Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.
Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica
Capítulo #26: Aquí en mi corazón
Parpadeó repetidas veces, la claridad matinal dañaban la somnolencia de sus ojos. Lo primero que vio, fue el techo blanco de su habitación, el cual contempló algunos segundos. En medio de un suspiro de pereza levantó ligeramente su cabeza descubriendo que descansaba sobre el pecho de aquel muchacho. Le miró al rostro y sonrió complacida al verlo dormir. Su sueño parecía tranquilo y su expresión, laxa.
Megan se reincorporó y descubrió que estaban en su cama. Ahora recordó que en medio de la madrugada habían subido a su habitación. Volvió a mirar a su novio que aún ignoraba el amanecer, su torso desnudo le pareció tan tentador, que no pudo evitar sonreír maliciosamente. Gateó hasta su rostro y comenzó a estamparle juguetonamente algunos besos; primero en los labios, luego en el cuello y de nuevo en los labios. El muchacho lentamente fue abriendo los ojos ante el actuar de su novia. Al verla sobre la cama y semidesnuda besándole, no pudo evitar abrir sus ojos con desmesura. Se sentó alertado sobre la cama, mientras que empujaba suavemente a la muchacha hacia un costado, esta lo miró con extrañeza.
— ¿Qué pasa chiquillo? Parece que hubieras visto un fantasma— dijo mientras reía sutilmente. Entonces Kaede lo recordó: Aquella noche, habían dado libre albedrío a sus sentimientos, y se entregaron en el más bello acto de amor. Sonrió complacido.
— No es nada— contestó. Entonces Megan se abalanzó sobre él y lo besó con esmero.
— Qué haces— pronunció en medio de una breve pausa hecha por su novia.
— Besarte— contestó sobre sus labios para volver a besarlo— Y algo más…— expresó traviesa mientras se subía al abdomen del chico para llenar de besos su pecho.
— ¿Qué dijiste?— preguntó con asombro.
Se suponía que él debía dar la iniciativa. En su mente siempre había albergado la lógica que parte del deber masculino era incentivar y pretender, y que por otra parte, la cualidad femenina por esencia, era acceder o rechazar, pero nunca insinuársele a un chico.
— Quiero hacerlo una vez más— respondió con simpleza mientras subía sus labios al cuello de Kaede— Aún es temprano, me quedan algunas horas para el ensayo con la banda— argumentó deteniéndose para mirar pícaramente a Kaede. Este le observó seriamente unos minutos. ¿Por qué actuaba así? Es el chico quien debe provocar a la chica ¡No la chica a un chico! Lo normal era que ella se sonrojara, se resistiera, o así lo hacían las chicas en Japón…
¿En Japón? Lo había olvidado, estaba viviendo en Norteamérica, Megan era norteamericana y tenía una concepción diferente, errada o no, era diferente.
La contempló en silencio. Su peto de seda, algo remangado dejaba al descubierto parte de sus proporciones, y sus piernas desnudas, acorralando su cuerpo, eran una tentación difícil de resistir. Debía estar loco para negarse.
En un rápido movimiento cambio de posiciones con Megan, ahora era ella quien estaba acorralada. Rukawa le miró a los ojos de forma intensa, y algo lasciva. La muchacha le observó con asombro, no lograba interpretar claramente la mirada de su novio, hasta que este habló:
— Pero yo mando— pronunció firmemente el muchacho. Aquellas palabras hicieron estremecer a Megan. Algo que amaba de Kaede, era su capacidad de ofuscarla, estremecerla, incluso enamorarla conjugando tan pocas palabras.
El chico la besó suavemente largo rato, haciendo una breve pausa.
— Chiquillo pervertido— musitó Megan sonriendo de medio lado. Tras lo cual, siguieron con el ritual amoroso, que daba inicio a la última jornada a aquel año.
— "No entiendo porqué tengo que hacer esto… Pero sí tengo claro que Arisu me las va a pagar"— pensaba aquel chico de cabello azulado, mientras que, el tic tac de aquel reloj pegado a la muralla, era el único ruido ambiente en aquella sala, en la que el matrimonio Akagi, acompañado de su primogénito, estudiaban suspicazmente a Mitsui. Este sudaba inquieto ante el incómodo silencio que lo rodeaba, y más aún con la hostil mirada del ex capitán del equipo, quien pretendía que su frágil hermana, no sufriera.
— Así que invitaste a mi hermana a salir, Mitsui— rompió el hielo el hermano mayor de Haruko.
— Sí— respondió con fastidio— "Y no sé porqué pretenden interrogarme, si al fin y al cabo sólo por culpa de Arisu estoy aquí"— caviló recordando con rencor a su hermana.
— ¿Y desde cuándo son tan amigos? Con el único que compartía del equipo, era Sakuragi— cuestionó el ex capitán.
— Es una historia larga— evadió la respuesta.
— Pues quiero oírla— devolvió el chico moreno con tirria. No se explicaba ¿Cómo? Ni ¿Cuándo? Haruko y Mitsui se habían acercado tanto como para tener una cita ¿Acaso se habían estado relacionando mientras él era capitán del club? ¿Acaso se reunían a escondidas?
Mitsui frunció el ceño molesto, Akagi estaba siendo algo severo con él, siendo que, ni siquiera pretendía a la muchacha… Sólo le simpatizaba, incluso aceptaba que se le hacía muy bonita, pero de ahí ¿A cortejarla?
— Tu hermana es manager del equipo de básquetbol, no sé si lo recuerdas— contestó irónico.
— Pues también lo es Ayako, y nunca tuviste una cita con ella ¿O sí?— contra argumentó Takenori. Hisashi empuñó sus manos enérgicamente, se estaba hartando de los cuestionamientos de Akagi.
— Estoy lista— la tímida y delicada voz de aquella joven rompió el clima tenso que invadía aquella sala. Sin embargo, pudo notar como el choque de miradas entre los jóvenes se mantenía— ¿Sucede algo?— preguntó extrañada— ¿Hermano? ¿Mitsui?— habló a los muchachos, estos al fin notaron la presencia de la muchacha, y voltearon gruñendo hacia ella.
— ¡No!— respondieron al unisón. Sin embargo, la expresión de Hisashi se aflojó automáticamente al encontrarse con la joven. Su cabello castaño, lo llevaba suelto, partido al costado. Un chaleco blanco de cuello alto, se asomaba bajo el abrigo marrón oscuro que caía a la altura de sus muslos; más abajo una falta roja con pliegues, que caía un poco más arriba de sus rodillas, y sus piernas se abrigaban con unas largas medias negras, que dejaban al desnudo una pequeña porción de sus piernas.
— Buenas tardes— pronunció con dificultad el ojiazul, mientras hacía una reverencia atolondrado.
— Buenas tardes, Mitsui— saludó tímidamente la joven. El chico, de manera inconsciente recorrió con su mirada a la muchacha, haciendo la inevitable inspección masculina. Para Akagi, que lo observaba desde cerca, esto no pasó desapercibido. El ex capitán se puso rápidamente de pie y se interpuso entre los jóvenes.
— ¿Qué estás mirando?— preguntó en un tono amenazante. Mitsui abrió los ojos sintiéndose descubierto.
— ¿Qué dices? Yo no estoy mirando nada— negó de prisa mientras sentía sus mejillas ruborizarse avergonzado.
— Bueno, nosotros ya nos vamos— habló Haruko, ignorando el diálogo de los basquetbolistas.
— Esta bien, pero recuerda que debes estar para la cena, hija— indicó la madre.
— Y mejor si llegas antes— intervino Takenori sin quitar su mirada de Mitsui.
— Sí, hermano— contestó la chica.
