Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.
Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica
Epílogo
– Bueno, ya es hora. Sally, iré por tus cosas– anunció el padre poniéndose de pie para subir a la segunda planta.
La muchacha, atendiendo a las palabras de su padre, también se puso de pie, acercándose a su hermana.
– Bien, te llegó la hora hermanita. Prométeme que estarás bien– expresó Megan, posando ambos brazos en los hombros de su hermana. Esta asintió cabizbaja.
– ¡Te extrañaré, hermana!– se lanzó a los brazos de la pelinegra, emotiva.
– ¡Hey!– la detuvo– Nada de llanto, debes estar feliz ¿No es así?– reprendió fraternal. Sally, luego de una breve reflexión, asintió sonriente.
– Tienes razón, te prometo que estaré bien–pronunció alegre.
– Bueno hija, ya debemos irnos. Estaré de regreso en unos días– recordó el hombre a su primogénita– Espero que sepan comportarse en mi ausencia– añadió dirigiendo una mirada tibiamente amenazante a Rukawa.
– Sí– masculló este al instante. Megan observaba de soslayo la extraña reacción del muchacha.
– Bueno, estaré llamando. Adiós– se despidió el hombre, abandonando el hogar en compañía de Sally.
Lo próximo que se escuchó fue el ruido de la puerta cerrándose por fuera. Entonces un espontaneo silencio se generó entre la pareja. La muchacha, examinó con suspicacia a su acompañante, ademán que no pasó desapercibido por Rukawa.
– ¿Qué me ves?– inquirió reprimido fastidio.
– Aún no me explico porqué le temes tanto a papá. Pareciera que lo respetaras más que yo– manifestó recelosa.
– Que tonta– contestó rodando los ojos, el ex Shohoku.
– Entonces ¿por qué no me miras mientras te hablo?– cuestionó al detectar la evasión del chico.
Y es que, desde que había iniciado su relación con Megan, no había coincidido con el padre de la muchacha. Pero una vez que este, como lo había anunciado, pasaría una temporada en casa, se encontraron. Y como la muchacha siempre había depositado su confianza en su padre, no dudó en confesarle que mantenía una relación con el joven que en su casa se hospedaba. Dado que era el primer noviazgo de sus hijas que enfrentaba, y que además, él se hallaba gran parte del tiempo lejos de casa, fue que decidió mostrarse determinante con el muchacho, cuando quiso hablar con él sobre aquel noviazgo.
– "Debes saber que no me opondré a que tú y mi hija sean novios y que eso significa que estoy confiando en que no la harás sufrir. Ella es una jovencita que se muestra fuerte con los demás, aunque se esté muriendo por dentro. Es orgullosa, pero la conozco muy bien, y si sufre, no tardaré en notarlo, y créeme que eso no me hará para nada feliz. Creo que sabes a qué me estoy refiriendo.
El muchacho asintió calmo.
– Mis intensiones no son esas, señor– manifestó calmo.
– Eso me parece bien– espetó el hombre– Pero no es solo eso. Hay otro punto del que te quiero hablar, y es en este en el que quiero que me prestes especial atención– agregó, haciendo que el muchacho lo mirara a los ojos– Como te habrás dado cuenta, por cosas de mi trabajo casi nunca estoy en casa. Es por eso que la mayoría del tiempo, mi hija y tú pasarán mucho tiempo a solas. Supongo que eso contribuyó a que ahora sean novios. Pero lo que quiero decir, es que por muy novios que sean, y por muchos deseas que tengas: No la toques– expresó amenazante, logrando intimidar al muchacho, quien súbitamente bajó la mirada y en medio de balbuceos respondió un "Sí, señor".
El casi monólogo del señor Bruce se extendió largo rato más, intercalando instrucciones y amenazas de lo que podría ocurrir si Rukawa no cumplía alguna de aquellas. Ante la novedosa imagen intimidante del padre de la muchacha, faceta desconocida para el muchacho, no podía hacer otra cosa más que asentir.
– Y para terminar, te pido que esta charla quede entre nosotros– indicó el hombre seriamente.
Así es como, Kaede Rukawa, ante la suspicacia de su novia no hacía más que responder con evasivas, creí que no sería nada bueno hacer enfadar al hombre.
– Bueno, no sé porqué te lo pregunto, si eso está más que claro– musitó la muchacha mientras se acercaba a paso sigiloso al muchacho.
– De qué estás hablando– inquirió inquieto ante la mirada cómplice de la muchacha que lo miraba directo a los ojos.
– Que está claro, que le temes a mi padre porque seguramente te amenazó, para que no me tocaras– expresó deteniéndose frente a él.
– Qué pretendes– evadió mirando hacia un costado.
– Nada. Solo confirmo que mi padre te dijo que no quiere que me toques– sonrió divertida– Debes permanecer quieto. Aunque haga esto– musitó besando los labios del muchacho– Y esto– añadió depositando un beso más suave en la parte alta de su cuello– Y esto– susurró sugerente, mientras acariciaba con la punta de su nariz el lóbulo de la oreja de Kaede.
– Detente– musitó inquieto, Kaede, mientras alejaba con sutileza pero nerviosismo a su novia.
