Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.
Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica
Capítulo #38: Encuentros Inesperados II
El bullicio era el fiel retrato de lo que se vivía en aquel lugar. La invasión de la alegre música, las entusiastas conversaciones y carcajadas se entremezclaban en una sola melodía. Mientras los muchachos relataban sus mejores jugadas durante el último juego, las chicas intercambiaban triviales diálogos, lo que tenían como protagonista a Sally.
— Siempre lo sospeché, todos estábamos enterados de que Hanamichi Sakuragi estaba enamorado de Sally, pero esta niña ni lo sospechaba— comentó divertida la manager del equipo ante una ruborizada y perpleja Sally.
— Es que yo… creí que me consideraba su amiga— susurró tímida.
— Pero qué inocente— opinó riendo Arisu— Creo que eso es porque tienes apenas quince años, pero pronto te darás cuenta que los chicos, no hacen nada de forma desinteresada, lo digo yo con mis diecinueve años—añadió.
— Aunque en realidad, no se necesita ser una experta para detectar los sentimientos de Sakuragi, es muy simple— musitó Matsui.
— Eso es cierto— apoyó Ayako, todas rieron a coro.
— Pero según me he enterado, piensas regresar a Norteamérica ¿qué harás con Sakuragi?— inquirió curiosa, Matsui.
— No lo sé— susurró taciturna.
— Pero ¿De veras piensas regresar a Norteamérica?— preguntó Ayako.
— Hay más cosas que me hacen regresar allá que quedarme, es necesario— masculló cabizbaja.
— ¿Entonces tendrán un romance en distintos países? ¡Amor a distancia, eso es tan emocionante!— suspiró Arisu.
— No lo sé, ese es un riesgo que no todos están dispuestos a correr. Creo que para que algo así resulte ambas partes debes estar realmente enamorados, o sino será un fracaso— opinó Matsui.
— Tienes razón, además la distancia es enorme, será difícil la comunicación— argumentó Ayako.
— ¡Pero qué aguafiestas!— prorrumpió efusiva, la hermana de Mitsui— Se ve que aún son unas niñas, amigas. Nada que una sala de chat no solucione, conversaciones instantáneas desde tu ordenador— defendió mientras guiñaba un ojo— ¿Qué te parece, Sally? Es una genial idea ¿No te parece?
— No lo sé, en realidad lo único que tengo claro es que quiero regresar a casa…
— Extrañas mucho a tu familia— comentó Fuji.
— Sí, necesito a mi padre y Megan me necesita — contestó afligida.
— Me imagino que Megan es tu hermana ¿verdad?— interrogó Ayako.
— Así es— afirmó mientras buscaba algo en su cartera— Es ella y él es mi padre— señaló mientras enseñaba una fotografía donde ella, Megan, su padre y un invasivo Eddie se colaba en la captura.
— Es una chica muy linda— opinó Ayako.
— Es cierto— apoyaron las demás a medida que observaban la fotografía. Sin embargo…
— No puede ser…— susurró Arisu.
— ¿Qué sucede?— inquirió curiosa, la ojiverde.
— Es él— masculló ahora.
— ¿A quién te refieres? ¿De qué hablas, Arisu?— preguntó ahora, Ayako.
— Ese chico. Sally, ¿tú lo conoces?
El silencio reinaba en las calles nocturnas de la ciudad. La única manifestación sonora eran los tímidos pasos de aquella pareja que inquietos por la mutua compañía no se animaban a hablar. La tensión parecía acabar con el camino que surcaban en común.
Él se había ofrecido a llevarla a casa. Ella había aceptado. Él quería decirle algo, ella quería escucharlo. Sin embargo, él nada decía, y ella nada pedía escuchar.
Él había tomado una decisión, él quería que ella lo supiera, era necesario que lo hiciera. O quizás…
"Esto es estúpido, no sé por qué le pedí hablar con ella"
El vaivén de su sentir era lo que lo mantenía en silencio.
Ella le había hecho saber de sus sentimientos, ella quería su correspondencia, necesitaba una respuesta, y después de varias semanas parecía conseguirlo. Al notar su mutismo quiso dar la iniciativa en el diálogo. Pero…
"Si digo algo creerá que lo estoy presionando, ¿Qué debo hacer?"
