Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.
Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica
Capítulo #31: Reencuentros y traiciones
Dando pasos vacilantes, aquella joven caminó por las afueras del recinto deportivo. Su mirada errante, buscaba de un lado a otro a las jóvenes por quien aguardaba. Sin embargo, a pesar del pobre poblamiento del área, no lograba verlas.
— "Que extraño. Fuji y Matsui me dijeron que estarían esperándome aquí ¿Ya se habrán ido?"— se cuestionó internamente.
Ya había pasado más de cuarenta y cinco minutos desde que el partido contra Takezono había concluido, y ya todos se habían marchado. Excepto alguien…
— Vaya, con que aquí estabas— habló tras de Haruko, una voz rápidamente reconocible para ella.
— Mi-Mitsui— susurró volteando hacia el chico de tercero.
— ¿Por qué te sorprende verme?— cuestionó él, alzando una ceja— ¿Acaso no eras tú quien quería verme aquí?— dijo ahora.
La hermana de Akagi abrió sus ojos desmesuradamente.
— "¿Pero qué está diciendo? Yo no le pedí eso"— caviló con asombro.
— Pero para la próxima, no quiero que me envíes a tus amigas como mensajeras. Habla tú directamente conmigo— musitó viéndola de soslayo.
— "¡¿Qué?! ¿Matsui y Fuji?"— se cuestionó internamente. Sin embargo, pronto pudo comprenderlo. Sus amigas habían planeado todo— "No puedo creerlo ¿Por qué lo hicieron? ¿Y desde cuándo lo habrán hecho? Por eso durante el partido sentía que me observaba… Y ahora ¿Ahora qué le digo? Supuestamente yo quería decirle algo, pero no sé qué decir ¡Ay chicas por qué hicieron eso!"— sus internos cuestionamientos la hacían sonrojar avergonzada.
— Oye ¿Me estás escuchando?— inquirió el chico de la cicatriz, demandando la distraída atención de la castaña.
Haruko le miró rápidamente, saliendo de sus pensamientos.
— Sí, está bien— contestó presurosamente.
El muchacho le contempló unos segundos seriamente. Tras lo cual, inició su tranquila marcha.
— Vamos— pronunció secamente— Lo que quieras decir, que no sea aquí— dijo ahora sin detenerse. Las palabras de Mitsui aliviaron a la muchacha. Ya que la caminata, le daría la oportunidad de pensar, qué le diría.
La abundante concurrencia transitaba en infinitas direcciones en aquel sitio. El murmullo generalizado; las intermitentes intervenciones de una voz femenina a través del altoparlante; familias dando la bienvenida y otros, la despedida a sus visitantes, era el ambiente en el cual se hallaban inmersos aquellos jóvenes.
Sus ojos buscaban entre la muchedumbre por quien aguardaban. Y es que hace ya algunos minutos, el arribo del vuelo en que llegaría Megan a Kanagawa, había sido anunciado. Y a pesar de ello, no lograban encontrar a la joven.
— Sally ¿Estás segura que era el vuelo 72?— inquirió extrañado el muchacho.
— Sí, Akira. Estoy segura— susurró la ojiverde sin dejar de buscar con la mirada a su hermana.
— "Bueno, quizás aún debe estar retirando su equipaje"— concluyó la estrella de Ryonan.
— ¡Ay está!— la jubilosa voz de Sally, anunció que ya veía a su hermana— ¡Hermana!— exclamó, para luego salir corriendo al encuentro de la pelinegra.
Megan al notar que alguien corría en su dirección, volteó curiosa; no tardando en reconocer a su hermana menor.
— ¡Sally!— pronunció animosamente a forma de salutación. Antes de que pudiera decir algo más, su hermana se lanzó a sus brazos efusivamente.
— No sabes lo feliz que me hace que estés aquí, hermana— susurró aún abrazada a Megan.
— A mí también— correspondió la joven.
Pronto se alejó uno poco de la castaña para verla al rostro.
— ¿Estas llorando?— inquirió con asombro al detectar un húmedo brillo en sus orbes verdes— ¿Por qué lloras?— cuestionó ahora riendo sutilmente.
— Es que…— masculló la ojiverde mientras secaba sus ojos— Te extrañaba mucho hermana, por eso estoy feliz— contestó sonriendo débilmente.
Megan sonrió de medio lado, en un par de segundos, había comprobado que su hermana seguía siendo la misma de siempre.
La cercana presencia de un tercero, no tardó en llamar la atención de la recién llegada. Esta alzó la mirada por inercia, encontrándose con un muchacho de curioso peinado, que las contemplaba afablemente. Al notarlo, Sally se recompuso rápidamente sonriendo con mayor determinación.
— Akira, ella es Megan— presentó Sally señalando a la pelinegra.
— Encantado de conocerte— saludó con amabilidad, haciendo una reverencia.
— Ah… ¿Entonces tu eres Akira Sendoh?— inquirió afirmativamente la chica de ojos celestes.
— Sí, él es nuestro hermano— añadió la ojiverde.
La alegre intervención de su hermana, pareció no causarle simpatía a Megan. Emoción que no intentaría ocultar.
— No digas tonterías— alzando una ceja, Megan sonrió con desdén. Tanto Sendoh como Sally, no pudieron restringir en sus rostros la expresión de asombro.
— Hermana— masculló la castaña.
— ¡Megan! ¡Megan! ¡¿Dónde te metiste?! ¡Megan!— las escandalosas vociferaciones de alguien más, sacaron del rígido ambiente que envolvía los jóvenes. Los tres voltearon en dirección del escandaloso nuevo integrante.
