Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.


Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica

Capítulo #25: Al calor de fuego


Amanecía, y sus ojos se abrieron lentamente. Su cuerpo inconsciente había logrado sentir la energía de unos ojos posándose sobre él. La difusión en su mirada somnolienta le hizo poder distinguir en primera instancia una borrosa silueta junto a su cama. Restregó con pereza sus ojos para poder observar con mayor precisión, y ahí estaba ella cruzada de brazos.

— ¿Qué haces aquí?— masculló con pereza mientras se sentaba en la cama. Megan, quien le contemplaba enérgicamente mientras sonreía con suficiencia, le quitó las sábanas rápidamente sin decir nada— ¡Pero qué haces!— prorrumpió perplejo. La muchacha sin cambiar la expresión en su mirada, ahora caminó hasta la ventana, y la desnudó dejando entrar la claridad matinal, los ojos de Rukawa se arrugaron presurosamente intentando huir de la luz— ¿Qué te pasa?— el muchacho no entendía el actuar de su novia. Esta regresó a su posición inicial para observarle.

— Levántate— ordenó tranquilamente.

— ¿Qué dijiste?

— Que te levantes, chiquillo perezoso— repitió Megan con falso enojo. Rukawa le observó con molestia, siempre había odiado que lo despertaran, y más aún para darle órdenes sin sentido.

— No quiero— espetó y volvió a cubrirse con las sábanas. La chica de ojos celestes frunció el ceño ante la negativa de joven.

— ¡Ponte de pie, chiquillo haragán!— exclamó. Rukawa ahora pudo sentir como agua fría bañaba su rostro. Se sentó sobre la cama y pudo ver cómo la muchacha le contemplaba desafiante mientras sostenía un balde vacío— ¿Te levantarás?— preguntó alzando una ceja. Rukawa sin decir nada se puso de pie— Muy bien, chiquillo ¿Ves que sí puedes ser obediente?— pronunció. El muchacho frunció el ceño mientras le fulminaba con la mirada— ¿Qué? ¿Ahora por qué me miras así?— inquirió con falso enojo la chica, antes que pudiera decir algo más, ya estaba prisionera de los brazos de Kaede, quien salió de la habitación cargándola— Oye ¡Qué haces! ¡Ya déjame! ¡Suéltame chiquillo del demonio!—reclamaba ante la inclemencia de su novio. Este se detuvo para mirarla.

— Deja de hacer tanto ruido— musitó, tras lo cual abrió la puerta que estaba frente a ellos.

— ¡¿Qué?! ¡Qué es lo que pretendes! ¡Kaede, suéltame de una vez!— protestó abriendo sus ojos como plato al ver que su apresador la conducía hasta el baño— ¡Suéltame!— repitió mientras aleteaba insistentemente, Rukawa se detuvo y le contempló meditativamente unos segundos, en los que Megan le observó curiosa.

— Como quieras— espetó el chico mientras la dejaba de pie en la tina.

— Chiquillo travieso…— masculló la chica mientras se disponía a salir de la tina, sin embargo una de las enormes manos de Kaede le detuvo sosteniéndole todo el rostro— ¿Eh? ¿Y ahora qué quieres chiquillo tonto?— preguntó con fastidio con su rostro oculto tras la palma de Rukawa.

— No perdonaré a los individuos que me molesten mientras duermo— pronunció en la neutralidad de su tono, y sin más, dejó drenar las aguas frías de la ducha para que recorrieran el cuerpo de la chica. El alarido de Megan pareció oírse a lo largo de todo el estado de California.

— ¡KAEDE RUKAWA, ERES UN ESTÚPIDO!


Una nueva jornada académica iniciaba en Shohoku. Las campanas ya comenzaban a alertar a los estudiantes que debían llegar a sus salones. Hanamichi Sakuragi en compañía de Yohei Mito esperaba impaciente el arribo de una persona en especial.

— Cálmate Hanamichi, de seguro ella ya vendrá— opinó sonriendo el pelinegro.

— Pero ¿Y si ella no viene? Le prometió al puercoespín que lo haría. Pero pudo mentirle… Eso quiere decir que aún no recupera los ánimos— expresó preocupado el número diez.

— ¿Quién aún no recupera los ánimos, Sakuragi?— una voz familiar habló desde el umbral del salón.

— Sa… ¡Sally!— formuló con dificultad mientras se ponía de pie ruborizado y con una sonrisa que espontáneamente atravesaba su rostro. La ojiverde sonrió gustosa— Me da mucho gusto que hayas vuelto, Sally— expresó el pelirrojo mientras corría hacia la muchacha ignorando a todo aquel que se atravesaba en su camino. La chica asintió.

— A mí también me da mucho gusto verte, Sakuragi— correspondió. La sonrisa del basquetbolista ahora tomó un evidente matiz infantil.

"A Sally le da gusto verme" pensaba mientras acariciaba su nuca.

— Lamento haberte preocupado, pero prometo que ya no lo volveré a hacer— expresó la muchacha.

— ¿Entonces ya no volverás a faltar a la escuela? ¿Ya te encuentras bien?— interrogó.

— Claro— respondió sin dejar de sonreír— Pero creo que mañana estaré mejor cuando vayamos al festival— añadió sonriendo dulcemente. El pelirrojo sucumbió ante las palabras y la expresión tan armoniosa de la ojiverde, podía sentir como si su cuerpo se fuera al suelo mientras se derretía frente a Sally.

"Ay… no lo puedo creer, ella sí quiere tener una cita conmigo"pensaba gozoso.

— Sakuragi, Bruce ¿Quieren tomar asiento?— la voz del maestro de matemática terminó con el diálogo de los jóvenes. El pelirrojo volteó gruñendo hacia el hombre.

— No molestes— refunfuñó golpeando contundentemente con el costado de una de sus manos, en la frente del anciano, tras lo cual se dirigió nuevamente a la castaña— Por supuesto que estarás muy feliz ¡No te arrepentirás!— expresó mientras Sally reía divertida.


La hora del primer descanso había llegado. Aquella muchacha llevaba sus mejillas sonrojadas tras relatarle los acontecimientos de la noche anterior.

