Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.
Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica
Capítulo #33: Una advertencia para Rukawa
Un ensordecedor silencio se apoderó de la atmósfera cercana a la pareja. Él esperaba alguna reacción ante su confesión; y ella, procesaba las palabras del pelirrojo.
Los orbes verdes de la muchacha, que parecían intensificar su expresión en la oscuridad, oscilaban con desconcierto ante la inesperada confesión del joven ante ella.
— ¿Qué dijiste?— masculló sin dar crédito de lo que oía.
Hanamichi sintió el rubor intensificarse en sus mejillas. Al parecer, sus sentimientos encontraban por sorpresa a la castaña. El aliento pareció hacérsele insuficiente para repetir su declaración. Bastante trabajo le había costado decirlo. El temor a perderla había sido su impulsor. Pero ahora, el temor al rechazo, volvía a enmudecer sus sentimientos. Bajó la mirada, para poder así, expresar su sentir sin reservas, ante la presencia de Sally.
— Sé que te parecerá un poco extraño…— articuló agobiado— Porque siempre estábamos peleando. En clases, cuando ibas a los partidos, o donde nos encontráramos— pronunció con dificultad mientras jugaba con sus dedos— Pero no me di cuenta que estaba muy pendiente de ti. Hasta que, me di cuenta que Sendoh pasaba mucho tiempo contigo—relató haciendo una pequeña pausa apenado— Y creí que… eran novios. Me puse muy celoso— confesó.
Pronto levantó tímidamente la mirada, encontrándose con la aún atónita expresión de Sally, quien parecía aún no poder procesar lo relatado por Sakuragi. Entonces, asumiendo que la chica mantendría su mutismo, continuó:
— Entonces… me di cuenta que estaba enamorado de ti— articuló con el poco hálito que lograba expulsar de sus pulmones— Por eso, no puedo aceptar la idea que regreses a Norteamérica. No podría soportar la idea de no verte nunca más— expresó con angustia.
— Por eso… No puedes irte ¡Sally no te vayas!—exclamó mientras que entre sus brazos atrapaba aprensivamente a la ojiverde. Ésta al fin pareció reaccionar, cuando sintió los fornidos brazos en su espalda, y su propio rostro, contra el tibio pecho del pelirrojo. Un repentino rubor se apoderó entonces de sus mejillas.
— ¡Suéltame!— exclamó al fin Sally, empujando con todas sus fuerzas a Hanamichi por el torso hacia atrás.
El muchacho contempló con desconcierto a la chica, mientras sentía un vacío paralizante en su interior. El ceño fruncido, el tinte agresivo de su mirada, y rosa en sus mejillas, eran la clara evidencia del disgusto de la chica.
— Por eso fue tu cambio tan repentino— se explicó en voz alta la muchacha— De un momento a otro te volviste muy amable—agregó dándole la espalda al pelirrojo— Pero nunca noté el motivo. Pero ya lo tengo más que claro…— pronunció entre dientes— ¡Sólo te estabas aprovechando de mí! Te hiciste mi amigo solamente para intentar seducirme ¡Tu no querías ser mi amigo! ¡Eres un abusivo y oportunista!— enjuició furibunda— ¡Te odio, Sakuragi! ¡No te quiero volver a ver nunca más en mi vida!— volteó de regreso para gritarle con furia su sentir al pelirrojo. Este abrió sus ojos con asombro ante la respuesta de la ojiverde. Ella… ¡Estaba malinterpretando las cosas!
— ¡Pe- Pero Sally!— intentó vanamente explicarle, pues la muchacha no tardaría en interrumpirlo.
— ¡Ya cállate!— lo silencio de súbito.
Sakuragi bajó la mirada tristemente. Era el momento de sumar un nuevo rechazo a la larga lista que respaldaba su desastrosa vida amorosa. Desoladora vida amorosa, que ahora parecía más amarga que antes. Pues en su historial de rechazos, las chicas se limitaban a responder un "Lo siento, estoy enamorada de …". Mientras que, ahora a un rotundo "No" se le unía la dolorosa idea de que se aprovechaba de su tristeza para enamorarla. Y además… ¿lo odiaba y se iría para siempre? Eso era más de lo que podía soportar.
