Disclaimer: Pokémon no me pertenece.

Pairing: Gary/Misty

Letra: C de Costumbre


Costumbre

.

Gary acostumbraba ir, de vez en cuando, de visita a Cerulean. Eran asuntos de rutina, algunas investigaciones, favores para su abuelo, algunos negocios. Y de paso, aprovechaba de ir al gimnasio. No, no es que fuera a Cerulean especialmente para ir al gimnasio de dicha ciudad, y mucho menos para saludar a la líder: era solo una visita ocasional, aprovechando que estaba de paso por la ciudad. Sí, eso era.

Cada vez que iba era recibido por las hermanas mayores de la chica que, acostumbradas a sus visitas ocasionales a la ciudad, lo invitaban a quedarse esa noche a cenar para partir al día siguiente. Gary nunca rechazaba esa invitación, es decir, ya estaba ahí después de todo.

Luego aparecía Misty, que lo saludaba enérgicamente cada vez, como si hubiese pasado mucho desde la última vez que lo vio, cuando en realidad su última visita fue hace poco tiempo. Él estaba acostumbrado a ese tipo de recibimiento por parte de la chica pelirroja.

Durante su estancia, él observaba y analizaba a los pokémon del gimnasio. No podía evitarlo; ese era su trabajo. Los veía nadar eternamente en el acuario dispuesto para ellos. Sabía que tarde o temprano Misty aparecería nadando entre ellos y aguardaba pacientemente el momento en que podría verla vistiendo su traje de sirena que acostumbraba usar cada vez que jugaba con sus pokémon. Por supuesto, eso era con fines únicamente científicos, nada más. Nada tenía que ver el hecho de que la chica se veía hermosa con su traje y que siempre que tenía la suerte de verla con él puesto, recreaba la vista. Pero eso era tan solo de forma incidental.

—Misty, dile a Corsola que deje de salpicarme— rio el investigador que estaba a orillas de la piscina. Dicho pokémon se divertía lanzándole pequeños chorritos de agua al chico mientras él intentaba cubrirse con los brazos.

Misty le dirigió unas palabras a la criatura y se sonrieron mutuamente. Ella nadó a la orilla de la piscina en donde Gary se encontraba mirando, le sonrió y le indicó con un gesto que se acercara, como si fuese a decirle el secreto mejor guardado del mundo. Él –que no quepa duda de eso-, se acercó, interesado en cualquier cosa que ella fuese a decirle.

Cuando él estuvo lo suficientemente cerca del borde, ella se colgó de su cuello con ambos brazos y lo arrastró junto con ella al interior de la piscina. Ella rio a carcajadas al ver realizada su travesura, mientras que él no podía estar más sorprendido de lo que acababa de suceder.

Y mientras ella aún seguía colgada de su cuello, él rodeó su cintura con sus brazos y se mantuvieron flotando a merced del movimiento del agua, que ya comenzaba a aquietarse.

Entonces, Gary pensó que definitivamente podría acostumbrarse a eso.

.


Revisado: Viernes 13 de abril de 2018