CAPÍTULO VII

Esa mañana Neil lucía realmente radiante, el buen norteamericano, como era conocido por los lugareños estaba más feliz que nunca, organizó un comité para construir una escuela y por supuesto Candy lo iba a dirigir, sólo que se iba a iniciar después del viaje a Santiago que ya tenían previsto.

-¡Buenos días dormilona!, ¿cómo amaneciste hoy?, ¿ya tienes todo listo?-

.¡Hola amor!, ya estoy lista, sólo que … no tengo un vestido apropiado para la cena con tu socio.

-Por eso no te preocupes, allá compraremos uno hermoso y especial para ti-

-Está bien cariño, como tú digas-

Ya listos partieron hacia Santiago, no era un viaje demasiado pesado por lo cual la salud de Candy que cada día iba mejor no se vería comprometida, al llegar al hotel se registraron, él reservó una de las suites, la recepcionista le indicó a Neil que el hotel estaba lleno y tal vez iba a haber algo de bullicio en las suites ya que llegó una compañía de teatro norteamericana, él se quedó pensando si acaso… no quiso pensar nada en ese rato, total él no se separaría de ella.

-Listo amor, vamos a descansar-

-lo que tú digas, me siento cansada-

Al llegar a su habitación a lo lejos, en el pasillo, una mujer castaña muy hermosa fijaba su vista en la pareja que entraba en la suite continua, -¡no puede ser!, creo que estoy confundida, ¿o será ella?- pensaba una muy confundida Karen Kleiss – y ¿si Terry la ve?, no, no creo que sea ella, ¿qué podría estar haciendo tan lejos de Chicago?, me he de haber confundido.

En otra suite, en otro piso del hotel.

-Ya ha pasado más de un año y medio que no sé nada de ti Candy, ese terrible suceso en mi vida, no dejo de reprochármelo.

FLASH BACK

-¡Hola princesa!, es una alegría el tenerte conmigo aquí en nueva York, ya ansiaba sentir tus abrazos-

-Y yo los tuyos mi Terry, sé que fue difícil lo que ambos pasamos, me siento tan triste que Susana haya… -

-Shhh, no digas nada, ese suceso fue tormentoso, su salud se fue deteriorando y eso no lo podíamos adivinar, no te sientas culpable, yo al contrario, estoy realmente contento que no fuera cierto que te ibas a casar con ese pesado de Neil-

-No, todo fue una sucia treta de él, ya se fue a Florida y creo no la está pasando muy bien, pero eso no importa ya, lo que importa es que estamos juntos-

-Sí, espero que Albert no te rete por que hoy te llevaré tarde a la casa-

-¡Oh Terry!, mi amor, no sé qué haría sin ti-

Esa tarde fue tanta la emoción de verse que estuvieron juntos, se entregaron con tal pasión que se olvidaron de todo, se dedicaron a sacar todo el amor que tenían contenido desde que eran unos estudiantes en el San Pablo, así pasaron unos maravillosos días, se veían y entregaban a la pasión y amor que se profesaban. El éxito de Terry era cada vez mayor, Hamlet era la obra que protagonizaba, su fama se incrementaba día a día así como su ego.

-Qué tonto fui- dijo y dio por terminado el recuerdo de su amada Candy, -si tan sólo mi tonto ego no me hubiera llevado a cometer otro error no te hubieras marchado de nuevo de mi lado.

Se acercaba la tarde y Neil estaba realmente emocionado de llevar a Candy con el señor Sewell, él era como un segundo padre para él, lo había encontrado una tarde en estado deplorable, con golpes en todo el cuerpo, estaba irreconocible y realmente alcoholizado, lo ayudó, al averiguar quién era mandó llamar al señor Leagan con el cual llevaba una relación de amistad, él entendió que esa vida no lo llevaría a nada.

** Flash Back

-Señor Sewell, el joven ya ha despertado-

-Gracias Theodore, iré a verlo-

Se encaminó a ver al huésped el cual se hospedaba en la habitación de la servidumbre, no sabía todavía quién era, pero por la ropa que portaba se notaba que era de familia adinerada, por lo cual quería averiguar de quién se trataba ese joven y el por qué se encontraba en ese estado tan deplorable. Llegó a la habitación y entró.

