Información General:

Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus creadores Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente. Los dibujos fueron dibujados por mí, pero los creadores de estos personajes son Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente.

La historia que se presenta sucede después de que Candy descubriera que el Príncipe de la Colina es Albert, su amigo el vagabundo. Todo se ha escrito sin fines de lucro, solo para entretenimiento, y lo que se presenta son simplemente ideas de una servidora, y ha sido escrito para celebrar el cumpleaños del Príncipe de la Colina.

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Una Nueva Oportunidad

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Capítulo XII: Perdón

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Un desesperado Albert dio un manotazo furioso a todo lo que tenía sobre su escritorio mandando todos sus papeles al suelo, no se podía concentrar en ese maldito negocio que tenía que cerrar esa semana, frustrado se llevó sus manos al rostro cubriéndolo por completo, después con una mirada cargada de agonía miró al techo; el tiempo se acababa para él…en unos días se casaría con una mujer que no amaba.

Estaba encerrado en su biblioteca desde temprano, pero no avanzaba, lo único que tenía en su mente eran sus hermosos ojos esmeraldas; esos ojos hechiceros que un día lo miraron con amor y ahora solo le dedicaban miradas de desprecio; todo se había perdido en cerrar de ojos.

Quería hablar con ella, pero no había manera de hacerlo, ni su tía y ni su sobrino lo habían permitido. Ella tampoco quiso hacerlo cuando trató de hablar con ella aquella madrugada; lo único que consiguió fue que su tía se la llevara a Lakewood, lejos de él, bueno su tía había tenido razón, él se había tratado de pasar de listo, pero nunca fue su intención; él la amaba con toda su alma. Él entró como un ladrón a su alcoba porque necesitaba hablar con ella, pero al verla tan hermosa sobre la cama, él simplemente perdió la cabeza.

Necesitaba pedirle perdón por todo lo que le había hecho y tenía que hacerlo antes de su boda; de eso estaba seguro. Necesitaba encontrar una forma de hacerlo sin que su tía o Archie se dieran cuenta, caminó un rato por la biblioteca, su mente era un caos tratando de pensar en cuál era la mejor manera de acercarse a ella. De repente sus pasos lo llevaron al centro de la biblioteca, levantó la vista y los miró; lentamente se acercó a esa querida pintura que estaba situada en el centro de una de las paredes de la biblioteca; sonriente en el centro del cuadro estaba ella ahí con sus tres sobrinos.

Era apenas en ese tiempo una jovencita que empezaba a vivir la vida de la mano de los Andrew; fue en ese nefasto día de la cacería. Se acercó lentamente hacia la pintura de óleo, y tocó con cariño su cara; sus largos dedos delinearon con ternura su figura plasmada en aquella querida pintura, su triste mirada se dirigió a sus tres sobrinos; los paladines de su amada.

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— Anthony —, susurro levemente cuando detuvo su mirada en el hijo de su amada hermana quien se veía feliz abrazando a Candy en la impresionante pintura.

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Era tan joven cuando paso ese trágico accidente, todo cambió después para ellos…si él no hubiera fallecido, tal vez ella ya estuviera casada con su amado sobrino. Un profundo suspiro salió desde el fondo de su alma. Él como ellos, la amó desde que la conoció, pero lo que en un principio fue un amor fraternal con el tiempo y la convivencia diaria en aquel humilde apartamento, se convirtió en ese avasallador amor que le quemaba el alma. La vida le había dado una oportunidad con ella, y él totalmente la había ignorado y dejado pasar.

Desalentado, cerró los ojos, que tonto había sido, si él se hubiera dedicado a enamorarla desde que ella se apartó de Terry, no estaría a punto de casarse con otra mujer, y ella no estaría ahora en los brazos…de él. Dirigió en ese momento su mirada furibunda hacia su único sobrino vivo, Archie quien lucía sonriente a lado de Candy y de su querido hermano, Stear, solo quedaban ellos dos. Parecía que el destino se estaba encargando de unir a los dos únicos sobrevivientes de ese feliz cuarteto; tragó seco, necesitaba actuar.

Decidido regresó a su escritorio ignorando el caos que había sobre el piso, y abrió el cajón de su escritorio; sonrió cuando encontró lo que buscaba. Sacó varias hojas de papel y hundió su pluma hasta el fondo en la negra tinta que había sobrevivido el agresivo manotazo al escritorio, y comenzó a escribir lentamente.

