Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.
Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica
Capítulo #32: Definitivas decisiones
Su estupor la mantenía prisionera de una angustiante inmovilidad. ¿Era cierto lo que estaba viendo? ¿O acaso sus ojos la engañaban? Kaede… ¿Estaba besando a otra chica?
La vibración en los orbes celestes de Megan, relataba el impacto de la escena que se desarrollaba a tan sólo un par de metros ante ella. Había creído totalmente la explicación de Kaede para terminar su relación, y jamás creyó que le mentiría. Había pasado tan poco tiempo desde su regreso a Japón.
Y ya había alguien más…
No lo podía creer. El solo hecho de generar una reflexión interna que retratara la escena que veía, era insoportable.
Después de eternos segundos, Rukawa se divorció suavemente de los labios de Kazumi. La muchacha, con un sutil rosa en sus mejillas, miró a los ojos al chico de mirada fría. Si bien no comprendía aquella sorpresiva acción, tampoco podía resistirse o manifestar molestia.
— Kaede— susurró la prima de Fujima. El pelinegro, le veía fijamente.
Los ojos de Megan, se cristalizaron súbitamente. Luchando contra el nublar en su mirada, sintió como el involuntario drenar de sus lágrimas, bañaban su rostro. Ya no lo soportaba, no quería seguir ahí. Cerró sus ojos con violencia, y huyó repentinamente de aquel lugar.
— ¡Megan!— exclamó Eddie queriendo salir tras ella.
Sin embargo, volteó la mirada de regreso a Kaede. La expresión de ira contra su amigo, reflejaba lo que sentía tras presenciar el actuar del muchacho, y el daño que le estaba causando a Megan.
— "Esto no va a quedar así"— pensó mientras empuñaba sus manos— ¡Kaede!— vociferó mientras corría a toda velocidad hacia el muchacho.
La pareja sentada en la arena, volteó la mirada hacia el pelirrojo.
— ¡Cómo pudiste hacerle eso a Megan! ¡Eres un estúpido!— recriminó mientras le lanzaba un puñetazo al pelinegro, dejándolo tendido sobre la arena.
— ¡Kaede!— exclamó preocupada Kazumi.
Al notar que el agresor hablaba en un acelerado inglés, no lograba entender del todo sus palabras.
El ex Shohoku se reincorporó lentamente.
— Ese no es tu asunto— musitó Kaede, impasible, como solía serlo.
Eddie pareció fruncir con mayor energía su ceño; mientras el violento castañear de sus dientes, retrataba la ira ante el actuar de su amigo.
— ¡Claro que lo es!— refutó sintiéndose ofendido, mientras lanzaba un nuevo puñetazo— Sé lo mucho que Megan se preocupó por ti cuando volviste a Japón ¡Y tú le respondes así!— expresó jadeante— ¡Eres un insensible!—gruñó dándole un nuevo golpe, ahora en el abdomen a Rukawa.
El chico de Kanagawa se encorvó mientras sujetaba son sus manos la zona impactada. Él sabía que no era su intensión reemplazar a la joven por Kazumi. Pero tampoco lo negaría, por lo que no lo discutiría con el pelirrojo.
— Ya te dije que eso no te importa— musitó Rukawa, a la vez que devolvía el último golpe a Eddie.
— ¡Y yo ya te dije que sí! ¡Y no me iré hasta demostrártelo!— gruñó el pelirrojo propinándole un puñetazo aún más violento en el rostro. Kaede cayó al suelo, y Eddie lo siguió para continuar con la golpiza.
Los puños de ambos chicos, impactaban el rostro de su contendor incesantemente. Las recriminaciones del pelirrojo acompañaban cada uno de sus golpes; mientras que a los de Kaede, la insistente crítica a la intromisión de su amigo; además de las súplicas de la muchacha para acabar el conflicto.
— Todo este tiempo… Ella no dejó de pensar en lo que estarías sufriendo por tu madre. En lo culpable que se sentía de no poder estar apoyándote. Y preguntándose por qué no atendías sus llamadas— expresó el pelirrojo sobre Rukawa mientras lo sostenía del cuello de la camiseta— Claro… Nunca pensó ¡Que la engañabas con otra chica!— exclamó ahora golpeando una vez más una de las mejillas del muchacho.
Rukawa, buscando recuperar la ventaja, dio el impulso que les hizo rodar por la arena, quedando a escasos centímetros del mar.
— Cállate— pronunció jadeante el ojiazul. Las palabras de su amigo, no hacían más que provocar vacilación en su decisión. Pronto golpeó a Eddie.
— ¡Deténganse!— suplicó una vez más, la chica de ojos dorados. La violencia de ambos, no hacía más que causar en ella desespero, que aumentaba al notar cómo el líquido vital de ambos, se liberaba por las heridas que se causaban mutuamente.
Al notar que ambos jóvenes comenzaban a ser bañados por las olas que llegaban hasta ellos, pareció no soportar más ser actor pasivo de la escena. Entonces, se acercó corriendo interponiéndose entre ambos.
— Por favor, ya basta— susurró entristecida— No sé porqué se están peleando… Pero por favor ya no lo hagan más— añadió.
Los chicos se veían con hostilidad directo a los ojos. Mientras que el jadeante ritmo de sus respiraciones, demostraba la energía utilizada en la disputa.
Eddie, que mantenía sujeto al ex Shohoku por la camiseta, luego de vacilar un poco, lo soltó con violencia, dejándolo caer en el suelo.
Eddie se puso de pie, y le vio con desdén a su amigo.
— Ni se te ocurra buscar a Megan… Si lo haces, ya no tendrás a tu chica suplicando por ti— musitó. Tras lo cual, inició su camino de regreso.
Kaede se reincorporó sobre la arena, para limpiar con su mano, la sangre que drenaba en sus labios. Kazumi se acercó presurosa hasta él.
— ¿Estás bien?— preguntó arrodillándose junto a él para ayudarle a limpiarle las heridas.
— Estoy bien. Déjame en paz— contestó con molestia mientras jadeaba. La chica abrió sus ojos con asombro, al parecer él también se había molestado con ella.
— Pero… estás muy herido. Déjame ayudarte— insistió.
— Ya te dije que no. Vete de aquí— expresó molesto, el ojiazul
— Pero…— masculló viéndole entristecida. Pero al notar la indiferente expresión de Kaede, se dio cuenta que lo mejor era dejarlo a solas— Esta bien, me voy. Pero por favor cuídate— expresó la chica de ojos dorados, mientras se ponía de pie. Algo dubitativa inició su camino, dejando así, a solas a Kaede que permaneció sentado en la playa.
— ¿Aún insistes con eso?— inquirió la muchacha con fastidio— Sólo pierdes tu tiempo ¡No tengo pensado inscribirme en tu club!— sentenció cruzándose de brazos con molestia.
Aota escuchó con asombro la tajante respuesta de la castaña. Al parecer, no existía ni la más mínima posibilidad de convencer a la muchacha.
— ¡Pero por qué! ¡Serás la mejor! ¡Eso te lo puedo asegurar!— expresó con desespero.
— Ya déjame en paz— musitó, dando inicio a su camino.
— ¡Espera!— se interpuso el moreno, con repentina agresividad en su voz.
— ¿Y ahora qué?— pronunció ahora la ojiverde, alzando una ceja con fastidio— No creas que por hablarme así, me harás cambiar de opinión— añadió con indiferencia. Sin embargo, la burlesca voz de su interlocutor, llamó la curiosa atención de Sally.
— Sé que eso no te convencería, Bruce— pronunció riendo— Eres una chica muy valiente y con carácter. Sin duda naciste para este deporte. Igual que Sakuragi. Es por eso, que en este instante te retaré a un duelo de judo. No te dejaré ir hasta que me hayas vencido ¡¿Me oíste?!— desafió el amigo de Akagi, mientras se ponía en posición de combate.
— ¡¿Qué?!— exclamó desconcertada la ojiverde— ¡No puedes hacer eso! Tengo que alcanzar a mi hermana y a Eddie… ¡No puedo estar jugando contigo!— se negó al instante.
— Si tienes tanta urgencia, deberás derrotarme lo antes que puedas… Vamos, Bruce. Dame tu primer golpe ¡Lo estaré esperando!— expresó el pelinegro, desafiante.
Sally bufó con desgano, mientras se ponía en posición de combate.
— Supongo que no tengo otra opción— musitó con fastidio. Aota sonrió triunfante al ver que conseguía lo que quería.
— Bueno, éste es el trato: Si tú ganas, te dejaré en paz y no seguiré insistiendo. Pero si yo gano, serás parte del club de judo ¡¿Oíste?!— explicó.
— Lo que digas, necio— contestó sonriendo desafiante.
Al instante, Sally corrió rápidamente hasta Aota. Le lazó un puñetazo al rostro, pero este fue raudamente esquivado por el chico de tercero. Al notarlo, la muchacha insistió, lanzando repetidos puñetazos, que fracasaban, impactando solamente a la nada.