— Bueno, ha sido un placer conocerlo, joven Mitsui… espero verlo nuevamente aquí para conocerlo un poco más— aquello sonó como una amenaza para Mitsui, de parte del padre de la chica. ¡Pero qué ganas tenía en ese instante de mandarlos al diablo! ¡No tenía porqué tolerarlo! Estaba ahí sólo por… Ni siquiera quería recordarlo.
— Sí— contestó escuetamente— "Ni lo sueñe"— pensó mientras estrechaba una mano con aquel hombre. Hisashi estaba seguro que aquella cita no se volvería a repetir— Adiós— se despidió de todos, dirigiéndose ahora a la chica.
— Hasta pronto— contestó padre e hijo de manera hostil.
— Adiós, joven— pronunció la madre. Los adolescentes salieron rumbo a su cita, que había sido tan ansiada por aquella chica de ojos azules.
El muchacho miraba su reflejo en aquel espejo mientras arreglaba sus cortos cabellos rojos, mientras tarareaba Africa de la banda Toto. El singular nombre del grupo musical y de la canción; el ritmo de la misma; sumado a que era una de las tantas canciones halladas en los cassettes de Sally, le hacían tener una fijación con aquella música. Al parecer le agradaba.
— Te ves muy animado, Sakuragi— el chico de cabellos alzados lo observaba desde un rincón de la sala.
— ¿Eh?— volteó curioso a verle.
— Por lo que veo tienes planes para esta noche— añadió Akira.
— Bueno, para que te mentiría, tengo los mejores planes para año nuevo— contestó mientras recordaba a la joven animándolo en el gimnasio el día anterior.
— Yo iré más tarde a visitar a Sally, quiero ser el primero en desearle un feliz año— comentó casual. El pelirrojo volteó gruñendo hacia él.
— ¡¿Qué dijiste, Sendoh?!— gruñó fuera de sí.
— Lo que oíste, iré a ver a Sally— repitió.
— ¿Ella te lo pidió?— inquirió decepcionado, al parecer había olvidado su cita.
— No, en realidad iré sin decírselo ¿Crees que se moleste?— contestó despreocupado mientras tomaba su cabeza. Hanamichi sonrió satisfecho.
— En ese caso, lamento decepcionarte, Sendoh. Pero este hombre tan talentoso esta tarde tendrá una cita con Sally, así que tendrás que esperar su regreso para saludarla— expresó con presunción, tras lo que rió escandalosamente.
— ¿Qué? Que tú y Sally…—masculló perplejo.
— Lo que escuchaste, tonto— volvió a reír. Akira le observaba con asombro, no podía creer que después de tantas discusiones de las que había sido testigo, ahora tuvieran una cita— Por cierto, Sendoh… hay algo que no entiendo de todo lo que me ha dicho Sally sobre ustedes— cambió radicalmente su tono presumido, por uno curioso al recordar el parentesco de los muchachos.
— ¿Qué es?— inquirió la estrella de Ryonan.
— Ella me dijo, que el hermano mayor que vivió en Norteamérica con ella, le llevaba por dos años, entonces él ahora debería tener diecisiete, pero tú vas en segundo año de preparatoria… ¿Acaso tienes otro hermano?— preguntó curioso.
— Ah… bueno eso es fácil de contestar— pronunció divertido— No tengo más hermanos— descartó— Es sólo que reprobé en el jardín infantil, por eso llevo un año de atraso, yo si tengo diecisiete años— respondió mientras se tomaba la cabeza, y sonreía avergonzado. Hanamichi, pestañeaba incrédulo.
— Que… ¿Que reprobaste el jardín infantil?— preguntó con asombro. Tras lo cual explotó en carcajadas burlescas.
— Bueno, es que por haber vivido mis tres primeros años de vida en Norteamérica, me había acostumbrando al idioma, por eso cuando llegué a Japón y entré al jardín infantil me costó aprender lo básico— contestó aún algo avergonzado.
— No tienes excusas, eres un tonto— se burló el pelirrojo con sus ojos llenos de lágrimas de tanto reír.
Él la observaba mientras ella guardaba algunas cosas en un pequeño bolso. Todo estaba listo para partir, cruzó el bolso en su cuerpo, y tomó su guitarra.
— Ya me voy— anunció volteando hacia su novio, él se puso de pie— Recuerda que debes estar allí a las siete en punto— añadió.
— Como quieras— contestó acercándose a ella.
— Te estaré esperando ¿Eh?— amenazó, tras lo cual le besó momentáneamente— No me falles— dijo ahora alejándose— Nos vemos en el festival— le guiñó un ojo sonriendo de medio lado, él asintió— Adiós— se despidió.
— Adiós— correspondió. Tras lo cual ella desapareció tras la puerta. Kaede se tumbó en el sofá que tenía tras de él, para dormir un rato antes de que llegara Eddie.
—
La nieve había cesado. El sol de media tarde se alzaba victorioso sobre las calles céntricas de Kanagawa. Aquel joven de cabellos rojos, caminaba de un lado a otro fuera de la Torre de Kanagawa. Esta, bañada en cascadas de luces de colores, era el máximo ornamente, que recibía aquel sitio donde se celebraría el festival de año nuevo.
Habían pasado aproximadamente cinco minutos desde que el temploalojada a sólo dos cuadras de allí, había marcado las cinco de la tarde.
— "Se está tardando mucho"— pensó inquieto Hanamichi. A pesar de ser tan sólo cinco minutos, para él eran eternos minutos de incertidumbre— "Quizás ella no vendrá"— añadió a sus cavilaciones ahora con decepción.
— ¡Sakuragi!— una voz a la distancia llamó su atención.
— Sa… ¡Sally!— saludó sintiendo como una descarga de alivio recorría su cuerpo. Ella no le había fallado— Que bueno que viniste— expresó acercando a la muchacha.
— Claro que sí— respondió ofendida— Es sólo que no te encontraba entre tanta gente— comentó mientras miraba a la gran cantidad de personas que disfrutaban en el lugar— Y eso es muy extraño, con esa cabeza tan llamativa eres visible hasta en la oscuridad— bromeó. El pelirrojo se sonrojó avergonzado. Si bien detestaba que le molestasen por el color de su cabello, a ella no le podía decir nada, simplemente no podía— ¿Y? ¿Qué cosas tan divertidas me llevarás a conocer en el festival? Supongo que ya tienes todo planeado— expresó posando sus manos en su cintura. Recién ahora el pelirrojo se detuvo a mirarla. Su cabello castaño, lo llevaba suelto, pero adornado con un listón rosa intenso, que hacia el costado iba atado en un bello moño; mientras que, vestía aquel bello kimono rosa que había utilizado para la fiesta de noche buena. Sin duda, le había gustado mucho esa vestimenta típica del país nipón, y prometió usarlo en cuanto la ocasión lo ameritara.
— "Qué bonita se ve Sally vestida así"— pensó embobado ante la ojiverde, que esperaba la respuesta de su acompañante.
— ¿No me vas a decir nada?— preguntó sin entender el silencio del pelirrojo.
— ¿Eh?— masculló distraído.
— No me digas que no tienes idea que haremos en el festival, Sakuragi—protestó inclinando su rostro hacia el muchacho.
— ¡Ah!... Es eso— respondió el chico tomándose la cabeza— Claro que sé que haremos, vamos— expresó tímido. Entonces comenzaron a caminar rumbo a las distintas distracciones.
— Quería darte las gracias por invitarme a salir— pronunció la chica para romper el hielo.
— No es nada— respondió de mala gana el ojiazul. Intentaba reprimir su descontento por tener que estar allí con ella, porque al fin y al cabo, la única culpable de todo, era Arisu. Aunque en cierto modo le recriminaba a Haruko el haber aceptado. Perfectamente podía haber rechazado su invitación. Pero no, había aceptado de inmediato.
