Información General:
Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus creadores Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente. Los dibujos fueron dibujados por mí, pero los creadores de estos personajes son Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente.
La historia que se presenta sucede después de que Candy descubriera que el Príncipe de la Colina es Albert, su amigo el vagabundo. Todo se ha escrito sin fines de lucro, solo para entretenimiento, y lo que se presenta son simplemente ideas de una servidora, y ha sido escrito para celebrar el cumpleaños del Príncipe de la Colina.
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.….La historia que se presenta es solo con el fin de entretener, para pasar el rato por favor no lo tomen personal, ni se enojen con una servidora. En ningún momento se ha creado para hacer polémica, ni para molestar, ni para faltarle el respeto a nadie, ni para denigrar los queridos personajes. Espero que eso quede claro. Yo solo tomé prestado el nombre de los personajes para presentar esta historia con un argumento distinto. Amo los personajes, créanme que, si no me gustaran, no escribiría para ellos, ni los pondría en mi historia, para eso se crean personajes nuevos. Este argumento se escribió de principio a fin desde que se presentó el primer capítulo. Yo lo único que quiero es distraerlas a ustedes queridos lectores. Es simplemente una historia nueva con un nuevo argumento que aún tiene muchos capítulos por contar….
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Una Nueva Oportunidad
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Capítulo XXII: Nueva Vida
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A cientos de kilómetros…en Chicago, las cosas fueron completamente distintas a lo que la pareja estuvo viviendo desde que salieron a su luna de miel.
Albert brindó por ellos, por su felicidad, con rabia y dolor arrojó la copa al suelo mientras George movía la cabeza con resignación. Lo ayudó a sentarse y le sirvió más licor para que siguiera embruteciendo esa noche, Albert necesitaba desahogar su dolor, siguió tomando hasta que perdió la consciencia.
El nuevo amanecer lo sorprendió en el escritorio de la biblioteca. Un fuerte dolor de cabeza lo sacudió, a su lado seguía su fiel mentor quien preocupado miró como Albert mirando en dirección al jardín se sirvió otra copa. Ni siquiera había cenado el día anterior, hoy no le interesaba desayunar, solo quería servirse más licor. Callado siguió observando como Albert seguía bebiendo sin control, Elroy se entró a la oficina, pero Albert ni siquiera se dio cuenta, miró desesperada a George, no hubo necesidad de hablar, él asistió a su ruego con determinación. Ella se dio la vuelta y salió llorando. George levantó la botella del escritorio y con calma trató de dialogar con Albert.
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— William por favor necesitas comer, la bebida no te ayudará en nada.
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Él lo ignoró, una sola cosa ocupaba su mente, ella, Candy la mujer que había perdido para siempre. Sus ojos celestes lucían apagados, nada mermaba el dolor de saberla perdida para siempre. Hasta el último momento pensó que Candy se arrepentiría y no habría boda, pero eso no sucedió. Ella lucia radiante y enamorada. Le dolió admitirlo en voz alta, pero resignado, miró a George con infinita tristeza y le dijo seriamente.
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— Ella lo ama George, lo ama.
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— William deberías de dejar de tomar; ya no puedes hacer nada. La señorita Candy…es decir la señora Candy es feliz con el joven Archie.
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Albert lo miró con rabia, sus ojos vidriosos por el licor echaban chispas de solo pensarla en los brazos con él amándose; se paró tambaleante y casi cayó, pero George lo detuvo. Sentía tanta pena por su muchacho. Lo ayudó a sentarse nuevamente en el sillón. Su matrimonio con Diane había destruido su felicidad, y lo separó de ella para siempre.
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— Sabes George, siempre pensé que ella me seguía queriendo, y se casaba con Archie simplemente por despecho, para hacerme pagar su dolor, por la burla sufrida…pero estaba equivocado. Ayer me di cuenta…que la perdí para siempre. Candy, ella…ella lo ama —, suspiró profundamente, y cerró los ojos a la vez que apretaba los puños. — Lo pude ver en su mirada…ni siquiera cuando estuvo enamorada de Terry sus ojos brillaban de esa forma —, sonrió con amargura. — Lo ama George, tanto como Archie la ama a ella, la perdí —, le dolía su corazón aceptar la realidad: Candy se había enamorado de su sobrino.
