Información General:

Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus creadores Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente. Los dibujos fueron dibujados por mí, pero los creadores de estos personajes son Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente.

La historia que se presenta sucede después de que Candy descubriera que el Príncipe de la Colina es Albert, su amigo el vagabundo. Todo se ha escrito sin fines de lucro, solo para entretenimiento, y lo que se presenta son simplemente ideas de una servidora, y ha sido escrito para celebrar el cumpleaños del Príncipe de la Colina.

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Una Nueva Oportunidad

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Capítulo IX: La Vida Sigue

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Los días pasaron, rápidamente para la familia Andrew, y una nueva Candy aparecería ante la sociedad con su nueva imagen en la fiesta formal de compromiso de su "primo" William Albert Andrew.

Casi no se habían visto, ella lo evitaba siempre que había venido de visita a Chicago, y Archie se aseguraba por su parte que él la dejara en paz invitándola a salir para evitar encuentros inoportunos. Candy, su Gatita, era su novia, y su tío está a punto de casarse; no tenía caso. No sólo lo hacía por su noviazgo que recién comenzaba, antes que nada, Archie no quería ver a su amada Gatita sufriera por algo que ella no tenía control.

Elroy había estado entretenida entre las preparaciones de un compromiso y una boda exprés, y en ocasiones se entretenía haciéndola de chaperona en el noviazgo de su hija con su querido sobrino Archie. Ella está feliz por la parejita. Poco a poco Archie la sacó de su desilusión amorosa. Volvió a sonreír con alegría e ilusión, su corazón se estaba dando una nueva oportunidad al amor.

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Entre escoger las mejores telas, arreglos y manteles para el compromiso de su sobrino William, pasaron los días volando para una preocupada Elroy Andrew quien no había tenido muchas oportunidades de hablar con él

Por una parte, Elroy hubiera querido que William se arrepintiera de ese absurdo compromiso por su propia felicidad, pero sabía que su sobrino era un necio y su honor no lo haría cambiar de idea. Sutilmente le había dado la idea de usar el chantaje con su futura esposa, ya que Elroy tenía la firme convicción de que si William le informaba a Diane que ella nunca sería la matriarca; eso desilusionaría a la ambiciosa mujer, y tal vez podrían arreglar las cosas de diferente manera sin llegar al matrimonio.

Desafortunadamente, George le había informado que William se había negado a hacerlo. No quería perturbar el embarazo de ella con disgustos; no le diría nada hasta después del nacimiento de la criatura.

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Para ese entonces, William tenía la esperanza que Elroy cambiara de parecer con respecto a dejarle su puesto a su futura esposa; de no ser así, él tal vez tenía que dejar su liderazgo con el clan porque no quería dividir el mando entre el patriarca y la matriarca como su tía Elroy le había dicho. Legalmente, ella lo podría hacer por los legados y acuerdos dejados por su padre, pero eso no convenía económicamente y socialmente al clan. Tal vez el Consejo podría influencias las decisiones de Elroy, pero él lo dudaba, la conocía muy bien. Ella ya había tomado una decisión y no cambiaría de idea.

Legalmente ella tenía el sartén por el mango y podría poner a su sobrino Archie, en ese puesto con tan sólo proponérselo o quererlo. Su hija sería la matriarca del clan, eso no estaba en discusión y la unión del clan era lo más importante, por lo tanto, Albert entendía que podía perder el control a menos que su tía cambiara de idea o si Candy renunciará al puesto que le dejaría su madre. Todo dependería de ellas dos. Él no haría nada para forzarlas, dejaría que ellas hicieran lo que ellas quisieran.

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Resignada entendió que lamentablemente, ella no podía hacer nada por el terco, tonto e ingenuo de su sobrino.

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Un día antes del compromiso Albert quien había llegado apenas esa mañana de New York, había pasado todo el día encerrado en su oficina de Chicago en vez de ir a la mansión porque no quería toparse con su tía Elroy y ser cuestionado nuevamente por su compromiso; suficientes sermones a diario recibía de George para no querer escuchar más. A pesar de compartir oficinas, ese día no se encontró con Archie en las instalaciones, ya que el atractivo joven había tomado la tarde libre debido a que necesitaba hacer varias cosas para su tía Elroy relacionada a la fiesta de compromiso del patriarca.