— ¡Hey! ¡Pero qué demonios haces tú en Japón!— cuestionó contrariada la ojiverde.
— Sally— balbuceó atontado— ¡Qué alegría me da verte!— exclamó efusivo, mientras corría a abrazarla.
Pronto se alejó sutilmente para contemplar su rostro. Una amargura espontánea se proyectó en su rostro.
— Por…. ¿Por qué te fuiste así? ¿Por qué me abandonaste sin antes despedirte?— cuestionó afligido mientras lágrimas infantiles asomaban en sus ojos.
Akira observaba curioso la escena, mientras que las muchachas, veían al pelirrojo con falso enojo. Sally le golpeó con un puño en la cabeza.
— Ya déjame en paz. No tengo que darte explicaciones— musitó con molestia tras cruzarse de brazos.
— Ya se me hacía raro tanta lealtad a Kaede… Tú no viniste a Japón por él, sólo querías ver a Sally— recriminó con aparente molestia. Eddie sonrió avergonzado.
— No, no es así— negó de inmediato— Vine para apoyarlo a él, pero también me hace muy feliz ver a Sally— explicó tras lo cual rió traviesamente.
— Como digas— espetó Megan, irónicamente.
— Bueno, ya es hora de irnos a casa— anunció la ojiverde— Allá nos estará esperando el señor Rukawa, es muy amable. Te agradará, eso te lo puedo asegurar— anticipó la muchacha. Dando inicio así, el camino que los conduciría a casa de los Rukawa.
Sus pasos alargados, y su jubilosa expresión, relataban el entusiasmo en el andar de aquel muchacho. Había obtenido una nueva victoria con el equipo de Shohoku, y nada más y nada menos, que contra uno de sus más acérrimos contendores: Oda. Hazaña, que para Hanamichi Sakuragi, era digna de ser comunicada a la chica de sus sueños.
— "De seguro Sally se sorprenderá mucho cuando se entere que este hombre tan talentoso y su equipo de Shohoku, consiguieron una nueva victoria, y que ya está dentro de los cuatro mejores equipos de Kanagawa"— cavilócon entusiasmo— "De seguro la haré muy feliz"— sus mejillas coloreadas a juego con su cabellera, no tardaron en relatar los ensoñados pensamientos del pelirrojo— ¡Sally, allá voy!— exclamó ahora mientras iniciaba su entusiasmada carrera hacia casa de los Rukawa.
Las olas chocaban con estrepitosa vitalidad contra las abundantes rocas de aquella playa. Lo cual era relatado por la efervescencia resultante del impacto de las salinas aguas marinas.
El viento, que aún conservaba su avasallante transito, heredado de las más gélidas jornadas de la estación invernal; hacía danzar revoltosamente los oscuros cabellos de aquel solitario espectador de la panorámica natural.
Sentado en la fina arena, su mirada fríamente azulada, se perdía en las distantes aguas de aquella playa; ignorando por completo, la silenciosa presencia de alguien más.
— Es un día un poco frío para mirar las olas ¿no crees?— Rukawa volteó el rostro de forma casual, encontrándose con la sonriente expresión de Kazumi.
En cuanto reconoció a la muchacha, su expresión se tornó repentinamente grave.
— Quiero estar solo— musitó secamente, regresando su mirada al mar— ¿Por qué me persigues?— cuestionó con fastidio.
— Ya te dije que quiero hablar contigo— contestó bajando la mirada— Necesito hacerlo— confesó afligida— Por eso, después de que no quisiste hablar conmigo esta mañana, comencé a buscarte en todos los lugares donde solías ir cuando niño— explicó— Aunque en ninguno de ellos te encontré. Sólo de casualidad te vi aquí— relató ahora.
Rukawa permanecía inmutable con su mirada fija en el vaivén de las olas.
— Descubrí este lugar hace algún tiempo… Cuando me traicionaste— musitó en tono neutro y total indiferencia.
La chica abrió con desmesura sus ojos, al sentir las escuetas pero directas palabras del ojiazul atravesar sus entrañas.
— Kaede— pronunció dando inestables pasos hacia el joven— Yo no quise hacerlo, pero tienes que entenderme… No sabía cómo decirte que me marcharía a Tokio— las angustiadas excusas de Kazumi, no lograron sensibilizar al ex Shohoku.
— Esa no es una justificación. Además, ya no importa— espetó poniéndose de pie— Y ya deja de perseguirme, molestas— añadió con indiferencia.
La prima de Fujima, le vio con su mirada vidriada iniciar su marcha. Había comprobado que los cambios externos que había advertido en Rukawa, se conjugaban perfectamente con su actitud. Situación, que no podía aceptar.
— ¡Kaede!— exclamó la muchacha mientras se apresuraba en alcanzar al basquetbolista. Éste se detuvo al sentir que Kazumi le retenía de un brazo.
— ¿Y ahora qué?— cuestionó con fastidio.
— No importa que me perdones… estás en tu derecho de no querer hacerlo— pronunció cabizbaja— Pero hay algo que me preocupa, y tengo que decírtelo— añadió seriamente— No puedo creer lo que has cambiado en tan sólo cuatro años— expresó abandonando la sutileza de sus anteriores dicciones— ¡Nadie cambia tan bruscamente! Dime ¿Dónde quedó la inocencia que reflejaba tu mirada? ¿Y la gentileza de tu sonrisa? ¿Qué pasó con el muchacho alegre y divertido?— cuestionó con angustia.