Haruko continuó tomando su malteada en silencio. Al parecer el Mitsui no tenía muchas ganas de hablar, o al menos eso ella pensaba. Pero si le había invitado a salir supuso que no era para estar tan callados. Al parecer sus amigas tenían razón, Mitsui era algo tímido a la hora de una cita. Pero sí él había dado la iniciativa, supuso que debía también ella poner de su parte.
— En poco será el primer partido del campeonato de invierno, yo estoy muy emocionada. Estoy segura que esta vez lograrán superar lo que hicieron hace alguno meses— expresó sonriendo.
— Sí… haré todo lo posible porque sea así— contestó— A diferencia de nuestro equipo, en Kainan y Shoyo se han quedado todos los jugadores de tercero, pero nunca me rendiré— añadió sonriendo desafiante. Ya que el desafío que se avecinaba, lo mantenía ansioso.
— Y además, los sobrinos de Miyagi, serán de gran ayuda— opinó la joven. El muchacho sonrió con desdén.
— Sólo espero que no sean problema— musitó al recordar a los gigantones, cuya actitud tan infantil, incluso estúpido a su parecer, le generaba cierta desconfianza.
Pronto el sonido de la música proveniente de una pista de baile que se alzaba frente a las tantas mesas de aquel pub, llamó la atención de ambos. Las parejas y grupos de amigos que se encontraban en el lugar, no tardaron en invadir aquella pista. Haruko volteó vacilante hacia el basquetbolista.
— Quieres… ¿Bailar?— propuso tímidamente.
— ¿Qué?— masculló con asombro— No… prefiero quedarme aquí— tomando un sorbo del jugo que tenía frente a él. La chica bajó la mirada desairada. Mitsui logró advertirlo, entonces recordó las palabras de su hermana.
"No seas descortés con Haruko, más te vale que seas amable con ella o si no te las verás conmigo, Hisashi".
El muchacho frunció el ceño molesto, el estar ahí ya se le hacía molesto, y encima bailar con ella aún más. Miró a la joven que permanecía pensativa observando sus manos. Era cierto que no quería estar ahí, pero también lo era que, estaba siendo un maldito idiota con aquella chica.
— "Maldición"— masculló— Esta bien, vamos a bailar— respiró hondamente mientras se ponía de pie, la chica le miró sonriendo feliz.
— ¿De verdad, quieres bailar?— preguntó esperanzada.
— Date prisa… o terminará la canción— contestó sonriendo de medio lado. Haruko se puso rápidamente de pie, Mitsui le extendió una mano, la que la castaña tomó tímidamente y caminaron así hasta la pista.
Una nueva canción daba inicio, era Plenty of grit de Megumi Hayashibara. El ritmo acelerado de la música, hizo a los jóvenes rápidamente, querer adaptarse al compás.
El rugiente viento pasa a través de mi cabello
Ambos sacudían sus cuerpos sonriendo divertidos.
Un espejismo se refleja sobre mis ojos
Una vida está naciendo entre la luz y la oscuridad
Ahora es momento para confrontarse a los problemas
Nosotros podemos ver el tiempo pasar en el espejo,
Pero el espejo está cuarteado y roto…
Cambiaron de posiciones, tomándose sutilmente de las manos, soltándolas rápidamente, para continuar con el baile.
Seguimos vivos…
Anhelando y gritando por amor…
La música continuó, y las sonrisas en ambos, evidenciaban que era un momento grato para ambos. Al igual que en noche buena, volvían a encontrase al compás de la música, ahora con mayor soltura que la primera vez, ahora con mayor entendimiento de los movimientos del otro.
Prefiero llevar lejos la ilusión creyendo que nosotros podremos destruir el muro,
Siempre es el lugar para comenzar…
La canción terminaba, y sus cuerpos jadeantes relataban el empeño que habían puesto en su danza. Otra canción no tardó en suceder a la anterior. La pareja aún agitada, se sonrió con complicidad, la chica asintió y comenzaron a bailar. Esta vez era Thirty, también de Megumi Hayashibara.
Cuando me di cuenta,
Un camino estaba formado atrás de mí…
Mitsui tomaba con frecuencia de una mano a Haruko, para hacerle girar frente a él, ella le seguía el ritmo feliz.
Da lo mejor de ti
Escara todo sin miedo
Aunque te puedan lastimar
La canción se detuvo repentinamente, a la vez que las luces en la pista bajaban notoriamente su potencial iluminaria. Un ritmo mucho más pausado, comenzó a sonar. Las parejas que los rodeaban, se abrazaron para seguir el ritmo musical. Haruko bajó la mirada apenada, Mitsui la tomó de un brazo acomodándolo en su hombro. La chica levantó la cabeza sorprendida ante la acción del muchacho, no tardó en encontrarse con esos ojos azules, que en medio de la oscuridad le contemplaban fijamente. Haruko pasó algo de saliva con dificultad, entonces posó su otra mano detrás del cuello de Hisashi para abrazarse a él, ahora el joven le abrazó por la cintura.
Tengoku no Kioku de Megumi Hayashibara los mantenía así… abrazados.
La voz de la joven cantante prontamente se comenzó a oír.
¿Quién? ¿Dónde? Estamos intensamente atraídos…
Haruko podía sentir como su corazón se avivaba ante la cercanía con aquel muchacho, sus cuerpos se movían lentamente al compás de la música, estaban tan cerca, que podía sentir la respiración cálida de Mitsui chocando con su frente. La joven alzó su mirada, haciendo que sus ojos hicieran conexión con los del basquetbolista. Este le contemplaba serio, haciendo que Haruko se sintera intimidada.
Pero la oportunidad de conocernos ha terminado.
El tiempo se detuvo, parecía que el reloj retrocedía…
Comenzó a recordar las innumerables veces que se habían encontrado. No pudo evitar sonreír divertido al recordar cuando se la encontró en los vestidores de la preparatoria, y el espanto que se había dibujado en su rostro cuando lo vio envuelto en una toalla; Imposible olvidar aquella tarde, en que al verla tan triste por la partida de Rukawa, la desafió a jugar un partido de uno contra uno… le había ganado.
Aún así el tiempo fue puesto en marcha,
Olvido el único bien de llevar mi nombre
Toda la realidad sigue pero…
Una de las manos de Mitsui, subió de la cintura de Haruko hasta su rostro, lo acarició con sutileza, sus recuerdos le impulsaron a hacerlo.
La calidez de tu mano…
Será lo único que me haga
Recordar el por qué estoy sufriendo.
La muchacha cerró sus ojos al sentir la mano del chico sobre su rostro. Era tan cálida, y le acariciaba con tanta delicadeza… se sentía muy bien.
Mitsui sonrió de medio lado al ver la reacción de la chica. Al parecer le daba gusto sentirlo. Ahora bajó su mano para acariciar la espalda de la joven, para presionarla contra él.
En algún momento, al finalizar aquel distante día
Algo cambiará a dos personas…
La canción avanzó y permanecieron así. Haruko se acostumbraba progresivamente a la cercanía con el chico de tercero. Afirmó su rostro en el pecho de Mitsui. Y para su sorpresa, su corazón se hallaba notoriamente alterado, era extraño… se veía tan tranquilo, pero su corazón decía lo contrario ¿Qué estaría pasando por su cabeza? ¿Por qué estaba tan inquieto? Eso era algo que no podía saber…
Mitsui ya había aventurado su mente por todos los recuerdos que almacenaba sobre la chica. Era muchos… se sorprendía de no haberlo notado antes. Ella había apoyado su rostro en su pecho, al haberla estrechado con sus brazos por la espalda, ya se hallaban lo suficientemente próximos, pero no contaba con la acción de la chica. Su corazón comenzó a galopar con increíble energía. Ni siquiera en los partidos más agotadores se había sentido así ¿Qué le estaba pasando? Sólo ella había apoyado su rostro en su pecho. Ni siquiera él mismo podía explicarse el brincotear de su corazón.
