Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.


Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica

Capítulo #27: De regreso


Caminó a paso raudo por el aeropuerto. Su único deseo en aquel momento, era salir de aquel lugar y encontrarse con su madre.

Desde que había salido de casa de los Bruce, no había vuelto a tener noticias sobre la salud de la mujer, situación que lo mantenía en permanente inquietud, la cual incluso, no le había permitido cerrar los ojos en todo el viaje de regreso a Japón.

Pronto estuvo fuera del aeropuerto, buscó un taxi para hacer más expedita su llegada al hospital de Kanagawa, donde Sally le había informado que estaba su madre.

Con su mirada perdida en el cristal del vehículo, reprimía sus deseos de mover sus pies inquietos. Cada pausa y cada marcha más lenta le impacientaban de forma creciente. Pero nada podía hacer, sólo le quedaba esperar.

El conductor, miró al muchacho a través del retrovisor, y como era costumbre, quiso conversar con su pasajero.

— ¿Visita a su familia en Japón?— preguntó amablemente. Kaede fijó con molestia su mirada en el espejo, contempló por el reflejo algunos instantes al chofer. Pronto la regresó a la ventana.

— No moleste— espetó. El hombre le miró perplejo, no entendía la actitud del muchacho ¿Acaso él había dicho algo malo? A su parecer no. Entonces sólo encogió los hombros y volvió a concentrar su atención en el camino. Suspiró aburrido, si había algo que detestaba, era el silencio, pero al parecer su joven cliente, no tenía ganas de hablar. Prendió la radio del taxi, y "Lambada" de Kaoma comenzó a sonar. Lo opuesto de la melodía con respecto a la emoción dominante en el muchacho, terminaron por alterarlo más. Intentó ignorar la música, encontrándose a sí de vuelta con sus preocupaciones más importantesen aquel momento, pero la pegajosa melodía, seguía ahí.

— ¡¿Podría apagar eso?!— expresó fuera de sí.

— ¿Qué pasa muchacho? ¿Acaso no te gusta esa canción? Pero si es perfecta para una de esas fiestas que a ustedes los jóvenes les gustan tanto— manifestó risueño.

— Que torpe— musitó. El hombre sólo sonrió y continuó conduciendo. Rukawa le observó extrañado.

"Idiota"— pensó al notar que el hombre no tenía planes de cumplir su petición. Kaede bajó la mirada pensativo, su mente nuevamente viajaba hasta su madre, y es que no podía entender porqué ella sufriría un infarto. Jamás manifestó molestias de ese tipo, le resultaba absurdo, ella siempre había sido una mujer sana. Frágil, pero sana…

— Bueno muchacho, hemos llegado— la voz del conductor sacó de sus cavilaciones al ex Shohoku. Por inercia giró su mirada hacia la ventana y pudo ver el gran edificio ante él. Su corazón pareció encenderse ante la imagen de aquel hospital, allí estaría su madre, al fin la vería y tendría noticias, deseando que fueran alentadoras. Sacó del bolsillo de su pantalón algunos billetes y se los entregó al hombre

— Gracias, y feliz año— se despidió el conductor, Kaede bajó del taxi, y caminó a paso rápido hacia la entrada del hospital.

Al entrar, miró en todas direcciones, enfermeras, doctores, camillas, pacientes en silla de ruedas daban vida a la primera planta del edificio. Caminó sin rumbo en búsqueda de la recepción. Jamás había estado en un hospital, sólo aquel día que había garantizado su pase al campeonato nacional con Shohoku, y había ido junto al resto de sus compañeros, a visitar al profesor Anzai para darle la noticia. Pero siendo honesto, no había prestado atención a la recepción. Sin embargo, no tardó en encontrarla, por lo cual se apresuró en preguntar por su madre.