Rukawa escuchaba en silencio y con la mirada baja las palabras de la joven.
— Pero por sobre todo…— susurró, reflexionando brevemente si debía continuar su monólogo. Respiró hondo para proseguir, un sutil rosa invadió sus mejillas— Dónde… ¡Dónde quedó el chico del que me enamoré!— vociferó enérgicamente, con sus manos empuñadas.
El muchacho, abrió sus ojos con desmesura, atónito ante la inesperada declaración de Kazumi.
Siendo guiados por Sally; su hermana, Eddie y Sendoh; caminaron hasta la sala principal de aquella morada. No tardando en aparecer, un hombre que sonreía con agrado de ver a la muchacha regresar.
— Buenas tardes— saludó mientras se aproximaba al grupo adolescente. La ojiverde se encaminó rápidamente hacia el hombre.
— ¡Señor Rukawa!— exclamó feliz— ¡Mire, ella es mi hermana Megan!— presentó al instante. La pelinegra se puso de pie para saludar al hombre.
— Oh, encantado de conocerla, señorita Bruce— expresó haciendo una sutil reverencia, el hombre.
— Megan, él es el señor Rukawa, el padre de Kaede Rukawa— presentó ahora. La chica de ojos celestes se detuvo momentáneamente a contemplar al hombre.
No tardó en reconocer la herencia otorgada a su hijo en sus ojos, no así en la frialdad de su mirada. Aquel hombre denotaba mayor expresividad.
Su cabello, igualmente negro, lo llevaba corto y carente del caótico peinado de su novio. Y un pequeño bigote sobre sus labios, parecía restarle un poco de jovialidad. A pesar de ello, Megan no pudo evitar pensar en la juventud del padre de su novio. Y de tal manera, causarle extrañeza la prematura muerte de su madre.
— Buenas tardes, señor. Es un gusto conocerlo— saludó ahora, haciendo una educada reverencia.
Prontamente, el pelirrojo se abrió paso entre los presentes para llegar hasta el anfitrión.
— Buenas tardes, señor. Como nadie nos presenta, lo haré yo: Mi nombre es Eddie Hoffman y soy el más fiel amigo de su hijo— se presentó con orgullo. El padre del pelinegro pareció decir algo, pero Eddie continuó su discurso— Y lamento darle esta mala noticia, pero he venido para llevármelo de regreso a los Estados Unidos. Espero que me comprenda— expresó ahora trivialmente, para pronto extenderle una mano.
El hombre, con perplejidad, le extendió de vuelta la mano.
— Es un gusto conocerlo, joven Hoffman— pronunció vacilante.
Un sorpresivo coscorrón, propinado al pelirrojo, acabó con la presentación.
— Pero Megan— protestó el muchacho al descubrir quién le había golpeado.
— Eso te pasará hasta que aprendas a ser más educado— refunfuñó cruzada de brazos, la pelinegra. De la cabeza del señor Rukawa, Sally y Sendoh, pareció aparecer una gotita.
— Bueno— dijo ahora el padre de Kaede— De seguro el viaje debió ser muy agotador, y deben tener mucha hambre, iré por algunas cosas a la cocina y regreso— anunció.
— ¡Yo voy con usted!— exclamó entusiasta la ojiverde.
— Esta bien— sonrió el hombre.
— ¡Esperen!— pronunció el pelirrojo. Ambos voltearon la mirada con curiosidad al muchacho.
— Sí, qué quieres Eddie— susurró Sally.
— Es que… yo quisiera ir al baño— confesó avergonzado. Megan se limitó a bufar.
— Ven, yo te enseñaré dónde queda— se ofreció la castaña. El pelirrojo feliz, inició el camino junto a la chica.
Sendoh y Megan habían quedado a solas en la sala. Él ya había advertido en el aeropuerto la resistencia y hostilidad de la joven al lazo sanguíneo que los unía. Ante lo cual, prefería permanecer en silencio, para evitarle a su hermana un mal rato.
El silencio se prolongaba en largos e incómodos segundos, a lo que se sumaba la descortesía de su mirada, que parecía prestar mayor atención a su falda que al muchacho. Situación que en sí no molestaba a la estrella de Ryonan, pero que le hacía vacilar en iniciar un diálogo. Sin embargo, para su sorpresa, fue ella quien rompió el hielo.
— Oye— musitó en medio de un suspiro, parecía estar saliendo de un debate interno, ante el cual ya había tomado una decisión.
Akira volteó con curiosidad la mirada hacia la pelinegra, dándole el espacio para que continuara sus palabras.
— Sé que hace un rato en el aeropuerto, no fui muy amable que digamos— pronunció condescendiente— Pero debes entender que para mí todo esto no es fácil de aceptar— añadió con su mirada baja, ante la prolija atención de Sendoh —Cuando nos enteramos de la verdad hace algunos meses, Sally y yo discutimos por la decisión que ella tomó de venir a Japón… Es más, aún no estoy convencida de que haya sido lo mejor— continuó— Sobre todo, porque estoy convencida que puede salir dañada de todo esto. Y no quiero verla sufrir por una mujer que no vale la pena— para Akira no fue difícil advertir la tirria en las palabras de Megan— Pero por otra parte, me alegra que te haya encontrado a ti— dijo ahora alzando la mirada, sonriendo de medio lado— No puedo olvidar que has estado a su lado de manera incondicional. Supongo que enterarte de todo esto para ti tampoco debió ser nada fácil, pero no dudaste en apoyar a Sally… Por eso estoy muy agradecida contigo— expresó serena.