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Un día antes de la boda, Candy y Elroy llegaron a la mansión después de las once de la mañana, Elroy tenía todo preparado para la boda de su sobrino William; entre ella y George lo habían organizado todo, Candy se había mantenido al margen de dicho evento.

La rubia jovencita entró cansada a su alcoba, se acostó un rato sobre la cama; había sido un viaje largo y estaba cansada. Después de haber cerrado los ojos por varios minutos, se levantó con más ánimos y se desarrugó con sus manos las pequeñas arrugas de su hermoso vestido que lucía un poco estropeado por el viaje y pequeño descanso. Con alegría se sentó enfrente de su tocador y miró su semblante ante el espejo; su cabello era un caos.

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— Candy parece que te acabas te levantar —, se rió con ganas de ella misma.

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Tomó uno de sus cepillos que estaba en el tocador, y comenzó a peinar lentamente su cabello que estaba hecho un completo desastre, primero por el largo viaje, y después de su corta siesta en la cama. Tarareaba una canción alegremente mientras cepillaba su rubia cabellera, cuando le llamó la atención un papel blanco que estaba sobre la foto de Archie y sus paladines, tapando la cara de su amado Gatito…era una carta.

Ella frunció el ceño extrañada y tomó el sobre para revisarlo de cerca; ella no recordaba haber dejado nada en su tocador, y menos sobre la foto de su amado y sus queridos paladines…de repente se puso pálida al reconocer la letra…él se la había escrito.

Su primer impulso fue romperla en mil pedazos, se paró y miró atreves de las ventanas. Él muy descarado, se había atrevido nuevamente a entrar a su recamara sin su permiso; apretó los puños furiosa. Miles de imágenes de todas las cosas que vivió con él desde que lo conociera de niña vinieron a su mente; él era una persona importante en su vida, pero mañana se casaba. No tenía idea de que podía haber escrito en esa carta, ni tampoco quería saberlo. Furiosa abrió el cajón y metió la carta dentro del cajón cerrándolo fuertemente.

Malhumorada se paró, no quería saber nada de Albert después de haber entrado a su alcoba esa madrugada, y de haberla atacado de aquella forma indigna, estaba aún furiosa y decepcionada de él; se dirigió al balcón de su alcoba abriendo las puertas de par en par.

El día era precioso, la primavera estaba presente y se podía respirar el aroma de las Dulce Candy plantadas en el jardín; el leve viento del día mecía ligeramente las verdes hojas de los frondosos árboles que rodeaban la suntuosa mansión, y a su vez, el travieso viento mecía levemente sus rizados cabellos, cerró los ojos y a su mente vinieron las imágenes de su rescate en el rio, él le había salvado la vida cuando era una niña…después le salvó la vida nuevamente cuando vivían juntos al enfrentarse al león. Suspiró con desgano, meneó la cabeza derrotada, lo menos que merecía él de ella, era que leyera su carta.

Tal vez solo quería pedirle disculpas por su cobarde comportamiento y ella haciendo un drama donde no lo había, o tal vez se estaba despidiendo por medio de una carta, ya que ella no le hablaba. Su madre le había informado que después de la boda, Albert y su futura esposa viajarían de luna de miel a varios lugares del mundo y después vivirían en New York. Era muy probable que pasaran meses o años para volverse a ver des pues de la boda.

Se mordió su labio, y confundida caminó a su tocador; aun titubeante se sentó en su taburete y lentamente abrió el cajón, y miró por varios minutos el blanco sobre. Suspiró profundamente y decidida, lo tomó en sus manos. Era probablemente una disculpa o una despedida, y como tal la debería de tomar; siempre le estaría agradecida por todo lo que él había hecho por ella en su vida, era lo menos que podía hacer por alguien que fue y continuaba siendo especial en su vida.

Lentamente tomó la carta y caminó a su cama; se sentó sobre ella y poco a poco se fue recostando sobre su cómoda cama, y comenzó lentamente a abrir el sobre. Se sentía nerviosa, pero de inmediato comenzó a leerla…

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28 de marzo de 1919

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Perdón Candy, es lo único que te puedo pedir. Perdón por haberte causado dolor, por haberte robado ese beso que me llevó a la cúspide de la alegría.

Ese día será recordado como el más maravilloso de mi vida.

Perdón por haberte dicho que te amaba de esa manera, no es que este arrepentido. No vida mía, arrepentido estoy por no haberlo hecho antes.

Perdón por no haberme dado cuenta que tú también me amabas antes.

Por años te miré llorar, y pensé que lo hacías aún por él; perdón por nunca haberte preguntado si aún lo amabas. Perdón por haber asumido eso.

