Hiro Mashima es el dueño de estos personajes

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ABZURDAH

―Unexpected―

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Cerró los ojos un instante y sintió su respiración cortarse. Estaba cerca del rostro del muchacho, muy cerca. Por pura inercia la sangre se agolpó en sus mejillas, dándole un inconfundible tono granate.

Pudo admirar más de cerca su semblante duro y masculino. Se embelesó en silencio por el hecho de encontrarse en los brazos de Gray Fullbuster (no era el concepto que había tenido en mente, pero al menos era algo). Tuvo que contenerse para no estirarse y palpar el marcado pecho del chico.

Por unos segundos se permitió perderse en la oscuridad marina de su mirada y contuvo un suspiro. Era tan perfecto, tan hermoso, tan…

―Maldición ―Y con ese simple vocablo, su burbuja se rompió.

Lo vio maniobrar como pudo y finalmente se las ingenió para hallar una postura adecuada para no caer sobre ella. Seguramente todos os estaréis exasperando al leer que el moreno no se levantaba de una vez y ayudaba a Juvia, pues era por una buena razón (dos en realidad): el piso estaba húmedo y sus manos aún se encontraban mojadas por el agua de la ducha, cosa que si hacía algún movimiento brusco podría hacer que resbalara y aplastara a la pobre chica; la otra causa era la méndiga toalla enredada en su cintura cubriendo su desnudez. Sabía que el nudo comenzaba a desatarse y no quería quedar desnudo delante de la de cabellera cobalto, sobre todo porque cualquiera podría verlos y digamos que en esa posición y él casi desnudo… podría malinterpretarse fácilmente.

Loxar esperaba paciente que su acompañante hiciera otro movimiento o expresara alguna que otra queja. Estaba incómoda, sonrojada, pero sobre todo avergonzada. No podría verlo nunca más a la cara luego de eso. Rezaba para que se levantara y todo eso terminara rápidamente.

―¡Eh Juvia, te estás tardando mucho! ―el pánico pudo verse en la cara de Juvia al poder percibir el grito de su amiga rubia y Gray lo notó, imitando su gesto―. ¿Acaso te has quedado a ver cómo se bañaron los del equipo de fútbol y te quedaste embobada aún en las duchas, pequeña pervertida? ―rió con estruendosas carcajadas.

Cuando la cabeza de la impaciente Heartfilia se asomó dentro del lugar, vio la situación en la que se encontraba su amiga y los colores le subieron al rostro. Se quedó petrificada en su lugar, sin saber qué decir exactamente.

Aspiró hondo y tragó en seco. Bien, ahí iba la pregunta tonta:

―¿Acaso interrumpo algo?

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Sus ojos verdes se pasearon con aburrimiento por el pizarrón. Odiaba la clase de Historia, no entendía una mierda. Para él no era más que sucesos pasados que no tenían nada que ver con él. ¿Para qué le servía a él saber sobre Oda Nobunaga? Ni que fuera a hacerse historiador o algo por el estilo.

Suspiró cansado y miró a su alrededor. Nadie interesante para molestar/hablar/armar desmadre. Se dejó caer aburrido sobre su pupitre y escondió su cabeza entre sus brazos, acomodándose para dormir.

―Lucy Heartfilia pase al frente, por favor ―la voz del profesor nombrando aquellas palabras familiares hizo que se medio incorporara en su escritorio. Era esa chica rubia del otro día si no mal recordaba… ¡sí, era ella! ¡La había golpeado con un balón en la cara, la amiga de Erza! Recordaba haberla ayudado a levantarse y que ésta estaba tan atontada por el golpe que ni siquiera había sido capaz de hilar una frase coherente. A eso había que sumarle que sus mofletes se habían puesto excesivamente colorados. ¿Podía darle fiebre por un simple golpe? La verdad que ni idea. En conclusión, Luigi era rara.

Hablaba sobre el tema con total naturalidad y respondía a las preguntas que el profesor hacía con total precisión. Podría decirse que la profesora parecía ella. Se erguía y peinaba su cabello de vez en cuando, al parecer era un tic. Pasaba su las hebras que cubrían su frente por detrás de su oreja repetidamente, hasta podría contarlas pero no estaba tan aburrido.

Movía las manos de vez en cuando para hacer énfasis en sus palabras, con una mirada sagaz y llena de conocimientos. Se explayó y expandió su vocabulario, pronunciando con gran facilidad vocablos muy complicados que él nunca podría repetir.

Tronó sus nudillos, se apoyó a la pared, revoleó los ojos y se movió inquieta por la limitada zona que estaba a su disposición (desde el escritorio del maestro a la puerta, siendo marcado el camino por los pupitres de los alumnos). Estaba nerviosa, pero en su rostro no se reflejaba tal emoción, únicamente sus extraños y exasperantes tics.

Con un suave suspiro de alivio, concluyó su exposición y sonrió al tutor de clase. Hizo una pequeña reverencia de sumo respeto y pasó por su lado para volver a su asiento. La siguió con la mirada. Había algo extraño en esa joven, algo que lo llevaba a estudiarla para poder descifrar qué era aquello que le faltaba o tal vez sobraba. Pero no duraba mucho, pues se desinteresaba del tema con facilidad y se ponía a observar con más emoción a la mosca que revoloteaba alrededor.

La gruesa y melódica voz del señor Hoffman resonó por el salón, haciéndose notar sin mucho esfuerzo:

―Bien, como estamos a principio del trimestre, os daré un pequeño trabajo práctico que deberá ser entregado en dos semanas ―pausó―, en grupo de a dos ―Gran parte del salón comenzó a festejar y a preguntarse para hacer grupo, pero el profesor se adelantó―. Yo elegiré los grupos ―Eso bastó para matar la revolución que estaba a punto de armarse.

Se cruzo de brazos y se dejó caer contra el respaldo del asiento, bufando y cerrando los ojos. Su cara expresaba un mudo: "levántenme cuando la tortura termine".

Nombres y apellidos diversos, de hombres y mujeres, fueron llamados y siendo distribuidos en los grupos establecidos para realizar el ensayo. Pero casi saltó de su asiento al oír su apellido en un comentario que para nada se esperaba:

―Dragneel, a ver si levantas esa nota ―habló antes de anunciar lo que en verdad importaba―. Harás el reporte con Heartfilia, a ver si aprendes de ella; es una alumna ejemplar ―y sin más, cerró su gran libro de temas, justo antes de que sonara el timbre del receso.

A pesar de que a Natsu le daba bastante igual que le tocara con ella (el susto había sido más porque se esperaba ser retado por el maestro al dormitar en plena clase), Lucy quería que la tierra la tragase.

De todos los alumnos que había en clase, ¿por qué justo tenía que hacer el trabajo con Natsu Dragneel? Estaba perdida.

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Continuará…