-Buenas tardes, soy Berton Sewell, dime, ¿cómo te sientes?-

-Pues… estoy vivo… aunque… no sé si quiera seguir estándolo-

-¿Por qué estás así muchacho?, ¿qué pasa con tu vida?-

-No quiero hablar de momento, me duele todo, es que…

¡he sido un reverendo idiota!, ¡toda mi vida he sido un grandísimo idiota!-

-Calma muchacho, por muy idiota que sea uno, siempre hay una explicación para otro y un nuevo comienzo-

-Para mí no creo que haya señor Sewell, cuando por fin supe lo que era amar a una persona, ella… no me correspondió, pero… ahora la entiendo, ¿cómo podría amar a quién le hizo tanto daño desde niña?, todo por seguir el juego de mi hermana-

-Tranquilo muchacho, los males de amores se ven siempre grandes, pero en realidad suelen pasar y con el tiempo se borran-

-en mi caso no es así, creo que a ella la quise desde siempre, pero…¡ tontos prejuicios sociales!, siempre han sido la excusa perfecta para hacer infelices a las personas-

-Entiendo, pero dime ¿cómo te llamas?-

-Como si eso importara, sólo él me entiende… me llamo Neil Leagan, si pudiera avisarle a mi padre-

-¡Qué casualidad!, conozco muy bien a tu padre, le avisaré y charlaré con él, tú descansa-

Se fue de ahí dispuesto a comunicarle a la familia lo ocurrido con Neil, pero le llamó tanto la atención su caso que… quería ayudarlo.

Ya entrada la noche regresó el sr. Sewell a casa, y no regresó solo, el sr. Leagan iba con él que después de tener una severa discusión con su esposa al impedirle ir con él y hacerla directamente responsable de la actitud de su hijo iba dispuesto a charlar y ayudarlo en lo que necesitara. Al llegar a la habitación donde estaba Neil tocaron.

-Hola Neil, soy yo, traje compañía, vamos a entrar-

-adelante- lo dijo sin ganas.

-¡Hola hijo!- dijo el sr. Leagan y de inmediato se fue a abrazarlo. – me tenías muy preocupado, no sabía nada de ti desde hace días, me temía lo peor, ¿por qué lo has hecho?-

-Padre, ni yo mismo lo sé-dijo con tribulación Neil

-Por ahora no hables muchacho, sólo queremos que sientas que te podemos ayudar, estimo a tu padre y estoy a sus órdenes para cualquier cosa-

-Gracias- dijo Neil

-Los dejaré solos- salió Sewell de la habitación

-Padre, no sé qué decir, no sé dónde empezó todo esto-

-yo sé hijo, y tuve la culpa, fui el mayor culpable al dejar que tu mamá dominara en ti y yo… por no llevarle la contraria lo permití, el haberte dado todo sin límites en vez de ayudarte te llevó a… esto, ¡discúlpame hijo!, discúlpame por todo esto, pero yo te ayudaré a retomar el buen camino-

-Pensé que con el rechazo público de Candy mi vida terminaría en Chicago y podría empezar una nueva vida, pero no, ¡la amo papá!, ¡la amo!, pero ahora sé que no soy digno de ella, ¡que nunca lo fui!, el seguir las indicaciones de Elisa para maltratarla sólo por puros tontos celos, ella quería ser la única y no iba a permitir que otra llegara a robar la atención que tenía, a mí no me desagradaba tanto Candy, es más hasta le tuve envidia porque ella a pesar de todo era libre, muy libre y así el rencor u odio que según yo sentía un día descubrí que era amor, ¡sí! Amor, por eso sentía celos de Anthony y del actor ese, pero ¡ohhh!, jamás seré digno de ella.-

-Hijo, no sé qué decir, pero lo que si te puedo decir es que necesitas rehabilitarte, cambiar, ponerte a trabajar, no sé hijo, algo hay que hacer para que esto pare y no perderte-

-¡Sí, ayúdame padre!, pero no quiero volver a la casa, mi madre me enferma, se la vive despotricando en contra de Candy y todo lo que le rodea, no puedo, ¡no puedo estar ahí!-

-Lo veo hijo, por lo pronto pediré a mi amigo que te tenga aquí hasta que te puedas mover y… ya veré que hacer-

-¡Gracias padre!-

El señor Leagan salió de la habitación y fue a reunirse con su amigo Sewell.

-Neil no quiere ir de momento a casa, se siente devastado y yo lo entiendo, así me siento yo a veces en esa casa, he ahí el por qué salía de viaje constantemente, Sarah puede llegar a ser a veces… muy asfixiante y así dejé que mi hijo creciera así, muy pegado a su madre y lo hizo como quiso, debí llevármelo conmigo pero no, cedí siempre a sus súplicas.-

-No te culpes así, verás que Neil sale adelante, conozco un lugar cerca de aquí donde lo pueden ayudar, estar internado y encontrarse consigo mismo lo llevará a recuperarse y si tú me lo permites, puede trabajar conmigo, en unos años quiero llevar a cabo un proyecto que tengo planeado… pero de eso hablaremos después, ve a casa que yo te ayudaré con tu hijo amigo mío-

Asintió el buen señor Leagan y se fue a su casa, con el espíritu lleno de esperanza y alivio de encontrar a su hijo con vida.

