IMPORTANTE: LEER NOTA DE AUTOR AL FINAL DEL CAPITULO

Hola gente bonita, aquí el segundo capitulo, espero lo disfruten
Y no olviden, la nota de autor al final es info importante acerca del futuro del fic.


Cuando peor no puede estar, llueve.

–Joder, que hambre.– A como pudo se movió entre sus sabanas para alcanzar su teléfono celular. –Las once de la mañana, que temprano.– Se estiró de una manera muy floja, abrió el menú y seleccionó 'Mensaje nuevo'; cuando el teclado apareció en la pantalla, escribió unas cuantas palabras y presionó enviar. Luego dejó caer el aparato sobre su estómago y esperó respuesta. No tuvo que hacerlo por mucho tiempo, leyó el mensaje y sonrió. Perfecto, otro día de libertad. –No están.–

Se levantó y cambió de ropas, más tarde tomaría una ducha primero tenía que alimentar su estómago. No traía nada muy de su clase, unos shorts de tela negros y una blusa blanca, su cabello atado de la misma forma que siempre, era la más cómoda. Salió de su habitación y al hacerlo se encontró con quien encargaría de arreglar su recamara.

–Buenos días, señorita.– La saludo cortésmente la empleada.

–Buenos días, Lily– Con una sonrisa y un gesto de su mano respondió el saludo y continuó su camino hacia la cocina. –Ahora todo tiene sentido.– Se dijo a sí misma mientras atravesaba la puerta que daba entrada a la gran y lujosa cocina de la casa.

–¡Buenos días, señorita!– Le saludaron los trabajadores de esa área. –¿Desea algo en particular para desayunar?– El chef en jefe se encontraba atento a cualquiera que fuera la petición que escuchara.

–Crepas francesas con salsa de fresa.

–¡De inmediato!– Y todos en el área comenzaron su trabajo.

–¿Alguien ha visto a Gumi?– Preguntó, ella apostaría a que la encontraría ahí. ¿Dónde se había metido esa chica?

–Puede encontrarla en el jardín, señorita.– Contestó una mujer que sostenía una canastilla con fresas en sus manos.

–Perfecto, gracias. Por favor lleven el desayuno allá.– Se disponía a salir rumbo al jardín, pero la voz del chef la detuvo.

–¿Disculpe señorita, gusta de algo en especial para beber?

–Jugo de naranja, y por favor preparen desayuno para dos personas.

–Por supuesto.– Respondió aquel hombre. Ella antes de salir logro ver como otro empleado sacaba naranjas frescas de la nevera.

–Buenos días, señorita, si desea hablar con la señorita Gumi, ella se encuentra en la pérgola* pequeña"- Al salir se encontró con el hombre encargado de la jardinería.

–Gracias.– Continuó avanzando hasta llegar con Gumi. Ésta se encontraba sentada en uno de los asientos que rodeaban a la pequeña mesa, con el mentón apoyado sobre sus manos, mientras éstas estaban sobre el mueble de cristal. La 'pequeña' pérgola constaba de un piso de madera y un techo al mejor estilo de un invernadero, permitía que la luz entrase pero no los rayos del sol, haciendo agradable la estadía ahí, no poseía paredes, solo cuatro columnas en las esquinas, siendo el soporte del techo, éstas imitaban las curvaturas naturales de los troncos de los arboles dando así un aspecto más rustico, contrastando con los muebles contemporáneos que se ubicaban bajo el techo, éstos iban desde las tonalidades del blanco al negro sin excluir el gris.

–¿Gumi?

–¡Oh! ¡Hola Miku!– La chica dueña de cabellera verde, ojos de igual color y piel blanca; de regular alegría reflejada en sus facciones y exceso de energía, al parecer no había notado la presencia de la única hija de los señores de la casa. Miku por otro lado notó de inmediato que hoy la normal energía de su amiga no estaba presente.

–¿Qué te pasa?– Preguntó mientras se acomodaba en el asiento frente a Gumi.

–Le iba a hablar, lo juro que lo iba a hacer y justo cuando ya estaba de frente, solo dije hola y continúe mi camino. ¡Soy un fracaso!–

–Ah, solo eso.– Miku se encogió de hombros. Era la típica depresión de Gumi post fracaso.