— Te mueves rápido… Más que una chica cualquiera, y que varios de los integrantes que estuvieron en el club de judo ¡Pero no es suficiente!— exclamó Aota, iniciando ahora su contraataque con rápidos puñetazos, que con algo más de dificultad, fueron esquivados por la ojiverde.
— Buenos reflejos— halagó el moreno mientras burlaba sus golpes— ¡Pero aún te falta!— vociferó, mientras atrapaba una de las manos de la muchacha. Sally al notarlo, intentó zafarse lanzando su otro puño al cuerpo de Aota, pero dicha extremidad, también fue sostenida fácilmente por el chico.
— Ahora… ¡Observa!— exclamó el capitán de judo, mientras cruzaba tras la espalda de la ojiverde, sus brazos. La muchacha intentaba liberarse, moviendo de un lado a otro su cuerpo.
— Eso… es trampa— masculló la ojiverde sintiendo el dolor causado por la forzuda detención de su contendiente.
— Te equivocas, Bruce. Esta es una de las técnicas de judo ¡Sólo que aún no termina!— vociferó mientras que con uno de sus pies, desequilibraba uno de los de la chica, para luego, alzarla al aire.
Los transeúntes, rodearon a los contendores, comentando la insensibilidad de Aota al atreverse a pelear contra una chica.
— Maldito… No te dejaré que me ganes— refunfuñó Sally, batallando por liberarse del luchador de judo.
— No te preocupes ¡Estoy seguro que no dolerá mucho!— vociferó Aota mientras abrochaba entre sus brazos, el pecho de Sally, y así descenderla a toda velocidad con la intensión de estrellarla contra el suelo.
— ¡Ah!— exclamó la ojiverde intentando con desesperación y sin mayor éxito, librarse del moreno. A cada instante se veía más cercana al prado en medio de aquel parque. Al notar que no conseguiría evitar la caída. Cerró sus ojos con fuerza, como si aquello le ayudaría a menguar el dolor, esperando el instante del impacto. Sin embargo, este comenzó a tardar en ocurrir, demasiados segundos.
Sally abrió con sigilo sus ojos, notando que el cuerpo del moreno tambaleaba de un lado a otro. Buscó con curiosidad su rostro, pudiendo advertir la expresión aturdida en sus ojos y un chichón en su frente. Al instante, vio como el muchacho comenzaba a derrumbarse, con ella en sus brazos.
— Ah…. ¡AH!— exclamó la ojiverde al ver que caía y que además, todo pronosticaba que sobre ella, se derrumbaría el capitán de judo. Sus ojos se cerraron con mayor fuerza, ante el doloroso panorama. No tardando en sentir el ruidoso sonido el impacto en el suelo.
Una espesa polvareda cubrió el perímetro cercano a la escena. La muchacha tocía por el ambiente poco favorable para su respiración. Poco a poco la neblina de polvo se fue diluyendo, y la ojiverde vio que unos brazos la rodeaban protectoramente. Volteó curiosa en su dirección. El sonrojo en sus mejillas fue automático.
— Ha-Hanamichi— susurró con dificultad.
— Sally— masculló embobado— ¿Estás bien?—añadió tartamudeante.
— Sí— contestó la castaña asintiendo por inercia. No tardó en sentir aún los brazos de Sakuragi abrazando su vientre.
Abrió sus ojos como plato, y se puso de pie violentamente y sintiendo su rostro arder.
— ¡Qué crees que estabas haciendo! ¡Aléjate de mí y no vuelvas a tocarme!— gruñó escondiéndose detrás de un árbol, como temiéndole a la cercanía del pelirrojo.
— Pero Sally…. Si yo sólo quería ayudarte contra ese tonto de Aota— expresó haciendo un puchero.
— Me abrazaste ¡Eres un abusivo!— recriminó la ojiverde. Causando la devastación del pelirrojo.
— ¡Ah… no puede ser! ¡Ahora Sally creerá que intentaba aprovecharme de ella! ¡¿Por qué la vida es tan injusta?!"— se cuestionaba con desespero internamente, Sakuragi.
— Eso es cierto, Sally— apoyó Sendoh— Sakuragi sólo golpeó a ese sujeto para que no te estrellara contra el suelo. Y luego te tomó para que no te cayera encima— explicó sonriendo con amabilidad.
— Pero Akira…— intentó oponerse la castaña.
— Digo la verdad ¿No es cierto, Sakuragi?
— Sí— asintió el pelirrojo— "No puedo creer que Sendoh me esté apoyando"— pensó emocionado.
Sally estudió con suspicacia un par de segundos al pelirrojo. No estaba del todo convencida. Quizás había engañado fácilmente a su hermano. Al fin y al cabo, detectaba cierta ingenuidad en él. Pero no podía estar tan segura…
— Esta bien— musitó de mala gana la ojiverde. Causando la sonrisa automática en el rostro de Hanamichi— ¡Pero no vuelvas a acercarte a mí de esa manera! ¡¿Me oíste?!— vociferó con un intenso rubor en sus mejillas.
— ¡Sí! ¡Sí! Lo prometo— contestó jubiloso al instante, Sakuragi.
— Por cierto ¿Qué estabas haciendo aquí, Sally? Cuando salimos de casa de Sakuragi, tú y Eddie se quedaron con Megan— expresó curioso la estrella de Ryonan.
— ¡Es cierto!— exclamó la chica— ¡Eddie quería pelear con Rukawa y Megan fue tras él! ¡Hay que encontrarlos lo antes posible!— añadió la chica disponiéndose a correr.
— ¡Sí, hay que darle ánimos al zorro para que le dé su merecido a ese tonto!—apoyó el diez de Shohoku.
— Oigan, esperen un momento— los detuvo Sendoh— ¿Tienen al menos la idea hacia dónde iban?—cuestionó. Sally y Hanamichi se miraron pestañeando repetidas veces.
— Tienes razón— pronunciaron al unisón mientras reían avergonzados. Entonces decidieron regresar a casa del pelirrojo, a la espera del regreso de los muchachos.
Aquella muchacha, entró a toda prisa a casa de Sakuragi. Caminó hasta la habitación donde se hallaba su equipaje. Ya no tenía ni la más mínima duda que viajar hasta Japón, había sido un grave error. No quería seguir ahí. Sólo quería regresar a casa, y olvidarlo todo.
Cuanto antes…
Caminó de regreso hacia la sala, y allí la observaban pasmados, Sendoh, Sakuragi y Sally. Para ninguno de ellos, pasaba inadvertido las huellas de lágrimas en sus ojos, ni mucho menos, la tristeza que su mirada emanaba.
— ¡Hermana!— pronunció con asombro la ojiverde, acercándose a la aludida— ¿Qué pasó con Eddie? ¿Por qué traes tu equipaje?— interrogó con angustia.
— Me voy a casa. Ahora— contestó escuetamente.
Tanto los muchachos como Sally abrieron sus ojos con asombro ¿Qué podría haber pasado para que ahora tuviera tanta prisa en regresar a Norteamérica?
— Pero… ¿Por qué? Sólo llegaste hoy ¡No puedes irte!— contradijo la castaña con asombro.
— Lo siento, pero no puedo seguir aquí… No puedo— expresó bajando la mirada, luchando con las lágrimas que pretendían ganarle la batalla.
Sally guardó silencio. Veía apiadada la tristeza de su hermana. Jamás la había visto así, y menos por un chico. Simplemente, no sabía que decir.
Pronto la ojiverde sintió una mano en su hombro.
— Akira— susurró al reconocer al dueño de aquella mano.
— Déjame hablar con ella— pronunció— A solas— añadió. Entonces Hanamichi y Sally, salieron de la casa.
El ensordecedor silencio que rodeo a los hermanos, relataba la deficiente voluntad de la muchacha para conversar con Akira. Sendoh se acercó lentamente hasta la chica, iniciando prontamente el diálogo.
— ¿Puedo sentarme a tu lado?— preguntó educado, mientras se sentaba en el sofá donde se hallaba Megan.
— Ya lo hiciste…— contestó la muchacha, viéndole de soslayo. Sendoh sonrió de medio lado, pues su hermana tenía razón.
Un nuevo silencio se hizo sentir, aún más intenso que el anterior. Pero Akira no se daría por vencido tan fácilmente.
— Veo que no ha salido todo como querías— pronunció el chico de Ryonan, buscando la evasiva mirada de su hermana. Quien procuró no emitir cualquier tipo de sonido.
— Bien, no sé que pudo hacerte Rukawa para que estés así. No lo conozco lo suficiente, pero para nadie es un misterio que es un sujeto muy extraño. Sé que puedes pensar que no es mi asunto, pero te aconsejo que no sufras por su culpa. Sea lo que sea, tú no tienes la culpa. No creo que él valga lo suficiente para que estés así— expresó de un sopetón el muchacho.
— Preferiría que no te metas en esto— habló al fin, Megan.
— Y yo preferiría que escucharas a alguien que sólo quiere tu bien— contradijo al instante Akira.
La pelinegra alzó la mirada con asombro, encontrándose con la fija y determinante expresión de Sendoh.
