Información General:

Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus creadores Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente. Los dibujos fueron dibujados por mí, pero los creadores de estos personajes son Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente.

La historia que se presenta sucede después de que Candy descubriera que el Príncipe de la Colina es Albert, su amigo el vagabundo. Todo se ha escrito sin fines de lucro, solo para entretenimiento, y lo que se presenta son simplemente ideas de una servidora, y ha sido escrito para celebrar el cumpleaños del Príncipe de la Colina.

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.….La historia que se presenta es solo con el fin de entretener, para pasar el rato por favor no lo tomen personal, ni se enojen con una servidora. En ningún momento se ha creado para hacer polémica, ni para molestar, ni para faltarle el respeto a nadie, ni para denigrar los queridos personajes. Espero que eso quede claro. Yo solo tomé prestado el nombre de los personajes para presentar esta historia con un argumento distinto. Amo los personajes, créanme que, si no me gustaran, no escribiría para ellos, ni los pondría en mi historia, para eso se crean personajes nuevos. Este argumento se escribió de principio a fin desde que se presentó el primer capítulo. Yo lo único que quiero es distraerlas a ustedes queridos lectores. Es simplemente una historia nueva con un nuevo argumento que aún tiene muchos capítulos por contar….

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Una Nueva Oportunidad

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Capítulo XXIII: Engaño – Parte 2

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Manejaba sin rumbo fijo, lo único que quería era alejarse de ese lugar, su semblante lucía serio. Aun no salía de su asombro, las palabras burlonas que le abrieron los ojos continuaban doliendo, esa criatura no era su hijo, Diane le mintió para quedarse con su fortuna.

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Sin darse cuenta llegó a una solitaria playa de la ciudad. Estacionó su auto un momento, la tarde estaba muriendo, el reflejo de los últimos rayos solares de ese nefasto día se veía reflejados sobre el azul verdoso del embravecido mar. El majestuoso ocaso atrajo su atención, y caminó hacia el mar, la arena comenzó a entrar en sus zapatos y el aroma de la brisa marina inundó sus sentidos. Cerró sus ojos un momento al sentir en su rostro un suave viento, el fresco viento lo tranquilizó un momento de su pena. Por unos instantes se distrajo de todas sus tribulaciones, al abrirlos se encontró con un bello espectáculo frente a sus ojos, mar adentro se veía unos delfines nadando, el sol del verano muriendo creaba un maravilloso espectáculo sobre ellos, maravillado por el espectáculo se sentó sobre la blanquizca arena para seguir observándolo, se quitó el elegante sacó para sentir el frío de la brisa en su cuerpo. Así estuvo estático por unos minutos con su mente en blanco simplemente contemplando el bello atardecer de ese infernal día. Distraído volteó a su derecha y palideció al ver a lo lejos el imponente lujoso RMS Olympic anclado en muelle de la ciudad.

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— Ese…ese es el barco de…Candy — musitó perplejo por la sorpresa.

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Sin querer había escuchado los planes de luna de miel de la pareja, sabía que ellos zarparían al viejo continente esa noche. No había querido pensar en eso, pero la imagen de la elegante embarcación lo trajo de nuevo a su triste realidad. Ella era ahora... la mujer de sobrino, lo más probable era que ellos estuvieran en ese navío en esos precisos momentos. Estaba en la biblioteca cuando escuchó por la ventana a George entregarle los boletos y decirle a Archie que zarparían a las ocho de la noche de ese día en el jardín, el serio hombre de negocios les informó a ambos que trataran de llegar a la embarcación tres horas antes de la hora para prevenir problemas.

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Desesperado miró su reloj y se dio cuenta que apenas eran las siete de la tarde, aún tenía tiempo si se apuraba...

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Sin pensarlo dos veces regresó a su automóvil y de inmediato se dirigió al muelle, quería verla por última vez. Su corazón se lo pedía a gritos, después de lo vivido, quería ver su hermoso rostro, aunque fuera de lejos; ellos nunca lo sabrían, sería su secreto.

Manejó rápidamente al muelle, al llegar se encontró con un mundo de gente manejando y caminando en el inmenso lugar. Mientras unos se despedían llorando por dejar de ver a sus seres queridos, otros reían de felicidad por la aventura del viaje al viejo continente. Con envidia y tristeza miró disimuladamente parejas despidiéndose amorosamente ante escandalizadas damas. Su mirada se oscureció de tristeza, nunca tendría esa dicha porque por sus equivocadas decisiones había perdido para siempre al amor de su vida.

