Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.
Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica
Capítulo #23:Un dilema peligroso
Caminó en silencio tras su guía. No sabía hasta dónde le conduciría. Quizás su ofrecimiento se trataría tan solo de una broma. Sí, era muy probable para él. Sabía que para aquel muchacho no era santo de su devoción, y que podría utilizar aquella penosa circunstancia para ridiculizarlo. Pero prefería correr el riesgo.
Miró su entorno. La oscuridad nocturna era débilmente contrarrestada por la tenue iluminaria pública, que además se hallaba descontinuada por algunos focos rotos. Panderetas escondían recelosamente las numerosas y pequeñas viviendas distribuidas en hilera. El silencio era perturbado tan solo por la corriente que corría libre por las calles, haciendo crujir a veces algún tejado desaliñado. Extraño era el hogar que era parte del ambiente festivo típico de navidad. La mayoría de ellos, aportaban al silencio reinante en sus calles.
Jamás había estado allí.
Miró a su adelantado acompañante. Su paso calmo continuo, sus manos descansando en los bolsillos de su pantalón y su cabeza inclinada parecían ser la manifestación física de la actitud defensiva, que incluso amenazante, manifestaba que ante cualquier queja dejaría escapar su vehemencia.
— "No sería algo nuevo"— reflexionó el muchacho. Habiéndolo tenido como contendor en la duela y habiendo presenciado varios de sus partidos junto a Shohoku, ya podía dar fe de la arrebatada personalidad del pelirrojo. Pero incluso la noche anterior, lo pudo comprobar en carne propia al recibir un enardecido puñetazo en su rostro.
Repentinamente el chico de Shohoku se detuvo frente a una de las tantas viviendas, como si de efecto dominó se tratara, Akira le imitó.
— Ya llegamos— anunció girando sutilmente la mirada hacia el chico de Ryonan. Este permaneció en silencio. El pelirrojo tras insertar la llave en la puerta, ingresó al lugar, Sendoh permaneció parado en su última posición, Hanamichi no tardó en notarlo— No te quedes ahí parado, pasa— ordenó grave.
— Oh, sí— susurró distraído, y le siguió ingresando al lugar.
Hanamichi tras entrar encendió la luz. Para sorpresa de Sendoh, el lugar estaba deshabitado. Admitió de manera inconsciente que se encontraría con la familia del novato de Shohoku, pero se había equivocado.
Era una casa pequeña, eso le hizo vacilar unos instantes al chico de Ryonan, era posible que no hubiera un lugar para él. Quizás era inoportuno.
Continuó con su exploración: un pequeño televisor, un sofá marrón y una mesa cuadrada para cuatro personas, sobre la cual descansaba un abandonado vaso de leche, daban la bienvenida en lo que suponía era la sala. El piso de madera brillaba intensamente, tanto así que podía ver su propio reflejo en él, era parecido al de una cancha de baloncesto. Las murallas de un deteriorado color verdeagua, parecían suplicar volver a ser pintadas. El ambiente le pareció sin duda de reprimida soledad.
— Sakuragi, yo…— habló ahora el capitán de Ryonan sosteniendo con fuerza su bolso— No quiero causar molestias— expresó confuso.
— ¿Mmh?— en un gruñido, el pelirrojo volteó molesto hacia su huésped— Si te traje a mi casa es porque no causarás molestias… tonto— refunfuñó.
— Pero… Deberías consultarle a tus padres ¿No lo crees?— preguntó con sigilo. Los ojos del pelirrojo se abrieron con asombro. Había olvidado aquel detalle. Sin embargo su expresión de asombro mutó por una grave e indolente.
— Ellos no están aquí— pronunció de espaldas a Akira.
— Pero regresarán— su sentido común le hizo reproducir de manera automática sus pensamientos.
— No, ellos no vendrán— forzosa indiferencia logró detectar Sendoh en las últimas palabras del pelirrojo.
— ¿Qué dijiste?— preguntó curioso.
— Dije que ya no vendrán— repitió con fastidio.
— Pero… ¿Por qué?— nada le hacía sentido a la estrella de Ryonan. Hanamichi volteó su rostro hacia el curioso, le contempló estoicamente unos segundos ante la expectación del Ryonan.