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El terminó su bebida de un solo trago, quería ahogarse, no quería saber nada, nada. Aun borracho, reconoció que él la había perdido aquella fría noche de enero cuando anunció su compromiso con otra mujer. Le dolía profundamente saber que su pequeña, Candy, era ya la mujer de Archie. Sí, ella era la mujer de su sobrino para siempre. Una botella se estrelló sobre uno de los cristales de las ventanas; estaba llenó de rabia y dolor al imaginárselos… quiso tomar otra botella, pero perdió el equilibrio y calló de bruces. George no hizo nada esta vez para evitarlo, ya era hora que creciera y tenía que hacerlo reaccionar, esto ya rayaba en obsesión. Molestó llamó a unos sirvientes para que lo levantaran y llevaran su ebrio cuerpo a su a habitación, parecía una marioneta sin voluntad. En su habitación, le ordenó colocarlo en la regadera, ellos lo miraron dudosos, pero la fiera mirada de George los intimido y de inmediato obedecieron y salieron inmediatamente de la habitación. Albert sumido en un sueño etílico, no sabía dónde estaba sentado, con una risa burlona, George sin ningún miramiento abrió la llave de agua fría, tenía que hacerlo reaccionar, sino podría enfermar o morir por tanto alcohol ingerido. Elroy quien los había seguido en silencio lloraba desgarradoramente mirando la triste escena, le dolía su sobrino y nada podía hacer por ayudarlo, salió de la habitación con el corazón acongojado de pena.
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Albert despertó de su aislamiento al sentir el agua fría cayendo en su cuerpo, al principio protestó, pero las duras palabras de George quien lo miraba furioso lo sacudieron.
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— William tienes que reaccionar, eres el líder de este clan. Sino lo haces por ti, hazlo por tu tía Elroy, la estas matando de pena. Si lo estás haciendo para que ella regrese a ti, déjame decirte que perdiste tu oportunidad hace meses. Eres un Andrew, no puedes dejarte morir así.
Albert lo miró confundido al principio, bajó el rostro mientras el agua fría seguía cayendo sobre él, George se inclinó y lo observó fijamente. Cerró la llave del agua fría, y esperó que reaccionara.
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— Yo la amo George, la amo más que a mi vida misma, la necesito. Nunca supe cuánto la amaba, hasta que la perdí, fui un est...
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— Basta William. ¿Qué querías William? ¿Qué la señorita Candy se quedará soltera y amargada esperando por ti toda su vida? Estas casado…c.a.s.a.d.o y esperas un hijo de otra mujer, ¿Cuántas veces tengo que repetirte lo mismo? ¿Qué acaso te olvidaste de que llevas meses casado? ¿Te olvidaste de que te comprometiste enfrente de ella semanas después de hablarle de amor a ella? La señorita Candy tenía derecho de buscar la felicidad que tú no quisiste compartir con ella en otro lugar. Tuviste la oportunidad en tus manos y la desperdiciaste miserablemente con otras mujeres. No quiero decirte, "te lo dije," pero te lo advertí y me ignoraste. Te recomendamos que no te casaras hasta averiguar el origen del bebé, pero ignoraste nuestras recomendaciones, ahora no te quejes, acepta tu realidad. Deja de causar pena. Albert completamente empapado por el agua fría, lo miró con rabia.
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— Ella era mía George…mi…
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— No, William, la señorita Candy nunca fue tuya, ni nunca lo será; la señora Candy es la esposa de Archie, tu sobrino. Acéptalo, tú y solo tú la alejaste de tu vida. Pudiste hacer algo para evitarlo cuando descubriste lo del embarazo, pero decidiste casarte con una mujer que no amabas. La lastimaste, ahora acepta las consecuencias. Vas a ser padre, por amor de Dios, reacciona. ¿Es que acaso quieres que tu hijo viva tu misma experiencia? ¿Quieres que sea un huérfano sin padre?, reacciona, no me decepciones.
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Albert se llevó su mano a su pelo mojado, cerró los ojos y recuerdos de una triste y solitaria niñez y adolescencia sin el amor y la presencia de sus padres llegaron a su mente que aún estaba nublada por el alcohol. Abrió los ojos y se encontró con los ojos negros de un furioso George, él tenía razón. No, él no quería eso para su hijo; él no tenía la culpa de sus errores y estupideces.