— Aún no acabo de creerlo— pronunció la chica de coletas.

— Es un poco extraño— añadió la chica de cabello corto.

— Claro. Jamás imaginé que enviaría a su hermana para organizarles una cita… ese Mitui es muy raro— opinó Matsui.

— ¿Creen que Mitsui ya está interesado en Haruko?—inquirió Fuji.

— Pues después de esto… no me cabe la menor duda— espetó divertida la chica de coletas.

— ¡No, se equivocan chicas!—negó de inmediato la hermana menor de Akagi, sus amigas le contemplaron curiosas— Es sólo que, él no tenía nada que hacer durante la tarde de año nuevo, y por eso quiso salir conmigo… eso es lo que me dijo su hermana— explicó la ojiazul.

— No tenía nada que hacer y justamente quiso citarse contigo… cómo no— replicó irónicamente Matsui.

— Pues eso es lo que sucedió— masculló aún ruborizada— Tú si lo crees ¿Verdad Fuji?—habló a su otra amiga.

— Lo siento Haruko, pero creo que Matsui tiene razón— expresó la chica de cabello corto.

— ¿Ves? No sé por qué te niegas a creerlo, Haruko… ¡Ese chico se muere por ti! Y será mejor que te prepares para su cita— la chica le guiñó un ojo a su amiga.

— Y nosotras te ayudaremos con gusto— expresó Fuji.

— ¡¿Qué?!— prorrumpió perpleja la castaña, simplemente sus amigas estaban locas.


— Si querías salir, sólo tenías que decirlo— espetó Rukawa.

— Es lo que intenté chiquillo tonto…pero eres muy perezoso— contestó la muchacha mientras se ponía de pie en el autobús— Ahora ponte de pie que ya llegamos— ordenó, el muchacho la siguió mientras rodaba los ojos.

Pronto estuvieron bajo el autobús, el cual continuó su camino. Rukawa exploró con su mirada curioso el sitio. Megan no le había dicho dónde irían. Pronto miró a su acompañante, y pudo advertir lo gustosa que contemplaba el lugar.

— ¿Ahora sí me dirás qué hacemos aquí?—preguntó el pelinegro. La chica le miró de reojo.

— ¿Pues qué crees que haríamos aquí?— devolvió la pregunta con molestia, aún no olvidaba la "venganza" de su novio por haberle lanzado aquella cubeta de agua.

— Sólo veo nieve, no sé qué pretendes— expresó en su tono neutral el ex Shohoku al observar el desierto invernal que los rodeaba.

— Que chiquillo con tan poca imaginación— pronunció Megan mientras negaba con la cabeza— Vamos, antes que se los lleven todos— añadió mientras tomaba de una mano a su novio para guiarlo hacia su destino.

Pronto estuvieron frente a una pequeña cabaña, ante la cual algunas personas se conglomeraban en una fila de no más de ocho personas. Kaede, con reprimida curiosidad comenzó a investigar con su mirada, qué hacían las personas que les antecedían en aquella fila, y no tardó en ver cómo tras alcanzar el primer lugar en la fila, las personas regresaban con todos los implementos necesarios para esquiar.

— No me digas que…— habló Kaede.

— Ajá… hoy esquiaremos— respondió con suficiencia la mayor de las Bruce.

— Pero yo…— intentó negarse el muchacho.

— Tú nada, Kaede— interrumpió Megan— Nunca haces otro ejercicio que no sea rebotar el balón… esto te servirá para cambiar de aires… y de paso te enseño mi deporte preferido— expresó con orgullo la chica.

— ¿Acaso tú…?

— Ajá… Practico esquí. Claro, como aficionada. Evidentemente en la escuela no existe un club para este deporte y por eso en invierno lo suelo practicar— relató la joven, Rukawa le escuchaba en silencio. Y sin darse cuenta, ya estuvieron ocupando el primer lugar en la fila ante la cabaña.

— Buenas tardes ¿Qué llevarán?— una voz reconocida para ambos les atendía mientras regresaba a su sitio.

— ¡¿Eddie?!—prorrumpió con asombro Megan al reconocer al pelirrojo.

— ¿Qué haces tú aquí?—preguntó Kaede.

— Lo mismo les pregunto… ¿Qué hacen ustedes en el centro de esquí?— preguntó perplejo el muchacho.

— Vinimos a esquiar— contestó la chica de ojos celestes.

— ¡Pero si tú cantas! ¡Y Kaede juega básquet!— prorrumpió sin entender nada el pelirrojo.

— No sabía que para esquiar un rato era necesario ser profesional— Megan alzó una ceja contrariada.

— Que tonto— bufó Rukawa.

— Bueno, tienes razón… Sólo no me esperaba verlos aquí— expresó el muchacho.

— ¿Y desde cuándo trabajas aquí?—preguntó Megan.

— Pues desde que inició la temporada de la nieve… necesitaba un trabajo de medio tiempo… Por cierto, ya casi acabo mi turno ¿Puedo quedarme con ustedes?—preguntó el muchacho, la pareja se observó mutuamente algo dubitativos— A pesar de que he trabajado aquí todo este tiempo, aún no he esquiado— añadió.

— Pues yo… ¿Qué piensas, Kaede?— Megan quería estar a solas con su novio, pero no quería ser tan desagradable con Eddie… aún recordaba lo grosera que había sido cuando creyó que él y Kaede tenían una relación más allá de una simple amistad.

— Que haga lo que quiera— espetó el muchacho, tras lo cual se encaminó hacia la pista de nieve seguido por Megan y un atolondrado pelirrojo que se apresuraba en dejar el turno.


El sol se ocultaba bajo las nubes grises, mientras que la brisa algo violenta, hacía que sus cabellos se menearan al compás de las despobladas ramas de los árboles. Otros jóvenes portando el mismo uniforme caminaban a su alrededor en la misma dirección a la vez que algunas chicas le veían pasar embelesadas. Todo ello pasaba desapercibido por la estrella de Ryonan, que caminaba despreocupado hacia su destino.