Sally, le había silenciado, sin embargo no hablaba. Parecía estar inmersa de hostiles pensamientos. Y es que la joven se hallaba realmente molesta. Sakuragi, a quien había considerado realmente un amigo, sólo se había estado aprovechando de sus tristezas para acercarse a ella. Quería conquistarla en medio de la vulnerabilidad emocional que le significaba su situación familiar. No lo podía creer.
— De verdad… ¿Creíste que me iba a enamorar de ti?— cuestionó con un desdén en la mirada, que pareció el arma letal que desmantelaba el corazón del pelirrojo— Que inocente— musitó burlesca —Ya me voy…— masculló dando unos pasos hacia la salida, deteniéndose para decir algo más— Y te aviso que mañana a primera hora iré a hablar con el director para arreglar mi traslado ¡Lo antes posible!— sentenció ignorando por completo, lo duro que resultaban aquellas palabras para el pelirrojo.
— ¡Adiós!— se despidió la muchacha. Y sin más, continuó su camino.
Hanamichi, al percatarse de su definitiva partida, salió tras ella. No podía dejar que se fuera así. Él la quería, y la estaba perdiendo de la peor manera.
— ¡Sally, espera!— exclamó tras salir a la calle— No te vayas…— susurró con desesperanza al notar que la chica, ya había desaparecido.
El muchacho caminó hasta el patio de aquella vivienda que visitaba. Allí, reconoció prontamente, la solitaria presencia de Kazumi, que de espalda a él se hallaba sentada en la hierba.
Sendoh sonrió, y caminó sigilosamente hasta ella, que no notó la presencia del muchacho. Sus manos, de manera sorpresiva, cubrieron los ojos de la chica.
— ¿Quién es? ¿Kenji, eres tú?— inquirió curiosa, Kazumi, mientras tocaba las manos de Sendoh, intentando que su tacto delatara al secreto acompañante.
— Frío, frío…— masculló procurando agravar su voz.
— ¡Akira!— exclamó divertida.
— Vaya, me descubriste— musitó bajando sus manos. La chica volteó el rostro, encontrándose con Sendoh.
— Es que eres muy malo cambiando tu vos— explicó sonriendo.
Sendoh suspiró resignado. Pues aceptaba que la muchacha tenía razón. Pronto se sentó a su lado, en la hierba.
— Y dime ¿A qué se debe esta visita tan agradable?— preguntó amablemente— Siempre soy yo quien tiene que buscarte a ti— reflexionó curiosa— ¿Pasó algo malo?— cuestionó ahora preocupada.
— No—negó al instante. Kazumi respiró aliviada— Es sólo que… hoy paseando por el muelle, encontré en una tienda algo que creí que le podría servir mucho a una chica que conozco, entonces me dije "Creo que se lo llevaré" Y aquí estoy…—explicó mientras me enseñaba una cajita negra, atada con un lazo dorado.
— ¿Qué?— masculló sorprendida mientras pestañeaba curiosa— ¡Gracias Akira!— agradeció mientras recibía el obsequio.
— Puedes abrirlo— invitó al instante el chico de cabellos alzados. Entonces, Kazumi abrió curiosa la cajita. Primero desatando el lazo, y luego quitando la tapa.
— Un ¿Un espejo?— susurró extrañada, dirigió una mirada interrogante a Akira.
El muchacho se puso de pie, para arrodillarse tras la chica, tomó entre sus manos, las de Kazumi, que sostenía el espejo, entonces lo alzó suavemente, a la altura de sus rostros.
Ambos pudieron verse entonces en el reflejo.
— Mírate— susurró Sendoh, viéndola por el reflejo. La chica, incomodada por la cercanía de su amigo, se ruborizó avergonzada. Entonces hizo caso de sus palabras, concentrando su mirada en su propio reflejo.
— Tus ojos y tus labios… no están sonriendo como siempre. Estás triste—expresó compasivo. La chica dirigió su sorprendida mirada a la de Sendoh a través del espejo, sin siquiera poder articular un monosílabo.