— Hace un rato me dijiste que no podías verme como hermano, que viviste sin saber de mi existencia… Y que con conocerme sólo desde hoy, no podías sentirme como tu hermano. Y lo entiendo…— continuó su monólogo— Pero yo si te veo como mi hermana— confesó.
La vidriada expresión en los orbes celestes de Megan, ante las palabras de Sendoh, no tardó en querer ser ocultada, acción que no pasó inadvertida por su hermano.
— Y es por eso, que no quiero que sufras escondiendo tus sentimientos. Si quieres llorar, hazlo. No te sientas humillada, ni vergüenza de hacerlo frente a mí— Akira parecía acertar en lo que sentía Megan. Es que no tardó en reconocer el carácter de la muchacha, y lo indigno que le hacía sentir, mostrarse tan débil— Sé que te hará sentir mejor. Llora lo que quieras, no me burlaré. Sólo estaré aquí para consolarte— añadió.
Entonces Megan se aferró a su hermano, desahogando un agobiante llanto, que había reprimido tan afanosamente.
Ambos jóvenes, se hallaban en completo silencio uno junto al otro. Sally, sumergida en sus pensamientos, contemplaba el oscuro firmamento iluminado por las innumerables estrellas, que tenían como soberana a la luna llena. Sakuragi por su parte, miraba de soslayo a la muchacha, con un tinte de intenso rojo en sus mejillas. Estaban a solas una vez más, y su acelerado corazón, le pedía a gritos desahogar sus sentimientos por la joven. Sin embargo, el momento no era el indicado y además, la chica pronto rompería el silencio.
— Hanamichi, acabo de recordar algo…— masculló la chica, volteando el rostro hacia el pelirrojo.
— Sí ¿Qué cosa?— inquirió curioso.
— Nosotros tenemos una conversación pendiente— introdujo. Sakuragi pestañeó repetidas veces, tratando de adivinar a qué se refería su acompañante.
— ¿Una conversación pendiente?— susurró extrañado.
— Ajá. Es sobre tus padres ¿Recuerdas?— explicó. Hanamichi abrió sus ojos como platos al recordarlo— Hace unos días te fuiste sin decirme nada porque dijiste que no podías andar a solas tan tarde por la noche, pero ahora no tienes excusas— expresó la ojiverde, mientras el sudor en el rostro del pelirrojo, emergía ante el incómodo momento.
— "Ay no… Sally aún insiste con eso ¡Pero no quiero hablar de esos temas con ella!"— pensó internamente. Entonces se echó a correr hacia la puerta de salida.
¡Hanamichi, espera!— Sally corrió tras de él. Sin embargo, la luz proveniente de la puerta principal que se abría desde la vivienda, hizo voltear a la joven. Tras ella, aparecía Sendoh, junto a una ya más tranquila Megan.
Eddie corría a toda prisa por las calles de Kanagawa. Ya había dejado a Kaede en la playa, y ahora lo que más le importaba, era encontrar a Megan. Era muy preocupante que recorriera a solas las calles, y más aún de noche.
Durante su andar, se hallaba tan distraído y concentrado en encontrar a Megan, que no se dio cuenta que se estrella contra algo. Cayó con violencia frente a un poste del alumbrado de las calles, permaneció un par de segundos aturdido en el suelo.
— Oye… ¿Estás bien?— la voz de una chica le hizo volver en sí.
Eddie se reincorporó rápidamente, recién reconociendo al inerte culpable de su último golpe. El sonrojo de vergüenza por su distracción, no tardó en aparecer en su rostro.
— Sí, estoy bien— gruñó sin mirar a la muchacha frente a él.
— ¡Mira como traes tu cara!— exclamó con asombro la muchacha.
Eddie vio con curiosidad como la joven se inclinaba junto a él, mientras buscaba algo en su cartera.
— Podría apostar que estuviste peleándote ¿No?— inquirió de manera afirmativa. Pronto sacó de su cartera un pequeño frasco de alcohol y vendas.
— Oye… Qué haces— preguntó confundido ante la repentina atención de la desconocida.
— Esas heridas están sucias… Hay que limpiarlas cuanto antes, osino se infectarán— contestó la muchacha, mientras untaba un poco de alcohol en una de las heridas del muchacho, este soltó al instante un alarido de dolor— Tranquilo— calmó la muchacha mientras sostenía el rostro de Eddie con ambas manos.
Eddie vio ahora avergonzado el cercano rostro de la muchacha. Sus ojos azules, y cabello negro peinado en una larga y alta coleta, le otorgaban mucha belleza.
— Sólo arderá un poco— explicó la muchacha sonriendo amablemente. El pelirrojo cohibido ante la amable sonrisa de Arisu, bajó la mirada y no volvió a protestar. Entonces la hermana de Mitsui, continuó su labor.
— Eres extranjero ¿verdad?— preguntó la muchacha.
— ¿Eh? Sí— susurró tímidamente.
— Lo sabía— musitó triunfante la ojiazul— Tu estatura, tu acento y apariencia te delataron de inmediato— añadió riendo divertida.
Eddie bajó la mirada sonrojado.
— ¿Y cómo te llamas?— inquirió curiosa.
— Eddie— contestó susurrante.
— Pues mucho gusto, Eddie. Yo soy Arisu Mitsui, es un gusto conocerte— se presentó la muchacha mientras se ponía de pie. Al fin había terminado de curar al muchacho. Eddie también se pudo de pie.
— Mucho gusto— pronunció con dificultad. La muchacha le extendió una mano, la cual tímidamente, fue estrechada por el pelirrojo.
— Bueno, ya me tengo que ir ¡Nos vemos!— se despidió la muchacha.
— Nos vemos— correspondió susurrante, Eddie. Arisu besó una de sus mejillas a modo de despedida y luego partió. Dejando completamente atónito al pelirrojo.
Después de unos segundos, el muchacho recordó que buscaba a Megan. Entonces miró en todas direcciones, encontrándose en medio de una intersección con cuatro posibles caminos.
— ¡Ay, estoy perdido!— exclamó al instante, al darse cuenta que no reconocía en lugar donde se encontraba.
Hanamichi tras correr varias manzanas, se detuvo al notar que Sally no lo perseguía. Jadeante se apoyó en sus rodillas para recuperar un poco de aliento. Después de descansar un poco, vio a alguien a la distancia rápidamente reconocido para él.
— "Es ese torpe"— pensó al reconocer a Eddie.
— "¡Es Sakuragi!"— caviló con alegría— "Jamás pensé que me haría tan feliz ver a ese estúpido. Pero calma… no tengo que demostrarle que me hace feliz verlo"— reflexionó ahora, borrando la expresión jubilosa de su rostro, transformándola en una más grave.
Ambos salieron a mutuo encuentro. Hanamichi observó rápidamente la apariencia de Eddie. No tardó en ver las heridas y vendas en el rostro del pelirrojo. Además de los restos de arena en sus prendas por la pelea con Kaede.
— Vaya golpiza que te dio el zorro— pronunció burlesco el diez de Shohoku— Creí que eras tú quien quería golpearlo, pero veo que era todo al revés— añadió en el mismo tono. Eddie frunció el ceño ante las burlas del chico.
— ¡Cállate!— gruñó— Yo sí le di su merecido a Kaede. Le di una golpiza que no olvidará en su vida… Se lo merece por dañar los sentimientos de Megan— expresó con tirria al recordar la escena presenciada hace un rato.
— En eso estoy de acuerdo contigo— musitó Hanamichi— ¡No entiendo cómo le hace ese maldito zorro para tener a tantas chicas a sus pies siendo que es un miserable-insensible-aburrido-cara de zorro!— exclamó furibundo.
Eddie observó curioso al jadeante Sakuragi, que intentaba recuperar el aliento tras sus iracundas palabras.
— Oye…— habló Eddie viendo con suspicacia a su interlocutor— Hablas como si no tuvieras mucha suerte con las chicas ¿Verdad que estoy en lo cierto?— inquirió, haciendo brincar del espanto a Sakuragi al sentirse descubierto.
— ¡Pero que tonterías estás diciendo!… Yo no tengo ese tipo de problemas— refutó vacilante, riendo forzosamente, pues sabía que mentía.
— No mientas— espetó con desconfianza, el amigo de Rukawa— No tienes que ocultarlo, no serías el único con mala suerte en el amor— expresó ahora avergonzado.
— ¿Qué? ¿Acaso tú…?— masculló curioso el diez de Shohoku.
Eddie le miró con el rabillo del ojo, quería saber si realmente podía confiar en el muchacho. Al notar el sincero interés de Hanamichi, se decidió a responder.
— Pero sólo un poco— asumió de mala gana.
— ¿Y qué es sólo un poco?— cuestionó curioso, Sakuragi— ¿Has tenido novias? ¿Alguna vez te han rechazado?
— ¡No hagas tantas preguntas que me confundes!— detuvo las interrogantes de su interlocutor— Sí, he tenido… una novia— confesó avergonzado. Sakuragi abrió sus ojos con asombro.
— ¡No me digas que esa novia es Sally!— preguntó devastado el pelirrojo, al recordar los reproches de Eddie cuando creyó que Hanamichi era su novio.