Sin perder más tiempo, se abrió pasó con un poco de dificultad entre el mar de pasajeros que se encontraban en el lugar a esa hora. Entre empujones y una que otra mirada de desaprobación pudo finalmente llegar a los pies de la embarcación. Ahí, había filas inmensas de personas de todas clases sociales esperando abordar el majestuoso barco. Buscó entre esos cientos de rostros el de la chica rubia que tanto amaba, pero no tuvo éxito, no estaba entre ellos.

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Elevó la vista para seguir buscándolos en el barco, con un poco de suerte tal vez podría encontrarlos en la cubierta con los otros viajeros que se arremolinaban cerca de la borda para seguir despidiéndose de sus seres queridos. Sabía que la rubia era curiosa por naturaleza, por lo mismo era muy probable que deseosa de ver las despedidas arrastrara con ella a su ahora flamante esposo a esa área. Revisó de cabo a rabo la cubierta por un buen rato, desilusionado al no tener éxito, comenzó a alejarse del navío, esperaría ahí oculto entre las sombras, solo quería verlos partir. Los minutos transcurrieron lentos, observó atento como las filas se fueron reduciendo hasta desaparecer. Una música melancólica entonada por una orquesta comenzó a escucharse en todo el muelle, era la despedida para los viajeros; lágrimas y suspiros arrancó del corazón de varios viajeros y sus parientes. La música le trajo viejos recuerdos de algunas despedidas que le hiciera su pequeña en aquel mismo lugar.

Que estúpido y equivocado estuvo al pensar que esas lagrimas que llegó a mirar en esas verdes esmeraldas en aquellas despedidas eran por simple cariño a su amigo, Candy lo amaba, pero él estúpidamente ignoró su cariño. Se estremeció al recordarla llorando, él en la cubierta del barco mientras ella, junto a Archie, ondeaba un pañuelo a lo lejos diciéndole adiós. Ahora todo era distinto, que irónica era la vida, su eterno acompañante, aquel quien siempre la llevará a despedirse de él en ese mismo muelle, era ahora su esposo. Rechinó los dientes de rabia ante su miserable realidad, lo mejor era olvidarse del pasado.

Su celeste mirada siguió vigilando atentamente los movimientos de la gente sobre la cubierta, seguía rogando por verla por última vez, aunque fuera por unos segundos. Estaba a punto de suspender su absurda búsqueda, cuando de pronto sus ruegos se escucharon, su pulso se aceleró cuando finalmente los localizó. Su varonil rostro mostró una leve sonrisa al reconocerla. Una rizada melena se mecía graciosamente con el viento a lo lejos en la cubierta, la guapa chica llevaba puesta una delgada chalina verde, y sobre su rubia cabellera un coqueto sombrero que trataba de no perder con el fuerte viento; vestía un fino vestido negro, su gallardo esposo a su lado la abrazaba enamorado. Apoyados en la borda ambos miraban risueños las despedidas de los demás pasajeros, ellos no tenían a nadie, pero la melodía de la orquesta los había atraído a ese lugar. Por lo que pudo visualizar a lo lejos, se veía felices, suspiró con melancolía, al menos ellos lo eran.

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Tras elevar la gigantesca ancla, el majestuoso Olympic comenzó a separarse del muelle, lluvia de confeti y serpentinas caían de la embarcación mientras gritos de despedidas a sus seres queridos se escuchaban por todo lo alto. Albert tragó seco, su pulso le tembló, le estaba diciendo adiós a su amada en absoluto silencio. Siguió ocultó en la sombra por ningún motivo ellos debían de verlo. Nadie sabría que había venido a despedirse de su amor eterno, ese sería su secreto eterno.

Los recién casados divertidos veían las escenas, ella se despedía de la gente con una brillante sonrisa mientras Archie besaba su dorado cabello que tenía recargado sobre su amplio pecho, y con sus manos la sostenía amoroso de su talle. Albert apretó los puños frustrado ante tal demostración de cariño, sentía su corazón sangrar por sus celos. Tanto arrumaco entre ellos terminó por mover su chalina, Candy intentó arreglarla al resbalarse de sus delgados hombros, pero de repente una intensa ráfaga de viento hizo que la preciosa rubia perdiera su preciada prenda junto con su sombrero. Entre risas, ellos en vano trataron de detenerlos ante la mirada de censura de extraños,

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— ¡Argh! Nunca la vamos a alcanzar Archie —, exclamó frustrada. Su joven marido regresó derrotado, al menos había logrado alcanzar el gorro, mientras la pieza de seda pura hilada a mano voló perdida en el viento ante sus frustrados ojos.

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— No te apures Gatita, te compro otra…—, le decía mientras le ponía su saco para protegerla del clima ya que la temperatura empezaba a enfriarse.