Perdón por no haberte tratado de conquistar tu corazón antes.

Perdóname si puedes por haber dejado pasar tanto tiempo y no haberte amado como debía.

Perdóname por no poder hacer mi vida contigo.

Perdón,

Perdón, pero cometí un error, fue una decisión equivocada, no tengo ninguna excusa.

Esto que te diré no es de un caballero, pero debo de hacerlo para explicarte mi cobarde acción.

En diciembre estuve en una reunión con el padre de Diane y ella. Él tuvo que salir por negocios, y me quedé con ella. Se que me vas a culpar por haber sido imprudente. Sí lo aceptó, pero en aquel momento no sabía que tú me amabas, yo…era libre y ella…me gustaba. Sí, fui un estúpido.

Dilo, tienes toda la razón.

En vez de irme como debía de hacerlo ya que tenía que ir a una cita, me quedé en su casa con ella brindando…nos besamos, lo siento si te lastimo con esto, pero quiero ser sincero contigo.

El tiempo pasó, seguimos brindando…hubo más besos, después…no sé que pasó, pero…desperté el siguiente día en su recamara. Creo que no tengo que darte más detalles.

No tengo excusa, eso fue lo que sucedió.

La noche del fin de año, te dije que te amaba porque eso es verdad. Te amo, te amo y te amaré hasta el fin de mis días. Te besé porque te amo.

No te miré el primer día del año porque tuve que regresar inmediatamente a New York, ese día en la madrugada, por asuntos de un negocio. George me buscó después de haber estado juntos en el balcón, después de ese maravilloso beso que nos dimos; fue una emergencia. No pensé que te molestarías al irme sin decirte nada; pensé que sería una buena oportunidad para terminar unos negocios y tomar unas largas vacaciones para así poder hablar contigo y pedirte formalmente que fueras mi novia.

Eso fue lo que pasó, esa es mi triste verdad.

Desgraciadamente, la vida me cobró mi error; la vida me cobró mi falta de juicio con Diane.

Días después, Diane me visitó en New York y me dijo que esperaba un hijo mío.

Esa es la pura verdad.

Me caso con una mujer que no amo, me caso amándote a ti. Tú eres y serás el único amor de mi vida. Me caso con ella porque ella espera un hijo mío.

Perdóname, eso es lo único que te pido.

Perdóname también la ofensa cometida de hace unas semanas, lo que te hice fue una cobardía y una canallada que nunca se volverá a repetir, mi única defensa es el inmenso amor que te tengo; eso eliminó mi cordura.

Perdóname si puedes, esa terrible ofensa.

Perdón.

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Albert

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Posdata: Se que después de leer esta carta, no querrás verme, pero te pido un último favor, déjame hablar contigo en persona. Por favor Candy necesito hablar contigo frente a frente y explicarte mi estupidez y mi amor por ti. Te lo suplico. Te voy a esperar hoy en el parque donde un día compartimos un sándwich y juramos que compartiríamos todo, ¿recuerdas? Te estaré esperando hoy desde el mediodía hasta las tres de la tarde. Si no vienes, quiere decir que nunca te importe, que nunca signifique nada en tu vida.

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Candy lloraba mares cuando terminó de leer la carta, no lo podía creer.

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— ¡Un hijo…un hijo! —, ahora todo tenía más sentido.

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Él había estado con esa mujer antes del fin de año. Con rabia arrugó la carta, quiso romperla, pero se detuvo, su respiración era agitada; estaba furiosa, desilusionada. Un poco arrepentida por su arrebato, con cuidado trato de desarrugar la carta que había estrujado con rabia; al fin y acabo, el papel no tenía la culpa de su desilusión. Al terminar de hacerlo, dejó la carta sobre la cama mientras lloraba lentamente mientras temblaba de coraje y desilusión.

— Albert…un hijo tuyo —, seguía repitiendo incrédula ante la noticia. Se levantó, y abrió las puertas del balcón nuevamente de par en par para recibir el viento de afuera, necesitaba despertar de esta horrible pesadilla. Se abrazó a ella misma para confortarse. De pronto una rabia la invadió, su mente era un caos.

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— Me amabas tanto que besaste y te enredaste con otra mujer; ¿con cuantas otras mujeres te enredaste Albert? ¿Según tú que me amabas y yo era la mujer que más amabas? Jajajajaja —, rió con amargura. — ¿Cómo te habrás reído de mi cuando escribiste esta carta? ¿Cuántas Dianes hubo en tu vida antes de ella? Era tanto tu amor por mí, que no dudaste en consolarte ante mi aparente apatía. Mientras yo suspiraba de amor por ti…mientras yo estaba aquí esperando por años como una idiota por tu amor, tú…tú te consolabas con otras —, suspiró resignada, se sentía tan humillada.

