Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.


Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica

Capítulo #28: La decisión de Megan


Ya iban a ser las once de la mañana, y sol estaba entregando cálidos rayos solares. Los integrantes del equipo de Shohoku comenzaban a llegar gradualmente a la estación, el lugar de encuentro previamente acordado. Entre los rostros de los jóvenes se advertía la confianza en sus compañeros de Yasuda, Kuwata y Kakuta; el energético optimismo de Ayako; el greñudo enfado de Miyagi con sus infantiles sobrinos; el entusiasmo de Haruko y la eterna tranquilidad del profesor Anzai. Y es que nadie podía quedar indiferente al inicio del campeonato de invierno, momento en el cual se enfrentarían a Takezato. Sin duda, era el contenido unánime de las conversaciones espontáneas de los jóvenes allí reunidos.

— Todos se ven muy animados ¿No te parece, Haruko?— preguntó la chica de coletas a su amiga.

— Tienes razón, Matsui. Todos deben tener mucha confianza en que ganarán este partido— comentó Fuji.

— Eso es cierto. Mi hermano y Kogure me han dicho que los muchachos tienen muchas posibilidades de ganar este partido, y que sólo deben dar lo mejor de sí mismos. Claro, que no debían confiarse— explicó entusiasta la chica de ojos azules.

— Aunque, hay algo que me preocupa— musitó con suspicacia Matsui.

— ¿A qué te refieres?— inquirió la chica de cabellos cortos.

— Esos tipos— contestó señalando a los gemelos— No me dan confianza ¿Creen que sean titulares?— cuestionó contrariada, la muchacha de coletas.

— Pues, eso no lo sé Matsui, pero te puedo asegurar que si juegan, todos se llevarán una gran sorpresa— expresó entusiasta la hermana menor de Akagi.

— ¿Eso crees?— susurró perpleja, su amiga.

— ¡Mitsui!— la voz de Miyagi anunciando al número catorce, atrapó la atención de Haruko, quien en el acto volteó la mirada en dirección al recién llegado.

— Ah… Hola Miyagi— saludó el tirador de triples.

— Que bueno que llegas… Falta muy poco para tomar el tren— expresó el chico del pendiente.

— ¿Entonces fui el último en llegar?— preguntó examinando al grupo de jóvenes buscando responderse a sí mismo.

— No, aún falta Hanamichi— contestó el capitán.

— Era de esperarse— espetó el chico de la cicatriz. No tardó en sentir una mirada sobre él, por lo que volteó curioso en dirección de la carga visual, Haruko al sentirse descubierta, volteó hacia sus amigas fijando su tímida mirada al suelo.

"Y ahora qué tiene… Le dije que olvidaría lo que pasó, pero sigue comportándose así. Jamás entenderé a esa niña"— caviló, Mitsui mientras la observaba con indiferencia, para pronto retomar la atención en su compañero de equipo.

— No puedo creer que hayas sido tan tonta, Haruko— musitó Matsui— Cómo pudiste salir corriendo después de que Mitsui te besara— recriminó la chica, cruzándose de brazos.

— Creímos que te gustaba Mitsui— apoyó, Fuji.

— Verán chicas… es algo difícil de explicar— susurró apenada la castaña.

— No lo creo. Eres tú quien hace las cosas más complicadas de lo que son— expresó con molestia, la chica de coletas.

— Matsui— susurró con asombro, la menor de los Akagi.

— ¡Hanamichi Sakuragi! ¡Ahí viene Hanamichi Sakuragi!— exclamó con alegría la chica de rizos, captando la atención de las muchachas. A la distancia, se podía ver al chico de cabellos rojos, acercándose a pasos largos y rígidos, además de una expresión nada amistosa.

— ¿Y ahora qué le pasa a ese torpe?— musitó Mitsui.

"Maldito Sendoh ¡Por qué tuviste que invitar primero que yo a Sally para ver el partido de Ryonan! Yo quería que viniera a ver las espectaculares jugadas de este genio ¡Pero arruinaste mis planes!"— pensaba furibundo, el pelirrojo— ¡Ah! ¡Te derrotaré, Sendoh!— exclamó en medio de la calle, llamando la atención tanto de sus compañeros de equipo, como de los transeúntes que pasaban por la estación. Pronto, el impacto del abanico de la manager sobre su cabeza, sacó al pelirrojo de sus pensamientos— ¡Ay, Ayako! ¡¿Por qué me pegas!— protestó.

— Deja de estar avergonzándonos diciendo tonterías — contestó la chica cruzándose de brazos junto a Hanamichi.

— Pero si no son tonterías— susurró mientras acariciaba el chichón que florecía en medio de sus cabellos rojos.

— ¡Claro que sí! ¡¿Cómo puedes decir que derrotarás a Sendoh si hoy jugamos con Takezato?!— regañó la manager propinándole otro golpe con su abanico.

— ¡Ah, pero porqué me pegas de nuevo!— reclamó el número diez. En la cabeza de todos los miembros del equipo, asomó una gotita, avergonzados por el espectáculo de los jóvenes.


— Me alegra saber que al fin te hayas decidido— el joven habló a su compañero sonriendo de medio lado.

— Lograste convencerme. Eres bastante bueno persuadiendo, Sendoh— contestó imitando el gesto del muchacho, Uozumi.

— Eso me deja más tranquilo— musitó sonriendo ahora con amabilidad— Bueno, es hora de jugar— añadió hablando ahora también al resto de sus compañeros.

— ¡Sí!— contestaron al unisón los jóvenes de Ryonan, mientras que Uozumi, Fukuda, Koshino y Uekusa seguían a la estrella del equipo rumbo a la cancha.

— ¡Espera, Sendoh!— la voz del entrenador interrumpió el andar del joven.

— Sí ¿Qué sucede, señor Taoka?— el número siete volteó curioso.

— Ven aquí, muchacho— susurró mientras se ponía de pie. El chico miró confuso a sus compañeros y obedeció la orden del hombre— Escucha, Sendoh. Hoy no serás titular— expresó serio.

— ¿Qué? ¿Por qué hará eso, entrenador? ¿Acaso cree que ya tenemos la victoria?— inquirió perplejo.

— No. No es eso— musitó Taoka bajando la mirada.

— ¿Entonces? ¿Por qué no seré titular? ¿Es acaso por no haber venido a las últimas prácticas?— interrogó ahora.

— No, Sendoh. Pero tienes algo más que hacer, muchacho— expresó el hombre. Tras lo cual hizo un pequeño gesto hacia la puerta que estaba a un par de metros de ellos en aquel gimnasio. Tras ella, la figura del señor y la señora Sendoh aparecieron con una mueca de felicidad, al reencontrarse después de días eternos, con su hijo.


