Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.


Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica

Capítulo #40: Un humano más


Los primigenios indicios de la nueva jornada, comenzaban a aflorar. La naciente luminaria matutina lo relataba mientras se colaba de forma imprudente por una ventana. Para el muchacho que se hallaba recostado en su transitoria habitación, aquello no contrariaba sus voluntades. Pues, sin necesidad siquiera de batallar contra las propiedades seductoras de la noche, se mantuvo inmutable, preso del insomnio. Y es que, atrapado en sus interminables cavilaciones, que tenían como tópico los acontecimientos recientemente vividos, en su mente se reproducía una y otra vez aquella imagen: el rostro blanco, cubierto por aquella larga y negra cabellera, y adornado por aquellos ojos celestes; junto a todos aquellos detalles que alguna vez pudo ver desde tan cerca, y que ahora observaba discretamente desde la distancia.

Primero, un sentimiento de nostalgia, debido a la cercanía con que pudo antes tenerla, en contraste con la tan extensa distancia que los separaba ahora, fue lo que experimentó en su interior.

Sin embargo, una nueva imagen se añadía a la de la joven: Aquel muchacho, que se había convertido en uno de sus más acérrimos rivales en la duela, ahora irrumpía también en su universo emocional. Eiji Sawakita, ahora completaba entrometidamente el cuadro, dejando en el rostro de Megan, la huella de sus labios. Ahora a aquella nostalgia, Rukawa añadió el deseo exacerbado de apartar a aquel intruso, que hacía que aquella lejanía física entre él y Megan, se volviera también sentimental.

Cuando Kaede decidió alejarse de la muchacha, jamás pensó en la posibilidad de que ella lograría olvidarlo con tanta facilidad, y mucho menos que el motivo fuera otro chico. Cierto sentimiento de traición surgió en el basquetbolista. Traición que por cierto, no habría ocurrido si él no hubiera decidido desaparecer de su vida de forma tan estrepitosa, violenta.

¿Qué otra reacción podría esperar? Si al fin y al cabo, los argumentos entregados por Kaede a la hora de poner fin a su lazo con Megan, no harían más que generar el desprecio automático por parte de la muchacha. A pesar de ello, una parte de él, deseaba a gritos que ella lo adivinara, que lo conociera lo suficiente para negarse a creer lo que él le decía.

Pero no fue así…

Una nueva duda aparecía en su mente ¿Realmente debió decidir volver a Japón? ¿No ser honesto con Megan? Si hubiera optado por ello, seguramente estarían ahora juntos, sin embargo las cosas estaban de este modo, y aquello le había ayudado a darse cuenta de lo superficial del sentir de la muchacha. Entonces encontró de forma autónoma la respuesta.

No.

Una emergencia del director de la preparatoria había retrasado su diligencia, era así como su estadía se prolongó por dos días. Solo quería que las horas avanzaran de prisa, para finiquitar aquel episodio de su vida y regresar a Japón, y dejar atrás todo aquello que allí había encontrado.


Su mirada exploraba mendicante a lo largo de las instalaciones. En medio de la muchedumbre y el bullicio, lo buscaba a él. Y es que una ligera esperanza le hacía creer que, a pesar del tono grave que invadió la atmósfera en su última conversación con Sakuragi, él llegaría al aeropuerto para despedirse. No sabía nada de él desde aquel día. En los días restantes, no apareció en la preparatoria, y es por ello, que buscando de forma desesperada la reconciliación con Hanamichi, Sally le envió a decir con Yohei en qué vuelo se marcharía.

"Atención: Se solicita a los pasajeros del vuelo con destino a Estados Unidos de Norteamérica, comenzar a abordar el avión"

La voz por altoparlante pareció ser ignorada por la ojiverde, que insistía en su búsqueda.

– Sally– la interpeló una voz junto a ella– Sally– insistió al no encontrar contestación. Esta, distraída volteó en dirección a su acompañante– Debes abordar– anunció sonriente.