—Fui tan insignificante en tu vida que te dio flojera tratar de conquistarme, y preferiste refugiarte en los brazos de otras mujeres en vez de luchar por mi dizque amor —, río con amargura.

— Fui una estúpida, mientras yo era fiel a tu amor por años…tú seducías otras mujeres. ¿Qué acaso pensabas que yo me iba a quedar toda la vida suspirando de amor por ti? Nunca notaste que te esperé siempre, ni notaste que no quería bailar con otros cuando asistía a bailes porque esperaba por ti, tú eras la única persona que me interesaba. Mientras tú bailabas con otras mujeres, yo simplemente rechazaba bailar con otros. Siempre me quedaba sentada esperando por ti, siempre esperaba por ti. Fueron años esperándote y todo ¿para que? Para que estuvieras coqueteando con otras, por eso lloraba cuando me viste porque miraba que me ignorabas, pero nunca me preguntaste porque lo hacía, solo te retiraste y me dejaste ahí sola. ¿Cuántas veces Archie me sacó casi a la fuerza a bailar, ante los ojos furiosos de Annie porque a él le dolía verme siempre sentada mientras todos se divertían? Sobre todo, tú quien siempre estuvo ocupado bailando con otras mujeres; hasta hoy día yo pensaba que era lo correcto, porque eras el patriarca y tenías que hacerlo porque era tu obligación…pero ahora veo que simplemente lo hacías porque te gustaban —, se llevó las manos a su boca, y bufó de coraje. Era tanta su indignación y desilusión por la carta de Albert, que estaba magnificando todo el comportamiento que Albert tuvo con ella en los últimos años. Parecía que había encontrado respuesta a todas aquellas preguntas internas que se hacía que tuviera cuando lo miraba platicando con extrañas.

— Que estúpida fui al permitirte que me besaras después de que escuchaste que te amaba; lo único bueno es que no te declaré mi amor, tú lo escuchaste cuando yo estaba hablando sola. Que vergüenza, venias de estar con tu amante y te atreviste a besarme… ¡hipócrita!

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Unas lágrimas rodaron por su cara, molesta se las quitó de la cara tenía una rabia por dentro que la quemaba. El hombre íntegro que ella había conocido, Albert, había embarazado a una mujer sin ser su esposa o prometida. El hombre íntegro que ella amó y veneró por años se divirtió con otras.

No lo podía creer, que desilusión, no valía la pena llorar por algo que no tenía arreglo. Cerró sus ojos, mientras dejo que el viento jugara un poco con sus cabellos, después de un rato, pensativa entró a su alcoba y cerró con cuidado las puertas del balcón. Recargada sobre la puerta, volteó a mirar el reloj que estaba colgado en su pared, eran las doce y media de la tarde. Respiró profundamente, y lo decidió. Tenía tiempo suficiente para verlo...para decirle todo.

Necesitaba aclarar las cosas, era necesario, tomó una pequeña campana y llamó a su fiel ayudante para que la ayudara a cambiarse. Quería verse guapa; Dorothy inmediatamente la ayudó a arreglarse y a ponerse guapa…para él. Volvió a mirar el reloj y sonrió, tenía tiempo de sobra, pensó en él y un profundo suspiró se escuchó en su alcoba.

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— …te necesito, tengo que hablar contigo —, tomó su cartera, metió la carta, y salió en busca de su amor.

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Una hora después, Candy y Archie se encontraba en una cafetería, él se sorprendió cuando le informaron que su novia lo buscaba con urgencia; esa mañana él estaba trabajando desde muy temprano para pasar toda la tarde con ella. Cuando supo de su sorpresiva llegada, inmediatamente canceló todas sus citas y salió a verla. Maravillado por la sorpresa y su hermosa presencia, la llevó a comer un suculento postre de chocolate, su favorito.

Mientras esperaban por los pastelillos, té y el chocolate de Candy, ella no sabía cómo empezar a hablar con él, pero sabía que ella tenía que ser sincera con Archie, él la observaba fijamente con sus hermosos ojos color miel; la miraba inquieta, la conocía tan bien que sabía que algo pasaba con ella, intuía que algo la estaba mortificando. Nerviosa, abrió su cartera y le dio la carta para que la leyera. Archie abrió los ojos sorprendido al recibir el arrugado papel en sus largas manos

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— ¿Qué es esto Candy?

