CAPÍTULO XXI

La movilización en la mina Leagan era intensa, el ing. Giménez organizaba a más gente para emprender de nuevo la búsqueda del dueño de la misma, Sewell supervisaba toda la operación, la indicación era buscar a Neil cueste lo que cueste y vivo. Supusieron por el lugar de la explosión que esa ala está llena de gas y no sabían con certeza si todo el gas fue expulsado o seguía contenido, ni la situación de los desaparecidos, que eran tres: Neil, Florencio y el ing. Enrique Suárez, no quedaba otra opción que ir por el ala sur, aunque se tardaran más tiempo, ya no era seguro explorar por la parte oeste ya que temían otra explosión.

-Lo que no sé es cómo le diremos esto a Candy George- decía preocupado el Sr. Leagan.

-Entiendo, iré a comunicarle la situación al Sr. Williams, él sabrá qué hacer con la señora Candice-

-Estoy de acuerdo con tu decisión, yo no me despegaré de aquí-

-Muy bien, regreso en un rato para apoyar en lo que sea necesario-

-gracias George-

George se apresuró a tomar un caballo para regresar a la residencia Leagan donde está Candy y Albert, aunque en su mente sabía que con el primero que tenía que hablar era con Albert para manejar la situación de Neil.

-¡Qué tragedia!, espero todo salga bien-

Al llegar a la casa, se apresuró a buscar a Albert el cual estaba en la sala acompañando a Candy.

-¡George, qué bueno que viene!- se levantó Candy- dime, ¿cómo están los mineros?-

-ellos están bien señora Candice, solamente hay algunos heridos y algunas cosas técnicas qué hacer todavía-

-¿Y Neil?, ¿vendrá pronto?- preguntó Candy con impaciencia

-Él vendrá tan pronto sea posible señora- mintió- ¿me permite hablar con el sr. Williams?, es algo sobre unos negocios-

-adelante, pueden usar el despacho de mi esposo-

-¿Pasa algo George?- preguntó intrigado Albert.

-en el despacho hablamos señor-

Se dirigieron al despacho, ya una vez ahí adentro y asegurándose de quedar debidamente cerrada la puerta con seguro se dispuso a hablar con Albert.

-¿qué pasa George?, te noto preocupado, aparte te conozco, lo que le dijiste a Candy no es del todo cierto ¿verdad?- preguntó inquisitivamente

-No, no le dije la verdad, la mayoría de los trabajadores salieron bien, el sr. Neil fue uno de los rescatistas, le dije que no fuera pero insistió en que era su responsabilidad, pero…

-continúa George, ¡no te calles!-

-pues volvió a explotar una parte de la mina y el Sr. Neil quedó atrapado junto con dos personas, no se puede explorar por esa misma ruta ya que es riesgoso, se puede explorar por otra área pero es tardado, como quiera no se sabe si están heridos o haya pasado algo-

-¡qué tragedia!, ¿y qué han hecho?-

-El Sr. Sewell ya tomó medidas y el Sr. Leagan no se moverá de ahí, lo que no sabemos es cómo manejarlo con la señora Candice, su salud nos preocupa y pienso que usted es el único que puede manejar la situación con ella-

-entiendo, manda traer al doctor de Candy, primero quiero charlar con él para ver los riesgos de darle una noticia así en su estado, y… ¡Oh George!, ¿por qué la vida de empecina en traerle desgracias a Candy?, ¡es tan injusto!- golpeó sus silla con el puño.

-así lo haré, estaré con él aquí lo más pronto posible-

-Gracias George-

Salió George de la casa buscando al doctor Cuevas para traerlo a charlar con Albert y de paso que revise a Candy para conocer su estado de salud. Albert se quedó pensativo en el despacho, Candy se había ido a recostar un rato, Celia la convenció de hacerlo y avisó a Albert para que estuviera enterado, pasó una hora desde que George se fue, el doctor estaba en la mina tratando de ayudar lo más que se pudiera.