Akira sonrió con la gentileza que solía hacerlo.
— Pero a pesar de eso…— continuó Megan, desviando la mirada ante el amable gesto de su hermano— No puedo verte como mi hermano— confesó con pesar. El muchacho bajó la mirada— ¡Yo no soy como Sally!— expresó con angustia— Ella es capaz de perdonar y olvidar fácilmente. Es mucho más flexible que yo. Es por eso que fue ella quien vino por Nanami a Japón— explicó. El joven notaba con asombro, como Megan trataba por su nombre a su madre— En fin, esta es la primera vez que te veo; y al enterarme después de dieciséis años de tu existencia; me cuesta verte como mi familia, más aún dadas las circunstancias. Espero que no te moleste mi franqueza, pero realmente tenía que decírtelo— concluyó la muchacha.
Akira contempló a Megan algunos segundos. Ahora entendía el porqué Sally la necesitaba cerca. Ella era una muchacha con carácter, preocupada del bienestar de su hermana menor, y muy honesta. Sin duda era una chica digna de confianza. El joven volvió a dibujar una sonrisa gentil.
— No te preocupes, entiendo— contestó. Megan alzó la mirada con sorpresa— Sé que no es nada fácil enterarse de todo eso. Para mí también lo fue— confesó— Pero a pesar de eso, me da mucho gusto haberlas conocido, sin duda son las hermanas que elegiría— expresó sin abandonar su serena expresión— Por eso, quiero que sepas que puedes contar conmigo en lo que quieras. Para mí sí eres mi hermana, y si algún día llegas a verme como tal, estaré encantado de saberlo— concluyó observando con complacencia a la pelinegra.
Megan sonrió de medio lado. Ahora podía comprobar en carne propia, la incondicionalidad de aquel muchacho.
Aquel agradable ambiente, fue repentinamente interrumpido, por el sonido de unos pasos aproximándose a la sala. Ambos jóvenes viraron sus rostros en dirección de los sonoros pasos. Ante ellos, aparecía en el umbral, la figura de Kaede Rukawa.
Aquella pareja caminaba en total mutismo por la ciudad. Ella juzgaba una y otra vez la atrevida acción de sus amigas al arreglarle una cita con aquel muchacho. Él, la regañaba internamente por hacerle perder su tiempo una vez más. Ya que anticipaba, que como ya se hacía costumbre, en algún momento, Haruko saldría corriendo por alguna "ofensa", y le haría sentirse otra vez como un completo idiota. Algo a lo que, no estaba dispuesto.
Ensimismado en sus reflexiones, no notó que la muchacha se detenía repentinamente. Al haber dado unos cuantos pasos en solitario, recién advirtió la ausencia de la hermana menor de Akagi.
Volteó encontrándose a un par de metros de la chica. Frunció el ceño y regresó hasta ella. Ahora vio con fastidio que permanecía paralizada, y con una adolorida expresión reflejada en sus ojos.
— "Qué rayos le pasa ahora"— caviló con molestia, mientras buscaba con su mirada, lo que mantenía inmóvil a la joven. No tardó en encontrarse con Rukawa, caminando junto a una joven desconocida para él.
Ahora Mitsui, resopló de mala gana. Como era de esperarse, era su ex compañero de equipo, el contenido unánime de los pensamientos de Haruko.
El tirador de triples se paró junto a la muchacha, para observar junto a ella, al basquetbolista y su misteriosa acompañante.
— Debe ser su novia ¿No crees?— inquirió. Haruko saliendo de sus pensamientos, lo miró confusa.
— Sí, es lo mismo que pienso— admitió que aquella idea ya había pasado por su cabeza.
— Qué suerte tiene— espetó el muchacho sin apartar la mirada de Megan. Haruko volteó hacia Hisashi atónita. Expresión, que no pasó desapercibida para él— Me refiero a ella, tiene suerte de que Rukawa la haya querido como novia— especificó alzando una ceja. Haruko bajó la mirada avergonzada.
Interpretaba cierta burla en las palabras del chico de cabello azulado.
— Aunque no entiendo cómo lo hizo esa chica. Con lo insensible que es Rukawa con las mujeres— comentó en voz alta— ¿Y tú qué piensas?— interrogó ahora a su acompañante.
— Bueno, pues…— pronunció vacilante— No sabría decirlo— susurró. Hisashi percibió inquietud ante el tema por parte de la chica. Sonrió de medio lado, y dio algunos pasos hacia adelante.
— Dime algo— musitó sin voltear— A ti todavía te gusta Rukawa ¿No es cierto?— no sabía bien por qué lo preguntaba, pero quería oír la respuesta.
— ¡No, no! Estás equivocado— negó al instante la muchacha con algo de sobresalto. Mitsui le miró de soslayo.
— No mientas— espetó incrédulo— Estoy seguro que el verlo de nuevo, hace que vuelvas a sentir algo por él— añadió regresando la mirada hacia el frente.
— No, eso… Eso no es cierto— refutó clavando sus ojos al suelo. No le gustaba la idea, de que él pensara que aún estaba interesada en Rukawa.
Mitsui soltó una casi imperceptible risa desdeñosa.
— Y dime ¿Cómo puedes comprobar eso? Yo no te creo nada de lo que dices— rebatió el chico de la cicatriz.
El debate interno de Haruko ante lo que debía decir, la mantenía silente. No sabía qué decir. O quizás sí, pero no creía poseer el valor de decirlo.
