Cap 12

- Bien. Profesor necesito preguntarle algo.

INICIO DEL CAPÍTULO.

- Diga- empezó a moler una pequeña pelota de sangre de unicornio, estaba realizando una poción regeneradora.

- Señor, ¿Cuándo usted me besó por qué lo hizo?- vi como soltaba sin cuidado la sangre, la poción explotó y todo el salón quedó manchado de ella.

- Porque quise- empezó a limpiar todo el desastre con la varita, limpió el caldero y con un hechizo lo guardó, había gastado los ingredientes de esa poción.

- ¿Solo por eso señor?- no estaba convencida de eso.

- ¿Por qué pregunta?- me respondía con otra pregunta.

- Curiosidad- tenía que lograr que me dijera- sabe que es raro que cuando Draco me besó usted también lo hiciera.

- Una cosa no tiene que ver con la otra- trató de explicarse y cruzó sus brazos en el pecho, me senté en una silla cerca de él.

- Tal vez no pero sabe que hace algún tiempo encontré una rosa en mi cama con una bella leyenda- empecé a acorralarlo con las cosas que había notado.

- ¿Y a mí debería importarme?- contestó sarcásticamente.

- No señor- le sonreí- pero eso puede significar varias cosas porque solo usted, la profesora McGonagall y yo sabemos la contraseña del cuadro de mi habitación y alguien entró así que tuvo que haber sido la profesora McGonagall o usted porque obviamente yo no lo hice o puede que haya sido algún otro estudiante y en ese caso debería importarle a usted, se supone que debe brindarme seguridad dentro del castillo y ese otro estudiante no solo descubrió la contraseña de mi habitación si no también la del cuadro principal de la Torre de Premios Anuales y eso pondría en riesgo la seguridad de Draco.

- Investigaré- dijo y caminó a sacar un libro de una estantería de las mazmorras.

-Profesor, entenderá que no me siento segura descansando en esas habitaciones así, no puedo dejar que nadie pueda dañarme a mí o a Draco.

- No lo hará buscó una página especial en ese libro- esta es la poción que haremos hoy.

Necesitaba entrar por otra parte, él no contestaría mis preguntas tan fácilmente, tomé los ingredientes de la poción y empecé a prepararlas.

- Severus- él me miró sorprendido, no lo había llamado antes por su nombre- de verdad estoy preocupada.

- No lo estés- me observó tranquilamente- no le van a hacer daño- volvió a su tono indiferente de siempre.

- ¿Por qué?- tomé el polvo de hada y lo esparcí uniformemente por la poción.

- Porque está segura señorita- tomó unos pelos de centauro y los colocó, dándole a la poción un tono azulado.

- Eso no es suficiente respuesta señor- lo miré y él me estaba observando, le sonreí para animarlo.

- Las envié yo, como usted dijo solo Minnie, usted y yo tenemos la contraseña de su habitación, esperaba que no supiera que era yo.

- Ya lo sabía señor- sonreí al ver ganada una pequeña batalla- la letra en la carta es igual a la suya cuando anota apuntes en mi libro.

- Entonces no me haga perder el tiempo- estaba molesto.

- No lo hago Severus- coloqué las tres gotas de lágrimas de Fénix que se necesitaban, la poción pasó a ser un amarillo verduzco, cerca de ser terminada, me acerqué a él y suavemente lo besé en los labios- me gustaron mucho.

- Hum- seguía algo molesto pero era menos, no le gustaba ser descubierto.

- No me gusta tu respuesta- me observó con altanería- ¿por qué me besaste?- puse mis manos en su cuello y él tomó varios frascos con plumas de hipogrifo y las colocó suavemente en la poción, revolvió dos veces en sentido a las agujas del reloj y la pócima tomó un color blanco, había quedado perfecta.

- Hermione- sonreí al escuchar en sus labios mi nombre- quise besarte, lo deseaba desde hace bastante tiempo.

- ¿Desde cuándo?- me separé de él y empecé a colocar la poción en frascos y a etiquetarlos.

- Usted también respondió a ese beso.

- Sí señor- enrojecí furiosamente, me concentré en lo que estaba haciendo.

- ¿Por qué?- sonrió con suficiencia al voltear la conversación.

- Porque quería hacerlo, porque necesitaba besarlo.

- Pero antes de besarme había besado a Malfoy- escupió el nombre.

- Sí pero eso fue bastante extraño.

- ¿Por qué?, según usted dijo él sabía cómo besar.