-Señor Albert, el doctor está aquí-

-Hágalo pasar- dijo Albert

-Bienvenido doctor, me supongo que George le informó el por qué lo mandé traer-

-en efecto, me informó y como le venía diciendo, creo que por el momento no es bueno alarmar a la señora hasta que no se tengan noticias concretas sobre el sr. Neil, no es bueno alterarla en su estado-

-Está bien doctor, le informaremos que la ausencia de Neil es por motivos de la mina, hasta que no tengamos noticias de él-

Estaban platicando y de repente se oyó un grito proveniente del cuarto de Candy, fueron inmediatamente a ver qué pasaba y encontraron a Candy alterada.

-Albert, algo le pasó a Neil, ¿verdad?, ¡respóndeme!- gritó con desesperación Candy

-¿Por qué lo dices?-

-Porque acabo de tener un sueño horrible, él me gritaba, me pedía ayuda y luego se desvanecía, dime que se encuentra bien, ¡dímelo!- decía alterada Candy.

-No se altere señora, no le hará bien a su bebé-

-Mi hijo estará perfectamente, eso lo sé, lo que quiero es que me digan cómo está mi esposo-

Todos se miraron entre sí y el doctor asintió y dijo – no tiene caso ocultarle las cosas, se alterará más-

-¿Qué quiere decir con eso?- preguntó Candy

Albert se acercó hacia ella y la tomó de la mano. –Candy, Neil entró con el grupo de exploración, se sacaron a la mayoría de los mineros, pero… ocurrió otra explosión y se quedaron nuevamente atrapados tres personas, entre ellos…entre ellos va Neil Candy, no se sabe lo que ocurrió, hay varias maneras de explorar pero las dos son de riesgo.

-¡Oh Dios mío!, ¡Neal!- se rompió a llorar- llévame a la mina, quiero saber qué pasó con él-

-Eso sí no señora, en su estado necesito que guarde reposo, ahorita le administraré un calmante para que esté tranquila y mañana si se cuida podrá ir a la mina, yo la acompañaré-

Candy lloraba amargamente, no entendía las palabras del doctor, sólo pensaba en su esposo, en la mala jugada que les estaba dando el destino, solamente sintió un pinchazo en el brazo y se quedó dormida- ¡Neil, mi amor!- fue lo último que dijo antes de quedarse profundamente dormida.

-Sr. Williams el calmante que le acabo de administrar es suave, la tendrá dormida hasta mañana, yo mismo vendré y la acompañaré a la mina, no quiero que sufra otra crisis, necesito que la apoyen mucho.

-Así será doctor, vamos, lo acompaño.

-George, sólo queda esperar, esperemos pronto tengamos noticias de la mina-

-Así será, mañana iré, mientras no vengan a decirnos nada quiere decir que sigue la situación igual-

-Es cierto George, hay que albergar alguna esperanza, "Candy, cómo quisiera quitarte todo sufrimiento" pensó Albert y se retiró a su habitación.

Así siguieron las horas, largas para algunos sobre todo para el Sr. Leagan, preocupado por su hijo- ¿Cómo va todo Jiménez?-

-Comenzamos a explorar por el área sur, tardaremos dos días si bien nos va y no ocurre ningún inconveniente-

-¿dos días más?, ¡no puede ser!, ¡no puedo con esta incertidumbre!-

-lo sé Sr. Leagan, pero mis muchachos hacen todo lo humanamente posible-

Así pasaron dos días, Albert convencía a Candy de esperar, que no era conveniente ir en esos momentos a la mina, que si no había noticias es que nada malo podría haber pasado, él tenía el don de convencer a Candy con su alma pausada, calmada y centrada y ella sabía guiarse por sus consejos, había aprendido a seguir los consejos de Albert, sabía que lo que él decía era lo mejor.

En la mina un padre atribulado no había descansado, casi no probó bocado y solamente quería tener noticias de su hijo, cualquier que fueran, sólo quería quitarse esa incertidumbre que no lo dejaba en paz.

-Hijo, mi amado hijo, espero estés bien-

Estaba inmerso en sus pensamientos donde rememoraba a Neil recién nacido, luego en su tierna infancia; después cuando en su rebeldía y mal manejo de su madre y la distancia que él tenía con su familia lo hicieron caer en lo más bajo, lo vio enamorarse y no ser correspondido, así mismo lo vio maltrecho pero con la esperanza de salir adelante y así fue; sí, su hijo cometió muchos errores, pero los había enmendado y estaba dispuesto a seguir una vida llena de dicha y felicidad al lado de su familia, pero el destino estaba jugando una mala pasada.