Albert malhumorado por su inevitable obligación con Diane, salió de la oficina porque sentía que se asfixiaba; para distraerse decidió manejar él mismo su propio automóvil deportivo. Metido en sus recuerdos, donde una hechicera de verdes ojos era la reina, sin darse cuenta iba manejando por una transitada calle de Chicago donde sólo se veía gente caminar sin preocupaciones aparentes. De repente, entre el mundo de gente que transitaba la concurrida calle, a lo lejos miró una cascada de cabellos rizados dorados que le hizo recordar a su amada pequeña, lo sacó de su letargo.

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La joven de cuerpo escultural que había llamado su atención a lo lejos iba del brazo de un hombre alto de cuerpo atlético caminando hacia un parque. Él curioso y atraído como un imán por semejante monumento femenino, decidió seguirlos lentamente con su automóvil.

La pareja ajena al escrutinio de un extraño, iban comiendo helado y riendo felizmente del brazo. Cuál sería su sorpresa cuando miró el perfil de la pareja y se dio cuenta que era su amada Candy y su sobrino. Ellos compartían sus helados sin ninguna malicia.

La sangre bulló como lava ardiente cuando miró como el joven de mirada ambarina le quitaba un rizo travieso de su cara angelical y se inclinaba lentamente a darle un beso en la boca a su Candy mientras él pasaba con su vehículo por el lugar.

Sus latidos eran tan intensos y fuertes que perfectamente los podía escuchar; tenía sujeto con fuerza el volante del automóvil. A pesar de haberlos visto besarse en aquel solitario balcón unas semanas antes, esto fue demasiado para Albert ya que este par se estaba besando en pleno día y a la vista del mundo entero. Detuvo el carro para seguir observándolos a lo lejos. Había pensado que lo del noviazgo había sido una completa farsa para castigarlo, pero estos besos breves e intercambios de helado que se estaban dando en ese parque en plena luz del día, lo dejó anonadado.

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— ¡Es verdad! Están juntos…juntos —, dio un golpe furioso al volante; los seguía mirando furioso y adolorido. ¿Cómo era posible que ellos de verdad anduviera juntos? Una vocecita interna le dijo con sarcasmo puro.

— Te vas a casar, ¿qué esperabas? ¿Qué Candy se quedará a vestir santos hasta que tú enviudaras o te divorciaras? ¡Idiota!

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La pareja ajena a todo ese conflicto interno de Albert y a su feroz escrutinio, después de un intercambio de beso y helados, se sentaron en una banca del parque. Él como todo un galán se quitó el saco y lo puso sobre la banca para que su amada Gatita no marchará su elegante vestido. Ella lo agradeció, con una leve caricia en su cara que hizo palpitar de emoción al guapo joven. Inmediatamente le tomó su suave mano y la besó con toda su pasión haciendo que está se ruborizara y temblara de emoción.

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— Te amo Candy- y la besó en su rosada y pequeña boca tiernamente antes que ella le contestará.

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Ella le respondió a su ardiente beso encantada. El parque que comenzaba poco a poco a pintarse de verdes colores, después de un largo frío invierno que comenzaba a desparecer, para dejar paso a una primavera que parecía que llegaría más pronto ese año, y el canto de unos hermosos pájaros que empezaban a construir sus nidos en los frondosos árboles que lentamente se vestían de un nuevo verdoso follaje, fueron el marco perfecto para su romance juvenil que comenzaba a florecer como las flores en primavera de ese año que apenas comenzaba.

Albert cerró los ojos de dolor y rabia. Encendió su automóvil y se alejó del lugar. Había visto demasiado, su enamorado corazón no podía soportar más. Tenía que hablar con ella a como fuera lugar.

Llegó furiosos la mansión buscando a su tía.

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— ¿Dónde está mi tía? -, le preguntó desesperado y demandante al primer empleado que miró en la mansión.

— Madame Elroy está en sus aposentos descansando, señor, dijo que no la molestará, que la despertáramos…

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Sin dejarlo terminar subió la escalera de inmediato, y de la misma manera tocó sin control la puerta de la alcoba de su tía.

Elroy estaba escribiendo unas cartas cuando escuchó el insistente toque en la puerta. Molesta se quitó los lentes e hizo a un lado la pluma que llevaba en la mano.

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—¿Quién?

— Soy yo tía Elroy -, se escuchó la voz fuerte de William.

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Ella suspiró resignada, guardó sus cartas…

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— Adelante William.

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Él entró como una ráfaga violenta al lugar.