- Y sabe hacerlo, sin duda uno de los mejores besos que tuve fue ese- vi como una llama de furia atravesaba sus ojos, si quería menospreciar a Draco no lo lograría conmigo y además no estaba mintiendo- pero no fue algo que deseara antes.

- ¿Entonces por qué lo hizo?- en los meses que llevábamos trabajando juntos habíamos trazado una especie de confianza para poder preguntar algunas cosas personales.

- Porque sentí que nadie podía observarme, quería sentirme deseada por un momento, bonita- le conté algo que no había logrado dejarme aceptar, no era una chica materialista ni necesitaba la aprobación de nadie pero esa vez quise algo más.

- Yo la deseaba- confesó y me miró de frente- la deseo- quedé de piedra con esa confesión- disculpe señorita, no debí haberle dicho eso- bajó su mirada a los frascos de pociones y los empezó a revisar uno a uno.

- ¿Desde cuándo?- logré reaccionar.

- Desde cuarto año- respondió después de un par de tensos minutos de silencio.

- ¿Y por qué nunca me lo dijiste?- crucé mis brazos en el pecho.

- ¿Cómo hubieras aceptado que tu profesor de pociones te hubiera dicho que te deseaba?

- Hubiera respondido que yo también lo hacía, que odiaba entrar a recibir pociones y no poder tocarle ni un cabello a mi profesor, que cada vez que me insultabas deseaba besarte- esta vez él se quedó mudo.

- Eso no es cierto.

- Sí lo es, te deseaba desde tercer año pero mi profesor de pociones nunca daba ninguna señal de sentir absolutamente nada, no era lo suficientemente estúpida para decirte nada.

- Eres buena mintiendo.

- No lo hago- empezaba a aburrirme el que no me creyera- deseaba que en algún momento tuviera una detención contigo para poder estar a solas como hoy, para poder besarte, acariciarte.

- Señorita Granger, está jugando con fuego- advirtió, el problema era que deseaba hacerlo.

- ¿Y qué si quiero hacerlo?- le miré desafiante.

- No me haría responsable de lo que pasara.

- ¿Qué podría pasar señor?- empecé a incitarlo.

- No debería tentarme- tenía una pequeña batalla moral en su interior.

- No me ha dicho…profesor Snape- abrió sus ojos y había determinación en ellos.

- Podría terminar haciéndole el amor en ese escritorio.

- ¿Una fantasía señor?- sentía como empezaba a excitarme al imaginarlo.

- Unos cuantos pensamientos impuros sobre usted señorita Granger- me taladró con la mirada- pero era demasiado complicado que la perfecta prefecta hiciera algo erróneo para castigarla.

- ¿Por qué no me los cuenta profesor?

- Podría enseñárselo- asentí.

Severus se acercó y besó mis labios posesivamente, lo deseaba, deseaba que me hiciera suya tal y como lo había imaginado él, pasó sus manos por mi cintura atrayéndome hasta sentir mi cuerpo completamente unido a él, me solté de sus brazos y me acerqué a su escritorio y me senté en él, le hice señas con una mano y lentamente empecé a tomar los botones de mi blusa y a quitarlos uno por uno.

- Parece que una leona se ha portado mal hoy- dijo y acarició con la punta de sus dedos, sobre mi pantalón de mezclilla, mis piernas, sentí varias ráfagas de electricidad recorrer mi cuerpo.

- No profesor Snape- hice un mohín inocente, se suponía que era la perfecta prefecta.

- No me mienta- me gritó y arrancó sin piedad los botones de mi camisa, la dejó caer al suelo- no me gustan las mentiras señorita Granger- observaba detenidamente mi brassiere rojo.

- Le digo la verdad profesor Snape, no he hecho nada- vi como un bulto empezaba a crecer en sus pantalones, traté de tomarle la túnica pero sus manos me impidieron esa labor.

- ¿Le he ordenado que lo haga?- negué con la cabeza- entonces no, quítese ese maldito brassiere y tírelo lejos, no quiero verlo en usted.

- Profesor Snape- lo llamé e hice lo que me había ordenado- ¿no quiere ayudarme?

- ¡Qué impertinente es!, por eso debería bajarle puntos a su casa ¿pero no queremos que Gryffindor salga más perjudicado verdad?- negué de nuevo- acuéstese en mi escritorio.