–¿Solo eso? ¡No! Si no soy capaz ni de hablarle, ¿Cómo quieres que avance con esto?–

–A mí me parece muy amable, si le hablas de seguro te continuará la plática.– Miku no le veía problema. ¿Por qué Gumi se hacia un mundo con algo tan simple?

–No es tan fácil como solo llegar y hablarle. Es que cada que cruzo mi mirada con la suya me paralizo, me hipnotiza, toda cordura que pueda tener en mi ser se esfuma y si le hablo así, juro que lo único que diré será una idiotez y ahí sí que me fregaré. ¿Has visto su manera de andar, de moverse, de acomodarse ese glorioso mechón de cabello que se posa sobre su rostro? Como lo envidio, él sí puede rosar sus labios. ¡Ah! Sus labios, diseñados y esculpidos por los mismísimos dioses y la fragancia que deja tras de sí al pasar…"- Gumi se había perdido en sus ensoñaciones. ¿Cuántas veces van ya? Ni idea. Miku perdió la cuenta ya hace mucho.

–Entonces ve y dile eso que acabas de decir o mejor, yo le diré que tu dijiste eso.– La cara de horror que puso Gumi al ver a Miku levantarse de donde se había sentado, con intenciones de ir a hablar lo que no tenía, era indescriptible. En su verde cabeza pasó la idea de asesinar a la chica de cabello acua y enterrarla en ese mismo jardín, todo para evitar que ella repitiera una sola palabra de lo que había escuchado.

–Miku, si te atreves a hablar juro que ya nunca más seré tu informante.– La nombrada quedo petrificada en su lugar. Si Gumi dejaba de informar acerca de la situación de la casa, si sus padres estaban o no, si habían visitas, o si del todo la posibilidad de salir por atrás era imposible, estaba jodida.

–De pronto ya no quiero caminar hasta adentro.– De nuevo tomó asiento. –Pero tienes que hacer algo. ¡No puedes estas así!–

–Lo sé, pero me es casi imposible saludarle y menos entablar una charl...–

–¡Genial!–

–¿Eh?– ¿De qué se alegraba Miku? ¿De su cobardía?

–Ya viene el desayuno, bien porque muero de hambre.– Tal parecía que la poseedora de la mirada acua no le había prestado ni el mínimo cuidado a las últimas palabras de su enamorada amiga. –Espero quieras comer algo, porque pedí para ti también, son crepas francesas.

–¿Con fresas?– Mejor dejarlo así y unirse al juego.

–Exacto.

–¡Amiga, eres una jodida genio!

–Lo sé.


Luego de que Miku hubiese llenado su estómago y Gumi bajado sus penas con comida, las dos se encontraban en la habitación de la de larga cabellera acua. Gumi era por así decirlo, la dama de confianza de Miku, aunque ésta solo tuviera diecinueve y fuera únicamente dos años mayor que la señorita de la casa. Debido a esto era que tenía un nivel un poco más elevado que los demás trabajadores de la casi mansión Hatsune, y esa era la razón por la cual el par se trataba como iguales, siempre y cuando los padres de la menor no estuvieran en la casa.

La de corta cabellera un día, un año atrás llegó solicitando empleo. Comenzó como simple encargada de ordenar y mantener aseado todo, pero la rápida y fuerte amistad que una Miku de dieciséis había entablado con ella la relevo de sus labores.

–No hay manera. De verdad que haces una tormenta en un vaso con agua.– Miku estaba recostada totalmente atravesada sobre su cama. Gumi estaba acomodada en el sofá que la menor tenía ahí, sus piernas colgando de uno de los apoyos para los brazos y el resto de su cuerpo acostado a lo largo del sofá. El traer puestos uno shorts al igual que su amiga le permitía optar por posiciones más cómodas que si trajera un vestido.

–A ver si dirás eso cuando seas tú la que se enamore, ese día veras que no es tan fácil.–

–¿Y sabes que es lo peor?– Miku dejo la pregunta en el aire en espera de que su acompañante consultara por la respuesta.

–¿Qué?– Y ahí estaba lo que había esperado.

–Que lo tuyo es tan evidente y que aún no se haya enterado, de verdad que debe de tener problemas de la vista.