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— William en unas semanas serás padre…piensa en ese bebé, en tu hijo, tu primogénito. Te dejo solo, estas bastante grandecito para aceptar tus errores; ya es hora de volver a tus obligaciones, eres un Andrew maldita sea compórtate como tal.
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George salió de la habitación dando un portazo y lo dejó solo, necesitaba hablar con la señora Elroy. Si su muchacho no reaccionaba, necesitarían hacer algo drástico con él.
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Albert completamente empapado se quedó mirando al piso mientras meditaba cada una de las duras palabras de George. Abrió la llave de agua fría, y dejó correr el agua fría en su cuerpo por varios minutos; necesitaba sentir ese frio para tratar de despertar de su estupidez. No más lágrimas, no más lamentos, esto era el final de un sueño…ella nunca sería de él, pero tenía un hijo, un hijo que venía en camino y necesitaba de su padre.
Después de hablar con Elroy y de hacer unas llamadas, George se dirigió a buscar a Albert dos horas después, tocó la puerta temiendo encontrarlo peor. George había quedado bastante preocupado con la plática con Elroy…
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Flash Back
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— ¿Crees que reaccione? —, le dijo tristemente mientras miraba a través de los cristales. George la miraba atentamente.
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— Eso espero Madame, pero en caso de que no lo haga, ya he hecho algunas llamadas.
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Ella volteó para verlo y lo invitó a sentarse.
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— Gracias George
— Es mi deber Madame, pensé que dejándolo desahogar su dolor sanaría, pero fue un error.
— Todos nos equivocamos George —, suspiró cansada. Ni siquiera había podido descansar, pasó la noche envela junto a George cuidando a William por temor a que cometiera una tontería, después cuando quiso descansar la visita que recibió esa mañana la dejó nerviosa…esa información, cambiaba todo — ¿Leíste el informe George?
— Sí Madame — asentía mientras sostenía la carpeta en su mano.
— ¿Qué piensas George?
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Un suspiro profundo de frustración se escuchó en la habitación.
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— No me extraña Madame Elroy…cometimos un error, creo que debimos unir nuestras fuerzas. Mi fuente se dedicó a investigar su pasado, presente, pero…esto Madame es…
— Sí George esto es increíble a estas alturas de —, un bufido de frustración se escuchó; aún no asimilada la información recibida por lo inverosímil que podía ser dado la situación de alto riesgo. – Sin embargo…decidí hacerlo, nada perdía con aprobarlo, esto es increíble, aún no puedo creerlo. ¿Y ahora que vamos a hacer con esta información?
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George la miró notificado, tenían en sus manos una bomba de tiempo y tenían que tener cuidado porque podrían causar una desgracia y podrían estar equivocados.
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— Madame…aún no sabemos si…
— Lo sé George, por eso no te comenté nada antes a ti o a él, pero esta información indica que…
— Entiendo madame, pero aun así no estamos seguros. — calló, tenían un problema muy grande.
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Ella asintió, se llevó las manos a la cabeza, está desesperada no sabía qué hacer, era la primera vez en su vida que no sabía cómo actuar. George la observó en silencio, no era fácil para él ver al emblema de los Andrew derrotado, ella siempre había guiar al clan aun en las peores crisis, sin embargo, hoy la veía abatida y desesperada por la información recibida.
Se levantó y comenzó a caminar en su pequeña sala.
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— ¿Crees que debemos decirle todo lo que sabemos y sospechamos? – volteó a mirarlo.
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George permaneció callado por un largo rato analizando los pros y los contras de la situación. Su muchacho necesitaba un aliciente, un motivo para vivir, aunque fuera en este un momento una mentira. Sabía que tarde que temprano explotaría todo, pero esperaba que, para ese entonces, William estaría listo para enfrentar lo que se venía.
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— Madame…este no es el mejor momento para hablarle de este asunto, necesitamos comprobarlo, necesitamos pruebas…además, él necesita recuperarse para encarar este problema y resolverlo sin causar un escándalo que lo dañen a él o a la familia.
— Concuerdo contigo George, sé que se pondrá furioso con nosotros, pero prefiero eso a que se hunda más.
— Así es madame.
— Entonces George, no pueden marcharse hoy…mencionaste en la mañana que querías llevártelo hoy a New York, es necesario que todo siga normal. Se supone que ustedes se quedarían hasta el jueves, ¿no es así?