— Por favor lee esta carta—, intrigado lo hizo, y los gestos de su cara indicaban las sorpresas que iba leyendo. Al finalizar volteó a mirar a Candy y solo pudo exclamar…

— ¿Un hijo?

— Así parece Archie.

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Archie la miró preocupado. Tal vez eso cambiaría su actitud con él. Tal vez por eso ella estaba tan nerviosa y lo había buscado para hablar con él. Ahora que sabía las razones de Albert para casarse, tal vez las cosas cambiarían entre ellos. Él se estaba casando por obligación y no por amor. Archie no quería perderla, la amaba más que su vida, ella era la mujer de su vida, pero por lo mismo, aunque le doliera él quería que ella fuera feliz. Si ella aun amaba a Albert y estaba dispuesta a luchar por el amor de su tío…él con todo el dolor de su corazón haría lo que ella quisiera.

La amaba sobre todas las cosas, la apoyaría, aunque la lógica le indicara que era una locura luchar por un hombre que esperaba un hijo con otra mujer. A la vez, Archie estaba indignado con el comportamiento tan vergonzoso de Albert. ¿Para que quería Albert ver hablar con Candy en privado un día antes de su boda? ¿Qué quería proponerle? ¿Acaso quería que ella lo esperara en lo que él se casaba y después se divorciara para darle un apellido a su hijo, o acaso quería fugarse con ella, o simplemente la quería hacer su amante?

Estaba fúrico, pero la apoyaría en cualquier decisión que tomara y la protegería de cualquier mal, así tuviera que enfrentarse a su poderoso tío; no dejaría que la lastimara más. Si era necesario lo obligaría a que se casara con Candy en caso de que ella quisiera luchar por su amor; lo importante era que no la dañara. Le acarició la cara suavemente, y nerviosamente le preguntó.

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— ¿Qué piensas hacer Candy? — El corazón de Archie latía aceleradamente, pareciera que su vida dependía de un hilo en ese momento, Candy tenía su vida entre sus manos.

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Con la angustia reflejada en sus ojos color miel, esperaba la respuesta que tal vez le rompería el corazón para siempre, aunque si así fuera fingiría por ella y la apoyaría; la amaba tanto. Ella lo miraba fijamente con sus esmeraldas brillantes, le tomó las manos y las acarició con cariño, sus corazones latían apresurados. Con una sonrisa y levantando los hombros comenzó a hablar despreocupadamente.

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— Nada…cada uno de nosotros ha elegido su destino. Le deseo la mejor suerte del mundo, sólo quería que lo supieras, no quiero secretos entre nosotros, te lo juré, ¿lo recuerdas? —, la respuesta lo dejó estupefacto.

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Hubiera querido gritar de alegría, pero no se vería bien, estaban en un lugar público. Claro que lo recordaba, se lo pidió una vez que fue a visitarla a Lakewood; prefería la verdad a la lástima. Él quería que le tuviera confianza, y con esto ella lo estaba siendo y se lo estaba demostrando. Sonriendo, le acarició sus mejillas.

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— Te amo Candy, lo sabes.

— Sí.

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Claro que ella lo sabía. Terry la dejó marchar cuando sucedió el problema de Susana, su honor pudo más que su amor a su Tarzán Pecosa, y Albert, el Príncipe de la Colina, la engaño con otra o con otras, según él amándola con toda su alma.

En cambio, su Gatito había estado con ella a su lado, amándola en silencio como nadie la había amado jamás. Él era el único que la había amado toda su vida; siempre había estado con ella y tras de ella amándola. Ella siempre se dio cuenta del amor de Archie, aunque fingía no darse cuenta. Él sostenía una amistad o relación forzada con su amiga porque ella se lo había pedido en un momento de estupidez y egoísmo en el colegio. Pero él nunca la pudo mirar como él la miraba a ella, con ojos de amor; siempre lo supo su corazón necio. El corazón de Archie siempre fue de ella, le perteneció desde que se conocieron en Lakewood.

Estos últimos años él le había hecho compañía mientras Albert viajaba o estaba ocupado con sus negocios; siempre se las ingeniaba para estar con ella aun cuando estuvo en la universidad estudiando; cada fin de semana la visitaba, aunque fuera solo por unas horas. En el aquel tiempo, Annie ni siquiera supo de las múltiples visitas que Archie le hacía a Candy porque él a ella no la visitaba. Archie fue siempre era el que la llevaba a reuniones o bailes; en todos los bailes Candy bailaba con él. Muy pocas veces lo hizo con Albert, él siempre estaba ocupado; Archie al contrario siempre encontraba tiempo para ella.