–¿De verdad soy evidente?– El tono de preocupación presente en la voz de Gumi.

–Solo te falta tener un cartel en tu frente que diga: ¡Te amo Lily!–

–Joder Miku, deja de molestar. Que si no se ha dado cuenta aun, es porque hago un genial trabajo ocultándolo.

–Eso es lo que crees tú, pero si vamos y le preguntamos a cualquiera si sabe quién te gusta, dirá Lily.

–¿Quieres apostar?–

–Por supuesto, sabes que nunca rechazaría una apuesta, soy muy buena en ellas.

Ambas se levantaron a gran velocidad. Con la primera persona que se toparan, esa sería la suertuda entrevistada. Gumi tomó la delantera y abrió la puerta dando un paso hacia afuera al mismo tiempo, lo único que sintió fue como su rostro se hundía en el cuello de alguien con un muy conocido aroma y como un par de brazos rodeaban su espalda.

–¿Se encuentra bien?– La cálida sonrisa y tierna mirada de la rubia sumado a que sus brazos se encontraban rodeándola, tenían a la de verde cabellera en un estado de blanco total, al menos en su mente, porque la piel de su rostro estaba de un rojo intenso. –¿Gumi?– El tono de Lily ahora se escuchaba con un deje de preocupación, ya habían pasado algunos segundos y la chica entre sus brazos no daba respuesta alguna.

–Emm, s-sí... ¡Sí estoy bien, bien!– Y aunque eso había dicho, aún no mostraba intenciones de querer soltarse del agarre que Lily había creado para evitar que las dos cayeran al suelo. Miku tuvo que tomar pronta acción.

–Disculpa Lily, Gumi ven acá.– La Hatsune tomó del brazo a su amiga y por poco y la arranca del abrazo de la trabajadora de la casa y amor secreto de la Megpoid.

Miku había comenzado a arrastrar a la de ojos verdes, cuando la voz de Lily la detuvo.

–Señorita, venia para comunicarle que sus padres regresaran mañana al medio día.

–Que grandiosa noticia, gracias Lily.– La sonrisa alegre que Miku tenía en el momento de dar su respuesta era el resultado de mucha practica en el arte de la hipocresía, ella en lo personal detestaba que sus padres estuvieran dando vuelta por la casa, perfectamente se había criado con los empleados, ellos estaban más al pendiente de ella que sus propios padres, pero no le quedaba de otra más que ser la nena que sus padres adoraban mientras ellos estuvieran cerca.

Gumi por otro lado la noticia la había hecho volver a la normalidad, sabía que a su amiga tal información solo le arruinaba los planes.

–Con su permiso, me retiro.

–Espera Lily, solo un favor.

–Lo que usted guste, señorita.

–Deja de tratarme de señorita y por usted, llámame Miku y tenme más confianza.

–Pero señorit–

–Pero nada, eres la encargada de mis cosas, estarás en contacto constante conmigo y no quiero mantener tantas formalidades, al menos no cuando no están mis padres.–

–Como ust… digo, como desees Miku– Y de nuevo esa sonrisa que hace que Gumi se pierda en su mundo de vacío.

–Bueno, eso está un poco mejor, pero se puede mejorar.

Tras esas palabras ambas chicas retomaron su camino a la planta baja, mientras la rubia se adentró en la habitación de la menor para hacer su trabajo de mantenerla siempre en orden.

–Mira, es Sebastián, le preguntaré y veras que tengo razón.– Miku dejó de mirar a su escéptica amiga y llamó al jefe de trabajadores de la casa o mayordomo como le quieran llamar. –Sebastián, ven por favor.– El hombre de unos treinta y cinco años de edad, cabello corto y de una mezcla entre castaño y rojizo, ojos color avellana, vestido de camisa blanca, sobre ésta un chaleco y corbata negros y pantalón de tela del mismo color, caminó hasta llegar al lado de las chicas.

–Hola Miku, Gumi, ¿En qué les ayudo?–

–Veras, queríamos saber si por casualidad estabas enterado de quién es el interés romántico Gumi"-

–Bueno, aunque es de mal gusto, debo admitir que las charlas con las chicas del servicio de la casa son muy entretenidas y he de confesar que en esas platicas escuché que esta mujercita aquí presente muestra cierto interés por la chica nueva, Lily.