— Sí, la señora Rukawa ha estado en la habitación treinta y cinco en el cuarto piso…— contestó la mujer, pausando su respuesta al notar que el muchacho corría hacia el lugar indicado— ¡Espere! ¡Aguarde un momento!— exclamó la mujer, sin obtener resultados.

Rukawa corrió por las escaleras hasta el cuarto piso, una vez allí caminó rápidamente recorriendo los números de las habitaciones, para su alivio, no tardó en hallar la habitación treinta y cinco, en cuanto estuvo frente a ella, abrió con premura la puerta. Sus ojos se abrieron con asombro al notar que la habitación yacía en completo deshabito.


— ¡Akira!— una voz rápidamente reconocida para la estrella de Ryonan le llamó a la distancia, el joven detuvo su andar y volteó curioso.

— Hola, Kazumi que gusto me da verte— sonrió amable mientras le enseñaba una palma, la chica corrió hasta Sendoh.

— Te vi y quise saludarte para desearte un feliz año, Akira— expresó amablemente la chica de ojos dorados.

— Oh, es cierto… También espero que tengas un muy feliz año— correspondió sonriendo con dulzura a la prima de Fujima.

— Por cierto estoy muy molesta contigo, Akira— musitó la chica cruzándose de brazos.

— ¿Eh? ¿Y eso por qué?— preguntó extrañado.

— ¿Cómo que por qué? Akira, dijiste que me llamarías y nunca lo hiciste— reclamó. El muchacho abrió sus ojos con asombro.

— Kazumi, lo siento… pero he estado un poco ocupado, y la verdad es que no he tenido tiempo— contestó poniendo una mano en su nuca. La chica sonrió divertida.

— Lo supuse— susurró con falso enojo.

— Pero prometo que…

— Que nos tomaremos un café ahora— interrumpió la joven. Sendoh le observó en silencio mientras pestañeaba irresoluto.

— ¿Ahora?— la joven asintió— Lo siento Kazumi, pero ahora tengo que visitar a mi hermana, está pasando por un momento muy triste y yo…

— ¡¿Hermana?!— preguntó con asombro— Pero si tú eres hijo único, no me digas que tus padres te dieron una hermanita— inquirió afirmativamente.

— Es una historia larga, ya te la contaré, pero por ahora, tengo que ir a visitarla— expresó el joven.

— ¿Visitarla? ¿Acaso no viven juntos?— la joven cada vez entendía menos.

— Por eso te digo que es algo difícil de explicar, ya te lo contaré todo— indicó ahora el muchacho.

— Esta bien— susurró la joven— Nos vemos— se despidió sonriendo amablemente, el joven correspondió el gesto.

— Adiós— pronunció y continuó a paso apresurado su camino.


Caminaba con molestia por las calles de Kanagawa, y es que no podía entender cómo le habían podido mentir de esa manera ¿Qué tipo de broma era esa? Llamarle estando al otro lado del mundo, decirle que su madre había sufrido un infarto y que se encontraba internada en un hospital ¿Acaso estaban locos? Ella es su madre, y aunque quizás no lo demostrara con palabras de afecto, la amaba, y se preocuparía si algo malo llegara a pasarle. No era necesario ese tipo de bromas. En medio de sus irascibles reflexiones, llegó hasta la casa de sus padres. Desde el jardín pudo notar que todo estaba muy silencioso.