Aunque estaban en un lugar público, él le dio un fugaz besó en su mejilla, y después Archie la abrazó amorosamente, estuvieron así por unos momentos escuchando los latidos acompasados de sus jóvenes corazones. Aunque Archie sintió celos cuando leyó la carta de su tío y hubiera querido ir inmediatamente a reclamarle o partirle la cara a su "querido tío" por escribirle esa carta tan atrevida a su novia a un día de casarse, no lo haría porque se había jurado así mismo dejar de ser aquel chico impulsivo y celoso de antaño.

Amaba con toda su alma a Candy, y antes que nada quería verla feliz, pero a la primera oportunidad hablaría muy seriamente con su tío, lo que había hecho era una bajeza. Candy era su novia y él estaba comprometido, iba hacer padre y estaba a punto de casarse. Sus ojos lanzaron chispas al imaginar la cara de su tío; Candy no se dio cuenta al estar recostada en su pecho.

Archie tenía toda la razón del mundo para estar molesto con su tío, él siempre había respetado a Candy. Nunca le volvió a declarar su amor después de que él descubrió que su Gatita amaba a su tío; se dedicó simplemente a cuidarla y adorarla de lejos; en cambio Albert le había faltado el respeto a ambos con esa carta.

De pronto se separaron debido a la interrupción de la joven mesera que se comía con los ojos al guapo joven, coquetamente y sin disimularlo, la atractiva mesera comenzó a servirles sus postres y bebidas; esto molestó a Candy quien le dedicó una cara de pocos amigos a la atrevida chica. Siempre pasaba eso con las meseras; ella siempre las celaba inclusive cuando él era novio de Annie, en aquel tiempo según ella lo hacía por Annie, pero ahora lo hacía únicamente y exclusivamente por ella. Lo mismo pasaba cuando tocaba un mesero, Archie quería fulminarlos con la mirada cuando miraban como bobos a su Gatita.

Al quedar solos, Archie antes de llevar el primer bocado de su delicioso pastel de queso con fresas a su boca, le preguntó directamente a su novia quien se comía alegremente un pedazo de la rebanada de pastel de chocolate con fresas que le habían llevado.

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— ¿Piensas hablar con él?

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Ella comió lentamente su delicioso pastel de chocolate mientras lo miraba fijamente, volvió a comer otro delicioso pedazo de pastel con la misma calma mientras le sonreía y le guiñaba un ojo; después tomó una servilleta para limpiar el cremoso chocolate de su boca mientras Archie la miraba divertido, y le contestó muy serena mientras tomaba una fresa del postre de Archie.

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— No sé amor, no hay nada que decir en este momento —, dio una mordida a la fresa mientras miraba sonriente a Archie; después le dio el resto de su fresa a su amado novio; él la comía mientras la miraba embelesado. Ella continúo hablando con calma. — No te voy a mentir, aun me duele —, al mirar el dolor reflejado en sus ambarinos ojos al escucharla, Candy de inmediato lo acarició con amor, y continúo hablando. — No es como tú crees Gatito, amor me duele por la desilusión que fue todo para mí —, Archie la abrazo con cariño nuevamente, y acarició su dorado cabello ante las miradas curiosas de algunos comensales que no les quitaban la vista de encima ante la romántica escena que estaban presenciando en la elegante cafetería. Ella, le acaricio nuevamente la cara, ambos en ese instante se habían olvidado del mundo a su alrededor; ella suspiró al verlo fijamente y le dijo seriamente.

— Sabes amor, yo tenía a Albert en otro concepto y después de leer su carta me acabo de dar cuenta que nunca lo conocí en verdad…me parece que solo conocí una parte de Albert, ese Albert sencillo, el vagabundo, pero nunca conocí la otra parte, a William Andrew —, tomó otro pedazo de pastel y lo llevó a su boca, y mientras lo devoraba tranquilamente, le dio un pedazo de su postre a él, él gustoso lo aceptó; ambos sonreían. Suspiró levente antes de continuar. — Lo que me molesta es que quiera verme la cara, piensa que sigo siendo una niña tonta que no ve más allá de sus narices. Es tan ridículo decir que amas a alguien y te enredas con otra persona. Archie ¿te acuerdas cuando iba al hospital de voluntaria y me recogías en tu coche todas las tardes?