Sus rostros se habían tornado graves. Si bien aquellos jóvenes, ya eran reconocidos por su expresión poco amigable, esta parecía agudizarse cuando los retos deportivos ya se hallaban ante ellos. Situación que no cambiaría ahora. A escasos minutos de dar inicio al campeonato de invierno, cuando todos se reunían en torno a su capitán en aquellos camarines, donde ya habían vestido su uniforme blanco.

— Muchachos…— habló el moreno capitán— Como ya saben es nuestro primer partido por el campeonato de invierno. Si bien hace unos meses le ganamos a Takezato en las estatales, no podemos confiarnos. No olviden que ya no está el señor Akagi, y tampoco Rukawa. Y claro que no podemos olvidar que Takezato también llegó a las finales, así que está prohibido confiarse ¿Me oyeron?— expresó Miyagi.

— ¡Sí, capitán!— contestaron todos al unisón.

— Ryota tiene razón, muchachos— apoyó Ayako— No crean que porque el campeonato de invierno no nos conducirá a un nuevo campeonato nacional, no es importante— añadió.

— ¡Claro! Todos los partidos son importantes, no podemos dejarnos vencer aunque se tratara de un partido de práctica… La derrota no es una opción, alguien tan talentoso como yo no lo aceptaría— expresó el pelirrojo mientras soltaba una de sus características risotadas.

— Tienes razón, Sakuragi. Siempre debemos ir por la victoria. Ustedes son muy fuertes, y pueden lograrlo— dijo el hombre de cabellos canos.

— ¡Así se habla, Gordito!— exclamó entusiasta, Hanamichi— ¡Además, tengo que derrotar a Sendoh! ¡Jamás le perdonaré que haya invitado a Sally antes que yo para ver el partido!— gruñó ahora empuñando una mano, al instante fue interrumpido en medio de sus manifestaciones por el impacto de un abanico en su cabeza, soltando un alarido espontáneamente.

— Ya te dije que jugamos contra Takezato, no contra Ryonan— regañó entre dientes la chica de rizos.

— Esta bien, ya entendí. No tienes que pegarme— susurró el pelirrojo mientras acariciaba su cabeza.

— Es un tonto— espetaron al unisón Mitsui y Miyagi.


"No puede ser, son mis padres"— pensó el muchacho asombrado— Qué… ¿Qué están haciendo ellos aquí?— preguntó desconcertado.

— ¡Hijo que bueno que estás bien!— la mujer corrió hasta su hijo abrazándolo.

"Son mamá y el señor Sendoh… Se ven muy preocupados ¿Qué estarán haciendo?"— Sally desde las tribunas observaba la escena.

— Qué están haciendo aquí— preguntó la estrella de Ryonan mientras alejaba de su regazo a Nanami.

— Tus padres estaban muy preocupados por ti, Sendoh— intervino Taoka.

— Eso es cierto, hijo. Te fuimos a buscar varias veces al instituto, también a los entrenamientos, pero no estabas— expresó la mujer— ¿Dónde estuviste todo este tiempo?— interrogó tocándole el rostro. El muchacho frunció el ceño con molestia.

— No debieron venir— musitó, alejándose una vez más de las caricias de su madre.

— ¡¿Qué?!— exclamaron al unisón los sorprendidos padres del joven.

— Aunque hayan venido, no regresaré con ustedes— sentenció Akira.

— ¿Pero qué estás diciendo? Debes regresar ahora mismo con nosotros… Eres nuestro hijo y tu lugar es en casa con tu familia— expresó el señor Sendoh.

— Ya dije que no quiero regresar, digan lo que digan no me convencerán— se opuso nuevamente el muchacho.

— ¡Akira!— una voz familiar habló al muchacho, quien volteó al igual que sus padres en dirección a quién hablaba.

— Sally— susurró el muchacho.

— ¡Hija!— Nanami sonrió gustosa mientras veía a la muchacha aproximarse a su hermano, por lo cual la tomó de un brazo en búsqueda de una salutación. Al notarlo, la ojiverde frunció su ceño y le arrebató con violencia su brazo.

— ¡Déjeme!— exclamó con molestia mientras sus mejillas de coloreaban, la mujer le observó sorprendida— ¡Akira!— volvió a concentrar su atención en su hermano— ¿Qué está pasando? Parece que estuvieran discutiendo— cuestionó preocupada.

— No es nada, no te preocupes— sonrió amablemente el muchacho.

— ¡¿Qué hace esta muchachita aquí?!— preguntó con fastidio el señor Sendoh— ¡Todo esto es por su culpa! Si no hubiera aparecido en nuestras vidas ¡Nada de esto estaría pasando!— exclamó ahora enfurecido al notar la presencia de la menor de los Bruce.

— ¿Qué?— susurró extrañada, la chica.

— ¡¿Acaso ella no sabe?! No sabe que por su culpa te fuiste de casa en Noche Buena y no has querido regresar— los ojos de Sally se abrieron con desmesura al escuchar las palabras del padre de su hermano.

— Es… ¿Es eso cierto?— formuló con dificultad.

— ¡Claro que sí! No lo habíamos vuelto a ver sólo hasta ahora— contestó el señor Sendoh.

— Pero Akira… ¿Por qué lo hiciste?— interrogó desconcertada, la ojiverde.

— ¡Por ti! Eso está más que claro— intervino el padre.

— ¿Podrías dejarme hablar a mí, por favor papá?— el muchacho habló con molestia a su padre— Sally— se dirigió a su hermana— Es cierto que huí de casa, no podía seguir ahí después de todo lo que ha pasado— explicó el muchacho— No quiero que te sientas culpable, a pesar de todo lo que dice mi padre— añadió molesto por los dichos del hombre— Sólo no quería vivir con ellos como si nada hubiera pasado, sería algo que no estaría dispuesto a hacer— continuó.

— Pero… ¡No debiste hacerlo! ¿Dónde estuviste viviendo? ¿Por qué no me dijiste nada?— interrogó desesperada, la castaña.

— No quise preocuparte más de la cuenta… Ya mucho estabas sufriendo con la respuesta de mi madre en Noche Buena, y después vino lo de la señora Rukawa. No merecías más preocupaciones— se excusó el chico de cabellos alzados— Además, siempre estuve bien— añadió sonriendo con serenidad.

— Pero ¿Dónde estuviste?— preguntó ahora, Sally.

— Bueno, por casualidad me encontré con Sakuragi, y él se ofreció a darme hospedaje todo este tiempo— explicó mientras se tomaba la cabeza.

— ¿Hanamichi?— susurró con asombro.

— Sí— articuló tranquilamente.

— Pero… ¡Por qué no me ha dicho nada! ¡Ni siquiera mencionó que estabas viviendo con él!— ahora sí, la ojiverde no entendía nada.