Olvido el único bien de
Llevar mi nombre, toda la realidad sigue pero…
Haruko separó su rostro del pecho de Hisashi y alzó la vista. La canción tocaba sus últimos versos. No tardó en encontrarse con la mirada azulada del joven, que le contemplaba embelesado.
La calidez de tu mano
Él inclinó su rostro…
Será lo único que me haga
Levantó por el mentón el de ella…
Recordar esta alma desconocida.
Sin darse cuenta, Haruko se hallaba presa de los labios de Mitsui…
— ¡Mira! ¡Son máscaras!— prorrumpió emocionada la ojiverde mientras corría hasta un puesto, en el cual se vendían máscaras. El muchacho dirigió curioso la mirada al lugar, Sally salió corriendo con entusiasmo hacia aquel puesto.
— ¡Sally, espérame!— el pelirrojo le siguió raudo.
— Que bonitas están todas— masculló explorando con su mirada cada una de las máscaras.
— ¿Te gustan?— preguntó sonriente el pelirrojo.
— Ajá— contestó sin dejar de admirarlas— ¡Mira! ¡Esa es perfecta!— prorrumpió apuntando a una de ellas. Hanamichi le observó curioso. Era una linda máscara de medio rostro, que en un tono dorado, resplandecía con la intervención de algunos brillantes blancos, y en su costado derecho, una pluma de rosa pálido, le adornaba delicadamente.
— ¿La quieres?— susurró tímidamente Sakuragi mientras tomaba su cabeza.
— ¿Cómo?— articuló confusa— ¿Quieres obsequiármela?
— Bueno, es que se ve que te gustó mucho, es sólo eso— argumentó atolondrado el pelirrojo, intentando restarle importancia a su voluntad.
— Gracias— agradeció la ojiverde haciendo una reverencia, mientras sonreía. En tanto, Hanamichi compró la máscara y se la entregó a su compañera de salón.
La muchacha se colocó la máscara, y sonrió divertida.
— ¿Y?... ¿Cómo me queda?— el diez de Shohoku sintió un leve rosa invadir sus mejillas. Se veía tan linda, a pesar de que aquella máscara ocultaba parte de su rostro, sus dos orbes verdes, no dejaban de protagonizar en su semblante.
— Bien… te queda perfecta— contestó tímidamente acariciando su cabeza. Sally sonrió satisfecha. Pronto examinó el lugar, y algo prontamente llamó su atención.
— ¡Mira eso!— exclamó emocionada, tomó al pelirrojo de un brazo, y lo llevó hasta el sitio admirado.
— ¡Acérquense! ¡Acérquense!... ¡Quien crea que es capaz de desafiar al campeón nacional de judo en un duelo, hágalo! ¡Y podrán ganar todos estos alimentos para celebrar año nuevo!— promocionaba con entusiasmo— "Esto será una gran excusa para atraer nuevos miembros al club de judo"— caviló sonriendo divertido el amigo de Akagi.
— ¿El viejo de judo?— masculló Hanamichi al ver quien desafiaba aquella competencia.
— ¿Eh? ¿Lo conoces?— preguntó curiosa la ojiverde.
— Sí... ese tonto es del club de judo de Shohoku— espetó de mala gana.
— ¿De Shohoku?
— Sí.
— ¡Acérquense! ¡Acérquense!— insistía Aota. Quienes lo rodeaban, le observaban temerosos, creían que deberían estar locos para desafiar a aquel joven tan imponente y experimentado en el arte de la lucha.
— ¡Oye viejo!— la ronca voz de Hanamichi llamó la atención de todos los presentes.
— Sa-Sa-Sakuragi— formuló con dificultad el luchador mientras sonreía esperanzado— ¿Vienes a luchar conmigo? ¿Entonces ya te convenciste de dejar el club de básquetbol?— interrogó mientras se abría paso entre los presentes para acercarse al pelirrojo.
— ¡¿Qué dijiste?!— gruñó el basquetbolista— ¡Yo nunca renunciaré al equipo de básquetbol!— exclamó — Nunca deja de molestar— espetó volteando para retirarse.
— Pero… Sakuragi— intentó vanamente insistir.
— ¡Sakuragi!— exclamó la castaña.
— ¿Mmh?— el basquetbolista volteó hacia la chica— ¿Qué sucede Sally?— masculló.
— Quiero ese ramen— pronunció la ojiverde observando el premio.
— Pero Sally— masculló. La chica comenzó a doblarse las mangas de su kimono.
— Sólo me tomará un momento— expresó la muchacha.
— ¡¿Qué?! ¡¿Acaso tú pretendes pelear?!— preguntaron al unisón Hanamichi y Aota.
— Pues claro que sí… ¿Qué esperabas? ¿Que te pidiera a ti que lo hicieras por mí?— pronunció burlesca.
— Yo…— susurró avergonzado mientras se tomaba la cabeza, la chica le había adivinado el pensamiento.
— ¡Oye!— Aota interrumpió el diálogo— Lo siento niña, pero este desafío es sólo para hombres— indicó. La joven frunció el ceño molesta.
— ¡Eres un machista!— reclamó la ojiverde a la vez que tomaba con sus manos los brazos de Aota, a quien encontró despistado— ¡Acaso no sabes quién soy!— protestó mientras se inclinaba sin soltar al muchacho— ¡Mi nombres Sally Bruce, y soy cinturón negro!— exclamó mientras lo elevaba con todas sus energías. Todos observaban asombrados la escena, incluido Sakuragi— ¡Y no permitiré que te quedes con mi ramen por creerme débil sólo por ser MUJER!— tumbó al capitán de judo en el suelo.
— Sa… ¡Sally!— Sakuragi le observaba perplejo.
— Si no estás convencido de lo que soy capaz, podemos continuar, capitán— desafió la muchacha mientras sacudía sus manos. Aota permanecía en el suelo inmóvil.
— ¿Cómo lo hiciste?— inquirió sin abandonar su asombro, el pelirrojo.
— Ya te lo había dicho, Sakuragi… Soy cinturón negro— contestó mientras le guiñaba un ojo amistosamente al muchacho de cabellos rojos. Poco a poco, el luchador comenzó a moverse— Vaya… parece que el capitán quiere darme mi premio ¿No es así?— preguntó burlesca la ojiverde.
— Sakuragi— siseó Aota— ¿Quién es esa chica?— interrogó jadeante mientras se reincorporaba.
— ¡¿Qué?!... Es mi compañera de salón ¿Por qué lo preguntas?— gruñó.
— Tienes que convencerla de entrar al club de judo— suplicó mientras se limpiaba el polvo que se había adherido a su rostro.
— ¿Qué? ¿Que me una al club de judo?— intervino la joven.
— ¡Eres perfecta! ¡Tú y Sakuragi podrían hacer historia por el club de judo! Este es mi último año en Shohoku, y ya no habrá quien me reemplace— explicó. Sally frunció el ceño suspicaz mientras analizaba la propuesta, Aota esperaba su respuesta ansioso, en pocos segundos la ojiverde le había demostrado poseer grandes habilidades para aquel deporte que tanto amaba, y que además deseaba dejar en buenas manos— Entonces ¿Dirás que sí?— preguntó sonriendo entusiasta.
— No— contestó secamente, la sonrisa del luchador se desmoronó instantáneamente— Sakuragi ¿Podrías cargar mi premio?— preguntó sin dejar de mirar al amigo de Akagi.
— Sí— masculló vacilante, Hanamichi, y entonces cogió la caja que contenía los alimentos.
— Vamos— sonrió al pelirrojo, este asintió y reiniciaron su camino.
— ¡Oye, niña!— exclamó Aota. Sally y Hanamichi voltearon con fastidio— Por favor, piénsalo— suplicó. La muchacha mirándole con indiferencia, dirigió su mirada a la caja.