El muchacho llegaba hasta la preparatoria. A pesar de haber huido de casa de sus padres, sabía que debía asistir a clases. Si le había pedido a Sally continuar con su vida, debía actuar consecuentemente, aunque ella desconociera su repentina decisión y más aún, que a raíz de ello, estaba viviendo junto a Sakuragi. Ni el mismo lo creía. Ese pelirrojo escandaloso de continuas manifestaciones hostiles hacia él, ahora le acogía en su casa sin siquiera demostrar la más mínima expresión de molestia. Ahora podía decir que la imprevisibilidad del chico de Shohoku no se limitaba a la duela.

Ya casi arribaba a la preparatoria, sin embargo al ver a una pareja ingresando a ella, detuvo súbitamente su andar.

— Más te vale que él esté aquí, de lo contrario pesará en tu consciencia— refunfuñaba el hombre a su esposa mientras la sostenía enérgicamente de un brazo.

— ¿En mi consciencia? ¡Tú fuiste quien lo obligó a tomar esa decisión!—refutó Nanami, mientras intentaba con disimulo zafarse de las manos opresoras de su marido. Sendoh los observaba ocultándose tras de un poste.

"No puedo creerlo"— pensaba Akira sorprendido de ver a sus padres en Ryonan— "No puedo quedarme aquí"— reflexionó. Tras lo cual se alejó de la preparatoria, de la cual sabía, no saldría sin sus padres.


— ¡No puedo creerlo! ¡Son unos perdedores!—expresó el muchacho soltando una gran carcajada al verse llegando con gran ventaja a la meta de carrera que lidiaba con los dos jóvenes que le acompañaban.

— Maldito mocoso— espetó Megan.

— Idiota— murmuró con falso enojo, Rukawa.

— Son unos malos perdedores, no son capaces de aceptar que les gané— presumió el pelirrojo sin dejar de reír. La pareja de novios lo miraba con tirria, tras lo cual se observaron mutuamente, a ninguno le gustaba perder, menos frente a Eddie, Rukawa por una parte tenía que soportar los triunfos del pelirrojo en sus duelos de uno contra uno; mientras que Megan, que se declaraba ardorosa aficionada del esquí, ahora perdía vergonzosamente en una carrera con ese grandulón teje- trapos.

Megan tiró al suelo su equipo de esquí, soltando un gruñido de molestia. Tras lo cual, tomó con violencia de una muñeca a su novio.

— ¿Qué haces?— articuló en tono neutro.

— ¡Vamos!—vociferó.

— ¿Qué pasa Megan? ¿Ya no quieres esquiar?— preguntó burlesco el pelirrojo.

— ¡No!—contestó dirigiendo una furibunda mirada al muchacho— ¡Se mi quitaron las ganas!— añadió volteando para continuar su camino en compañía del chico de Kanagawa, a medida que se alejaban, las risas y burlas de Eddie, se hacían más difusas.


— Vaya Sendoh, ha pasado mucho tiempo— pronunció aquel muchacho sonriendo de medio lado al ver entrar a la estrella de Ryonan.

— Tiene razón, capitán Uozumi— correspondió mientras se sentaba junto a la barra en la cual se hallaba el ex capitán de aquel equipo.

— Creí que a estas horas estarías estrenando— expresó.

— Ah… bueno decidí tomarme el día, la semana que entra comienza el campeonato de invierno y creo que es bueno relajarnos un poco— mintió con fingida despreocupación mientras se tomaba la cabeza.

— ¿Descansar?— preguntó con asombro— ¿Y el profesor Taoka lo ha permitido?— interrogó ahora Jun. Conociendo desde hace ya tres años al director de Ryonan, y su alto nivel de exigencia en cada una de las prácticas del equipo, dudaba que accediera a darle al equipo una tarde de descanso.

— No, él no lo permitió… en realidad nadie en el equipo estuvo de acuerdo conmigo, entonces creí que a nadie le importaría si me tomaba la tarde libre— respondió despreocupado.

— ¿Y quién será su rival?— inquirió ahora el ex capitán, la única explicación lógica al relajo del muchacho, era que fuera un rival fácil de vencer.

— Bueno, nuestro rival será Sawafuji… o algo así— contestó despreocupado.

— ¡¿Qué?! ¡¿Fujisawa?— cuestionó escandalosamente.

— Sí, eso… ¿Pero por qué se alarma tanto, capitán?— preguntó curioso.

— Ese equipo mientras estuve en primer año en Ryonan era uno de los mejores —comentó exaltado— De hecho, nuestro equipo perdió contra ellos en el último partido de las preliminares— bajó la mirada mientras recordaba aquel partido que sólo pudo ver desde las bancas.

— ¿Lo dice enserio?— preguntó extrañado el muchacho de cabellos alzados— Pero es posible que sólo haya sido un buen año, porque de lo contrario lo habríamos visto en las finales en los siguientes años— expresó despreocupado.

— Eso tiene una explicación— pronunció seriamente, Akira alzó su mirada curiosa— Fujisawano se ha visto destacado porque en las preliminares se ha encontrado muy tempranamente con Shoyo y Kainan, a pesar de haber hecho grandes partidos, los han perdido, pero por diferencias muy pequeñas— añadió. Sendoh permaneció en silencio unos minutos.

— Así que Fujisawa… será interesante— expresó mientras alzaba una ceja desafiante.

— ¡Por eso no puedes estar descansando chiquillo tonto! ¡¿Me entiendes?!— reclamó escandalosamente el ex capitán.

— Sí, Uozumi— respondió con una gotita en la cabeza— Pero creo que todo sería más fácil si estuviera con nosotros— opinó el muchacho mientras rascaba su cabeza de modo despreocupado, el ex capitán abrió sus ojos con asombro.

— Ya hemos hablado de eso, Sendoh— su voz se tornó grave mientras bajaba su mirada concentrándola en el plato que antes secaba.

— Sí, lo recuerdo… pero también recuerdo que le ha prometido a su padre que cumpliendo los dieciocho años se haría cargo del restaurante, pero aún no cumple los dieciocho ¿No es así?— comentó casual.