La muchacha echó un vistazo al reloj, el que marcaba las diez y cuarenta de la mañana.

–En el siguiente llamado iré, hermano– contestó sonriendo vagamente.

–Está bien– musitó comprensivo. Y es que, no debía ser un genio para saber qué era lo que tan afanosamente buscaba su hermana– "Espero que aparezca, o sino ella se llevará una gran decepción"– reflexionó el muchacho.

Los minutos siguieron transcurriendo, y las esperanzas de la muchacha comenzaron a decaer. Sus ojos, sintiendo el naciente peso de la decepción, comenzaron a tomar una expresión novel de desolación. Su atención ahora se posaba en los transeúntes del lugar. Personas, que eran recibidas con regocijos por sus cercanos eran la cara alegre del sitio; mientras que el tono emotivo era donado por aquellos que en medio de lágrimas se despedían para emprender el vuelo. A pesar de la oposición emocional entre unos y otros, todos poseían algo que Sally no: la compañía de todos aquellos a quienes quisiera atrapar entre sus brazos para brindarles un último adiós. Solo Akira estaba con ella. No es que menospreciara su presencia, al contrario, su hermano era alguien a quien con quien en todas las circunstancias quisiera tener cerca de ella, solo que…

Necesita a Hanamichi.

Un segundo llamado solicitaba el abordaje del avión. Esta vez no pasó desapercibido para la joven, quien al instante inclinó su rostro con un suspiro desalentado. Una mano fraternal de su hermano se posó en su hombro derecho. La muchacha volteó al instante encontrándose con la mirada afable de Akira.

–Ya es hora– sentenció. La chica asintió ocultando su rostro– Él no vendrá– añadió suavemente.

A pesar de la sutileza de la voz de su hermano, aquellas tres palabras parecieron contener la letalidad y objetividad suficiente para desmoronar cualquier ápice de esperanza en la muchacha, lo cual quedaba relatado en el espontáneo torrente de lágrimas que solidariamente se deslizaba por su rostro. Sendoh, conmovido con el sentir de su hermana le contuvo acariciando su espalda mientras la abrazaba.

– Quizás lo olvidó, Sakuragi es un sujeto extraño, no me extrañaría de su parte– comentó a modo de consuelo– Todo está bien– añadió acariciando su cabello.

Tras algunos instantes, alejó a la muchacha lo suficiente como para verla a los ojos, sonrió amable, secando las lágrimas que adornaban tristemente su rostro.

̶ Debes prometerme que estarás bien– pronunció con aquel temple que le caracterizaba, la muchacha asintió débilmente.

"Último llamado para abordaje de vuelo con destino a Estados Unidos de Norteamérica"

̶ Ahora sí, llegó la hora—̶ pronunció la muchacha aclarando la garganta mientras daba un profundo y determinante suspiro— Te extrañaré, hermano— expresó lanzándose ahora con ahínco a los brazos del muchacho.

̶ Y yo a ti, Sally— correspondió acariciando la espalda de la muchacha– Pero ya no llores por mí – bromeó. Sally lo observó, encontrándose con aquel rostro tan hospitalario, que desde el primer instante la había acogido de manera tan fraternal en aquel país desconocido. Siempre otorgándole la paz que necesitó en los momentos en que más lo había necesitado, y hoy, ante la alerta de un nuevo sucumbir emotivo, nuevamente se hallaba ahí para tranquilizarla. Esta vez, Sally sonrió serena, tal como se lo inspiraba su hermano.

—Te quiero mucho, Akira.

—Yo también te quiero a ti, Sally— correspondió.

—Prométeme que no me olvidarás, hermano.

—Claro que no— respondió riendo tiernamente ante el absurdo planteado por la ojiverde.

—Estaremos en contacto ¿verdad?— inquirió ahora.

