas a llamar así— pronunció conteniendo su ira— Me avergüenzo de serlo— añadió caminando por la sala, la mujer se echó a llorar otra vez.
— ¡Ya deja de estar llorando mujer! Mi hijo tiene derecho a estar molesto contigo— protestó el hombre mientras tocaba un hombro de Akira en señal de apoyo, este se alejó con violencia.
— No necesito tu apoyo, padre— expresó con molestia.
— Pero… hijo— formuló perplejo.
— ¡Tú complicaste las cosas! Por tu egoísmo mi hermana no pudo estar cerca de su madre… Ella no pretende arrebatártela, no entiendo cómo puedes ser tan miserable, papá—protestó furibundo su único hijo, el hombre le escuchaba pasmado— Y tú…— dijo dirigiéndose a su madre— ¿Cómo es posible que priorices a tu marido antes que a tu propia hija? ¡¿Es que acaso no aprendiste la lección durante todos estos años?! No puedo creer que te hayas dejado manipular por mi padre— recriminó.
— Lo hice porque no quiero perderte hijo— se excusó la mujer.
— ¿Perderme?— una risa desdeñosa se escapó en medio de su interrogante— ¡Por el amor de Dios! ¡Yo pretendía apoyarte, madre! Si traje a mi hermana, que es lo único que rescato de esta familia, fue porque creí que serías capaz de arrepentirte de lo que hiciste— expresó fuera de sí— Pero claro, fui un iluso. Veo que todos estos años has vivido lo suficientemente tranquila como para arriesgarlo todo por mis dos hermanas— pronunció con decepción— ¿Pero sabes algo? Pasarán los años, y poco a poco te irás viendo cada vez más sola… Sally después de esto probablemente regrese con su padre a Estados Unidos— los ojos de la mujer se abrieron con asombro— Mi padre estará sólo para discutir—añadió— Y yo… No quiero seguir viviendo bajo el mismo techo que ustedes— caminó hacia las escaleras.
— ¿Qué dijiste?—formuló con dificultad su padre.
— Que me iré de aquí— pronunció firme en su decisión.
— ¡Akira!—prorrumpió escandalosamente, Nanami.
— Ya está decidido— continuando su camino hacia su habitación— No intenten detenerme— musitó fríamente.
Un suspiro se escapó de sus labios. Ahora cargaba su bolso con la vista baja. No le gustaba aquella situación. Pero tampoco podía soportarla. El seguir como si nada hubiera pasado sería apoyar el egoísmo que reprochaba a sus padres. Y no estaba dispuesto a hacerlo.
El estruendoso ruido en su estómago le alertaba de sus demandas vitales. Miró en su entorno y vio una cafetería. Caminó hasta ella.
Una campanilla mientras cruzaba el umbral anunciaba su llegada. Era Navidad y nadie más estaba allí. Caminó hacia una mesa junto a un ventanal y se sentó. Una mujer no tardó en aparecer. Tras saludarle de manera amable, le tomó su pedido. Al cabo de un rato tenía frente a él un café y un hot-cakes.
Miró la televisión colgada a la distancia. Un conjunto de niños entonaban villancicos alegremente. Tomó un sorbo de café. Ahora buscó un reloj en la muralla, no tardó en hallarlo, este marcaba las nueve y cuarenta y cinco minutos.
— "Aún es muy temprano"— pensó. Por lo cual consumió su desayuno a paso de anciano.
Pasó el rato, y tras cancelar la cuenta, salió del lugar. No sabía exactamente dónde ir. Sólo sabía que lo primero que debía hacer, era visitar a Sally. Había quedado muy preocupado por ella, y necesitaba comprobar con sus propios ojos que estaba con bien.
Caminó por la ciudad, no tardó en tomar el tren. Y así llegó hasta la casa de los Rukawa.
Tocó el timbre. Ante el llamado, no tardó en aparecer la madre de Rukawa.
— Buenos días— saludó educado el joven.
— Buenos días— correspondió la mujer haciendo una reverencia.
— Busco a Sally ¿Se encuentra ella?—preguntó educado.
