Muchas metidas de pata: Aiacos medita sobre Violate, pero no digamos que tiene mucho filtro cuando dice algunas tonterías. Para Hypnos, los problemas familiares apenas comienzan y Hades comienza a notar que su estratega anda algo… pues… *afectado* emocionalmente hablando. ¡Así no hay como ganar una guerra!


¡HOLA A TODOS! Considerar que este fic sucede más o menos en forma paralela a algunas situaciones ocurridas en el Santuario (a partir del fic Magistri) Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y sí… hay imágenes nuevas en las portadas de los fics. Se las debo a Lallen–Fanart, quien me las regaló hace un tiempo. Irán apareciendo conforme se actualicen los servidores. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!


XVIII. NEMO ME IMPUNE LACESSIT
("Nadie Me Ofende Impunemente")

Capítulo 1: Problemas Conyugales

Antenora. Despacho de Aiacos.

14 de marzo. 11:46 horas.

La niñera, una muchacha que no tenía mucho de especial, tuvo el tino de tomar a Benito y llevarlo a su habitación ni bien vio entrar a Aiacos y a Violate al despacho. Era evidente que ambos venían de una pelea bastante encarnizada que no había tenido nada que ver con un entrenamiento como los que solían pegarse. Estaban sucios, bastante lesionados y de un humor de perros. Al menos habían ganado, aunque no sin esfuerzos. Aiacos se apoyó en el sofá al mismo que tiempo que Violate, y ambos se permitieron un adolorido suspiro de alivio, incluso moviendo uno de los brazos al unísono, sin que se dieran cuenta de ello.

"La rep**a madre que los parió…"

"… a la mi***a todo…"

Gruñeron al tiempo que movían sus extremidades. Aiacos resopló y le dio unos golpecitos al peto de su sapuri, consiguiendo que la armadura abandonase su cuerpo. Quejándose para sí, se levantó la camiseta, revelando un horrible moretón en las costillas que había llegado allí producto de la embestida de una de las Calaveras, los guerreros de más alto rango entre los esqueletos de Xibalbá, que solían dar más problemas de los usuales a la hora de dejarse matar, sin mencionar que tenían la horrible costumbre de dar chillidos estridentes cuando eran aniquiladas. De hecho ese era el motivo del porqué Violate se estaba masajeando los oídos (tendría un pitido todo el día) cuando lo vio intentando quitarse la camiseta.

"Aaaargh…"

"Deje que lo ayude, señor."

"Con cuidado… siento el hombro raro…"

La espectro le miró neutral y tomó otra ruta. Rompió la tela no sin ganarse antes un siseo dolorido por parte del juez, pero Aiacos dejó que Violate le quitara la camiseta de ese modo, dejándolo a torso desnudo. Cuando se vio libre de aquella prenda, y aun sintiendo los efectos de la soberana ensalada de patadas recién recibida, el juez caminó hasta un espejo cercano para ver el moretón más de cerca, junto con las otras heridas que parecía tener en el cuerpo, sin dejar de sujetar su hombro.

Cortes casi no tenía, y si los había, estaban ubicados allí donde la armadura no protegía. En cambio, tenía la tallada musculatura llena de cardenales y moretes, siendo el de las costillas el más feo. ¡Lindo! Iba a estar sintiendo los doloridos efectos del combate al menos tres días.

Y sí, tenía el hombro fuera de posición. ¡Con razón lo sentía raro!

"Puedo conseguirle ibuprofeno, señor." Sugirió Violate desde el sofá. La mujer estaba en pie y no se quitaba su sapuri: parecía estar secándose las manos.

Aiacos la miró por el reflejo con la expresión tranquila y orgullosa. Violate había dado cátedra en palizas durante la pelea, lo que había capturado su atención más de la cuenta y puede que lo haya distraído un poco. Verla luchando era todo un suceso que no se perdía. Irguió la espalda y sacó pecho, inconscientemente queriendo lucir su musculatura, pese al dolor que sentía sobre todo en el hombro, pero la mujer simplemente lo pasó por alto y no pareció notarlo.

Hacía unos días atrás, al volver a su despacho de un entrenamiento, luciendo únicamente sus pantalones de práctica y las muñecas vendadas, había encontrado a la nueva niñera jugando con Benito. La muchacha se había enrojecido hasta las orejas y no dejó de admirarlo y él, demasiado consciente del efecto que estaba causando en ella, había dado más vueltas de las normales alrededor de la oficina en esa facha, mientras le hacía todo tipo de preguntas, halagado por la atención y pavoneándose de sus atributos, pero una vez que estuvo solo en la privacidad de la ducha… se preguntó a sí mismo por qué no lograba ese efecto en Violate.

Su Ala Derecha lo había visto prácticamente desnudo en alguna ocasión, ya fuese tras un entrenamiento o en la enfermería, pero ni siquiera entonces se había mosqueado. Tenía nueve hermanos, le había dicho la primera vez que eso pasó, no tiene nada que no haya visto ya, había añadido. Aiacos suspiró algo decepcionado al ver a Violate en el reflejo del espejo… la espectro ni siquiera le prestaba atención a su cuerpo.