– No tienes porqué negarte. Estamos solos, será así durante días. Relájate, chiquillo– susurró retomando su actuar.
– Mañana hay partido, no necesito descansar – se excusó encaminándose a su habitación.
– Chiquillo miedoso– musitó la muchacha con falsa molestia con los brazos cruzados.
Ya era un nuevo día en Kanagawa. Y con aquella jornada, comenzaba también un nuevo año en Shohoku. Aquel pelirrojo, de altura envidiable, parecía no querer ufanar de su recia anatomía. Pues llevando su cuerpo inclinado, caminaba reflexivo rumbo a la preparatoria.
– "Ya estamos en segundo año. Debería estar feliz, corriendo a clases solo para encontrarme con Sally. Pero ella no está aquí"– meditaba, con su mirada perdida que reproducía mentalmente el semblante sonriente de la ojiverde.
– Miren, a pesar de que ya han pasado dos meses desde que Sally regresó a Norteamérica, Hanamichi sigue triste– comentó Yohei, que junto a sus amigos, escoltaban a un par de metros al pelirrojo.
– Es cierto, creí que con las vacaciones recuperaría sus ánimos, pero no fue así– añadió Noma.
– Quizás lo que necesita es regresar a clases para conocer a una chica linda para que por fin la olvide– opinó Takamiya.
– No lo creo, dudo que Hanamichi olvide tan fácilmente a la única chica que no lo ha rechazado– intervino Yohei.
– ¡Claro! ¡Cómo no lo pensamos antes! Es la chica que no rechazó a Hanamichi, y al contrario, le confesó sus sentimientos a nuestro amigo ¿No creen que después de cincuenta chicas que rechazaron a Hanamichi, el caso de Sally iba contra la naturaleza?– opinó divertido Okuss.
– Okuss tiene razón. Sally estaba alterando el orden cósmico– rió Takamiya.
– !Oye Hanamichi, ya no estés melancólico. Resultaste ser todo un héroe!– exclamó Noma.
– ¡Por el bien del mundo debes seguir siendo rechazado!– agregó Okuss.
– ¡Si Sally y tú y Sally fueran novios, irías contra la naturaleza, amigo!– bromeó de nuevo Noma.
Los tres rieron al unisón. Las burlas de sus amigos, no pasaron desapercibidas para el pelirrojo, quien limitándose a emitir un gruñido, golpeó la cabeza de los muchachos y continuó su camino.
El muchacho ingresó con urgencia al recinto. Miró de un lado a otro a los transeúntes. Un hormigueo incesante veía en medio del bullicio y las almas que iban de un lado a otro. En medio de jadeos, se volvió uno más en la muchedumbre, sin dejar de buscar a la persona que deseaba detectar.
– "Ya debería estar aquí"– caviló tras echarle un rápido vistazo al reloj.
– Hola, Fénix– habló divertida una voz femenina atrás de él, haciendo alusión al seudónimo adoptado por el joven en su correo electrónico.
– Arisu– pronunció con dificultad, el pelirrojo– Ya llegaste– agregó atontado.
La muchacha lo contempló durante largos instantes sonriendo gustosa. Desde el momento en que el destino la había hecho coincidir con Sally, y que ella por casualidad había dejado evidencia de que conocía al muchacho que accidentalmente conoció en Kanagawa, quiso ponerse en contacto con él, para conocerlo más a fondo. Fue así como, a través de correspondencia electrónica, comenzaron a comunicarse. En un inicio, las tímidas intervenciones de Eddie, hicieron un tanto dificultosos los diálogos. Sin embargo, una vez que la muchacha le reveló su identidad, este comenzó a desenvolverse con mayor naturalidad e interés.
Fue así como dos meses más tarde de iniciados los diálogos, Arisu, teniendo como excusa su participación en un seminario de medicina en una universidad de Norteamérica con la que tenía convenio su casa de estudios en Japón, decidió emprender el vuelo hasta aquel país, para encontrarse con el pelirrojo.
Y ahí estaban ahora, uno frente al otro. Ella sonriendo gustosa y él correspondiendo notoriamente sonrojado. Si no fuera por los rasgos en sus rostros, cualquiera pensaría que el nipón era Eddie.
La joven hizo un rápido examen a la vestimenta del muchacho, quien además de sus atuendos deportivos, traía un bolso del mismo estilo.
– ¡Cierto! ¡Tienes partido, debemos correr, no te quedes ahí, date prisa!– prorrumpió Arisu mientras tomaba de una mano al pelirrojo para correr a la preparatoria.
– ¡Sí!– vaciló sonrojado.
La jornada había acabado en Shohoku, y las tres amigas caminaban en medio de una amena charla hacia la salida de la preparatoria. Pues, como lo habían acordado durante uno de los descansos, celebrarían la vuelta a clases con una malteada. Trivialidades varias eran las que se entretenían, la mayoría de ellas, tenía como objetivo poner al corriente sobre lo ocurrido durante el periodo de vacaciones con cada una de ellas.
– Y lo último que hice, fue ir a la casa de mi hermana que vive en Tokio– culminó su relato Fuji, ya a las afueras de Shohoku.
– Vaya, esta niña si que tiene suerte. Visitaste muchos lugares– expresó Matsui, recordando la monotonía de las propias vacaciones.