— No, ella nunca aceptaría ser mi novia— contestó cabizbajo. Hanamichi sonrió aturdido, aún tenía esperanzas con la ojiverde.
— ¿Entonces quién es tu novia? ¿Es alguna amiga de Sally?— interrogó ahora Hanamichi.
— No, no es amiga de Sally… Y ya no es mi novia. Terminamos hace mucho tiempo— contestó afligido.
— ¿Hace mucho? ¿Cuándo terminaron?— cuestionó ahora curioso el pelirrojo. Eddie se sonrojo avergonzado.
— Hace años. Fuimos novios… en el jardín infantil— balbuceó con la intensión de no ser oído por Hanamichi, sin embargo no fue efectivo.
— ¿En el jardín infantil?— repitió perplejo. Pestañeó repetidas veces analizando la historia del muchacho— "Él… ¿él tuvo una novia en el jardín infantil?"— se preguntó internamente. Sus mofletes se abultaron espontáneamente, intentado retener las carcajadas que pretendían escapar.
— ¡No te burles!— gruñó sonrojado, Eddie.
— Intentaré— musitó Sakuragi, sonriendo divertido— Pero continúa… supongo que eso no es todo— rió ahora.
Eddie se cruzó de brazos molesto.
— Si solamente te estarás burlando mejor no te diré nada— protestó.
— Esta bien, esta bien— pronunció Hanamichi— Ya no me reiré— Eddie le vio de soslayo con suspicacia. Entonces continuó.
— Bueno, y después de eso, conocí a una chica en sexto de primaria, y decidí confesarle mis sentimientos— relató mientras recordaba aquella época.
— ¿Y qué pasó? ¿Quiso ser tu novia?— interrogó ahora Hanamichi.
— No— espetó con pesar— Ella me rechazó. Y todo… Todo porque— pronunció mientras sus dientes castañeaban insistentemente. Sakuragi le observaba curioso.
"No me gustan los chicos con la cabeza colorada… ¡Se ven ridículos!"
— ¿Te rechazó sólo por eso?— susurró desconcertado, Hanamichi. Eddie asintió con una lágrima asomando en uno de sus ojos.
— Y desde entonces no he tenido el valor de volver a confesarle mis sentimientos a ninguna chica. Aunque la única que me ha interesado desde entonces ha sido…
— ¿Sally?— interrumpió el diez de Shohoku.
— Sí— contestó. Pronto lágrimas infantiles comenzaron a asomar en sus ojos— ¡Pero ella no me quiere! ¡Siempre le he demostrado mis sentimientos por ella, pero no hace más que rechazarme!— expresó mientras lloraba desencajadamente— ¡Soy el hombre más desafortunado de la tierra!...
Sakuragi le veía compasivo, sin duda el relato de Eddie lograba conmoverlo. Al parecer, había alguien más que era tan desafortunado en el amor como él.
— Tú… También estás enamorado de Sally ¿No es así?— preguntó mientras calmaba su llanto, el amigo de Rukawa.
— Bueno, sí. Pero, aunque nunca le he confesado mis sentimientos, estoy seguro que ella no los corresponde— expresó tomando su cabeza, intentando no herir los sentimientos de Eddie.
— ¡No mientas!— gruñó— Ella no es indiferente contigo… Y además, confía en ti. Por ejemplo, yo nunca me enteré que vendría a estudiar a Japón, ni el motivo. Pero estoy seguro que tú si lo sabes ¡No es así!— expresó furibundo. Hanamichi aclaró la garganta interesante.
— Bueno, es que eso sólo lo sabemos los más cercanos a la familia— contestó enigmático.
— ¡Ves que si confía en ti!— reprochó Eddie. Hanamichi rió travieso.
— Por cierto ¿Tú sabes por qué Sally le dice hermano a Sendoh? ¿Acaso así le dicen a sus amigos? ¿Es una costumbre japonesa?— Hanamichi se largó a reír ante la ocurrencia de Eddie.
— "Se ve que no sabe nada"— pensó divertido.
— ¡De qué te ríes!—gruñó ofuscado.
— No te preocupes, no es nada— musitó risueño. Eddie le vio con desconfianza.
— Bueno, tú no me has contado tu historia de amor, ya es hora— dijo ahora. Hanamichi se había reído lo suficiente, y creía que ahora era su turno. Las risas de Sakuragi, pronto cesaron.
— Bueno, mi historia es un poco diferente a la tuya— expresó mientras tomaba su cabeza.
— ¿Por qué?— preguntó al instante Eddie— ¿Acaso has tenido más suerte que yo?
— No lo sé… pero me han rechazado más veces que a ti— susurró avergonzado.
— ¿Más veces? ¿Cuántas veces?— interrogó Eddie impaciente por saber cuán elevada podría ser la cifra de rechazos acumulados por aquel muchacho. Y de tal manera, averiguar quién era más desventurado.
— Bueno, fueron… cincuenta rechazos— susurró sonrojado.
— ¡Cincuenta rechazos!— exclamó perplejo.
— Sí, pero eso fue durante la secundaria, en la preparatoria no he vuelto a confesarme a ninguna chica— Hanamichi intentó menguar el impacto de Eddie, sin embargo el asombro en su oyente pareció aumentar.
— ¡Sólo en la secundaria!— exclamó sorprendido.
— Sí— susurró avergonzado— Pero eso ya no me importa, porque ahora sólo me interesa Sally, y nadie más— expresó intentando quitar importancia a su tormentoso pasado amoroso.
La sensibilizada mirada de Eddie, contemplando a Hanamichi, relataba su empatía ante su historia. Al parecer, ambos pelirrojos entendían el sufrir del otro.
— "Ese chico, ha sido rechazado por cincuenta chicas tan sólo durante la secundaria… Y es muy probable que Sally también lo haga. Pobre de él"— reflexionaba Eddie conmovido.
— "La única novia que tuvo fue en el jardín infantil… Y luego lo traumaron por tener el pelo como yo. Y dice que Sally es indiferente con él. Que miserable es su vida"— pensó Hanamichi impresionado con la historia de Eddie. Se miraron fijamente a los ojos con amarga empatía.
— ¡Resiste amigo!— exclamaron al unisón, mientras se abrazaban llorando infantilmente.
Pronto se separaron, y tras calmar sus desconsuelos, Hanamichi le habló a Eddie.
— Oye— pronunció. El amigo de Rukawa le vio curioso. Al notarlo, Sakuragi bajó la mirada y le extendió una mano— ¿Amigos?— susurró. Eddie conmovido ante la tregua propuesta por el diez de Shohoku, correspondió.
— Amigos— determinó mientras estrechaba la mano de su ex rival— Pero no creas que por eso no seguiré luchando por el amor de Sally— expresó ahora, Eddie.
— ¿Y tú crees que yo lo haría? ¡Que tonto eres!— musitó Hanamichi.
— ¡Claro que no!— gruñó ofendido— Pero ya no peleemos, se supone que ahora somos amigos ¿no?— dijo ahora conciliador.
— Bueno, tienes razón— musitó Sakuragi. Entonces iniciaron su camino de regreso a casa.
— Cambiando de tema ¿Por qué le dices zorro a Kaede?— inquirió curioso, Eddie.
— ¡¿Qué?! ¿Acaso no has notado la cara de zorro dormilón que tiene?— preguntó sorprendido.
— ¿Cara de zorro?— masculló curioso. Pronto comenzó a asociar en su mente el rostro del pelinegro y la cara de un zorro. La estridente risa en él no tardó en aparecer— Ahora que lo dices, tienes razón— apoyó sin dejar de reír.
— Y eso no es todo. Al jugar básquetbol he conocido al zoológico deportivo completo— espetó el diez de Shohoku.
— ¿Zoológico deportivo?— inquirió curioso el amigo de Kaede.
— En Shohoku, además del zorro, estaba Gori; en Kainan, está el mono salvaje; en Ryonan, el jefe orangután y Sendoh es el puercoespín… Y todos ellos están al cuidado del viejo de Kainan que dice tener diecisiete años, pero miente, es mucho más viejo— explicó Sakuragi a su nuevo amigo. Este no paraba de reír ante las ocurrencias del muchacho.
Los pelirrojos pronto estuvieron de regreso en casa de Sakuragi. Y para tranquilidad de ambos, Megan ya se encontraba mejor, y Sendoh la había convencido de al menos pasar la noche en aquella vivienda.
La felicidad de ambos, no pudo ser mayor, al enterarse que Sally había llamado al señor Rukawa, avisando que se quedaría en casa de Hanamichi para pasar un poco más de tiempo junto a su hermana.
El entusiasmo de ambos, los impulsó a preparar una modesta pero entusiasta cena para los presentes. Con una clara dedicación a Sally, pero que por supuesto también tenía la intensión de distraer a Megan.
Lo que no fue difícil de conseguir, ya que las presunciones de Sakuragi, sus burlas al enterarse de que Eddie era el único miembro del club de diseño de vestuario en su preparatoria y las contra respuestas del amigo de Rukawa, sacaron más de una sonrisa en Megan.