"¿Ibuprofeno? No gracias, nada de eso para mí. Evito las medicinas." Dijo Aiacos algo cansado. "Quiero que vayas a la enfermería, por cierto."

El juez entrecerró los ojos… desde que la niñera lo había visto a torso desnudo que tenía ganas que Violate le dedicara esa misma atención. ¿Por qué no lo hacía? ¿Acaso lo consideraba feo?

"Después de usted señor, lo sabe."

"Entonces no irás nunca." Aiacos giró sobre sus talones y avanzó hasta su lugarteniente. "No me hagas hacerlo una orden."

"Usted también necesita la enfermería. Más que yo incluso." Le dijo Violate apenas levantando los ojos y señalando su hombro herido.

La mujer se veía muy seria, pero en verdad no había dejado de observar al juez en todo momento. Ser su ala derecha le daba muchas ventajas, y verlo en estas fachas era un insólito privilegio que disfrutaba en la privacidad de su mente. No, no era inmune a Aiacos, verlo a torso desnudo era algo que solía perturbarla en el buen sentido, pero era una maestra ocultando sus reacciones. Tendría que ser de piedra si no notara que el juez dueño de su negro corazón estaba como esculpido a mano, pero… era su jefe y la observación seguro no era mutua. ¿Qué iba a querer él verla a ella? Violate estaba orgullosa de sus cicatrices, pero había veces, como ahora, que le gustaría tener una piel más tersa y suave. Ya saben, más femenina y atractiva a los gustos masculinos.

Aiacos nunca la había visto desnuda, aunque bien hubiera podido. Seguro le daba asco.

"No tomo medicinas de ningún tipo. Ya le diré a Minos o Radamanthys que me ayuden con el hombro, pero si voy a la enfermería me darán anestésicos… y no quiero eso."

"Bah. No se haga ilusiones: Me sorprendería si tuvieran paracetamol. ¡Nunca tienen nada!"

"¿Entonces para qué me pides que vaya por ibuprofeno, si sabes que no tienen nada?"

"Sé que tienen ibuprofeno porque yo misma lo llevé la semana pasada."

Aiacos iba a hacer un comentario sarcástico, pero se quedó mudo cuando Violate le puso una de sus manos encima de la piel. Casi se murió al sentir como la piel le ardía y no precisamente de dolor, pero la espectro no pareció notarlo. Claro, algo debió haber sospechado cuando con la otra mano le sujetó el brazo y en un rápido movimiento…

¡CRACK!

"AAARGH."

Aiacos tenía el hombro de regreso en su lugar.

"Listo. No necesitó anestesia." Afirmó Violate, soltándole con delicadeza. "Aunque sería bueno que fuera de todos modos."

"Gracias." Murmuró Aiacos viéndola a la cara. Tentativamente movió un poco el brazo. "Maldita sea, lo voy a tener sensible toda la semana."

"Pero tiene el brazo en su sitio, señor." Afirmó Violate.

"Supongo que tienes razón." Aiacos se alejó de Violate en contra de su voluntad y se acercó a un pequeño armario que tenía en su despacho. Sacó unas pantuflas y se las calzó, junto con otra camiseta, que se puso no sin dificultad.

Violate le observaba con calma y presta a darle ayuda. Aiacos notó en seguida que la mujer no había atendido sus propias heridas, siempre relegándose hasta que él hubiera sido atendido primero. Eso no le gustaba, pero ya antes había tenido discusiones con Violate al respecto y no quería meterse en camisa de once varas cuando estaba tan cansado. Suspiró y cerró el armario… necesitaba una ducha con urgencia y eso haría. Quizás Violate querría entrar al baño con él, abrazarlo mientras caía el agua y… y…

ARGH. Se sacudió con violencia ese pensamiento de la mente. ¡Mejor no pensaba en eso! No con Benito ahí metido en la oficina con él.

Hablando de Benito… Aiacos miró en seguida bajo su escritorio, donde solía poner el moisés en el que Benito dormía la siesta. No estaba allí… no, por supuesto que no. La niñera se había llevado al niño ni bien los vio entrar.

"Violate… ¿Benito no me vio así, verdad?"

"Creo que no." Respondió la espectro. "La niñera lo sacó rauda a su cuarto, espero." Violate le sonrió con ternura y se puso una mano en la cadera. "No alcanzó a saludar a su papá, seguro eso lo desconcertó bastante. Si quiere se lo traigo."

"NO."