— ¡Ya fue suficiente!— exclamó el señor Sendoh fuera de sí— Todo lo que tenga que decir, nos lo dirá a nosotros en casa. Es hora de irnos— expresó ahora el hombre con molestia.

— Ya dije que no lo haré— refutó Akira.

— Hijo, por favor— Nanami pronunció suplicante.

— No— replicó.

— Akira— Sally habló a su hermano— Por favor, hazle caso… Regresa a casa, no está bien que huyas, y si lo haces, yo también estaré muy preocupada— sonrió mientras su mirada se vidriaba conmocionada por el actuar de su hermano— No tienes que escaparte de tu casa para demostrarme tu apoyo. Por favor, regresa— Sendoh no pudo reaccionar insensible a la petición de su hermana.

— Esta bien… regresaré— pronunció sonriendo calmo— Pero por favor, quiero que estés tranquila ¿Me oyes?— expresó mientras tomaba de los hombros a la muchacha. Esta asintió mientras secaba las frágiles lágrimas que asomaban en sus ojos— Te iré a ver en cuanto pueda— le susurró al oído. En seguida, su padre lo tomó de un brazo, lo hizo dirigirse hasta la salida del gimnasio en compañía de su madre.


El pelirrojo había ganado muy fácilmente el balón en el duelo inicial. Permitiéndole a Miyagi tomar posesión de él. Dribleó el objeto cancha abajo, seguido por Mitsui, Sakuragi que se adelantaba para atacar, escoltado por los gemelos Juro y Goro; y toda la defensa naranja de Takezato que luchaba por recuperar el balón.

— ¡Ryota, pásamela! ¡Pásamela!— las impacientes peticiones de Hanamichi no se hicieron esperar. El moreno, hizo un rápido estudio de la situación en cancha, y al notar que el número diez tenía más ventaja, concedió su demanda.

Una vez adueñado del balón, Sakuragi continuó el camino hacia la canasta raudamente. Dos defensores le esperaban bajo la zona de tiro, presencias que no lograron intimidar el determinante andar del chico de primer grado, quien al sentirse lo suficientemente cerca de la canasta, brincó enérgicamente.

— ¡Un tiro sencillo!— anunció mientras desprendía de sus manos el balón y los defensas intentaban vanamente interceptar la maniobra de Hanamichi. Prontamente, el balón entró limpiamente en la canasta.

— ¡Oh, no! Ese pelirrojo ya encestó— una voz decepcionada se oyó desde las bancas.

— ¡Chicos, no se desanimen! ¡El partido recién comienza!— expresó el entrenador de Takezato, mientras el marcador le otorgaba los dos primeros puntos a Shohoku en medio de sus celebraciones.

— ¡Bien hecho, Hanamichi!— el capitán congratulaba a su amigo, quien reía escandalosamente.

— Soy un genio— musitó en pose victoriosa.

— Para haber sido tú, fue bastante bueno, Sakuragi— espetó el número catorce.

— ¡Mitsui!— gruñó el pelirrojo. En ese momento el árbitro anunció la reanudación del partido en manos de Takezato.

Los muchachos avanzaron sigilosamente con el balón, cuidando de que no les fuera arrebatado, mientras que los chicos de Shohoku cuidaban su canasta. Hanamichi fue decidido en búsqueda del balón, pero dada su poca destreza en el robo de balón, fue fácilmente burlado. Más allá, Juro y Goro se interpusieron juntos en el continuar de la ofensiva, impidiendo el avance de Takezato, por lo que el jugador dio un pase a uno de sus compañeros, pase que fue interceptado por el jugador más veloz en cancha: Ryota Miyagi, este corrió a toda prisa hacia la zona de tiro, sus compañeros se adelantaron para recibir un pase.

— ¡Ryota, pásamela! ¡Pásamela!— Hanamichi quería repetir la hazaña, sin embargo dos jugadores se interpusieron rápidamente entre Miyagi y el pelirrojo, tras un rápido examen, el capitán de Shohoku notó la ausencia de una marca en un jugador.

— ¡Mitsui!— exclamó el chico del pendiente mientras le lanzaba el balón. El chico de cabello azulado, recibió rápidamente el balón, y buscando la posición adecuada, brincó encestando con armonía una canasta de tres puntos. Los ánimos en Shohoku volvieron a hacerse entusiastas. El marcador ahora quedaba cinco contra cero, a favor del equipo del profesor Anzai.

El balón estaba en manos de Takezato, a paso lento reiniciaban la marcha hacia la canasta de Shohoku. Mitsui, ahora más entusiasmado por su última intervención, se quedó con el balón, sus compañeros corrieron hacia la canasta, en un rápido pase, le dio el balón a Miyagi, quien se encontró con un metro y ochenta centímetros impidiendo que encestara. Sin embargo, el chico del pendiente, fijo en su objetivo, brincó para encestar, el defensa de Takezato le siguió enérgicamente. Al ver caer a su contendor en su trampa, Ryota regresó al piso velozmente para correr y encestar sin dificultad bajo la canasta.

— ¡Bien hecho, Ryota!— la voz de Ayako sonó por toda la cancha. El muchacho guiñó un ojo sonriendo de medio lado. El marcador quedaba siete contra cero a favor de Shohoku.

"Demonios, si no hacemos algo pronto ¡Perderemos en nuestro primer partido!"— pensó el capitán de Takezato mientras avanzaba con el balón. Pronto pudo advertir la mirada de desesperanza en sus compañeros, y el silencioso grito suplicante de ayuda— "Ellos, confían en mí ¡Soy yo quien debe hacer algo!"— se dijo a sí mismo el muchacho, tras lo cual inició su rápido camino hacia la canasta. Hanamichi nuevamente intentó arrebatarle el balón sin resultados, continuó su camino, y nuevamente las figuras imponentes de Goro y Juro le esperaban.

— ¡Hola!— saludaron traviesamente alzando sus brazos para bloquear su avanzada. El joven de Takezato buscó entre sus compañeros a alguien que pudiera recibir el balón sin dificultad, pero todos estaban siendo atentamente cubiertos por los chicos de Shohoku. Ante lo cual, no le quedó otra salida que brincar, para intentar lanzar desde su posición, pero la permanente marca de los gemelos de Shohoku era difícil de ignorar. Al notar que Goro y Juro saltaban decididos a bloquearlo, regresó rápidamente al piso para continuar su camino hacia la canasta, dando así, los dos primeros puntos a Takezato.

El partido continuó, y Shohoku nuevamente aumentaba la ventaja, tras un triple de Mitsui, que dejaba la cuenta diez contra dos. Pero prontamente, Takezato lograría una nueva canasta tras burlar la defensa de los gemelos, quienes eran fácilmente engañados con fintas. Al cabo de unos minutos la cuenta estuvo diez contra ocho puntos.