"Y ahora qué están planeando. Ni crean que los perdonaré"— pensó mientras se aproximaba hasta la puerta. Dada la aparente soledad de la casa, supuso que estarían planeando una fiesta sorpresa para su regreso, no pudo evitar reprocharles mentalmente el modo tan poco acertado de hacerle llegar a Japón. Y ahora que lo pensaba ¿Acaso Megan y el estúpido de Eddie serían cómplices de todo esto? Queriendo responder a todos sus cuestionamientos, entró a la vivienda, se quitó los zapatos y caminó hacia la sala principal. La molestia en su rostro era evidente, pero este pareció acrecentarse al oír algunos murmullos provenientes de la sala. Caminó a paso firme hasta el lugar. Se detuvo súbitamente en la puerta que desembocaba en la sala, mientras que su mirada fría mutaba tornándose pálida producto de la estupefacción que experimentaba en aquel momento. Las personas ahí presentes voltearon en dirección al recién llegado, no tardó en reconocer las serias miradas de Sakuragi y Sendoh, sus más acérrimos rivales; una piadosa mirada ojiverde, en la que reconoció a la hermana menor de Megan; algunos conocidos de su madre a los que ignoró y por último, la imagen cansada y desolada de su padre, que permanecía recargado sobre el ataúd que descansaba tristemente en el lugar. Los ojos del muchacho comenzaron a vibrar angustiados, no lograba procesar lo que veía. Caminó a paso temeroso hasta la caja fúnebre, su cercana presencia hizo voltear a su padre, quien recién pudo notar su presencia.

— Hijo— pronunció con dificultad en medio de sollozos que quería reprimir frente al muchacho. Kaede continuó su camino, la vitalidad de su corazón parecía disminuir a medida que sus ojos se aproximaban al cristal del ataúd. Su andar se detuvo de forma repentina, al reconocer el pálido y apagado rostro de su madre bajo las flores que decoraban aquel ataúd.

— Hijo— repitió el hombre mientras se acercaba a su hijo, este permanecía paralizado con su mirada clavada en el rostro de su madre. Eso no podía ser cierto. Ella no. ¡Mamá no! Al sentir una mano de su padre posándose en su hombro, salió a paso rápido del lugar hacia la puerta principal.

— ¡Kaede, espera!— su padre quiso ir tras él, pero el pelirrojo, utilizando uno de sus brazos como barrera, le impidió el paso.

— Déjelo… quiere estar solo— pronunció serio mientras le veía a través de la ventana correr sin rumbo.


El entrenamiento en Shohoku había llegado a su fin, los jóvenes comenzaban a marcharse, aquella chica que esperaba nerviosa junto a la puerta del gimnasio, pronto pudo ver por quien aguardaba.

— "Mitsui"pensó mientras abría sus ojos con asombro. Se apresuró en salir tras él para alcanzarlo — ¡Mitsui!— llamó. El joven de la cicatriz volteó la mirada en dirección de quien le hablaba, no pudiendo evitar su sorpresa al reconocer a Haruko— Mitsui— repitió la joven ya frente a él— Necesito hablar contigo— expresó vacilante. El muchacho frunció levemente el ceño.

— ¿Sobre qué quieres hablar?— preguntó serio.

— Es… sobre lo de ayer— confesó tímidamente mientras sentía el rubor invadir sus mejillas. El número catorce alzó una ceja con molestia.

— No te preocupes, ya lo olvidé— expresó con indiferencia, mientras se preparaba para retomar su camino.

"Mitsui"— pensó con asombro la muchacha a la vez que sus ojos se abrían desmesuradamente. No era lo que ella esperaba como respuesta.

— Adiós se despidió secamente reanudando su camino.

— ¡Espera!— le detuvo repentinamente mientras lo sostenía de uno de sus brazos. Mitsui le miró sorprendido, pero más asombrada se encontraba ella por haberse atrevido a tocarlo. Rápidamente alejó sus manos del brazo del chico— Lo siento— susurró mirando al suelo apenada.

En aquel momento, la imponente figura del pelirrojo pasaba por su lado en dirección al gimnasio. Tanto Haruko como Mitsui le contemplaron curiosos.

— ¡Oye Hanamichi! Por qué vienes llegando a estas horas al entrenamiento si ya terminó ¡Sabes que en menos de una semana será nuestro primer partido por el campeonato de invierno! ¡Eres un irresponsable!— recriminó el capitán del equipo al encontrarse con el aludido.

— ¡No me molestes, Ryota! ¡Si vengo a entrenar a esta hora es porque tengo una razón muy importante!— contestó irritado, Sakuragi.