Ella lo observó detenidamente, se veía fatal, eso si atractivo como siempre pero fatal, con unas ojeras profundas y más delgado. Respiró resignada, meneó su cabeza y le indicó que se sentará.

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— Di órdenes precisas de no se me molestará hasta la hora de la cena. ¿Qué acaso no te informaron?

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Él nervioso puso su mano en la cabeza, y paso sus dedos entre sus cabellos.

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— Sí tía, pero necesitaba hablar con usted.

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Ella lo miró molesta, imaginaba el tema a tratar: su hija Candy.

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— Habla, tengo muchas cosas que hacer todavía, por si no recuerdas mañana tenemos la fiesta de tu compromiso con la mujer que elegiste para esposa: Diane Bendingfield.

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Eso había sido un gancho al hígado y sin guantes, Elroy era magistral cuando se trataba de defender a los suyos.

De repente se sintió ridículo al estar ahí de chismoso echándole tierra a una pareja de novios. ¿Novios? No eso jamás, algo tenía que hacer para impedir ese absurdo noviazgo.

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— ¡Ahem! …Yo…yo sólo quería comentarle que no es correcto que una chica decente y de buena familia como lo es Candy, este besu … ¡ahem!... besándose en un parque, dando de que hablar a la sociedad de Chicago … esto, esto es inmoral tía …usted no debe…no debe…

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Elroy abrió los ojos con sorpresa al estar escuchando a su sobrino hablar, tuvo que aguantarse para no carcajearse. ¡Por Dios, su sobrino el imponente y temido hombre de negocios, el patriarca del clan William Albert Andrew echando de cabeza a Archie y a su hija! ¡Habrase visto tal desfachatez y ridiculez en su sobrino! ¡Tan grandote y tan chismoso! Celos…celos, lo que hace los celos hacer a un hombre inteligente. Meneó la cabeza resignada, se levantó de su asiento y lo calló antes de que siguiera haciendo el ridículo.

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—¿Los seguiste?

—¿Cómo?

— Te pregunté William, ¿si acaso tuviste la osadía de seguir a mi hija y a tu sobrino? ¿Los estabas espiando? Llegaste hoy en la mañana de New York y ya andas investigando lo que no te incumbe.

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Él se puso rojo de la vergüenza al ser descubierto. Él también se levantó, y se acercó a la ventana. Sin voltear a ver a su tía, habló primero con vergüenza que se convirtió en una tristeza infinita.

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— Yo…yo los encontré por casualidad en la ciudad. Estaban tan metidos en su mundo…que no, que no se dieron cuenta que los vi.

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Elroy sólo lo observo y dejó que terminará.

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— Dime William, ¿cuál es el problema? Son novios, tienen mi permiso y bendición.

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Él se volteó indignado, casi casi se le cayó la mandíbula de la sorpresa.

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—¿Cómo que cuál es el problema tía Elroy? Es inmoral que se besen en público y en un parque. Por Dios tía, estaban intercambiando besos y helados en plena luz del día, todo mundo los veía.

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Ella sonrío, esto era lo que esperaba para atacarlo.

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—¿Inmoral? Inmoral es besar a mi hija, después de embarazar a otra mujer. Inmoral es que te tengas que casarte por honor porque está embaraza, sabrá Dios de quien, y tú te creas responsable.

— ¡Tía!

— Tía, tía ¿Qué? Basta William, te lo dije antes, aléjate de mi hija. Lo que Archie y mi hija hagan sólo me concierne a mí y a ellos. Déjalos hacer su vida y tú hazlo que te plazca. Te lo dije antes y te lo repito de nuevo…no te quiero cerca de Candy. Ahora vete.

— ¡Tía!

—¡Que te vayas!

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Albert la miró furioso, pero a la vez avergonzado, se dio la media vuelta para alejarse, cuando la voz potente de su tía se escuchó, antes de que abriera la puerta.

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— Por cierto, ya le dijiste a la mujercita esa que ella nunca será la matriarca del clan.

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Sin voltear a verla, le contestó

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— No —, aunque Elroy ya sabía que Albert no quería hacerlo por George, quería presionarlo para que lo hiciera.

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—¿Por qué?

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Volteó a verla

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— Simplemente tía es que no lo considero importante. Si es necesario dejaré de ser el patriarca del clan, pero no quiero que algo pase y pueda perder a mi hijo. No quiero eso en mi consciencia —, le dijo con una tristeza marcada en sus ojos.