"Pero qué está pasando. Si hasta hace unos minutos todo iba muy bien"— la hermana menor de Akagi posó sus manos sobre su pecho angustiada por lo que veía.

— Ellos están aprovechando que los sobrinos de Ryota caen fácilmente en sus engaños— expresó Ayako junto a Haruko— Nuestra defensa es débil.

El partido continuó, y los ataques de cada equipo eran certeros. Tanto Shohoku como Takezato, cada vez que tenían dominio del balón lograban encestar, haciendo que el marcador, no pasara de los dos puntos de ventaja para Shohoku.

Faltaban cinco minutos del primer tiempo y la cuenta estaba treinta y seis contra treinta y cuatro. Sin bien la ventaja jamás había sido perdida por los chicos de Shohoku, había algo que les preocupaba.

"Rayos, esto no puede seguir así. Si no obtenemos una ventaja más amplia, eso significará que no podremos hacer nada en los siguientes partidos… Takezato no ha cambiado en nada desde la última vez que lo enfrentamos, pero nosotros…"— las reflexiones en Miyagi le hacían emerger gotas de sudor en su rostro. Intentaba formular algún plan, pero nada podía hacer. Sumergido en sus pensamientos, no notó la presencia de un rival que le arrebataba el balón— "¿Qué?".

— ¡Vamos muchachos, nosotros podemos vencer a Shohoku!— exclamó el capitán de Takezato mientras dribleaba a toda velocidad el balón hacia la zona de ataque.

— ¡Sí!— contestaron al unisón sus compañeros mientras le seguían. Una vez más, se encontró con Juro y Goro, quienes no se movieron de su posición.

— Esta vez no nos vas a engañar— pronunciaron a la misma vez los gemelos. Al notar que los jóvenes no caían en su finta, el capitán de Takezato lanzó con sutileza el balón hacia atrás, siendo así recibido por el número ocho del equipo, quien en cuanto lo tuvo en sus manos, lo encestó desde su posición, dando a Takezato tres nuevos puntos, quedando el marcador treinta y siente contra treinta y seis a favor de Takezato.

— Pero qué pasa… ¡Estamos perdiendo!— pronunció consternado el pelirrojo.

— Muchachos… No hay que perder nuestros ánimos, recuperaremos la ventaja— animó Miyagi, intentando ocultar su preocupación.

— ¡Sí!.

El partido siguió su curso, y la ventaja de Takezato alentó los ánimos de los jugadores, haciéndole ver como una realidad posible la victoria. A la canasta anterior, se le sumaron otras más, dejando a dos minutos del final del primero tiempo, la cuenta cuarenta y dos, contra treinta y ocho. Y el balón ahora estaba en posesión de Takezato.

— ¡Vamos muchachos! El Shohoku de las finales no es el mismo de ahora… Sus mejores jugadores ya no están ¡Nosotros podemos con ellos!— animó el capitán de Takezato. Los ojos de Miyagi, Sakuragi y Mitsui se abrieron con desmesura. ¿Acaso ese tipo estaba insinuando que Shohoku eran tan sólo Rukawa, Kogure y Akagi? ¿Es que los estaban considerando unos buenos para nada?

— ¡Eso no te lo permito!— exclamó Miyagi.

— Ni siquiera ganaron la última vez, sólo eres un insolente— apoyó Mitsui.

— ¡Nosotros no necesitamos a ese zorro para ganarles!— gruñó Hanamichi, mientras una llamarada se apoderaba de su mirada— ¡A JUGAR!— exclamó ahora.

— ¡Sí!—contestaron animados sus compañeros.

Takezato inició el ataque, pero esta vez Ryota no permitió el enfrentamiento con sus sobrinos, adueñándose del balón raudamente. Corrió a toda prisa hasta la zona de tiro, le dio el balón a Mitsui, quien se apresuró en lanzar una canasta de tres puntos, sin embargo esta no entró.

— ¡Un rebote!— Ayako anunció al instante. Hanamichi corrió hasta la zona de tiro, encontrándose con la persistente marca de uno de los jugadores de Takezato, lo cual no fue impedimento para que pudiera encestar.

La cuenta quedaba cuarenta y dos contra cuarenta.

Takezato llevaba el balón, para evitar una intervención del chico moreno de Shohoku, el capitán del equipo naranja lanzó un pase alto a uno de sus compañeros que se hallaba más cerca de la canasta, tras recibir el balón giró para quedar frente a la canasta, notando ahora la intimidante presencia de Hanamichi.

— ¿Estás seguro que podrás burlar a este hombre tan talentoso?— musitó el pelirrojo, causando una sonrisa desdeñosa en su contendiente.

— ¿Te han dicho que hablas demasiado?— espetó el muchacho dribleando el balón. Sakuragi frunció el ceño molesto con las palabras del chico de Takezato.

— Miserable— gruñó a la vez que su rival brincaba. Al notarlo, Hanamichi le siguió cubriendo con sus brazos la canasta— ¡No lo lograrás!—exclamó mientras comenzaba a realizar rápidos movimientos dejando en completo estado de inmovilidad al joven de Takezato.

"Pero… ¿Qué es esto?"— se cuestionó perplejo ante lo que veía.

— ¡Date prisa, Yamato! ¡Ya se están acabando los cinco segundos en la zona de tiro!— alertó uno de sus compañeros al muchacho, este pareció reaccionar, sin embargo, el sonido del impacto de un dedo contra el balón fue el inicio de la pérdida de su dominio.

— ¡Bien hecho, Ryota!— Ayako congratuló a su compañero de salón al ver que tras escurrirse imperceptiblemente entre sus rivales, lograba adueñarse de la esfera naranja.

— ¡Al ataque!— exclamó el capitán mientras iniciaba la carrera hacia el otro extremo de la cancha. Delante de él, Goro y Juro corrían juntos hacia la zona de tiro; tras de él, Mitsui se aproximaba escoltado por un defensa; mientras que, su amigo pelirrojo pasaba por su lado, marcado insistentemente por dos jugadores de Takezato. Ante aquel panorama, el capitán de Shohoku continuó en su avanzada.

— ¡Ryo-chin, aquí!— su sobrino Goro, sacando ventaja de su altura, alzó los brazos pidiendo un pase alto, ante lo cual, Miyagi hizo una pausa para darle un pase, sin embargo sólo se trataba de un engaño.

"No podemos perder el balón, dárselo a Goro sería muy riesgoso"— pensó el joven continuando su avanzada mientras examinaba a sus compañeros en la duela. El defensa que seguía a Mitsui al notar que Ryota avanzaba libremente hacia la zona de tiro, abandonó su marca para seguir al defensa de Shohoku, situación que fue aprovechada por el Miyagi, quien sin siquiera mirar atrás a su compañero, le dio el balón en un pase bajo. Mitsui lo recibió al instante, y desde su posición, brincó.