— Kazumi, sé que algo está pasando con Rukawa ¿Te hizo daño?— fue directo al grano. Pues entendía que la muchacha no podía decir nada.
— Akira, yo…—masculló bajando la mirada.
Ambos guardaron silencio. Silencio que Sendoh no se tardaría en quebrantar.
— No te voy a obligar a que me cuentes algo que no quieras… Pero me gustaría que lo hicieras, porque quiero ayudarte. No quiero verte triste…— expresó ahora serenamente, el chico de Ryonan. Mientras se colocaba frente a la muchacha, y levantaba con sutileza su rostro, para verla directamente a los ojos.
— Akira…— susurró. Sus ojos al instante se vidriaron. No podía ocultar más su tristeza. Y en un acto desesperado, se aferró al muchacho.
— Él sólo jugó conmigo ¡Él no me quiere!— pronunció en medio de sollozos. Sendoh, cerrando sus ojos, correspondió aquel abrazo, mientras que acariciando los cabellos negros de la muchacha, intentaba calmar su llanto.
Aquella joven, contemplaba la cálida jornada a través de la ventana de su habitación. El sol radiante, gobernaba el firmamento azulino; la suave y fresca brisa, que agitando las nacientes hojas de los árboles, anunciaba la incipiente primavera; y el jardín trasero de su morada, bañado de una alfombra natural de tono verde, que era además adornado por diminutas flores blancas y amarillas que nacían de improviso en el césped. Un árbol, cobijaba en sus ramas a las aves pasajeras, que canturreaban alegres melodías.
Era sin duda, un hermoso paisaje en casa. Paisaje que jamás se había detenido a contemplar, y que ahora en la más triste y completa soledad, admiraba.
Megan dio un suspiro aletargado, volteó y caminó hacia la salida de su cuarto. Desde allí, caminó a paso de anciano hasta el jardín que veía ante desde las alturas.
Para su fruición, la atmósfera natural, no tardó en abrazarla. Una agradable sensación de plenitud la invadió cuando la brisa chocó contra su rostro, y sus cabellos bailaron al compás del viento.
Agradada, caminó hasta el árbol a sólo unos metros de ella. Y se sentó bajo la solidaria sombra que le brindaba.
Cerró sus ojos complacida. Aquella dulce atmósfera, la lograba sacar de sus tristezas. Sin embargo, los espontáneos recuerdos, no tardaron en reproducirse invasivos en su mente…
Ella junto a Kaede, sentados bajo ese mismo árbol, compartían un refresco mientras hablaban de la suspensión que lo había marginado del equipo.
— Ya dije que no lo hice— pronunció con fastidio.
— Pero Bianca dijo…— intentó rebatirle, sin embargo el muchacho le interrumpió.
— Ella miente— aseguró firme.
— Kaede, te prometo que creería en ti si no conociera a Bianca… ella es mi amiga y sería incapaz de…— confesó empática con el muchacho.
— Pues se ve que no la conoces— musitó mientras se ponía de pie, Megan le siguió.
— ¿Qué dijiste?— preguntó con molesto asombro.
— No sé porqué… pero ella ayudó a ese idiota— espetó en la inalterabilidad de su voz.
Y decía la verdad. Billie y Bianca habían planeado todo. Ellos eran quienes realmente mentían. Tardó meses en darse cuenta que Kaede, decía la verdad.
Pero, no siempre era tan honesto…
Distintas muestras de afecto, una cena, una declaración, el cálido reflejo en esos ojos de glacial eterno, se habían manifestado ante ella, como la clara muestra de amor.
Amor que llegaría al límite…
Una noche, una cálida chimenea, dos adolescentes, un sentimiento e innumerables caricias. Megan, le había regalado su más íntimo secreto, a alguien que no lo había valorado.
— ¡No!— pronunció con desespero mientras se ponía de pie presurosa. Intentando expulsar aquellos amargos y humillantes pensamientos.
Caminó con la vista baja por el patio, y no tardó en encontrarse, con aquella canasta que instalada en el jardín, era ocupada por el pelinegro, para en sus prácticas en solitario. Y además…
— Inténtalo— pronunció el chico de Kanagawa, Megan levantando una ceja interesante, se dirigió a la canasta. Repitiendo los movimientos de Kaede llegó hasta la zona de tiro, dio un brinco y lanzó el balón a la canasta.