— Que… ¿Qué quieres decir con eso?—formuló con dificultad.

— Sabes de lo que te hablo Uozumi… Aún te queda tiempo— pronunció casual.

— Sendoh, yo…— quiso hablar. El nuevo capitán de Ryonan advirtió la incomodidad del rival de Akagi, por lo cual le interrumpió.

— Pero bueno, sólo digo lo que pienso— musitó— Ahora veamos…— masculló mientras miraba el menú del día— veamos que almorzaré hoy— añadió explorando las ofertas, mientras su amigo reflexionaba secretamente sus palabras.


Kaede se sentó en el borde de aquella piscina. Ahora entendía por qué Megan le había exigido llevar traje de baño. Al parecer ese centro de esquí, ofrecía algo más que nieve.

El muchacho contempló su serio semblante en las aguas calmas ante él.

— Aquí estabas— escuchó tras él, el muchacho giró al reconocer la voz de quien le hablaba. No pudo evitar abrir sus ojos en su máxima extensión al verla.

Su cabello negro lo llevaba tomado en un gran moño que dejaba al descubierto su rostro, haciendo resaltar sus ojos celestes; sus hombros finos se exhibían desnudos, siendo interrumpidos sólo por los tirantes turquesa de su traje de baño negro; las delicadas curvas de su cuerpo se enmarcaban en aquel traje de baño que con su tono negro, contrastaba con su piel blanca, se veía hermosa. Megan sonrió de medio lado, tras lo cual entró a la piscina. El chico le observó desde su posición, silencioso.

— ¿Acaso vas a quedarte ahí? ¡Ven… el agua está mejor que el clima desde ahí! Recuerda que aún es invierno— expresó sonriendo al sentirse abrazada por ese calor, Rukawa no tardó en entrar a la piscina. La calidez de aquellas aguas recorrieron su cuerpo, el cual se hallaba sumergido a la altura de su pecho. Megan caminó hasta él.

— Por fin nos deshicimos de Eddie… aparte de tramposo es un escandaloso— espetó la muchacha— Pero ahora hay mucho silencio— añadió gustosa, el chico se limitó a observarla— Y tú, que es lo mejor de todo— expresó acercándose a su novio, se puso de puntillas para cruzar sus brazos tras su cuello, Kaede la acercó más a él atrapándola por la cintura, Megan miró complaciente los labios del chico, tras lo cual le miró a los ojos. Sus miradas se conectaron apacibles, haciendo que sus labios se demandaran mutuamente, él inclinó su rostro levemente mientras ella alzaba el propio, sus ojos se cerraron de forma paulatina a medida que se aproximaban.

— ¡Aaaaaaaah!— un alarido al puro estilo Tarzán acabó con el armonioso silencio imperante, acto seguido: un cuerpo encogido en una bola se clavaba con violencia en la piscina, los cabellos empapados de Rukawa ocultaron sus ojos, mientras que el moño que la muchacha traía, había desaparecido junto con el gran chorro de agua que lo había aplastado.

— ¡Al fin los encontré, creí que ya se habían ido!— expresó el imitador de Tarzán— ¡Wow, el agua está increíble!— añadió mientras movía sus extremidades para mantenerse a flote.

Una ceja de Megan se comenzó a alzar con rigidez de manera involuntaria, su mandíbula castañeaba con progresiva energía, pronto volteó hacia el pelirrojo fulminándole con la mirada.

— ¿Oye, por qué me miras así? ¿Acaso interrumpí algo?— interrogó con inocencia.

— ¡IDIOTA!— vociferó mientras nadaba a toda velocidad hacia Eddie, este le observaba curioso, en cuanto estuvo junto a él comenzó a golpearlo.

— ¡Ay, Megan! ¡No hagas eso, me duele!—reclamaba el pelirrojo mientras la chica le jalaba de una oreja para sumergir su rostro en las aguas termales— ¡Kaede, ayúdame! ¡Dile que se detenga, por favor!— rogaba mientras su rostro salía con urgencia de las aguas. Rukawa sólo bufó.


— ¡Ryota, pásamelo, pásamelo!— repetía el pelirrojo en la cancha a su amigo, el chico del pendiente, al ver libre al número diez, le envió el balón, este lo recibió con gran facilidad, tras lo cual corrió rebotando el balón hasta la zona de tiro, allí Juro Miyagi le aguardaba protegiendo la canasta.

— No te dejaré encestar, pelirrojo— cantó burlescamente el gemelo mientras saltaba risueño.

— ¡Claro que encestaré! ¡Apártate que este talentoso encestará una espectacular clavada!— expresó el número diez mientras brincaba enérgicamente. Hanamichi, con impetuosa energía dirigía el balón hacia su objetivo, era seguido por Juro que con su enorme cuerpo se alzaba como un muro ante la canasta, era tanta la fijación del sobrino de Miyagi por abortar la jugada del pelirrojo, que no se dio cuenta que inclinaba su cuerpo hacia adelante, los ojos de Sakuragi se abrieron desmesuradamente al ver que el mastodonte se le venía encima. Antes de que pudiera reaccionar, se tumbó en el suelo con el gigantón sobre él. Todos veían perplejos la escena.

— ¡Ah! ¡Quítenme a esta bestia de encima! ¡Ya no puedo respirar, quítenmela! ¡Quítenmela!— clamaba escandalosamente el autodenominado Rey del Rebote con evidente falta de aire. Juro lentamente se fue poniendo de pie, Sakuragi llenó sus pulmones de aire con urgencia a la vez que Ryota se le acercaba.

— ¿Estás bien, Hanamichi?— preguntó el chico moreno.

— ¡Cómo crees que estoy! ¡Si ese mastodonte me cayó encima!— reclamó mientras se ponía de pie acariciando su espalda adolorida.

— ¡Oye Sakuragi, no te vayas a lastimar… recuerda que mañana tenemos una cita!— desde la puerta se oyó la voz de su castaña compañera de salón, el pelirrojo al oírla se irguió olvidando cualquier resentimiento por la caída.