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— Pero amor, ese era especial, me la regalaste cuando cumplimos una semana de novios —, lo interrumpió melosa mientras hacia un gracioso puchero. Como respuesta la acercó peligrosamente a su cuerpo y le susurró al oído.

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— Te propongo una cosa.

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— ¿Qué cosa? —, contestó coquetamente.

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— Te regalo una nueva por cada semana de novios que tuvimos y tú me regalas un beso, ¿qué te parece?

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Un breve beso fue la respuesta de la jovencita, hecho que provocó unas miradas de reprobación a su alrededor, la chica de ojos esmeralda avergonzada se escondió en su amplio pecho, su amante esposo la protegió entre sus fuertes brazos para después llenarla de pequeños besos en toda su cara ignorando las acusadoras miradas. Se iban a retirar cuando Candy volteó hacia el muelle dejando un poco sorprendido a su gallardo esposo.

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— ¿Qué pasa corazón?

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La guapa joven achicó sus verdes ojos tratando de enfocar su mirada en dirección al muelle, trató de distinguir entre ese mundo de gente el rostro familiar de un conocido, pero no lo consiguió.

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— Nada…es que

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Archie levantó su hermoso rostro y la miró extrañado.

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— ¿Qué pasa amor?

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— No sé es que de repente sentí que alguien nos miraba desde aquel lugar—, el castaño volteó a la misma dirección que la rubia le mostraba con su mano, pero no distinguió nada.

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— No veo nada corazón.

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Candy se apoyó juguetona en su pecho y suspirando le dijo.

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— Yo creo que me lo imagine amor — levantó la vista para encontrarse con los ojos ambarinos de su amado esposo. — ¿Nos vamos? Tengo frio y también hambre —, le dijo sonriendo.

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Su apuesto marido se acercó y puso su frente en la de ella al tiempo que le susurraba seductoramente.

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— Cuando tú quieras corazón…yo también tengo hambre…pero de otra cosa.

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— ¡Archie! —, le gritó escandalizada.

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— ¿Qué? —, contestó burlón.

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— Que nos van a oír —, comentó más roja que un tomate mirando a todas partes.

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— ¿Y qué? Eres mi esposa, estamos de luna de miel y quiero tenerte solo para mí —, susurró en su oído haciéndola estremecerse de pasión. — ¿Nos vamos? —, apenada asintió.

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Riendo despreocupados y de la mano dejaron el lugar pasando entre el mundo de pasajeros que le decía adiós esa noche a la ciudad de New York. Con dolor en el muelle, un rubio miraba con tristeza la escena, en silencio hizo una petición.

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— Cuídala Archie…dale todo el amor que yo nunca podre darle en esta vida. Adiós amor.

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Si Albert no hubiera caído en la treta sucia que Diane le hiciera, Candy fuera ahora su esposa, él fuera el que estuviera gozando las mieles de su amor, no el idiota de su sobrino; la suerte no estuvo a su lado. Desafortunadamente, la vida le deparó otro destino al heredero de los Andrew, un camino llenó de sinsabores al lado de una tramposa adúltera.

La gente se fue retirando a medida que se alejaba la embarcación del muelle, solo el solitario magnate permaneció en absoluto silencio parado en el mismo lugar hasta que el barco desapareció de su vista.

Con la mirada entristecida, con los manos en sus bolsillos comenzó a caminar despacio hacia donde había dejado su automóvil, era hora de volver. De pronto miró atorada entre unos palos del embarcadero la chalina verde de su pequeña. Ágilmente trepó a unos palos y logró agarrarla, cuando la tuvo en su mano la llevó a su rostro, aún tenía su perfume.

Con la prenda en la mano llegó a su lujoso vehículo, guardó su preciado tesoro en su saco. Sonriendo abrió la puerta de su automóvil y entró a su auto. Estaba listo para enfrentar cualquier cosa, llevaba consigo un recuerdo de su amada pequeña. Se dirigió a su mansión, ahí lo esperaba su nuevo destino, necesitaba reconstruir su vida sin Candy, eternamente estaría en su mente y corazón, sería su amor secreto para toda su vida. Ahora lo importante era asegurarse que la adúltera de Diane saliera de su camino para siempre.

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Cuando llegó a la mansión, sus sirvientes lo esperaban nerviosos y avergonzados por haber callado el adulterio de su esposa, James el mayordomo más viejo del lugar, lo recibió ceremoniosamente.

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— ¿Desea cenar señor?

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¿Cenar? Meneó la cabeza, ni siquiera había comido, con tanto problema lo había olvidado. Además, ¿quién iba a tener apetito con todo lo que había descubierto ese día?