— Bastante mal me siento por saber que mi pequeña me detesta al haberla desilusionada de esa manera —, pensó tristemente.

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Ella meneó la cabeza, y un respiro de resignación salió de ella.

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— Entiendo …no estoy de acuerdo, pero entiendo y respetaré tu decisión equivoca. Así como yo te exijo que te mantengas al margen de la relación entre Candy y su n.o.v.i.o —, le dijo estresando la última palabra como queriendo que reaccionará.

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Sabía que, a estas alturas, aunque él se arrepintiera, Candy no le perdonaría su engaño y burla, pero por lo menos él se libraría de ese alacrán ponzoñoso.

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— Yo respetaré tus decisiones, siempre y cuando tú respetes las mías, ¿estamos William?

— Tía

— ¿Estamos? Porque si insistes en entrometerte en la relación de mi hija …yo misma hablaré con la mujercita esa. Estas advertido William. Ahora retírate, que tengo muchas cosas que hacer.

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El sólo apretó los puños y salió enfurecido dando un portazo. Elroy sólo respiro frustrada.

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— Lo siento hermano, te fallé —, dijo mirando al cielo. — Este tonto no entiende …solito, solito está yendo al matadero. Se acercó a la ventana y miró llegar el automóvil de Archie. Sonrió con complicidad y ternura.

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Este par la había hecho en grande este día sin saberlo, pero ni así habían ayudado a sacar del atolladero a su William.

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— Hay hija mía, tendré que hablar con ustedes, tanto beso y arrumacos me preocupa —, de repente se quedó pensando en quién le dio el chisme, y sonrió.

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—¡Bah!, de seguro es solo cosas tiernas y este celoso de William viendo moros con tranchete en donde quiera. Por lo menos esta parejita está conociendo el amor. Una luz entre todo este fango que ha traído está boda exprés de William.

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Y siguió mirando con cariño a la pareja que había bajado del automóvil. Miró como su galante sobrino había abierto la puerta para que su amada hija bajará segura. Le tocó ver como él galantemente le besaba la mano y la conducía a la mansión. Sí, por lo menos con ellos había esperanzas de un futuro mejor...

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Esa noche, Candy melancólica por el pasado se retiró temprano argumentando cansancio y dolor de cabeza.

Archie lo entendió, a su pesar sabía que aún tenía un largo camino por recorrer para conquistar completamente su corazón, pero de que la conquistaría eso lo sentía. Casi podría asegurar que ella ya había empezado a amarlo, esto era la despedida del pasado. Lo sentía en cada beso que compartían a diario.

Llegó tristona a su habitación, no había testigo que la pudieran observar o criticar. Con calma abrió la puerta de su balcón y salió a respirar aire puro, lo necesitaba. Ahí mirando la luna desde su balcón se despidió de cada uno de sus sueños e ilusiones con aquel que había sido su príncipe de la Colina.

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— Adiós Albert, nunca apreciaste mi cariño…duele, si aún duele, pero ya no tanto—, una lagrima rodó por su mejilla, sí dolía menos…

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No había nada que hacer. Esa noche se metió a su cama y lloró, lloró hasta que durmió.

Pero ese llanto no fue dedicado solamente a ese amor truncado, no, fue un llanto dedicado a todas sus pérdidas. Los fantasmas del recuerdo salieron esa noche para atormentarla. Su melancolía era intensa.

Sacó su baúl de los recuerdos y entre sonrisas y llanto fue mirando cada uno de sus tesoros que tenía guardado bajo llave en aquel pequeño cofrecito.

¡Ah la foto de un sonriente y guapo Anthony! ¡Como lo había amado! Lo amó con todo su tierno y joven corazón desde que lo conoció. Cientos de imágenes y anécdotas con su amado Anthony vinieron a su memoria, fue su primer amor juvenil. Cuando creyó que había alcanzado la cúspide de la alegría, lo perdió de una forma trágica frente a sus ojos; gruesas lagrimas surcaron por su hermoso rostro. Besó el retrato con amor y le fue pasando los dedos mientras delineaba la imagen amada; lo puso en su pecho mientras rezaba por su descanso eterno. Nunca podría olvidarlo; siempre lo tendrían en su corazón, lo seguiría amando por el resto de su vida.