— ¡No te preocupes Sally! ¡A este genio nada le hace daño, porque tiene cuerpo de acero!— contestó en pose de victorioso mientras reía escandalosamente— "Sally ha venido a ver la práctica, eso lo ha hecho por mí, que feliz me siento"— pensó embobado.

— ¿Qué dijo?

— ¿Cita?

— ¿Acaso esa chica es novia de Sakuragi?— las murmullos incrédulos de sus compañeros de equipo no tardaron en ser percibidos por el pelirrojo.

— ¡Y ustedes! ¡¿Qué me ven?!— refunfuñó con sus mejillas ardientes ante las perplejas miradas de los muchachos.

— No, creo que es un error.

— Claro, no me imagino a esa chica de novia con él.

— ¡Ya dejen de estarme mirando y sigamos el partido! ¡Ese grandulón me hizo una falta, pásenme el balón!— reclamó ahora Sakuragi, sus compañeros aún algo distraídos se dispusieron a continuar el juego, mientras que de vez en cuando volteaban a ver a la ojiverde para luego ver al pelirrojo y pestañear incrédulos ¿Acaso era posible?.


Los tres jóvenes volvieron a vestir sus prendas tras estar en la piscina, y ahora hacían la fila para subir a las telesillas. Megan con fastidio escuchaba el entusiasta cotorreo del pelirrojo.

"¿Acaso no habrá manera de callarlo?... No he podido estar tranquilamente a solas con Kaede"— caviló, atrás lo cual suspiró con desaliento— "Pero al menos ya sé que debo quitar de mi lista de posibles lugares para una cita, este recinto… con este torpe trabajando aquí será imposible"— añadióasusreflexiones bajando la mirada. A su lado, un guardia resguardaba que la fila avanzara con normalidad, algo en él llamó su atención— "Esposas"— pensó con perspicacia, tras lo cual una maliciosa sonrisa se dibujó en sus labios.

Mientras tanto Eddie hablaba animosamente a Rukawa, pero el repentino arribo de dos sujetos posicionándose delante de ellos, le hizo acabar su monólogo.

— ¡Oigan, ustedes!— habló el pelirrojo— ¡¿Acaso no saben que esto es una fila por orden de llegada?!— protestó a los intrusos. Ellos le miraron agresivamente.

— Sí y ¿Qué? ¿Acaso nos vas a echar?— respondió desafiante uno de ellos— Idiota— musitó con desdeño mientras volteaba.

— ¡¿Qué dijiste?! ¡¿Me llamaste idiota?! Ya verán, los sacaré de aquí a patadas— amenazó el pelirrojo mientras se acercaba violentamente a los tipos.

— ¡Qué está pasando aquí!— el guardia se aproximó a los jóvenes en conflicto.

— ¡Estos idiotas nos están quitando nuestro lugar! Son unos tramposos— reclamó Eddie.

— Señores, deben respetar la fila, no se pueden adelantar— indicó el guardia. Megan al ver que el hombre se hallaba sumergido en el conflicto, aprovechó para acercársele con sigilo.

— ¿Y qué? Quieres sacarnos… ¿Tú sólo?— provocó el mismo que había insultado a Eddie.

— Es un viejo… no puede quitarnos de aquí— opinó el otro. El guardia sintiendo su rostro arder de ira, sacó su radio para pedir a alguien que le ayudara con el par de intrusos. A la vez, las esposas caían al suelo sin ser percibido por nadie, excepto por Megan, quien cuidadosamente las tomó para quedárselas.

"Esto fue más fácil de lo que pensé"— caviló sonriendo victoriosa. Pronto un par de guardias aparecieron para ayudar a su compañero a sacar a los escandalosos. Así la fila avanzó sin nuevos problemas.

— ¡Al fin nuestro turno!— exclamó feliz Eddie al verse liderando la fila para subir a las telesillas— ¿No les parece fantástico muchachos?—inquirió entusiasta.

— Sí, fantástico— musitaron con fastidio al unisón Megan y Rukawa.

— Bien, ahora subiré— indicó mientras subía a una de las telesillas, Megan le siguió— ¿Eh?... ¿Acaso no vas a subirte con Kaede?— preguntó curioso, ya que las telesillas eran tan sólo para dos personas, la muchacha se limitó a alzar una ceja y sonreír de medio lado. Rukawa le observaba con reprimida curiosidad desde la fila. Ahora la mayor de las Bruce, tomó rápidamente una mano del pelirrojo y la capturó con las esposas.

— O… Oye… ¿Qué estás haciendo, Megan?— cuestionó atolondrado ante el actuar de la chica, esta sin responder colocó la otra esposa en uno de los fierros de la telesilla— ¡Qué haces!— repitió asustado. La chica sonriendo divertida movió una mano en señal de despedida, tras lo cual, corrió hacia su novio, y cogiéndolo de una mano salió de prisa del lugar— ¡Oigan! ¡¿Adónde van?! ¡No me dejen aquí!— pedía el muchacho mientras las telesillas comenzaban a moverse y él sin posibilidad de salir de allí— ¡Espérenme!— vociferó pataleando con escándalo.


Hanamichi abrió la puerta para ingresar a su casa. La luz encendida y el chirrido de algo cocinándose llamaron su atención.

— Hola Sakuragi— saludó el muchacho al sentir el ruido de la puerta. La imagen del basquetbolista con un delantal de cocina y el manejo diestro de la sartén, causaron el desconcierto de pelirrojo.

— ¿Qué estás haciendo?— gruñó.

— Preparo la cena, fui de pesca y traje algo para comer… espero que no te moleste— contestó amablemente el chico de cabellos alzados. Hanamichi frunció el ceño acercándose a Akira amenazante, iba a decir algo, pero el apetitoso aroma de la cena y el repentino rugido en su vientre, le hicieron retractarse mientras acariciaba avergonzado su cabeza.

— En realidad tengo mucha hambre ¿Cuánto crees que tarde?— respondió.

— Pues, unos minutos… ahora hay que dejar que termine de cocerse— explicó Akira.