— Sakuragi ¿Te gustan las galletas de limón?— preguntó tranquilamente.
— Eh… Pues yo…— formuló con dificultad el pelirrojo siendo prontamente interrumpido por la menor de las Bruce.
— Sólo me gustan si son de chocolate o frutilla. Limón jamás— gruñó mientras miraba amenazante al capitán de judo. Sally tomó las galletas de limón que había dentro de la caja y se las extendió a su acompañante— ¿Las quieres, Sakuragi?— ofreció. El muchacho sonrió embobado mientras extendía las manos para recibir ese valioso obsequio de la muchacha.
— Sally, no debiste molestarte…—pronunció embelesado. En un rápido movimiento, e ignorando la actitud de Hanamichi, Sally lanzó al aire el pequeño envoltorio con las galletas, y las pateó para clavárselas en el rostro al luchador. Este cayó tumbado al suelo nuevamente. El pelirrojo pestañeaba perplejo ante la escena. comenzó a reír divertido.
— Eso es para que dejes de fastidiar… ¡Tonto!— expresó la ojiverde. El pelirrojo comenzó a reír divertido.
— Que tonto— se burló Hanamichi. Sally volteó para retomar el camino, Sakuragi, le siguió.
Haruko vio como los ojos de Mitsui cedían lentamente a la gravedad. Simplemente no podía creerlo. ¿Acaso él correspondía sus sentimientos?
La ilusión de la castaña le hizo sentir un regocijo indescriptible que sólo pudo manifestar en el abultamiento de su pecho. Se sentía en el más bello de los sueños.
Durante años había estado enamorada de un chico que, ignoraba su existencia y sus sentimientos… Era indiferente. El reflejo frío en su mirada se lo decía.
Rukawa había sido su primer amor. Pero un amor de esos que jamás lograrían concretarse. Un amor por el que suspiraba, un amor con el que soñaba y que sólo aspiraría a ver y admirar.
Totalmente inalcanzable.
Pero ahora, alguien más invadía su corazón. Alguien que de manera casi imperceptible se lograba inmiscuir en su vida. En momentos impensados, aparecía dándole un nuevo matiz a su día. Y así, poco a poco, hizo que el recuerdo de aquel amor jamás correspondido, dejara de pesar, dejara de doler. Pero…
¿Esto estaba bien?
El haber estado enamorada durante años de un imposible, había acostumbrado a Haruko Akagi a reprimir sus sentimientos. Había incluso asumido como lo normal, que el amor debía atesorarse como una emoción irrevelable; y a ella, como un absurdo que le pudieran amar. Si Rukawa había sido indiferente ¿Por qué alguien más no debía serlo? Entonces, realmente…
— Esto no está bien— susurró divorciándose de los labios de Mitsui. Este abrió sus ojos extrañado.
— ¿Estás bien?— preguntó. La chica bajó la mirada confundida.
— Lo siento… no…— sin poder siquiera acabar su frase, huyó del lugar.
— ¡Oye!... ¡Regresa!— exclamó desconcertado. Al parecer había espantado a la chica— Demonios— gruñó molesto.
— ¡Mira! ¡Qué pulseras tan bonitas!— expresó emocionada la ojiverde mientras veía un puesto con pulseras de piedras de todos los colores.
— ¿Pulseras de la buena suerte?— masculló curioso Hanamichi al leer el cartel que anunciaba el principal atractivo de aquel puesto.
— ¡Sí, muchacho! ¡Estas hermosas pulseras están hechas de piedras que brindan buena fortuna para este nuevo año!— explicó con entusiasmo el hombre que vendía las pulseras.
— ¿Y para qué sirve esta?— preguntó la muchacha mientras le enseñaba una de las pulseras hecha de piedritas de un tono rosa traslucido.
— ¡Oh! Pues está hecha de cuarzo sandía, y eso significa que te brindaría mucha salud y unión familiar— indicó el hombre mientras colocaba la pulsera en la muñeca izquierda de la joven— Mira nada más… ¡Te queda perfecta con ese kimono rosa!— expresó el hombre.
— Sí, tiene razón— susurró la muchacha mientras observaba su muñeca. Si embargo, pronto posó su mirada sobre otra pulsera que llamó su atención— Que hermoso— masculló mientras contemplaba una pulsera, que tenía como único adorno, una piedra verde, tallada con forma de corazón.
— Ese es un collar de aventurina— expresó el hombre mientras la cogía— Le llaman la piedra de le eternidad, y te ayudará para que en este año, logres el equilibrio y encuentres el amor…
— ¿El amor?— preguntó Sally. Hanamichi abrió sus ojos como platos.
— Sí, muchacha… Y no cualquier amor, sino a tu alma gemela— Sally pestañeaba curiosa ante las palabras del hombre.
— ¡Entonces la llevaremos!— exclamó el pelirrojo.
— ¿Qué?— susurró extrañada, Sally.
— Llevaremos la sandía que combina con su kimono y dos corazones verdes— indicó el muchacho mientras le arrebataba el collar de aventurina al hombre, y sacaba del mostrador otra idéntica.
— ¿Dos?— cuestionó curiosa Sally.
— Claro, este hombre tan talentoso también se llevará una— rió escandalosamente— "Si Sally tiene una y yo otra, seguramente seremos nuestras almas gemelas"— sonrió emocionado en medio de sus suposiciones— "No cabe duda que soy un genio"— añadió a sus pensamientos.
— Bien muchacho, son treinta y cinco yenes— indicó el vendedor.
— ¿Qué? ¿Treinta y cinco yenes?— gruñó el pelirrojo— Pues toma, viejo— sacó unas monedas de su pantalón y se las entregó.
— Tres… ¿Tres yenes? ¡Oye muchacho, estas piedras mágicas no valen tan poco!— reclamó el hombre.
— ¿Qué?— susurró Hanamichi mientras su mirada se tornaba molesta y agresiva intimidando al vendedor— Ya sé viejo. Por eso te agradezco el descuento.
— ¡¿Descuento?!— no podía creer las palabras del pelirrojo.
— Sí, viejo… Adiós— se despidió retirándose con la joven que observaba feliz sus pulseras.
— "Pero si no le hice ningún descuento"— pensó aturdido el hombre.
El ambiente festivo invadía las dependencias de aquella preparatoria. Y es que como era tradición de cada año, el día treinta y uno de diciembre se organizaba un gran festival. Los distintos clubes le daban vida de distintas maneras. Grupos de baile y música animaban desde el escenario a los estudiantes; mientras que, aquellos que no podían exhibir su talento allí, ofrecían bebidas, alimentos y alguno que otro artículo como ventas, que les significarían ingresos a sus respectivos clubes. Este era el caso de los basquetbolistas de Los Ángeles School, quienes vendían jugos y hot-dogs.
Desde el escenario, se oía Another brick in the wall de Pink Floyd, los jóvenes estudiantes coreaban enérgicamente las frases de aquella canción, con ánimos de revelación y subversión contra sus profesores, que a diario les fastidiaban con sus clases.
Aquel ambiente, era también oído desde los edificios de aquella preparatoria. Megan Bruce, que junto a sus compañeras se alistaba para salir al escenario, también lo oía desde el salón en donde estaban.
— Estoy lista— anunció la chica de ojos celestes, mientras se veía al espejo de cuerpo entero que tenía en frente. Su cabello largo, lo llevaba peinado al medio, semi recogido, dejando caer rizos en cascada por su espalda, llevando en la parte final, unas momentáneas mechas azules que coloreaban sus cabellos. Un delineador negro, otorgaba mayor profundidad a sus ojos celestes, efecto que era realzado por sus onduladas y largas pestañas; mientras que, un sutil brillo rosa, daba también protagonismo a sus labios. Un corsé negro con tirantes, ocupaba la parte superior de su cuerpo; a la vez que, una falda con pliegues, con diseño escocés en colores negro y rojo, dejaba al descubierto, parte de sus piernas, que un poco más debajo de la rodilla, eran cubiertas por unas largas botas negras con tacón fino.