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George asintió, lo había olvidado, ellos habían planeado quedarse unos días verificando la aprobación de los nuevos negocios que Archie planeaba hacer en Europa. El joven de los ojos color miel dejó todo listo para llevar acabo las negociaciones en el viejo continente. Estaba tan preocupado por William que pensó hacerlo todo desde New York, pero Elroy tenía razón. Debían dar tiempo a la investigación.
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— Se hará como usted diga.
— Muy bien George entonces, déjame contactarme con ellos.
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Fin de Flash Back
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Cuando George abrió la puerta, se sorprendió gratamente al encontrarlo vestido con un traje de oficina y rasurado. Parecía que William Albert Andrew estaba nuevamente frente a él. Cuando Albert lo miró, solo pudo decirle.
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— Partimos a casa hoy mismo.
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George sonrió satisfecho su muchacho había reaccionado finalmente. Su hijo lo sacaría adelante.
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Aunque Albert hubiera querido marcharse en ese momento, George calmadamente le hizo ver que no podían y que tenían que permanecer unos días más en Chicago. El jueves por la tarde ambos subieron al tren que los llevaría de regreso a New York, Albert regresaba a casa con Diane, su esposa, la mujer que esperaba un hijo de él, era el principio de una nueva vida para el joven patriarca, una vida lejos de la mujer que le había robado su corazón.
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Mientras Candy y Archie continuaban de luna de miel, George y Albert llegaban finalmente a New York un viernes por la tarde. Albert permaneció callado todo el viaje, revisando documentos y más documentos, George sólo lo veía de reojo. De vez en cuando Albert miraba atreves de la ventanilla el paisaje que el viaje le brindaba y pensaba seriamente en su actual situación.
Le esperaba en casa su mujer, la madre de su hijo; tendría que hacer cambios. Desde que casará con su esposa por el civil, casi no veía a Diane. La verdad era que internamente la odiaba, y no le interesaba nada de ella. Se odiaba por sentir eso en contra de ella; ella era una víctima como Candy. Él y solo él había sido el causante de todo su dilema, por su culpa perdió el amor de su vida. No fue Diane la que lo sedujo, él prefirió por años buscar los besos de otras mujeres en vez de tratar de conquistar a su pequeña. Ahora no tenía por qué estar lamentándose su estupidez, era un Andrew, era el líder del clan y era hora que asumiera sus responsabilidades.
Le avergonzaba enormemente los sentimientos negativos que en ocasiones sentía hacia la madre de su hijo. Se supone que debería estar contento por el futuro nacimiento de su hijo, pero era todo lo contrario. Ni esa noticia que debería tenerlo bailando de contento, le podía quitarle el dolor de haber perdido para siempre a su a amada rubia. Un intenso dolor se alojaba en su corazón cada vez que recordaba la imagen de la joven de ojos esmeralda y sin poder evitarlos, moría de celos al imaginársela en los brazos de su sobrino, Archie sin proponérselo se había convertido en su acérrimo enemigo.
Sonrió con amargura, probablemente se convertiría en un excelente actor como Terry porque cuando los volviera a ver, tendría que aparentar desinterés hacia la pareja. Tendría que ser el hombre más hipócrita del mundo para poder aparentar alegría por el matrimonio de ellos, pero secretamente los quería ver separados. Esos sentimientos negativos hacia el matrimonio de ellos, lo hacía sentir el hombre más ruin del mundo, pero no podía evitarlo. La seguía amando y se odiaba por pensar así, ella era prohibida para él. ¡Era la mujer de su sobrino, por Dios!
Cerró la carpeta de documentos con fuerza, el fuerte ruido atrojó la atención de George quien solo se limitó a mover la cabeza con pena. No sería fácil para Albert olvidar, tenía un camino muy largo por recorrer, pero tenía fe en que él finalmente aceptara las realidades que vivía, él mejor que nadie sabía lo que Albert estaba viviendo.
Albert ni siquiera se dio cuenta del intenso escrutinio de George, él seguía inmerso en su propio mundo de dolor; entrecerró sus ojos con tristeza; debería de empezar a cambiar, esos sentimientos lo avergonzaban. Nuevamente dirigió su celeste mirada al desolado paisaje que miraba a través de los cristales, el verde paisaje que se presentaba frente a sus ojos le hicieron recordar la verde Colina de Pony, aquel lugar donde conociera por primera vez a aquella chiquilla de mirada verde. Cientos de imágenes de ella vinieron a su mente. Sacudió la cabeza con fuerza.