— Vivo solo— contestó de manera escueta— Y no hagas preguntas tan molestas— ordenó el pelirrojo. Eso si no se lo esperaba el chico de cabellos alzados, su sentido común había fallado.
Sus pasos de manera automática le condujeron hasta la vivienda. Había pasado largo rato reflexionando sobre lo sucedido aquella tarde. Un sentimiento de miseria le atravesó el pecho, se sentía arrepentida. No quería perder a su amiga, pero tampoco quería perderlo a él, el amor que creía jamás encontraría.
Algunas lágrimas amenazaron con precipitar a su rostro, pero las contuvo. Ya no lloraría más. No quería que Kaede le viera así. No quería hacerle sentir que su noviazgo le significaba un sacrificio más poderoso que la felicidad de estar juntos. Sostuvo con sus manos la manilla de la puerta, tomó una bocanada de aire y le giró para entrar en la vivienda decidida. Sin embargo, alguien se le adelantó.
— Llegas tarde— pronunció calmo el chico de Kanagawa. Megan abrió sus ojos con asombro al verle tras el umbral.
— Kaede— articuló con asombro— Hola— saludó sonriendo forzosamente. Entró deprisa. El muchacho le siguió.
— ¿Qué tal el ensayo?— preguntó el muchacho subiendo las escaleras tras ella.
— Bien— respondió casual sin detenerse— Creo que daremos un buen espectáculo— añadió.
— ¿Entonces no volverás a ensayar? ¿O al menos te tardarás menos?— interrogó con reprimida ilusión.
— No estoy segura— contestó deteniéndose frente a su cuarto. El ojiazul logró detectar la inquietud de su novia.
— ¿Sucede algo?— inquirió examinando meticulosamente su rostro.
— No, no— respondió presurosa— Sólo quiero descansar, muero de sueño— argumentó abriendo la puerta de su cuarto.
— Pero…— Rukawa no alcanzó a concluir su frase, cuando el estruendoso ruido de la puerta cerrándose frente a él, hizo acabar con el diálogo— "Y ahora qué le pasa"— se preguntó con fastidio al notar la contrastante actitud de Megan durante aquella mañana antes de partir, y ahora a su regreso. Ahora caminó de regreso hacia la primera planta, no pretendía seguir insistiendo.
Megan pudo sentir sus pasos alejándose. Afirmada a la puerta de su habitación, contemplaba tristemente su reflejo en el espejo frente a ella. Quería evitarlo, pero no podía fingir que nada pasaba, sin al menos eludir al chico con quien estaba.
Habían pasado tres días. Un veintisiete de diciembre en el calendario pegado a la muralla yacía marcado con una equis. Las jornadas superadas iban siendo animosamente tarjadas por la manager. Para concientizar al equipo, que el inicio del campeonato de invierno corría hacia ellos.
Balones chocando desfasados unos de otros contra el suelo, el llamado de un compañero a otro alertando de un pase y el sonido de un balón entrando por las redes de la canasta, marcaban el ambiente cotidiano en el gimnasio.
Todos habían llegado puntuales, excepto uno: el capitán. Esperando el arribo de su líder, los miembros del equipo calentaban, mientras que Haruko y Ayako conversaban trivialidades, los miembros del Gundam invadían el portón expectante a las tonterías del pelirrojo, junto a las amigas de la hermana de Akagi.
Repentinamente el ejército en la puerta sintió como alguien tras de ellos se abría paso con irritado ensimismamiento.
— ¡Oye, cuál es tu problema!— Mito giró hostil al notar que alguien le empujaba, sus amigos le imitaron al instantes, sin embargo los reclamos cesaron en cuanto vieron de quien se trataba.
— Miyagi— susurró Yohei mientras lo contemplaba perplejo, al igual que sus amigos. Sin más objeciones, abrieron paso al capitán de Shohoku.
Sus pasos eran rígidos, la exhaltada vena en su sien y castañeo involuntario en su mandíbula eran la indiscutible muestra de su indignación. Todo quien lo vio pudo notarlo.