—Por supuesto, siempre querré averiguar cómo están mis hermanas— expresó afable.

—Te quiero— repitió abrazando nuevamente con fuerza a su hermano. Este solo acarició los cabellos de Sally, sonriendo calmo.

—Ya es hora— pronunció sutilmente, Sendoh.

La muchacha asintió e inició el camino que la conduciría a la zona de abordaje. Un último vistazo a la muchedumbre, otro a su hermano, entonces continuó su camino.

Uno, dos, tres pasos. Su mirada inclinada y reflexiva se posaba vacía sobre su propio andar. El balance de su estadía en Japón no era del todo positivo. Entre sus decepciones estaban el motivo mismo que la llevó hasta allí. Pues su madre, a quien tanto había anhelado conocer y manifestar su apoyo y disposición a perdonarla, no había hecho más que mantenerse estática ante la presencia de la muchacha; por otra parte, pudo notar que se hallaba distante de su hermana en el momento menos propicio; descubrió el sentimiento de soledad que ella misma padeció ante la distancia de su padre y su hermana, que siempre fueron su soporte cuando más los necesitaba; pero lo que más lamentaba mientras surcaba aquel trayecto, era el desenlace que había tenido la amistad más afectiva que había construido durante su estadía en Kanagawa.

De aquella tan noble amistad, solo quedarían los vestigios que anidaba el recuerdo, que se renovarían a diario en el corazón de la joven a través de la añoranza, solo eso. El muchacho había demostrado su determinación de no querer saber nunca más de ella, su manifestación de desacuerdo, tan disonantes con la docilidad de carácter que había demostrado con Sally, le hicieron creer por completo en su sentir, pero su ausencia en su despedida, lo confirmaba…

—Sally— una voz angustiada tras de él la hizo voltear de súbito.

—Ha…— la muchacha balbuceó incrédula, mientras observaba al ahora ruborizado y apenado muchacho que acariciaba su propia cabellera con sumisión -Creí que no vendrías- susurró sorprendida.

—Yo…— pronunció vacilante el muchacho— Por favor, perdóname, Sally, yo estoy muy arrepentido y…

—¡Hanamichi!— exclamó destellando júbilo—¡Gracias! ¡Gracias!— repitió mientras atesoraba con ansiedad entre sus brazos al muchacho. Este aún ruborizado, volvió a acariciar su cabeza, apenado ante las demostraciones de la muchacha- Creí que no te volvería a ver y que no me perdonarías- expresó con desespero, mientras un nuevo golpe emotivo, la hacía derramar aquellas lágrimas que había reprimido tan angustiosamente.

—Sally susurró reflexivo. Al fin comprendía lo valioso que era para la muchacha, jamás había sentido esa estimación desde la muerte de sus padres, desde entonces, él mismo debía otorgarse la plusvalía que nadie parecía ver en él, sin embargo, ahora era aquella muchacha, quien le brindaba aquella sensación de "utilidad" para otro. Sin duda ella lo necesitaba. Él también la necesitaba, pero feliz. Si intentaba retenerla, sin duda no haría más que hacer que no se realizaran los deseos de la muchacha de estar cerca de su familia, es por eso que, por primera vez en su vida, se atrevía a renunciar a alguien, con serenidad, con la satisfacción de que el ser amado sería feliz.

—Debes abordar— dijo el pelirrojo, sonriendo tranquilo.

—Sí— contestó desalentada la muchacha- Adiós, Hanamichi.

—Adiós, Sally— correspondió la despedida.

La muchacha, con sutileza, estampó un dulce beso en la mejilla del pelirrojo, quien sintió su rostro arder ante el contacto. Entonces, ella volteó, continuando su camino hacia el abordaje, perdiéndose entre la muchedumbre.


