CAPÍTULO XVI

En la ciudad de Santiago, las noches invernales no son como en América, ahí es un invierno caluroso ya que la estación presente en Sudamérica es verano, ahí se celebran las fiestas de un modo diferente, muy festivos, precisamente en una noche llena de magia, estrellas y luz de Luna salía una enamorada pareja hacia el teatro en donde se presentará su amiga Karen, aunque Neil estaba inquieto por lo que pudiera suceder, pero Candy le contó lo que pasó la tarde anterior y sus nervios se fueron tranquilizando, y así con gran gusto irían a acompañar al Señor Sewell en su gala de teatro. Ahí estaba reunida toda la alta sociedad de Santiago, incluso hasta el presidente Juan Luis Sanfuentes les daría el honor de acompañarlos a tan maravillosa velada, de hecho en propias palabras de él "Ni yo me perdería tal muestra de arte en nuestra creciente nación", todos estaban inmersos en una amena charla cuando anunciaron la segunda llamada y se dispusieron a tomar sus lugares, las damas ataviadas con sus más finas galas, los caballeros de impecable etiqueta y claro, no podía pasar desapercibida la joven pareja de americanos que eran la sensación de esa noche, "tan jóvenes y con un gran futuro" decían los asistentes a la gala. En el palco presidencial se encontraba el Sr. Sewell, su esposa y por supuesto, su socio Neil Leagan con su esposa Candice, que llamó la atención del gobernante por su espontánea plática y carácter amigable.

En medio de todo el protocolo comienza la función.

-Neil, no recuerdo haber presenciado una obra de teatro, espero recordar algo al ver esta-

-Esperemos querida, y ojalá sean puros buenos recuerdos-

Dijo esto recordando la noche en que él mismo, llevado por los celos, le rompió el ticket de entrada para ver Romeo y Julieta.

-ojalá no recuerde ese penoso suceso-

Estuvieron tomados de la noche en toda la función, la disfrutó enormemente e inconscientemente por primera vez vio actuar a Terry sin interrupciones.

-Qué bien actúa el Sr. Grandchester, siento algo, como orgullo, como si … sí, como si sintiera que ese es su más grande deseo y pasión, haya pasado lo que haya pasado, Terry, creo que fuiste una parte importante en mi vida, pero necesito vivir el presente y este momento me hace muy feliz, y estoy decidida a vivir como siento y deseo.- ella desde su interior cerró un círculo que seguía abierto y por fin terminó.

-Aunque estés lejos, estoy feliz de verte por aquí pecosa, es la primera función que disfrutas sin que nada se entrometa, aunque ahora el entrometido sea yo, Candy, mi bella pecosa, ¡qué tonto soy!, realmente fui un reverendo idiota al perderte, no sé qué vaya a pasar de ahora en adelante, espero recuperar tu amor y tu perdón.

Ya terminada la función los actores recibieron una gran ovación de pie, fue un éxito rotundo y estaba asegurado el lleno total en todas las funciones, Stratford estaba feliz por eso y se organizó una gala al final de la función en honor del presidente Sanfuentes. El salón estaba finamente arreglado con flores de la temporada, el ambiente estaba realmente ameno y agradable, las damas elegantemente ataviadas con sus mejores galas y los caballeros de impecable etiqueta, una pareja destacaba entre todas por su juventud y gallardía, él un buen mozo en un perfecto e impecable frac; ella en un elegante vestido largo color turquesa, con un peinado recogido rematado con una tiara delicada de finos brillantes transparentes, estaban radiantes. En el otro extremos del salón iban llegando los protagonistas de la obra, él con un elegante smoking y una corbata azul rey que le hacían resaltar sus hermosos ojos, ella en elegante vestido negro el cual no hacía dudar de su belleza castaña.

-¡Bienvenidos sean a la celebración, estamos por recibir al señor presidente, ya saben que personas tan importantes son las últimas en entrar- los recibió a la puerta Sewell.

-Gracias señor, de hecho viene atrás de nosotros, vamos a recibirlo como se merece-

Instantes después entró con toda la gallardía que un presidente puede ser recibido, todos estaban esperando su presencia para seguir con el festejo.