Cuando terminó su rezo, siguió sacando sus memorias de su viejo cofrecito y decidió ponerlas todas sobre su cama. Entre las cosas que fue sacando de su cofrecito, encontró unas cartas y un afiche de teatro de su amor de adolescencia, Terry Grandchester, sonrió con tristeza. Limpió unas lágrimas que corrían sin descanso por su rostro. Otro amor truncado que apenas comenzaba y que había terminado de una forma dolorosa en las escaleras de un hospital, ese también había dolido muchísimo.

Lo que sacó de su cofrecito después, iluminó su rostro con una sonrisa triste al recordar al creador de la pequeñita caja musical que sostenía en su mano.

— Stear… ¿Por qué? ¿Por qué te fuiste? Te necesitamos, ni siquiera pude decirte lo importante que eras para mí —, pensaba mientras se levantaba de su cama y caminaba lentamente a su ventana, mientras sostenía cerca de su corazón la cajita musical. Al tiempo que recorría la cortina para mirar el negro cielo, fue como si recorriera una cortina de imágenes con su querido científico. Sonrió divertida al recordar sus locuras que compartió con él. Cada invento fallado, cada sonrisa compartida, fueron recordados con gruesas lágrimas. Su adorado Stear, una injusta y absurda guerra les arrebató a ese ser maravilloso. Había sido otra pérdida dolorosa en su corazón. Mirando al negro cielo elevó una plegaria al creador por su eterno descanso. Siempre lo llevaría en su corazón como a Anthony…

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Volteó a ver su cofre, y lentamente caminó hacia él, y puso el cofrecito cerca de la foto de su adorado Anthony; se sentó nuevamente y continuó sacando sus tesoros. Lo último que encontró fue unas cartas y postales atadas con un hermoso lazo rosa. Suspiró, eran las cartas y postales de Albert que le había mandado cuando él viajaba a diferentes partes del mundo; fue después de que conociera su verdadera identidad. Eso era lo único que le quedaría de esa "amistad "y de ese nexo tan cercano que algún día habían compartido. Fue lo único que le quedó de sus sueños románticos con su príncipe.

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—Albert —, musitó levemente mientras sus hermosos ojos se llenaban de lágrimas.

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Albert venía siendo la cereza del pastel en sus pérdidas. Procedió a poner juntas las cartas de Terry y las de Albert, junto con el afiche de Terry y las ató con el lazo rosa. Algún día quemaría las cartas de Albert y Terry, pero aún no era el momento, todavía no podía. Eran bellos recuerdos de dos seres que en un tiempo de su vida fueron importantes para ella, pero ya tenían otras dueñas, así que era necesario olvidarlos para siempre; no podía tener ningún recuerdo romántico con dichos hombres,

De rodillas ante su cama, se quedó mirando atentamente a las cosas que tenía frente a ella, ahí se encontraban restos de los recuerdos de tres amores truncados, restos de recuerdos de tres seres que amó con distinta intensidad en distinto tiempos de su vida, y también tenía el recuerdo de un ser que adoró, su querido primo.

Volvió a meter las cosas en su cofrecito, lo primero que metió fue las cartas y afiche, ya no quería ni mirarlos. En cambio, volvió a besar la foto de Anthony y la caja musical de Stear; a ellos dos siempre los tendría en su corazón, a ellos dos siempre los recordaba a cada momento. Cerró con llave el cofrecito de sus recuerdos, mientras se limpiaba las lágrimas de su rostro. Sólo le quedaban recuerdos de tiempos pasados; recuerdos maravillosos de dos seres que adoro que ya no tenía a su lado y el triste recuerdo de dos amores truncados. Eran recuerdos de un pasado doloroso que quería recordar sin llorar porque recordar es vivir. Tal vez algún día en un futuro cercano, lo lograría.

A su mente vino la cara de su guapo novio, Archie

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— Archie —, se tocó los labios y sonrió emocionada e ilusionada por este nuevo amor que estaba floreciendo en su corazón.

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Volteó a ver las imágenes sagradas que tenía sobre su cama, y rogó a Dios en silencio con sus ojos verdes llenos de lágrimas, por un mañana mejor, un mañana lleno de amor, un mañana lleno de esperanzas, un mañana sin dolorosas perdidas al lado de su querido y adorado paladín; le pedía a Dios ser feliz con él. Se levantó a guardar su cofre, sus tesoros del pasado, dentro de un armario, mientras las lágrimas corrían por su rostro, era su manera de decirle adiós al pasado y a él…a su pasado amor…Albert.