— ¡Que bien te vez, Megan!
— ¡Sí, muy bien!— expresaron sus compañeras.
— Gracias, nenas… De seguro ustedes también se verán muy bien en cuanto acaben— correspondió la joven. Pronto miró un reloj pegado a la pared— Falta una hora para nuestra presentación, y Bianca no a regresado para cambiarse— monologó Megan.
— Ya sabes como es ella, de seguro anda dando vueltas por ahí— espetó una de sus compañeras.
— Iré a verla… si no se da prisa, no podremos salir a tiempo— musitó Megan— Dense prisa, ya regreso— sugirió mientras tomaba su chaqueta negra, para salir del salón.
— Sakuragi, quiero agradecerte por todo, me la pasé muy bien— expresó la muchacha mientras se acercaban a casa de los Rukawa.
— Sally, no tienes que agradecer, lo hago con mucho gusto— pronunció el pelirrojo sonriendo embelesado—Sally— masculló, la joven le miró curiosa— Quisiera que no me llames por mi apellido, sino por mi nombre… Hanamichi— expresó.
— ¿Hanamichi?— cuestionó.
— Sí, así es— susurró sonriendo tímidamente.
— Esta bien, Hanamichi— rió divertida. Un silencio espontáneo los rodeó. El pelirrojo no sabía que decir. Su cita ya estaba acabando, bastante bien a su parecer. La joven había aceptado de buena manera sus regalos; Aceptó tomarse algunas fotografías con él, las que por su puesto guardaría como su tesoro más preciado; Y se habían reído bastante de Aota. Pero había algo que sentía que faltaba para hacer completa su feclicidad.
— "Creo que ya es el momento de decirle lo que siento"— caviló mientras sentía como sus mejillas se encendían, tragó saliva. Entonces se decidió a hablar— Sally… hay algo que… que quisiera… decirte— formuló con dificultad.
— Claro, dime qué pasa, Hanamichi— pronunció la muchacha sonriendo mientras se detenía frente al pelirrojo. Este no tardó en sentir como su corazón comenzaba a golpear con energía en su pecho.
— Verás, yo… quería decirte que…— la sirena de una ambulancia acercándose acabó con su diálogo.
— Hanamichi ¿Viste eso? Es una ambulancia y entró al pasaje donde vivo— expresó la muchacha algo preocupada.
— Sí, Sally… tienes razón— masculló extrañado, Sakuragi olvidándose de su declaración— Vamos a ver qué está pasando— sugirió, la chica asintió seriamente y corrieron rumbo a la residencia de los Rukawa. La sorpresa en Hanamichi y Sally no se hizo esperar al ver la ambulancia estacionada fuera de la vivienda.
— ¡Señora Rukawa!— exclamó pasmada, Sally.
— Hola Megan, que gusto me da verte— un muchacho de ojos grises se acercó a la chica.
— Ah… Hola Robert— saludó al reconocer al capitán del equipo de básquetbol.
— Por casualidad ¿No haz visto a Billie? Debía estar ayudando con la venta del puesto del club, pero no ha regresado— expresó el muchacho.
— ¿Newton? No… no he visto a ese idiota— espetó la muchacha— ¿Y tú haz visto a Bianca? La estoy buscando— preguntó.
— Pues no… no la he visto… Si quieres los podemos buscar juntos, así nos ayudamos— sugirió amablemente el chico de ojos grises.
— Esta bien— musitó Megan. Continuaron juntos su búsqueda.
— Por lo que veo, aún estás molesta con Billie. Supongo que debió molestarte que expulsaran a Rukawa por su causa— comentó el capitán. La muchacha le miró de soslayo.
— Sabes que jamás he soportado a Newton, Kaede no tiene nada que ver en esto— contestó.
— ¿Y cómo está él? Supongo que no debió ser fácil ser expulsado por tanto tiempo del equipo— expresó ahora mientras continuaban con la búsqueda.
— ¿Cómo crees que está? Han pasado muchos meses desde que no puede jugar, ese entrenador exageró con el castigo para Kaede ¿No crees?
— Lo sé. Por lo mismo perdimos el siguiente partido. Debíamos enfrentarnos con Sawakita y su equipo, y no pudimos hacer nada— susurró cabizbajo. La muchacha frunció el ceño y continuó en silencio su búsqueda. Odiaba darse cuenta, que Kaede era visto dentro de aquel equipo como un medio para acabar con la traba en el camino que significaba Sawakita, ignorando los sentimientos del muchacho, quien tanto amaba el básquetbol.
— ¡Mira! ¡Allí están Billie y Bianca!— expresó el capitán al distinguir a los jóvenes a la distancia— Que coincidencia, están juntos. Vamos por ellos— añadió el muchacho. Se acercaron raudamente a ellos, sin embargo, a medida que se aproximaban, su andar se hacía más lento— Creo que están discutiendo— susurró Robert. Megan les observaba perpleja. Continuaron acercándose.
— ¡¿Mi culpa?! ¡¿Acaso estás loca?!— reclamó el rubio a Bianca.
— ¡Claro que sí! ¡Me dejaste sola en todo esto! ¡Tú sólo te aseguraste que él no volviera a jugar en tu equipo y nada más!— exclamó la chica. Megan y Robert se detuvieron de súbito al escuchar la conversación de los jóvenes.
— Es lo que acordamos… Recuerda que era tu trabajo convencer a Megan que no debía acercarse al mocoso. Si son novios, es tu culpa— expresó Billie. La mayor de las Bruce, abrió sus ojos con asombro.
— ¡Oye idiota! ¡Recuerda que te ayudé a mentir para que expulsaran a Kaede del equipo! ¡Ahora es tu deber ayudarme a separarlos!... ¡Así era el trato!— manifestó molesta la chica de ojos grises.
— ¿El trato?— la voz de Megan llamó la atención de la pareja.
— Megan— susurró con asombro la muchacha.
— Tú eres cómplice con… ¿Newton?— preguntó con desconcierto.
— Megan, lo que escuchaste tiene su explicación— expresó la muchacha. Megan la contempló en silencio largo rato. Con absurda esperanza, deseaba desconocer en el rostro de aquella joven, el de su gran amiga. Avanzó lentamente hasta ella, y sin decir nada, precipitó la palma de su mano contra una de las mejillas de Bianca.
— No digas tonterías— gruñó— ¡Todo me quedó muy claro! No puedo creer que TU te hallas confabulado con este idiota…— expresó desairada ¡Por qué lo hiciste!— recriminó.
— Porque… ¡Ya sabes que estoy enamorada de Kaede!— contestó molesta la chica de cabellos rizados, no podía creer que Megan le preguntara el motivo de su actuar, siendo que lo había conversado tantas veces.
— Sabes… ¿Sabes lo que es ver a Kaede entrenando en el jardín después de haber dejado todo en Japón para venir hasta aquí? ¡Jamás pensaron en la frustración que le causaron!— su mirada comenzó a cristalizarse mientras fruncía el ceño.
— Megan— susurró Robert al ver a la joven.
— No puedo creer hallas podido decir que estabas enamorada de él… Si lo hubieras estado, habrías pensado en el daño que le estabas haciendo— expresó decepcionada.
— Megan, tienes que escucharme— suplicó Bianca.