— Sí, me acuerdo —, contestó extrañado a la pregunta.

— Entonces te acordaras de los dos doctores que me molestaban y no dejaban de perseguirme, hasta que tú les dijiste que eras mi prometido, ¿te acuerdas?

— Claro que me acuerdo, sobre todo del doctorcito francés, al que tuve que darle un derechazo por querer besarte a la fuerza cuando te recogí una tarde.

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Ella lo acarició, con ternura al recordar la escena, y recordar al doctor en el piso; esa fue la razón que no volvió a trabajar en el hospital nunca más. Él siempre la recogía porque Albert viajaba o estaba ocupado por los negocios; en cambio, Archie, aunque estuviera ocupado como él, siempre buscaba tiempo para llevarla y recogerla cuando ella iba de voluntaria al hospital.

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— El punto es amor…que yo también tuve pretendientes y no anduve besuqueándome con ellos porque yo estaba ilusionada con él porque yo creía estar enamorada de él. Yo respetaba mi ilusión de amor, ¿me entiendes? —, él asintió levemente mientras le besaba sus manos con vehemencia. — Él ahora dice que me amaba, pero andaba con otras mujeres. Eso quiere decir que Albert o mejor dicho William Andrew no sabe lo que es el verdadero amor o el respeto a una ilusión—, Archie la escuchaba con atención, él había hecho lo mismo que Candy, siempre había respetado el amor de Candy, aunque ella ni la hora le diera. A Annie la tomaba de la mano solamente cuando la llevaba a bailar y siempre se las ingeniaba para bailar con Candy más tiempo, aunque eso le causara problemas con la morena. Nunca pudo sentir nada más con ella, porque su corazón le pertenecía a Candy. Tristemente, lo que Candy decía era verdad, pareciera que su tío no sabía lo que era el respeto a una ilusión o aun amor, al menos no de la manera en que Candy y él lo percibían.

Ella le tomó un pedazo de su pastel de queso a Archie y lo comió contenta.

— Mmmm…esto está riquísimo amor, la próxima vez lo pediré —, él le besó su mano y sonriéndole coquetamente le contestó.

— Entonces la próxima vez yo pediré otro diferente que sea de chocolate, ¿qué que te parece uno con pura crema de chocolate? —, solo de imaginárselo, ella sonrió alegremente.

— Mmmm…delicioso, pero ¿por qué?

— Porque así puedes comer dos ricos pasteles en vez de uno solo, ¿no crees? —, a ella le gustó la idea, siempre terminaba comiendo del pastel de Archie, tenía años haciendo lo mismo con él. Se limpió con cuidado con la servilleta y lo miró a los ojos.

— Eres un amor, ¿lo sabias? —, él solo sonrió; de pronto su verde mirada se tornó melancólica y comenzó a decirle mientras le agarraba las manos. — Yo solo quiero la felicidad de él, de su bebé, y de su futura esposa; la verdad es que no le deseo nada malo a ellos. Albert es y siempre será una persona muy importante en mi vida, gracias a él estoy viva, él me salvó la vida dos veces. ¿Lo recuerdas? — Archie asintió con un leve movimiento de cabeza. — Él me adoptó y gracias a él pude convivir con ustedes, mis tres amados paladines, pude estudiar en Londres, y después pude ser adoptada por mi madre. Él siempre, siempre tendrá un lugar muy especial en mi corazón…pero ya no como antes…es un sentimiento distinto. Tal vez más adelante pueda hablar con Albert, pero en este momento no quiero hablar con él. ¿Me entiendes Gatito?

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El con un leve movimiento le indico que entendía su proceder, después le besó sus manos, y volvió acariciar su cara con amor. Lo sentía por su tío, pero Candy era suya, solo suya y no dejaría que se interpusiera en su relación.

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— Esta bien Gatita, tú has lo que tú quieras, confió en ti —, suspiró profundamente antes de continuar —, si entiendo que Albert siempre será alguien importante para ti, y también lo es para mi amor —. Le acaricio su cara. —No solo es mi tío, pero tal como tú me lo mencionaste antes, gracias a él pudiste vivir con nosotros, siempre le estaré agradecido por eso —, le dio un beso fugaz en su frente, y la abrazó con todo su amor —, hubiera querido decirle que, a pesar de eso, las ganas de partirle la cara no se le quitaban aún, pero sonrió para él; no valía la pena por el momento.