Ambos, irresolutos buscaron con sigilo el rostro del otro. El mutuo encuentro de miradas les hizo quitárselas de sobresalto. Él se sentía un idiota, ella intimidada. Todo parecía indicar que aquel encuentro acabaría en silencio, pero su orgullo era más fuerte.
— Haruko— la explosión amable de la voz del muchacho, acabó con el mutismo, los ojos de la muchacha se abrieron con desmesura— Escucha. Sé que mi comportamiento contigo no fue el mejor. Me comporté como un idiota, pero no supe cómo reaccionar.
— No tienes que…
— Te pido disculpas—interrumpió— Ya lo pensé, y quizás las cosas podrían a llegar a ser distintas pero… me vengo a despedir— la muchacha alzó la mirada para dirigirla a Mitsui.
— ¿De qué hablas?— masculló dificultosamente.
— Esto es algo que pocos saben, así es que te pido discreción. Los resultados que ha tenido Shohoku han logrado que una universidad me quisiera en su equipo. Así es que, iré a la Universidad en Saitama.
Los ojos azules de aquella muchacha, no se despegaban de aquel pequeño papel. Sentada frente al ordenador, recordaba aquel encuentro…
— Sólo arderá un poco— explicó la muchacha sonriendo amablemente. El pelirrojo cohibido ante la amable sonrisa de Arisu, bajó la mirada y no volvió a protestar. Entonces la hermana de Mitsui, continuó su labor.
— Eres extranjero ¿verdad?— preguntó la muchacha.
— ¿Eh? Sí— susurró tímidamente.
— Lo sabía— musitó triunfante la ojiazul— Tu estatura, tu acento y apariencia te delataron de inmediato— añadió riendo divertida.
Eddie bajó la mirada sonrojado.
— ¿Y cómo te llamas?— inquirió curiosa.
— Eddie— contestó susurrante.
— Pues mucho gusto, Eddie. Yo soy Arisu Mitsui, es un gusto conocerte— se presentó la muchacha mientras se ponía de pie. Al fin había terminado de curar al muchacho. Eddie también se puso de pie.
Creyó que lo volvería a saber de él. Sin embargo, no contaba con que Sally fuera amiga de Eddie, y mucho menos que podría ayudarla a contactarlo…
— Creo que en mi agenda tengo anotado su e-mail. Déjame ver— la ojiverde buscó en su cartera una pequeña agenda, tras encontrarla comenzó a hojear en ella— Eddie Hoffman— susurró— ¡Aquí está! Es su e-mail, siempre está conectado a esas extrañas salas de chat, y pendiente de sus mensajes, así que no te tomará mucho tiempo localizarlo—explicó mientras le anotaba la dirección en un pequeño papel.
— Veamos…— monologó sonriente mientras se disponía a escribir.
Había llegado el día. Su determinación no había flaqueado, de su estadía en Norteamérica solo quedaba un ápice temporal. Solo unos trámites en la preparatoria y todo habría acabado.
Había decidido separarse de su padre. Su compañía durante todo el viaje lo había agotado, considerando su casi nulo interés por el diálogo, ahora necesitaba distensión. Acompañado por la estruendosa sonoridad en sus audífonos, caminó a paso calmo y de forma aleatoria por las calles de Los Ángeles.
Por su mente pasaban escuetos y triviales pensamientos. Lo abrumador del tráfico propio de día lunes por la mañana, el ruido de los automóviles, lo somnoliento que se sentía y la demanda alimenticia que su cuerpo exigí, eran algunas de sus cavilaciones.
No tardó en querer satisfacer su apetito, por lo que ingresó a un local para consumir algo. Sentado junto a una mesa, esperaba que le tomaran el pedido.
— Pero sino es Kaede.
— Señor— respondió el joven al reconocer al hombre.
— Que gusto me da verte por aquí, aunque esta vez sea como cliente— manifestó amable.
— "Es cierto, trabajé aquí"— recordó el chico.
— Me imagino que debes tener pronto tus clases, traeré para ti lo que quieras.
Rukawa no tardó en pedir lo que deseaba, y el hombre partió raudo a la cocina. Ahora el muchacho contemplaba el lugar.