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Despertó con la única idea de seguir su vida sin él, sin su vieja ilusión. Nunca más lloraría por él, la noche anterior fue la última, se lo juró a si misma.

Se había hecho a la idea de dar vuelta a la página de su vida desde aquella reunión donde se las presentó como su futura esposa.

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Sin embargo, decir y hacerlo son dos cosas muy diferente. Puedes hablarlo y razonarlo, pero tu corazón es el que al final tiene la voz y la palabra final.

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Afortunadamente para la bella rubia, el amor de Archie comenzaba a ganar lentamente su corazón. Sus atenciones y los recuerdos de toda una vida con él siempre cerca de ella, empezaba a transformar ese cariño que una vez pensó fraternal en algo diferente, algo más profundo.

Desde que lo conoció sintió algo especial por él, pero apareció Anthony y quedó relegado en segundo plano ese cariño, pero ahora resurgía nuevamente con más fuerza que nunca. Nada impedía ese amor, Terry ya no era un obstáculo y Albert tampoco.

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Los sentimientos de Candy se iban transformando día a día con el trato diario que le daba el guapo joven. Aquellos locos y tormentosos amores que sintió una vez por otros se estaban desapareciendo para siempre de su joven su corazón. Lo había hecho una vez con el guapo inglés, y ahora su corazón estaba desalojando los recuerdos de otro amor no correspondido, el de Albert, su Príncipe de la Colina.

Pareciera que su joven corazón estaba abriendo las puertas para la nueva oportunidad de su vida, y esta vez se estaba asegurando de dejar entrar solamente a la persona correcta a su adolorido corazón para gobernarlo completamente. Las mariposas que empezaba a sentir en su estómago cada vez que lo veía venir hacia ella, o cuando él se acercaba a ella, indicaban que el camino ya estaba siendo ganado por el atractivo chico de ojos color miel, Archie. Él no tenía prisa, lo único que quería era enamorarla y compartir su vida con ella. Así le llevara toda una eternidad en lograrlo.

Él mismo le había dicho con vehemencia cuando le pidió una oportunidad.

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— "Dame solo una oportunidad para amarte y adorarte todos los días de mi vida.

Dame solo una oportunidad y te llevaré al paraíso de mi amor.

Déjame ser el que te enseñe lo que es el verdadero amor.

Solo una oportunidad te pido para adórate, Candy…mi Gatita, tu eres la dueña de mi corazón.

Vida mía, acepta ser mi novia.

Así me lleve toda una vida Gatita de mi vida conquistaré tu corazón."

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Poco a poco Archie la sacó de su desilusión amorosa que sufriera con Albert. Volvió a sonreír con alegría e ilusión, su corazón se estaba dando una nueva oportunidad al amor. No se quedaría a vestir santos mientras Albert se casaba y era feliz con otra. No, ella también tenía derecho a ser feliz, casarse como lo había sido Terry y ahora Albert; ella tenía derecho a encontrar la felicidad con un verdadero amor, con alguien que la amará y la respetará.

El noviazgo era una etapa nueva que Candy no conocía; al principio no sabía ni cómo actuar en su relación con su paladín, ella nunca antes había vivido una situación similar. Siempre había corrido tras del amor, pero ahora era todo tan distinto para ella, pero pronto aprendió. Simplemente se dejó querer por su apasionado Gatito. Cada día le despertaba con detalles únicos.

Siempre se las ingeniaba para tener un detalle único con ella; desde obsequiarle chocolates, flores, bombones o simplemente estar con ella a su lado cada día. La estaba inclusive enseñando a tocar piano por petición de ella. También en ocasiones la llevaba al lago, o a caminar por la tarde de la mano bajo la sombra de los árboles que ella tanto amaba.

Ellos estaban viviendo un noviazgo normal; Archie quería conquistarla, y por Dios que lo lograría. Entre abrazos y besos fugaces bajo la luz de la luna, lejos de la vigilancia materna hablando de sus actividades diarias, ambos se iban acostumbrando a la compañía del otro en los jardines de la gran mansión. Se le estaba haciendo indispensable a Candy verlo diario, platicar y disfrutar un rato con él antes de dormir, era la hora del día que espera con más ansiedad e ilusión.