–¿¡Eh, todos lo saben!?– Gumi quería que en ese mismo instante la tierra se abriera a sus pies y la tragara.

–Me temo que sí, pero descuide hemos sido muy discretos con el asunto, para que sepa que ante cualquier cosa cuenta con el apoyo de todos. En fin, me disculpo chicas, pero tengo que hacer un par de asuntos importantes.

–Si, descuida, no te preocupes.

–Tranquila Gumi, ten fe, todo saldrá bien.– Pronunció el hombre antes de regresar a su camino.

–Te lo dije, yo gané. ¿Qué te pondré a hacer?– Miku golpeaba sus labios con su dedo índice pensando en algo para hacer cobro de su triunfo. Por otro lado Gumi ignoraba las peligrosas palabras que había pronunciado la joven ganadora de la apuesta, solo pensaba en que todo el mundo sabía. ¡Todo el mundo!

–Todo el mundo.– Susurró al aire.


–¿Bueno y ahora qué harás?– Gumi estaba de cabeza en el sofá, sus piernas apoyadas en el respaldar del mueble. Miku se encontraba acostada en el piso, las dos de nuevo en la habitación de la de largas coletas, solo que ya era de noche, pronto sería la hora de la cena.

–Nada, al menos el saber a qué hora es que llegan me da algo de ventaja. Podré darme una vuelta hoy en la noche para ver cómo está todo por allá"- La dueña de la habitación centro su vista en el techo mientras respondía a la pregunta.

–¿Estas segura? Mira que estás sola.

–Ja, eso crees. Tengo a muchos protegiendo mi espalda Gumi.

–No sé, tengo el presentimiento de que es mejor que te quedes.– La mirada verde, espejo de la preocupación de Gumi, se posó firmemente sobre Miku. ¿Sera que le conviene quedarse?

–Está bien, me quedaré. La vez que ignore tu sexto sentido me vi en complicaciones.

–¿Sexto sentido?

–Sí, así le digo yo.– Apenas terminada la frase de Miku se escuchó que tocaron la puerta y del otro lado una voz que hacía que la de cabellos del color del pasto se tensara en su lugar.

–Señoritas Miku y Gumi, la cena está lista, pueden bajar al comedor.

–Lily pasa por favor.– Miku volteo a ver de manera maliciosa a su amiga. La rubia no tardó mucho en abrir la puerta y dar un único paso en el interior de la habitación. –En qué le soy de utilidad señ… Miku.– Corrigió súbitamente lo que se disponía a pronunciar al notar la mirada de regaño burlón que la hija de la casa le dirigía.

–Así está mejor, y puedes tratar a Gumi con mayor confianza, después de todo las tres somos amigas. ¿Verdad Gumi?

–¿Eh? ¡Ah! S-sí, a-amigas.– Miku a escondidas y aguantándose las ganas de hacerlo con toda su fuerza, reía levemente ante las caras de Gumi. Y es que la pobre chica parecía que estaba hablando frente a alguna aparición espiritual. Una gelatina se quedaba corta ante los temblores de la de ojos verdes.

Miku se incorporó para quedar sentada sobre el piso –Perfecto, hoy se inicia una amistad que espero crezca cada vez más entre todas.– Luego se puso de pie. Gumi por otro lado, desde que había escuchado la voz de Lily corrigió su postura en el sofá y se acomodó de la manera correcta y bien derecha en su lugar. –Bien, a cenar. Muchas gracias por avisarnos Lily–

–No hay de qué.– Sin ninguna intención y desconociendo lo que esto provoca, la dueña de los suspiros de Gumi sonrió dejando a la pobre chica fuera de combate y siendo Miku la que tuviera que llevarla casi a rastras hacia el comedor. Sí, nada fuera de la rutina en esa "casa".


–¿Estado?

–Deslumbramiento por sonrisa de ya sabes quien.– Le respondió Miku a la encargada de servirle la cena.