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— Basta Albert, ya basta —, se recriminó mentalmente furioso consigo mismo.
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Su hijo pronto nacería, en el mes de septiembre. Candy y Archie lo conocerían hasta que regresaran de su larga luna de miel. Pasarían siete largos meses antes de volverlos a ver, eso lo entristecía, pero a la vez necesitaba hacerse a la idea de que ella era prohibida; tal vez la distancia le ayudaría a matar y a arrancar de raíz para siempre ese amor por su pequeña.
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— Tal vez la distancia Candy…ayude. Te tengo que olvidar, sí te voy a olvidar —, tragó seco y elevó su mirada al cielo…— ¿pero ¿cómo le digo a mi necio corazón que entienda que te perdí para siempre? —, meneó su cabeza desesperado y suspiró profundamente.
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Siguió mirando el camino mientras su mente continuaba siendo asaltada por hermosos recuerdos de la bella rubia que le producían un agudo dolor. George solo se limitó a mirarlo con pena, iba hacer un largo viaje…
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Al llegar a su mansión de New York por la noche después de haber visitado la oficina, Albert fue a saludar inmediatamente a su esposa. Ella lo miró indiferente; ambos se trataron como lo que eran, dos perfectos desconocidos unidos simplemente por un embarazo. Cuando él entró a su recamara para hablar con ella; fueron sólo saludos cordiales, nada más.
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— Pensé que regresaría inmediatamente después de la boda —, comentó ella sin ninguna alegría mientras se llevaba a la boca un panecillo. Albert la miró sin emoción mientras la observaba atento. Diane estaba en la cama, vestía una hermosa delgada bata de seda, muy atrevida para su embarazo, su cabello estaba elegantemente peinada y cuando se había acercado a saludarla sintió un agradable perfume en la estancia, sus pequeños labios llevaban un rojo carmesí que la hacían ver muy atractiva. Albert la miró extrañado, se veía muy arreglada para estar en cama, pero inmediatamente desecho el pensamiento probablemente su esposa solo quería verse guapa aun en su estado de gravidez.
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— Tuve cosas que atender, por eso no regresé de inmediato. ¿Cómo te sientes? —, le contestó automáticamente sin ninguna emoción, ella le dedicó una mirada larga de rabia.
— Sola —, Albert fruncido el ceño al escucharla.
—¿Sola? Tienes un ejército de empleados atendiendo. ¿Cómo es que te sientes sola?
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Ella sorpresivamente lo tomó de la mano y se la puso sobre su abultado vientre de ocho meses.
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— Quise decir que te extrañamos —, le dijo irónica.
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Albert al sentir el movimiento del bebé debajo de su mano, sonrió levemente. ¡Su hijo se estaba moviendo! Tras la emoción de sentir a su hijo, se sintió el más miserable hombre del mundo, él pensando en Candy y su hijo estaba creciendo dentro del vientre de su madre, su esposa. Avergonzado por engañar a su esposa con el pensamiento, le dio un beso en la frente y continuó acariciando el vientre abultado de su esposa sintiendo el dulce movimiento del bebé, una sonrisa dibujo el rostro del guapo rostro del patriarca de los Andrew. En ese momento se hizo un juramento, tenía que cambiar por su hijo. Se sentó a su lado, y volvió a besar la cabeza de su mujer quien sorprendida lo acepto, después la beso dulcemente en la boca. La abrazó y le dijo con cariño mientras seguía acariciando el abultado vientre.
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— Te prometo que trataré de estar más tiempo con ustedes —, ella le sonrió enigmáticamente.
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— Tu hijo entiende que su padre es el patriarca del clan y es un hombre ocupado —, Diane extendió su mano para acariciarle la cara — No preocupes —, le dijo con una voz pausada y calmada.
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Albert sintiéndose el hombre más ruin del mundo, sólo sonrió levemente, y le dio un beso al vientre de su esposa.
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— Todo cambiará, te lo prometo —, y la volvió a besar en la boca en un beso que al principio fue tierno, pero terminó en un beso pasional. En ese beso Albert quiso pagar sus culpas que sentía por engañar a su mujer con el pensamiento. Ambos siguieron platicando y besándose toda la tarde.