— "Perfecto"—pensó sonriente la chica mientras lanzaba el balón.
— "Que tonta"— pensó contrariado Rukawa pronosticando el resultado de las maniobras tan precipitadas de Megan.
— ¡Qué!— prorrumpió perpleja la joven al ver cómo el balón paseaba por un distante costado de la canasta— ¡Oye Kaede porqué ese balón no entró si hice exactamente lo que tú hiciste! ¿Acaso me estás ocultando algún secreto chiquillo tramposo?— reclamó la chica de ojos celestes al muchacho que observaba a la distancia.
— No digas tonterías— musitó con fastidio el muchacho— Te precipitas mucho y obsesionas mucho con la canasta— explicó Rukawa a la vez que se acercaba— Entonces te olvidas cómo lanzar el balón— añadió mientras le entregaba el balón que había rodado unos metros por el patio. La muchacha lo tomó entre sus manos, Kaede tras ella comenzó a organizar sus extremidades indicándole cuál era la posición correcta para poder encestar— Dobla un poco más tu brazo— musitó el joven a lo que Megan rápidamente obedeció.
— ¿Así está bien?— susurró la muchacha dirigiéndole la mirada a Rukawa. Sorpresivamente sus rostros se encontraron en incómoda proximidad. El corazón de Kaede comenzó a golpear con violencia en su pecho, a la vez que sus ojos determinantes contemplaban el rostro de la muchacha, su mirada fija logró perturbar a la joven quien permanecía paralizada ante aquellos ojos azules que concentraban su marco de visión ahora en sus ojos celestes. Aquel contacto visual logró alterar los ánimos de la joven llevándola a un inquietante nerviosismo, que era delatado por el repentino rosa que teñía sus mejillas. Aquello logró ser apreciado por el joven de cabellos negros, que ante aquel gesto de vulnerabilidad de la joven pareció sucumbir. Su mirada de hielo eterno pareció comenzar a agrietarse dando paso a una tenuemente perceptible devoción. La chica presa de la atmosfera protagonizada por el muchacho, no lograba articular palabra alguna. Cualquier intervención parecía ser detenida por la nueva expresión de Kaede. Si bien el muchacho se caracterizaba por su eterno silencio y la inmutabilidad de su mirada, ahora compartía con la joven gestos que parecían haber sido atesorados recelosamente en lo más íntimo de su ser. Una mirada era exclusivamente regalada a aquella joven. Megan intimidada seguía paralizada ante Kaede, lo único que pudo hacer fue pasar algo de saliva.
Tras recordar aquel episodio, huyó con urgencia hacia el interior de la vivienda. Caminó hasta la sala, entonces reconoció en ella, el lugar que cobijó su noche de amor. Corrió a las escaleras, pero recordó que Kaede dormía junto a su habitación, y que su último amanecer en casa, había sido junto a ella, en su propio cuarto. Empuñó sus manos con angustia. Para su desfortunio, el recuerdo de Kaede, estaba incluso en los rincones más recónditos de aquella vivienda. Recuerdos de los que no podía huir.
Sus pensamientos se vieron prontamente turbados por el sonido del timbre. Alguien llamaba a la puerta. Al tomar consciencia de ello, Megan respiró hondamente, para menguar sus emociones. Caminó hasta la puerta, y abrió. Encontrándose con un muchacho que representaba más o menos su edad. Y que no recordaba haberlo visto antes.
— Hola— saludó con disimulado fastidio. El visitante sonrió victorioso, al ser atendido.
— Buenos días— saludó con una sonrisa de familiaridad— Es un gusto verla de nuevo, señorita…— hizo una gentil reverencia. Megan arqueó una ceja suspicaz. No sabía de quién se trataba, sin embargo, él parecía conocerla. Aquellos pensamientos fueron fácilmente interpretados por el muchacho— ¿Me recuerda?— inquirió amablemente.
— No ¿Quién eres?— preguntó con fastidio mientras se cruzaba de brazos. La sonrisa de Sawakita se desmoronó con desilusión.