–Ya tengo la cura.– La mujer dio unos pasos hasta llegar a alcanzar la ensalada especial para la deslumbrada, tomó un palito de zanahoria, regresó a su lugar y acomodó el palito naranja frente a Gumi; Miku no perdía movimiento alguno, esto era algo que podía ser de mucha utilidad.

Justo frente a la cara de la Megpoid y al alcance de su olfato la mujer doblo el palito con ambas manos hasta partirlo, el sonido y el aroma que libero tal acción puso en alerta cada sentido de Gumi, logrando así que reaccionara del todo.

–¡Zanahoria!– Fue lo que pronunció de inmediato al despertar.

–Wow, eso fue genial, muchas gracias por mostrármelo.

–No hay de qué, señorita. Con su permiso.– Dio media vuelta y se marchó hacia el interior de la cocina.

–¡Traeré zanahorias conmigo todo el tiempo!– Soltó entusiasta al aire tras ver el poder de éstas sobre su amiga.

Después de la cena y como acostumbraban, las dos estaban de nuevo juntas, solo que esta vez en la habitación de Gumi, ésta estaba en el área dedicada a la servidumbre, lugar al que Miku jamás entraría estando sus padres en la casa, pero si ellos no están jamás lo sabrán. ¿Verdad?

–Ah, que aburrido, ni te imaginas la cantidad de dinero que estoy dejando escapar solo por estar aquí.– Miku tenía un puchero al imaginar un billete salir volando con un par de blancas alas.

–O la cantidad que podrías perder–

–Oh Gumi, bien sabes que soy una experta.–

–¿No crees que viene de muy cerca la referencia, Miku?– Gumi que se encontraba sentada en el borde de su cama se burlaba de la aludida que estaba de nuevo sentada de piernas cruzadas sobre el suelo.

–¿Cuántas veces tendré que ganarte para que aprendas, eh?

–Eso no dice nada, sabes que no soy muy buena.

–Como sea, yo sé que soy la mejor, y sabes creo que también tengo éxito en otra actividad que se está poniendo de moda puede que también la incluya, sería muy divertido.– Cuando Miku hablaba así solo causaba preocupación en la otra.

–¿De qué hablas?

–Nada, no te diré porque te pondrás a darme sermones.

–¡Miku, dime!

–No y no me harás decírtelo.– La expresión de la Hatsune cambio drásticamente a la que utiliza en sus negocios, Gumi ya sabía que no existía oportunidad a que ella dijera algo.

–Dime al menos que no es una idiotez.– Al ver la preocupación con un deje de temor de la de cabellos verdes, Miku supo que se había pasado un poco, después de todo Gumi era su amiga, era normal que se preocupara.

–Lo siento y descuida, no es lo que piensas, sabes tengo una mejor idea, te llevare conmigo y veras de lo que estoy hablando.

–¿Qué, yo en ese lugar del que tanto hablas?

–Anda Gumi, veras que es genial.– La nombrada se quedó viendo la cara infantil que le dedicaban en ese momento, y justo ahí una pregunta cruzo por su cabeza.

–Miku, eres todo lo contrario de las películas. ¿Cómo demonios te ganaste el respeto de esa gente?

–¿Eh? No sé, solo creo que les caí bien, además, es eso, tengo su respeto y no su temor.– Su mirada estaba perdida en el techo, siempre que pensaba o recordaba algo hacia arriba era en donde miraba.

–¿Hasta cuando piensas continuar con esto?

–No sé, hasta que me aburra tal vez.

–O hasta que te descubran.

–También, puede ser.

–Idiota, si te descubren estarás jodida, tus padres… tus padres hasta te quitarían el apellido.– Gumi tenía las manos elevadas al aire.

–Mejor, más libertad– Miku solo se encogió de hombros. Para su amiga no le fue extraño tal comentario, era común que ella los hiciera.

–En ese caso mejor ve ideando buscar casa por si acaso y procura te sea lo suficiente para ambas.

–Eso tenlo por seguro.– La de cabellos acua se levantó de un salto, estiró sus brazos y piernas. –En fin Gumi, creo que mejor voy a dormir, mañana me espera un día difícil.

–Suerte, buenas noches señorita.

–Cállate, no empieces desde ya, no soporto eso.

–Mañana lo escucharas todo el día.