— Llegas tarde, Miyagi— pronunció con falso enojo Mitsui, el moreno pareció no escuchar. El pelirrojo se acercó a su amigo, quien se había detenido por inercia en la cancha.
— ¡Oye Ryota! ¡El que seas capitán no te da derecho a dejar esperando a este genio! ¡¿Me escuchaste?!— reclamó con enfado. El chico de segundo permanecía ensimismado— ¡Oye Ryota, no ignores a este talentoso!— demando su atención aleteando furibundo por lo que interpretaba como indiferencia injustificada de Miyagi. El chico del pendiente irritado por los escandalosos reclamos de Sakuragi, al fin reaccionó.
— ¡Ya cállate de una buena vez, Hanamichi!— vociferó enardecido. Todos le contemplaron perplejos incluso el pelirrojo, quien quedó silenciado algunos instantes. Sin embargo su molestia volvió a manifestarse en su rostro.
— ¡Oye Ryota! ¡No te he hecho nada para que me trates así! ¡Un genio no es digno de ese trato!— recriminó furioso.
— Oh, no. Creo que los días de tranquilidad llegaron a su fin— lamentó temeroso Yasuda, al recordar que no oía discusiones tan peligrosas en el equipo desde la partida de Rukawa.
— ¡Tú me provocaste, Hanamichi!— refutó el pequeño.
— ¡Tú eres el culpable!— negó el número diez.
— Estos niños jamás cambiarán— espetó Ayako. Tomó el abanico que había dejado sobre una silla, y caminó sigilosamente hasta los contendores.
— ¡Eso es mentira, tu empezaste todo esto!— Miyagi se defendía irritado. Ayako tras de ellos alzaba su abanico de papel al cielo, para luego bajarlo violentamente.
— Ryo-chin— una doble voz traviesamente, llamó la atención de todos. Ayako congeló su acción para voltear hacia las voces desconocidas. El capitán encogió automáticamente los hombros mientras su rostro se tornaba azulado.
— Ya están aquí…— articuló casi sin aliento. Sakuragi volteó la mirada curioso hacia la puerta.
— ¿Dónde estás, Ryo-chin?— las voces volvieron a pronunciar al unisón mientras posaban una mano sobre su frente en búsqueda del muchacho. Nadie entendía que pasaba.
— Oh, Dios. Estoy perdido— suspiró derrotado, Miyagi.
— ¡Ay estás Ryo-chin!— dijo uno de ellos, de manera presurosa brincaron hacia el centro de la cancha, donde se encontraba el capitán. Sus estruendosos pasos eran la réplica de la maciza figura del par de gemelos que se aproximaban con una ingenua y estúpida sonrisa al muchacho. Unas espontáneas lágrimas de tragedia asomaron en los ojos del chico del arete.
— No— susurró acobardado.
— ¡Ryo-chin, Ryo-chin!— repetían los gemelos mientras alzaban al cielo entre sus brazos al moreno.
— ¡No por favor, déjenme en paz!— suplicaba en el ir y venir al cielo— ¡Déjenme!— repitió, todos observaban atónitos la escena.
— ¿Qué está pasando aquí?— susurró perpleja Ayako.
— Ni idea— espetó contrariado Mitsui.
— ¡Ya déjenme de una vez!— ordenó furibundo, el par de hermanos con repentino temor, dejaron su jubilosa manifestación de afecto, dejando caer estrepitosamente al suelo a Miyagi. Al notar que el moreno permanecía inmóvil sintieron mayor temor.
— Perdónanos, Ryo-chin— suplicaron de manera infantil los grandulones.
— ¿Estás bien, Miyagi?— preguntó Mitsui acercándose lentamente al muchacho. Este se fue reincorporando paulatinamente, alzó la mirada clavándola directamente hacia los gemelos, éstos le contemplaban con ingenuamente. La llama en los ojos del moreno les hizo aumentar el pavor en los gemelos, que sintieron el sudor sembrar su rostro.
— ¡Estúpidos!— vociferó poniéndose de pie de un gran salto— ¡Les dije que no llegaran armando escándalo!— regañó mientras se lanzaba en la espalda de uno para jalar de una de las orejas del grandulón— ¡Y además se atreven a llamarme Ryo-chin! ¡¿Es que acaso no saben respetar a su tío?! — reclamó saltando hacia el segundo gemelo para repetir la reprendida.