— Mi nombre es Eiji Sawakita. Hace unos días vine porque quería saber sobre Rukawa, pero me dijiste que…— tan pronto sus oídos recibió el nombre de su ex novio, una aguja pareció atravesar su corazón. No tan sólo su recuerdo llegaba de forma inconsciente; sino que también otros osaban en invitarla a rememorarlo.
— Rukawa, Rukawa, Rukawa— gruñó rechinando sus dientes— ¡No quiero volver a escuchar ese maldito nombre! ¡No vuelvas a preguntarme por él! ¡¿Me oíste?!— prorrumpió ahora, mientras empujaba a un desconcertado Sakawita desde el umbral hacia el exterior.
— Señorita…— pronunció confundido, intentando en vano detener el accionar de Megan.
— ¡Vete al infierno!— y sin más, cerró con violencia la puerta de la vivienda. Eiji confundido, observó unos instantes la puerta, tras la cual no se transmitía señal alguna de vida. Pronto el muchacho comprendió que llegaba en un momento inoportuno, entonces volteó y salió del lugar.
Megan, aún afirmada en la puerta, sintió como ardientes lágrimas se deslizaban por su rostro. Aunque quisiera evitarlo, el recuerdo de Kaede llegaba hasta ella, atrapando sin compasión su mente.
La muchacha ya más serena, tomó una bocanada de aire, para iniciar su relato.
— Él… Él y yo éramos vecinos— masculló con su mirada perdida en la hierba bajo ella— Por eso nos volvimos amigos desde muy pequeños…
El sol alumbraba con la tibieza de otoño. Las hojas caducas precipitaban cubriendo de un manto dorado las calles de Kanagawa. Y aquellos adolecentes, entre jadeantes risas, se dejaban caer sobre el prado de aquel parque que fielmente albergaba sus juegos infantiles.
— ¡Gané!— exclamó con júbilo aquella muchacha, mientras se tendía de cara al cielo sobre el pasto.
— Hiciste trampa— espetó Rukawa viéndola de reojo. Kazumi rió divertida.
— Que envidioso— susurró con falso enojo. Kaede se tumbó al lado suyo. Ahora ambos permanecían contemplando en silencio cómo las nubes transitaban a paso sereno por el cielo.
La chica cerró sus ojos disfrutando la agradable brisa que acariciaba su rostro. Mientras que, Rukawa permaneció con su mirada fija en el cielo. Sus pensamientos lejanos, pronto quisieron ser comunicados a aquella muchacha.
— Iré a Tomigaoka— musitó sin quitar su mirada del firmamento. Kazumi abrió sus ojos de súbito. Pronto se reincorporó sobre el césped.
— ¿Qué dijiste?... ¿Tomigaoka?— inquirió con asombro. El pelinegro imitándole también se reincorporó, confirmando sus palabras con una amplia sonrisa— ¡Pero Kaede! Tenías ofertas para ir a preparatorias con mejores equipos ¡No tenías que hacerlo!— refutó intranquila, Kazumi.
— Eso no importa… Sólo quiero que estemos cerca—expresó el chico, mientras le sonreía con complacencia.
Kazumi aún intranquila, desvió la mirada. Y es que necesitaba ocultar la angustia que comenzaba a resurgir en sus ojos. El pesar que desde hace ya semanas, atormentaba sus noches y que no era capaz de confesar.
— No te preocupes, todo estará bien— intentó calmarla Rukawa mientras besaba con dulzura sus labios. La muchacha correspondió débilmente con la mirada perdida en sus secretas disyuntivas.
— Y al día siguiente nos mudamos con mis padres a Tokio— susurró con pesar— Me fui… sin decirle nada—añadió bajando su mirada.
— Pero ¿Por qué?— cuestionó contrariado, Sendoh.
— No tenía el valor de mirarlo a los ojos y decirle que me iba. Sabía que le afectaría, tanto o tal vez más que a mí— expresó con pesadumbre que parecía contraer su garganta.
— ¿De verdad estás hablando de Rukawa?— preguntó escéptico— Ese sujeto es la insensibilidad hecha humano.
