Hiro Mashima es el dueño de esto maravillosos personajes, yo solo los utilizo para esta alocada historia.

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ABZURDAH

—Like Fire, Like Ice—

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En su preparatoria existían dos ciclos: el ciclo básico —primero, segundo y tercer año— y el ciclo superior orientado —cuarto, quinto y sexto—. En el segundo grupo, dentro de cada año habían cinco orientaciones distintas: Humanística, Biológica, Economía, Comunicación y Científica. Cada una tenía sus horarios y materias particulares, aunque todas tenían un número de seis materias generales (Física, Química, Historia, Matemáticas y Literatura).

Por su parte, ella estaba en Comunicación y compartía clase con su amiga Levy y con el adonis de Natsu Dragneel. Sin embargo, éste nunca la había notado y ella tampoco había tenido las agallas suficientes como para hablarle. Y luego dos años de ir al mismo salón, de nunca interactuar, ¡pum! Reporte salvaje aparecía y la obligaba a tener que entablar una conversación con él —aunque fuera sobre un trabajo práctico de historia, pero daba igual—.

Suspiró con una sonrisa, estaba de muy buen humor. Había hablado con el pelirrosa para poder así acordar su reunión para poder trabajar juntos. Ya tenía su número de móvil y todo. El día no podía ser más maravilloso.

Tomó su bandeja y se sentó en una mesa para dignarse a almorzar. Erza, Juvia y Mira tendrías su receso más tarde. Los jueves nunca coincidían en los recreos, solo en dos materias. Levy, se había quedado hablando con su profesor, preguntándole algunas cosas sobre el examen que tendrían en una semana.

—Hey, Lu-chan —habló la peliazul, llegando a su lado.

Salió de su trance al oír la voz de su amiga. Parpadeó repetidamente antes de centrar su atención en McGarden. Le sonrió y le hizo un gesto para que se sentara frente a ella.

—¿Y cómo vas con los asuntos del festival? —inquirió la muchacha, dándole un sorbo a su jugo de naranja.

Lucy acomodó su flequillo y resopló con cansancio. Le dio un bocado a su sándwich y luego de haber tragado, contestó.

—Con Erza y los delegados y encargados de los otros cursos, estuvimos repartiéndonos tareas. A nosotras nos toca coordinar el área de comida y la de los equipos que jugarán en la apertura de la liga intercolegial —comentó—. Los de cuarto y sexto se ocuparán de las decoraciones y de la limpieza, al igual que de conseguir todo lo que lleguemos a necesitar. Luego se dividirán todos los gastos —concluyó.

—Woah, suena agotador. Te deseo mucha suerte, Lu-chan —habló Levy, ligeramente asombrada.

—Oh, tranquila. Llevamos un buen ritmo con Erza y terminaremos dentro de poco —Sonrió con recobrado entusiasmo—. No dejaré que esto frustre mi día.

Y así sería. Era una hermosa mañana, ya nada podría arruinarla. ¿Cierto?

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Miró el pizarrón, anotando todo lo que se encontraba en él. Intentaba concentrarse, de verdad que lo intentaba pero por su mente solo podía recordar una y otra vez lo que había sucedido en los baños. Cada vez que lo hacía, sus mejillas se teñían de rojo y quería largarse a llorar. Pero, no sabía se de la emoción o de la vergüenza.

¿Interrumpo algo?

Juvia, totalmente escandalizada y de manera impulsiva, intentó incorporarse, haciendo que en el proceso sus senos chocaran contra el torso del chico. Esto bastó para que él perdiera el equilibrio y cayera sobre la chica.

Ni Heartfilia, ni Fullbuster y mucho menos Loxar se creían la situación en la que estaban metidos.

G-Gray-sama —hiló ella, roja a más no poder, sin poder moverse.

El chico la cubría con todo su cuerpo, no podía hacer nada. Y para peor, la toalla se había soltado totalmente de la cintura del muchacho, quien intentaba desesperadamente poder tomarla para poder taparse, ponerse de pie y pirarse de allí lo más pronto posible.

Mierda, mierda —masculló el moreno, mientras ataba improvisadamente el trozo de tela blanco a su cintura y se corría de encima de Juvia, quien no podía reaccionar, para así levantarse—. Siento… todo eso —murmuró, tendiéndole la mano a la peliazul para que pudiera ponerse de pie.