— Sí— respondió— ¿Es usted el joven Sendoh?—inquirió, el muchacho asintió curioso— Por favor, pase— pidió la mujer mientras abría la puerta de la reja.
Ya había amanecido. Un día veinticinco de diciembre se manifestaba en los rayos solares colándose por la ventana. Aquel muchacho los evitaba cubriéndose con su cobertor hasta el más extenso de sus cabellos.
Ahora sentía un mayor deleite en su descanso, y es que el regresar a casa de madrugada le hacía prolongar su descanso en aquella habitación. El silencio allí gobernaba. El ambiente era perfecto para permanecer así por largo rato. Sin embargo, pronto el llamado a la puerta de su habitación comenzó a sacarle paulatinamente de su descanso.
— Kaede— la voz susurrante de Megan acompañó a su llamado, el muchacho pareció no oír— Kaede— repitió algo más presurosa, ahora el chico pareció oírle.
— ¿Qué quieres?— preguntó con pereza. No tardó en sentir como la manilla de la puerta se abría con sigilo.
— Buenos días— saludó acercándose a la cama del muchacho, de donde este asomaba con maña uno de sus ojos.
— Buenos días— correspondió de mala gana, hubiera preferido saludarle un par de horas más tarde.
— Lamento despertarte tan temprano— se disculpó con reprimida travesura en su voz, lo cual no pasó inadvertido para el ojizul, quien le fulminó con la mirada— Pero bueno, sólo vengo a despedirme— expresó ahora sonriendo mientras se ponía de pie.
— ¿A dónde vas?— inquirió curioso.
— A la escuela— contestó casual.
— ¿Hoy?— cuestionó sentándose sobre la cama.
— Sí, hoy— pronunció sonriéndole— En menos de una semana será el festival de fin de año, y aún queda tiempo para ensayar— expresó mientras regresaba hacia Rukawa— Quiero que todo salga perfecto, ya que será la primera vez que mi novio me verá— guiñó un ojo mientras acercaba su rostro al del muchacho.
— ¿Qué dijiste?— preguntó con asombro el muchacho.
— Que te quiero en primera fila en mi presentación de la próxima semana—explicó dándole un beso en la mejilla.
— Pero…— intentó refutar, pero ahora fue un beso en sus labios el que lo silenció.
— Sé que gustará— susurró alejándose un poco para contemplar al muchacho con serenidad, él permaneció en silencio— Y además tienes mi autorización para ir con Eddie, así no te aburres mientras esperas mi presentación— añadió poniéndose de pie mientras reía divertida, Kaede bufó— Bueno, ya me voy. Puedes seguir durmiendo. Nos vemos más tarde, adiós— le lanzó un beso a la distancia y salió. El chico sonrió imperceptiblemente mientras sentía sus pasos en las escaleras. Se dejó caer de vuelta en la cama para continuar con su descanso.
— Me alegra saber que ella se encontrara usted— dijo la mujer mientras tomaba un té junto al muchacho hincados frente a una mesa— Desde que llegó a nuestra casa la hemos querido como si fuera nuestra hija— expresó— Es una niña encantadora— sonrió.
— Yo también lo creo, y le quiero agradecer por ser tan amables con mi hermana, estoy seguro que su hospitalidad le ha ayudado a mantenerse en Japón— manifestó amablemente, Sendoh.
— Hacemos sólo lo que debemos. En casa de la señorita Bruce está viviendo mi Kaede, y hago por ella lo que quisiera que hicieran por mi hijo— indicó.
— "Ahora que lo pienso, no se parece en nada a Rukawa. Se ve una mujer muy amorosa, no tiene esa actitud tan indiferente"— reflexionó.
— ¡Akira!—la voz sorprendida de la muchacha hizo al basquetbolista correr con su mirada hacia las escaleras— ¡Hermano!— prorrumpió mientras bajaba apresurada las escaleras para llegar hasta el chico.
— Sally— articuló el muchacho poniéndose rápidamente de pie. La joven se lanzó a sus brazos hundiendo su rostro en el pecho de su hermano desatando su llanto espontaneo.