–Pues espera hasta mañana para torturarme entonces.– Miku estaba ya saliendo por la puerta lo último que escuchó fue a Gumi decir, como usted guste señorita y luego su risa.


Ese molesto ruido no cesaba, ni con dos almohadas sobre su cabeza lo dejaba de escuchar.

–¡Demonios! ¿Quién es tan insistente?– Miku rápidamente tomo su celular. –¡Diga!– su expresión y estado de ánimo cambio en segundos. –¿Qué, pero qué hora es? ... ¿Y por qué tan temprano? ... Sí, sí tienes razón, eso es lo de menos. … Sí, gracias Gumi.– Corto la llamada.

–Joder, por qué tenían que llegar a las nueve de la mañana, veinte minutos Miku, solo veinte para prepararte.– Se levantó en seguida y corrió a la ducha, al terminar su apurado baño, tomó una falda blanca y una blusa de botones celeste más un par de sandalias blancas. Ni que decir que prefería mil veces más sus shorts y tennis, pero ni modo.

Solo le quedaban cinco minutos y tenía que desayunar algo, lo más probable una manzana, abrió la puerta de su habitación y casi choca contra la de ojos verdes que la había llamado hace unos minutos atrás.

–¡Ten una manzana y corre que tienes que estar en la entrada para ya!

–Gumi eres mi salvadora.– En lo que bajaba las escaleras comía la manzana al llegar a la entrada y acabar su desayuno la voz de Gumi que venía tras de ella la llamó.

–Miku el centro rápido.– La mencionada le arrojó el centro de la fruta a su amiga y ésta desapareció hacia la cocina. Rápido Sebastián y un par de trabajadores más la acompañaron en la entrada y justo un minuto más tarde de las nueve puntual la puerta se abrió dejando ver a dos personas bien vestidas. El padre de traje, pantalones y corbata negros, camisa blanca. La madre traía un pantalón de vestir negro y una blusa de manga larga color blanco, ambos de cabello color agua, solo que de distintas tonalidades, el del padre era más orientado al azul y el de su esposa al verde, el color que Miku había heredado era la perfecta mezcla de ambos tonos.

–Bienvenidos padres.– Un tono formal era el que emitía la más joven de los Hatsune.

–Gracias Miku.

–Señores les doy la bienvenida. ¿Les ayudo con su equipaje?– Ahora el que hablaba era Sebastián.

–Claro, está en el auto.– Sebastián dio una seña a un par de trabajadores, los que fueron de inmediato hacia afuera para traer el equipaje que constaba de solo una maleta por cada uno.

–¿Miku, como han estado las cosas por acá?– La madre pregunto mientras todos entraban a la casa.

–Nada fuera de lo común, todo ha estado en orden.

–Me alegra escuchar eso, es digno de los Hatsune no llamar la atención y no causar ni vivir ningún escandalo.– La madre concluyó.

–Miku, te tenemos una gran noticia, a partir de mañana tendrás clases más continuas, tienes que prepararte más para mantener en alto el apellido.

–Qué excelente noticia padre.– Esa sonrisa y tono alegre tan perfectamente actuado de nuevo hacia acto de presencia.

–Sabíamos que te encantaría.– El hombre asintió para sí, estaba lleno de orgullo por su hija. El camino que él había escogido para la vida de Miku era el mejor, ella sería igual que él.

Tras la bienvenida, ambos se dirigieron a su recamara, para descansar un poco y vestir algo más cómodo. Tiempo aprovechado por Gumi para acercarse a Miku.

–¿Qué tal todo?– La cara de la Hatsune no le dio esperanzas de una respuesta positiva.

–¿Por casualidad no conoces alguna casa que pueda comprar?

–Así de mal, vaya.

–Ahora me va a tocar estudiar más aun, y fingir que ese montón de porquerías me interesan.

–Miku ve el lado positivo, legalmente no tendrán poder sobre ti dentro de un año.– Un esfuerzo de Gumi para animar a su amiga.

–Por favor eso solo lo empeorará. Tendré que comenzar a trabajar junto con mis padres y vivir las veinticuatro horas bajo sus expectativas.

–Ya veras, algo pasará y puede que las cosas mejoren.

–Tu positivismo es abrumador, Gumi.