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Finalmente, el ansiado día para Diane llegó, la futura esposa del patriarca del clan Andrew estaba que daba brincos de felicidad. Ella ya se sentía la dueña de todas las propiedades de los Andrew, la pobre ignoraba la verdad de las cláusulas de la herencia de Albert.

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La celebración del compromiso fue celebrada en la mansión de Chicago, aunque Elroy no hubiera querido, tenía que aparentar, pero Albert estaba advertido, esa mujercita no sería nunca la matriarca.

Albert no le había dicho nada a su futura esposa, ni pensarlo. ¿Para que? Ella estaba embarazada y eso no cambiaría ese hecho, tenía que casarse con ella de todas maneras. Eso ya se lo había explicado a su tía Elroy un día antes de su compromiso en la acalorada discusión que habían tenido cuando le reclamó la conducta "inmoral" de Candy y Archie en un parque de Chicago.

Ganas no le faltaban de decírselo para ver si así podía espantar a la mujercita que sería su futura esposa, Diane, a lo mejor su futura situación social y económica, podría…podría…asustarla y a lo mejor ella cambiaria de opinión. No, eso era una soberana estupidez, eso no podría hacerlo, aunque muriera de las ganas por hacerlo, no podría llevarlo a cabo. Por una sencilla razón…había una criatura de por medio que no tenía culpa de sus decisiones equivocadas. Sólo esperaba que por lo menos ese niño fuera feliz…

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Esa noche Albert volvió a sufrir, su amada Candy estaba deslumbrante y lucía radiante, feliz y lejana; junto a su sobrino, el novio oficial, aunque aún no se había anunciado, lo harían pronto Elroy se lo dijo esa mañana.

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— Planeo informar a nuestras amistades del noviazgo de Candy y Archie en su presentación este próximo mayo, en su presentación.

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Eso lo había dejado sin habla, solo atinó a salir de la biblioteca. Lo peor es que no podía hacer nada, después de lo que Elroy le advirtiera el día anterior en la discusión que tuvieran, y después de verlos devorarse a besos en ese parque…sabía cuál era su lugar.

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Cuando apareció con Archie del brazo, se quedó sin habla, estaba deslumbrante. Ella siempre fue hermosa, pero esa noche era una diosa. Sus ojos celestes toda la noche los siguieron. Devoraba con la mirada su voluptuoso y esbelto cuerpo que llevaba un bello vestido color negro de seda con detalles plateados en el pecho, en la espalda y en la falda, el vestido estaba delicadamente pegado a ese cuerpo de diosa que sacaba suspiros de todos los invitados.

Archie era el hombre más envidiado de toda la fiesta, pero en realidad era la pareja más envidiada del lugar. A ella la envidiaban las damas por su guapo acompañante, a él lo envidiaban los caballeros por su atractiva compañera. Su dorada cascada embellecía más ese rostro perfecto que lucía bellísimo aquella especial noche donde Albert quería morir y desaparecer de frustración.

La vio bailar con él, solos hablándole al oído. Riéndose juntos, mientras él cerraba antes sus invitados el contrato de un compromiso falso y sin amor, solo por deber; por un honor que lo llevaría a vivir sin ella, lejos de ese rubio ángel llamado Candy. Solo por una decisión equivocada que dejara consecuencias.

Ella se negaba a mirarlo a los ojos cuando por casualidad coincidían en algún lugar de la fiesta. Sin embargo, ella no pudo evitar mirarlo cuando bailaba animadamente con Archie. En uno de los giros del vals que bailaban, al voltear su rostro, de pronto sus verdes esmeraldas se toparon con esas furiosas celestes pupilas que la celaban y censuraban su cercanía con el chico de ojos color miel. Ella no se inmutó ante el velado reclamó que su celeste mirada le gritaba a lo lejos; al contrario, lo ignoró categóricamente por la burla sufrida por él y sólo se dedicó a reír y gozar de la fiesta en los brazos de su guapo paladín toda la noche que duró aquella celebración. Se dedicó a ser feliz con el hombre que le estaba robando y conquistando su corazón, su adorado Gatito, Archie.

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Esa noche tres corazones, en la lujosa mansión, vivían distintas historias.

Uno estaba sufriendo la pérdida de un amor, el amor de su vida para siempre. El otro joven corazón estaba tratando de recuperarse de una perdida que le dolió al principio, pero se estaba dando la oportunidad con un nuevo amor que la estaba enamorando, un nuevo amor que la estaba enseñando a ver la vida de otra forma. Y el otro joven corazón estaba feliz con la vida y saltaba de alegría por esta nueva oportunidad con el amor de su vida.