— ¿Ves? El silencio otorga. Sigues enamorada de Rukawa— ante el prolongado silencio de la joven, concluyó tener la razón, triunfalmente.
Haruko abrió sus ojos con desmesura. Estaba haciendo todo para que Mitsui se convenciera que realmente seguía pensando en Rukawa. Eso, no lo podía permitir.
— ¡Mentira!— exclamó apretando sus ojos mientras sus mejillas se coloreaban de un escarlata intenso.
El muchacho le vio con asombro. Nunca había visto a la castaña, tan sobresaltada. Ese no era el carácter que solía demostrar.
— Yo… Yo no estoy enamorada de Rukawa… Ya no— refutó mirando al chico. Pronto bajó la mirada para continuar— Y eso es… Porque…— pronunció aún dubitativa.
No estaba segura de si debía decirlo. Sobre todo por la posible reacción del basquetbolista.
— Porque me gusta alguien más…— argumentó, sintiendo como su corazón se estrellaba violentamente contra su pecho, y un desconcertante flaqueo en sus piernas.
Una nueva sonrisa desdeñosa por parte de su acompañante, le hizo levantar la mirada.
— ¿Y esperas que yo crea eso? Aún no creo nada de lo que dices— contradijo el chico de ojos azules— Aunque… Si es cierto… Dime de quién se trata— desafió. Estaba seguro que la chica mentía. Y por eso, no dudaba en ponerla en aprietos hasta que aceptara la verdad.
Haruko bajó la mirada. No sabía si decirlo. Mientras que, Mitsui, dibujaba una sonrisa victoriosa en sus labios. Todo indicaba que Haruko, pronto aceptaría su derrota.
Derrota…
Para Mitsui, esto parecía un juego. Cada oportunidad que tenía para declararse vencedor, le hacía sentir decoro.
Sin embargo, el rosa intenso del semblante femenino, le hizo entender, que la joven se decidía a hablar.
— Tú— susurró.
Mitsui abrió sus ojos con asombro.
— ¿Qué dijiste?— cuestionó atónito. La muchacha alzó la mirada con sigilo, para encontrarse con la de Mitsui.
— Tú me gustas, Mitsui…
La brisa a aquellas horas de la tarde, parecía volverse más gélida. El sol, coloreado de un llamativo naranja, se fusionaba en el horizonte marino.
Aquellos jóvenes permanecían en pleno silencio, dejando que el ruido de las olas, fuera la sinfonía natural en el ambiente.
Rukawa, algunos pasos más adelante, contemplaba impasible, el paisaje marino. Y Megan, unos pasos tras él, observaba al muchacho, compasiva. No sabía cómo iniciar el diálogo.
La actitud de Kaede al encontrársela en casa, no había sido de alegría. En realidad, Megan entendía que su novio no era muy demostrativo. Pero esta vez, detectó una indiferencia extra, incluso cierta molestia.
Intuición que ahora parecía ser confirmada, ante el prolongado silencio de su novio. Ahora Megan pensaba, que quizás no había sido buena idea venir sin decirle nada. Tal vez, debió preguntarle si quería verla. Quizás, realmente quería estar solo.
Supuso que todo eso, era producto de la reciente muerte de su madre. Entonces, se decidió a hablar.
— Kaede— pronunció.
El muchacho, al sentir la voz de su novia, abrió sus ojos con asombro. Al parecer iniciaba la conversación tantas veces pensada en su mente.
— En primer lugar, quiero decirte que siento mucho lo de tu madre— expresó con pesar, ante un silencioso Rukawa— Me gustaría haber podido estar antes contigo y apoyarte. Perdóname— añadió.
Rukawa guardó silencio. No quería contribuir al diálogo. Sin embargo, luego de pensarlo, se decidió a contestar.
— Eso no importa— musitó seriamente.
— ¡Claro que importa!— refuto contrariada— Soy tu novia, y como tal, mi deber es estar contigo cuando me necesites— argumentó.
El pelinegro permaneció reflexivo. Las últimas palabras de la muchacha, lo habían conducido antes de lo que esperaba, al momento central de la conversación.
— Ya no— espetó seriamente. La muchacha abrió sus ojos con asombro.
— Qué… ¿Qué dijiste?— articuló vacilante— Creo que no estoy entendiendo.
— Ya te dije…— musitó, mientras empuñaba sus manos con fuerza, dándose aliento a continuar—Se acabó, ya no eres mi novia— sentenció, con un oscuro tono en su voz.
La mirada atónita de Megan, oscilaba con un reflejo húmedo en sus orbes celestes. No lograba dar crédito a las palabras del muchacho. Acaso… ¿Acaso hablaba enserio?
— No estoy bromeando— confirmó el basquetbolista.
La muchacha comenzó a buscar en su mente, la posible causa de la determinación de Kaede, las cuales comenzó a enumerar, con la urgente necesidad de que el chico, le diera la respuesta.
— Es… ¿Acaso estás molesto porque vine sin avisarte?— cuestionó.
— Cómo crees— espetó con un dejo de ofensa, Kaede.
— Entonces ¿Es porque no vine antes?...
— No— contestó secamente.
— ¿O es porque estás aún muy triste por la muerte de tu madre y quieres un tiempo para estar solo?
Kaede guardó silencio unos segundos. No quería seguir respondiendo a las preguntas de la muchacha, las que se volvían, algo tormentosas.
— No digas tonterías— espetó al fin, con aparente desdeño a las especulaciones de la joven.