— Akira— repitió en medio de su sollozo— Ella no me quiere— añadió nostálgicamente, el chico acarició suavemente sus cabellos bajando la mirada— Ella no me quiere— repitió. La madre de Rukawa bajó la mirada y abandonó la sala para dejarles hablar tranquilamente.
Temprano por la mañana los muchachos se habían reunido en el gimnasio. Así lo habían acordado la tarde anterior. El campeonato de inverno estaba próximo, y no había tiempo para descansar.
Miyagi reunió a los muchachos en torno suyo. A su lado Ayako y Haruko le acompañaban. Los muchachos esperaban expectantes las palabras de su líder.
— Muchachos, como ya saben, en diez días es nuestro primer día en el campeonato de invierno— introdujo el chico del pendiente— Y nuestro primer partido será contra Takezato— informó.
— ¡¿Takezato?!—repitieron algunos con asombro.
— Sí— dijo Ayako— A pesar de que ganamos la última vez, debemos recordar que fue uno de los cuatro equipos que llegaron a las finales y que ya no tenemos a Rukawa ni al capitán Akagi— añadió la manager. Hanamichi rió escandalosamente.
— Pero nosotros no necesitamos de ese zorro apestoso ni del Gorila, con este hombre tan talentoso y su nueva playera del jugador más valioso de la...—hizo una pausa en sus presunciones— ¿MPV? ¿o la ABC?— se cuestionó— ¿FBI? ¿NCA? ¿BBC?—enumeró confuso.
— ¿No querrás decir la NBA, Hanamichi Sakuragi?— preguntó la manager alzando una ceja. El pelirrojo rió divertido.
— Sí, eso era. Es que a los genios también se nos olvidan algunas cosas— expresó rascando su cabeza.
— Que tonto— espetaron al unisón Miyagi y Mitsui.
— ¡Qué dijeron! ¡Sólo son unos envidiosos porque no tienen una playera como la mía!—manifestó furioso el pelirrojo.
— Di lo que quieras— musitaron indiferentes, Sakuragi castañeó su mandíbula de manera inconsciente.
— "Malditos"— gruñó internamente.
El llanto de la muchacha había cesado y la pareja de hermanos se hallaba sentada en un pequeño parque cercano a la residencia de los Rukawa.
— Tienes que saber que a pesar de lo sucedido anoche, sigues contando con mi apoyo— expresó el chico de cabellos alzados— Nunca podría estar a favor del egoísmo de mis padres— añadió.
— Akira, yo no quiero que estés peleado con tus padres por mi culpa— indicó la ojiverde.
— No digas eso— articuló sonriendo por lo que consideraba absurdo— Tú no tienes la culpa de nada— añadió tomando el rostro cabizbajo de la castaña para mirarle directamente a los ojos— Mírame— ordenó suavemente— Tú no eres el problema. Son mis padres los que están equivocados. Yo estaré contigo ahora y siempre. Eres mi hermana y te quiero— expresó sincero. Las palabras del muchacho lograron persuadir a Sally, quien se lanzó a los brazos de su hermano.
— Yo también te quiero. Mucho, mucho— correspondió emocionada. Sendoh sonrió enternecido. Lo que más rescataba de aquella situación tan confusa, sin duda era haber encontrado a aquella muchacha, a su hermana.
El ensayo con la banda había concluido. Sin embargo Megan continuaba en compañía de su amiga.
Sentadas en la sala que utilizaban para sus ensayos, tomaban un café una al lado de la otra.
— ¿Qué pasa, Megan? Aún no entiendo porqué seguimos aquí. Es navidad y el ensayo ya terminó, quiero irme— protestó la chica de ojos grises a su amiga. Esta permaneció en silencio largo rato. Su amiga le miraba con fastidio esperando con impaciencia que hablara. Sin embargo, su espera pronto acabó.
— Tengo que decirte algo, Bianca— expresó en medio de un suspiro la chica de ojos celestes— Algo muy serio— añadió poniéndose de pie. Su amiga le contempló curiosa.
— ¿Qué cosa? ¿Es algo grave? Me estás asustando nena, habla— expresó confusa al detectar la expresión seria en el rostro de Megan.