"Si encesto una canasta de tres punto, obtendremos la ventaja"— pensó el chico de cabello azulado, tras lo cual, lanzó el balón con determinación. Prontamente, una sonrisa victoriosa se dibujó en sus labios— ¡Sí!— exclamó alzando una mano empuñada, al ver que el balón caía entre las redes de la canasta.

Shohoku obtenía la ventaja cuarenta y tres contra cuarenta y dos.


La hora del primer descanso había llegado para ella. Ahora caminaba a paso rápido hacia uno de los teléfonos de aquella preparatoria. Depositó unas monedas y comenzó a discar aquel número, que ya había aprendido de memoria por insistir tantas veces.

"Espero que esta vez estés en casa"— caviló mientras sentía que la línea hacer contacto.

Hola, casa de los Rukawa— una voz automáticamente reconocible para la joven atendió su llamada.

— ¡Hola Sally, soy yo!— saludó la muchacha.

¡Hermana, que alegría escucharte de nuevo!— la felicidad de la ojiverde no tardó en manifestarse.

— Sí, a mí también me alegra escucharte— correspondió Megan.

¿Y cómo están papá y tú? ¿Todo va bien por allá?— interrogó, Sally.

— Bueno… Creo que todo está igual a como te lo conté ayer— contestó soltando una pequeña risita, la chica de ojos celestes.

Claro, que tonta soy. Haz llamado mucho últimamente— rió la castaña.

— Sally— la voz de Megan se tornó grave— ¿Kaede se encuentra en casa?— preguntó la pelinegra.

Lo siento hermana, pero ya se ha ido— respondió desalentada— Lamento mucho que no puedas hablar aún con él, pero sale todos los días muy temprano por la mañana, y vuelve de noche. A pesar de que vivimos en la misma casa, casi no lo veo— explicó la castaña.

— Entiendo— susurró cabizbaja la chica de ojos celestes.

Creo que aún debe estar muy afectado por todo lo que ha pasado, supongo que necesita estar solo— expresó Sally. Megan le escuchaba pensativa— Por cierto, creo que te preocupas mucho por él… ¿Acaso hay algo que no me has contado hermanita?— inquirió con sutil tono insinuante y pícaro. Los ojos de Megan se abrieron con desmesura.

— Bueno, es que yo… — formuló con dificultad mientras sus mejillas se teñían de sutil rosa, a la vez que el fin del descanso era alertado por las campanas— Vaya, se ha acabado el descanso. Debo regresar a clases, hablamos otro día— se despidió.

Esta bien, adiós hermana— dijo Sally, acabando así, su conversación. Tras lo cual, inició rápidamente su camino de regreso al salón, sin embargo fue repentinamente abordada por alguien rápidamente identificable para la joven.

— ¿Qué quieres, Newton?— bufó de mala gana.

— Te ves algo decepcionada, Megan— sonrió con suficiencia— Al parecer aún no te has podido comunicar con el mocoso— añadió burlesco. La chica frunció el ceño con molestia.

— ¿Acaso me estás espiando?— gruñó. El rubio alzó una ceja con perspicacia.

— Pues, digamos que venía pasando y escuché… casualmente— contestó en el mismo tono.

— Idiota— murmuró la muchacha para continuar su camino.

— Es una lástima, al parecer ya no le interesas— expresó Billie, antes de que la muchacha avanzara lo suficiente— Seguro ya se olvidó de ti— agregó burlesco. Megan volteó la mirada hacia el basquetbolista, y suspiró.

— No tengo ganas de discutir contigo, así que deja de decir tantas tonterías. Acepta la realidad de una buena vez ¿Quieres?— contestó con fastidio. Billie sonrió de medio lado.

— ¿No será que tú te niegas a aceptar la verdad? Si estuviera tan interesado en ti como lo estás tú en él, al menos haría el intento de comunicarse contigo. O dime ¿Cuántas veces te ha llamado?— preguntó alzando una ceja. Los ojos de Megan se abrieron con asombro. No había pensado en eso. Y ahora que lo hacía, Kaede no la había llamado ni una sola vez.

— Eso no es tu asunto— murmuró con molestia— Deja de fastidiar— añadió mientras continuaba su camino.

— ¿Ya ves? ¡Sólo estás perdiendo el tiempo! ¡Quizás ya tiene otra novia!— añadió mientras la joven se alejaba.


Las campanas en Shohoku, alertaba a los estudiantes que el inicio de la jornada ya se hacía presente. Y aquél pelirrojo veía a su compañera más esperada atravesar el umbral del salón siete. La sonrisa aturdida del muchacho no tardó en adornar su rostro y sus ansias por captar su atención le alentaron a iniciar el diálogo.

— ¡Sally, qué bueno que llegas!— saludó alegremente mientras veía a la ojiverde llegar a su lugar. La chica le observó sin mayor expresividad— ¡Te estaba esperando para contarte que el equipo de Shohoku ha ganado su primer partido gracias a las grandes hazañas de este hombre tan talentoso— presumió alegremente. La chica tomó asiento, dirigió una fría mirada al pelirrojo, para pronto fruncir el ceño y hacer un evidente gesto de desprecio. Sakuragi abrió sus ojos con asombro al notar la actitud de la chica— ¿Sally, te pasa algo? ¿Acaso estás molesta conmigo?— interrogó temeroso. La chica le miró con furia.

— ¡Y además de todo tienes el descaro de preguntarme si estoy molesta!— recriminó la castaña.

— Pero ¿Qué hice Sally? ¿Por qué me hablas así?— preguntó ahora sin entender nada.

— ¡¿Qué por qué te hablo así?! ¡Hasta cuándo pensabas ocultarme que Akira se había escapado de su casa!— reclamó la menor de los Bruce.

— Sally, yo…formuló con dificultad, siendo prontamente interrumpido por la muchacha.

— ¡Tú nada! ¡Creí que éramos amigos! Me ocultaste algo tan importante para mí¡Pero me defraudaste! ¡Ya no seremos amigos!— exclamó la ojiverde. Sakuragi había recibido golpes de Rukawa, de Tetsuo y los coscorrones de Akagi, pero ningún golpe se comparaba al efecto letal que tenían las palabras de aquella chica en el pelirrojo.

— ¡No! ¡Sally tienes que escucharme, no es lo que crees!— intentó excusarse el muchacho.

— ¡No quiero escuchar tus mentiras! Déjame en paz— sin decir más, la muchacha sacó un libro, ignorando totalmente al número diez de Shohoku. Causando la desolación de pelirrojo.