Para ella comenzaba otra jornada. Ya habían pasado tres días desde su encuentro con Kaede, y a pesar de lo insufrible del acontecimiento, logró continuar con su rutina. Algo desganada se levantó de la cama, una rápida ducha, un vaso de leche y algo de pan. Listo. Ahora a paso de anciano, caminó hasta la puerta, una brisa nada acogedora le dio la bienvenida al exterior, como reacción involuntaria, un incontenible escalofrío recorrió su cuerpo. Ahora cayó en cuenta del frío clima que hacía. El cielo pintado de gris y el silbido del viento lo relataba. Después de un rápido examen a la atmósfera que la envolvía, dio un descuidado suspiro, que pudo apreciar en el aliento cálido que en contacto con la gelidez dominante, se volvió vapor.

Inició su desazonado camino a paso calmo. El camino que surcaba en solitario, le permitió sumergirse en su reino interior, donde le daba la bienvenida el recuerdo de Rukawa, evocación que no hizo más que generar desasosiego en sus ánimos. Fue así, que intentando apaciguar su padecer, atrajo a su mente la imagen de su hermana. Lo primero en que pensó, fue la proximidad de su arribo a casa. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios.

– "Ya debió salir su vuelo"— caviló.

Lo siguiente fue lo repentino que consideraba su decisión de regresar. Sabía que los extrañaba a ella y a su padre; pero su determinación en ir hasta Japón, le hizo estimar una estadía más prolongada de su hermana en el país nipón.

Se preguntaba ahora si habría tenido algún problema que pudo motivar su deseo de regresar. Sin embargo, rememorando su llamada telefónica donde anunciaba su regreso no daba indicio alguno de ello.

– "Bueno, ya habrá tiempo para averiguarlo".

Ahora pensaba en Sakuragi, el recuerdo del peculiar pelirrojo no hizo más que lograr dibujar una sonrisa divertida en el rostro de Megan. A pesar de lo efímero de su paso por Kanagawa, pudo apreciar en el muchacho un alma noble y espontáneo, lo cual lo transformaba en alguien confiable, pues sus actos parecían no estar determinados por segundas intenciones. Quizás esa era la carencia en Kaede, maquinaba sus acciones, todo en él era parte de algún proyecto. Así ella lo había considerado tras lo argumentado por el muchacho para acabar con su relación. Y es que el deseo de fastidiar a Billie Newton utilizándola como instrumento de irritación era la prueba máxima de ello. Pero ¿por qué esperar a regresar a Japón para decírselo? Y ni siquiera eso, sino que fue Megan quien debió cruzar el océano para recibir aquella sentencia. Por otro lado, notaba como su apasionamiento por el básquet que tanto había demostrado en su estadía en Norteamérica no era más que un capricho, ya que, con tal de no volver a cruzarse con la muchacha, había renunciado a su beca en aquel país. Todo en el no había sido más que una mentira. Si su madre no hubiera muerto, probablemente nada de eso habría ocurrido. Aunque no quisiera admitirlo, por el egoísmo que denotaba su evaluación final, reconocía en el deceso de la mujer la posibilidad de poder descubrir cómo era realmente Kaede y así poder evitar involucrarse más.

Al recordar el lamentable acontecimiento, las palabras de su hermana con respecto a la muerte del padre de Sakuragi se volcaron por inercia en su mente.

"¿Sabes? Él me ha contado que su padre sufrió un infarto, y que él corrió a pedir ayuda a un hospital, pero unos vándalos con los que había tenido un pleito lo golpearon dejándolo inconsciente. Se siente muy culpable, pues su padre no lo soportó y murió. Hasta el día de hoy se recrimina el no haber podido ayudarlo. Eso me hace sentir aún más tener que partir, pero bueno, la decisión ya está tomada. Discúlpame por contarte todo esto por mensaje de voz, pero la verdad es que no podía aguantar sin contárselo a alguien. Te quiero, Sally".

– "¿Culpable?"

Aquello le parecía absurdo. Hay cosas que no se pueden evitar, posiblemente aunque el pelirrojo hubiera llegado al hospital, su padre habría muerto de todas maneras.