– Matsui tiene razón, Fuji. Tienes mucha suerte– apoyó risueña Haruko.
– Pero tú Haruko, no nos has contado nada sobre tus vacaciones ¿Qué fue lo que hiciste?– inquirió curiosa, la chica de coletas.
– Matsui tiene razón, no nos has contado nada aún Haruko– apoyó la de cabello negro.
– ¿Yo?– pronunció con evidente nerviosismo– Pues, no mucho chicas– añadió ruborizada y bajando el rostro.
– ¿Y por qué mientras lo dices te pones roja como tomate?– cuestionó suspicaz, Matsui.
– Es cierto ¿Hay algo de lo que nos has contado, Haruko?– agregó al interrogatorio, Fuji.
– Es que yo… He ido a Saitama– contestó tímida.
– ¡Saitama!– exclamaron sorprendidas las muchachas al unisón.
– ¿Esa no es la ciudad donde queda la universidad a la que asiste Mitsui?– preguntó con evidente asombro, la de coletas. Haruko solo asintió.
– ¿ Y por qué has ido hasta allá?– interrogó Fuji.
– ¿ Cuántas veces?– dijo impaciente, Matsui, sin dar tiempo de responder a la menor de los Akagi.
– Pues es una historia larga, chicas– susurró Haruko, dejando a su mirada vagar por el cielo…
Como les conté, Hisashi me contó que iría a la Universidad de Saitama, porque le ofrecía una beca deportiva. Pues después de eso no volví a saber de él. Estuve muy triste por eso, debo confesárselo muchachas. Creí que no volvería a sentirme así después de que Rukawa partió a Norteamérica, pero lo que siento por Hisashi, hizo que mi tristeza fuera mayor. Sobre todo, porque me di cuenta, que él sentía algo por mí, y que el simple hecho de que él se mudaría de ciudad, no nos permitiría estar juntos. La verdad es que me sentí muy mal.
Así fue por seis semanas. Cada día me sirvió para asumir que no volvería a verlo. A pesar de que lo extrañaba mucho, me distraje un poco porque me concentré en aprovechar a mi hermano, que pronto también se iría a la universidad, y no lo vería a diario como acostumbraba. Pero todo cambió un día, en que mi madre me dijo que tenía una carta que había llegado para mí. No podía creer cuando vi el nombre de Hisashi en el sobre.
– Espera Haruko. No quería interrumpirte, pero ya van dos veces en que te refieres a Mitsui por su nombre ¿ qué está pasando aquí?
– Matsui, deja que termine de contarnos, ya lo sabremos– comentó Fuji.
Pues, ya lo sabrán muchachas. Entonces como les decía, una carta de Hisashi llegó para mí. En cuanto mi madre me dejó a solas, la leí. Les confieso que estuve muy emocionada desde que la recibí hasta que la acabé de leer.
– ¿Y qué decía?– preguntó ansiosa, Matsui.
Casi pude memorizar su contenido, pero en simples palabras decía que dos días más tarde viajaría a Kanagawa, y que le gustaría que nos viéramos. Si aceptaba, solo debía estar aquel viernes a las cuatro frente a la Torre principal de la ciudad.
Aquellos dos días de espera se me hicieron eternos. Estaba muy confundida, por una parte quería que pronto fuera viernes para ver a Hisashi, y por otra, estaba muy nerviosa, porque no sabía porqué quería verme.
Pero finalmente llegó el día, y concentrándome en estar tranquila, llegué al lugar de la cita…
– "Demonios, se me hizo tarde"– gruñó para sus adentros el muchacho, mientras jadeaba con sus ojos cerrados frente a la torre– "Eso me pasa por viajar en ese maldito autobús y no hacerle caso a Arisu, debí viajar en tren"– añadió a sus reflexiones.
– ¿Mitsui?– una tímida voz femenina le habló al chico de cabello azulado, que permanecía ensimismado intentando recuperar el aliento.
– Haruko, estás aquí – expresó un poco más recompuesto, mientras sonreía amable a la muchacha– Me da gusto que hayas venido– añadió, saludando con un beso en la mejilla a la joven, gesto que la sorprendió de sobre manera.
–Hola, ¿cómo estás Mitsui?– balbuceó vacilante la muchacha, mientras sus mejillas se tornaban de rosa, pues la cordialidad de Mitsui, le resultaba ciertamente desconcertante. El muchacho que no tardó en reconocer la cortedad en la muchacha, sonrió triunfante, pues advertía que nada había cambiado en los sentimientos de Haruko.
– Bien, es un día muy caluroso, así que iremos a beber algo– anunció el muchacho, viendo como los ojos de Haruko se habrían de sobre manera– Refrescos, por supuesto. No te asustes, no bebo desde que… bueno tú sabes– sobrepuso, evitando referirse a su periodo de rebeldía, el cual para si mismo constituía un verdadero tabú. Entonces emprendieron el camino.