— Sí, claro— musitó el moreno cruzándose de brazos con perspicacia— Entonces quiero escuchar esa razón tan importante— añadió con suspicacia. Los miembros del equipo se reunieron curiosos entorno a Miyagi y Hanamichi a escuchar la conversación de los muchachos.

— Bueno, es que Sally está muy triste y he querido consolarla— confesó mientras tomaba su cabeza avergonzado. La vena en la sien del chico del pendiente, pareció pronunciarse ante la explicación de su amigo, frente a la cual no halló mejor remedio que darle una patada— ¡Ah, pero por qué hiciste eso!— reclamó el pelirrojo.

— ¡Eso es obvio, Hanamichi! ¡Tu excusa no es razonable para faltar al entrenamiento, tonto! Ahora puedo entender perfectamente porqué el señor Akagi siempre te golpeaba— manifestó sin mutar su molestia.

— ¡Ah! ¡Es que tu no me dejas hablar!— refutó Hanamichi.

— ¡Entonces hazlo, tonto!— exclamó de vuelta, Miyagi. Ahora la expresión de Hanamichi se tornó automáticamente seria, lo cual causó la extrañeza de todos los presentes.

— Se trata de Rukawa— expresó con su voz notablemente grave.

— ¿Rukawa? ¿A pasado algo malo con él?— Yasuda se acercó de prisa al número diez. Este permaneció en silencio.

— ¡Vamos, habla rápido Hanamichi Sakuragi!— la inquieta voz de Ayako fue la siguiente en hablar.

— No, al zorro no le pasó nada— expresó con indiferencia.

— Vaya susto que nos diste, Sakuragi. Creí que algo había pasado con Rukawa— manifestó con alivio, Yasuda.

— Tienes razón. Pero a este niño le gusta preocuparnos, nunca cambiará— opinó Ayako posando sus manos en su cintura.

— Pero aún no nos has dicho cuál es exactamente el problema— Mitsui que aún se encontraba junto a Haruko, habló ahora al pelirrojo.

— Es cierto, Mitsui tiene razón. Hanamichi dinos ahora mismo qué sucede— exigió Ryota a su amigo.

— Durante la madrugada, la madre del zorro… murió— la expresión de asombro entre todos los presentes no se hizo esperar. Y es que nadie podía dar crédito a las palabras de Hanamichi.


Afuera nevaba. Aquella joven observaba los copos de nieve caer a través de la ventana de su habitación. Sin embargo, parecía ignorarlo. Sus pensamientos estaban con aquel muchacho, quien de manera tan repentina había tenido que partir de regreso a Japón. La desesperación de no tener noticias sobre Kaede y la impotencia de no poder apoyarlo, la mantenían prisionera de una desolada frustración.

Lo único que podía hacer por ahora, era esperar. Sally había prometido informarle en cuando Kaede hubiera llegado a casa, y también cómo evolucionaba su madre. Pero a pesar de que ya había pasado la mañana del día siguiente a la partida de Rukawa, aún no recibía ninguna llamada.

En medio de sus cavilaciones, pudo sentir como alguien llamaba a la puerta de su habitación, volteó algo desorientada hacia el lugar.

— Hija ¿Puedo pasar?— no tardó en reconocer la voz de su padre.

— Sí, claro— respondió de prisa sin moverse de su posición. Entonces el hombre apareció tras el umbral.

— Hace un rato han venido tus amigas de la banda, estaban preocupadas porque anoche no llegaste al festival de año nuevo, y…— la joven interrumpió el relato de su padre.

— No te preocupes, lo solucionaré— musitó sin apartar su mirada de la ventana. El hombre le observó unos instantes.

— No bajaste a desayunar y son más de las dos de la tarde ¿Acabas de despertar?— preguntó amablemente mientras se acercaba.