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— No…retírate —, el mayordomo se quedó mirándolo preocupado, pero al escuchar el tono de enfado del dueño se dio la media vuelta sin replicar. Albert lo miró retirarse furioso aún estaba molesto con todos sus empleados, se iba a retirar a su biblioteca, pero al llevarse la mano al saco y sentir el chal de Candy, Albert cambió de decisión. — Pensándolo bien, que me traigan un pedazo de pastel de chocolate y leche —, sonrió sería una manera de recordarla. Se encaminó a la biblioteca, en el marco de la puerta se detuvo nuevamente para preguntar. — ¡Ah! James, ¿Dónde está George?

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El mayordomo comenzó a sudar, esa era la pregunta que tanto temía.

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— ¡Ahem! —, el empleado se aclaró la voz antes de hablar. — El señor Johnson no se encuentra en este momento en la mansión…pasaron cosas, pero el señor Johnson me dio órdenes estrictas de localizarlo cuando usted regresara para que él personalmente le informara lo sucedido. Si me permite, en este momento buscaré al señor Johnson para que pueda comunicarse con usted.

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Albert frunció el ceño, no entendía nada. ¿De qué demonios estaba hablando este hombre? ¿Dónde diablos estaba George? ¿Y por qué no podían decirle nada hasta que George le informaran? Fastidiado, dijo.

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— Esta bien James, localiza a George y dile que quiero hablar con él de inmediato —, se sentó para observar como su empleado marcaba un teléfono nerviosamente, y esperaba para que le contentaran. Después de unos minutos, pidió buscar al señor Johnson, cuando lo obtuvo, le dio el teléfono a su patrón. Albert de mala gana lo tomó.

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— William

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— George, ¿qué ha pasado? ¿Dónde estás?

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— En este momento voy a la mansión para explicarte, solo déjame dar instrucciones.

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Albert colgó el teléfono y ordenó a James dejarlo solo, este regresó un rato después con su pastel de chocolate. Al quedar a solas este sonrió con tristeza al ver el suculento pastelillo, las imágenes de una rubia llorona devorando pastelillos junto a su lado, vinieron a su mente. Solo hermosos recuerdos le quedarían de esa bella dama. Aunque le doliera aceptarlo su amada pequeña estaba haciendo su vida sin él, pero se sentía tranquilo al saberla feliz junto a su sobrino. Eso era lo importante, al menos ella sí conocería la dicha en esta vida.

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Se levantó para servirse una copa, esta vez sí lo necesitaba, no para olvidarla porque nunca lo lograría, sino para celebrar su libertad, esa que lucharía por obtener pasará lo que pasará. Se llevó a su boca el líquido mientras pensaba en como librarse de esa mujer que lo había engañado vilmente. No quería ni mencionar el nombre de esa adultera. Dejó la copa en la mesa y sacó de su bolsillo el chal de su amada que encontrara en el muelle. Era verde como sus ojos, se encaminó a la caja fuerte y sacó una caja de madera. Cuando la tuvo sobre su escritorio, de su llavero tomó una llave y lo abrió. Dentro de la caja estaban varias joyas, en una caja negra de terciopelo había un hermoso anillo con un enorme diamante que tenía pequeñas esmeraldas alrededor, ese era el anillo que había pensado un día regalarle a Candy para comprometerse con ella. Al menos esa había sido su ilusión cuando recuperó la memoria y descubrió que la amaba. Sin embargo, con el paso del tiempo esa idea la dejó al olvido todo por sus estupideces. Lo miró por un largo rato, ya nada se podía hacer. No podía culpar solamente a la mujerzuela de su esposa ya que el principal culpable de sus desgracias era el mismo. Todo paso por no haber hecho lo que tenía planeado cuando recuperó la memoria. Respiró con dificultad, dolía aceptarlo, pero al final fue su imprudencia lo que ocasionó todo. Regresó el anillo a su lugar con tristeza, tomó la chalina y envolvió la caja del anillo con la pieza, nunca se usaría, serían los recuerdos que siempre le recordarían su amor imposible y este triste día.

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Melancólico puso de nuevo la caja dentro de la caja fuerte. Miró el reloj, era tarde y George aun no aparecía, estaba cansado y lo único que quería era dormir. De repente tocaron a la puerta y un serio y cansado George entró a su biblioteca. Albert lo instó a sentarse quería saber que había pasado con su esposa.

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— Siéntate George

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— William solo vengo a informarte que la señora Diane va a tener a su criatura.

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Albert lo miró indiferente, cruzó los brazos.