Caminó a paso de anciano de regreso a casa. La jornada académica ya había concluido en los Ángeles School y la noche ya había caído. Ya no tenía excusas para retrasar su regreso a casa.

Las palabras del director del club de básquetbol se reproducían una y otra vez en su mente. Si bien sabía que habían muchas posibilidades de que nada saliera como esperaba, tenía al menos la esperanza que todo saliera bien…

Después de que el maestro de geografía le anunciara que el señor Henry Holmes solicitaba su presencia en su oficina. Billie Newton caminó hasta el lugar en medio de especulaciones sobre la postura de aquel hombre.

Llamó a la puerta, sin tardar en escuchar que aprobaban su ingreso.

Me dijeron que quería verme— expresó el muchacho. El profesor le miró seriamente.

Eso es cierto, por favor, siéntate— indicó mientras se quitaba las gafas que utilizaba mientras leía. El muchacho obedeció al instante— Newton, te he mandado a llamar porque necesito hablar contigo de un tema urgentemente. Supongo que ya sabes cual es— introdujo el señor Holmes.

Bueno, no estoy seguro— expresó fingiendo inocencia.

Ya estoy enterado de lo sucedido con Rukawa— indicó sin rodeos. El rubio abrió sus ojos con asombro.

Señor, yo…— formuló con dificultad.

Destacabas en el equipo, eras competitivo y con el liderazgo suficiente para ser el siguiente capitán. No tenías nada que envidiar ni a Kaede ni a nadie. Por eso jamás creí que harías algo tan deplorable para que expulsara a uno de tus compañeros— expresó con serena desilusión.

¡Pero señor! ¡Ese idiota quería quitarme mi lugar en el equipo! Sólo quería dejarme en ridículo para ser la estrella y reírse de mí— explicó el rubio con desesperación.

¡Por el amor de Dios, eso no es lo que quería! Si ese muchacho vino hasta aquí, fue porque tiene el mismo sueño que tú: ser un gran basquetbolista. Si llegó hasta aquí no fue por ridiculizar a nadie, sólo se esforzaba por ser el mejor— contradijo contrariado, el director del club— No te tomaste el tiempo de ver más allá de lo que tus pretensiones te permitían. Quizás si lo hubieras hecho, y los dos hubieran puesto de su parte, se habrían convertido en la dupla más temible de todo el Estado… — pronunció con desaliento— Pero lamentablemente, eso ya no será posible— añadió.

Claro que no, no soporto a ese mocoso ¡Jamás jugaría en equipo con él!— declaró el rubio.

Que lástima que pienses así. Pero no Billie, no me refería a eso— expresó el hombre.

Entonces… ¿De qué se trata?— preguntó el muchacho.

No puedo dejar pasar de manera tan simple lo que hiciste. Desde este momento, quedas expulsado definitivamente del club de básquetbol de nuestra preparatoria— sentenció el señor Holmes. Los ojos de Newton se abrieron en su máxima extensión. No podía creer la decisión del hombre.

¡Pero señor!— exclamó mientras se ponía raudamente de pie— No puede hacer eso. ¡Yo tengo que estar en el club!— protestó el muchacho.

Lo siento. Pero lo que hiciste es imperdonable— indicó lastimosamente el hombre. A él también le dolía tomar aquella decisión. Pero debía hacerlo.

Yo sé que mi presencia es fundamental en el equipo. ¡Por eso no puede hacer algo así! Y mi padre… ¡¿Cómo le explico su decisión?!— argumentó la estrella del equipo.

Me reuniré con él para informárselo personalmente, así que por eso no te preocupes— contestó Holmes.

Pero señor…

Ya no insistas… no hay vuelta atrás…

Así, en medio de sus recuerdos de aquella mañana. Aquel muchacho, no logró darse cuenta que ya se encontraba en la puerta de su casa.

Ingresó a la vivienda sigilosamente. Para su alivio, pudo advertir que no había llegado nadie más aún. Algo que en cierto modo le extrañó, tomando en cuenta que ya había anochecido. Sin embargo sacó ventaja de aquello, y se apresuró en subir a su habitación, para así eludir cualquier reclamo por lo sucedido.

Al llegar a su cuarto, se dejó caer sobre su cama en medio de la oscuridad. Por su mente sólo pasaba su expulsión del club de básquetbol; y más aún, la reacción de su padre ante tal hecho.

Estaba sumergido en sus reflexiones, cuando sintió prontamente que la puerta de su habitación se abría, y parada bajo el umbral, la silueta de su padre.

El muchacho se reincorporó automáticamente.

— Padresusurró con reprimido temor— Qué… ¿Qué haces aquí?— inquirió cuidadosamente, intentando descubrir si ya se habría enterado de lo ocurrido.

— He venido a hablar contigo— contestó secamente, tras lo cual encendió la luz de la habitación del muchacho, dejando a la vista su evidente expresión de enfado.

El joven bajó la mirada, sentado en la orilla de su cama. No cabía duda, ya se había enterado de todo.

— Quiero que me expliques, qué es eso de que te han expulsado del equipo de básquetbol ¡Ahora!— exigió parándose frente a su hijo. El muchacho guardó silencio largo rato. Gotas de sudor comenzaron a emerger en su rostro, el momento que tanto había temido, ya había llegado.

— No sé qué decirte— susurró sin levantar la mirada.

— No entiendo en qué estabas pensando cuando inventaste esa tontería en contra de tu compañero ¡Cómo pudiste!— recriminó el señor Newton.

— Yo sólo quería ser el mejor…— masculló el muchacho— para no defraudarte— agregó.

— ¿Para no defraudarme? ¡Pero cómo se te pudo ocurrir hacer algo así! Siempre te he enseñado que debes jugar respetando a tus rivales ¡A jugar limpiamente! Lo que hiciste es una cobardía— refutó molesto el padre.

— No tenía otra opción… Discúlpame, padre— se excusó.

— ¡Ya deja de hacerte la víctima y mírame a la cara cuando te estoy hablando!— el padre del rubio, ya harto del comportamiento de su hijo, lo haló de un brazo haciéndole ponerse de pie además de levantarle el rostro. El chico observó con asombro la irritación de su padre— ¡Explícame por qué lo has hecho! ¡Explícame!— exigió el hombre fuera de sí, mientras le sacudía enérgicamente. Billie se hallaba paralizado, no sabía qué decir, la actitud de aquel hombre, había superado cualquier especulación. Después de un rato, al fin reacción.