— Te equivocas, él no era así— negó en medio de un suspiro alzando la vista al cielo— Era un niño dulce, amable… Encantador— añadió reflexiva— Por eso me sorprendió mucho verlo así, tan frío, distante e indiferente. Cambió mucho… Y creo que fue mi culpa— volvió a ocultar la pesadumbre de su mirar.
— ¿Pero qué dices? Tú no eres la culpable de eso— contradijo con asombro, Sendoh.
— Si lo soy— pronunció determinante— Yo era la persona que más compartía con Kaede, era su mejor amiga. Confiábamos ciegamente el uno en el otro. Y por eso nuestros sentimientos, aunque no lo decíamos… eran más que los de dos simples amigos— relató nostálgica.
— Estás diciendo… que ustedes ¿eran novios?— inquirió con inocultable curiosidad.
— No— negó mientras sonreía débilmente—Aunque se podría decir que eras amigos con derecho.
— Ya veo…— susurró cabizbajo.
— Es por eso que él debió cambiar así. La persona en quien más confiaba, lo traicionó— su voz volvió a sonar de angustia.
— Kazumi…— masculló Akira pensativo, al reconocer la tristeza de su amiga.
Bianca caminaba despreocupada por los pasillos de aquella preparatoria. La extenuante jornada académica ya había concluido, y buscaba alguien con quien distraerse. No tardó en advertir a dos chicas, una rubia y otra de cabellos castaños, en quienes reconoció a dos de las integrantes de la banda que componía con Megan. Se acercó rápidamente hasta ellas.
— ¡Hola nenas! ¿Cómo van?— saludó divertida. Las chicas se miraron mutuamente con suspicacia, sin corresponder a la salutación.
— ¿Cuándo retomamos los ensayos? El periodo de exámenes ya termino, no hay problemas ¿no creen?— opinó ahora la chica de ojos grises, dejando pasar por alto el silencio de las muchachas. Las que fruncieron el ceño con molestia, mientras la miraban con reproche.
— Vamos— pronunció la rubia. Tras lo cual, continuaron su marcha.
— ¡Hey! ¡Esperen! ¿Qué les pasa?— Bianca las detuvo con desconcierto— La clase ya terminó, no creo que tengan tanta prisa como para no hablar con su amiga— expresó sonriendo vacilante.
— ¿Qué estás diciendo? Tú ya no eres nuestra amiga— declaró sin tapujos, la castaña.
— ¿Cómo?— susurró sorprendida, Bianca.
— No entiendo cómo tienes el descaro de hablarnos con tanta naturalidad después de lo que le hiciste a Megan— reprochó la otra.
— Ustedes no deberían meterse en eso— pronunció con dificultad la chica de ojos grises.
— ¡Claro que sí! Nosotras hemos visto lo mucho que está sufriendo. Y estamos de su parte— expresó la castaña.
— Pero… ¿Y la banda? Ustedes no tienen a otra bajista. Sin mi estarían perdidas— contra argumentó la chica. Entendía la postura de sus compañeras, por lo que no dudaría en recurrir a su "indispensable" lugar en la banda para conservar el vínculo.
— Eso lo podemos arreglar… Y sin tu ayuda— contestó con desdén la castaña.
— Además creímos que Megan fue clara cuando dijo que ya no eras miembro del grupo. Así que vete— argumentó la rubia. Bianca frunció el ceño mientras concentraba su ira en sus manos empuñadas.
— Pueden irme al infierno ¡Idiotas!— vociferó colmada. Tras lo cual volteó para dejar atrás a las muchachas.
— "Buscaré a Billie. Seguramente ya tendrá algo en mente"— reflexionó tras dejar atrás a las muchachas.
Bianca caminó hasta el gimnasio de la preparatoria. Desde afuera pudo oír los balones entrando en contacto con la duela, las voces de algunos de los miembros del club y el agudo sonido del silbato. Se aproximó raudamente hasta la puerta de ingreso al recinto. Desde allí, buscó entre los jóvenes a Billie.
— "Que extraño, no está entrenando"— caviló con decepción— ¡Ya sé! Oí que debía ser delegado de salón esta semana… debe estar ahí"— se dijo a sí misma. Entonces caminó hasta el aula. Sin embargo, enorme fue su decepción al no encontrarlo tampoco allí.