-Sr. Leagan, ¡señor Leagan!, venga por favor- gritó el ing. Giménez.

-dígame, ¿sabe algo de mi hijo?- contestó con miedo

-¿reconoce esto?- le enseñó una chaqueta color café.

-Sí, es la que llevaba mi hijo el día de la exploración, ¿lo han encontrado?-

Con un gesto de desesperanza le dijo.

-Es todo lo que pudimos encontrar, se encontró a la entrada de un gran pozo que no sabemos hacia dónde va, creemos que por la oscuridad cayeron ahí, solamente encontramos esto a la entrada, si lo nota le falta una parte, tal vez se rasgó al momento de caer, llegamos hasta la parte oeste donde ocurrió la explosión y ya no hay rastros de nadie-

-¿qué quiere decir con eso?-

-lo siento señor Leagan, creo que su hijo murió junto con Florencio y el ing. Suárez, no hay rastros de ellos-

-¡No puede ser!, esto no es cierto, ¡dígame que no es cierto!- estrujó al ing. Un padre desesperado y marcado por el dolor y le sufrimiento, de lo que no se percataron era de que a pocos pasos los escuchaba Candy y Albert, ella al escuchar la noticia se quedó en shock, no sabía qué hacer.

-¡no es cierto!, ¡díganme que no es cierto!, mi esposo no puede haber muerto, ¡nooo!- Candy emitió un grito aterrador y corrió hacia a la mina, las personas trataban de impedirlo pero ella fue más ágil.

-¡Candy!, gritó Albert, el impulso por ir tras ella fue tan grande que cuando menos acordó ya estaba dirigiéndose hacia la mina dejando a todos con la boca abierta de la impresión, ¡se había levantado! Y además era tanto su impulso que se fue tras de Candy dándole alcance justo cuando uno de los mineros le impidió seguir más adelante.

-¡Candy, no debiste hacer eso!-

-Albert, ¿no entiendes?, ¡es mi esposo! Y quiero ver dónde está- se giró hacia donde estaba él y su sorpresa fue mayor.

-¡Oh Albert!, ¡no puede ser!, ¡estás de pie!-

-¿qué?, ¿qué dices?- y girando su mirada vio hacia sus piernas y las vio de nuevo de pie y no salía de su asombro, esa noticia hubiera sido la mejor en otras circunstancias, pero este, no era un buen momento…

-Vamos, necesitamos salir-

-Albert, por favor- y ella salió con él envuelta en lágrimas y con el corazón deshecho.

Se dirigieron a la entrada de la mina donde los esperaban George y los demás, ella abrazó a su suegro el cual le dijo:

-Querida hija, las últimas palabras de mi hijo al entrar a esa mina fue que te amaba mucho, que te amaba a ti y a su hijo y que eran lo mejor que le pudo haber pasado en esta vida- y ambos se echaron a llorar.

-Sr. Williams, ¡qué alegría!, entonces si era cierto lo que decían los doctores, sólo necesitaba un estímulo para volver a caminar y eso dependía de usted-

-Sí George, creo que era cierto, lástima que se dio de esta manera- y ambos se abrazaron con alegría y a la vez una profunda tristeza.

Al pasar la tarde y ya entrada la noche estaban reunidos en la residencia, Candy fue sedada por el doctor para que dejara de sufrir y allá en la estancia se discutían varios asuntos.

-¿pero están seguros de que Neil murió?- preguntó Albert- no encontraron su cuerpo, eso no da la seguridad de que murió, ¿y si está por ahí en la mina?-

-Señor, eso es una fosa, no está explorada esa área, pero no creo que haya salida por ahí-

-entiendo, pero no me resigno a que mi hijo esté muerto- dijo con tristeza el sr. Leagan.

-No hay indicios de otra cosa, la verdad quisiera pensar otra cosa, pero por lo que veo no hay más que se pueda hacer, sólo esperar el tiempo que fijan las autoridades para dar por fallecida a una persona- dijo el sr. Sewell.