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— …y ¿qué quieres que te diga George?, que voy a ir con ella y que le voy a tomar la mano para apoyarla —, cínicamente exclamó.

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— William no quieras pasarte de listo conmigo, solo te estoy informando —, contestó molesto.

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— Lo siento George —, apenado pidió disculpas mientras se llevaba una de sus manos a su cabello.

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— Espera George, ¿qué no se supone que le falta un mes y medio para que se alivie? ¿O es que también me mintió en eso? — preguntó airado.

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George asintió.

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— No quiero decir te lo dije, pero en realidad te lo dije William.

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— ¿Cómo lo sabes?

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— Lo escuché y pude preguntarle al Sr. Lachner cuando íbamos rumbo al hospital.

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— ¿Así que te lo confirmó?

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— Sí, pero me parece que la persona que armó este ardid fue la señora Diane.

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Albert se carcajeó, George lo miró preocupado. No le gustaba verlo derrotado.

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— William, ¿te sientes bien?

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Él lo miró molesto.

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— ¿Bien? Claro George, estoy feliz, déjame decirte la lista de mis alegrías —, empezó a enumerar ante un perplejo George con sus dedos sus "alegrías" —, Perdí al amor de mi vida, mi sobrino se casó con ella. Me casé con una cualquiera que me engañó, me hizo creer que estaba embarazada de mí, pero nunca estuvo conmigo, no voy a hacer padre, mi esposa tiene un amante, se acostaba con su amante en mi propia casa y en mi propia habitación. ¿Quieres más "alegrías'? —, se paró con una copa en su mano sumamente irritado, le dio la espalda mientras miraba el jardín, George se mantuvo callado dándole su espacio. Después de un rato se giró y preguntó irónico.

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— ¿Algo más que tengas que decirme? ¿Tuviste problemas para sacarla de mi casa?

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George lo miró preocupado, no quería imaginarse como se iba a poner cuando supiera que su tía Elroy recibió un informe del engaño de su esposa un día después de la boda de la señorita Candy, y que le habían ocultado esa información. Lo más probable es que los odiaría, pero no tenía opción. Lo mejor sería hablar, pero lo primero era informarle del accidente y después lo demás.

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— Creo que a tu lista le faltan dos cosas más William —, le dijo mientras lo miraba de frente. Albert lo miró furibundo, presentía que le había ocultado algo.

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— Habla —, gritó mientras le dedicaba una dura mirada.

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George suspiró profundamente antes de hablar.

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— Lo primero es que tu esposa

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— Ex…—, lo interrumpió furioso mientras se llevaba la copa a su boca y bebía el líquido.

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— Como te decía…la señora Diane…ella tuvo un accidente —, lo miró de reojo para ver su reacción, Albert se sentó nuevamente en su sillón y siguió bebiendo tranquilamente. George continuó. — Se cayó de las escaleras y está en este momento está muy grave en un hospital, están haciendo todo lo posible por salvarlos.

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— Albert dejó de tomar, y lo miró muy serio. La odiaba, pero no le deseaba nada malo a la criatura ni a ella, solo quería divorciarse y no volver a verla nunca más en su vida. Muy serio preguntó.

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— ¿Dónde la están atendiendo?

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— En el mejor hospital de la ciudad.

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— Perfecto, encárgate de que reciba la mejor atención, y hazte cargo de todos los gastos de su hospitalización y recuperación, eso sí lejos de mi vida —, George asintió.

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— Eso es lo que estoy haciendo, he dado instrucciones de recibir el mejor tratamiento, en este momento la están operando, espero que se recuperen.

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— Bien, ¿cuál es el otro asunto que necesitas decirme?

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George suspiró profundo, sabía que esta platica cambiarían muchas cosas, pero era necesario.

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— Quiero que sepas que la decisión que tomamos, la tomamos pensando en tu bienestar, no fue fácil tomarla, pero fue necesaria…es decir …

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— George —, cansado de excusas lo interrumpió.

— Esta bien William, lo que quiero decirte es que…el día después de la boda de la señori…quise decir la señora Candy —, lo miró de reojo, Albert lo fulminó con la mirada, George tragó seco, esa mirada no presagiaba nada bueno, lo conocía muy bien. — La señora Elroy recibió la visita del detective privado que contrató…y

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— ¿Mi tía contrató un detective privado? ¿Para qué? —, lo interrumpió

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— Sí…la señora al igual que tú, quería averiguar la verdad de la señora Diane. Como te decía antes…un día después de la boda recibió un informe que…

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— ¿Por qué no me informaste? —, lo interrumpió nuevamente furioso.

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George lo miró molesto.