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Después del breve abrazo, ambos se miraron, y se dieron un tierno beso sin importarle las miradas indiscretas de la gente en la elegante cafetería. Parecía que la carta de Albert le estaba dando más fuerza a la oportunidad que la rubia le había dado al elegante chico. Sus corazones latían al mismo ritmo. Candy se estaba enamorando lentamente de Archie Cornwell Andrew.

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Continuará

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Les invito a leer mis otras historias:

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"Stear: Reflexión Al Amor Perdido." Es una mini historia de dos capítulos.

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"Bajo La Luz De La Luna." Mi primera historia en fancfiction.

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A todas las personas que han dejado mensajes, y a las que solo me hacen el favor de leer estas historias de forma anónima. Muchísimas gracias por apoyar estas historias, se los agradezco infinitamente.

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Agradecimientos

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Primeramente, quiero pedirles una disculpa por tardar tanto en actualizar, pero la única excusa que tengo es mis ganas de tratar de hacerlo un poco más grande el capítulo para ustedes. Espero que lo hayan disfrutado. En ocasiones, la imaginación o las musas se ponen en huelga, y no existe manera de convencerlas para que fluyan las ideas, así que solo me queda ser paciente hasta que aparezcan, así que mil disculpas por el retraso.

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También quiero decirle a todas aquellas chicas que han tenido problemas con terremotos y huracanes, que desde California les mando un abrazo y les tengo en mis rezos. Espero que se mejore las situaciones para ustedes y sus seres queridos. No han sido unos días fáciles para muchos países hermanos.

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Quiero darle las gracias a cada una de ustedes por apoyarme con esta nueva historia. Es un Albertfic y fue escrita en honor de Príncipe de la Colina por su cumpleaños; es una historia dramática. Sé que es duro ver al guapo Albert sufrir en este fic, pero es necesario mantener el dramatismo, las sorpresas y el romance en una historia para mantener el interés de ustedes. Habrá clímax, habrá calma, habrá suspenso, nuevos clímax y seguirá la historia hasta que se termine de contar. A esta historia le falta muchísimo. Ya no es tan corto como lo tenía planeado, ya que a medida que he escrito los capítulos me he dado cuenta de que tengo más tela de donde cortar. Como siempre les pido paciencia

Recuerden sin drama no hay historia

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"Hay errores en la vida que se pagan con una eterna soledad, y otros con un matrimonio lleno de odio sin amor. La vida real está llena de ejemplos como esos tristemente, y todo por errores que en su momento se disfrutaron, y después se lloran amargamente para siempre. Segundas y terceras oportunidades pueden pasar...pero no siempre se tiene la oportunidad en la vida...aunque la vida puede deparar sorpresas."

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Escribir un fic de Albert no ha sido fácil porque él es un personaje muy querido, pero le estoy poniendo todas las ganas del mundo para que les guste y lo disfruten como lo hago yo cuando escribo los capítulos de esta historia. Disfruto muchísimos cada uno de sus comentarios que me hacen el favor de dejarme; ya que me anima mucho cuando estoy escribiendo la historia. Es como recibir regalos antes de mi cumpleaños, gracias.

Es por eso por lo que trato de mandarles un mensaje privado (PM) a cada persona que me manda un mensaje para agradecerles el tiempo que se toman en leer mi humilde historia. Desgraciadamente, solo se puede mandar PM a las personas que están registradas.

Tal como lo hice con el capítulo anterior, dejé comentarios en la sección de reviews, para todas las chicas a las que no les puedo mandar un PM para agradecerles su tiempo. Gracias a cada una de ustedes por dedicar su tiempo en leer mi historia.

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Gracias todas personas que me regalaron comentarios, a todas las que han agregado mi historia a su lista de favorita y a su lista de alertas, a todas las que han agregado mi nombre en la lista de autores favoritos y a su lista de alertas, y a todas aquellas que me han leído en forma anónima en el pasado capítulo. Si alguien se me paso, de antemano les pido una disculpa. Gracias.

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alexas90

mabolla15

Silvia

Bunny

Guest

Gaby

Elena

maravilla121

Sandy Sanchez

Awylin0440

Imonroe1214

Nena Abril

YAGUI FUN

Juniper

Pinwy Love

Pelusa778

ELI DIAZ

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Adoradandrew

Val rod

Sayuri1707

Grey

Loreley Ardlay

serenitymoon20

Rosas Gardenias

PaolaWhite

amuletodragon

karymote

ROS: MadelRos

Patty Castillo

Guest

Yuleni Paredes

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A todas muchas gracias. Cuídense