-Bienvenido señor presidente-

-Gracias Sewell, en realidad le agradezco por traer la modernidad a Santiago, nos hacía falta y vaya que vamos progresando por la exportación del salitre, a ver en qué para esta guerra, hay que ir viendo en qué otra cosa podemos impulsar la economía para cuando se acabe, ya que tiene que acabarse algún día-

-Tiene mucha razón, ahorita el salitre es prioridad ya que está de gran demanda; aunque ya tengo a mis ingenieros explorando los terrenos para ver que mineral se puede explotar previendo lo que usted comenta.

-Eso me agrada, ya sabe que tiene mi apoyo mientras mi pueblo se vea beneficiado con todas las mejoras.

-De hecho no sólo será en lo económico, mi joven socio Leagan trae unas ideas para el bienestar del pueblo que quiero que le comenten.

-Claro, los veo mañana en la oficina, ahorita es hora de departir, que comience el festejo.

A la seña de Sewell la orquesta comenzó a tocar y el baile fue abierto por el anfitrión y el invitado de honor, luego le siguieron Neil y Candy; al final Terry tuvo que bailar con Karen.

-¿Ya estás más resignado Terry? Le interrogó Karen.

-¿Acaso no me conoces?, no me distingo por ser un derrotista, yo necesito que ella me perdone, y quien sabe, poder recuperar su amor.

-Eso, mi querido Terry, lo dudo, voltea a ver, mira… mira lo bien que se ven los dos y lo enamorados que están, así que la tienes muy difícil.

-Tú lo has dicho, difícil, mas no imposible- y su mirada tuvo un brillo especial, no iba a darse por vencido tan fácilmente.- no te preocupes por esta noche; he decidido sólo por hoy no ponerla en contratiempos.

Al otro extremo de la pista de baile se llevaba a cabo una charla realmente conmovedora.

-Amor, ¿estás contenta?, ¿eres feliz?

-¿Por qué me lo preguntas Neil?, ¿acaso no lo sabes?, ¿no sientes mi corazón y mi mirada llena de ti?

-claro que te siento, pero quiero estar seguro de que jamás dudes que eres la mujer que llena mi vida, la que amo, a la que estoy dispuesto a dar mi vida con tal de que seas inmensamente feliz.

-¡Oh Neal!, claro que lo sé, y ¿sabes cuál es mi mayor deseo?-

-Dime cual, yo encantado de complacerte.

-Pues entonces te encantará, sabes… quiero hijos tuyos y míos, muchos… los que se puedan- y guiñó el ojo.

-Señora Leagan, sus deseos son órdenes, esa tarea me hace inmensamente feliz y lo sabes, si quieres, nos retiramos temprano a cumplir tus deseos.

-¡Oh que cosas dices!, se sonrojó Candy, no es mala idea.

-Entonces vamos a disculparnos e irnos al hotel, tenemos la excusa de que mañana partimos a Rancagua.

-Claro cariño, vamos a despedirnos- se dieron un tierno beso en los labios.

La feliz pareja se fue a despedir del Sr. Sewell y del presidente.

-¡Qué pena que se van tan pronto!, pero entiendo que su señora no ha estado bien de salud últimamente, vayan y mañana lo espero temprano en mi oficina para que me cuente el proyecto que trae en Rancagua, ya me ha informado algo su socio.-

-Encantado Sr. Sanfuentes, ahí estaré a primera hora, con su permiso, nos retiramos.

Su retirada de la velada fue seguida por unos ojos azules llenos de desesperanza y rabia; Terry no era un espíritu resignado.

-Tendré paciencia pecosa, tarde o temprano hablaremos como debe de ser, tú y yo solos.

Mientras tanto; al norte del continente americano, un galante rubio ojiazul esperaba una visita que él creía le iba a aclarar el panorama que tenía; todavía muchos vacíos.

-Sr. Williams, ya llegó Leagan-

-Gracias George, hazlo pasar a la biblioteca.

-En seguida, allá te espero.

Tan fuerte como era él, no permitía que lo ayudaran con su silla de ruedas, mandó hacer rampas estratégicas en la casa de modo que él pudiera andar libremente sin depender de nadie, ni el accidente ni su condición hicieron que su espíritu flaqueara, seguía siendo el mismo tipo fuerte que ha sido siempre. No tardó mucho en llegar a la biblioteca.