Lo hice y él empezó a besarme lentamente, sus manos tomaban el cierre del pantalón pero sin quitarlo, traté de quitarle de nuevo su túnica pero volvió a quitarme.

- ¿Acaso quiere que de verdad la castigue?- negué con la cabeza pero deseaba decir que sí, lo necesitaba.

Quité mis manos, él las tomó y con su mano izquierda las aprisionó lejos de su cuerpo, bajó su boca hasta depositar pequeños besos en mi cuello empecé a gemir y a de verdad desearlo, tomó con su otra mano mi pezón y empezó a masajearlo hasta dejarlo erecto, hizo lo mismo con el otro.

- ¿Profesor?- lo llamé, necesitaba que dejara de jugar, tenía lava en mis bragas y él parecía no darse cuenta.

- Miss Granger- me soltó completamente y cruzó sus brazos en el pecho- usted está aquí por una detención, tóquese- me ordenó.

Seguí con mis manos el trabajo que él no había terminado, pasé mis manos por mi cara, bajé hasta mi estómago y suavemente posicioné mis dedos en mis pechos, empecé a friccionarlos y a gemir quedamente en el lugar, bajé una de mis manos hasta el cierre del pantalón pero de un manotazo él había impedido que lo abriera.

- Debería de verdad castigarla, me estoy cansando que no haga caso a las indicaciones- sus dedos empezaron a jugar con el cierre de mi pantalón, su boca besaba mi cuerpo por debajo de mi ombligo.

Quitó mis zapatos de tacón pequeño y los dejó ordenadamente al lado mío, besó mis pies y metía su boca entre mis dedos, cerré los ojos y gemí con fuerza.

Sus dedos habían quitado el broche de mi pantalón y bajaban demasiado lento para mi gusto, empezaba a desesperarme y él lo sabía.

- ¿No conoce otro color que no sea el rojo?- dijo y bajó lentamente mi pantalón, pasaba sus dedos en mis piernas y sentía la necesidad de él.

- No- esperaba cabrearlo al no ser formal con él.

Quitó por completo mi ropa y solo quedaba en unas pequeñas braguitas rojas, me volteó suavemente y quedé con mis pies en el suelo pero recostada al escritorio, todo mi trasero estaba expuesto a él.

- ¿Nadie le enseñó a respetar a sus superiores?- me dio una suave nalgada pero bastante sonora, pasó su lengua por mi espalda y me estremecí visiblemente.

- Sí pero trato de olvidar esas reglas de vez en cuando- no sabía por qué pero me sentía desinhibida en ese momento, lo deseaba.

- Entonces debería recordárselas yo- sus dedos tocaban en la parte trasera de mis muslos y empecé a gemir más fuerte, pasaba sus dedos por encima de las bragas presionando mi clítoris pero muy rápidamente.

Bajó su lengua hasta mis piernas, las lamía y mordía en algunos puntos, me separó los pies para poder tener mejor acceso a la parte superior de mis muslos pero sin tocar la parte que necesitaba atención urgente de él.

- Severus por favor- me hice de piedra al recordar que a un profesor jamás se le llamaba por su nombre, él se incorporó y se separó completamente de mí.

- Definitivamente merece un castigo señorita- sonrió con aires de suficiencia- acaba de faltarle al respeto a su profesor.

- Pero profesor Snape yo no quería…- me interrumpió poniendo un dedo en mis labios.

- Póngase boca arriba en mi escritorio- lo hice- quítese esas endemoniadas bragas y démelas, tengo que tener una prueba de su detención- lo hice y él al tenerlas en la mano las olfateó, las guardó en el bolsillo de su pantalón, sonrió y me miró de nuevo.

- Quiero que se toque usted sola- me pidió y se sentó en la silla del escritorio, desde esa vista tenía una perfecta visión de lo que yo hacía.

Empecé suavemente a tocar mis piernas, necesitaba hacer lo que él decía, estaba en una detención, tomé mis pezones y pellizqué delicadamente, cerré los ojos para poder imaginar toda la situación en la que me encontraba, estaba en el escritorio de mi profesor masturbándome para excitarlo, recordarlo solo hacía que me excitara más, mis manos poco a poco dejaban el lugar y empezaban a bajar hasta mi hinchado clítoris, lo tomé entre mis dedos y empecé a masajearlo suavemente, mis gemidos llenaban el lugar, el olor a mi sexo inundaba delicadamente la estancia, con mi otra mano empecé a pasarla entre mi entrada del coño, necesitaba algo más que solo mis dedos pero él no me lo daría tan fácilmente, introduje un dedo y empecé a sacarlo y meterlo rápidamente, empecé a pellizcar mi clítoris en busca de un inminente orgasmo.