— No he dormido— contestó escuetamente sin mutar su expresión fría. El señor Bruce la contempló reflexivamente largo rato. Había dejado muy abandonada a su hija, lo sabía. Era muy probable que estuviera molesta con él. Por el ornamento tan entusiasta de la vivienda, se notaba que estaba muy entusiasmada con Noche Buena. Entonces debió decepcionarse notablemente cuando él mismo le anunció que no pasaría aquella noche en casa. Entendía su enojo. Pero no debía ser tan dura con él, si al fin y al cabo sólo era por su trabajo.

El estrepitoso sonido del teléfono junto a la cama de Megan sonando, sacó de sus reflexiones tanto al padre como a la hija. El hombre se apresuró en atender la llamada, seguido por su hija, quien esperaba tener prontas noticias de Kaede.

Papá, que bueno que eres tú— la jadeante voz de Sally fue rápidamente reconocible para el hombre.

— ¡Sally, hija!— Megan al escuchar que se trataba de su hermana, abrió sus ojos con asombro, al fin tendría noticias— Dime ¿Qué sucede? Te oigo angustiada— expresó el hombre. Entonces la muchacha relató el triste desenlace del padecimiento de la señora Rukawa. El señor Bruce, abrió los ojos con asombro, no esperaba que hubiera sido algo tan grave y tan rápido.

— ¿Y Kaede ha llegado a su casa?— preguntó con preocupación que no pasó inadvertida por Megan.

Sí, él llegó hace como dos horas. Pero no está aquí. Creo que no pudo soportar ver a su madre… así— el llanto de la ojiverde continuó tras decir aquellas palabras.

— Hija, quisiera poder estar contigo en estos momentos, pero bien sabes que es imposible— confesó desalentado el señor Bruce— Sé cómo te sientes, pero quiero que estés tranquila— añadió— Y te agradezco que te hayas comunicado con nosotros.

Sí, intentaré calmarme, te lo prometo. Y estaré comunicándome con ustedes. Adiós papá— se despidió reprimiendo sus sollozos.

— Adiós, hija. Cuídate— el padre cortó la llamada, la impaciente mirada de Megan le aguardaba.

— ¿Y? ¡Dime papá! ¿Qué te ha dicho Sally?— de la indiferencia de hace un momento no quedaba nada, lo cual sorprendió al hombre.

— Bueno, por una parte Kaede ya llegó a su casa— respondió inicialmente— Pero lamentablemente su madre no lo soportó, ella murió— añadió de manera piadosa, lamentaba que aquel muchacho estuviera pasando por una situación tan dolorosa.

— ¿Qué dijiste? ¿Ha muerto la madre de Kaede?— preguntó con dificultad.

— Y lo más lamentable, es que Kaede no alcanzó a verla con vida. Cuando llegó a su casa, todo había pasado, al ver a su madre ya sin vida, huyó sin rumbo. Al parecer no soportó verla así— narró. Pronto notó como su hija, en completo estado de parálisis se sentaba sobre su cama.

— Kaede— susurró casi inaudiblemente, mientras que sus orbes celestes vibraban melancólicamente— "Debes estar muy triste"— pensó mientras se aferraba al cobertor de su cama. Su padre le observó extrañado, al parecer Megan estaba muy preocupada por aquel joven. Ahora entendía su frialdad inicial en aquella mañana. Ella no estaba molesta con él, estaba preocupada por Kaede… Muy preocupada por Kaede. Sonrió serenamente y se acercó sentándose junto a su hija.

— Veo que estás muy preocupada por ese muchacho— expresó tranquilamente, tras lo cual colocó una de sus manos en uno de los hombros de la chica— ¿Hay algo que quieras contarme, hija?— la muchacha alzó su mirada acongojada, encontrándose con la amigable sonrisa de su padre— Vamos, puedes hacerlo con toda confianza— añadió el señor Bruce, sin dejar nunca de sonreír. La mirada de Megan, ahora retomó su firmeza, y sonrió de medio lado.