Una charla entusiasta sobre su vida en la universidad, fue uno de los temas principales; Haruko, por su parte, contaba cómo su hermano había decidido finalmente ir a Tokio, y lo emocionante que sería verlos jugando en el campeonato nacional a ambos representando a sus universidades. Algo que había llamado poderosamente la atención de Mitsui, era la pasión de la muchacha por el basquetbol, aquello hacía mucho más ameno el ánimo que se generaba entre ambos al momento de estar juntos. Fue así, como tras la charla en la heladería donde consumieron sus refrescos, extendieron su reunión espontáneamente con una caminata por la ciudad, que los condujo hasta un parque pequeño. Allí permanecieron sentados algunos minutos en silencio el uno junto al otro.
La inquietud no tardó en comenzar a bailar al son del mutismo que envolvía a la atmósfera. Mientras Haruko, parecía darse cuenta, que el día se llevaría con él a Mitsui, una tristeza renovada empezaba a hospedarse en su pecho; mientras que el muchacho, buscaba cumplir el verdadero propósito de su venida. Y como era consciente de que debería regresar a Saitama, aprovechó el primer impulso de valentía que le invadió.
–Haruko– habló a la muchacha, buscando con su intensa mirada la de la joven. Esta, ya acostumbrada al silencio del muchacha, le dirigió una mirada inicialmente aturdida– Honestamente, no vine hasta aquí solo para conversar contigo como dos amigos, haciendo como si nada hubiera pasado– expresó serio. La chica de cabello castaño, sintió como su corazón comenzaba a latir con energía en su pecho – El que yo haya venido hasta aquí tiene un motivo. Sabes que antes de irme fui muy claro contigo al decirte que nada podría pasar entre nosotros más allá de una amistad. Sin embargo, me he dado cuenta, que aún sientes algo por mí.
– Mitsui, yo … –la muchacha no logró formular comentario alguno, ante lo que anticipaba, se trataba de un confrontamiento por parte del basquetbolista.
–No es necesario que intentes negarlo. Pero no es precisamente eso lo que quiero decirte. Bueno, si tiene que ver– introdujo– Sinceramente, cuando te dije eso, era lo que realmente pensaba. Que intentásemos tener una relación estando yo en Saitama y tú en Kanagawa me resultaba imposible. Realmente ridículo. Creí que estando allá, mis ganas de jugar me harían concentrarme en eso y nada más. Pero mientras más pasaban los días, más me daba cuenta de tu ausencia. Me preguntaba qué estarías haciendo o qué sería de ti. Y por una razón inexplicable, sentía muchos deseos de contarte lo que estaba viviendo en Saitama con mi nuevo club. Entonces quería verte y saber si sentías aún algo por mi. Así me di cuenta que aunque no estés cerca, seguiré sintiéndome atraído hacia ti– confesó ante una atónita Haruko– Pero tampoco he venido para lamentarme de lo que siento. Como ya te he dicho, me di cuenta que sigues sintiendo algo por mi, quería comprobarlo. Pero quiero que salga de tu boca– manifestó.
– ¿Qué dices? – masculló sorprendida.
– Dí si me quieres– dijo el muchacho. La chica, le contempló en silencio. Aquella actitud le resultaba extraña por parte de Hisashi, pues hasta el último momento este se había mostrado hostil hacia los sentimientos que ella le expresaba. Pero ahora era él, quien abiertamente hablaba de los suyos por ella.
La mirada fija de Hisashi en los ojos de Haruko, era el claro indicio que evidenciaba que no desistiría hasta que la joven hablara. Entonces esta, sintiendo su voz temblar, habló.
– Sí. Yo te quiero, Mitsui– confirmó tímidamente. El chico sonrió triunfante.
– Entonces, ahora quiero que me respondas si quieres ser mi novia– los ojos de Haruko se abrieron con desmesura– Ya notamos que aunque no nos veamos con frecuencia, seguiremos sintiéndonos atraídos. Es por eso que te pregunto esto, Haruko– agregó, fijando sus ojos en el sonrosado rostro de la joven.
– ¿Y qué respondiste?– inquirieron ansiosamente las amigas de la chica, dejando de un golpe sus vasos con malteadas sobre la mesa.
– Le dije que si quería ser su novia– contestó intimidada por la euforia de sus amigas– De eso ya hace un mes– añadió.
– ¿Y ya han tenido nuevas citas?–preguntó Fuji.
– ¿No estás escuchando que son novios a distancia? Claro que no– contestó Matsui a su amiga.
– Los fines de semana– dijo ahora Haruko– Hemos acordado vernos nuestros días libres. Es por eso que he ido a Saitama– explicó. La charla de las muchachas continuó en medio de felicitaciones a la ahora, novia de Mitsui.
La segunda jornada de clases había acabado, sin embargo, no todas las actividades habían acabado para Hanamichi. Pues ahora se dirigía hacia el gimnasio para el primer entrenamiento con el club de basquetbol de aquel año. Creyó que en aquella actividad hallaría un consuelo para el vacío que había dejado en él la partida de la ojiverde. Fue así, como meditando en aquella reflexión, lanzó un suspiro que revelaba la lástima que sentía por su propio porvenir.
– Hanamichi– escuchó una voz tras de él.
– "Me parece que escucho su voz. Debo estar volviéndome loco"– caviló sintiendo mayor lastima por su padecimiento.
– Hanamichi– repitieron mientras jalaban de la chaqueta de su uniforme.
– ¿Mmh?– balbuceó aturdido, volteando en dirección a quien demandaba su atención.