— Ya… ¡Déjame!— exclamó zafándose de los brazos de su padre. El hombre le observó asombrado. De los ojos de Billie comenzaron a drenar gruesos y amargos torrentes de lágrimas— Ya fue suficiente— susurró sintiendo su garganta abultada— ¿Acaso no te das cuenta? ¿Acaso crees que realmente me importaba ser mejor que ese idiota? Todo lo que hice no fue porque realmente me interesara. Sólo lo hice para que te sintieras orgulloso de mí. Para que pudieras decir que tu hijo era el mejor basquetbolista, tal como lo querías— expresó el muchacho, ocultando la melancolía de su mirada bajo sus cabellos rubios— ¿Pero sabes qué?— añadió mientras secaba las lágrimas en su rostro— ¡Jamás me ha gustado el basquetbol!— vociferó con desesperación. Su padre abrió sus ojos con asombro, expresión que rápidamente mutó a una de molestia.

— ¡Pero qué estás diciendo! Si fuera así, jamás habrías ingresado al equipo— contradijo el hombre.

— Ya te dije que quería que estuvieras orgulloso de mí— murmuró— Pero nunca quise hacerlo.

— ¿Entonces por qué lo hiciste?— rebatió con suspicacia.

— Porque era lo que tú querías— contestó de forma automática, mientras empuñaba sus manos con fuerza, había algo que quería decir y ya había juntado el valor suficiente para hacerlo— ¡Vamos, padre! ¡Reconoce de una vez que jamás me escuchaste! ¡¿Acaso alguna vez me preguntaste qué era lo que yo quería?! ¡¿Alguna vez me escuchaste decir que amaba el básquetbol?! ¡¿Te pusiste a pensar si era realmente feliz?!— encaró expulsando las palabras que ya desde hace tanto le agobiaban. El hombre le escuchó en silencio, jamás había visto a su hijo de esa manera, y diciendo algo en lo que jamás había pensado: sus sentimientos.

— Hijo, yo…— masculló el hombre bajando la mirada.

— Ya no quiero oírte— dijo el muchacho, a la vez que huía de la habitación.

— ¡Billie, espera!— su padre intentó vanamente detenerle.

El señor Newton, se sentó en la cama de su hijo. Jamás había pensado en lo que pasaba con él. Quizás había sido egoísta. Bajó la mirada desalentado. No tardó en llamar su atención algo que asomaba bajo la cama del muchacho. Se inclinó para ver de qué se trataba, y descubrió que se trataba de una revista en la cual pudo leer "Revista científica-veterinaria". Entonces miró bajo la cama de Billie, encontrándose así con una enorme caja, la cual arrastró hasta que quedara junto a la cama y la abrió para ver su contenido. Nuevas revistas a las que se le sumaban libros de la misma temática asomaron prontamente. El señor Newton bajó la mirada con culpabilidad. Pues ahora descubría, que bajo esas cuatro paredes pintadas de básquetbol, se ocultaba en un pequeño rincón, el auténtico sueño de su hijo.


— Mira, ahí está— indicó el muchacho al reconocer a su hermana sentada en una banca en aquel parque donde había acordado reunirse— ¡Hola Sally!— saludó la estrella de Ryonan a la muchacha, mientras agitaba una mano. La chica levantó la mirada feliz al reconocer la voz de su hermano.

— ¡Akira!— exclamó mientras corría al encuentro del basquetbolista— ¡Que alegría me da verte!— expresó mientras abrazaba con desesperación al muchacho.

— No te pongas así, estoy bien— dijo el chico mientras sonreía divertido.

— Es que me quedé muy preocupada ¡Por qué no me habías contado que te habías ido de casa de tus padres en Navidad! ¡No debiste hacerlo, Akira!— regañó mientras golpeaba con sus puños el pecho del muchacho— No por mí— susurró, mientras iniciaba un llanto desolado por la culpabilidad que se adjudicaba en la decisión de su hermano.

— Pero qué dices— Sendoh rió sutilmente— Tú no tienes la culpa, fue una decisión que yo tomé, ya te lo había dicho— añadió mientras sacudía los cabellos de su hermana. Pronto la tomó del mentón para verla directamente a los ojos— Tú no tienes la culpa ¿Me oíste?— afirmó con la serenidad que persuadiría al mejor de sus contendientes.

— Pero… ¡Te pudo pasar algo!— refutó la ojiverde.

— No, eso habría sido imposible. Ya te dije que todo ese tiempo estuve con Sakuragi— contestó el chico de cabellos alzados. Sally frunció el ceño con evidente desagrado.

— ¡Sakuragi! Ese tonto me engañó todo este tiempo, jamás se lo perdonaré— refunfuñó ahora cruzándose de brazos.

— ¿Qué? ¿Acaso estás molesta con Sakuragi?— preguntó con asombro el basquetbolista. Sin embargo, recordó la presencia de su acompañante, quien observaba tímidamente la conversación familiar. Al notar que Sendoh posaba su atención en ella, sonrió amable. Para Sally esto no pasó desapercibido, por lo cual dirigió su mirada a la chica.

— ¿Y ella quién es?— preguntó curiosa mientras secaba con emergencia las lágrimas que quedaban en sus ojos.

— Kazumi— susurró Sendoh, a la vez que se aproximaba a la muchacha— Lo siento— se disculpó tomándose la cabeza.

— No te preocupes, entiendo— contestó la muchacha sonriendo con amabilidad.

— Mira, ella es Sally Bruce, mi hermana menor de la que te hablé— presentó ante la mirada curiosa de la ojiverde.

— Encantada— Kazumi hizo una reverencia sonriendo amable.

— Sally, ella es Kazumi Fujima, una amiga de la secundaria, cuando le hablé de ti sintió muchas ganas de conocerte— expresó ahora la estrella de Ryonan, su hermana pestañeaba algo confusa.

"Amiga de la secundaria"— pensó la castaña— "Mmh, esto me huele a noviazgo secreto"— añadió ahora con suspicacia a sus pensamientos la ojiverde, tras lo que frunció el ceño — Pues él jamás de habló de ti— indicó cruzándose de brazos.

— Bueno, es que no se había dado la ocasión— se excusó el muchacho mientras tomaba su cabeza sonriendo.

— Bueno, eso no importa. Pero ahora si podremos conocernos y espero que podamos ser amigas. Si eres la hermana de Akira, puedes considerarme tu amiga también— expresó la prima de Fujima sonriendo con agrado. La menor de los Bruce la observó con desconfianza.

"Amigas… Sólo quiere tener una buena excusa para estar con Akira, a mí no me engañas, ojitos de oro"— pensó con desconfianza— Eso ya lo veremos— espetó volteando la mirada con indiferencia. Sendoh la observó con asombro.

— ¿Sucede algo, Sally?— inquirió preocupado.

— Nada— contestó escuetamente— Sólo quiero ir a casa… compré pasteles y nos están esperando— expresó. Realmente no le agradaba la compañía de la amiga de su hermano.