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— Por qué debería hacerlo— preguntó Rukawa en la neutralidad de su voz. La chica no tardó en advertir que su respuesta era la condicionante para que Kaede accediera a su petición.
— Esta bien— musitó resignada— Conozco a esas taradas— espetó con fastidio— Y no las soporto, y como sé que no van a tardar en provocarme, prefiero evitarlas porque no toleraré ningún insulto— expresó mientras empuñaba sus manos olvidando que sostenía la bandeja, para su fortuna Kaede también la sostenía. El muchacho examinó con minuciosidad el rostro de la joven, su mirada expresaba sincera abominación por las jóvenes, entonces bufó.
— Qué más da— musito mientras se volteaba dejando a la muchacha la bandeja. Megan sonrió.
— ¡Gracias chiquillo! ¡Tú sí que tienes un buen corazón!— agradeció divertida la muchacha mientras veía al ex Shohoku aproximarse al umbral que conducía hacia el restaurante. Éste al escuchar a la muchacha se detuvo sin voltear.
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— ¡¿Pero qué estás haciendo?!— reclamó el ex Shohoku.
— ¡Me aseguro de que hagas tu trabajo!— prorrumpió fuera de sí la chica mientras soltaba con violencia el brazo de Rukawa.
— Es lo que hacía— espetó contrariado.
— ¡No me mientas! ¡Vi como coqueteabas con Trysha!— expresó irritada Megan.
— ¿Qué dices?— el asombro cada vez asomaba con mayor nitidez en las escuetas palabras de Kaede.
— ¡No te hagas el inocente que no te queda Kaede Rukawa!
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— Vaya preciosa, si que eres violenta… Tal y como me gustan— expresó con lascivia quien aún la sostenía. Megan intentó zafarse, sin embargo éste parecía retenerla con mayor ímpetu— Ya te dijimos que no te irás nena— pronunció mientras acercaba su rostro con malicia al de la chica, ésta comenzó a sentir como su corazón se aceleraba intimidada ante los maliciosos deseos del hombre, ante ello intentó alejarse volteando su rostro con rehúso hacia un costado, sin embargo se encontró con el otro hombre quien le acorralaba ahora.
— ¡Déjenme!— vociferó con quebranto en su voz mientras que cerrando sus ojos dejaba escapar lágrimas de sus ojos.
— Suéltenla— la fría voz de Rukawa interrumpió el actuar de los abusadores. Los ojos de Megan se abrieron con asombro.
— "Kaede"—jamás pensó que su presencia podría hacerle sentir tanto regocijo.
— Vaya, creo que tenemos visitas— dijo uno de ellos mirando al muchacho.
— Y muy inoportuna— agregó el otro mientras se dirigía hacia él.
— Suéltala— repitió. Al notar que dentro de los planes del hombre no estaba dejar libre a la muchacha se aproximó y le lanzó un puño al rostro, sin embargo en un rápido y acobardado movimiento, éste usó a Megan como escudo. Y antes de que Kaede pudiera evitarlo, golpeó enérgicamente una de las delicadas mejillas de la muchacha, quien con sus ojos entrecerrados cayó inconsciente. Los ojos de Kaede se abrieron en su máxima extensión— ¡Mira lo que me hiciste hacer idiota!— recriminó, tras lo cual se agachó para socorrer a la muchacha— Megan… ¿Estás bien? ¡Responde!— repetía mientras la sacudía desde los brazos buscando con urgencia una respuesta. Una risa burlesca interrumpió su acción.
Una vez dentro del restaurante, Rukawa sentó a la muchacha sobre una silla, tras lo cual fue en búsqueda de hielo para aliviar la hinchazón que le surgía en la mejilla a Megan. La joven le observó prontamente regresar. La chica le contempló sonriente, verle tan preocupado por ella, si bien no en tales circunstancias, le gustaba. Una sensación de humedad en sus manos sacó de sus contemplaciones a la joven, observó curiosa las palmas de sus manos y vio con asombro que estas estaban bañadas en sangre.