Candy se despertó y fue a la estancia a reunirse con todos, al verla quedaron en silencio, sólo Albert se acercó a ella y la trajo con todos.

-Sé que consideran a mi esposo muerto, yo tengo todavía esperanzas que sigue vivo, no sé, lo siento adentro de mí, no me pregunten por qué, sé que las autoridades darán su veredicto, yo no sé nada de negocios, así que todo lo concerniente a ello trátenlo por favor con mi suegro y con el sr. Albert Andrew- se paró y se dirigió de nuevo a la recámara donde cansada de llorar sólo se puso a rezar implorando que Neil apareciera por ahí de repente en la puerta.

Así pasaron dos semanas en donde las noticias eran las mismas, no se encontraron los restos de los tres hombres, se hizo un funeral simbólico en el que participaron las familias de los desaparecidos, hubo mucho dolor porque no había un cuerpo al cual llorar ni una tumba que visitar, era un vacío enorme el que se sentía. Al llegar del funeral se reunieron en la estancia de la casa, la pregunta tenía que ser dada.

-Candy, ¿quieres regresar a Chicago con nosotros?, me puedo quedar por dos semanas más, pero hay asuntos que tengo que arreglar allá y requieren mi presencia.

-No quiero dejar la tierra en donde fui tan feliz, pero sin él la existencia aquí no tiene sentido- dijo una triste Candy.

-Candy, su socio el Sr. Sewell ha propuesto manejar la mina y cuando tú decidas se la puedes vender para que no tengas que preocuparte por lo que pueda pasar-

-es muy pronto para decidir eso, esa mina es el corazón y alma de Neil, no me podría deshacer de ella tan fácilmente, pero creo que seguiré la recomendación de mi doctor, otros aires me harán bien por un tiempo, así que acepto irme con ustedes, quiero ir con mis madres y ahí pasar mi embarazo en tranquilidad- lo decía al momento que colocaba su mano en su vientre.

-Muy bien Candy, George se encargará de todo, el Sr. Leagan se quedará un tiempo más para enviar tus cosas de regreso.

-Gracias Albert, tu apoyo es todo lo que tengo- dicho esto se retiró a su habitación.

-No me gusta verla así George, pero estoy seguro que en su hogar estará más cómoda, la noto demasiado melancólica y triste-

-Es comprensible, ha pasado por duros momentos y no es fácil para ella asimilar la muerte de Neil.

Se realizaron todos los trámites pertinentes y salieron de ahí rumbo a Chicago, Albert, George y Candy, su vida había dado un giro de nuevo, pero ella estaba dispuesta a seguir con lo que se había propuesto, superar la pérdida y dedicarse por completo en cuerpo y alma a su hijo – al menos este amor me dejó una gran alegría, amor mío, te amo y te amaré por siempre Neil- dicho esto en su mente se alejó el transporte rumbo a Santiago para de ahí llegar en un mes a la ciudad de Chicago.

-Señor, señor, mire, a lo lejos se ve una luz, creo que esta caverna tenía salida-

-Gracias a Dios, escuchó nuestras plegarias-

¡Hola chicas!, espero les guste este capítulo, espero sus reviews, no me deja verlos todos, no sé por qué, pero ojalá los vea pronto, me da mucho gusto que la historia les guste y ahí va un poco de historia, en una página de FB llamada Candy y Terry fanfic inesperados publiqué un fan fic sobre Paty llamado Renacer de las cenizas y ahí surgió la propuesta de hacer un fan fic sobre Neil, fue una especie de reto porque fue un reto para mí el llevar a Neil a este extremo donde sea realmente el ganador del amor de Candy por dos razones, al ver el anime y luego leer el manga en realidad es el único que le dice a Candy que la ama, de mala manera y sin saber amar, entonces decidí darle una oportunidad a este personaje para que se redimiera y luchara por el amor de nuestra pecas, espero sus comentarios y haber despejado dudas sobre este fanfic que como dije antes es de Candy, espero sus comentarios ny sugerencias, les deseo un 2016 lleno de éxitos, prosperidad, salud y muchas buenas experiencias. ¡Un abrazo para ustedes! :)