— Eres mi amiga, y prefiero que te enteres por mí y no por algún chisme barato de pasillo— su voz se tornó grave.
— ¿De qué hablas?—susurró expectante.
— Es…— pronunció vacilante— Es sobre Kaede— explicó bajando la mirada. Sabía que lo que diría podría costarle la amistad con su amiga, pero prefería ser honesta con ella. Los ojos de Bianca se abrieron con asombro, un presentimiento que prefería negarse comenzó a invadir su mente.
— Qué ¿Qué pasa con Kaede?— masculló con su mirada paralizada sobre Megan.
— Él y yo… somos novios— anunció levantando su mirada entristecida, encontrándose con los ojos oscilantes de Bianca.
— Tú sabías…— quiso protestar.
— Necesito que me perdones, pero no puedo evitarlo, lo quiero y él a mí también, Bianca— se excusó acercándose a su amiga.
— ¡Déjame!—vociferó poniéndose de pie— ¡Creí que eras mi amiga, Megan! ¡Mi amiga!— recriminó.
— Bianca— susurró mientras algunas lágrimas bañaban su rostro— Tú eres mi amiga— refutó— Y te quiero— agregó. De manera automática una bofetada marcó su rostro.
— No vuelvas a decir eso— gruñó la chica de rizos con una expresión furibunda que Megan jamás había visto en ella— ¡Jamás!— exclamó. Tras lo cual salió dando un portazo de aquel salón. Megan se dejó caer rendida con su llanto desolador.
Había dejado a Sally más tranquila en casa de los Rukawa. Ahora deambulaba sin destino por las calles de Kanagawa. Realmente no sabía a dónde ir.
Admitía que su decisión de abandonar su casa había sido algo riesgoso, pero no se arrepentía. Continuó su camino en medio del ambiente festivo, al cual se sentía ajeno: liviana nieve, luces de colores, villancicos, familias felices. Y él, solo.
El panorama no era nada alentador, a ello se sumaba que la noche ya comenzaba a caer y no tenía aún un lugar dónde dormir. Sentía frío, la brisa comenzaba a rugir furiosa.
No había querido comentarle nada a Sally. Sabía que se preocuparía por él, y no quería añadirle un nuevo problema al tormento que había vivido la noche anterior. En cuanto encontrara algún lugar permanente, se lo comentaría.
Se sentó en una banca somnoliento. Había pasado toda la noche anterior en vela, y aquello ya comenzaba a pasarle la cuenta. Dejó escapar un gran bostezo, una lágrima perezosa se asomó en sus ojos. Su cabeza se inclinó suavemente mientras caía víctima del sueño.
— ¿Sendoh?— una voz conocida escuchó tras de él. El muchacho brincó exaltado, tras lo cual volteó curioso.
— ¿Sakuragi?— masculló con asombro, al reconocer la figura del pelirrojo basquetbolista de Shohoku contemplándole curioso.
MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO :D
Un capítulo ligero, pero que según estimo, era necesario. Los venideros no serán tan cortos, espero que de todos modos les haya gustado. Un saludo para todos quienes siguen esta historia, tanto a quienes se manifiestan a través de sus reviews, como a quienes la siguen en el anonimato. Muchas gracias y hasta el siguiente! :)
Reviews:
Hipolita: Holaa! Bueno, creo que el grueso de tu comentario lo respondí esta mañana por correo xD. Pero a pesar de eso no está de más reiterarte mis agradecimientos por leer y comentar el fanfic. Ahora responderé el correo que acabo de encontrar. Saludos y hasta el siguiente :)
angelicacuario: Hola :)! Me alegra que te haya gustado el capítulo. Mitsui, agresivo pero sabe comportarse con una chica, y lo iremos notando de a poquito ;). Rukawa, es otro amor... creo que hay que saber llevarlo, pienso que esa es la clave para derretir el hielo en él, y creo que Megan ha sabido hacerlo ;). Hanamichi y Sally, creo que ya no se volverán a ver tan lejanos, noche buena fue un momento clave en su relación, y lo notaremos de ahora en adelante. Un saludo, te agradezco por leer y comentar, y respondo ahora mismo tu correo :)