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— No te informé primero porque estabas borracho, ¿lo recuerdas? …después cuando supe el contenido, ya no tenía caso decírtelo ya que la señorita digo la señora Candy estaba ya casada.

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— ¿Qué decía la investigación? —, preguntó desesperado.

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— El reporte decía que la señora Diane te estaba engañando con uno de los abogados de su padre.

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— ¿Qué demonios estas diciendo? ¿Me estás diciendo que mi tía Elroy y tú sabían que esa mujerzuela me estaba engañando y que esa criatura no era mi hijo? —, se paró furioso.

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— No, el reporte solo decía que ella te era infiel. El detective necesitaba investigar más, esa fue la razón por la que tuvo que buscar a tía porque necesitaba su aprobación para investigar dentro de tu mansión. El origen del bebé, eso nadie sabía nada, lo siento. Por eso decidimos mantener el secreto, el saber su infidelidad solo resolvía un problema, pero quedaba la otra duda, queríamos darte un informe completo.

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Albert se quedó mirando con dolor y desilusión, no lo podía creer. Ellos lo sabían y aun así callaron.

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— ¿Por qué te callaste algo tan importante? Yo tenía derecho de saberlo, era mi vida la que ustedes estaban comprometiendo, no tenían ningún derecho —, se levantó furioso para mirarlo más de cerca.

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— Lo sé William, pero lo hicimos porque creímos que era lo mejor para ti. En ese instante teníamos miedo de tu salud, estabas destrozado y no teníamos otra opción. Nuestro temor era que te hundieras más. Estabas completamente alcoholizado y has venido tomando por meses desde que la señorita Candy anunciara su compromiso y no podíamos …

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— No —, golpeó con rabia su escritorio, sus ojos destilaban odio. — ustedes dos no tenían derecho a meterse en mi vida, no soy ningún pelele para que hagan o deshagan a su antojo. ¿Cómo pudiste? Me traicionaste George —, se llevó la mano al pecho. — Nunca lo esperé de ti —, reclamó herido por la mentira, siempre había creído y confiado ciegamente en George, dolía su traición.

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George bajó el cabeza avergonzado, se sintió fatal a pesar de saber que reaccionaria así, saber que su muchacho estaba desilusionado de él, le dolía profundamente. Pero no podía hacer nada, lo hecho esta, lo importante era protegerlo. Levantó su mirada, mirándolo serio exclamó.

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— Hicimos lo que creímos que era lo correcto para tu bienestar William, nosotros….

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— Mi bienestar es Candy, ustedes tenían la obligación de decirme la verdad.

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— ¿Para qué William? ¿Acaso crees que podías buscar a la señora Candy? Entiende ella es la mujer de tu sobrino, caramba. ¿Qué acaso no lo has entendido? Archie es su esposo —, lo regañó fuertemente, su muchacho tenía que entender que la rubia era una mujer prohibida para él.

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— Vete George, necesito estar solo —, ordenó furioso mientras apretaba sus puños de impotencia; dolían esas verdades.

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George suspiró derrotado y salió en silencio, lo entendía, antes de salir dijo.

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— Voy a estar en el hospital para dar seguimiento al problema de la señora Diane, si necesitas algo, por favor házmelo saber.

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Albert no le contestó, miraba distraído la noche atreves de la ventana, los minutos pasaron lentos. Tenía una rabia interna que sentía que tenía que sacarla o explotaría. Rompió todo lo que encontró a su paso.; su objetivo principal fue las botellas de licor, las quebró con infinita rabia todas las que encontró en la biblioteca. Se puso las manos en la cabeza con desesperación. Maldito licor si no hubiera tomado tanto, su tía y George no le hubieran ocultado los resultados de esa investigación, ni Diane lo hubiera drogado. Maldita mujer, se embarazó mucho antes de lo que le hizo creer. Cayo en su trampa como un grandísimo imbécil, y la perdió. Eso era lo que más le dolía, la había perdido y no podía hacer nada, George tenía razón, aun con las evidencias del adulterio de Diane, Candy no hubiera regresado con él.

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— Candy te perdí, te perdí por la maldita trampa de una mujerzuela. Maldita sea, te perdí, te perdí…—, balbuceó dolido. Estaba furioso y acongojado por el dolor de la desilusión. Su vida era una porquería.

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Inmediatamente se sentó en su escritorio que estaba vacío, había tirado todas las cosas. Tomó un papel y una pluma que encontró dentro de uno de los cajones, y comenzó a escribir una carta para su mano derecha, George. Al terminar se la dio al mayordomo, pidió que le arreglaran una maleta y fue a cambiarse de ropa. Necesitaba largarse, no quería estar en ese lugar.