– ¡Oye viejo! ¿Quién eres tú y porqué me estás tocando de esa forma?– reclamó saliendo de súbito de su estado de letargo, para arrancar con violencia la mano intrusa en sus ropas.
– Sakuragi, espera. Tú eres Hanamichi Sakuragi ¿verdad?– inquirió el hombre, el muchacho frunció el ceño con hostilidad.
– ¡Y eso qué te importa a ti, viejo!– gruñó ahora mientras golpeaba con una de sus manos la cabeza del hombre.
– ¡Hanamichi!– una voz autoritaria hizo que le muchacho se detuviera repentinamente.
– Sa-Sally– balbuceó al reconocer en la voz de aquella persona a la menor de los Bruce. Esta se acercó corriendo.
– ¡Papá! ¿Estás bien?– preguntó inquieta al hombre que se hallaba junto al muchacho.
– Si hija, lo estoy. No te preocupes– expresó sonriendo a la muchacha mientras se limpiaba con un pañuelo, el sudor que había nacido en su frente.
–¡Qué!– prorrumpió con espanto el pelirrojo– ¿Papá? ¿Hija?– expresó sin poder creer lo que escuchaba– "No puede ser, acabo de golpear al padre de Sally. Mi vida es un desastre"– se atormentó mentalmente.
– Así que este es Hanamichi ¿no?– se dirigió el hombre ahora a su hija. Sakuragi saltó del espanto.
– Sí. Olvidé decirte que a veces es un tonto– espetó la muchacha observando con molestia al chico. Este comenzó a sudar inquieto.
– Perdóneme señor, yo no sabía… Discúlpeme, no fue mi intención– se excusó mientras hacía repetidas reverencias.
La muchacha permanecía cruzada de brazos, sentada frente al muchacho, este apenado intentaba excusarse, ante la falta cometida.
– Sally, debes perdonarme. Yo no sabía que ese señor…– pronunciaba entre atolondrado y vacilante.
– ¡Que fiasco me has hecho pasar con mi padre, Hanamichi!– reclamó la ojiverde, interrumpiendo al muchacho– Yo quería que se conocieran ¡Pero lo arruinaste todo!– recriminó ahora.
– Perdóname, no era mi intención Sally– se excusó una vez más.
– Ya no importa– espetó la ojiverde– Ya arruinaste la noticia que quería darte– añadió con su inamovible molestia.
– ¿Noticia?– murmuró con curiosidad– ¿Qué noticia?
– No creo que te importe– musitó la muchacha viéndole de soslayo.
– ¡Claro que sí! Sally, si tiene que ver contigo, claro que me importa– soltó sin pensarlo. Segundos más tarde, al analizar sus palabras, sintió como el calor subía a su rostro, más aún al sentir la mirada suspicaz de la chica.
– Esta bien, de igual forma te vas a enterar– espetó con indiferencia.
– ¿Hmm?– balbuceó retomando su curiosidad inicial.
– Es que… Decidí estudiar en Shohoku. Este año estaré aquí– soltó de mala gana. El entusiasmo con que contaba para informarle su decisión a Sakuragi, se había disipado con el escándalo protagonizado por el basquetbolista con su padre.
– Lo… ¿Lo dices enserio?– formuló dificultosamente, Hanamichi, mientras se ponía súbitamente de pie. El incidente con el señor Bruce pareció nublar lo suficiente sus razonamientos, como para evitar que se formulara el cuestionamiento del porqué de la presencia en Shohoku de la muchacha.
– Sí– afirmó– Antes de encontrarnos contigo, mi padre y yo estábamos hablando con el director para firmar mi inscripción, así podré asistir desde mañana mismo a Shohoku– narró con fingida casualidad.
– ¡Entonces es cierto! ¡Sally regresa a Shohoku! ¡Qué feliz soy!– exclamó con irreprimible júbilo– ¡Sí!– clamó ahora, sintiendo cómo el pesar que lo embargaba hasta hace pocas horas se esfumaba con las palabras de la ojiverde. Ella dibujó una tímida sonrisa ante el espontaneo festín del pelirrojo, entonces supo que había hecho lo correcto.
El hombre caminaba a paso calmo y seguro por las calles de la ciudad. Si bien aquellas calles no eran desconocidas para él, había pasado tanto tiempo desde la última vez que la visitó, que nada en ello le hacía evocar los recuerdos que de su vida pasada allí se anidaban. Todo había cambiado. Las luces de la nueva era y las nuevas construcciones habían llenado aquellos huecos que años atrás había recorrido de la mano con su joven novia. Nada de aquellos espacios verdes. Ahora todo aquello era el imponente centro comercial del estado de Kanagawa.
Pero sus pensamientos no estaban en aquello, sino en el hoy. Su preocupación era encontrar un hotel para alojarse junto a su hija los días que estuviera allí con ella, ya que estaba decidido, que al igual que durante su primera etapa del intercambio con Rukawa, Sally viviría en casa del padre del basquetbolista.
No tardó en abordar un taxi, el cual lo condujo hasta un hotel. Una vez allá, pidió dos habitaciones y ordenó dejar el equipaje correspondiente en sus respectivas habitaciones. Momentos más tarde, miró su reloj. Pasaba de las siete y treinta de la tarde, se dio cuenta que había dejado hace bastante a su hija. Entonces decidió ir a su encuentro.