*** En la residencia Leagan

-¡No entiendo por qué no puedo ver a mi hijo!, es inconcebible esa actitud, con mis cuidados saldrá adelante, después de la humillación que le hizo la hija de Pony esa… -

-¡Cállate Sarah!, precisamente la hija de Pony esa como tú la llamas es la única mujer que ha amado y no supo cómo ser merecedor de su amor, lo demás, mejor ni hablamos, con todo lo que tengo guardado te puedo herir y por hoy es suficiente con que tu propio hijo no te quiera ver-

-¿qué dices insensato?- le dio una bofetada, misma que él le regresó.

-¡Es la primera vez que me pegas!, eres un…-

-Eso debí hacerlo hace mucho tiempo, antes de que mi hijo terminara así, hecho una piltrafa- Se volteó y dejó a una Sarah llorosa y herida en su orgullo.

** Al día siguiente en la casa Sewell

-¿Cómo sigues muchacho?, hoy ordeno que te cambien a otra habitación, no lo hice antes porque no sabía quién eras…-

-No se moleste- interrumpió Neil- creo que así debe de ser, déjeme en esta habitación, así no recuerdo las comodidades en las que crecí-

-Cómo tú digas, pero no he venido solamente a eso, he estado pensando en tu situación… ¿quieres de verdad salir de esto?-

-¿Salir de esta piltrafa en la que me he convertido?-

-Claro que sí, el estar ahí tirado, golpeado, sin saber de mí, sin nadie que me ayudara fueron para mí días de estar meditando, porque según sus sirvientes el día que usted me encontró que fue jueves,… yo… a mí me pasó eso el martes, la verdad sólo quería morirme, pero reflexioné mucho, no quiero seguir así, pero no sé cómo hacerle-

-De eso es lo que te quiero hablar, hay aquí cerca un centro de un amigo mío que es franciscano, te pueden ayudar con tus problemas, estarías ahí por unos meses y después si quieres, puedes trabajar conmigo, necesito un asistente en un nuevo proyecto y creo que eso te ayudará a valorarte, a ser independiente de tu familia, lo estuve platicando con tu padre y ha aceptado, él prometió que tu madre no intervendría, pero pide que la recibas a cambio, está muy angustiada en saber de ti-

-La idea que me presenta está bien, creo, alejarme un poco del mundo me ayudará a saber quién soy, pero lo de mi madre… sólo la veré el día que me vaya al convento-

-Está perfecto, el doctor viene a revisarte hoy de nuevo y me dirá cuando podemos irnos.-

-Gracias sr. Sewell, es usted… un ángel-

-No hay de qué muchacho-

Los días transcurrieron en calma, Neil aceptó ver a su madre, charlaron un poco, ella a regañadientes aceptó su decisión, en verdad le dolía su hijo aunque su orgullo era el más herido, tuvo que hacerlo a un lado, en ese convento donde Neil hizo promesa de pobreza y obediencia, aprendió a encontrarse consigo mismo, con Neil, la persona, su propósito en la vida, cuando salió de ahí se incorporó con el Sr. Sewell, aprendió mucho de minería, viajaba constantemente con él, aprendió a hacerse de un capital por sí mismo y un día encontró una oportunidad, el de adquirir una propiedad en Chile, le encantó la idea, a sus padres no tanto pero aceptaron con gusto ya que al fin Neil había encontrado un propósito en su vida. Ya de su internamiento habían pasado un poco más de 2 años, antes de partir hacia Chile permanentemente quiso ir a enfrentar sus miedos a Chicago, reencontrarse de nuevo en la ciudad donde había sido humillado públicamente, pero eso a él ya no le importaba. Llegó a Chicago en primavera, la ciudad lucía hermosa o así lo veía él ya con su alma totalmente reconstruida. Estaba caminando por las calles de Chicago cuando llegó a un parque en que a partir de ahí comenzaba un bosque, de repente escuchó un llanto de mujer…se fue acercando para ver quién era, y sus sorpresa fue grande- ¡Candy!, ¿qué haces aquí y en ese estado?-

Salió de su trance y se encontró con la más bella imagen, su esposa iba vestida con un elegante vestido en color escarlata, con un escote hermoso el cual acentuaba su delgada figura y su blanca piel, el cabello lo llevaba semi recogido con unos listones en el mismo color del vestido, ella lucía realmente hermosa, sonrió a su esposo y dijo –ya estoy lista, vámonos a la casa del señor Sewell-

-Vamos cariño, estoy emocionado, ¡te amo tanto!

Este es un capítulo algo largo, pero va con la misma temática, espero les siga gustando y sobre todo el rumbo que irán tomando los personajes, les quiero agradecer a todos los que leen esta historia en especial a Elsa, Luci, Maya, Keyla1302, Iris adriana, Kellyelin, hikarulantisforlove, Yiyi77, ustedes me dan ánimos para seguir adelante con esta historia, espero disfruten esta lectura como yo. Un abrazo :)