—"Que tontería, sería como si Kaede…"

De súbito interrumpió su andar mientras una avalancha de pensamientos se agolpaban en su mente. Su mirada suspensa ante lo que su mente le revelaba, exhibía aquellos detalles íntimos de sus orbes que ante la serenidad de sus ánimos escondía bajo la distensión de sus párpados.

– ¡Chiquillo estúpido!— gruñó mientras corría a toda prisa rumbo a la preparatoria.


– ¡Señor Lean! ¡Señor Lean! – llamó con urgencia a la puerta – ¡Señor Lean! – repitió ante la nula respuesta, tras lo cual intentó girar la manilla de la puerta, constatando que esta se hallaba impedida por la llave que clausuraba el paso.

– Vaya, creo que el mal clima tiene una culpable, Megan Bruce, hoy no has llegado tarde a la preparatoria – bromeó divertido – ¿ha sucedido algo? – inquirió con cierto dejo de preocupación.

– Señor Lean, necesito que me responda algo… – pronunció jadeante.

– Te veo preocupada ¿es algo grave? – interrumpió inquieto.

– Lo será si confirma mis sospechas – contestó con ansiedad.

– Dime, de qué se trata – expresó extrañado el hombre mientras hacía girar la llave en la manilla de la puerta de su oficina.

– El chiquillo… Kaede ¿Firmó su renuncia? – preguntó con angustia.

–Ah, es eso, que susto me diste – suspiró con alivio – Bueno, él decidió renunciar, aquel día que estabas aquí, el debía firmar su renuncia, pero se fue antes de hacerlo prometiendo volver más tarde, cuando lo hizo yo no estaba porque tuve que hacer algunas diligencias, así que postergamos nuestra reunión para hoy a las once de la mañana- explicó – Creí que te lo contaría el mismo— comentó curioso.

—No— contestó escuetamente— ¿Sabe dónde se está hospedando?— interrogó ahora la muchacha.

—No, pero creí que estaría en casa de tus padres, como lo hizo mientras estudió en nuestra preparatoria— expresó extrañado.

—Entonces hoy a las once, gracias señor— abandonó con premura la oficina, dejando desconcertado al hombre.


Aquí va una vez más. Volví a escaparme de la preparatoria. Creo que con tantas veces que lo he hecho, ya tengo cierta capacidad hasta "profesional" para evadir a los guardias que vigilan los accesos a la preparatoria. Por ahora logro burlar a quienes hacen de barrera, pero en cuanto llegue papá de sus viajes… no quiero ni pensar en las reprimendas que voy a recibir. Bueno, eso no importa, todas mis salidas están justificadas, o al menos algunas de ellas.

Me alejo lo suficiente para no ser sorprendida merodeando por aquí. Y es que a pesar de escaparme, necesito estar cerca. Miro mi reloj, faltan veinte minutos para las once, y ese torpe debe estar por llegar.

Se supone que eso no debería importarme ya, pero ahora que lo sé todo, debo hacer algo al respecto.

Aún no me explico porqué ese chiquillo puede estar abandonando su sueño de jugar básquetbol aquí. Ese ha sido su anhelo desde ya hace tiempo, tuvo algunos inconvenientes al comienzo por la envidia que generaron sus habilidades en el juego, lo cual habla de lo mucho que se ha dedicado a práctica el deporte. De eso fui testigo, ya que a pesar de estar suspendido del club de básquetbol, siguió entrenando en casa.

A pesar de su persistencia, dejó que la muerte de su madre se llevara con su vida sus propios sueños.

Me resulta perturbador ver las decisiones que tomó, sin considerar a nadie para hacerlo. Si supiera como deseo darle una bofetada para hacerlo reaccionar. Es un idiota, y se lo haré saber.

Ahí está, lo veo a la distancia acompañado de su padre. Salgo a su encuentro.