-¡Buenas noches Sr. Leagan, lo estaba esperando.

-Es un gusto verte más recuperado Williams, ¿qué es lo que se te ofrece de mí?

-Voy a hablar sin rodeos, quiero la ubicación exacta de Neil en Chile, es urgente para mí.

.-¿Por qué es tan urgente?

-Toma asiento por favor, ¿tú sabes quién es la esposa de Neil?

-No, me tomas por sorpresa, él le mandó una carta a Elisa contándonos que se había casado con una mujer maravillosa y que pronto nos la presentaría pero no tengo idea de quién sea ella.

-Mira este documento-

El Sr. Leagan tomó el papel, lo leyó y emitió un sonido de asombro.

-¡No puede ser!, ¿por qué ocultarlo?

-Eso es lo que quiero saber precisamente, ¿por qué no nos dijo que tiene a Candy?, ¿por qué ella no me ha escrito? Esto está muy raro, si descubro que le hizo algo malo a Candy o la ha llegado a chantajear me va a conocer realmente, ¡¿por qué callar?!, si sabía que estamos como estúpidos buscándola por todos lados.

-Disculpa Williams, pero estoy tan sorprendido como tú.

-¿Ahora entiendes por qué necesito saber el paradero exacto de tu hijo?

-Entiendo, pero ¿qué planes tienes?, es mi hijo y necesito saberlos.

-No es nada malo, hasta hoy, voy a ir a Chile y te exijo me digas dónde localizarlo.

-Está bien, te lo diré, pero con una condición.

-¿Cuál es esa condición?

-Que me dejes ir contigo, yo necesito aclarar todo también.

-Está bien, partimos en tres días, arregla todo, Archie se quedará a cargo de los negocios por aquí; haz tú lo mismo.

-Sí, de acuerdo, le diré a mi yerno que se encargue de los asuntos de la familia.

-Sólo te pido un favor, no lleves a tu esposa, ella podría entorpecer todo.

-Tenlo por seguro, nos vemos en tres días.

La plática entre ambos llegó a su fin, los tres días pasaron rápidamente, esa mañana del miércoles, Albert, George y el Sr. Leagan se embarcaban hacia Panamá para de ahí tomar un tren que los llevaría a Chile, el viaje tomará un mes en realizarse.

En ese mes allá en Rancagua todo era felicidad, Candy iba recuperando poco a poco su vigor, se la pasaba de arriba hacia abajo ayudando en todo a su marido, supervisando la construcción de la escuela y del sanatorio, y espontáneamente se dio cuenta que sus habilidades de enfermera no las había olvidado, recordaba cómo curar y cuidar a un enfermo, las medidas que se necesitan en un hospital para el cuidado de los enfermos, Neil cada día se sentía más orgulloso de su esposa y ella de él, diariamente lo veía partirse el lomo junto con los trabajadores, si acaso él en el pasado fue soberbio y arrogante, el día de hoy era un hombre totalmente nuevo, compasivo, paciente y sobre todo muy amoroso con su esposa la cual a decir de todos los que los rodeaban era la luz de sus ojos. Por otra parte, Terry estaba de gira por Argentina, no podía olvidar lo cerca y a la vez tan lejos que estaba de Candy, no quedó contento con el resultado de su última charla, -tanto daño te hice para llegar a este punto sin retorno, Candy, te veré pronto- pensaba cuando iba en camino a Buenos Aires a dar otra función más.

El mes se pasó rápidamente, los días para llegar a Chile a Albert se le hacían eternos, necesitaba saber todo lo que había pasado con Candy, lo que la orilló a actuar como lo hizo. Estaba sentado en su camarote cuando entró George.

-Sr. Williams, tenemos más informes sobre Neil, mire este periódico, es de hace un mes.

Él lo tomó entre sus manos y lo vio, sí, era ella, tan hermosa y radiante que se veía y estaba acompañada por Neil- sí, son ellos, no cabe duda, Candy, estás tan hermosa, pero… ¿por qué no te comunicaste conmigo?, ¿qué ha pasado contigo mi pequeña?- se aferró del periódico y le dijo a George- se ve que están haciendo una vida normal.