Una vez que abandonó el hotel, caminó rumbo a la estación, la cual no se hallaba a más de tres cuadras de su interino hospedaje. La tarde era fresca. El sol había caído lo suficiente para acabar con el sofocamiento diurno y para apagar el color de cielo. Una brisa agradable lo envolvió en su andar. Un relajado suspiro lo hizo cerrar sus ojos para dar sus siguientes pasos. Aquellos días lejos de Norteamérica y del ajetreo de sus labores, lo hacían sentir cierta jovialidad que parecía haber quedado abandonado en un rincón remoto del camino de su vida.
El resentimiento que repentinamente se agolpó en su cabeza, producto de la paliza propinada por el joven amigo de su hija, le hizo abandonar de momento su relajo. Motivo por el que se detuvo para consolar un poco su dolor, acariciando su cabeza.
"Ese chico si que sabe golpear. No quisiera tenerlo de enemigo"
Pensó aún adolorido. Pronto reinició su camino, algo distraído por el malestar. Su ensimismamiento no le permitió advertir que alguien convergía en su camino.
– Lo siento, lo siento– se excusó de sobresalto al notar que la persona había caído al suelo.
– No se preocupe, fue mi culpa, iba distraída– contestó esta mientras se ponía de pie con ayuda del señor Bruce. Este no tardó en advertir que se trataba de una mujer, de forma descuidada reparó en su rostro, el cual observó admirado al reconocer en él a su ex esposa.
– Nanami– masculló preso del asombro.
La muchacha caminaba ahora junto al pelirrojo. El joven escuchaba atento el relato de la muchacha, donde informaba de lo que había ocurrido con ella durante los dos meses que estuvo en Norteamérica. Fue así como Hanamichi se enteró de que, Rukawa había decidido retomar sus estudios en Los Ángeles luego de que Megan lo increpara debido a que descubrió que había renunciado a su beca por el sentimiento de culpa que albergaba por haber abandonado a su madre, atribuyéndose la culpabilidad de la muerte de la mujer. También se enteró de que Megan y Rukawa había retomado su relación y lo sorprendente que le resultaba lo distinto que se mostraba el basquetbolista mientras estaba con su hermana. Pues, durante el tiempo que pudo conocerlo en Kanagawa, lo había considerado bastante arisco y difícil de abordar, pero aquello cambiaba, si bien no bruscamente, lo suficiente para advertir en cambio en sus maneras. Y algo que narraba con bastante entusiasmo, eran las habilidades que este demostraba en los partidos, y la excelente dupla que hacía con Eddie, quien había vuelto al equipo de básquetbol mientras Rukawa estaba en Japón.
– Si. Pero te puedo asegurar que no serían capaces de derrotar a un hombre tan talentoso como yo– murmuró con aire interesante. Sally solo sonrió.
– Es por todo eso que decidí regresar– continuó la muchacha.
– ¿Eh?
– Cuando volví a casa, me di cuenta que todo marchaba bien para mi hermana. Y una vez que hablé con papá, él me tranquilizó. Me dijo que si bien no había obtenido la respuesta que esperaba de mamá, yo contaba con todo su cariño, y que él jamás me abandonaría– contó– Entonces le pedí perdón por haberlo abandonado por ir a buscar a mi madre. Pero él me dijo que podía estar tranquila, que él entendía que haya sentido el deseo de conocerla, porque él nos había hecho creer que estaba muerta, y al saberla viva, era normal que quisiera verla– añadió a su relato– Todo eso me tranquilizó. ¿Sabes? Una de las cosas que más me atormentaban al estar aquí, fue que sentí que le había dado la espalda a papá cuando me enteré de su mentira. Pero sus palabras me consolaron. Creo que ir a casa era necesario para poder superar la desilusión que viví aquí con mamá. Y lo logré, lo superé– dijo esto último dirigiendo una sonrisa a su acompañante– Entonces, mi único asunto pendiente eras tú– murmuró con un destello novedoso en sus orbes verdes– Es por eso que estoy aquí.
–Sally– susurró embobado el pelirrojo.
–Estoy aquí por ti, Hanamichi– susurró sonriendo con condescendencia en sus ojos.
– Sally, yo.. – no alcanzó a terminar de formular lo que de forma atolondrada pretendía decir, cuando un sutil beso invadió la comisura de sus labios.
– Sa…– reformuló, viendo con su rostro ruborizado como la muchacha le regalaba una tierna sonrisa.
– Te quiero, Hanamichi– pronunció con una dulzura que el muchacho, ni en la más optimista de sus ensoñaciones pudo haber aspirado.
– Yo también te quiero, Sally– correspondió tímido.
– Entonces, ¿prometes no volver a golpear mi padre?– susurró embelesada, ella.
– Si – contestó sin poder abandonar su timidez, la cual se veía reforzada por los incontrolables golpes de su corazón que parecía querer escaparse de forma directa por su pecho.
– Bien– dijo ahora la muchacha, acercándose a los labios del muchacho, depositando un novato pero no por eso, menos cálido, beso en los labios del joven. Este, sorprendido, correspondió con inicial rigidez la novedosa muestra de afecto otorgada por la muchacha, para posteriormente, acostumbrarse a lo que le era regalado.