— ¡Ya cállate!— exclamó furibunda, la chica de ojos celestes— Y dijiste que había traicionado nuestra amistad…No puedo creer que haya sido tan idiota— negó con su cabeza al darse cuenta del engaño de su amiga— Que razón tenía Kaede maldita sea— expresó clavando su mirada en Bianca— Pero ya no volverá a suceder ¿Y sabes por qué? Porque Kaede ¡Jamás se fijará en ti! Aunque él y yo no estuviéramos juntos… Entérate: Él te desprecia, no te quiere y no te querrá— los ojos grises de la muchacha comenzaron a acumular lágrimas por la humillación que sentía con las hirientes palabras de su amiga— No te lo había dicho porque no quería lastimarte, pero al parecer es necesario abrirte los ojos amiga— añadió— Ni tú ni Newton nos van a separar, y después de esto, él regresará al club de básquetbol de donde jamás debió ser expulsado, y tú Newton serás quien lo abandonará… Mediocre— habló con indiferencia al rubio.
— No digas tonterías Megan, el equipo me necesita. Jamás me expulsarían— expresó con presunción.
— No estés tan seguro, Billie— el capitán del equipo, que había escuchado en silencio, ahora intervino en la conversación.
— Robert— el rubio abrió sus ojos con asombro.
— Lo que hiciste no tiene perdón, informaré al entrenador de esto para que tome las medidas que mereces— dijo ahora el muchacho.
— Y tú olvídate de nuestra amistad… no quiero saber de ti— Megan salió a paso raudo del lugar.
El ambiente era sombrío. Los habitantes de aquella vivienda permanecían en silenciosa hostilidad, y es que después de noche buena, nada había vuelto a ser igual…
— No puedo creer que estés tan tranquila siendo que nuestro hijo está quizás donde por tu culpa— recriminó el señor Sendoh a su esposa que miraba por una gran ventana hacia la calle.
— ¡Ya deja de culparme! ¡Acaso crees que esto es fácil para mí! ¡Ya perdí a dos de mis hijas! ¡No quiero también perder a Akira!— expresó Nanami.
A cada minuto que pasaba, aquel matrimonio acrecentaba sus resentimientos. Durante años, Megan y Sally habían sido tema olvidado para los Sendoh. Pero ahora, con la aparición de la menor de las hijas de Nanami, y desencadenante partida de Akira, las Bruce habían significado el desvelo y discusión en casa.
— ¡Oye! Date prisa o llegaremos tarde— Eddie exclamó al pie de las escaleras de aquella vivienda. Rukawa no tardó en aparecer— Ya era hora… Si no estamos en la preparatoria para la presentación de Megan, sería capaz de matarnos— comentó divertido el pelirrojo.
— Aún es temprano— musitó Kaede, mientras bajaba las escaleras. Pronto caminó junto a Eddie hasta la puerta, estaban a punto de salir, sin embargo el llamado del teléfono en la sala, detuvo su camino.
— No puede ser— siseó el chico de Kanagawa. Si había algo que detestaba, era precisamente atender el teléfono.
— Oye Kaede… ¿No piensas contestar?— preguntó Eddie. El joven sólo bufó, y caminó hasta la sala.
— Diga— espetó con fastidio.
— ¿Kaede? ¿Kaede Rukawa, eres tú?— una voz desconocida para él le habló.
— Sí, soy yo ¿Quién eres?— respondió con fastidio el ex Shohoku.
— Soy Sally Bruce, estoy llamando desde el hospital, no quiero asustarte, pero…— los ojos del muchacho se abrieron en su máxima extensión a la vez que su mirada palidecía, no podía creer lo que estaba escuchando en palabras de aquella muchacha.
— "Mamá"— pensó paralizado.
— ¿Rukawa, estás ahí? ¿Me escuchas?— la joven esperaba alguna respuesta tras el teléfono, pero sólo escuchaba silencio. Después de unos instantes, Rukawa corrió por las escaleras hasta su habitación, al cabo de pocos minutos regresó, saliendo corriendo de la vivienda.
— Oye ¿A dónde vas?— preguntó el pelirrojo al ver a su amigo salir sin explicación alguna. Extrañado por la actitud de Kaede, caminó hasta la sala para encontrar lo cogió.
— ¡Rukawa di algo!— la ojiverde seguía insistiendo al otro lado del teléfono.
— Sa Sa Sa ¡Sally!— tartamudeó con asombro el pelirrojo al reconocer la voz de la muchacha.
— ¿Eddie? ¿Qué haces en mi casa?— cuestionó contrariada la menor de las Bruce.
— Buenoesa es una historia un poco larga, pero si quieres con gusto te la cuento…— contestó sonriendo atontado.
— Eso no tiene importancia… ¿Dónde está Rukawa? Necesito hablar con él— expresó la ojiverde.
— ¿Kaede? Pues salió corriendo ¿Sabes por qué lo hizo?— preguntó volviéndose serio.
— Es que su madre… ha sufrido un infarto y está mal… Muy mal, Eddie— explicó con angustia, Sally.
— No puede ser— susurró el pelirrojo.
— ¡Por favor, búscalo!— suplicó. El muchacho sólo asintió y colgó el teléfono. Tras lo cual, salió de la vivienda. Una vez fuera, se detuvo de súbito.
— "¿A dónde habrá ido?"— se preguntó mirando a todos lados, entonces lo recordó— "Llevaba un pasaporte en sus manos"— abrió sus ojos con asombro— Eso quiere decir que… va al aeropuerto— monologó. Miró su entorno, debía encontrar algo que le ayudara a alcanzarlo, no encontraba ningún taxi que lo aproximara hasta el aeropuerto, entonces vio pasar a un pequeño niño junto a su skate— "Ya lo tengo"— pensó triunfante— ¡Oye niño, préstamelo! Te lo regresaré en cuanto regrese— expresó mientras le arrebataba el skate. El infante se largó a llorar desolado ante el arrebato de su más reciente y codiciado regalo de navidad— ¡No te preocupes, te lo regresaré pronto!— intentó consolar a la distancia Eddie mientras se alejaba sobre el skate.
— ¡Oye Megan! ¡Adónde vas!— una de sus compañeras prorrumpió al ver que su amiga corría hacia la salida de la preparatoria.
— ¡Vuelvo enseguida!— exclamó sin interrumpir su andar.
La muchacha se apresuró en acercarse hasta casa. Faltaba un poco menos de una hora para que Kaede llegara a la preparatoria, a pesar de ello, no quiso esperar para contarle lo que había descubierto.
Necesitaba decirle que se arrepentía por haber hecho oídos sordos ante sus palabras. Él estaba en lo cierto, había querido quitarle de los ojos, la venda que le había prohibido ver las verdaderas intensiones de Bianca. Necesitaba pedirle perdón…
Una vez en casa, abrió la puerta tan rápido como pudo e ingresó.
— ¡Kaede! ¡Kaede!— llamó a su novio mientras lo buscaba con la mirada. El eco de su voz en medio del silencio, llamó su atención — ¿Kaede?— susurró acercándose a las escaleras, subió rápidamente hasta la segunda planta, pero no halló respuesta.
Entró a la habitación del muchacho, el caótico revoltijo de sus ropas sobre la cama y el cajón de la mesita de cama abierto, parecieron desconcertarle— "¿Qué pasó aquí?"— se preguntó.
Salió de la habitación y caminó a paso de anciano hacia la planta baja, el silencio de la morada era alterado tan sólo por el chocar de sus tacones contra el piso. Quizás ya se había ido junto a Eddie un poco antes hasta la preparatoria, y no los había visto.
Miró su entorno, y pudo notar que en la sala todo seguía igual como cuando había salido por la tarde. Suspiró desalentada dejándose caer en el sofá para recuperar el aliento. El repentino sonido del teléfono le sacó de su escueto descanso, algo distraída, tomó la llamada.
— Diga— pronunció.
— ¡Megan… que bueno que te encuentro!— la voz de su hermana logró despertar su alegría.