— Bueno, entonces vamos— contestó Sendoh. Así, en compañía de Kazumi, caminaron rumbo a casa de los Rukawa.

— Sally, tienes mucha suerte por tener un hermano como Akira ¿Sabías?— expresó Kazumi. La castaña le miró con el rabillo del ojo.

— ¿Eso crees?— susurró sin darle mayor importancia.

— Por supuesto. Él te quiere mucho— contestó Kazumi— Lo conozco desde hace mucho y eso te lo puedo asegurar— añadió sonriendo dulcemente.

"A mí con esa sonrisita de caramelo no me conmueves"— pensó la ojiverde mientras alzaba una ceja. Sin embargo, el agudo sonido proveniente de la cartera que traía la chica de ojos dorados, interrumpió sus cavilaciones. Prontamente, la muchacha sacó su teléfono para coger la llamada entrante.

— Hola Kenji— contestó la muchacha— ¿Cómo? Sí, en seguida voy para allá— de forma inmediata la chica colgó— Chicos lo siento… Ya tengo que irme— se excusó apenada.

— ¿Pasó algo malo?— preguntó el chico de Ryonan.

— No. Es sólo que olvidé que hoy es el aniversario de mis tíos, y tengo que estar ahí. Tengo que irme corriendo— explicó la joven sonriendo avergonzada.

— Vaya, es una lástima… Supongo que otro día podrás venir con nosotros— musitó Sendoh.

— Claro, por mí encantada— contestó la prima de Fujima— Bueno, Sally ha sido un placer conocerte, espero verte pronto— la castaña le contempló recelosa— Y ya nos veremos Akira— se despidió ahora del muchacho. Tras lo cual salió corriendo de regreso a casa.

— Bueno, tendremos que ir sólo nosotros— expresó Sendoh sonriendo divertido.

— Sí— contestó Sally, a la vez que sonreía del modo que no lo hizo durante toda la estadía de la amiga de su hermano.

— Y dime ¿Qué te ha parecido Kazumi? ¿Verdad que es una chica muy simpática?— comentó la estrella de Ryonan.

— Bueno pues… No lo sé, creo que debo conocerla un poco más para tener una opinión— contestó con indiferencia. Akira le observó curioso.

— Vaya ¿Eso crees?— susurró.

— Ajá.

— Bueno, ya tendrás mucho tiempo para conocerla, y te darás cuenta que es muy amable, dulce y simpática— indicó Akira sonriendo.

— Vaya, así que además de ser simpática, es amable y dulce ¿No se te quedará algún halago por ahí?— preguntó alzando una ceja. El muchacho le contempló con asombro.

— ¿Eh? ¿Por qué lo dices?— preguntó con inocencia. La chica le miró con desconfianza.

— Pues, creo que esa chica te gusta, Akira— pronunció cruzándose de brazos. Sendoh abrió sus ojos con asombro, mientras un leve rosa coloreaba sus mejillas.

— No, te equivocas, eso no es cierto— negó de inmediato— Ella es sólo una amiga que quiero mucho— añadió.

— Tu cara me dice lo contrario— refutó con molestia, Sally. Akira pestañeó curioso.

— ¿No me digas que estás celosa?— preguntó. La ojiverde abrió sus ojos con asombro.

— ¡Pero qué dices! ¡Yo no estoy celosa de esa niña! Que tonto— negó al instante mientras sus mejillas se coloreaban. Aunque intentara ocultarlo, sabía que su hermano tenía razón.

— ¿Estás segura? Tu cara me dice lo contrario— expresó Sendoh mientras reía divertido. Sally volteó el rostro mientras se cruzaba de brazos. Pronto las risas de Akira cesaron— Por cierto. Hace un rato quise preguntarte algo, pero no lo hice— comentó el muchacho.

— ¿Eh?— susurró la chica de ojos verdes mirando a su hermano.

— Es sobre Sakuragi… ¿Estás molesta con él?— cuestionó extrañado. La expresión de la muchacha volvió a tornarse molesta.

— Claro que sí… Jamás le perdonaré que me haya ocultado que te habías escapado de casa. Aunque insistas en que no tengo la culpa, creo que tenía derecho a enterarme, y él no pensó en mí— explicó la muchacha volviendo a cruzarse de brazos.

— Pero sólo quiso ayudarme— dijo Akira.

— El que te haya permitido vivir en su casa no le da derecho a ocultarme lo que estaba pasando— refutó la chica.

— Fui yo quien se lo pedí— confesó el muchacho.

— ¿Qué dices?— susurró con asombro.

— No quería que tuvieras más preocupaciones… Ya tenías bastante con lo que pasó en Noche Buena, además de lo que está pasando en casa de Rukawa. Es por eso que le pedí que no te dijera nada de eso— explicó la estrella de Ryonan.

— Pero…

— Por eso te pido que no te enojes con Sakuragi ¿De acuerdo?— Akira sonrió serenamente. La chica bajó la mirada pensativa.


— Esta bien, llamaré otro día— susurró con decepción mientras colgaba el teléfono. Y es que una vez más, como ya se hacía costumbre, Kaede Rukawa no se encontraba en casa haciendo que, las llamadas de Megan no cumplieran su objetivo.

La muchacha caminó rumbo a la segunda planta para ir hasta su habitación. Una vez frente a su puerta, por inercia giró la mirada hacia la habitación de al lado. Caminó hasta ella y entró. Todo estaba intacto. Nada había cambiado desde año nuevo. Un chaleco gris sobre su cama; el balón de básquetbol junto al escritorio; sus tenis a los pies de la cama; y su pijama sobre una silla.

Ese pijama que había dado inicio al juego amoroso que los uniría aún más de lo que ya estaban. Los recuerdos de amor nocturno comenzaron a invadir la mente de Megan; los recuerdos de amor simple, silencio pero auténtico; los recuerdos de su presencia…

Su presencia…

Aquella con la que no contaba. Ni siquiera su voz proyectada en el teléfono había concurrido para espantar su soledad. Y ya no lo soportaba más.

— Si no podemos hablar… nos veremos— pronunció mientras se ponía de pie— "Kaede, espérame en Japón. Estaré allí para apoyarte, cuanto antes"…


MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO =)

Reviews:

summerneverlasts: Hola :D ! Quiero agradecerte por seguir mi historia, me alegra un montón que te guste lo que va. Muchas gracias por leer y comentar. Saludos = ) !

Jorge 4: Hola! Bueno, estos capítulos han sido un poquito más densos y con menos carga humorística principalmente por la situación que afecta a nuestro protagonista, sin embargo, las cosas se aliviarán pronto y ya no habrá tanto dramatismo que involucre a tantos personajes xD. Bueno, agradecerte una vez más por tu comentario y por leer cada capítulo. Hasta el siguiente. Saludos :D!