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Continuará.

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Les invito a leer mis otras historias:

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"Stear: Reflexión Al Amor Perdido." Es una mini historia de dos capítulos.

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"Bajo La Luz De La Luna." Mi primera historia en fancfiction.

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A todas las personas que han dejado mensajes, y a las que solo me hacen el favor de leer estas historias de forma anónima. Muchísimas gracias por apoyar estas historias, se los agradezco infinitamente.

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Agradecimientos

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Primeramente, quiero darle las gracias a cada una de ustedes por apoyarme con esta nueva historia. Es un Albertfic y fue escrita en honor de Príncipe de la Colina por su cumpleaños.

Sé que es duro ver al guapo Albert sufrir en este fic, pero es necesario mantener el dramatismo, las sorpresas y el romance en una historia para mantener el interés de ustedes.

Habrá clímax, habrá calma, habrá suspenso, nuevos clímax y seguirá la historia hasta que se termine de contar.

Un drama en una historia para mí es como un nudo en una madeja de estambre. Para desenredarlo, se puede tratar de ir por un lado de la bola de estambre o, por otro lado, o de plano cortar el estambre y unirlo sin que nadie se dé cuenta; básicamente eso es lo que yo estoy haciendo en mi historia. En este caso o en este fic, yo estoy poniendo los nudos o los dramas de la historia que estoy contando, y seguiré desenredando o enredando como vaya contando la historia.

Recuerden sin drama no hay historia.

A esta historia le falta muchísimo. Ya no es tan corto como lo tenía planeado, ya que a medida que he escrito los capítulos me he dado cuenta de que tengo más tela de donde cortar.

Como siempre les pido paciencia

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Escribir un fic de Albert no ha sido fácil porque él es un personaje muy querido, pero le estoy poniendo todas las ganas del mundo para que les guste y lo disfruten como lo hago yo cuando escribo los capítulos de esta historia.

Disfruto muchísimos cada uno de sus comentarios que me hacen el favor de dejarme; ya que me anima mucho cuando estoy escribiendo la historia.

Es como recibir regalos antes de mi cumpleaños, gracias.

Es por eso por lo que trato de mandarles un mensaje privado (PM) a cada persona que me manda un mensaje para agradecerles el tiempo que se toman en leer mi humilde historia. Desgraciadamente, solo se puede mandar PM a las personas que están registradas.

Tal como lo hice con el capítulo anterior, dejé comentarios en la sección de reviews, para todas las chicas a las que no les puedo mandar un PM para agradecerles su tiempo. Gracias a cada una de ustedes por dedicar su tiempo en leer mi historia.

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"Hay errores en la vida que se pagan con una eterna soledad, y otros con un matrimonio lleno de odio sin amor. La vida real está llena de ejemplos como esos tristemente, y todo por errores que en su momento se disfrutaron, y después se lloran amargamente para siempre. Segundas y terceras oportunidades pueden pasar...pero no siempre se tiene la oportunidad en la vida...aunque la vida puede deparar sorpresas."

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Gracias todas personas que me regalaron comentarios, a todas las que han agregado mi historia a su lista de favorita y a su lista de alertas, a todas las que han agregado mi nombre en la lista de autores favoritos y a su lista de alertas, y a todas aquellas que me han leído en forma anónima en el pasado capítulo. Si alguien se me paso, de antemano les pido una disculpa. Gracias a todas.

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Este capítulo se lo dedico en especial a mis amigas Maravilla121 y Sandy Sanchez.

Maravilla121 espero que te mejores; gracias por tu apoyo. Sandy feliz cumpleaños, mis mejores deseos en tu día.

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Awylin0440

Adoradandrew

JENNY

maravilla121

Pinwy Love

Lizbeth Haruka

Sandy Sanchez

pelusa778

alexas90

Bunny

Guest

Mony

Becky 10000

PaolaWhite

Gaby

Katnnis

cortesdcp

Val rod

YAGUI FUN

GabyTGAndrew

Silvia

Serenity usagi

ROS: MadelRos

LeslieArgyll

sayuri1707

vialsi

serenitymoon20

Olga Ardley

Fandcya

Rosas y Gardenias

Nana

OHHCartist

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A todas muchas gracias. Cuídense