–Estoy aquí para recordarte que existe un lado positivó, en fin tengo que irme, no quiero causarte problemas.– La de mirada verde se marchó de regreso a la cocina.

–¿Existirá un lado bueno de esto?– Se preguntó ella misma mientras regresaba a su habitación para esperar el llamado de sus padres.

–¿Me pregunto cuando tendrán que salir de viaje de nuevo y por cuánto?– Soltó mientras se lanzaba sobre su cama.


–Bien Miku, tus clases ahora serán los Lunes, Miércoles, Viernes y Sábados y los Martes y Jueves de cada quince días, el Domingo será un día para que hagas los trabajos extra y que después descanses.– El padre, el señor Takeshi Hatsune se encontraba a la cabecera de la mesa, a su derecha su esposa, Naomi Hatsune y a su izquierda estaba Miku, para ésta el almuerzo le caería pesado y hasta ya podía sentir la acidez.

–Ya lo veras Miku, serás una gran empresaria, pero para lograrlo tendrás que estudiar mucho.

–Lo sé muy bien, padres.– Después de terminar la frase se llevó otro bocado obligado a la boca. Otro buen plato arruinado por sus padres.

–Bien, sabes que ese es el precio del éxito.

–Sí señor.

El almuerzo paso entre platicas de sus estudios y de las cosas que esperaban de ella, además de los proyectos que ellos llevaban a cabo. El matrimonio no sacaban los negocios ni por un segundo de su cabeza y eso ya le estaba provocando nauseas a la menor en la mesa.

–Padre, madre con su permiso, creo que no me siento bien, iré a descansar a mi habitación.– Miku esperaba la aprobación para levantarse de la mesa.

–Enviare a alguien para que te atienda.– Típico, su madre solo sabía decir eso.

–Descuida, solo un leve descanso bastará, permiso.– Se levantó de la mesa y caminó hasta su habitación, al llegar tomó su celular y escribió un mensaje, minutos después tocaron a su puerta.

–Señorita, he traído lo que pidió.

–Pase.– Gumi apareció tras la puerta. –¿No hay halcones al asecho?– Miku esperaba expectante.

–No, tus padres están en el jardín. Ten.– Al estar al lado de la de acua cabellera, le tendió un vaso con un trasparente líquido y una pastilla que al inmediato contacto con el agua comenzó a efervescer. Miku se quedó observando como la blanca pastilla desaparecía entre las burbujas, luego bebió el líquido lo más rápido que pudo, puesto que el sabor no era para nada agradable.

–Gracias Gumi ¿Por casualidad no sabes cuando salen de nuevo?

–Creo que dentro de una semana, si no aparece ninguna eventualidad claro, eso es lo que sabe Sebastián.

–Una semana. Le diré que se encargue él de todo por una semana.– Buscó su teléfono y escribió un mensaje de texto, luego de ver que ya había sido recibido, lo borro.

–Le confías mucho.

–Claro, es muy bueno en lo que hace.– Miku colocó sobre la mesa de noche el dispositivo móvil y se acomodó mejor, dándole espacio a Gumi. Mientras sus padres no la llamaran ella podía estar felizmente en su habitación.


Ya iban tres días de la estadía de sus padres. Tres días de que las comidas eran su peor pesadilla, ya hasta tenía una lista de las cosas que comería cuando todo volviera a la normalidad.

Pero hoy era un día aún más complicado, hoy tendrían visitas y no cualquier visita, hoy vendrían los Loid, socios de sus padres en muchos negocios. Lo peor era que, además de escuchar las largas y poco interesantes platicas de negocios, tendría que soportar al hijo de la familia. Un inútil con aires de superioridad. Le repudiaba como trataba a la servidumbre. Ella se atrevía a apostar, con certeza de ganar, a que el tipo no sabía hacer nada por sí solo.

Pero ahora solo le quedaba sonreír y decir…

–Bienvenidos, es un gusto tenerlos aquí.– Como futura cabecera de familia, le correspondía comenzar a actuar como la anfitriona, o eso le había dicho su madre.

–Gracias, mírate, pero si ya eres toda una señorita. Tus padres deben de estar orgullosos de ti.– Aquel hombre alto de blanca tez y rubios cabellos, de ojos azules, cuarenta y tres años sobre sus hombros y de elegante vestir, le dedico una sonrisa.