— Bien, entonces esperaré— indicó el pelirrojo dirigiendo por inercia su mirada a la mesa, donde pudo ver unos cuantos cassettes apilados— Y eso… ¿Qué es?— preguntó curioso.

— Ah… eso— musitó acercándose a la mesa y tomando algunos de ellos en sus manos— Son unos cuantos cassettes con música, son de Sally— contestó casual, el pelirrojo al escuchar el nombre de la ojiverde abrió sus ojos como platos.

— ¿De Sally dijiste?— preguntó con asombro— ¡Pásamelos, pásamelos!— ordenó a la vez que le quitaba los que tenía en las manos.

— Quería oírlos, pero no quise hacerlo sin antes pedirte permiso de ocupar tu radio— explicó el chico de Ryonan.

— ¡No tienes que pedir permiso! ¡Escucharemos todos esos cassettes ahora!— exclamó mientras se dirigía a un mueble aledaño, donde descansaba el aparato, Akira le observaba perplejo, sin duda era un chico muy extraño— Veamos, veamos… Por cuál empezaremos— masculló mientras veía las carátulas, su acompañante sonrió de medio lado— ¿Europe?— rió divertido— ¿Quién puede llamarse Europe?— añadió mientras abría el la caja que contenía el cassette para colocarlo en su radio. No tardó en comenzar a sonar. Miró la carátula para ver el nombre de la primera canción.

— ¿Open your heart?— pronunció con dificultad, el inglés no era su mayor habilidad— ¿Qué es eso?— preguntó a su acompañante, quien si manejaba el idioma.

— Abre tu corazón— contestó.

— ¡¿Qué?! ¡Por qué tendría que abrir mi corazón a un puercoespín como tú! ¡Eres un tonto, Sendoh!— reclamó escandalosamente el pelirrojo, el chico de Ryonan rió divertido.

— Ese es el título de la canción… "Abre tu corazón"— explicó.

— Ah… — sonrió tontamente— ¿Y qué dice?— interrogó ahora.

— Pues ella escribió la traducción de sus canciones favoritas en un cuaderno ¿Quieres verlo?— dijo casual.

— ¡Hubieras partido por eso, puercoespín! ¡Dame ese cuaderno!— exigió con urgencia, Hanamichi.

— Como quieras— el muchacho no entendía el interés del chico de Shohoku, sin embargo no se negó. Al entregárselo, Sakuragi buscó rápidamente la canción que sonaba.

Días llenos de alegría

Y días llenos de tristeza

No sé qué hacer

¿Estoy feliz hoy?

¿Estaré solo mañana?

Todo depende de ti

Y he estado esperando

Que los ángeles llamen a mi puerta

He tenido la esperanza

De que todo pueda ser como antes…

Impaciente por saber todos los gustos musicales de la muchacha tomó otro cassette, allí leyó "Take that".

"Que nombre tan raro"— pensó, tras lo cual, sacó el cassette que sonaba y colocó el que había llamado ahora su atención, pronto comenzó a sonar "Rule the world", y comenzó a leer la traducción.

Iluminas los cielos

Que hay sobre mí

Una estrella tan brillante

Me ciegas

No cierres los ojos

No te desvanezcas

No te desvanezcas

El pelirrojo no tardó en recordar los problemas que habían tenido desanimada a la muchacha. Era una chica de carácter algo impetuoso, pero no por eso insensible. El deseo de recuperar a su madre la había motivado a viajar a Japón, y había recibido como respuesta el doloroso rechazo de aquella mujer. Aquello sin duda había herido profundamente a la chica, y lo entendía… Quizás ella no podría corresponder sus sentimientos por estar sumergida en sus problemas, al fin y al cabo había venido con un solo propósito a Japón: recuperar a su madre y nada más…

Permaneció pensativo mientras la música avanzaba.

— ¿Sucede algo?— preguntó curioso, Sendoh al notar el mutismo de Sakuragi.

— ¿Eh?— salió de sus pensamientos— De qué hablas, no pasa nada— contestó riendo forzosamente— Veamos que tenemos aquí…— masculló viendo otros cassettes.

— Lo cierto, es que no entiendo porqué te interesa tanto la música de Sally— comentó ingenuamente el chico de Ryonan.

— ¿Qué dijiste?— interrogó con asombro sintiéndose descubierto.

— Creí que odiabas a mi hermana, no entiendo tu interés en sus gustos musicales— explicó el chico de Ryonan.

— Es que yo… Bueno, Sally es… es…— comenzó a formular una respuesta mientras acariciaba su nuca y un rojo intenso se apoderaba de sus mejillas, para Akira no pasó inadvertido el extraño comportamiento del muchacho.

— No me digas que tú…— articuló perplejo, Sakuragi rió pícaramente.

— Sí, pero no le vayas a decir, ella no lo sabe— pidió sin dejar de sonreír avergonzado.

— Santo cielo— musitó perplejo el chico de Ryonan al escuchar la confesión del pelirrojo, jamás habría imaginado que el pelirrojo escandaloso de Shohoku, que discutía escandalosamente con su hermana, estuviera enamorado de ella.


La pareja ingresaba a la vivienda. Las risas de Megan no habían apaciguado durante todo el trayecto, de tan sólo recordar la cara de Eddie mientras le ponía las esposas, explotaba en carcajadas.

— Ese tonto ahora aprenderá— pronunció entre ahogadas risotadas— Se lo merece por estropear nuestra cita— añadió entrando a la sala, Rukawa le siguió en silencio— Ah… que cansada estoy— masculló mientras se dejaba caer sobre un sofá cerrando sus ojos— Creo que me daré una ducha para que después cenemos— expresó poniéndose de pie rauda— ¿Qué te parece?— preguntó a su novio.

— Como quieras— contestó.

— Bien… entonces espérame ¡No cenes sin mí!— indicó mientras corría por las escaleras. Rukawa le vio desaparecer.

Después de un rato la muchacha regresó. Una bata que rosaba sus rodillas abrigaba su cuerpo, mientras que sus pies descansaban en unas pantuflas celestes, su cabello húmedo, lo llevaba recogido en un moño.