— Entonces… ¿Tienes a otra chica?— inquirió con un nudo en la garganta, era la primera posibilidad en la que había pensado, además, la que más le dolería aceptar.
— Que tonta— musitó Kaede.
— Entonces… ¡Dime por qué!— exigió sintiéndose humillada ¿Acaso había venido hasta Japón sólo para que Kaede acabara con su relación?
— Eso no tiene importancia— eludió la pregunta el chico de mirada fría.
— ¡Claro que la tiene! Tal vez para ti no, pero para mí si es importante… Y no me iré hasta que me des una respuesta coherente— expresó firmemente. Kaede ya conocía a Megan, y estaba seguro que era capaz de cumplir su palabra.
El muchacho comenzó a formular internamente una respuesta creíble para la chica. Sabía que era lo suficientemente inteligente para no creer la primera tontería que cruzara por su cabeza.
— ¡Vamos, dilo de una vez!— alentó con impaciencia la pelinegra. El silencio de Rukawa se hacía cada vez más molesto para ella.
Sin embargo, la idea perfecta pareció atravesar la mente del basquetbolista. Y no vaciló en decirlo:
— Fue por Newton…— musitó en el inmutable tono de su voz. Megan abrió sus ojos con asombro.
— ¿Newton? ¿Qué demonios tiene que ver él aquí?— inquirió molesta.
— Quise ser tu novio, sólo por hacerlo enfadar— explicó— Yo nunca te quise. Sólo te utilicé— aquellas palabras, parecieron ser una aguja que punzante, atravesaba el pecho de Megan.
La joven analizaba las palabras dichas por Kaede. De la rivalidad entre él y Billie, no cabía ni la más mínima duda. Pero ¿Y todos los detalles que había tenido con ella? El amor que reflejaba su mirada cuando lo veía a los ojos ¿Lo había fingido? ¿Para él tan sólo había sido un trofeo? Y ella… ¿Había caído como una estúpida?
Megan empuñó sus manos, acercándose hasta el muchacho, golpeando con insistencia en su torso.
— ¡Eres un maldito! ¡Te odio! No quiero volver a saber de ti ¡¿Me oíste?!— vociferaba furiosa, mientras algunas subversivas lágrimas drenaban contra su voluntad por su rostro.
Kaede, con aparente impavidez, dejaba a la muchacha descargar su ira contra él. Entendía perfectamente su reacción.
— Y vete buscando un lugar donde vivir… ¡Porque a mi casa no regresas, idiota!— le grito a la cara, con las pocas energías que le quedaban.
— No regresaré— contestó en la neutralidad de su voz.
— ¿Qué dijiste?— susurró Megan, no logrando comprender a qué se refería el chico.
— No regresaré a Norteamérica. Nunca…
El timbre de la casa de los Rukawa, sonaba con insistencia. A pesar de haber comenzado a sonar recientemente. El visitante, parecía traer urgencia. La ojiverde salió de prisa a atender. Encontrándose con los casi dos metros de altura de su compañero de salón.
— ¡Hola Hanamichi!— saludó con entusiasmo la muchacha.
— ¡Sally, que gusto me da verte!— expresó alegre el pelirrojo, mientras soltaba una de sus estridentes carcajadas.
— Por favor, pasa— invitó al instante la castaña— Dime ¿qué te trae por aquí? Según recuerdo hoy no estudiaríamos— pronunció amablemente mientras se encaminaban a la sala. El pelirrojo se tomó la cabeza avergonzado ante la pregunta de la chica.
— Bueno, quería contarte que…
— ¡Sally!— una impactada exclamación interrumpió el diálogo de los muchachos.
— ¿Eh?—susurró Hanamichi, mientras volteaba curioso en dirección de quien hablaba.
— ¡Sally! ¡Dime quién es ese tipo! ¡Acaso es tu novio!— exclamó con reproche, Eddie.
— ¿Qué?— masculló la muchacha ante tal inferencia. Mientras que, Sakuragi sonreía atontado y halagado ante la ocurrencia del desconocido.
— ¡Eso no lo puedo permitir!— vociferó Eddie, mientras lanzaba un puñetazo al chico de Shohoku.
Sakuragi, bordeó con sus propios dedos, la parte baja de su nariz, pudiendo ver en ellos, restos de una hilera sanguínea que drenaba por su nariz.
— Miserable, eso me dolió ¡Ya verás!— gruñó mientras clavaba enérgicamente uno de sus puños en el rostro de su nuevo rival.
Ahora los golpes iban y venían entre los pelirrojos. Sally, presa de una desesperación ante la violenta escena, sólo podía emitir gritos de súplica para que los jóvenes se detuvieran.
Las súplicas de Sally parecían ser inaudibles para los contendores. No así, para Sendoh y el señor Rukawa, que aparecían preocupados por las exclamaciones de la chica.
— ¿Qué está pasando aquí?— inquirió Akira al ver la escena.
— Muchachos, deténganse— pidió el padre de Kaede. Petición que no fue oída por los jóvenes, que seguían golpeándose en medio de reproches.
Ante la insistencia de los jóvenes en su pelea. Sally comenzó a buscar en su alrededor algo que le pudiera ayudar a detenerlos. No tardó en ver una lámpara de mesa, la cual no dudó en tomar.
— ¡Ya basta!— exclamó mientras le proporcionaba a cada uno, un golpe en la cabeza con la lámpara. Los muchachos se detuvieron al instante, encorvándose mientras acariciaba el humeante chichón naciente en sus cabezas.
— Que infantiles— espetó con molestia la ojiverde.