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Esa noche, Albert a regañadientes regresó a dormir a recámara de soltero, esa noche por primera vez desde que se casara había tenido necesidad de estar íntimamente con su mujer. Albert y ella no habían vuelto a estar juntos íntimamente desde la noche que fue concebido su hijo, es decir desde diciembre, una noche que él aun no podía recordar. El haber podido sentir a su hijo motivó a Albert cambiar su actitud con su esposa, pero Diane le hizo ver que no era necesario. Ella necesitaba descansar y no era conveniente que ellos tuvieran…intimidad por la seguridad del bebé. Nunca habían compartido recámara debido al embarazo de alto riesgo de Diane y a que Albert no le había importado, pero ahora después del matrimonio de Candy y de sentir a su hijo, todo cambiaba. Sin embargo, Diane lo rechazo y aunque Albert se sorprendió al principio lo entendía porque por ningún motivo quería poner en peligro la vida de su bebé. Una sonrisa iluminó la cara de Albert.
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— Es mi hijo…es mi futuro William…mi bebé —, dijo mientras miraba las estrellas desde su balcón. Esa noche se sentía más tranquilo con la vida.
— Papá, mamá gracias donde quiera que están por haberme mandado este hermoso hijo, gracias. Rose, hermanita, ayúdame desde donde estas con Anthony a hacer un buen padre, por favor quiero aprender a ser el mejor padre para esta criatura que viene en camino.
Siguió mirando el firmamento con la firme convicción que sus amados seres lo estaban mirando desde el infinito. Con paso cansado entró a su alcoba, comenzó a quitarse su ropa y se cansado se acostó sobre su cama. Por primera vez en meses se sentía tranquilo. Seguía y siempre amaría a Candy con todo su corazón, pero sentir el movimiento de ese pequeñito en el vientre de su madre había cambiado todo en él. Mirando fijamente al techo, se hizo una promesa.
— Te prometo hijo mío que todo cambiará. Me dedicaré en cuerpo y alma para protegerte y quererte —, sonrió levemente al imaginarse un niño rubio precioso parecido a él corriendo en la mansión. Sí, él iba a cambiar.
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Al día siguiente salió a trabajar después de despedirse amorosamente de su esposa. Diane lo miró asombrada cuando Albert entró alegremente a su habitación y más aún cuando se despidió de ella con un apasionado beso. El joven heredero dejó la mansión con un claro propósito, convertirse en el mejor padre posible, tenía tantas cosas que hacer, pero este día sería diferente. Empezaría primeramente por hacer cambios con su relación con su esposa. Ese día iría a cenar con ella, la sorprendería gratamente con flores. El día transcurrió velozmente entre citas, firmas, llamadas telefónicas y contratos y más contratos.
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Esa tarde salió temprano de su oficina, no informó a su fiel amigo George, simplemente tomó su sacó y salió, tenía tantas cosas que hacer. Subió a su elegante auto e indicó a su chofer que lo llevara a una lujosa mueblería, ahí ordenó los muebles más bellos que le mostraron en varios catálogos para su bebé, su bebé, cada vez que pensaba en su pequeño una inmensa alegría le llenaba el corazón. Salió con una enorme sonrisa sabiendo que aquellos elegantes muebles, cuna y blanco moisés serían enviados tan pronto fueran recibidos de Europa. Antes de salir, Albert entabló comunicación con un afamado arquitecto, el ala izquierda de la mansión seria dedicada completamente para el bebé. Construiría la habitación más bella que su fortuna pudiera construir y cientos de juguetes adornarían ese pequeño cuarto de juguetes que traían en su imaginación. Sonaba despierto con la imagen de su pequeño hijo en sus brazos. ¿Y si era nena? Sonrió, la querría por igual, sería su princesa, la dueña de su corazón.
Indicó al chofer estacionar el vehículo en un lujoso almacén, necesitaba comprar ropita de bebé, la primera que compraría, había sido un terrible padre, ni siquiera se había dignado a comprar unos zapatitos para su hijo. Los empleados le ensenaron todo lo que tenían a la mano y mostraron lo que podrían ordenar para su hijo o hija en diferentes catálogos. Al final se decidió por varios trajecitos que serían llevados por empleados del almacén, pero él personalmente en una pequeña bolsa le regalaría a su mujer unos pequeños zapatitos amarillos tejidos con un fino estambre delgado, sería su primer regalo.