Sally, aportando a animar a su hermana, comenzó a comentar sobre lo muy bien que cantaba. La muchacha con modestia intentaba evadir las peticiones de demostración de su talento. Pero pronto accedió, y se animó a cantar a sus nuevos amigos.
Así la noche pasó, y la mañana no tardó en llegar. Megan en cuanto abrió los ojos se levantó y caminó hacia la sala de aquella morada. Allí, Sendoh le esperaba con una sonrisa amable.
— Buenos días— saludó el muchacho.
— Hola— correspondió sonriendo de medio lado.
— ¿Estás lista?— preguntó ahora, Akira. La muchacha asintió.
Entonces, tal como lo habían acordado durante la noche, antes de concluir su conversación, Akira la llevó a casa de sus padres. No podía regresar a Norteamérica, sin antes, tener una conversación muy seria…
El chico de Ryonan llamó a la puerta, ya que había olvidado traer sus propias llaves. No tardó en atender su madre.
— ¡Hijo!— exclamó al verle llegar, su mirada no tardó en desviarse con extrañeza a su acompañante, sin embargo retomó su atención en el muchacho— Akira ¿Dónde pasaste la noche? Nos tenías preocupados— reprendió dando paso a los jóvenes para que ingresaran a la vivienda.
Megan con impavidez, siguió a su hermano. El conocer a su madre, no la sensibilizaba en lo más mínimo.
— Eso ya no tiene importancia— contestó Sendoh a su madre— Ya regresé, y hay algo importante que debes oír— expresó seriamente. La mujer le vio con extrañeza.
— ¿A qué te refieres hijo?— preguntó extrañada.
— Veo que no me reconoces, Nanami— espetó Megan con ironía.
— ¿Qué?... Akira ¿Quién es esa muchacha y por qué me habla así?— interrogó molesta.
— Mírame, al menos deberías reconocer a una de tus hijas sin que tengan que decírtelo— dijo ahora nuevamente con ironía, y con una inquietante expresión dura en su mirada.
Nanami, le vio emocionada. Ahora era su otra hija que llegaba hasta ella.
— Megan— susurró mientras observaba a la muchacha. El inconfundible tono celeste en sus ojos, y el contraste con su cabellera negra, era difícil de no identificar.
— Te espero afuera— susurró Akira a su hermana. Ésta asintió sin quitar su fija mirada de su madre.
— Eres tú— dijo ahora la mujer, mientras se acercaba a la muchacha que permanecía indiferente, cruzada de brazos a un par de metros frente a ella— Como has crecido— sollozó mientras abrazaba a su hija. No pudo evitar recordar lo pequeña la última vez que la vio, y que ya era una chica de casi diecisiete años.
— ¡Suéltame!— exclamó Megan alejándose con violencia de los brazos de su madre. La mujer la miraba con asombro, no entendía el actuar de la chica.
— Pero hija…— susurró.
— Cállate— gruñó mientras la tirria invadía su mirada— No creas que esta es una visita emotiva para reencontrarme con la madre del siglo— expresó con molestia— Quiero que sepas que te odio desde el mismo momento en que me enteré que nos habías abandonado por el padre de Akira. Y que cuando Sally decidió buscarte, insistí en que no debería hacerlo, porque si en quince años no te dignaste en querer al menos saber qué había sido de tus hijas, eso quiere decir que no valías la pena. Se supone que tú eres la madre ¡Tú debías buscarla! Ella dejó su país, sus amigos ¡A su verdadera familia por buscarte a ti! ¡¿Y encima te atreves a rechazarla?!... No sabes el desprecio que siento por ti. Lamento que mi hermana haya tenido que sufrir una decepción al conocerte. También lo siento por mi padre, que durante años estuvo enamorado de alguien como tú. Pero por sobre todo, lo siento por mi hermano… Es una lástima que un chico tan generoso como Akira, tenga que convivir con alguien tan despreciable como tú. A mí tú no me interesas… Sólo vine porque quiero advertirte que Sally no está sola, así que no te atrevas a acercarte a ella, sólo le harás más daño, y si eso sucede… estaré aquí para defenderla. Espero que no sea necesario. Porque no te quiero volver a ver jamás en mi vida— Megan concluyó con ira, volteando para irse del lugar.
Su madre cayó devastada al suelo al reconocer el profundo odio que había sembrado en la mayor de sus dos hijas abandonadas.
Megan caminó hasta la salida de la casa. En el jardín le esperaba Sendoh. La chica caminó hacia la salida.
— Vamos— musitó unos pasos más adelante. Para Akira no fue difícil detectar el disgusto en el rostro de su hermana. Volteó la mirada con curiosidad hacia la casa. Conociendo el carácter de Megan, no dudaba que su visita no era de cortesía, y que probablemente su madre se estaría lamentando. Pero eso no lo detuvo, salió prontamente tras su hermana.
Sally veía con su mirada cristalizada a su hermana. Lamentaba que la despedida hubiera llegado tan pronto. Tenía muchas ganas de pasar un par de días junto a ella. Pero también entendía que para Megan, no era cómodo permanecer allí por más tiempo, después de lo sucedido. No podía ser tan egoísta para intentar retenerla por más tiempo.
— Hubiese querido que todo fuera distinto— susurró acongojada, la ojiverde.
Megan le sonrió de medio lado mientras sacudía sus cabellos.
— No te pongas triste. Falta poco para que termine el año aquí en Japón. Podrás regresar a casa en vacaciones— intentó tranquilizar, Megan.
Sally luchaba por no pestañear, sus ojos cubiertos por una capa líquida, amenazaban con desprender sus entristecidas lágrimas. Pero su congoja fue más fuerte, y sin poder evitarlo, sus lágrimas comenzaron a drenar mientras abrazaba a Megan.
— ¡Te quiero mucho!— expresó la ojiverde. Megan sonrió complaciente mientras correspondía el abrazo de su hermana.
— Yo también te quiero— musitó.
Pronto alejó uno centímetros a su hermana, para verla a los ojos.
— Pero prométeme que estarás bien— Sally limpió las lágrimas en su rostro mientras asentía— Oye genio— habló al chico de Shohoku que los acompañaba en el aeropuerto.
— ¡Sí!— respondió mientras saltaba de la impresión, ya que se hallaba preso de la emotiva despedida que presenciaba.
— Gracias por hospedarme a mí y a Eddie en tu casa, fue de gran ayuda— agradeció sonriendo. Hanamichi sonrió atontado, sintiendo como un verdadero elogio, la gratitud de la hermana de Sally.
— No te preocupes, lo hice muy feliz— contestó mientras tomaba su cabeza.
— Y sé que también te hará muy feliz si te pido que cuides a Sally ¿No es cierto?— expresó mientras alzaba una ceja con complicidad, la chica de ojos celestes.
Hanamichi se sonrojó de súbito, nada más ni nada menos que la hermana de Sally, descubría su secreto sin mayores dificultades.
— Pero… Pero ¿Qué estás diciendo? Eso no es cierto, estás equivocada, hermanita— contestó tartamudeante el pelirrojo, sellando su negación, con una estridente y nerviosa carcajada.
Megan le dio una palmeada en la espalda.
— No lo niegues, genio— espetó sonriendo pícaramente— No necesito ser una talentosa como tú para darme cuenta que estás interesado en mi hermana— susurró secretamente Megan al pelirrojo.
— ¡Ah! Pero…— intentó vanamente refutar, pero al parecer, Megan había ganado la partida.
— ¿Ves? Estaba en lo cierto— pronunció pícaramente la chica de ojos celestes. Hanamichi, se tomó la cabeza avergonzado.
La pelinegra, negó con la cabeza mientras sonreía divertida. Pronto se encontró frente a Sendoh. Su risa tomó un matiz afable y de gratitud, mientras se veían fijamente a los ojos.
— Fue un gusto conocerte— expresó amablemente, Akira.
— Igualmente— correspondió sonriendo de medio lado—Y gracias por cuidar de Sally… Y por todo— añadió mientras le extendía una mano.
— No tienes que agradecer, lo hago con mucho gusto— pronunció sonriendo. Entonces extendió una de sus manos, y la estrechó con la ofrecida por Megan, mientras se contemplaban con una serena expresión de mutuo afecto.
— Vuelo con destino a Norteamérica, hace su segundo llamado— la voz por altoparlante, dio a conocer a los jóvenes, que ya había iniciado el abordaje.
— ¡Uy… debemos darnos prisa!— exclamó alarmado, Eddie— Bueno, adiós Sendoh-hermano…— se despidió de la estrella de Ryonan, éste le vio curioso.
— Adiós— correspondió, sonriendo con amabilidad.
— "Que tonto. Todavía piensa que es una costumbre decirle hermano a los amigos aquí en Japón"— pensó riendo divertido, Sakuragi.
— Oye, Hanamichi— le habló ahora el pelirrojo a su nuevo amigo— Aunque me vaya, te prometo que no me daré por vencido— expresó determinante, mientras le veía fijamente a los ojos. Sakuragi lo observó pensativo.