Dio instrucciones de que sacaran todo lo de esa mujer de su mansión. El pobre mayordomo le informó que ya lo habían hecho. Eso lo reconfortó un poco, el próximo paso era eliminar toda su existencia de su vida. Le ordenó tirar todos los muebles de la habitación matrimonial, además de que pintaran el lugar, y también le pidió que quemaran todo lo que estuviera en esa habitación. No quería nada que le pudiera recordar a esa mujerzuela; quería fuera todo lo que ella hubiera usado y tenido en esa alcoba, no quería rastros de ella en su vida.

En silencio el chofer lo llevó a la estación a tomar un tren a Lakewood, primero llegaría a Chicago después en esa estación tomaría uno a ese lugar. Necesitaba cambiar de aires, no quería regresar a la mansión de Chicago, mucho menos quería ver o lidiar con su tía. No quería escuchar "te lo dije," ni quería reclamarle por haberle mentido. Candy estaba lejos y tenía que encerrar su amor con llave.

Cuando llegó a la estación de New York era de madrugada, estaba casi desierto el lugar, se podían escuchar sus pasos en el solitario lugar, llegó al área asignada para viajar a Chicago y ahí se encontró a uno de sus empleados, este al verlo palideció y rápidamente. Con un miedo tremendo se acercó para entregarle los boletos que le había ordenado por teléfono. Había dado instrucciones precisas a sus empleados para el viaje y para su arribó en Lakewood.

Subió al tren desanimado, pero aparentando frialdad ante la gente, no volvería a dejarse manipular por nadie, de ahora en adelante seria despiadado con todos, tal como la vida lo había sido con él. Pondría un caparazón en su corazón y en su alma. Entró al vagón de lujo privado, no quería ver a nadie. No solo era lo de Candy, también estaba lo del bebé, le dolía intensamente saber que no sería padre. Se había hecho ilusiones con ese pequeñito que nunca llegaría a conocer ya que no era su hijo, era producto de la relación ilícita de su esposa con su amante, solo había hecho el ridículo ante ella y la sociedad entera, era un soberano imbécil. Nuevamente estaba solo y vacío por dentro. El camino en tren fue bastante largo y de varias horas, se la paso dormitando y pensando una y otra vez en lo sucedido. Esa mujer le había visto la cara y le había arrancado la felicidad de su vida.

Después de varias horas de viaje, llegó finalmente a su destino. Tal como lo había ordenado, lo esperaba uno de sus choferes, trató de llevarlo a la mansión, pero Albert se negó. Dejó al pobre empleado en la estación y condujo el automóvil el mismo.

Tan pronto se subió al volante, Albert se dirigió a la cabaña; no iría a la mansión, quería estar solo, simplemente solo. Bajó del auto sin prisa, el día era precioso. Lucia demacrado y cansado, la tristeza de su alma le había quitado el apetito en el viaje.

Se acercó con paso cansado al tranquilo río que estaba cerca de su cabaña, el agua estaba cristalina en esta época del año. Los cantos de las aves se escuchaban por todo el lugar, el estar en aquel bosque le proporcionaba una tranquilidad que no había sentido por meses. Había estado tan alejado de la naturaleza en los últimos años que todo le parecía extraño. Taciturno caminó por la orilla del rio por un largo rato con las manos metidas en los bolsillos aspirando el aroma fresco de los frondosos robles, sin darse cuenta llegó a la pequeña cascada donde una vez la rescatará. Imágenes de aquel rescate vinieron a su mente, y ecos de la cantarina risa de la pequeña Candy parecieron escucharse en aquel lugar. Miró al cielo buscando consuelo a su atormentada alma, ni ahí podía escapar su presencia y sus culpas. Lágrimas de rabia y dolor comenzaron a brotar sin control; estaba solo nadie miraría su derrota. Cayó derrotado sobre el césped natural del lugar; tenía las manos empuñadas con coraje, tenía rabia contra Diane, estaba desilusionado y furioso también con su tía Elroy y George, pero lo que más le dolía era haberla perdido. Gritó con todas sus fuerzas.

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— Candyyyyyyyyyy…— fue un grito desgarrador donde dejaba escapar toda su frustración. Con las manos empuñadas mirando al suelo musitó con profundo dolor. — Candy te perdí, te perdí…adiós amor mío, adiós para siempre.