— Ya acabé— anunció, Rukawa prontamente se puso de pie.

— Es mi turno— indicó el muchacho encaminándose a la segunda planta.

— ¡Date prisa, que tengo hambre!— amenazó la muchacha.

Pronto miró a su alrededor y se abrazó a si misma mientras encogía sus hombros.

— Que frío hace— monologó, tras lo cual se acercó hasta la chimenea para encenderla. Depositó en ella unos trozos de leña y luego lanzó un fósforo para encender la llama. No tardó en cumplir su objetivo. Ahora se puso de pie, y contempló el lugar— "No he pensado qué cenaremos"— caviló, pronto su mirada se fijó en el teléfono que descansaba sobre una pequeña mesa— Ya lo tengo— monologó sonriendo.

Después de un rato, Rukawa regresó a la sala. Un buzo gris y una camiseta desmangada de color azul marino, actuaban de pijama.

— Vaya chiquillo, acabaste pronto— expresó la muchacha mientras aparecía con una bandeja con bebidas y algunos cubiertos.

— ¿Qué haces?— preguntó en su tono neutro el chico de Kanagawa. La chica iba a responder cuando el timbre interrumpió la conversación.

— Oh… ya llegó— articuló de prisa mientras dejaba la bandeja sobre una mesa de centro en la sala. El ojiazul le observó extrañado. La muchacha corrió hasta la puerta y atendió a quien llegaba. Kaede se sentó en la alfombra junto a la mesa esperando a la muchacha, quien no tardó en regresa. El chico dirigió la mirada a ella.

— Pizza… — pronunció enseñándole las dos cajas que traía en sus manos— Las pedí mientras te bañabas— explicó. Pronto estuvo sentada junto a Kaede, repartiendo los trozos del alimento nocturno.

Después de un rato, ya habían saciado su apetito.

— Ah… nada mejor que una pizza después de un día agotador— suspiró la muchacha apoyando sus manos hacia atrás, pudiendo sentir en ellas la suave y esponjada alfombra roja sobre la cual estaban sentados— ¡Ah! Por cierto, recuerda que mañana es el festival de año nuevo… no estaré aquí para irme contigo, pero tienes prohibido faltar— amenazó mientras se reincorporaba. Rukawa sólo bufó— Deberías estar feliz… Tendrás el privilegio de que te Megan Bruce te dedique una canción frente a toda la escuela, eso no lo ha conseguido nadie— comentó casual.

— ¿Que harás qué?— preguntó perplejo.

— Cantaré para mi novio ¿Por qué? ¿Hay algún problema?— interrogó mientras se acercaba más al muchacho, este le miró de reojo, la tranquila sonrisa en el rostro de Megan no le permitió formular objeción alguna.

— No— contestó escuetamente, entonces ahora la chica se acercó aún más a su novio.

— Eso está muy bien— masculló mientras besaba suavemente los labios de Kaede— No permitiría que un chiquillo como tú me hiciera un desaire como ese— añadió mientras le daba otro beso igual de suave, ahora le miró a los ojos. La mirada complaciente de Rukawa no tardaba en conmover a la muchacha, quien ahora, le miró del mismo modo. Pronto Kaede se acercó para besarla, pero este fue más lento y duradero. Sus labios permanecieron unidos largo rato, dándose pequeños descansos para recuperar el aliento. El haber estado toda aquella jornada con Eddie, no les había permitido encontrarse más íntimamente para manifestar su amor, pero ahora podían hacerlo.

Estaban solos…

Nada más que el chirrido de la leña quemándose en la chimenea alteraba el silencio que los rodeaba. Volvieron a separarse, Megan quiso prolongar la pausa mirando los ojos de su novio en silencio largo rato mientras sentía su pecho hincharse con mayor exaltación.

— Te quiero— pronunció. Rukawa abrió sus ojos con asombro, era la primera vez que ella se lo decía y le gustaba, él volvió a besarla.

Ahora sus labios unidos no fueron suficientes para ambos, por lo cual no tardaron en sentir como sus lenguas se entrelazaban la una con la otra suavemente. Las respiraciones de ambos comenzaron a alterarse gradualmente, ante lo que la muchacha se abrazó al cuerpo de Rukawa con urgencia, sin embargo este no correspondió, por el contrario: acabó con el beso que los unía.

— ¿Qué pasa?— preguntó jadeante la chica de ojos celestes.

— No quiero que te sientas obligada— expresó Kaede seriamente.

— No me siento obligada— negó— Te quiero— articuló sobre los labios de su novio— Te quiero ahora— dijo ahora con su mirada vulnerada clavada en los ojos de Rukawa. La chica ahora volvió a besarlo, arrodillándose frente a él mientras volvía a abrazarlo, ahora Kaede correspondió estrechándola con energía. Ante tal cercanía la muchacha sintió un leve escalofrío recorrer su cuerpo. No tardó en querer sentir el cuerpo de su novio, por lo cual introdujo sus manos bajo su camiseta para masajear su espalda, su torso y su pecho, todos ellos bien marcados por su estricta actividad física. El joven fue bajando lentamente la bata de la muchacha para besar uno de sus hombros y su cuello alternadamente, Kaede pudo percibir el estremecimiento de la chica en su piel, que se erizaba ante sus atenciones.

Megan ahora comenzó a levantar con sutileza la camiseta de Kaede, quería ver lo que su tacto acariciaba, el chico detuvo momentáneamente su actuar para ayudarle a quitarle la prenda, la chica contempló fascinada el torso de su novio, tal blanco y con aquellas marcas musculares tan seductoras a su parecer. Ahora fue el chico que quiso arrebatarle de su cuerpo, la bata que ocultaba tan recelosamente el cuerpo de su novia, por lo cual desató la cinta en la cintura de la joven y la abrió lentamente. Un diminuto peto de seda blanca y unas pantaletas del mismo tono cubrían como último recurso sus pieles más íntimas. Megan dejó caer libre sus cabellos de aquel moño que antes lo sujetaba. Su cabello suelto y esas blancas prendas le daban simplemente un aspecto cautivante. Rukawa se aproximó nuevamente a la chica, esta abrazó su cuello, tras lo cual su novio la tendió delicadamente sobre la alfombra roja. Sus amplios hombros, hicieron a la joven de ojos celestes temblar inquieta. El basquetbolista volvió a besarla, ahora sobre ella. Sus labios a veces abandonaban los de la chica para recorrer su cuello, sus hombros y un poco más abajo…

Su piel era tan suave.