— Pues yo tampoco— respondió del mismo modo, Hanamichi.
— "Pobre chico, no se dará por vencido"— parecieron pensar en total sincronía mientras se veían conmovidos, el uno al otro.
— ¡Debes ser fuerte!— se dijeron al unisón, mientras se abrazaban llorando infantilmente.
Sally, Sendoh y Megan les veían con una gotita en la cabeza.
Pronto, Eddie se acercó hasta la ojiverde, ruborizándose al mirarla a los ojos.
— Estoy muy feliz de haberte visto— expresó tímidamente.
— Igualmente— correspondió amablemente, la castaña— Y gracias por acompañar a Megan hasta aquí— expresó ahora.
Eddie conmovido por las palabras de la muchacha, no pudo evitar derramar algunas lágrimas, mientras se lanzaba a sus brazos.
— ¡Te extrañaré mucho!— exclamó mientras se acercaba. Pero antes que alcanzara a abrazar a la muchacha, esta le dio un golpe en la cabeza que detuvo al instante su acto.
— No me toques— gruñó con molestia.
Hanamichi rió divertido ante la escena.
— Último llamado para el vuelo a Norteamérica— la voz por altoparlante ahora alertó a la mayor de las Bruce.
— Bueno, ahora sí ya tenemos que irnos— anunció— Adiós— se despidió dando el último vistazo a Hanamichi, Akira y Sally.
— ¡Adiós!— correspondieron los tres al unisón.
Megan inició su marcha por el aeropuerto, mientras que Eddie seguía aturdido por el golpe de la ojiverde. Pero pronto recuperó el sentido, y buscó entre los presentes a la pelinegra, y no tardó en notar que se alejaba.
— ¡Oye Megan, espérame!— expresó mientras corría tras ella.
La joven continuó su lenta caminata con la cabeza inclinada. Había visto a su hermana luego de meses, lo que sin duda la llenaba de alegría; había conocido a Akira, un chico muy generoso que resultaba ser su hermano; pudo decirle a la cara a Nanami lo que sentía por ella; y también había conocido al divertido Hanamichi Sakuragi. Pero a pesar de todo ello…
Faltaba algo…
El motivo que despertó en ella la voluntad de viajar a ese país desconocido, y las expectativas de su llegada a aquel lugar, se habían desmoronado rápidamente. Pues reconoció prontamente, que el causante de aquella motivación no correspondía su interés.
Megan pronto estuvo sentada dentro de aquel avión, el que no tardó en despegar. Llevándose con ella, el silencioso tormento de la decepción.
— Tenemos que hablar, Kaede— Rukawa vio con fastidio, que Kazumi estaba en su casa visitándole.
— ¿Por qué me sigues?— inquirió con molestia.
— Es que… tenemos que hablar— pronunció dubitativa, mientras se ruborizaba de súbito— Sobre lo de ayer…— Rukawa le dio la espalda. No sabía qué pensaba Kazumi del beso que él le había dado en la playa. Pero lo que sí sabía, era que no quería darle falsas esperanzas.
— Eso ya no importa— espetó con frialdad. Kazumi abrió sus ojos con asombro.
— ¿Qué dijiste?— susurró perpleja.
— Te besé sin pensar, lo siento— musitó, Kaede.
— Pero… ¡Si lo hiciste es porque sientes algo por mí!— refutó confundida. No entendía el comportamiento de Rukawa.
— Estás equivocada— contradijo al instante el pelinegro.
— ¿Equivocada? Tú fuiste quien me besó, Kaede— expresó contrariada mientras se acercaba al muchacho— Nadie besa a alguien por voluntad propia sin sentimientos— añadió mientras lo volteaba para verlo a los ojos.
Kaede bajó la mirada, no creyó que su antigua vecina tomaría tan enserio aquel beso. Al parecer, para ella había sido importante. Pero no quería alimentarle una falsa esperanza.
— Por eso fue un error— espetó Kaede impasible. La chica le vio ruborizada, no podía entender el cambio de actitud en el muchacho.
— No creo…— susurró pasmada— ¡No lo creo! Dime porqué debería creerte eso…
— Tengo novia— interrumpió el chico de mirada fría.
— ¿Qué dijiste?— susurró con asombro.
— Tengo novia, y sólo me interesa ella— confirmó Kaede con determinación.
La mirada de Kazumi se cristalizó ante la respuesta de Kaede. Él sólo la ilusionó. Había jugado con ella ¿Y tenía novia?
La chica salió corriendo mientras lloraba desconsoladamente. Corrió por las calles mientras en su mente se reproducían las crueles palabras de Rukawa. Y es que al verlo después de cuatro largos años; decirle lo que quizás era evidente, pero que antes nunca se atrevió a decir; y ser besada por el muchacho; sintió sus sentimientos renacer en su corazón. Pero para Kaede…
"Fue un error. Tengo novia y sólo me interesa ella"
— "¡A qué estabas jugando, Kaede!"— pensó mientras lloraba. Su desconsolado llanto, no le permitió darse cuenta, que dos personas conocidas para ella, pasaban por su lado.
— ¿Viste eso, Akira? Es tu amiga— susurró curiosa, la ojiverde. La estrella de Ryonan, le vio extrañado.
— Tienes razón, es ella— respondió pensativo.
— Mmh— masculló mientras alzaba una ceja y se cruzaba de brazos— Viene de casa del señor Rukawa. De seguro fue a ver a Rukawa— presumió con molestia, mientras se cruzaba de brazos.
— ¿A Rukawa? ¿Por qué lo dices?— inquirió Sendoh. Si bien recordó prontamente la extraña situación de hace algunos días, cuando Kazumi se encontró con Rukawa, no creía que ella le iría a visitar. Tomando en cuenta que había huido al verlo, lo que menos creía es que lo visitaría.
— Ella es la novia de turno de Rukawa— espetó aún molesta.
— ¿Qué? ¿Su novia?— susurró curioso, Akira. Eso era imposible. No tardó en reír ante la descabellada idea de su hermana.
— ¿Por qué te ríes?— gruñó la castaña.
— Es que, eso es una locura. Kazumi no es novia de Kaede— explicó el motivo de sus risas.
— Que tonto— espetó Sally— Eddie me dijo que anoche, esa chica se estaba besando en la playa con Rukawa— relató. Los ojos de Sendoh se abrieron con asombro— ¿Por qué crees que Megan estaba tan triste?— añadió molesta con Kazumi. Sendoh aún no se convencía.
— Pero… ¿Cómo puedes estar tan segura que se trata de ella? Eddie no la conoce— refutó, el chico de Ryonan.
— Ese pelirrojo es curioso— espetó, Sally— Cuando estuvo en casa de Rukawa, husmeó cada rincón que pudo, y le llamó mucho la atención una fotografía de él junto a una chica, y esa chica es precisamente quien se estaba besando con Rukawa en la playa. Y es Kazumi— argumentó, la ojiverde de forma casual.
Akira escuchaba en silencio, mientras que sentía el menguar de sus latidos. Extrañamente, el enterarse que su amiga se había besado con Rukawa, le producía una extraña sensación.
Kaede comenzó a subir las escaleras, quería descansar en su cuarto. Después de mucho, no le apetecía salir de casa. Mientras avanzaba hacia la segunda planta, sintió el abrir de la puerta, y el diálogo de dos muchachos, a lo que se sumó los presurosos pasos de su padre en dirección a los recién llegados.
— Sally, que bueno que están aquí— dio la bienvenida, el señor Rukawa.
— Buenos días, señor— saludaron Akira y Sally al unisón.
— ¿Y Megan? ¿Acaso se quedó en casa de tu amigo?— inquirió curioso el hombre. Rukawa prestó especial atención a la interrogante de su padre, y más aún a la respuesta, que era lo que más le interesaba.
Sendoh y Sally se miraron cabizbajos.
— Bueno, ella y Eddie… regresaron a Estados Unidos esta mañana— contestó con pesar, la ojiverde. Rukawa abrió sus ojos con asombro ante la inesperada respuesta de la castaña.
— ¿Cómo? ¿Tan pronto?— cuestionó el padre sorprendido— Pero si apenas llegó ayer.
— Sí, yo también hubiese querido que estuviera más tiempo.
Kaede escuchaba paralizado el diálogo de su padre y la hermana de quien fue su novia. No pensó que partiría tan pronto. Al parecer estaba muy molesta con él después verlo besándose con Kazumi ¿Era tal su molestia como para irse sin siquiera reclamarle?
En aquel momento, comprendió que la había perdido, para siempre.
Los días pasaron. Y todo continuó con total normalidad. En Shohoku un nuevo entrenamiento había culminado. Y Mitsui regresaba hasta su casa.
Al ingresar al departamento, vio seriamente a su hermana, que rodeada por libros que parecía ignorar hace horas, permanecía en reflexiva melancolía.
— ¿Y tú que tienes?— preguntó con fastidio mientras caminaba hacia su hermana— Llevas días con esa cara de tristeza— añadió dejando sobre la mesa, su bolso de entrenamiento. Arisu suspiró nostalgia.