— Sí, hay algo que quiero contarte, papá.


Al día siguiente, cualquier vestigio de celebración había desaparecido. En los Ángeles School, las clases debían ser retomadas para continuar con normalidad hasta el fin del año académico. Pero para aquel chico de cabellos rubios, era aún algo más fastidioso.

El estar escuchando desde el fondo del salón la poco llamativa clase de geografía, ya era molesto, pero el momento que debería enfrentar más tarde en el entrenamiento, era lo que más le irritaba.

La repentina llegada de Megan y Robert al lugar donde discutían él y Bianca durante la noche del festival, era algo que no estaba dentro de sus planes. No podía evitar sentirse humillado ante las recriminadoras palabras que lanzaría el entrenador durante el entrenamiento. Y le resultaba aún más indignante, que el sermón fuera en frente de todos los miembros del club, por sobre los cuales, siempre había buscado destacar.

La sanción a la cual debería obedecer no era algo que le preocupara en demasía. Se sentía lo suficientemente necesario para el equipo, como para que el entrenador se diera el lujo de restarle participación en los partidos venideros. Pero lo que sí permanecía firmemente en su mente, era el sentimiento de humillación por ver que Rukawa se salía con la suya, ya no solamente por ser novio de Megan, sino que además, regresaría limpio de cualquier recriminación al club de básquetbol.

— Oye— la voz molesta de Bianca, sacó de sus cavilaciones al rubio— El maestro te está hablando, será mejor que despiertes— añadió al notar que el joven ya le prestaba atención. Ahora el muchacho dirigió su mirada al profesor.

— Señor Newton, será mejor que preste más atención a mi clase o sino tendrá serios problemas en el periodo de exámenes— expresó en sutil tono amenazador, el cual no pasó inadvertido para el muchacho.

"Que fastidio"— pensó sin intención de prestar mayor atención a las amenazas del hombre— ¿Eso es lo que quería decirme?— preguntó.

— Dada su desconcentración me vi en la obligación de hacerle el comentario, Newton. Pero no, es otro el motivo porque pedí su atención— expresó.

— ¿Y qué es?— inquirió cansado. No le fue difícil deducir que con alguna pregunta simple de sus últimas explicaciones, pretendía dejarlo en ridículo frente a todos, por no estar prestándole atención.

— El señor Henry Holmes quiere verte ahora, quiere que te presentes en su oficina— comunicó. Los ojos azules del muchacho se abrieron con asombro. No esperaba que el entrenador quisiera hablar con él tan pronto, y además… A solas.

— ¿Ahora mismo?— cuestionó con reprimido asombro.

— Así es— musitó el hombre. El rubio permaneció en su asiento especulando sobre qué querría hablar el entrenador con él ¿Acaso ese bocón de Robert ya le había ido con el cuento? ¿Estaba tan molesto que debía hablar con él a solas? Sus cavilaciones hicieron que gotas de sudor comenzaran a drenar por su rostro.

— ¿Qué pasa, Newton? ¿No piensas salir?— el maestro interrumpió las reflexiones de Billie. Este le miró algo desorientado. Logró rescatar en su memoria las palabras del anciano, entonces respondió:

— Sí— susurró, y poniéndose de pie para dirigirse hacia la puerta del salón.

Pronto se encontró transitando por los solitarios pasillos del establecimiento. La inexistencia de obstáculos en su camino, le hicieron caminar de manera inconsciente hasta su destino, ya que su mente se hallaba sumergida en las posibilidades que le aguardaban en aquella oficina. Lo más preocupante para el muchacho, es que toda especulación tenía una característica común: todas eran negativas.

El panorama poco alentador se volvió aún más tormentoso al añadírsele una consecuencia aún más inquietante: Si algo malo llegase a suceder, su padre se enteraría. Aquel hombre siempre había hecho sentir a Billie la presión de destacar dentro del club de básquetbol, por lo cual, temía su reacción.

