CAPÍTULO XI
Neil vio como repentinamente Terry se fue hacia el balcón, trató de mostrarse sereno- ¿qué estarás tramando Terry?- pensó en sus adentros.
-Cariño, ya estoy aquí, gracias Claudia, fue muy amable al atenderme-
-El gusto es mío señora- se retiró
-Espero se encuentre muy bien señora Candy, mire, le presento al señor Robert Stratford, dueño de la compañía que presentará Hamlet mañana-
-Encantada Sr. Es un placer para mí- dijo Candy
-¿No la he visto a usted antes?, ¿en Nueva York acaso?-
-Mmm, no sé responder esa pregunta Sr.-
-Mi esposa tuvo un accidente el cual no le permite recordar muchas cosas, no se sienta ofendido, pero como ella es tan hermosa, tal vez se la topó alguna vez en Nueva York y por eso se le hizo conocida-
-¡Oh Neil!, eres un adulador- y le dio un tierno beso en la mejilla, a lo lejos una intrigada Karen observaba la escena.
-¿Qué raro?, pasé enfrente de ella y simplemente no volteó a verme, pensé que era una grosera, pero al acercarme a saludar, solamente contestó mi saludo cortésmente y se retiró, pero estoy segura de que es ella, sí, ella es Candy, pero… ¿por qué no me reconoció?- meditaba seriamente Karen, procedió a acercarse al grupo.
-Miren- dijo el Sr. Statford, ella es Karen Klise, protagonista de la obra-
-Mucho gusto señores, a usted creo que ya lo conocía antes Sr. Leagan y a usted también señora, ¿no me recuerda?- preguntó Karen.
-Lo siento, pero no puedo recordarla, espero no resulte grosera mi respuesta-
-Mi esposa sufrió un accidente y perdió parte de su memoria, no recuerda a muchas personas, espero entienda y sea paciente con ella-
-¡Oh, ya veo!, pensé que sería imperdonable que después de todo lo que hemos vivido juntas no se acordara de mí- sonrió
-¿Ya nos conocíamos?- preguntó con curiosidad Candy
-Sí, eres enfermera y fuiste a llevar unos papeles a mi tío y ahí estaba yo, me hiciste compañía y lograste que saliera de mi depresión que a decir verdad, también era un berrinche- le sonrió
-Quisiera que me contaras más al respecto, a ver si logro acordarme de algo-
-Querida, será mejor que la invites a comer para que puedan charlar, si no es inconveniente señorita Kleis, no deseo que mi esposa se sienta mal en esta velada, para ella puede ser un shock y no quiero que su salud se vea afectada-
-Así será señor Leagan-
-Bueno, pues qué siga la fiesta, y dónde está el señor Terrence-
-Disculpen, ¿quién es el señor Terrence?- dijo Candy
Karen y Neil miraban asombrados a Candy
-¿No recuerdas a Terry Candy?- preguntó Karen
-No, no sé quién sea- dijo Candy con naturalidad.
-Está bien querida, creo que es mejor así- dijo Neil
-Señora permítame escoltarla, la presentaré con mi esposa, ¿nos sigues Neil?-
-Claro, sólo comentaré algo con la señorita Klaise-
-Karen, disculpe, si Candy, mi esposa, no recuerda a Terry no la force, ella sufrió mucho al lado de ese patán, que en realidad, huyó, creo que no aguantó la vergüenza-
-No sé bien de que me habla, pero evitaré hablar con Candy sobre él si así me lo pide-
-Es un ruego Karen, no quiero que se ponga mal y menos por culpa de ese, tengo una plática pendiente con él-
-Está bien, lo haré sólo porque estimo mucho a Candy-
-Gracias Karen, ¿me acompaña?-
Siguieron al señor Sewell el cual hizo las presentaciones pertinentes, tomó la palabra y después de un breve discurso se dispusieron a cenar, no tuvieron la compañía del Sr. Greum ya que se excusó diciendo que tenía que tomar aire fresco y que no tenía apetito, se le respetó y al finalizar la cena se procedió al baile.
-Querida, si no te sientes bien podemos retirarnos al hotel-
-Cariño, ¡es una noche espléndida!, me siento llena de vida, he conocido a alguien que ya me conocía, eso es algo que me llena de emoción, y… quiero bailar con el hombre que amo-
-¡Oh Candy, mi querida Candy!-
Se dispusieron a bailar como lo que eran en ese momento, un matrimonio de jóvenes que se aman profundamente, estuvieron juntos bailando en todo momento y Neil estuvo al pendiente de la salud de su esposa.
-¡Neil, deja de molestar con mi salud!, me siento perfectamente bien-
-Muy bien cariño, seguiremos bailando-
Mientras bailaban él le susurraba estas palabras a su oído.
"No existe nada que me dé ni la mitad,
De todo lo que tú me das, cuando descubro tu mirada,
No cambiaría ni loco tu sonrisa,
Por todo el mundo por nada de nada.
Que ya eres todo, todo lo que quiero yo,
Y todo lo que pido a Dios,
Te esperaría aquí con paciencia,
No cambiaría un minuto tu presencia,
Por todo el mundo, por nada de nada." (Marco di Mauro, nada de nada)
-Neil, ¡eres maravilloso!-
Se abrazaron con tal ternura que fueron la admiración de todos los ahí presentes, excepto por una persona que los observaba desde el balcón.
-¿Por qué Candy?, ¿por qué terminaste casada con él?, podría pensar en cualquiera, en cualquiera menos en él- pensaba con furia y dolor el guapo caballero inglés.
"Prometí quererte para siempre,
Y era cierto, no había dudas en mi mente,
Si el destino tuvo planes diferentes,
Y te herí por accidente, perdón […]
No espero amor ni odio,
Ya tengo bastante con mi dolor,
Maldigo el episodio,
No llores que yo fui quien lo escribió,
Me esperan los demonios,
Que deja tu olvido, que juega conmigo,
Ya sé que es cobarde pedirte en una canción, perdón". (Camila, Perdón)
-¡Candy!- golpeó fuertemente la pared con su puño y se asomó una lágrima en sus hermosos ojos azules.
¡Buenas noches chicas!, gracias a todas por sus comentarios, todos son tomados en cuenta por mí, estaré publicando cada semana porque ya entré a trabajar de nuevo y pues de regreso a clases también. Les mando saludos y un gran abrazo.