— Es que hace unos días conocí a un chico tan guapo, pero dudo que lo vuelva a ver. Claro, es extranjero y de seguro se irá… O quizás ya se fue— susurró afirmando su rostro con una mano.
— No puedo creer que estés así por ese tipo de tonterías— espetó el chico de la cicatriz encaminándose hacia su habitación.
— Que tipo más indolente eres, se ve que no sabes lo que es el amor— musitó atribulada.
— Esas cosas no me importan, son sólo cursilerías— pronunció con desdén el catorce de Shohoku, continuando su camino.
— ¿Estás seguro, hermanito?— masculló con picardía, Arisu— El otro día te vi paseándote con la chica Akagi después del partido. Y esta vez no fue por mi culpa— añadió de manera cómplice, causando el repentino sonrojo de su hermano. Y es que con el tan sólo hecho de mencionar a Haruko, en la mente de Hisashi se reproducía aquella inesperada declaración.
"Tú. Tú me gustas, Mitsui"
El rubor en sus mejillas pareció intensificarse al recordarlo.
— ¿Y? ¿Por qué te pones así? Te ves algo avergonzado, Hisashi— interrumpió Arisu, mientras le miraba pícaramente. Gotas de sudor, no tardaron en emerger en su rostro.
— No. No es nada… Ya déjame en paz— pronunció con dificultad, intentando evadir las preguntas de su hermana, mientras continuaba su camino hacia su habitación.
— ¡Ves! ¡Algo está pasando con esa chica, y te descubrí!— expresó mientras reía triunfante, la hermana mayor de Mitsui.
— ¡Ya cállate!— regañó Mitsui, mientras daba un portazo en su habitación.
Arisu, continuó riendo divertida. Sin embargo, poco a poco sus carcajadas comenzaron a menguar prontamente. Y es que el recuerdo de Eddie, volvió a invadir su mente. Volvió a tomar asiento junto a la mesa donde "estudiaba" y soltó un suspiro nostálgico.
— "¿Te volveré a ver algún día, Eddie?"— pensó con desesperanza.
Y es que, Arisu ignoraba, que en aquel mismo momento. Eddie, iniciando su día, caminaba hacia la ducha. Sin embargo, su andar se detuvo, al ver de soslayo, su reflejo en el espejo. Se miró el rostro, fijando su atención en la venda que cruzaba su frente.
— "Ya es hora de quitármela"—pensó. Entonces comentó a desenvolverla, hasta quitarla por completo de su cabeza. También, despegó algunos pequeños parches que cubrían heridas más pequeñas.
Pronto fijó su mirada en todas aquellas vendas y parches recién quitados, y sus pensamientos, no pudieron evitar rememorar a aquella chica que lo había auxiliado aquella noche en Japón.
"Pues mucho gusto, Eddie. Yo soy Arisu Mitsui, es un gusto conocerte".
Aquel nombre, y aquella sonrisa dulce, parecían hacer eco en su memoria. Era tan hermosa, y había sido tan amable con él. Sus mejillas se sonrojaron tenuemente.
— Arisu Mitsui— susurró reflexivo— ¿Alguna vez nos volveremos a ver?— verbalizó ahora sus pensamientos.
Hanamichi Sakuragi, regresaba después de un extenuante entrenamiento a casa. Su fiel ejército después de emitir durante su acompañamiento, sus eternas burlas tomó su camino de manera independiente, ante la amenaza que significaba la agresiva reacción del pelirrojo como respuesta a las bromas.
Tras perder de vista a Okuss, Yohei, Takamiya y Noma; sin poder golpearlos; continuó su camino hasta casa. Sumergido en sus refunfuñantes reclamos contra sus amigos, no notó que alguien aguardaba por él, por lo que dicho visitante, se decidió a hablar.
— ¡Hanamichi!— aquella voz, sacó al instante al pelirrojo de sus cavilaciones.
— Sally— susurró curioso, al ver a la ojiverde esperando por él en la puerta de su casa— Qué… ¿Qué estás haciendo aquí?—masculló mientras sus mejillas se coloreaban al verla ahí.
— Vengo a hablar contigo. Y esta vez que no se te ocurra huir— expresó mirándole a los ojos.
En pocos instantes, el pelirrojo ya dándose por vencido en la evasión a Sally, invitó a la ojiverde a pasar a su casa. Sin embargo, ella agradada por la frescura de la brisa de aquel crepúsculo, y el hermoso panorama en el firmamento; prefirió sentarse en el jardín de la vivienda, junto al pelirrojo.
Hanamichi, curioso dirigió su mirada a la muchacha, y ruborizado pudo constatar con timidez, que Sally fijaba suavemente su mirada en las estrellas en el cielo. Ahora el pelirrojo bajó la mirada hacia un costado. Entonces aclaró su garganta.
— Y… ¿Qué es lo que quieres saber?— se decidió a hablar, antes que el silencio se tornara incómodo.
Sally volteó ahora hacia Sakuragi, saliendo de su contemplación.
— Es cierto— musitó— Hanamichi. Hace unos días te pedí que me dejaras agradecerle a tus padres por dejar a Akira vivir con ustedes, pero tú fuiste muy evasivo— expresó con sutil recriminación, ante lo que el pelirrojo bajó la mirada apenado— Y después volviste a hacerlo aquella noche, cuando dejamos a solas a mis hermanos— recordó.
— Es que Sally…
— Entonces como te escapabas cada vez que te quería hablar del tema, le pregunté a Akira— interrumpió Sally. Hanamichi brincó del espanto— Y él me dijo que tus padres no estuvieron en casa durante todos esos días que él vivió aquí— añadió. Tras lo cual buscó su mirada.
Hanamichi le miró con el rabillo del ojo, encontrándose con la suspicaz mirada de su amiga y compañera de salón. Entonces saltó de la impresión. La castaña al percibir que Sakuragi continuaría sin decir nada, quiso alentarlo a hablar.
— ¿Por qué ellos no estuvieron en casa tampoco aquella noche?— inquirió— ¿Acaso te escapaste de tu casa para vivir solo?— especuló ahora con curiosidad. Hanamichi abrió los ojos como platos ante la idea de la ojiverde.
— No, no te equivocas— negó al instante.
— Entonces… ¿Ellos también tienen que viajar mucho por sus trabajos? ¡Claro! Por eso pasas la mayor parte del tiempo solo en tu casa— teorizó ahora creyendo estar en lo cierto— Te entiendo perfectamente, con papá siempre es así— susurró haciendo un puchero.
— No. Tampoco es eso— refutó tímidamente el pelirrojo. Sally, tras reflexionar brevemente, abrió sus ojos con asombro, lanzando su nueva idea:
— ¡No me digas que te dejaron vivir solo porque eras un rebelde sin causa!— exclamó escandalizada.
— ¡No, no!— negó al instante ruborizado. Pues, al parecer, Sally se estaba llevando las peores impresiones de él. La ojiverde pestañeó repetidas veces, pues las posibles respuestas, se habían agotado en su cabeza.
— ¿Entonces? ¿Cuál es el motivo?— interrogó susurrante.
— Pues, es que…— masculló mientras desviaba la mirada hacia un costado.
Para Hanamichi Sakuragi, aquel era un tema que a pesar de los años, lograba sensibilizarlo. Por eso solía evitarlo. Por lo general eran muy pocos los curiosos que le hacían preguntas al respecto. Y mucho menos aún, aquellos que conocían su historia.
Cuando Sendoh quiso preguntarle, para Hanamichi no fue difícil evadir la pregunta con una respuesta tajante:
"No hagas preguntas tan molestas…"
Pero por supuesto, esa sería la respuesta que jamás querría darle a la ojiverde. Con ella más que nadie, deseaba ser amable. Y por supuesto, tampoco podía ser de otro modo.
Después de unos momentos de reflexión, Sakuragi comenzó a soltar algunas vacilantes carcajadas. Sally le observó perpleja, no lograba entender el porqué de sus risas.
— Bueno, es que ellos…— pronunció manteniendo su aparente animosidad. Sin embargo, bajó su mirada admitiendo su desaliento— Ellos murieron hace ya mucho tiempo— confesó reflexivo.
— ¿Cómo?— susurró asombrada la menor de los Bruce, mientras abría sus ojos con desmesura— Es… ¿Es cierto lo que dices?— formuló con dificultad.
Para Sakuragi no fue difícil advertir la preocupación de la chica, por lo cual quiso abandonar rápidamente sus lamentables recuerdos.
— Sí, pero eso ya pasó hace mucho— expresó volviendo a sonreír superficialmente mientras acariciaba su cabeza— Ya casi ni lo recuerdo— añadió.
Sally le contempló en silencio. Al parecer, había ido muy lejos con sus preguntas, no era su intensión hacerle rememorar aquellos tristes recuerdos. Pero ahora se sentía culpable por haberlo hecho, y haber insistido en saber sobre los padres de su amigo, sin siquiera pensar cuál era el motivo de la evasión de Hanamichi.