- Quite sus dedos de ahí- escuché vagamente la orden de mi profesor, renuentemente hice caso.

- ¿Me ayudará profesor?- le pedí y abrí mis ojos.

- No señorita- quería llorar de frustración, necesitaba alivio- usted hizo algo muy malo y no merece una recompensa de mi parte.

- Prometo portarme bien pero por favor no me deje así- observé su mirada de triunfo, sabía que su polla necesitaba atención pero él no me dejaría tocarlo.

- Granger, dígame una cosa- pasaba despreocupadamente sus dedos por mis piernas, enviaba electricidad a todas partes de mi cuerpo y no podía pensar en nada- ¿Cuándo he dejado que un alumno me pida algo?

- Nu un unca pro profesor- empezaba a temblar mi voz de ansiedad, lo necesitaba y él no hacía nada más que jugar conmigo.

- ¿Entonces qué está pidiendo?- me separó más las piernas y sus dedos empezaron a recorrer mi vagina, empecé a gemir con una simple caricia de él- Y dígame- empezó a introducir un dedo dentro mío- ¿quién fue su primer hombre? Porque obviamente usted no es virgen- no podía pensar en la respuesta, empezó a mover su dedo dentro de mi cuerpo hasta tocar mi pequeño botón G, empecé a gritar de placer y él incrementaba sus movimientos, sentí mi vagina contraerse pero antes que llegara mi orgasmo él detuvo sus movimientos completamente y sacó su dedo de mi cuerpo- respóndame- empecé a lloriquear, lo necesitaba y él me hacía llegar a límites dolorosos de placer.

- Fue Ron profesor- centré mi mente en lo que me preguntaba.

- ¿Y dónde?

- En su habitación en la Torre de Prefectos.

- Y dígame otra cosa- bajó su boca hasta dejarla a la altura de mi clítoris- ¿hace cuánto fue?- empezó a tomar con su boca mi botón de placer, cerré los ojos fuertemente y dejé salir un gemido gritado, mordisqueaba delicadamente la zona e introducía un par de dedos dentro de mí, volvió a tomar posesión de mi cuerpo con sus dedos y me dejó al borde de un orgasmo…de nuevo.

- ¿Por qué para?- empecé a patear el escritorio con los pies y crucé mis brazos, él se separó completamente y sonrió ante el pequeño berrinche que había armado.

- No me ha respondido- lo miré con incredulidad, ¿me dejó al borde de un orgasmo por una pregunta?, empecé a llorar de verdad por la frustración.

- Hace tres años, solo esa vez y nos dimos cuenta que nada entre nosotros sexual funcionaría, ¿complacido?- lo observé detenidamente.

- Mucho- me besó delicadamente, lo necesitaba de verdad.

Empezó a bajar delicadamente por mi cuerpo, sus dedos tomaban posesión de mi clítoris suavemente, llevándome delicadamente a la completa excitación, bajó sus pantalones hasta las rodillas y de una estocada introdujo su miembro en mi cuerpo, pequeñas estrellas rojas y negras surcaron mi visión al tener un inmediato orgasmo, su miembro tocaba mi punto G alargando las sensaciones más tiempo, me quedé sin respiración y arqueé mi cuerpo buscando más contacto, al recuperar el control normal de mi cuerpo observé a Severus componer una cara de completa satisfacción y gruñir en su paraíso, sentí como potentes chorros de semen tocaban mi cuerpo hasta que él volvió a abrir los ojos.

Recostó su cabeza entre mis senos y respiró por un momento, subió su cabeza y me besó delicadamente.

- ¿Contenta?- preguntó.

- Demasiado- lo besé de nuevo.

FIN DEL CAPÍTULO

¿Estoy perdonada por haber durado tanto? La verdad el Lemon salió rapidísimo pero la conversación del principio fue dema difícil de escribirlo, me costó pero aquí está.

Irenne Snape Addams: Te he dicho que sos un Sol, ja ja ja, de verdad TQM por los comens tan acertados tuyos, siempre capaces de levantar ánimos, me gusta dejarlas intrigadas, imagino sus caras de: voy a matar a la escritora. Ja ja ja. Yo también quiero unos diamantes. Cuídate.

Besos, espero sus reviews.

Mnica Snape.