Momentos más tarde, se separaron para verse a los ojos. La mirada cándida y destellante de la joven, mantenía prendado al pelirrojo; quien por su parte, aún veía vacilante a la muchacha. Esta, agradada del comportamiento tímido del muchacho, que distaba de sobre manera con aquella petulancia que lo caracterizaba ante el mundo, se lanzó eufórica a los brazos del muchacho.
– ¡Te quiero, Hanamichi! ¡Te quiero, te quiero!– repitió aferrándose al chico.
El joven descansaba sobre el sofá, mientras veía escuchaba ruidosa música por medio de sus audífonos. La muchacha, después de largo rato, colgó el teléfono. Momento en el cual, fue a acompañar a su novio en el sofá. Depositó un suave beso mientras se tumbaba a su lado.
– ¿Acabaste?– inquirió en su acostumbrado tono neutro.
– Sí, Sally tenía un montón de cosas que contarme. Primero, que finalmente ella y su pelirrojo se hicieron novios. Luego, que Akira se había puesto muy feliz de verla allá y que te envía muchos saludos – inició.
– Información sobre dos tontos– espetó al recordar a sus rivales. Megan solo rodó los ojos.
– Y también que dejó a papá en el aeropuerto, que por cierto viene en camino. Y se despidió de prisa porque debía asistir a su primer entrenamiento en el club de judo– relató casual.
– ¿Club de judo?– inquirió con reprimida curiosidad, Rukawa.
– Ajá. Un tal Aota la persiguió para que se uniera a su club de judo. Creo que necesitaba a alguien con talento, y vio eso en Sally, y ella aceptó– no tardó en sentir cómo el cerrojo de la puerta principal crujía ante la llave que se introducía en ella – Ahí está. Papá ya llegó– anticipó. Luego, se adelantó para recibir al hombre. Lo saludó animosamente mientras lo abrazaba y depositaba un cariñoso beso en sus mejillas.
– Que bueno que llegaste– expresó.
– Buenas tardes, señor– saludó educado el muchacho.
– Hola, Kaede– correspondió el hombre– Hija, quiero que te sientes, hay algo que quiero decirte– manifestó el hombre.
– ¿No puede esperar? Acabas de llegar– manifestó preocupada, la muchacha.
– No. Hay alguien que quiere hablar contigo– indicó el hombre.
– ¿Y quién es?– inquirió extrañada– No me digas que Eiji insiste en visitarme. Ya le dije que…
– No hija, no se trata de él.
– ¿Entonces?– el hombre se acercó hacia la puerta.
– Ven, puedes pasar– invitó a su visitante. La pareja observó curiosa a quien era invitado. Enorme fue la sorpresa de Megan al ver en su casa a Nanami.
– ¿Tú?– exclamó con sobre salto. Rukawa veía extrañado la escena, pues desconocía a la mujer.
– Hola, hija– saludó ansiosa, la mujer.
– ¿Qué hace ella aquí?– reclamó la muchacha dirigiéndose a su padre.
– Viene porque quiere hablarte– explicó el señor Bruce.
– Todo quedó claro entre ella y yo, hace tiempo. No hay nada que tengamos que hablar– gruñó. Kaede, al advertir lo que sucedía, se excusó para abandonar la sala.
– Hija, ella hizo un gran esfuerzo al venir hasta aquí. Espero que tengas algo de consideración y la escuches– dijo el padre – Ahora las dejaré a solas para que puedan hablar– entonces se retiró.
La muchacha, sin bajar la guardia, permanecía cruzada de brazos e indiferente ante su madre. Esta, conociendo ya el carácter de su hija, sabía que era ella quien debería esforzarse para establecer el diálogo entre ambas, pues sabía que Megan no pondría mucho de su parte.
– Hija…
– ¡No me digas hija! Ya es demasiado tarde para eso– reparó la muchacha sin dejarla continuar.
– Megan– dijo entonces, Nanami– Sé que lo que hice, no tiene perdón. Pero debes entender, yo era muy joven, y no tenía claro qué es lo que quería para mi vida. Primero, a tu padre lo conocí siendo muy joven, nuestra boda también fue siendo muy jóvenes…
– Y los hijos que engendraste tenían que pagar tu inmadurez. Bien, te felicito ¿Algo más que decir?– interrumpió la chica.
– No, hija. No, Megan– se corrigió de inmediato– No vine a excusarme. Solo termino de darme cuenta de todo lo que causé. Veo en ti el peso de mi culpa. Te proteges bajo una coraza, actúas de forma defensiva, supongo que te hice falta– expresó la mujer.
– Como verás, eso no duró lo suficiente. Mi hermana y yo sobrevivimos a tu ausencia. No te necesitamos. Nadie aquí te necesita. Vete junto a Akira, él si necesita de tu apoyo. Con un hombre tan egoísta como su padre, y con una madre como tú, no me cabe duda– la mujer miró el suelo apenada.
– Perdóname– la mujer se daba cuenta de lo dura que se había vuelto su hija. Y era eso lo que más le pesaba.