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Lloró desolado como nunca antes lo había hecho hincado en aquel lugar. Había guardado en su alma toda esa rabia y frustración por meses, pero solo en esa parte del bosque nadie podría juzgarle, ni tenerle lastima. Todo estaba de cabeza en su vida, se casó por cumplirle a una cualquiera, el bebé no era su hijo y había perdido el amor de su vida para siempre. Tendría que fingir toda su vida. La mujer de su vida estaba prohibida para él. ¡Dios que dolor!

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Continuará

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Les invito a leer mis otras historias:

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"Bajo La Luz De La Luna." Mi primera historia en fancfiction, un Anthonyfic.

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"Stear: Reflexión Al Amor Perdido." Es una mini historia de dos capítulos escrita para celebrar su cumpleaños.

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"La Carta." En un Archiefic escrita para celebrar su cumpleaños.

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"Cuando te Conocí" – Mini Shot – Albertfic

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"Cabalgata a Medianoche" – Mini Shot – Anthonyfic

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"Siempre A Tu Lado" – Mini Shot – Archiefic

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"Reencuentro Accidentado" – Mini Shot – Terryfic

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"Regresa" – Mini Shot – Albertfic

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Agradecimientos

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Gracias a todas las personas por su apoyo, mensajes y tiempo.

Lo siento muchas amigas, nuevamente me he tardado mucho en actualizar, sé que no tengo ninguna disculpa. Se que he desilusionada ha varias por mi tardanza, pero solo quiero decirles que no lo hago por sangrona, es solo que he tenido problemas de salud. Tengo problemas crónicos, tengo una familia que me necesita, tengo tres historias, y en muchísimas ocasiones no tengo ninguna inspiración, por eso también tardo mucho en actualizar. Además, esta lo de editar, eso es otro rollo que me toma tiempo, y aparte soy lenta para escribir. Lo único que les puedo decir que seguiré escribiendo, aunque sea a paso de tortuga. Abra ocasiones que pueda hacerlo más rápido dependiendo de mi salud y mis responsabilidades y otras veces no. Pero como les digo no es por mala onda simplemente son cosas que salen de mi control. Si ya sé que me han dicho que leo otras historias, y sí amigas apoyo a mis compañeras porque adoro leer, pero eso no tiene nada que ver con mis actualizaciones, lo que dicta mis actualizaciones es mi complicada vida. Les pido disculpas por no haber tenido tiempo de contestar mensajes, es que no sabía cuándo podía actualizar, tengo tratando de hacerlo desde hace una semana, pero editar me llevo mucho tiempo por problemas de salud míos y de mi hija que estuvo enferma esta semana. Espero y me comprendan y que el largo del capitulo disculpe mi tardanza.

Estamos en una fase de la historia donde se van cerrando círculos para el protagonista para que comience una nueva época en su vida, es por eso el drama, espero que me tengan paciencia en esta parte de la historia. Gracias 😊😊😊😊

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Gracias todas personas que me regalaron comentarios, a todas las que han agregado mi historia a su lista de favorita y a su lista de alertas, a todas las que han agregado mi nombre en la lista de autores favoritos y a su lista de alertas, y a todas aquellas que me han leído en forma anónima en el pasado capítulo. Mil disculpas a todas las que me dejaron mensajes y no pude contestarles esta vez, ha sido por falta de tiempo, pero ya saben que las estimo y les agradezco todo ese apoyo que me regalan. Muchas gracias Maravilla121, amiga te agradezco en el alma ese apoyo que me regalas al leer mi borrador, como siempre amiga mía tu ayuda es invaluable, Serenitymoon20, amiga espero que sigas recuperándote de tu accidente, Val amiga mía felicidades por tu logro académico y mi querida Luz como siempre gracias por ayudarme a corregir mis errores gramaticales, me ayudas muchísimo, te lo agradezco. Si alguien se me paso, de antemano les pido una disculpa.

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Un abrazo a todas y gracias por su paciencia. 😊😊😊😊

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AnneNov

Elo Andrew

Silvia

Elbroche

Maravilla121

Balderas

Guest 1

Pinwy Love

Guest 2

Marysilenciosasuenos481

YAGUI FUN

Gabriela Infante

Awylin0440

Marysilenciosasuenos481

Adoradandrew

Guest 3

Luz

Val Rod

Loreley Ardlay

Alebeth

Chickiss SanCruz

Mj

Pinwy Love

Sandy Sanchez

Sayuri1707

Serenitymoon20

Nina

Serenity usagi

Rousy de Grandchester

Lovely

Guest 4

Mony

Rianne Blank

Ana Isela Hdz

Phambe

Guest 5

Guest 6

Keila M

Amuletodragon

Guest 7

Guest 8

Elo Andrew

Loreley Ardlay

Liz Guarcas

Ster star

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Gracias por su atención

Cuídense