Ya no sabía que era peor. Si la humillación de ser castigado en el equipo y que Rukawa finalmente le arrebatara su posición dentro del club. O la reacción de su padre ante una eventual sanción.

Aunque… Quizás estaba siendo muy fatalista.

Ahora que lo pensaba, no estaba considerando sus puntos a favor. El entrenador, siempre lo consideró indispensable en el equipo, lo cual no lo hacía exento de regaños y correctivos, pero al fin y al cabo, su lugar era notablemente necesario en el equipo a ojos del entrenador. Entonces, tal vez el llamado a su oficina para hablar a solas, se trataba tan sólo de conversar a cerca de lo sucedido. Posiblemente le daría un sermón algo fastidioso, de eso sabía que no se salvaría, las pruebas eran irrefutables en su contra, y sabía que el señor Holmes estaría molesto por su actuar. Pero si quería hablar a solas con él… Quizás era para hacerle prometer que no lo volvería a hacer o firmar algún compromiso o algo por el estilo, pero que no sería castigado con algo muy grave.

Era evidente que Robert se opondría a aquel trato tan privilegiado considerando la larga marginación a la que debió someterse Rukawa. Pero bueno, la opinión de Robert era lo que menos le interesaba, al fin y al cabo, para Billie, no era más que el capitán.

En medio de sus cavilaciones, se vio ya frente a la puerta de la oficina del señor Henry Holmes. Una vez ante ella, se decidió a entrar.


— Me parece sorprendente todo lo que me cuentas— expresó la joven mientras dejaba sobre el plato, su tasa de té— Supongo que ha sido muy duro para ti enterarte de todo eso— añadió dibujando una mirada piadosa en sus orbes dorados. El muchacho sonrió calmo.

— En realidad, no— contestó— Es verdad que no fue algo que esperara, nunca creí que mi madre hubiera dejado a dos hijas en otro país cuando aún eran bebés. Pero no me afectó, es por eso que he podido contener a Sally—argumentó. La expresión extrañada de Kazumi, no se podía borrar de su rostro. Le sorprendía que a pesar de estar pasando por una situación tan difícil, pudiera asegurar que no le afectaba. La joven le contempló en silencio, sus ojos dorados comenzaron a vibrar emotivamente ante el actuar de Akira, no podía evitar ponerse en su lugar y pensar en lo angustioso que debía ser.

Sendoh la miró curioso, pudo advertir la expresión frágil de Kazumi.

— ¿Sucede algo?— inquirió inocente. La muchacha sonrió complacientemente, Akira seguía siendo el mismo. No pudo evitar ponerse de pie y caminar hasta el lugar de su amigo, quien le observaba extrañado mientras pestañeaba de forma intermitente.

Sin darse cuenta, se vio estrechado entre los brazos de la muchacha, quien se aferró a él con energía.

— Pero… Kazumi— formuló con dificultad, no entendía el actuar de su amiga. Si ya le había dicho que no le afectaba lo de sus padres, entonces ¿Por qué se comportaba así?

— No quieras engañarme— susurró serena. Sendoh abrió sus ojos con asombro— Sé que debe haberte dolido mucho lo de tus padres. Sé lo mucho que los admirabas y respetabas, y que jamás te abrías esperado algo tan terrible como lo que hicieron. Además, al escucharte hablar sobre tu hermana, sé que a pesar de todo la quieres mucho, y que por eso, haz querido que ella no sufra por el rechazo de tu madre, pero que para lograr eso, haz tenido que fingir que no te duele todo lo que ha pasado y que haz guardado para ti toda esa angustia— expresó sin dejar de abrazar nunca al chico— Akira, haz sabido fingir, pero no tienes porqué serlo frente a mí. Recuerda que soy tu amiga, y estoy para apoyarte— concluyó con reconforto. Sobre su hombro, los ojos azules del joven, se tornaron melancólicos, al fin y al cabo, Kazumi tenía razón.