– No sé qué le habrás dicho a papá y a Sally, pero conmigo no te resultará tu supuesto arrepentimiento. para mi ya es tarde para eso. Será mejor que te vayas. Adiós – entonces caminó hacia las escaleras para dirigirse a su cuarto. Nanami cayó de rodillas en medio de lágrimas.
Se oyó un gran estruendo, a la vez que la joven cerraba tras de ella la puerta de su habitación. La molestia era evidente en su semblante. Rukawa, que la esperaba en su cuarto, no tardó en advertir la exasperación de su novia.
– ¡Es el colmo!– prorrumpió la muchacha– No entiendo porqué mi padre pudo traer a esa mujer hasta aquí ¡En qué demonios estaba pensando!– gruñó mientras se sentaba en su cama.
– ¿Qué sucedió?– inquirió Rukawa.
– Es Nanami. De alguna forma convenció a mi padre y él la trajo para darme su discurso del perdón.
– ¿Y qué le dijiste?
– Que no. Está claro. Esa mujer aún no entiende que para mi no existe. Desde el momento en que nos abandonó debió tenerlo claro. No somos su estúpido juguete. O al menos yo, a diferencia de mi padre y de mi hermana, no pretendo ser su estúpido títere. No permitiré que vuelva a dañarme– sentencio.
– Deberías intentarlo– opinó Kaede. La chica lo observó con asombro– Perdonarla.
– ¡No! ¡Tú no te puedes poner de su parte!– gruñó sobresaltada, a la vez que le daba la espalda al muchacho.
– No lo hago, solo digo lo que pienso.
– Entonces ahórrate tu libertad de expresión. No la necesito.
– Esta bien– espetó Rukawa– Solo diré que no cometas el mismo error que yo, no, no seas egoísta– después de esto, dejó sola a la muchacha, que se quedó ensimismada en sus reflexiones.
Había pasado ya alrededor de dos horas, cuando la muchacha se decidió a abandonar su habitación. Ahora, caminó a paso lento hacia la primera planta. Allí se encontró con su padre, que en compañía de Nanami, compartían un café. Pudo advertir, que a pesar de la cordialidad entre ambos, cualquier acercamiento afectivo, no era lo que ocurría entre ellos. La muchacha tomó una bocanada de aire, entonces continuó su andar. Deteniéndose ante sus padres.
– Hija ¿cuánto tiempo llevas ahí?– dijo el hombre al advertir su presencia.
– Acabo de llegar – musitó observando a su madre, en quien notó rastros de lágrimas– Hay algo que quiero decirle a Nanami– dijo de inmediato.
– Pues, entonces las dejo solas para que puedan hablar– expresó el señor Bruce, poniéndose de pie.
– No es necesario, es algo que puedes oír. Entre Nanami y yo no hay secretos.
– Esta bien–pronunció el hombre retomando asiento.
– Si me preguntan, no creo que estés fingiendo tu arrepentimiento. Es normal que sientas culpa. Pero eso no significa que no volverías a cometerlos. A todos nos pasa. Es por eso que pensando mejor las cosas, puedo decirte que te perdono. Sinceramente, papá supo suplir de muy buena manera tu ausencia, es por eso que no tengo tanto rencor hacia ti. Pero de todas formas, eso no quiere decir que te quiera de vuelta. Es por eso que, puedo perdonarte, pero no me pidas que las cosas sean como antes. Porque jamás lo serán. No soy como Sally y como papá, que han demostrado confiar ciegamente en ti. Yo no puedo. Espero que te conformes con eso, porque es lo máximo que obtendrás de mi– terminó de hablar.
La mujer llorando, se lanzó a los brazos de la muchacha. Esta, con rastros de la hostilidad que habían predominado en su sentir por la mujer, correspondió de forma tacaña, tocando con frialdad su espalda. Su padre sonrió complacido. Kaede que observaba a la distancia, aprobó mentalmente la nueva actitud de su novia.
Aquello constituiría solo el inicio. Pues, a pesar de que aquella visita a Estados Unidos era de carácter fugaz. Nanami continuó haciendo visitas a Sally en Kanagawa y a Megan en Los Ángeles. Aquello no tardó en molestar al esposo de la mujer, quien harta de las discusiones con su esposo, decidió dejarlo una vez que Akira acabó la preparatoria. El muchacho, que gracias a la influencia de Sally, sintió el deseo de ir a la universidad en su país de origen. Fue así como junto a su madre, se radicaron de forma definitiva en Los Ángeles para estar más cerca de Megan. Si bien la relación entre los padres de las muchachas mantuvieron la cordialidad, jamás volvió a cundir entre ellos el amor. El único sentimiento común entre ellos, era el amor hacia sus hijas. El señor Bruce, además acogió con notable fraternidad a Akira, a quien siempre quiso como a un hijo.
FIN
MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODOS POR LEER :D
Review:
Jorge 4: Hola Jorge : D Me da mucho gusto haberte visto nuevamente aquí c : Te agradezco por continuar la lectura hasta el final, de verdad eso me da muchísimo gusto. Este capítulo tenía por intención hacerle justicia a ciertos personajes, sobre todo al par que te tenía más al pendiente : P espero que haya sido de tu agrado. Saludos, muchísimas gracias por seguir este fanfic, y éxito en todo : 3