— Lo siento— susurró apenada. Sakuragi volteó curioso hacia la castaña, mientras sus risas cesaban, pues detectó fácilmente el pesar de la joven.
— No… No te preocupes, ya te dije que pasó hace mucho tiempo, y que casi no lo recuerdo— intentó calmar el pelirrojo, mientras volvía a reír.
Sally volteó su mirada hacia el muchacho, viéndole reír con ingenuidad, no pudo evitar sonreír serenamente y con su mirada cristalizada.
— "Debe haber sido muy triste para ti el perder a tus padres, Hanamichi. Pero a pesar de eso, haz logrado ser fuerte y salir adelante tú solo… Eres digno de admirar"— reflexionó mientras el vaivén de sus orbes verdes, relataba su sincero sentir.
Después de unos instantes, las risas del pelirrojo cesaron, volteando a ver a su contemplativa compañera. Pestañeó repetidas veces al notar la extraña expresión de la ojiverde.
— ¿Sucede algo?— susurró curioso.
Sally, saliendo de sus reflexiones, vio algo desorienta al pelirrojo, quien le veía extrañado.
— No… Estoy bien— respondió por inercia— Pero bueno, ese no es el único motivo por el que vine hasta aquí— expresó ahora, recuperando su animosidad.
— ¿Eh? ¿Has venido por algo más?— masculló curioso. El rubor no tardó en apoderarse de las mejillas del chico— "Será que Sally ya siente algo por mí ¿Y se vino a declarar?"— especuló embobado— "Ay, eso me haría muy feliz"— añadió a sus pensamientos mientras sonreía infantilmente.
— Sí— confirmó— Bueno Hanamichi, está demás decir que desde un tiempo hasta ahora, te has vuelto una persona muy importante para mí en Japón— introdujo, causando la espontánea sonrisa de su oyente.
— "¡Sí, quiere confesarme sus sentimientos!"— pensó emocionado al oír las palabras de la muchacha.
— Siempre me diste ánimos desde que te enteraste… de todo— añadió bajando la mirada— Es por eso que estoy muy agradecida y que te considero un gran amigo— expresó levantando la cabeza, para sonreír jubilosamente a Sakuragi. Éste le escuchaba expectante— Es por eso, quiero contarte sobre algo que decidí— agregó nostálgica.
— ¡Sí, sí! Dime de qué se trata, estaré encantado de escucharlo— contestó al instante el pelirrojo con una sonrisa atolondrada en su rostro, y un rubor que se pronunciaba ante lo que creía que se aproximaba.
Sally tomó una bocanada de aire, para comunicar su decisión, entonces miró a los ojos al pelirrojo, para entonces hablar:
— Volveré a Estados Unidos— comunicó cabizbaja.
Los ojos almendrados de Sakuragi se abrieron suspensos ante las palabras de la ojiverde a la vez que una espina parecía atravesar su corazón.
Sally… Ella ¿Regresaría a Estados Unidos? No ¡Eso no lo podía permitir!
— Es ¿Es una broma?— el pelirrojo con el poco hálito que mantenían sus pulmones tras la declaración de su compañera, emitió la pregunta que más que una interrogante, era la esperanza que guardaba en su corazón.
— No, Hanamichi. Es cierto— confirmó, causando el recogimiento del corazón del muchacho.
Sakuragi guardó silencio unos instantes, no sabía que decir, no lograba procesar las palabras de la joven, sin embargo, pronto la necesidad de mayor información le hizo volver a hablar.
— Y ¿Por qué quieres volver a casa? No creí que lo quisieras… tan pronto— expresó con un doloroso nudo en la garganta, que parecía querer dificultar la emisión de sus palabras.
Sally suspiró hondamente mientras se ponía de pie.
— Ya no tengo nada que hacer aquí— pronunció fijando su mirada en el cielo nocturno— Vine hasta aquí para conocer a mi madre, y demostrarle que estaba dispuesta a perdonarla. Pero a cambio, ella me rechazó— masculló con decepción.
Hanamichi escuchaba inquieto las palabras de la muchacha. Rápidamente buscó en su mente, algún motivo que pudiera hacerla retractar aquella decisión, y no tardó en encontrar una:
— ¡¿Y Sendoh?! Es tu hermano, de seguro se pondrá muy triste si te vas— comentó con desespero. Sally sonrió serenamente.
— Ya hablé con él— Hanamichi abrió sus ojos con asombro— Aunque regrese a casa, no dejaremos de estar en contacto— añadió brindándole una cálida sonrisa a su amigo.
Entonces Sakuragi, quiso rebatir el motivo que la hacía querer regresar a Norteamérica.
— Pero, jamás dijiste que quisieras volver en todo este tiempo ¿Por qué ahora?— inquirió con angustia. Se negaba a aceptar la decisión de la ojiverde. Ésta respiró hondamente.
— Cuando me despedí de mi hermana en el aeropuerto, me sentía muy triste. Quería estar más tiempo con ella— expresó serena— Megan siempre me ha protegido y a estado para mí cuando la he necesitado. Pero ahora, después de verla tan triste, creo que es hora de estar con ella y apoyarla. Si hay alguien que me necesita en este momento es ella— explicó calma— En cambio aquí, no hay nadie que necesite de mí— añadió riendo sutilmente.
— ¡Eso es mentira!— exclamó Sakuragi tras de ella.
Sally volteó curiosa en dirección al muchacho. No tardó en descubrir el tinte de carmesí intenso en sus mejillas.
El joven empuñó enérgicamente sus manos, mientras un temblor generalizado recorría su cuerpo. Para Hanamichi Sakuragi, era inconcebible la idea de ver partir a la muchacha de regreso a Norteamérica y no volver a verla nunca más. Tan sólo pensar en aquella idea le llenaba de dolor.
Aquel muchacho había recibido ya cincuenta rechazos en su corta adolescencia, pero ninguno de ellos, pareció dolerle tanto como el ver partir a Sally, cuando la sentía tan cerca.
Un acopio de sentimientos invadió con vehemencia al chico de cabellos rojos. Angustia, desespero, dolor, amor que palpitaba desbordante en su corazón, con tal fuerza, que ya no era capaz de ocultar.
— Eso es mentira— repitió firmemente. La ojiverde miró de frente al pelirrojo. Sus ojos marrones, lucían un intenso y vibrante destello, que iluminaba sus orbes en medio de la noche oscura; Por sus mejillas, se escapaba el color del misterio a revelar; mientras que, su mirada reflejaba la severa determinación, de expresar lo que sus ojos y sus mejillas gritaban.
— Yo… Yo te necesito— tartamudeó mientras sentía el galopar intenso en su pecho— Te quiero ¡Tú me gustas mucho, Sally!
MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO C:
Reviews:
Jorge 4: Hola :D! Muchas gracias por tus buenos deseos, es de esperar que este año, también esté lleno de satisfacciones para tí =). Por otra parte, me alegra que te haya gustado el capítulo! Bueno, el duelo de pelirrojos era algo inevitable xD Los dos por la misma chica, encontrándose por primera vez... era una bomba que en cualquier momento detonaría xD. Megan y Rukawa, un caso! Aún no tenemos muy claro el motivo de Rukawa para terminar con Megan, por las reacciones que probablemente leíste en este capitulo, pero ya los sabremos... Sobre el ofrecimiento de su casa... Bueno, Hana siempre está atento a la jugada xDD. Bueno, agradecer tu comentario y por leer! Espero que este capí también te haya gustado. Saludos =D!
summerneverlasts: Hola! Bueno, la situación de Megan y Rukawa se complica cada vez más :/ ... veremos si se soluciona, esperemos que sí! Espero que también sea un muy buen 2014 para tí =)... Sobre tu idea de hacerle una portada a mi fic, la verdad es que me haría muy feliz :D! Así que con gusto la aceptaría. Muchas gracias por leer y comentar. Saludos :D!
EscarlataHoz: Hola! Bueno, como dices, todo era muy bueno para durar lo suficiente :/. Y ahora que Megan regrese a Estados Unidos, complica aún más las cosas... Y Sí! Efectivamente aparecerá un pretendiente, hay algo por ahí camuflado ya en un capítulo. Pero se desarrollará del todo en los siguientes ;). Y bueno, lo rescatable, es precisamente el acercamiento de Megan y Sendoh, a pesar de que ella se niega bastante a relacionarse familiarmente con Akira, él de forma incondicional se acerca a ella y es precisamente esa incondicionalidad la que hace a Megan ceder :). Eddie... es especial, aunque en un inicio tiene a todos de enemigos, no se da cuenta cuando ya todos ellos se hacen sus más cercanos confidentes. Agradezco mucho tu comentario y por leer. Saludos :D!
angelicacuario: Hola! Me alegra que se ta hayan hecho emocionante los capítulos :) . Rukawa está tomando decisiones erradas, y pronto le harán saber que está muy mal. Hana y Eddie xD son un par de aquellos XD... Amistosa dinamita! xD. Aquí está el capítulo que sigue. Espero te haya gustado! Saludos y gracias por leer y comentar. Feliz 2014 también para tí :D