— Lo siento— se excusaron al unisón avergonzados. Al oír la voz del otro, ambos se dirigieron una mirada hostil. Iniciaba así, una nueva rivalidad para ambos.
Dicha expresión de odio, se vio interrumpida por el sonido de la puerta principal abriéndose. Tras ella, aparecía Megan, luciendo un melancólico semblante. El cuál no pasó desapercibido por los presentes.
— Hermana— susurró Sally— Hermana ¿estás bien?— inquirió acercándose preocupada a su hermana.
— Sí, no te preocupes— contestó sonriendo débilmente.
— ¿Y Kaede? ¿Dónde está él?— preguntó curioso, Eddie. Megan respiró hondo ante la duda del pelirrojo. Entonces respondió:
— No lo sé. Regresará más tarde, supongo— contestó con pesar. Ahora, dando pasos lentos, se dirigió hasta el padre del muchacho.
— Señor— dijo— Agradezco mucho su hospitalidad, pero preferiría hospedarme en un hotel. No creo que sea buena idea quedarme aquí— se excusó la joven.
— Pero ¿Por qué?— cuestionó extrañado, el hombre— Hay espacio para Hoffman y para ti. No lo creo necesario— expresó ahora.
— Señor… Honestamente, creo que sería muy incómodo para mí y para Kaede— explicó Megan.
— "¿Kaede?"— se cuestionó internamente el diez de Shohoku— Oye— susurró a Eddie— ¿Por qué la hermana de Sally trata por su nombre al zorro?— murmuró intrigado.
— ¿Acaso no lo sabías? Kaede y Megan son novios— contestó Eddie, de manera secreta.
— ¡¿Qué?!— exclamó perplejo— ¿Son novios?— inquirió con desconcierto— "Eso quiere decir, que además de Sendoh… ¿El zorro también podría ser mi cuñado? ¡No puede ser cierto! ¡Por qué es tan alto el precio que hay que pagar por amor!"— reflexionó con devastación, Hanamichi.
— De todos modos, agradezco su amabilidad— dijo ahora la pelinegra, haciendo una pequeña reverencia ante el padre de su ex novio.
— Entiendo, pero no estaré tranquilo si al menos no me dejan llevarlos a algún hotel donde me pueda asegurar que estarán bien.
— Gracias, aceptaré encantada— respondió Megan, sonriendo amable.
— ¡Esperen, esperen! ¿Por qué tanta prisa? No es necesario que la hermanita, se hospede en un hotel. La casa del talentoso y genio del basquetbol Hanamichi Sakuragi, está totalmente abierta para ella— ofreció con expresión heroica, el chico de Shohoku— "De seguro Sally estará muy agradecida de mi oferta"— pensaba sonriendo con demencia al imaginar los efusivos agradecimientos de la ojiverde.
— ¿Y ese quién es?— inquirió extrañada la pelinegra.
— ¡Hola! Mi nombre es Hanamichi Sakuragi, mejor conocido como el talentosísimo genio del básquetbol, el rey del rebote y…— comenzó a detallar su historial de victorias, destacando la obtenida ante Gori, el viejo de Kainan, y el miope de Shoyo.
— ¿Entonces tú eres Hanamichi? Sally me ha hablado de ti— pronunció sonriendo de medio lado.
— "Entonces es cierto…Sally le ha hablado de mí a su familia"— caviló emocionado el pelirrojo— ¿Entonces aceptarás mi ofrecimiento?— preguntó ahora al recordarlo.
— No quiero ser una molestia— pronunció dubitativa.
— No lo serás, para nada— contestó risueño. Megan dio una mirada consultiva a su hermana menor, esta asintió. Entonces accedió a la propuesta de Sakuragi.
— ¡Qué estamos esperando! ¡Andando!— exclamó entusiasta el diez de Shohoku.
— Bien, yo los acompañaré— pronunció Sally— Quisiera pasar un tiempo más con ella— añadió dirigiéndose al señor Rukawa.
— Y yo no puedo dejar a mis amigas a solas con un tipo como ese— gruñó Eddie. Hanamichi frunció el entrecejo por el comentario del amigo de Rukawa.
— Yo iré… para asegurarme de que no se vuelvan a pelear— murmuró Sendoh al imaginarse a los explosivos pelirrojos bajo un mismo techo.
— Esta bien, yo los llevaré— comunicó el señor Rukawa.
Había pasado ya algunos minutos desde que el padre de Rukawa había dejado a los muchachos, en casa de Sakuragi. El diez de Shohoku, en compañía de Sendoh, había salido en búsqueda de provisiones para preparar la cena. Ahora permanecían en aquella morada, solamente Megan, Sally y Eddie.
La ojiverde, preocupada por la cabizbaja expresión de su hermana; aprovechando la ausencia de los chicos, quiso saber qué pasaba por la mente de la pelinegra.
— Hermana, desde que regresaste a casa del señor Rukawa, has estado muy… seria ¿Pasó algo malo con Rukawa?— pronunció la ojiverde, intentando formular una cuidadosa pregunta.
Megan permaneció en silencio. Eddie y Sally se miraron afligidos, al parecer la muchacha, no tenía planes de revelar lo que le pasaba.
Megan, ignorando la pregunta de su hermana. Repasaba mentalmente su reciente conversación con Kaede. Sus palabras, tan escuetas como siempre, esta vez, eran letales.
"Fue por Newton… Quise ser tu novio, sólo por hacerlo enfadar. Yo nunca te quise. Sólo te utilicé"
Ni un "lo siento", ni la más mínima expresión de arrepentimiento. Sólo indolencia ante los sentimientos de Megan, habían dominado en aquella fría conversación.