— Dijo… ¿Tío?— la voz perpleja del pelirrojo relataba su asombro.
— Eso creo— masculló inseguro, Mitsui.
— Perdónanos Ryo-ch… tío— se corrigieron los grandulones.
— Pero estábamos muy felices de jugar en tu equipo— se excusó uno de ellos.
— ¿Qué dijo? ¿Acaso esos dinosaurios pretenden jugar en el equipo?— monologó curioso el pelirrojo.
— Debe ser una broma— espetó Mitsui.
— ¡Ya cállense!—ordenó a sus sobrinos el pequeño de Shohoku— La excusa agrava la falta ¿No lo sabían?— pronunció— Ahora… voy a presentarlos con el equipo— una lágrima infantil asomó en sus ojos— "¿Por qué tengo que hacer esto?"— se cuestionó desalentado.
Los miembros del equipo se reunieron ante él. A su lado, los grandulones les observaban con una ingenua sonrisa.
— Muchachos— susurró Miyagi— Estos son Goro y Juro Miyagi, mis sobrinos— presentó señalando a las réplicas— Y desde hoy…— añadió jadeante— Serán parte de nuestro equipo— lo último lo pronunció a regañadientes.
— Entonces es cierto— susurró con asombro la manager.
— Sí— articuló apenado el capitán. Ahora todas las miradas giraron hacia la dupla de gigantones.
¿Qué harían ellos ahí? Sus cuerpos macizos relataban que gozaban de gran condición física, también tenían una imponente estatura, pero su tamaño parecía no ser proporcional a la capacidad de aquella masa que los gobernaba bajo sus cráneos.
Absurdo…
El pelirrojo rebotaba el balón consciente de cada uno de sus movimientos. El ojiazul por su parte intentaba leer cualquier signo de variación en los ojos de su contendor para arrebatarle el objeto en pugna. Aquella muchacha les contemplaba a la distancia.
Ya se había vuelto costumbre ver a Eddie en duelos de uno a uno con Kaede, pero pocas veces se detenía a observarles, aunque esta vez, con su atención centrada en algo más que el duelo.
Eddie había logrado encestar una canasta, con algo de dificultad esta vez, pero lo conseguía.
— He vuelto a ganar— pronunció casual el pelirrojo tomando sus rodillas. Rukawa le contempló en silencio. Pronto se dejaron caer sobre la cancha en el patio para descansar. El ojiazul no tardó en advertir a Megan, quien les contemplaba a la distancia. Eddie giró curioso a ver qué observaba su amigo, para regresar su atención e él.
— Así que casi no te habla— en medio de jadeos el pelirrojo pronunció de manera afirmativa. Kaede no respondió— Es curioso— opinó.
— ¿Por qué lo dices?— un casi imperceptible tono curioso se escapó de los labios de Rukawa.
— Megan acepta ser tu novia, al día siguiente comienza a evadirte, y todo esto, justo después del ensayo con la banda— expresó insinuante— Con Bianca— añadió alzando una ceja con perspicacia.
— Acaso estás pensando que…— el pelirrojo asintió serio.
— No me da buena espina, seguramente le dijo algo— opinó Eddie— Espero que abra los ojos— añadió volteando hacia la muchacha, el ojiazul le imitó. Al notar que las miradas se posaban en ella, dedujo que hablaban de ella, para evitarlo, bajó la mirada mientras contemplaba sus manos.
— Ya me iré— anunció el pelirrojo mientras se ponía de pie.
— ¿Te vas?— el chico de Kanagawa se sorprendió por a repentina decisión de su amigo.
— Ustedes tienen que hablar, es mejor que los deje solos— expresó casual mientras prolongaba sus extremidades.
— Como quieras— masculló el ex Shohoku.
— Bueno amigo, nos vemos— se despidió mientras le daba una palmoteada en el hombro. Rukawa correspondió asintiendo. A la distancia pudo ver como su amigo se despedía de Megan, quien le acompañó hasta la puerta. El muchacho permaneció sentado en el mismo lugar. Sin duda las palabras de su amigo le hacían sentido.