La lluvia caía con constancia sobre Kanagawa, mientras que, fugaces ráfagas de viento, recorrían con violencia por las calles. El sentir natural por los últimos acontecimientos, parecían ser materializados por el clima de aquella jornada. Más aún en aquel momento, en que aquel grupo de personas, se reunía para dar el último adiós a aquella mujer, de quien no quedaban más que armónicos recuerdos.

Desde las sombras de unos arbustos, su hijo, uno de los más dañados por la inesperada muerte, observaba la ceremonia final que despedía a su madre en aquel cementerio.

Desde el momento en que comprobó la muerte de su madre, Rukawa no había regresado a casa. No podía soportar la idea de verla tan frágil, inerte y apagada dentro de aquel ataúd. Necesita pensar, estar a solas, eran demasiadas cosas las que invadieron su mente durante aquellos días, y el estar en casa junto al cuerpo eternamente frío de su madre, no haría más que acrecentar su tormento.

Pero ahora estaba ahí. Viendo a la distancia como su cuerpo era despedido. No pudo ignorar la tristeza de su padre, a quien ya no le quedaban lágrimas para derramar. Junto a él, distinguió a Sally, quien se veía notablemente afectaba. Tras ella, pudo ver como Sendoh y Sakuragi la escoltaban intentando consolarla. Algunos conocidos de la familia también hacían acto de presencia en el lugar. Y más atrás, pudo ver a sus ex compañeros de equipo, que de igual manera habían llegado hasta allí.

Pronto la ceremonia acabó, y pudo ver cómo una gran cantidad de flores comenzaban a decorar su lecho. Y poco a poco, todos se marcharon del lugar.

Ahora Kaede, al constatar que nadie más quedaba en el lugar. Comenzó a caminar hacia el lecho tan recientemente originado. La lluvia caía vivaz sobre su rostro, sin embargo él parecía ignorarlo, su atención se hallaba concentrada en todo lo que constituía aquel lecho eterno. Una vez allí, contempló detalladamente: Flores de todos colores, una fotografía enmarcada de la mujer, donde sonreía tan amablemente como solía hacerlo, y por último, la lápida gris, que al fondo de la flora fúnebre identificaba a la mujer: Mary Rukawa 1955-1991.

Aquella tan escueta, pero contundente lectura, pareció acabar con las reflexiones de Kaede. No era un sueño, ya no cabía duda… mamá había muerto. El vibrato en los orbes de hielo de aquel joven, relataba cómo toda esperanza, negación y mentirosa tranquilidad se desmoronaban ¿De qué servía seguir huyendo de la verdad? La realidad estaba ahí, frente a él.

En medio de la uniforme lluvia, el solitario muchacho se dejó caer de rodillas ante la lápida de su madre, y entonces, pudo llorar…


MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO =)

Mil disculpas por la tardanza, no esperaba demorarme tanto, pero no he tenido tiempo de escribir :(, espero no volver a tardar tanto de nuevo :)

Reviews:

Jorge 4: Hola! Me alegra que te hayan hecho reír los pasajes de Hanamichi en la cita con Sally xD. A pesar de que ahora la historia atraviesa por un momento complejo por lo de la mamá de Rukawa, vamos a ver muy seguido a Hanamichi y Sally xD. creo que le otorgarán el humor a los siguientes capítulos xD. Bueno, muchos saludos amigo. Como siempre agradezco tus lecturas y comentarios. Y hasta pronto =).

angelicacuario: Hola! Que alegría me da verte de nuevo por aquí, y más aún que te hayan gustado los capítulos :). Lamento haber tardado tanto esta vez, espero te guste el capítulo y muchas gracias por leer y comentar. Saludos :D

EscarlataHoz: Hola! Tienes razón, a partir de ahora la historia dará un giro tremendo dadas las circunstancias. Espero te guste la continuación :). Muchas gracias por leer y comentar. Saludos :D