Además de eso, había una sentencia que acababa por devastar a la joven.
"No regresaré a Norteamérica. Nunca".
La humillación, y por sobre todo, el dolor que le hacían sentir las palabras de Kaede, hicieron que ahora sus ojos, cubiertos de una inevitable capa húmeda, comenzaran a oscilar, ganando la batalla.
— Nunca debí venir… Nunca— pronunció, ocultando su rostro bajo su cabellera. Mientras que, algunas lágrimas, se precipitaban sobre la mesa en que se hallaban.
— Megan— susurraron con asombro Eddie y Sally. Nunca habían visto a la muchacha tan vulnerada. Siempre había demostrado un gran carácter, el cual, nadie le podía avasallar. Pero ahora, por motivos desconocidos, ese carácter se desmoronaba.
Eddie, había sido testigo presencial de la preocupación de Megan desde el regreso de Kaede a Japón; no podía entender el porqué de su extraño comportamiento. Sin embargo, sabía quién era el único culpable.
— ¡Kaede! ¿Qué le hiciste a Megan?— gruñó el pelirrojo, furibundo. Mientras se ponía de pie— ¡Ya verás! Esto no va a quedar así— añadió mientras salía corriendo de la casa.
— ¡Eddie, espera!— exclamó Megan, saliendo tras él.
— ¡Oigan, espérenme!— pidió Sally mientras corría tras de ellos.
Eddie, sabía dónde encontrar a Kaede. Antes que él y Megan salieran a conversar a solas. Había escuchado que irían a una playa. Por lo que, supuso que allí lo encontraría. Gracias a algunas señaléticas en las calles, se dirigió con gran directamente al lugar.
— ¡Eddie, espera! ¡No hagas nada!— suplicaba Megan tras él. No quería que el pelirrojo se involucrara en lo que había pasado entre ellos. Tal vez, su amistad si era verdadera.
— ¡No! ¡Ese idiota se las verá conmigo!—respondió el pelirrojo sin detener su veloz andar.
— ¡Hey, espérenme!— pedía Sally un buen trecho más atrás.
Un distraído transeúnte, logró reconocer rápidamente la voz de la ojiverde. Ante lo cual volteó rápidamente, viendo como la muchacha, pasaba corriendo a toda prisa por su lado, ignorando totalmente su presencia.
— Es… Es Sally Bruce: Mi futura sucesora en el club de judo— masculló con asombro Aota— "Esta es mi oportunidad para convencerla de entrar en el club"— pensó sonriendo triunfante. Ante lo cual, salió tras de ella, llamándola por su nombre.
La muchacha, concentrada en su intento de alcanzar a Megan y Eddie. En primera instancia no escuchaba los llamados. Sin embargo, dada la insistencia del capitán de judo, pronto le pudo oír. Su carrera, comenzó a desacelerar, y volteó en dirección del chico.
— Que gusto me da verte, Bruce— saludó interesante, el moreno.
La ojiverde no tardó en reconocer en él, al escandaloso tipo de la feria de año nuevo.
— Qué quieres ahora— pronunció con fastidio cruzándose de brazos.
— Ya verás…— contestó desafiante.
— ¡Ya detente!— insistía Megan, con desespero al notar que estaban llegando al lugar donde había estado hace un rato con Kaede. Pero Eddie, no cedía.
Pronto vieron a Kaede, pero el repentino pausar de la carrera en ambos, acabó con las peticiones de Megan. Y es que ni Eddie ni Megan, se atrevían de acercarse ante la escena a un par de metros ante ellos…
Rukawa contemplaba el anochecer sentado a la orilla del mar. Sus pensamientos se dirigían del todo en lo que había dicho hace algunas horas. Sabía que mentía. Que estaba enamorado de aquella muchacha, y que por ningún motivo la había utilizado para provocar a su compañero de equipo. Pero, de alguna forma, tenía que convencerla de que todo debía terminar. Porque si algo había de cierto, era que no regresaría a Norteamérica.
— Sabía que te encontraría aquí— una voz femenina tras él, lo sacó de sus pensamientos.
— Te dije que me dejaras en paz— pronunció con fastidio viéndola con rabillo del ojo.
— Es que, es sobre lo que dije esta mañana— pronunció sentándose frente a él.
Pronto, la cercana presencia de dos personas desconocidas para ella, llamaron su atención.
— ¿Quiénes son ellos? Nos están mirando ¿Los conoces?— preguntó curiosa Kazumi.
Kaede volteó en dirección de los cercanos espectadores, reconociendo rápidamente a Eddie y Megan, que extrañados, observaban a la pareja en la playa.
Rukawa, volteó de regreso hacia la muchacha. Al parecer, Megan insistía en querer verlo. Algo que no podía permitir que siguiera ocurriendo.
Entonces, tomó de los hombros a Kazumi.
— ¿Qué estás haciendo?— preguntó con desconcierto la joven. Y antes de que pudiera decir algo más, Rukawa la acercó a su rostro para besarla violentamente. Escena vista, por los dos consternados espectadores…
MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO C:
¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS, QUE EL 2014 SEA POSITIVO Y CARGADO DE FELICIDAD!
Review:
summerneverlasts: Hola! Me alegra que te haya gustado el capítulo... Y bueno, aquí está lo que estabas esperando... aunque creo que no fue cómo lo esperabas :S... Saludos. Gracias por leer y comentar. Y feliz año! :D