—Señorita Bruce— me nombra el hombre a modo de saludo, sonriendo amable. ¡Cómo es posible que a pesar del parecido físico, la energía que irradian él y su hijo sea tan distinta!.

—Señor Rukawa, que gusto me da verlo— correspondo. De inmediato observo con indiferencia a su acompañante— ¿Cómo estás?— mi voz grave delata el enfado que siento con el chiquillo. Situaciones como estas me hacen confirmar que como actriz moriría de hambre, definitivamente no sirvo para fingir algo que no siento.

—Bien, gracias— saluda con inexpresiva cortesía.

—Dinos, qué haces aquí, deberías estar en clases ¿no es cierto?— claro, ese pequeño gran detalle no podría pasar inadvertido por mucho, y solo hace que acelere en ser reveladas mis intensiones.

—Necesito hablar con Kaede— respondo amable al padre, quien por cierto no tiene la culpa de tener un hijo tan idiota, es más es una víctima más de este idiota que tengo en frente. Dios, no sabe qué éxtasis y confortamiento siento al decirle idiota. Me parece hasta cómico.

—Claro, aún faltan algunos minutos para nuestra reunión con el director, así que no hay problema— responde el hombre por su hijo, quien se muestra obviamente contrariado por ello— Tranquilo, estaremos a tiempo— se dirigió ahora a su hijo— Iré por un café, estaré en la cafetería de la preparatoria— se despidió él.

Quedamos a solas…

Él pega su maldita mirada indiferente al suelo. Como siempre, no deja de evadir. Yo no quito mi mirada irritada de su cara. Quiero que reaccione por sí solo y se digne a verme directo a los ojos. Pero claro, aparentemente no logro inquietarlo. El que me ignore me hace indeseable querer dirigirle la palabra, así que recurro a un método más primitivo y menos afectivo para llamar su atención.

—¿Qué estás haciendo?— me regaña mientras lo jalo de un brazo.

—¿Qué no estás viendo? Nos alejamos de la preparatoria. Me escapé por ti y no dejaré que me descubran— le digo, creo que escucha eso como un reclamo, entonces no tarda en sacar el idiota que lleva dentro.

—Nadie te pidió que lo hicieras— me rebate con esa voz tan malditamente fría que tiene.

—Respuesta típica de alguien como tú— musito rodando los ojos.

—Qué quieres decir con eso— el tono de su voz no me dice nada, gracias a Dios que utiliza las palabras correctas para darme cuenta que me lo está preguntando.

—Tú mejor que nadie lo sabe, no hagas preguntas estúpidas— respondo con fastidio. No sabe la tirria que me inspira en estos momentos.

—Solo quieres hacerme perder el tiempo— masculla volteando para reiniciar su camino a la escuela.

—No te muevas de ahí, chiquillo estúpido— amenazo, él se detiene calmo.

—Ya es hora, debo irme— responde reemprendiendo su camino— Déjame en paz— añade. Creo que en esas simples tres palabras se encontraba el conjuro para hacerme desprenderme de todo aquello que quiero decirle.

—"Déjame en paz"… eso resume tu filosofía de vida, o qué- comienzo— Claro, "no necesito tu ayuda", "esto puedo resolverlo solo", "Déjame en paz" ¿Esa va a ser tu maldita manera de comportarte toda la vida, Kaede?— continúo, viendo con exasperación que el chiquillo sigue caminando, ignorándome totalmente. Me acerco con impaciencia, tomo vehemente su brazo y lo jalo para que me mire a los ojos— ¡Quítate ese estúpido complejo de autosuficiencia!— clamo fuera de mi. Por primera vez, él me observa sorprendido, parece no ser capaz de articular palabra alguna.