La muchacha caminó ensimismada por los pasillos de la preparatoria. No sabía que pasaba con el rubio del club de basquetbol, y le urgía encontrarlo. Bianca suspiró resignada y levantó la mirada. No tardando en detectar las fulminantes expresiones que se clavaban en ella.
— "¿Qué me ven esas estúpidas? ¿Acaso tengo la cara pintada?"— pensó con molestia sin detener su andar.
— ¿Ya vieron? Es Bianca
— Sí, y se ve de lo más tranquila. Creo que no le afectó en nada.
— ¿Qué le afectaría? Si nunca le importó su amiga, es obvio que actúe normal.
— ¿Y el chico de intercambio? Oí que ella y Billie Newton se habían confabulado para sacarlo del club.
— ¡Es cierto! Rukawa regresó a Japón ¡Debió ser por culpa de ellos dos!
— Es una pena… Se me hacía un chico muy guapo. Todo por culpa de esa tonta
— Sí. Y escuché que Rukawa y Megan se entendían muy bien, y que Bianca estaba muy celosa, y que por eso intentó meterse entre ellos dos.
— Es una maldita.
Los murmullos, terminaron por colmar a la muchacha. Quien empuñando sus manos, exclamó:
— ¡Ya cállense! ¡No tienen ningún derecho a hablarme así! ¡Son unos entrometidos!
Ante ello, los susurros cesaron. Sin embargo, las miradas cargadas de desdén y reproche, lograron ser la contestación irrefutable contra Bianca. Quien silenciada ante las innumerables expresiones, caminó angustiada hacia la salida de la preparatoria. A aquellas miradas, se le sumaba la ausencia de Billie, la molestia de sus compañeras de la banda y por sobre todo, la decepción de Megan. Todo aquello logró descolocar a la chica de cabello rizado. Quien no tardó en sentir una lágrima desprenderse de sus ojos.
— "Me estoy quedando sola"— pensó sumida en la más profunda desolación.
— Bueno, te agradezco mucho por haber venido. Me hizo muy bien— se despidió en la puerta principal Kazumi, mientras sonreía sincera.
— Eso me deja más tranquilo— contestó Sendoh en un susurro de alivio.
Kazumi sonrió con mayor determinación. Tras lo cual se lanzó a sus brazos.
— Gracias. Eres un gran amigo— pronunció en medio de un suspiro. El muchacho, desalentado ante la expresión de amistad de Kazumi, bajó la mirada y la alejó de sí.
— Ya me voy— se despidió sonriendo forzosamente.
— Sí. Adiós— ajena a los sentimientos de su amigo, Kazumi se despidió amablemente.
Akira inició su camino de regreso a casa a paso calmo y con sus manos descansado en sus bolsillos. No había avanzado lo suficiente, cuando el repentino recuerdo de algo que debía decirle a la joven, lo detuvo de súbito y volteó hacia ella.
— Oh… Por cierto ¿Irás a ver el partido de mañana?— inquirió amablemente.
— ¿Cómo?— Kazumi sin entender nada, susurró extrañada.
— Nuestro equipo juega con Shoyo. Y es un partido muy importante. Quien gane se enfrentará en la final contra el ganador del partido entre Kainan y Shohoku. Creí que lo sabrías— explicó calmo.
— ¡Oh, es verdad! Lo lamento, lo había olvidado por completo— contestó la chica sonriendo avergonzada.
— ¿Entonces irás?
— Dalo por hecho— Sendoh sonrió satisfecho.
— Esta bien. Nos vemos— se despidió enseñando una mano.
— Nos vemos— correspondió la chica.
— Hasta mañana— insistió Akira mientras la contemplaba con complacencia. Inconscientemente, intentaba extender el tiempo en compañía de la chica.
El sol iluminaba con todo su esplendor, y aquel muchacho contemplaba con su mirada fija la lápida de su madre.