Megan por su parte continuó masajeando su cuerpo, parecía querer aprenderlo de memoria con su tacto recorriendo sus brazos, su espalda y su pecho. Pronto para el muchacho, el peto de seda comenzó a ser una molestia, y fue así como poco a poco, mientras besaba a la muchacha, una de sus manos bajó a su espalda, y luego a su vientre, lo cual hizo suspirar casi inaudiblemente a la chica. Su mano fue ascendiendo hasta alcanzar su peto, el cual comenzó a levantar lentamente, ambos sin dejar de besarse completaron la labor de quitarlo. Pronto Kaede pudo sentir el calor de los pechos de Megan presionándose contra su cuerpo, aquel contacto, el primero de sus cuerpos hizo a ambos estremecerse. El muchacho se separó momentáneamente, quería observarla. Así fue como contempló maravillado aquellos montes que se alzaban armónicamente sobre el cuerpo de su novia.

Era simplemente hermosa.

Ahora el chico volvió a besarla en los labios, pero prontamente bajó por su cuello para explorar la nueva área descubierta, fue así como deslizó sus labios por el valle de sus pechos, Megan revolvía los cabellos de su novio en medio de sutiles suspiros, los que se hacían cada vez más audibles, ante el actuar de Kaede.

El chico regresó a los labios de la muchacha, bajando prontamente por su cuello, para bajar prontamente a la llanura de su vientre, lo besó con sutileza, sintiendo como los jadeos de la chica iban en aumento, esta tomó una de las manos de su novio y la puso sobre uno de sus pechos, soltando un gemido más sonoro, el chico lo masajeó adictivamente, sintiendo cada vez con mayor frecuencia el gemir de su novia. Le besó en los labios mientras que su otra mano, con algo más de osadía, bajaba hasta el muslo de la joven, para acariciarlo, Megan comenzó a arquear su cuerpo demandando más amor. Kaede hizo repentinamente una pausa. La joven le contempló con asombro, y no tardó en ver como este se ponía de pie para quitarse el buzo, quedando tan solo en su ropa interior de color azul marino, igual que su buzo. Regresó donde la chica, esta al verlo semidesnudo tembló, era su primera experiencia y no estaba exenta de nerviosismo. Kaede se sentó sobre la alfombra y atrajo a él a Megan abrazándola, y luego tomó las piernas de la muchacha para hacerlas rodear su cuerpo. Estaban muy cerca, la proximidad hizo a la joven cerrar sus ojos placenteramente. Volvieron a besarse, ahora con desenfreno, el juego de seducción que les parecía eterno, les hacía descargar su amor en los labios del otro. Se abrazaron con apremio, las piernas de Megan, cruzándose en la espalda de su novio, aumentaron ahora la cercanía, haciendo que el contacto de sus intimidades fuera cada vez más provocativo. Kaede extasiado, masajeó con demencia un pecho de la muchacha, besó su cuello mientras la volvía a tender sobre la alfombra, la espera se hacía cada vez más tortuosa y difícil de prolongar. El muchacho comenzó a moverse provocativamente sobre su novia mientras seguía besándose. Pronto oyó su nombre de forma agónica escaparse se los labios de Megan, lo cual le provocó un gran deleite.

Después de un rato, se arrodilló frente a la chica, y le quitó la última porción de tela que alteraba su naturalidad. Ahora recorrió con sus ojos la maravilla que tenía frente a él. Kaede había estado en Japón, había sobrevolado las aguas del Pacífico, y ahora estaba en Estados Unidos, pero ni el más bello paisaje se comparaba con el hermoso cuerpo de Megan.

Era perfecto.

Ahora se quitó su propia prenda íntima dejando al descubierto su último misterio, la chica observó con asombro la desnudez de su novio. Ya no existía secreto alguno entre ambos, conocían lo más íntimo de cada uno. Kaede se recostó sobre la chica, cuidando de no aplastarla. La tenue flama que desde la chimenea iluminaba su velada amorosa, permitió al joven observar enternecido la mirada vulnerada de Megan, que además reflejaba un leve dejo de temor. Y no le extrañaba, él mismo lo sentía al verla tan frágil y vulnerable. Besó a la chica una vez más, mientras lentamente se unía a su novia. Poco a poco fue logrando invadir el cuerpo de Megan, quien le recibió en medio de gemidos, que a los oídos de Kaede, eran la más bella y armoniosa sinfonía que alentaba su actuar. Pronto la chica fue quien quiso tomar las riendas de la situación, posicionándose sobre su novio. El vaivén sincrónico de sus cuerpos aumentó el placer en ambos. La sensación era simplemente sublime para la pareja. Kaede jamás pensó que podría llegar a amar con locura a una chica como lo estaba haciendo con Megan. Mientras que ella, ahora comprendía que era Kaede el único capaz de despertar su desenfreno, al único que podía amar así. El vaivén les hizo prontamente llegar al éxtasis de su amor, el cual se llevó todas sus energías.

Megan se dejó caer su cuerpo cálido sobre el de Kaede para abrazarlo, él acaricio su cabello mientras miraba el techo.

— Kaede— masculló la chica mirando a su novio, éste dirigió su mirada complaciente.

— Te amo— confesó sincera. Rukawa simplemente no podía creer lo que oía, era maravilloso. El destello en los ojos de su novia reflejaban la veracidad de sus palabras.

— Yo también— correspondió besándole con dulzura sus labios. Abrazaron sus cuerpos desnudos, mientras que la llama en la chimenea, se extinguía, llevándose consigo, las últimas energías de los enamorados que aquella madrugada se habían entregado con el despertar amoroso de sus cuerpos adolescentes.


MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO C: