Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.


Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica

Capítulo #39: La decisión de Sally


Su mirada permanecía paralizada ante la presencia del muchacho. Para ella, no existía nadie más en aquella oficina que ella y él. Su inquietud la mantenía suspensa. No lograba esbozar movimiento alguno, palabra alguna. Y es que, ¿cómo reaccionar ante la repentina presencia de quién creería no volvería a ver jamás? Si bien, el verlo era algo que deseaba desde el instante mismo en que sus destinos se habían separado, los días que no tardaron en convertirse en meses, lograron persuadir a Megan de la separación pactada, era coronada por la distancia y el tiempo acumulado.

Pero ahora estaban ahí…

Tras asimilar la presencia de Kaede, la muchacha no tardó en reconocer la frialdad de sus expresiones. Todo parecía indicar que la única conmovida por aquel reencuentro era ella, y nadie más que ella. Y claro, no tardó en recordar el motivo…

— Fue por Newton…— musitó en el inmutable tono de su voz.

— ¿Newton? ¿Qué demonios tiene que ver él aquí?— inquirió molesta.

— Quise ser tu novio, sólo por hacerlo enfadar— explicó— Yo nunca te quise. Sólo te utilicé— aquellas palabras, parecieron ser una aguja que punzante, atravesaba el pecho de Megan.

Y no acababa ahí. La exasperación que causó en Eddie el extraño comportamiento de Kaede, hizo que este saliera decidido a enfrentarle, por lo cual la muchacha quiso detenerlo, sin embargo, lo único que consiguió fue sepultar la minúscula esperanza que guardaba al ver a Kaede besando a otra.

Tras recordar esto, pareció volver en sí. El agolpamiento de los latidos en su pecho, la impulsiva necesidad del drenar de lágrimas por sus ojos y la congoja que sentía al revivir aquellos recuerdos en contraste con la inmutable actitud del muchacho, le hizo despertar.

— "Soy una estúpida"— reflexionó mientras negaba con la cabeza, tras lo cual se apresuró en abandonar el lugar.


— Esto es algo que pocos saben, así es que te pido discreción. Los resultados que ha tenido Shohoku han logrado que una universidad me quisiera en su equipo. Así es que, iré a la Universidad en Saitama.

Aquellas palabras atormentaban la mente de la muchacha reproduciéndose una y otra vez aquel diálogo tan definitivo, y que no tenía vuela atrás.

— Ya para nadie es un misterio que quiero jugar basquetbol y recuperar el tiempo que desperdicié— comentó mirando la nada— Es por eso que decidí permanecer durante el campeonato de inverno, siendo que todos los de mi grado se retiraron para preparar los exámenes de ingreso a la universidad. Mi deseo era que algún equipo se fijara en mí, y lo conseguí. Es por eso que no puedo desperdiciar esta oportunidad— explicó ante una silenciosa Haruko.

Hisashi le dirigió la mirada, solo para comprobar el desánimo de la joven.

— Durante estos años, mi atención solo había estado puesta en el basquetbol y en mis amigos mientras no jugué. Las chicas, para ser honesto no me importaban en lo más mínimo. Es por eso que no supe cómo reaccionar ante tus sentimientos. Creo que desde hace ya bastante tiempo, a las chicas no les inspiro más que miedo. Pero no fue así contigo, al contrario, parecías confiar en mí. No me juzgaste por lo que fui. Y eso fue algo que me costó entender, es por eso que me desesperabas. Tengo que darte las gracias.

La muchacha levantó tímidamente la mirada para encontrarse con la de Mitsui.

— En unos días me iré a Saitama para ver dónde viviré y buscaré un empleo, y no regresaré con frecuencia, y es probable que me tome algunos meses venir a Kanagawa. Es por eso que tengo que decirte que no puedo comprometerme a nada. Tenía que decírtelo antes de irme, no querría que te enteraras por terceros. Y me gustaría que pudiéramos ser amigos.

Un nudo parecía abultarse en el pecho de la joven. Una nueva partida se añadía a la lista de desilusiones de Haruko. Solo que esta vez, sus sentimientos eran correspondidos, lo cual hacía aún más dolorosa la separación. Y no solo eso, sino que además, ahora le pedían su amistad.


El muchacho caminaba ahora en solitario por los pasillos de aquella preparatoria. Ensimismado andaba a paso de anciano, recordando el encuentro con la muchacha. Y lo perturbante que había resultado aquello para él. Si bien Kaede Rukawa no era la persona que exteriorizara con mayor facilidad sus emociones, había alguien que le conocía a fondo, para quien no era un reto saber en qué estaba pensando su hijo.

— Bueno muchacho, es realmente una lástima que decidieras retirarte, realmente te queríamos en nuestra preparatoria— expresó el director— Ahora debes firmar tú y tu padre esta acta de renuncia para dar por finalizada tu matrícula en Los Ángeles School— añadió extendiendo unos documentos, instantes en los que la mirada de Kaede permanecía fija en el suelo.

— Hijo, debes firmar— indicó su padre, sacando de sus cavilaciones al muchacho.

— Si— respondió mientras volvía en sí.

— Hijo— susurró su padre— Si no quieres hacerlo…

— Necesito salir— interrumpió al señor Rukawa mientras se ponía de pie.

Ahora iba por los pasillos, desalentado ya que no había conseguido dar con la joven. En su lugar, se encontraba con alguien más.

— Kaede Rukawa ¿eres tú?— una voz femenina le sacó de sus cavilaciones.

El muchacho volteó en dirección de quien le hablaba. Al reconocer en el rostro de la mujer a Bianca, frunció levemente el ceño y continuó su camino.

— ¡Oye, espera!— expresó mientras se interponía en el camino del chico.

— Qué quieres— masculló Rukawa con fastidio, pues no olvidaba los problemas que había generado entre él y Megan; además de haber sido cómplice de Billie para que fuera expulsado del club de básquetbol.

— Sé que no debes ni siquiera querer hablar conmigo. Pero quiero pedirte perdón por lo que provoqué entre tú y Megan, de verdad lo siento— manifestó la muchacha con la cabeza inclinada.

Kaede sin manifestar quebranto en sus ánimos, continuó su camino.

— ¡Oye!— prorrumpió la muchacha mientras se apresuraba en alcanzarlo.

— Ya déjame en paz— contestó adusto. Y no se volvió a detener.


El día había acabado para ella. Encendió la luz de su habitación oscurecida por la sombra nocturna. Se dejó caer exhausta sobre su cama, de la misma manera que dejó caer sus párpados apagando transitoriamente su rostro. Sumida en el placer del reposo, disfrutaba el silencio imperante, a la vez que en su mente se reproducían rápidas imágenes de lo vivido en el ajetreo diurno. Desde la monotonía de las clases en la universidad, hasta la premura de sus labores voluntarias en el hospital de Kanagawa. Todo ello, observado con la serenidad del reposo, aquello le hizo dibujar una sonrisa de satisfacción en su rostro. Aquel ademán parecía ser parte de la identidad de los Mitsui. Pues durante los partidos, se podía reconocer aquella misma expresión en su hermano menor tras haber realizado algún tiro con feliz arribo.

Sumida en sus pensamientos, tardó en advertir que un sonido familiar para ella, perturbaba el silencio imperante. En cuanto lo notó, volteó su mirada curiosa en dirección a su ordenador, se reincorporó sobre la cama y dirigió hasta él.

"Usted ha recibido un nuevo mensaje"

Ingresó al mensaje de forma rutinaria, pues para la muchacha no era novedad el comunicarse por aquel medio, a pesar de lo poco difundido que se hallaba. Sin embargo, su asombro fue abismal al leer el nombre del emisor.

Eddie Hoffman…


La muchacha se encontraba de regreso en casa. El reencuentro con Rukawa había logrado perturbarla de tal manera, que no concebía la posibilidad de permanecer en clases el resto de la jornada. Al ingresar a la vivienda, percibió el silencio reinante, y el eco del tic tac del reloj. Sus aletargados pasos también resonaban en la cerámica. El silencio parecía querer enrostrarle la soledad en la que se encontraba. Se sentó en el suelo, aferrándose a sus rodillas, sintiendo lástima por ella misma, pues no había nadie para acogerla. Entonces, pudo llorar.

Aquella tarde, después de la agotadora jornada académica, la joven pareja había decidido pasar la tarde en mutua compañía. Para extrañeza del pelirrojo, Sally había decidido que el lugar de encuentro fuera una plaza cercana a Shohoku, y no la misma preparatoria, siendo que compartían salón.

El primero en llegar fue Sakuragi, sus inocentes reflexiones, lo llevaban a imaginar que el misterio de la joven envolvía una pomposa declaración acompañada de la petición de ser novios, a lo cual el basquetbolista respondía a viva voz "Si Sally, claro que quiero ser tu novio", rebosando un embelesamiento que le hacía mezclar la realidad con su ensoñación, lo que no le permitió advertir a sus cercanos espías.

— Mírenlo, parece muy entusiasmado— dijo Okuss.

— Es porque tendrá una cita con Sally— añadió Yohei.

— Yo que él no estaría tan contento…— opinó suspicaz, Noma.

— Yo tampoco, ¡porque recibirá su rechazo número cincuenta y uno!— expresó divertido Takamiya, el resto de sus amigos rieron a coro con estrépito.

Sakuragi volteó en dirección a las carcajadas, entonces descubrió a sus amigos, que ocultos tras unos arbustos reían mientras lo observaban.

— ¡Canallas, qué están haciendo aquí! ¡Solo vinieron a espiarme, ya verán!— expresó amenazante, a la vez que daba algunos pasos vehementes hacia el grupo.

— Hanamichi, ya llegaste— una suave voz tras del chico, lo sacó de su furia, la cual mutó por repentino rubor en sus mejillas.

— Sally— susurró atontado, a la vez que sus amigos, hábilmente se ocultaban en los arbustos.

— Hola Hanamichi— saludó sonriendo amena.


Un paseo en el parque; mucho ramen en el restaurante de Uozumi, sitio que los vio discutir en innumerables ocasiones; y ahora una película en casa de los Rukawa, parecía ser la tarde perfecta que Sakuragi jamás había imaginado pasar con Sally. La muchacha, dueña de un apetito insaciable, no dejaba de engullir la pizza que tenían en frente; Hanamichi que parecía olvidar la película que veían, concentraba con entusiasmo su atención en aquel apetitoso alimento, que además poseía como atractivo extra, el hecho que Sally había sido quién lo había preparado.

— "Esta es la mejor pizza que he probado en mi vida"— reflexionaba lloriqueando.

Sally, que a su vez comía por inercia, a la vez que concentraba su atención en la película, quiso tomar un nuevo trozo, sin despegar la vista del televisor. Sin embargo, su precisión falló: Las mejillas del pelirrojo se tornaron repentinamente carmesí, y evadiendo repentinamente con la mirada, lo que su mano accidental, pero afortunadamente acariciaba. La muchacha por su parte, sintiendo un leve rubor en sus mejillas, quitó con sigilo su mano que era abarcaba por la de Sakuragi.

Intuía que aquella acción, constituiría la introducción del motivo por el cual había citado al pelirrojo. De tal manera, pareciendo olvidar de súbito el entusiasmo que sentía por el alimento que consumía, y se puso de pie, para solicitar a su acompañante que la acompañara a un parque.

La brisa hacía danzar con sutileza los finos cabellos castaños de la muchacha. El pelirrojo mantenía su mirada avergonzada pegada al suelo. Su sentido común le decía que algo importante quería decir la chica, por lo cual permanecía expectante a lo que oiría.

— Hanamichi— dijo volteando su rostro hacia su acompañante.

— Si— masculló este alerta.

— Honestamente me cuesta un poco hacer esto. No estoy acostumbrada a decirle a un chico lo que tengo que decirte.

Detrás de los arbustos, Okuss, Yohei, Takamiya y Noma escuchaban atenta y curiosamente a la muchacha.

— Pero Sally no seas tímida, di lo que sea estamos en confianza— pronunció sonriente el pelirrojo, intentando alentar a la joven a hablar. Esta sonrió desganada.

— Hanamichi, no sé muy bien cómo fue que pasó. Siempre te consideré un buen amigo, pero nada más. Sin embargo, el haber podido conocerte más allá del chico buscapleitos que todos conocen, me di cuenta que…

Los amigos de Sakuragi escuchaban incrédulos a la mejor de las Bruce.

— Hanamichi, yo te quiero— pronunció con voz cortada y su rostro notoriamente coloreado.

— Sally— masculló impresionado el basquetbolista, a la vez que el gundam desbordaba su entusiasmo ante el diálogo— Yo… Yo también te quiero… Y mucho— dijo angustiado, tras lo que atrapó entre sus brazos a la muchacha. Esta bajó la mirada y sin corresponder al gesto del muchacho, buscó con sutileza liberarse de los brazos que la apresaban.

— Pero como ya te dije, hay más cosas que me hacen regresar a casa, y es por eso que solo podemos ser amigos.

— "¿Qué?"

La súbita estupefacción de Sakuragi reanimaba a la desesperanza. Y es que su felicidad había durado tan poco. Un día la chica le pedía que no se alejara, lo cual había acabado con la desilusión de una nueva no correspondencia, dando paso a la alegría y entusiasmo que lo había hecho alucinar con distintas aventuras con aquella chica. Y aquello había alcanzado su zenit al escucharla decir que lo quería. Su júbilo le hizo abandonar la timidez que lo caracterizaba en aquellos asuntos que involucraban chicas, para lanzarse a sus brazos para declararle abiertamente su amor. Su corazón latía con descontrol, ni el partido que haya generado su mayor exhausto había generado tal adrenalina en el basquetbolista. Pero tampoco su momento de mayor flaqueza había generado tal sensación de ausencia de latidos, como aquel momento en que la muchacha presentaba el oscuro porvenir de aquella relación.

"Hay más cosas que me hacen regresar a casa, y es por eso que solo podemos ser amigos".

Amigos. El único motivo que había conocido hasta entonces Hanamichi para no ser novio de una chica, era la no correspondencia. Sin embargo, la distancia era algo nuevo para él, algo que no era capaz de comprender. Y menos aún, que ella no lo quisiera cerca, aunque afirmara quererlo.

—Hanamichi, de verdad lo lamento. Me gustaría que las cosas fueran distintas, pero necesito a mi padre y a mi hermana. Y ellos también me necesitan.

— ¡Yo te necesito más!— clamó mientras rodeaba a la muchacha con aprehensión. La joven, con sutileza se zafó de Sakuragi.

— Perdóname, es lo único que te pido— solicitó cabizbaja, conteniendo su pesar, para luego zafarse sutilmente de los brazos de Hanamichi.

Lo que siguió fue un mutismo. Mientras la chica esperaba una respuesta de su amigo, ante su petición; este, meditabundo intentaba reconciliarse con la sentencia de Sally.

— ¿Cuándo te irás?— inquirió, sintiendo su aflicción anudada en su garganta.

— En unos días, en cuanto demos el último examen— confesó.

— Eso es en dos días— expresó con desorbitado asombro. La ojiverde bajó afligida su mirada.

— Por favor, Hanamichi, necesito que me perdones. Si no lo haces, no podré irme feliz— manifestó suplicante, mientras su voz se quebraba.

El chico, sin poder abandonar su ensimismamiento, veía como su mundo se caía a pedazos. Sally, desde ya hace meses se había vuelto su adoración. Todo su mundo parecía girar en torno a ella. Cuando sintió su inicial rechazo, creyó haber recibido una brutal puñalada; luego, cuando ella, un día antes, de la nada lo citaba en el muelle para suplicarle que no se alejara, para luego un día más tarde, ¿decirle que se iría de Japón? Hanamichi no solía hacer grandes reflexiones, es más, muchas de ellas caían en la ingenuidad de un infante que desconoce las limitantes que abundan en el mundo. Sin embargo, las actitudes tan divergentes, unas con otras, manifestadas por la ojiverde, no hicieron más que alterar sus ánimos.

— ¡Jamás, Sally! ¡Esto no te lo perdonaré nunca!— prorrumpió con su rostro ardiente, producto de la vesania que le implicaba protestarle a la chica de su adoración. Sin esperar más, salió corriendo del lugar, dejando a la muchacha, sumida en un profundo desconsuelo.


Sus taciturnos orbes celestes se abrieron con desgano, al cabo de unos instantes cayó en cuenta que había caído presa de un sueño profundo sentada en el primer peldaño de la escalera que conducía al segundo piso. Se puso de pie con pereza, iniciando una lenta marcha hacia la sala de estar, lugar donde notó el parpadear de la contestadora del teléfono, de mala gana caminó hasta ella para escuchar los mensajes.

Mensaje 1:

"Hola hermana, te estuve llamando pero no contestaste, así que decidí dejarte un mensaje. No sé si esto te importe, pero Kaede viajó a Norteamérica para renunciar a su beca. Te lo anuncio para que no te lo encuentres de sorpresa si es que no quieras verlo. Te quiero mucho, adiós".

— Pudiste recordarlo antes— monologó sarcástica.

Mensaje 2:

"¡Oye Megan, pero qué le sucede a Kaede! Ayer me lo he encontrado en Nueva York y me dijo que no le habías dicho nada sobre mí. Te pedí que le dieras mis disculpas y no lo hiciste. Estoy muy molesto, de veras. Soy Billie Newton".

La muchacha solo rodó los ojos con fastidio.

Mensaje 3:

"Hija, logramos que las negociaciones terminen una semana antes, así que dentro de dos semanas estaré en casa. Te amo, te llamaré por la noche, adiós".

— Al fin una noticia en su momento.

Mensaje 4:

"Hola hermana, ¿sabes? Acabo de estar con Hanamichi. Le dije que regresaré a casa en unos días (creo que en este momento también te lo estoy contando a ti). Honestamente, siento mi corazón dividido. Una parte de mi quiere ir a casa, para estar contigo y con papá. Pero hay otra que quisiera quedarse en Japón. Akira es un gran hermano, y Hanamichi pues… me ha conquistado, no sé cómo pasó, pero solo quiero estar cerca de él, siento que lo necesito. Y a la vez que él me necesita a mí.

¿Sabes? Él me ha contado que su padre sufrió un infarto, y que él corrió a pedir ayuda a un hospital, pero unos vándalos con los que había tenido un pleito lo golpearon dejándolo inconsciente. Se siente muy culpable, pues su padre no lo soportó y murió. Hasta el día de hoy se recrimina el no haber podido ayudarlo. Eso me hace sentir aún más tener que partir, pero bueno, la decisión ya está tomada. Discúlpame por contarte todo esto por mensaje de voz, pero la verdad es que no podía aguantar sin contárselo a alguien. Te quiero, Sally.

—Parece que abrió los ojos, no habló de Nanami— suspiró con alivio.

En dicho momento, alguien demandaba atención a través del timbre de la vivienda. La muchacha, con fastidio caminó rumbo a la puerta en medio de gruñidos. Restringido fue su entusiasmo al reconocer al visitante.

— "Tan inoportuno como siempre"— pensó rodando sus ojos.

— Hola— saludó amigable, Sawakita, depositando un cariñoso beso en una de las mejillas de Megan.

A la distancia, como si de un simple espectador que de forma inactiva presencia los acontecimientos, lleno de asombro e impotencia, era testigo de lo que ocurría, Kaede Rukawa.


MUCHAS GRACIAS POR LEER :D

Reviews:

Jorge 4: Hola amigo : D , me alegra que te haya gustado el capítulo, he aquí el penúltimo capítulo. Espero sea de tu agrado. Muchísimas gracias por comentar. Saludos a la distancia : )

angelicacuario: Hola! Es bueno saber que te ha gustado el capítulo, aquí dejo la continuación. Saludos : ) !

dm99: Hola! me alegra saber que fue de tu agrado, en este capítulo encontrarás algunas respuestas. Saludos y gracias por comentar.

Guest: Hola! Aquí dejé un nuevo capítulo, espero te guste, saludos y gracias por leer :D