Más sonrojado y avergonzado no podía estar. Nunca le había sucedido algo semejante a eso.

Aceptó su mano, temblorosa. Juntó sus cosas y sin poder decir nada, salió huyendo del lugar, totalmente abochornada.

—Gray-sama… —murmuró para sí, cerrando sus ojos durante unos breves segundos, sin atreverse ni a mirar al mencionado, el cual se sentaba al lado suyo.

Por alguna razón, tenía una leve esperanza de que el chico comentara algo sobre el tema. Incluso si era una disculpa, una queja, algo… ¡pero que no actuara como si no había sucedido nada, joder! ¡Casi había robado su inocencia por accidente y actuaba como si no hubiese pasado nada! Un: "Me ha gustado, hagámoslo de nuevo", no estaría nada mal. Aunque pensándolo bien, eso sería demasiado pervertido y obsceno, cosa que no sería muy adecuada para esta historia. Además, si seguía imaginando ese tipo de cosas, en cualquier momento se desmayaría.

Entonces, lo vio rebuscar en su mochila de forma brusca, acelerada. Alzó una ceja, extrañada y preocupada por su accionar tan extraño. ¿Le faltaba algo?

—Maldición, no de nuevo —blasfemó, suspirando cansinamente.

Se sobresaltó ligeramente al oírlo maldecir. Lo miró fijamente, como esperando algo. De golpe, él se giró y la enfrentó con esos ojos azulinos oscuros. No pudo apartar la vista, se sentía cautivada por aquellas gemas opacas.

—Disculpa…

Casi saltó de su asiento.

—¿S-si? —balbuceó ella, parpadeando un par de veces para volver a la realidad, sonrojándose aún más al notar que se había quedado embobada viéndolo.

El chico carraspeó y miró hacia el profesor, quien estaba distraído. Cuando se aseguró de que no sería reprendido por hablar en clase, volvió a centrarse en la chica.

—He olvidado mi libro, ¿podría trabajar contigo? —preguntó, acercando su escritorio al de ella e inclinándose hacia su lado.

Ella —bastante rígida por los nervios— solo se limitó a acercar el banco hacia el extremo de su pupitre para que el muchacho pudiera leer mejor el libro. Intentó calmarse a sí misma, pues no era para tanto. Solo estaban compartiendo un libro. Pero de todas formas, tenerlo así de cerca y con lo que había sucedido.

Gray la miró de reojo, notándola extrañamente tensa. Alzó una ceja, curioso. Sin embargo, en seguida le restó importancia. El incidente del día anterior llegó a su memoria, obligándolo a apartar la vista y concentrarse en el libro. Eso había sido muy vergonzoso.

La hora pasó, lenta y tortuosa. Aburrida. Sin embargo, para Juvia fue el cielo, ya que estuvo compartiendo libro con su querido Gray-sama. Y sí, pese a todo lo sucedido, tener una excusa para hablar con él ya le ponía bastante contenta. Incluso si era sobre contabilidad. A ella no le importaba.

Se puso de pie al mismo tiempo que el chico, el cual volvió el escritorio a su lugar. Ella guardó sus libros en su mochila, dispuesta a almacenarlos en su locker para que no le hiciesen peso y cambiarlos por los que usaría en el próximo módulo.

Vio a Gray caminar hacia la puerta, despreocupado, dispuesto a ir hacia la cafetería. Esto, le dio una gran idea. Arriesgada, pero brillante.

—Esto… Gray-sama —le llamó, haciendo que éste se detuviera y la mirara, intrigado—. J-Juvia se preguntaba si podrían… a-almorzar… juntos —tartamudeó, moviendo su pie izquierdo nerviosamente, mientras bajaba la vista.

El chico se mantuvo en silencio, mirándola fijamente. Luego de unos tortuosos e infinitos segundos, él sonrió ligeramente.

—Por supuesto.

Y casi se desmaya ante tal deslumbrante mueca —incluso si era casi invisible, para Juvia ya era algo gigantesco—.

Continuará…

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No me maten.

Siento de verdad haberme tardado tanto, pero ahora que finalmente he recuperado mi computadora, me pondré al cien con mis fics. He vuelto para quedarme.

Tati, espero te guste este capítulo.

Besazos y gracias por todo el apoyo.