—Crees que todo lo puedes resolver por ti mismo. No le pasas el estúpido balón a nadie en la estúpida cancha, crees que si haces todo solo, las cosas resultarán. No tomas en cuenta la opinión de nadie para tomar las decisiones importantes. Y piensas que si no estás presente, nada andará bien. ¿De verdad crees que tu madre no habría muerto si hubieras estado en Japón? ¿En serio piensas que regresando evitarás la muerte de tu padre?— cuestiono irradiando lo insólito que me resulta lo que digo, Kaede abre sus ojos estupefacto— ¡Eres un idiota! Estuvieras donde sea, no lo podrías evitar, no tienes el control del mundo, y mientras no lo entiendas seguirás tomando decisiones tan torpes como la que ahora vas a firmar— hago una pausa para tomar aire, él baja la mirada, yo me tranquilizo un poco— Sabes que te quería, Kaede. Si me hubieras dicho lo que estabas sintiendo te habría apoyado, pero pasaste por alto eso, y me duele— demonios, siento un nudo en la garganta, bajo la mirada, algunas gotas bañan el suelo. Es la lluvia que comienza a caer sobre nosotros.

Lo contemplo y reconozco al chico que me conquistó. Nunca dejó de serlo, solo que al revelarle lo que siento veo lo que mi desilusión había empañado.

—Para mi desgracia personal, sé que la decisión es tuya. Pero quiero que sepas que opino, creo y deseo que te quedes— confieso. Él permanece en silencio, eso me indica que no he movido ni una fibra de su ser con mis palabras. Creo que ya no hay nada que pueda hacer, dejo escapar un suspiro desalentado, le doy un último vistazo— Adiós, Kaede— me despido, volteo y emprendo el camino a casa ocultando mi rostro que al igual que el suelo, es bañado por gotas, por llanto.


Y ya está, me hallo de vuelta en casa. Al entrar no puedo evitar dejar a mi caso el rastro del agua que gotea mi ropa. Me atrapó la tormenta rumbo aquí. Un estornudo, y otro. Creo que es urgente cambiarme lo que traigo puesto, pero primero, a encender la chimenea. Creo que después de este cruce sentimental, me queda una gran lección: Nunca involucrarse con alguien que viva en tu casa. Cada rincón de ella te lo recordará. Esta chimenea no es la excepción, de hecho, los recuerdos más apasionados que guardo de Kaede, son atraídos por ella: Nuestros cuerpos desnudos tendidos en la alfombra, alumbrados solo por la luz cálida del fuego de la chimenea... ¡Alto! Me detendré allí, no quiero pensar más en ello. Merezco una bofetada.

Camino hacia la escalera, ahora sí debo quitarme esta ropa. Mierda, quien llama a la puerta. Espero que no sea ese idiota inoportuno otra vez, su insistencia ya no me hace gracia. Esta bien que su país le halla enseñado que ellos deben cortejar a las chicas, pero Eiji exagera, además creo que he sido clara en que no lo considero más que un amigo.

Llegó a la puerta, están llamando por tercera vez.

– ¡Ya voy, dejen de hacer escándalo!— reclamo fastidiada mientras abro la puerta. Entonces me lo encuentro ahí una vez más. ¡Es el chiquillo! Si no soy capaz de simular que algo me desagrada, tampoco soy buena reprimiendo mi asombro.

—Kaede— mascullo confundida. Lo observo, y veo que al igual que yo destila agua lluvia, al instante lo invito a pasar. La llama en la chimenea a cobrado vitalidad, entonces le digo que se acerque a ella mientras le reclamo su inconsciencia al exponerse a la tormenta.

—No eres quien para reclamarme— me responde, no tengo nada que decir, esta vez tiene razón.

Ambos estamos junto a la chimenea, no tardamos en comenzar a emanar vapor. Demonios, esto no nos hará nada bien. Le informo que iré por unas batas para cercar nuestras ropas. No tardo en regresar, le entrego la bata, lo dejo solo para que se cambie, regreso con café para ambos. Volvemos a acercarnos a la chimenea. Siento el peso de su mirada sobre mí, entonces lo miro por inercia y me encuentro con sus ojos clavados en mi rostro.