Desde su regreso a Japón, visitaba con bastante frecuencia aquel lugar. De cierto modo, estar allí le hacía sentirse un poco más cerca de su madre. Y más aún, aliviaba lo que más angustia le causaba: el haber estado alejado tanto tiempo de su madre, sin haber jamás pensado lo que podría pasar.
Kaede se inclinó y dejó junto a la fotografía de la mujer un tulipán de un color rosa muy tenue que tanto gustaban a su madre. Prontamente se reincorporó.
— "No dejaré solo a papá. Te lo prometo"— le dijo a su madre mentalmente. Tras lo cual, reinició su camino de regreso a casa.
Junto a su arribo al hogar, pudo advertir que correspondencia le daba la bienvenida a los pies de la puerta principal. Tomó el sobre y con reprimida curiosidad vio el remitente: Los Ángeles School. Los Ángeles, California. Estados Unidos de Norteamérica.
Rukawa se apresuró en adentrarse en la vivienda mientras abría el sobre con premura. En cuanto tuvo la carta entre sus manos, su mirada se deslizó con rapidez entre las líneas en ella escrita. Sin embargo, su lectura se paralizó con asombro cuando leía "Es por eso que solicitamos su urgente reincorporación a las actividades académicas en un plazo no mayor a 10 días. De no cumplir con el plazo requerido, los efectos de la beca y permanencia como estudiante de nuestro instituto, serán anulados".
MUCHAS GRACIAS POR LEER C:
N/A : En primer lugar, lamento la demora... a pesar de que ha sido un capítulo breve, asumo que tardé mucho u.u Pero he estado muy muy ocupada. Pero prometo hacer lo mejor en los siguientes capítulos (que por ciertos son los últimos) así que aprovecho de avisar que ya estamos en la cuenta regresiva. Bueno, sin más me despido y hasta el siguiente :D
Reviews:
Jorge 4: Queridísimo amigo! Como me lo imaginaba, iba a ser un capítulo de importancia para tí. Ya Hana no ha podido aguantar y se declaró ante la partida de Sally. Bueno, no sé que te habrá parecido lo ocurrido en éste capítulo :S . Espero tu opinión como siempre. Un gran saludo y agradezco nuevamente tus comentarios y lecturas :D
summerneverlasts: Hola :)! Me alegra saber que te halla gustado el capi. Y muchas gracias de nuevo por lo de la portada =). Saludos y muchísimas gracias por leer y comentar :D
EscarlataHoz: Holaa :D! El acercamiento del pretendiente será gradual dentro de los siguientes capítulos. Quizás irá lento pero seguro ;) A Rukawa no se le debe ni pasar por la mente quien rondará a Megan xD... No lo odies u.u Kaede tiene algunos motivos para no querer regresar con Megan... Bueno, es verdad que quizás no está tomando las mejores decisiones, pero es la única opción que se le ocurre :/ ... Sally uff... el temperamento de las Bruce es algo complicado... que digamos no son muy sutiles que digamos. Y menos aún cuando creen que les están viendo la cara. Y este es precisamente el caso de Sally respecto a la declaración de Hana. Ya veremos como avanzan las cosas ahí... Sobre Sendoh, es buena idea! Sin embargo existe una traba de gran importancia : Los padres de Sendoh, dudo que Nanami, y más aún su padre le permita irse a Estados Unidos :/.. pero ya veremos que pasa ahí. Saludos y muchísimas gracias por leer :D
VaneUchihaWacabayashi: Hola :D! Me da gusto que sea de tu agrado la historia :). Bueno, las cosas entre Megan y Rukawa están difíciles, más aún a tanta distancia. Es difícil solucionar las cosas así :S. Pero ya veremos qué pasa ;) Muchas gracias por leer. Saludos :D
angelicacuario: Holaaa =)! Hana y Sally... No sé que decir de ellos :/ Las cosas están cuesta arriba para nuestro pelirrojo u.u Sally no tuvo la mejor reacción y para el broche de oro, quiere irse a Norteamérica! Una pena :/... Megan y Rukawa están peor aún... Rukawa decidido a no regresar con ella, y ella sufriendo por su recuerdo. Nada va bien por ahora... Pero ya veremos qué pasa =)... Te agradezco por leer y comentar. Un gran saludo! :D