Quiso caminar un rato, aún tenía tiempo para su siguiente compra, quería estirar un poco sus largas piernas, miró un pequeño parque donde varios niños corrían, caminó hacia ellos. Iba tan distraído mirando las parejas de padres con sus hijos que no miró cuando un pequeño cuerpecito se estrelló contra él, era una pequeña chiquilla. Albert con cuidado la ayudó a levantarse, la pequeña niña lloraba quedamente.
— No llores pequeña, todo está bien —, la trató de consolar mientras miraba a su alrededor para localizar a sus padres, de pronto unas arrugadas manos se acercaron a la pequeña que seguía llorando. Albert la observó con atención y pregunto amablemente.
— ¿Es la pequeña su nieta?
Unos ojos cansados de un café oscuro intenso con cabello canoso le dedicaron una sonrisa y con un asentamiento le indicó que sí, la mujer tomó a la pequeña en sus brazos y la arrulló quedamente mientras Albert se disculpaba por el incidente.
— Lo siento, no la mire.
La mujer lo miró a los ojos, Albert la reconoció, era la gitana que una vez le regalara una pequeña muñeca de trapo, tragó saliva, ella serena contestó.
— "Un intenso cambio viene en el camino…serenidad se le pide, justicia existirá en su vida. Sea cauto y será exitoso. Habrá lágrimas y sangre en su vida que no son causadas por su acto. Su rubio amor se ha alejado…años pasarán sin rencuentro, pero al final sus caminos se reencontrarán a través de una terrible desgracia después de años…todo está escrito, nada se puede evitar, el destino de ambos esta unido. Tratar de impedirlo es imposible, no se puede evitar la marea ni detener una tormenta, sea fuerte y sea el soporte de la familia, pero por un tiempo sea solo el observador, ese será su trabajo por años. Vaya a su casa lo espera su destino." —, la extraña mujer esta vez le regalo una rosa blanca y se alejó con la pequeña en brazos dejando a un aturdido y confundido rubio quien aún no salía de su asombro.
— ¿Y esto que demonios fue? —, se preguntó molesto, meneó la cabeza con disgusto, lo que menos quería era la negatividad de una gitana en su vida, ya una vez lo había molestado con sus charlatanerías, arrojó molesto la flor a la basura. Su mujer y su hijo lo esperaba, dio vuelta y regresó rápidamente a su vehículo. El chofer le abrió la puerta y ya dentro le indicó para que lo llevara a una florería, la sorprendería con un bello arreglo floral, aun no terminaba con las sorpresas del día. El elegante negro automóvil se perdió entre el tráfico de la ciudad, mientras una vieja gitana lo miró alejarse, ella sonrió enigmáticamente; el elegante joven iba directo a encontrarse con su destino, le esperaban sorpresas, muchas sorpresas.
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Albert suspiró frustrado aún estaba indeciso en cuales flores eran las mejores para el arreglo floral que quería, las flores que le mostraban tenían una belleza singular. Las orquídeas tenían un color azul extraño y las rosas era de un color rojo obscuro escarlata, se llevó la mano a la boca para decidir, en eso un automóvil pasó por el lugar donde Albert seleccionaba las flores que quería ordenar para el inmenso arreglo floral para regalarle a su guapa esposa. Si él se hubiera volteado los hubiera mirado.
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Dentro de un taxi iba Candy y Archie felices con el tiempo contado, ella iba recostada sobre el pecho de su guapo esposo. Habían tomado el tren el día anterior por la tarde después de abandonar su cabaña. Fue un viaje largo pero lleno de amor entre la pareja que tuvo su propia cabina privada para viajar más cómodamente en el tren. Después de más de 20 horas habían llegado finalmente a New York para tomar el barco por la noche que los llevaría a Europa. Un viaje al viejo continente que los llevaría a visitar varias ciudades en Italia un mes completo; después pasarían viviendo seis meses entre Escocia e Inglaterra por cuestione de negocios de la familia. Candy moría de curiosidad por conocer la ciudad de Venecia.