—Veo que el señor Lean traía prisa, no tardó nada en atenderte— comento para romper el hielo. Él no responde. Un nuevo silencio se produce, la única música que nos rodea es la de la lecha crujiendo en el fuego. Sus ojos no me abandonan.

—¿Y tu padre? ¿Dónde está el señor Rukawa?— pregunto de tal manera que siento que sueno estúpidamente nerviosa. Vuelve a ignorarme.

—¡Y ahora qué quieres!— evado mi incomodidad con un gruñido, mientras mi rostro se incendia por lo humillante de su silencio.

— A ti— responde tan escueto pero contundente como siempre. " A ti" su frase hace eco en mi mente, pues no es la primera vez que las oigo desde sus labios.

"— Qué no tengo nada para ti chiquillo…— mintió— ¿Y qué es lo que querías?— preguntó fingiendo disgusto aún cruzada de brazos.

— A ti...— las escuetas palabras del chico de mirada fría hicieron abrir con desmesura los ojos de Megan, mientras su respuesta se repetía una y otra vez en su mente.

— ¿Cómo dices?— preguntó creyendo haber alucinado las palabras de Rukawa.

— Que te quiero a ti... Tú serías mi mejor regalo de navidad...— repitió el muchacho. Megan había oído bien."

Fue en Noche buena, cuando me pidió que fuera su novia. En ese entonces las cosas eran muy distintas entre nosotros. Estoy un poco confundida. Él vino a renunciar para regresar a Japón, ¿ y me dice esto?.

—¿Me estás tomando el pelo?— le pregunto contrariada. Kaede mueve la cabeza de un lado a otro negando mi teoría.

—Te quiero a ti, me quedaré aquí, junto a ti— acaricia sutilmente mi rostro. ¡Diablos! Me está mirando directo a los ojos, me siento sucumbir. Acerca su rostro al mío, siento su aliento tocando mis labios— Si dices que me quieres, no volveré a alejarme de ti— agrega a sus palabras.

Cierro mis ojos, me siento temblar y estoy segura que no es a causa del frío. Maldito Kaede, tiene el poder de decir tanto con tan poco. No quiero cuestionarme nada más, quiero seguir lo que mi instinto, como única brújula, me conduzca por el mapa emocional.

—No— niego escuetamente— No te quiero, Kaede— confirmo, él abre sus ojos con desmesura alejando su rostro del mío. Aprovecho para poner en reposo mi frente en una de sus mejillas— Te amo— susurro. Él me aparta levemente, posa aquella mirada dócil, tan íntima que conocemos solo nosotros, en mis ojos. Me aferro a su espalda— Te amo, y no quiero que te vayas— mi vista se nubla al recordar cómo lloré en su ausencia. Él aparta el cabello de mi frente, acerca su rostro en el mío, susurra sobre mis labios un "nunca" que hace revolver mis entrañas, entonces acaricia mis labios con los mío, y yo me dejo llevar…

FIN


MUCHAS GRACIAS POR LEER :D

N/A: Hola a todos! Primero que nada, agradecer a todos quienes se animaron a leer este fic, sobre todo por la paciencia para llegar hasta aquí, siendo de tal extensión! También muchas gracias a quienes se manifestaron a través de reviews, siguiendo y añadiendo a favoritos, todo ello ayudó a hacer aún más ameno el querer publicar y que este fic que inicialmente no pasaba de los 18 capítulos, acabara teniendo 40 + un epílogo pronto a publicar. Un saludo para todos :D

Review:

Jorge 4: Amigo mío, me da mucho gusto encontrarte aún por aquí, gracias por seguir la historia y lamento la tardanza. Ya se viene un epílogo, no te lo pierdas :D Un abrazo y muchos saludos. Gracias una vez más por leer y comentar.