— "¿Qué es esto?"—se preguntó con espanto. Tras un rápido examen pudo notar que no pertenecían a una herida propia, observó a Rukawa, y entonces lo pudo ver: un solidario torrente sanguíneo se escurría desde su nuca. Al parecer el golpe propiciado con el fierro en su cabeza había sido más potente de lo que el mismo muchacho podía advertir, o quizás la preocupación por Megan le había hecho ignorarlo.
— ¡Kaede!— pronunció con dificultad mientras se ponía de pie. El muchacho volteó curioso— ¡Estás herido!— añadió mientras se acercaba alarmada.
— ¿Qué dices?— preguntó de manera neutra mientras tocaba su nuca, no tardando en sentir su humedad, acto seguido miró su palma y esta estaba empapada en su propio líquido vital.
— Siéntate aquí— dijo Megan mientras lo arrastraba hasta una silla.
— ¿Qué estás haciendo?— preguntó contrariado.
— Tengo que vendarte esa herida… Mira como estás— musitó mientras observaba la cabeza del ojiazul.
— Eso no importa, tu cara está peor— masculló Rukawa intentando ponerse de pie, pero Megan le retuvo.
— Ni lo intentes— pronunció seria— Mi cara ya está bien— argumentó, Kaede le observó con suspicacia— Además… Golpeas como una nena— bromeó sonriendo de medio lado. Rukawa dibujó una imperceptible sonrisa en sus labios mientras negaba con la cabeza.
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Los recuerdos de aquel lugar invadían de forma involuntaria la mente del muchacho. Y para su pesar, todos la incluían a ella…
No tardó en comer. Acción que pareció desarrollar con urgencia, pues parecía ahora vital abandonar el sitio que le hacía evocar el recuerdo de Megan. Sin embargo, el antídoto parecía fracasar. El recuerdo sus paseos en bicicleta por aquellas calles, sus besos, sus caricias, su recelosa sonrisa, aquella noche que se amaron al calor del fuego, y la promesa de su regreso parecían estar más vivo que nunca.
En Japón nada le traía su recuerdo, por eso todo le había parecido más fácil. Pero aquí, todo era distinto. Pero no debía flaquear, su determinación era clara: renunciaría a su beca en Norteamérica. Debía dirigirse a la preparatoria, cuanto antes.
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Los pasillos de aquella preparatoria estaban desiertas. Todo el alumnado permanecía en medio de sus rutinarias clases matutinas, por lo que el sosiego era el soberano en las instalaciones, tranquilidad que a alguien le había pasado la cuenta…
— Demonios
El refunfuño de una joven, acompañado del estruendo del cerrar de la puerta de aquella aula, acababa con la serenidad del sitio.
— Ese idiota me odia, siempre me expulsa del salón con la estúpida excusa de que duermo— monologó malhumorada la muchacha, a la vez que sus aletargados pasos la dirigían hacia la oficina del director. De mala gana llamó a la puerta.
— Adelante — se escuchó la voz del hombre del otro lado— Megan Bruce, tan puntual como siempre, cuando de dormir se trata, tu reloj biológico no falla, muchacha— bromeó. La visita diaria de la joven ya no era novedad para el hombre, y una reprimenda parecía estar de más, la joven ya no tenía remedio.
— Que lo sepa, me hace las cosas más fáciles, señor Lean— musitó la joven— Necesito me autorice regresar al salón y no estar de pie en la puerta. Creo que eso es ridículo...
— Director Lean— la secretaria del hombre se asomaba tímidamente a la puerta— Disculpe que le interrumpa, pero llegaron las personas a las que esperaba— anunció.
— Oh, claro. Por favor, hágales pasar— Megan observaba con fastidio la escena.
— "¿Y ahora qué? ¿Se supone que tengo que presenciar una de las aburridas reuniones del director?"— sin embargo, su hastío no tardó en mutar por curiosidad al reconocer cierta familiaridad en el rostro que ingresaba al lugar— Ese hombre… Ese hombre se parece al padre de…
— Kaede Rukawa, que gusto me da verte, muchacho…
El estremecimiento en los orbes celestes de la joven, delataron lo inesperado de aquel reencuentro.
GRACIAS POR LEER :D
Agradecimientos especiales a zeom 1 v, midory ouji, Jorge 4, dm 99 y Kimberly por sus comentarios, saludos :D