— ¿Tienes sed?— la chica de ojos celestes apareció sonriendo ante él con dos vasos de jugo, Rukawa le observó sorprendido unos instantes. Al fin dejaba su silencio voluntario.
— Gracias— respondió recibiendo lo ofrecido. Ahora Megan se sentó a su lado en la pequeña cancha para tomar su refresco. El chico se mantuvo en silencio, mientras Megan miraba hacia la vivienda, meditativamente.
— Ese niño muere por regresar al equipo— espetó con una sutil sonrisa la mayor de las Bruce, Rukawa le escuchaba mientras bebía de su refresco— Es posible que sin ti no lo hubiera aceptado nunca—añadió sonriendo a su novio— Los amigos son decisivos en ciertas situaciones—reflexionó en medio de un suspiro— Eso lo sé porque Bianca es muy importante para mí, desde pequeña— confesó cabizbaja.
— Que lástima— espetó Rukawa.
— ¿Eh? ¿Por qué lo dices?— inquirió curiosa volteando hacia el muchacho.
— No te estima como tú a ella— explicó de manera escueta.
— No te estoy entendiendo, Kaede— la muchacha comenzaba a impacientarse.
— Ella no te quiere, se está burlando de ti— la neutralidad en la voz del ojiazul denotada el desprecio que sentía por la chica de rizos.
— Jamás entenderé porqué la odias tanto…
— ¿Y todavía lo preguntas?
— ¡Si lo dices por aquella vez que te acusó por lo de Newton, déjame decirte que ella no tiene la culpa que seas un violento desesperado!— expresó fuera de sí mientras se ponía rápidamente de pie.
— ¿Qué dijiste?— preguntó con asombro Rukawa. Desde el mismo día del incidente la muchacha había manifestado la duda respecto a los hechos, pero ahora lo culpaba repentinamente. Megan sintió como el peso del arrepentimiento caía sobre sus hombros— No puedo creer que me estés diciendo eso— aquellas palabras habían ofendido profundamente al ojiazul— No tiene sentido seguir hablando contigo— se puso de pie para caminar rumbo a su habitación.
— Kaede— masculló casi insonoramente, el muchacho sin voltear continuó su camino— "No. ¡Soy una estúpida!"— se recriminó mientras sostenía su cabeza con ambas manos. En el momento que pretendía acabar con su indiferencia con el muchacho, lo echaba todo a perder.
En Ryonan el entrenamiento había concluido. Aquel muchacho caminaba de regreso a su nuevo hogar. Durante los últimos días había descubierto algo que probablemente muchos ignoraban de Hanamichi Sakuragi. A pesar de su aparente extravagante personalidad, era un muchacho muy solitario, quien se valía por sus propios medios para subsistir. No sabía qué motivos le abrían llevado a emanciparse de la custodia de sus padres, pero su principal respuesta era el carácter conflictivo del pelirrojo, probablemente su rebeldía le llevó a escapar de casa, o quizás había vivido una situación similar a la propia con sus padres. Para Sendoh era todo un misterio.
Solo estaba a un par de cuadras la residencia. Algunas casas un poco más grandes se alzaban en aquel sector. La iluminaria pública no dejaba rincón oscuro en sus calles, a la distancia podía reconocer nítidamente los rostros de los transeúntes, como si estuviera en pleno día. Personas ocupaban sus calles mientras charlaban animosamente. Se notaba que todos se conocían. La gran diferencia entre un lugar y otro llamó la atención de Sendoh. Parecíandosmundosopuestos. Continuó con su camino.
— ¿Akira?— una voz femenina escuchó tras de él. Volteó curioso— Que sorpresa— añadió ahora con una sonrisa gustosa.
— Kazumi— susurró confundido— Lo mismo digo, no pensé encontrarte por aquí— añadió sonriendo amable.
— Pues aquí viven mis tíos, salí a dar una vuelta— contestó la chica de ojos semi dorados.
— Ya veo— articuló— ¿Y cuánto tiempo estarás aquí?— inquirió amable.