-Así es Williams, Rancagua, es así como se llama la ciudad en la que están está a unas horas de Santiago, la cual es la próxima estación, creo que es conveniente hacer una parada allá para que descanses, ya llevamos mucho viajando y necesitas descansar.

-No… no George, seguiremos, cada día que pasa mi angustia se agranda y no quiero que esta zozobra siga, seguiremos adelante.

-Como digas.

Las horas se pasaron volando, el tren de las 3 llegaba a Rancagua, un hermoso pueblo a pocas horas de Santiago, a pesar de ser casi febrero el clima era realmente agradable.

-Pues bien señores, hemos llegado, ¿está todo listo George?

-Listo, todo está previsto para su traslado, ¿sigue con su plan de llegar por sorpresa?

-Claro, no queremos ponerlo sobre aviso, así serán más sinceras las explicaciones.

-Estoy de acuerdo con Williams , George, vamos.

Se encaminaron hacia el coche que los llevaría a la conocida casa de los Leagan, el cielo estaba despejado, había un hermoso clima, el pueblo se veía agradable, ellos llamaban la atención de los pobladores al ser gente desconocida, se preguntaban entre sí quiénes serían las personas que recién habían llegado- parecen ser personas importantes- comentaban entre sí los moradores.

El coche se aparcó enfrente de la residencia, fueron recibidos por Celia, la ama de llaves de los Leagan.

-¡Buenas tardes señores!, ¿qué se les ofrece?

-¡Buenas tardes señora!, soy el padre del Sr. Neal, ¿puede ser tan amable de comunicarle que he llegado?

-Los señores no están pero ruego que pasen, estarán sorprendidos gratamente por su presencia, no sabíamos de su llegada.

-En realidad quería sorprenderlos.

- La señora no está lejos, se fue a supervisar un rato la construcción de la escuela, todo idea del señor, y la señora lo apoya mucho, a pesar de que aquí llegó como dormida su recuperación ha sido bastante buena.

-¿dormida? Susurró Albert.

-Sí, ¿no lo sabían?

-sí por supuesto, es que mi sobrino de repente no se acuerda de muchas cosas.

-Eh, sí, sí, soy muy olvidadizo.

- Pasen por aquí, les traeré unos refrescos, mi marido se encargará de su equipaje.

-Gracias, señora.

-Me llamo Celia, a sus órdenes- se retiró a la cocina.

-Escuchó, ella llegó dormida, ¿a qué se referirá con eso?

-No sé Williams, es muy intrigante, estoy igual o más sorprendido que tú, vamos a esperarlos, pronto tendremos respuestas.

-sí, iré a tomar aire-

-¿Lo ayudo?

-No, creo que la casa está acondicionada para alguien en mi misma condición, observe, la casa es de un solo piso y hay rampas, creo que ya empiezo a entender algo, necesito despejarme.

Salió hacia el hermoso jardín de la casa, el aire diferente y lejano de Chicago lo hacía recordar buenos y malos momentos.

-Candy, ¿qué ha pasado contigo en todo este tiempo?

A la distancia pudo distinguir una silueta realmente familiar, ahí venía ella, cantando y caminado, a veces casi brincando de alegría, así era ella, exactamente como la recordaba. –Candy, ¿serás tú?- se apresuró a encontrarse con aquella visión, al aproximarse hacia poca distancia de ella, se quedó ahí inmóvil y con voz decidida la llamó.

-¡Candy!

Ella se pasó en seco, mil rayos pasaron por sus ojos y su mente, de repente todo el cielo despejado que había se volvió nublado y con rayos que le taladraron la cabeza, se acercó unos pasos, estaba temblando, no sabía por qué, su cabeza se comenzó a nublar y un grito desesperado salió de su garganta -¡Albeeeert! Su cabeza se nubló y no supo más de ella.

¡Hola chic s! Una disculpa por no actualizar, entre tanto trabajo que tuve y mi maestría todo me absorbió hasta la inspiración, espero les guste este capítulo, el día de hoy me dedicaré a escribir lo más que pueda para no tenerlas tan abandonadas, gracias todas por sus reviews y comentarios, Luna claro que no me molesta que me den retroalimentación, al contrario, así puedo poder atención a detalles que por la emoción puedo pasar por alto. Un abrazo y saludo a todas. :)