–Gracias señor Loid, pasen adelante. ¿Gustan algo?– Preguntó dirigiendo la mirada a todos.

–Solo te molestaría con una taza de té para platicar más a gusto con tus padres.– La señora Loid, blanca piel y cabellera, de ojos color rubí, de voz dulce y tres años menor que su esposo.

–No se preocupe señora, de inmediato lo mandare a pedir. Permítanme guiarlos hasta el estudio, ahí estarán más cómodos.– Los cuatro se encaminaron hacia el estudio, al llegar, Miku se retiró con la excusa de ir ella personalmente a pedir el té para la señora. Todo el tiempo ignorando de una manera experta al hijo de los Loid, pero tarde o temprano tenía que regresar y no lo podría ignorar por mucho, además que él se empeñaba en hacerle conversación.

–Que conveniente que nuestros hijos se lleven tan bien.– El comentario del señor William Loid llamo la atención total de Miku.

–Hasta se ven bien los dos.– Ahora era la señora Elizabeth Loid la que daba su opinión. Eso Miku no se lo esperaba. Ahora solo faltaba que sus padres y los del inútil ese, estuvieran conviniendo un matrimonio, si así se encontraban las cosas sin duda alguna huiría de su casa.

–Yohio es un gran muchacho, es verdad, y de buen apellido.– Ahora los nervios de la Hatsune estaban de punta, solo un comentario y ella saldría corriendo y de paso se llevaría a Gumi con ella, eso ni dudarlo.


Nota de Autor:

Primero que nada, sí, soy consiente que ya paso más de un año desde que publiqué el primer cap, no me maten!

Para explicar, ambos capítulos los tenía listos mucho antes de publicar el primero. Lo que sucede es que no sé qué rumbo dar a este fic. Publiqué el primero para forzarme a seguir escribiendo el fic. (No funciono mucho que se diga)

Con sinceridad digo que mi área de confort son los One Shots, sin embargo este proyecto surgió y lo inicié. Los dos primeros caps como ven, es una introducción a las vidas de Miku y Luka y sus olímpicas diferencias. Luka puede que no tenga nada, pero tiene el amor de una familia que la adopto, Miku lo tiene todo menos el calor y afecto de los suyos.

Como se ve en este cap, Miku está metida en algunos negocios que serian la deshonra de la familia. (Negocios que aún no defino. No sé que tan ilegal hacer el asunto y eso es algo que definirá todo el resto del fic, ya que entorno a eso se darán los hechos que junten las vidas de nuestras protagonistas)

Tengo personajes secundarios que dependen de lo que haga Miku para ellos ser ya sea villanos, traidores, neutrales, aliados o lo que les convenga.

En resumen, este fic no está definido y por más que le doy vueltas al asunto, no me decido a qué hacer. Ninguna idea me convence a mí, y si a mí no me gusta, cómo voy a esperar que le guste a mis lectores!

Por ahora publico este cap, para que no se quede ahí guardando polvo en mi disco duro... XD

Y para que al menos ustedes conozcan a la Miku de este fic.

Por otro lado, este cap parece novela mexicana?... Sí. Pero descuiden, de continuar esto algún día, la vida de Miku en su casa sera lo de menos, aquí lo que importa sera el barrio de Luka y las actividades que Miku desempeñe. No me gustan los fics donde los padres meten de más las narices, éstos van a andar hinchando las pelotas un poco, pero apenas lo justo.

Así que pido disculpas y que sean muy, pero muy pacientes. Puede que un día tenga una prendida de foco y encuentre la luz para este fic y así de la nada nazca la inspiración, a como puede que pase otro año para ver un tercer cap. Espero en medio del proceso hacer muchos One Shots.

Joder, la nota de autor más larga de mi vida!

Dudas, sean libres de mandar un PM o dejarla en review! (Desde la cuenta, no me salgan con una pregunta siendo Guest)

Pd, no se burlen del cap, así escribía yo hace como dos años! El lado positivo es que el cap 3 tendrá más calidad, un poquito al menos.

De ante mano gracias por su comprensión!