— Pues, unas cuantas semanas, pero por lo bajo un mes— contestó sonriendo dulcemente.
— Vaya, eso me da mucho gusto…
— Kazumi— un chico de cabellos castaños aparecía ante ellos.
— Primo— la muchacha volteó con asombro hacia el castaño.
— Fujima— masculló Akira.
— Nos vemos de nuevo, Sendoh— pronunció amable el capitán de Shoyo.
— Así veo— contestó alzando una ceja el chico de Ryonan.
— ¿Me buscabas Kenji?— preguntó curiosa la chica.
— Sí. Ya es hora de cenar, debes regresar a casa, Kazumi— comunicó el castaño.
— Vaya, y hace tan solo unos minutos me encontré con Akira— musitó decepcionada.
— Pero podemos volver a vernos— pronunció amable, Sendoh— Me haz dicho que pasarás unas cuantas semanas en Kanagawa, podríamos reunirnos— ideó sonriendo gustoso.
— ¡Sí, me encantaría que nos viéramos!— sonrió entusiasta, tras lo cual tomó una pequeña cartera que cruzaba su cuerpo, sacando una pequeña agenda y un lápiz— Mira, aquí tienes el número de la casa de mis tíos, cuando quieras, llámame. Sendoh leyó el número.
— Me parece fantástico… muy pronto te llamaré— expresó guiñando un ojo amistosamente.
— Muy bien, entonces estaré esperando— rió divertida.
— Bueno, ya me voy, también se me hace tarde, nos veremos— se despidió de los Fujima amablemente, retomando su camino hacia la casa de Sakuragi.
— "Sigues siendo tan amable y dulce como siempre"— pensó la muchacha mientras le veía alejarse.
El entrenamiento había llegado a su fin. Su ejército fiel a aprovechar cualquier desliz de su líder, reía escandalosamente tras el pelirrojo por lo sucedido durante el partido de práctica.
— Lo mejor fue cuando Hanamichi quiso burlar al mastodonte número uno con una finta, y al hacerlo se estrelló con el número dos— carcajeaba Noma.
— Te equivocas, lo mejor fue cuando quiso encestar una clavada y uno de los mastodontes le quitó el balón y Hanamichi se estrelló con el tablero— Ookus relataba ahora su momento favorito.
— Es que acaso ya olvidaron cuando uno de ellos confundió el balón de basquetbol con la cabeza de Hanamichi, y recién lo notó porque estaba muy áspero— Takamiya causó la estrepitosa risa del ejército. Sin embargo el pelirrojo no reaccionaba.
— Oye Hanamichi ¿Te sientes bien?— inquirió divertido Yohei.
— Quedó con trauma— espetó divertido Takamiya.
— Yohei yo… tengo algo que hacer— pronunció el número diez algo retraído. El pelinegro había notado el extraño comportamiento de su amigo desde que no había visto a Sally asistir a la preparatoria.
— Como quieras— contestó sonriendo compresivo. Ahora el pelirrojo salió corriendo hacia su destino.
No tardó en encontrarse frente a la puerta de la residencia de los Rukawa. Después de vacilar un poco llamó a la puerta. Esperó con la vista en el suelo que le atendieran, pronto vio a alguien aparecer tras ella.
— Sakuragi— masculló la ojiverde al ver a al pelirrojo en la puerta.
Pronto estuvieron sentados en un pequeño parque aledaño a la vivienda. Sally permanecía en silencio, por lo que Hanamichi decidió hablar.
— Me da mucho gusto verte bien, creí que estarías enferma, Sally— expresó con serena alegría.
— Es cierto, ha sido más bien mi decisión no asistir, lamento haberte preocupado— se disculpó haciendo una reverencia desde su posición.
— ¿Entonces ya volverás mañana?— inquirió esperanzado. La muchacha dio un gran suspiro.
— No lo sé aún— contestó, dirigiendo su mirada al pelirrojo, para sonreírle tiernamente. Las mejillas del muchacho se sonrojaron espontáneamente, por lo que giró su mirada hacia el suelo avergonzado.
— Pero no es bueno faltar a clases, eso no está bien— pronunció ahora amablemente.