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Después de pensarlo mucho, Albert se decidió por las rosas, la chica del establecimiento le hizo un hermoso arreglo floral para la esposa de Albert; la verdad era que la chica de la florería mientras preparaba el arreglo floral se lo comía con los ojos. Albert era un hombre extremadamente apuesto y acaparaba la atención de muchas mujeres en cualquier lugar donde se presentará. En realidad, él pudo haber mandar a un empleado a escoger un arreglo floral o pudo haber enviado a la mansión un elegante arreglo floral, pero Albert había decidido cambiar y convertirse en el esposo ideal de Diane y ser un padre ejemplar para ese bebé que venía en camino. Ya no rechazaba al bebé; el movimiento dentro del vientre de su esposa movió fibras que no sabía que tenía. Tal vez era el comienzo de algo hermoso para él y su familia.
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Ese día decidió salir más temprano de lo que acostumbraba de su oficina para sorprender a su esposa. Nunca lo había hecho antes siempre llegaba a media noche para no verla, pero hoy sería el principio de una nueva relación, hoy comenzaría una nueva etapa en el matrimonio Andrew.
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Cuando llegó a la mansión los empleados lo miraron preocupados, todos palidecieron al verle. El mayordomo blanco como una cera por el susto de verle temprano, le preguntó si le informaba a su esposa de su llegada. Albert le indicó que no ya que él quería darle una sorpresa, le dio el ramo de rosas y sin darle tiempo de decir nada, rápidamente Albert subió las escaleras con la pequeña bolsa de regalo en sus manos.
Si Albert hubiera puesto un poco más de atención, quizá se hubiera dado cuenta del comportamiento raro de sus empleados y hubiera sospechado que algo raro pasaba. Tal vez se hubiera dado cuenta del automóvil estacionado en la mansión, pero Albert venia tan distraído que ignoró todo. Solo quería tocar nuevamente el vientre de su mujer para sentir al bebé y darle su primer regalo a su hijo, los primeros zapatitos de su padre.
Llegó sin hacer ruido a su alcoba para cambiarse rápidamente, pero de repente se le ocurrió entrar por una sala que compartía el cuarto principal con su cuarto de soltero; tenía una puerta secreta, la iba abrir, pero sonrió cuando se dio cuenta que era una tontería.
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—Albert no seas imprudente. ¿Qué tal si ella se asusta, y dañas al bebé? —, pensó mientras sonreía y se auto regañaba.
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Dejó de agarrar la manija de la puerta cuando de pronto escuchó una voz masculina dentro del cuarto; su sorpresa fue mayúscula. ¿Había un hombre en la recamara con su mujer? Eso no era posible ¿o sí? Pero inmediatamente se tranquilizó al pensar que tal vez era el padre de Diane que había venido a visitarla. Sin embargo, algo en su interior le indicó prudencia. Se acercó a escuchar y lo que escuchó lo dejó helado.
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— Sí amor, te amo. Ya no lo soporto. Dos semanas más y nace nuestro hijo.
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Continuará
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"Bajo La Luz De La Luna." Mi primera historia en fancfiction, un Anthonyfic.
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"Stear: Reflexión Al Amor Perdido." Es una mini historia de dos capítulos escrita para celebrar su cumpleaños.
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"La Carta." En un Archiefic escrita para celebrar su cumpleaños.
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Agradecimientos
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Gracias a todas las personas por su apoyo, mensajes y tiempo.
Espero que disfruten el capítulo. Por favor no se enojen por lo que pasa en el capítulo por favor es solo una historia, una simple historia. Todo es parte del argumento y todo tiene un propósito para lo que sucederá en la historia. Un saludo y abraso a todas. Nuevamente disculpas por el atraso, espero que lo largo del capítulo disculpe mi tardanza 😊😊😊😊
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Gracias todas personas que me regalaron comentarios, a todas las que han agregado mi historia a su lista de favorita y a su lista de alertas, a todas las que han agregado mi nombre en la lista de autores favoritos y a su lista de alertas, y a todas aquellas que me han leído en forma anónima en el pasado capítulo. Mil disculpas a todas las que me dejaron mensajes y no pude contestarles esta vez, fue por falta de tiempo, pero ya saben que las estimo y les agradezco todo ese apoyo que me regalan. Gracias Maravilla 121 por leer mi borrador, como siempre amiga mía tu ayuda es invaluable, Val suerte en tu examen, espero que tu sueño se haga realidad, Serenitymoon20 espero que sigas recuperándote de tu accidente, y Luz como siempre gracias por ayudarme a corregir mis errores gramaticales, por más que edito se me pasan, te agradezco tu enorme ayuda. Si alguien se me paso, de antemano les pido una disculpa.
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Gracias a todas
Cuídense