— ¡Sally… que gusto escucharte hermanita! Supongo que me hablas para desearme un feliz año, pero creo que ya olvidaste la hora aquí, aún faltan más de cinco horas para medianoche— bromeó divertida mientras sonreía. No había porqué preocuparse, ya alcanzaría al chiquillo.
— No hermana, te equivocas… Es sobre Rukawa— habló entristecida la ojiverde.
— ¿De qué hablas?— preguntó mientras su voz se tornaba grave al notar el tono de su hermana. Entonces Sally comenzó a relatar lo sucedido con la madre del muchacho. Y la repentina decisión de este, de partir a Japón.
— Gracias por decírmelo— en medio de su distracción, fue lo único que logró formular la pelinegra con su voz oscurecida, completamente desconcertada colgó el teléfono en medio de sus pensamientos. Y salió corriendo de la vivienda.
A veces, hay un momento en que debemos decir adiós
Aunque me duele, debo aprender a hacerlo…
"La señora Rukawa sufrió un infarto, y se está muy grave, Megan. El señor Rukawa y yo creemos que quizás, ver a su hijo le hará bien. Porque… Tememos lo peor…"
La voz sollozante de su hermana no dejaba de resonar en su mente mientras corría rumbo al aeropuerto.
Sé que tengo que dejarte ir…
"Antes de hablar con él, llamé a papá. Porque sin su autorización, Rukawa no puede salir del país. Por suerte él me explicó que justamente él iba de regreso a Los Ángeles para pasar la noche en casa, quería ir a verte cantar como sorpresa. Pero entonces dijo que esperaría a Rukawa en el aeropuerto mientras gestionaba su permiso".
Kaede se iría. El desconcierto de la joven se relataba en su mirada perturbada. Corrió distraída por las calles de la ciudad, que en medio del ambiente festivo de la gran celebración de fin de año, ignoraba su pesar. Los tacones que traía le hicieron tropezar. En medio de un alarido se vio tendida en el asfalto urbano. Abrió sus ojos con dolor, y se puso lentamente de pie, viendo como las rodillas y las palmas de sus manos se habían lastimado… ¡Como ardían! Se quitó las botas con tacón que había provocado su caída, y continuó su camino, procurando ignorar el dolor físico de sus magulladuras.
Pero sé que donde quiera que vayas
Nunca estarás lejos
Porque como la luz de una estrella brillante
Seguirás brillando en mi vida,
Vas a estar bien…
A medida que se aproximaba, el dolor en sus rodillas se hacía menos eludible. Así su andar se hizo más dificultoso. En medio de hirientes pasos, llegó hasta el aeropuerto.
Miró en todas direcciones. Al tratarse de una día festivo, en que una cantidad no despreciable de personas, preferían salir y entrar de aquella ciudad, no podía identificar al muchacho.
Aquí en mi corazón, ahí es donde estarás
Estarás conmigo, aquí en mi corazón
Una distancia, no nos puede separar
Mientras estés aquí en mi corazón
— Pasajeros con rumbo a Japón, último llamado del vuelo setenta y dos— el anuncio por altavoz hizo alterar a la muchacha, quien caminó por el aeropuerto con urgencia, si no se daba prisa, no lo alcanzaría. Deseaba poder abrazarlo y besarlo una vez más, y decirle cuanto lo quería, no podía dejarle partir de aquel modo.
— Papá— susurró mientras sus ojos se abrían con desmesura— ¡Papá!— exclamó y corrió hacia al hombre, éste al reconocer la voz de su hija, salió a su encuentro.
— ¡Hija, que gusto me da verte!— expresó mientras abrazaba a la muchacha.
— A mí también— correspondió. Pronto miró su entorno, y pudo notar que un cabizbajo pelirrojo acompañaba a su padre— ¿Y Kaede? ¿Dónde está Kaede?— preguntó alterada al no encontrar a su novio.
— Allí está— expresó su padre señalando al ascensor de cristal, por el cual subía el joven basquetbolista.
— Kaede— susurró la muchacha al verlo— ¡Kaede!— exclamó mientras se acercaba vanamente hasta el ascensor, el muchacho al reconocerle corriendo en medio de la muchedumbre, abrió sus ojos con asombro. La contempló en silencio unos instantes, pudo notar la angustia que reflejaban sus ojos, al parecer ella ya lo sabía todo.
— "Regresaré pronto"— pensó mientras sonreía imperceptiblemente. Aquel pensamiento pareció ser leído por la muchacha.
— Te estaré esperando— susurró sonriendo de medio lado, él correspondió con gentileza el gesto. Tras lo cual ocultó el letargo de su mirada bajo su caótica cabellera.
Sé que volverás
Y hasta entonces
Mi amor estará esperando…
Pronto la silueta del ojiazul se perdió en el elevador. Megan seguía vanamente con su mirada aquel ascensor. Después de unos minutos, una mano se posó en su hombro, la chica volteó y se encontró con la cálida sonrisa de su padre.
— Ya se ha ido— pronunció sereno— Debemos irnos— la muchacha asintió y bajó la mirada, para ocultar así la pesadumbre que sus orbes celestes reflejaban. Eddie por su parte, dedicó una mirada piadosa a la muchacha, creía entender cómo se sentía. El saber que la madre de su novio estaba pasando por un momento tan crítico, y no poder al menos haberle brindado algunas palabras de apoyo, debía ser nefasto para Megan.
La joven caminó en silencio junto a su padre y Eddie hasta la salida del aeropuerto. El sol de invierno ya había caído, en medio del firmamento oscurecido, pudo ver aquel avión elevándose rumbo al país nipón, se detuvo mientras sentía el rugido del motor de la nave, disminuir su estruendo a medida que se alejaba.
— "Te amo"— pensó mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla.
MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO :)
N/A: Las intervenciones musicales a lo largo de éste capítulo, no pretenden hacer un intento de songfic, es sólo una manera de darle un poco de ambientalización a las situaciones :). De todos modos, no está demás decir que tanto "Plenty of grit", "Thirty"y "Tengoku no Kioku" de Megumi Hayashibara, como también "Here in my heart" de Scorpions, no me pertenecen, sino a los artistas ya mencionados =).
Reviews:
Guest: Hi C: I don't speak english much, but if someone want translate my fanfic, i have no problem. Sorry I can not translate it myself :/. Thanks for read this fanfic. Sorry my bad english... Regards! : )
Hipolita: Holaa! Que gusto me da volver a verte por mi fic :D. Que bueno que hayas podido retomar las lecturas :). Sendoh y Hana, al tener que vivir juntos, no pueden evitar cruzar palabras xD, Akira es bien bonachón y agradable, creo que quiere llevar la fiesta en paz xD, y Hanamichi, aunque sea medio gruñón, al estar interesado en la hermana de Sendoh, tiene un GRAN tema de conversación con él xD. Megan en su momento llegó y habló, por suerte tuvo pronta solución. Sobre Goro y Juro, sabes que no lo recordaba, pero haciendo memoria, creo que fue en el manga donde aparecían los gemelos, pero no recuerdo si eran en Sannou o Toyotama, lo averiguaré ;). Haruko, en realidad yo la veo algo tímida por lo que traté de explicar precisamente en éste capítulo, su único amor había sido hasta el momento Rukawa, desde la secundaria estuvo enamorada de él, y él era indiferente con ella, y seguramente así se acostumbró a creer que todos los chicos la ignorarían, y por eso es tan insegura con Mitsui, ya veremos qué pasa con ellos... Sobre lo de la mano xD jajajaja cómo me reí! xD Pero bueno, para la próxima vez, me aseguraré de colocar un disclaimer que asegure que Las situaciones y circunstancias relatadas en este fic, no tienen ninguna relación con la realidad, y las semejanzas, son pura coincidencia xDD. Por último, me alegra ver que te haya gustado como quedó el lemon :). Saludos y muchísimas gracias por leer y comentar :D