— Miren quien lo dice— espetó con falso enojo mientras se cruzaba de brazos.
— ¿Eh?— susurró extrañado.
— No eres quien para estarme regañando, Sakuragi— expresó en la misma actitud— Ya me ha dicho Yohei que faltas a la escuela cada vez que pierden un partido de básquetbol— expresó traviesa. Los ojos del pelirrojo se abrieron con desmesura mientras la vena en su sien se hinchaba.
— "Maldito Yohei ¡No tienes porqué estarle diciendo esas de mí a Sally!— le reclamó mentalmente.
— Así que no me regañes, Sakuragi— sonrió divertida.
— Pero es que es diferente— refutó amablemente—Para los talentosos como yo es difícil asumir una derrota, perder para un genio no está permitido— se excusó carcajeando mientras tomaba su cabeza.
— Si que eres un presumido— espetó Sally.
— ¡¿Qué dijiste?!— preguntó exhaltado.
— Lo que oíste. Eres una cabeza de pimienta muy presumida— expresó con falso enojo.
— "Sally"— una espontánea expresión triste apareció en el rostro del pelirrojo.
— Pero sí eres un genio— añadió sonriendo de medio lado. El chico le contempló perplejo.
— ¿De verdad crees eso? ¿De verdad piensas que este hombre tan talentoso es un genio?— cuestionó con asombro.
— Ajá— contestó mientras asentía sonriendo.
— ¡Bien! ¡Sally cree que soy un genio! ¡Te prometo que no te defraudaré!— exclamó feliz el número diez de Shohoku. La muchacha rió divertida, sumándose a las carcajadas del pelirrojo.
— Repentinamente las risas de la joven cesaron.
— Gracias— pronunció con un dejo de aflicción en la mirada.
— ¿Eh? ¿Por qué me das las gracias, Sally?— preguntó sin entender nada el pelirrojo.
— Porque a pesar de que no he sido muy amable contigo, me haz dado muchos ánimos en estos momentos, hasta te has dado la molestia de venir a visitarme porque he faltado a la escuela— expresó con la cabeza baja.
— ¡No son molestias!— prorrumpió sintiéndose ofendido— "Parece que es problema de familia, lo mismo me dijo el puercoespín cuando lo llevé a mi casa"—pensó molesto— Cuando quieras estaré para animarte, eso es porque te estimo mucho, sí— bajó la mirada mientras sus mejillas se encendían ante sus propias palabras.
— No te creo— pronunció suspicaz, el pelirrojo casi se cae de la impresión— Sólo lo dices para animarme, pero dudo que me estimes tanto si siempre estamos peleando— argumentó con desconfianza.
— ¡Pues a mí no me importa que peleemos!— reclamó el pelirrojo— ¡Eso no tiene importancia!— regañó.
— "¿Por qué se enoja tanto?"— pensó curiosa.
— Y para que te des cuenta que digo la verdad… Quería saber si vas a hacer algo la tarde de año nuevo— pronunció apenado mientras jugaba con sus dedos.
— ¿Cómo?— preguntó curiosa. El pelirrojo repentinamente se puso a reír.
— Nada, sólo te decía si querías salir a ver el festival de año nuevo durante la tarde— expresó intentando quitarle importancia a sus palabras.
GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO C:
Reviews:
Jorge 4: Hola! Me alegra que te hayan gustado ambos capítulos :D, es de esperar que este también sea de tu agrado :). Gracias tanto por leer como por comentar :) Saludos!
angelicacuario: Holaa! Me da gusto que te haya gustado el capítulo anterior y que te haya parecido interesante :). Creo que Megan ya metió la pata, la situación con Bianca inevitablemente le afecta, ya veremos si es que logra salir de esta. Para Sendoh el seguir viviendo con sus padres, es sinónimo de darle la espalda a su hermana, por eso vimos su decisión quizás algo arrebatada, pero de apoyo silencioso a Sally, quien no sabe nada... Dudo que haya Ayako/Ryota... hay mucho que tratar en los capítulos y no creo que pueda incluirlos :/. Muchos saludos y gracias por leer y comentar :).