Violate se puso en posición de firmes al sentir la severa y tajante orden de Aiacos. A diferencia de otras veces, en las que la estricta autoridad del juez no admitía dudas entre sus tropas, Aiacos tuvo que disciplinarse para no hacer una mueca con los labios que asemejase un puchero. Seguía sin querer que Violate se acercara a su niño, verla en modo maternal lo perturbaba un montón… o le fascinaba mejor dicho: en alguna ocasión se había descubierto a sí mismo fantaseando con ver a su ala derecha con Benito en brazos y mimándolo como solo una madre lo haría. Pero no se permitía más que eso, y para peor se sentía culpable por imaginarlo. ¡Mataría por ver a Violate así!, pero no admitía eso en voz alta ni de casualidad. Además… sentía que si eso llegaba a ocurrir, perdería a su mejor amiga, a su comadre, para siempre. Aiacos, apretando los dientes por el esfuerzo, se cruzó de brazos.

"No. No quiero que te le acerques."

Por lo general eso hubiera bastado para zanjar la cuestión, pero desde hacía varios días que Violate se estaba rebelando abiertamente ante esa orden. La espectro estaba cada vez más decidida a tomar un rol más activo con el niño que Aiacos no se explicaba, y esta ocasión no fue diferente. ¿Qué le pasaba?

Fácil… durante una visita nocturna clandestina a la habitación del niño para ver como estaba, Benito la había llamado mamá. Eso obviamente le afectó las hormonas.

"¿Por qué no me deja? ¿Acaso no confía en mí, señor?" Protestó Violate con el ceño bien fruncido.

"¡Eres mi ala derecha! Claro que confío en ti, pero no con Benito."

"¿El señor piensa que lo voy a lastimar acaso?"

"¡No! Solo no te quiero ver con Benito en brazos." Ladró Aiacos, disponiéndose a repetir el mismo discurso que tanto daño le hacía a Violate. "No es para ti, no es tu tarea. No sirves para cuidar niños ni para ser madre o…" El juez se detuvo a ver a Violate darle la espalda y caminar hacia la puerta. "¿Para Dónde Vas? No he terminado."

Violate se detuvo justo antes de salir, pero no se dio la vuelta.

"El señor dijo que no me quería ver con Benito, ni sirvo para cuidar niños." Dijo con calma, frunciendo el ceño. "Por eso lo dejo solo, señor. Cuando vuelva a crecer me avisa." Avisó segundos antes de abrir la puerta y retirarse del despacho muy molesta.

"¡VIOLATE!" La llamó el juez, pero la espectro lo ignoró, cerrando la puerta tras de sí con un portazo.

Aiacos se quedó solo y parpadeó perplejo. Algunas veces la gente se reía de él por su aparente incapacidad de entender indirectas, o de plano que era lento de entendederas, pero si bien no era del todo cierto, en ciertas ocasiones, sociales principalmente, eso no estaba tan alejado de la verdad.

"… ¿Me dijo inmaduro?" Se preguntó en voz alta minutos después para romper el silencio.

Nunca respondió su propia pregunta.


Giudecca. Palacio de Hades. Estancias de Hypnos.

En esos momentos.

Las piezas de ajedrez no tenían mucho sentido. Estaban dispuestas por todo el tablero y sabía que tenía que hacer una jugada con las piezas negras, pero llevaba casi una hora viéndolas sin querer jugar. A veces tenía competencias contra él mismo, y eran partidas que podían durar semanas sin que perdiera el interés en las mismas. Pero en esta ocasión se encontraba sin ganas de jugar, cero inspiración. Estaba agobiado… cansado.

Finalmente esa mañana había firmado los papeles. Pasitea, tras veinte largos días de insistencia, por fin había conseguido sacarle la firma, demostrando una astucia que no creía posible que su ahora ex esposa tuviera. Desde que se había enterado de la presencia de esos papeles hasta esa mañana, había visto toda una faceta de la gracia que no sospechaba ni por aturdido que Pasitea tenía. Y encima, en todos esos días, quedó comprobado y sin derecho a reclamos que apenas se había esforzado en conocer a su esposa.

La joven gracia con la que se había casado, el premio concedido por Hera por hacer dormir a Zeus durante la guerra de Troya, había cambiado tanto que no la reconocía. ¿Cómo dejó que eso pasara? ¿Tanto había metido las narices en las distintas guerras contra Athena que no se dio cuenta? ¿Cómo fue que la descuidó tantísimo?

Ahora se lamentaba. Con un gesto de su mano ordenó las piezas del tablero y las dispuso para iniciar una nueva partida de cero cuando sintiera de nuevo la inspiración, de momento no quería ni respirar. Los documentos eran legales y legítimos, ya estaban firmados, no eran matrimonio. Cada cual podría hacer su vida por su lado, casarse de nuevo incluso, sin que el otro reclamase nada. Eso le daba un pésimo sabor de boca y también latidos demasiado ácidos, que parecían herirle el pecho por dentro.

Pasitea ni siquiera le había pedido nada. No se quiso llevar nada del matrimonio, lo dejó con todo a él. Solo reclamó para sí sus objetos personales, sus ropas, y exigió de vuelta su excrex, para poder rehacer su vida. Le dejó todo lo demás, los recuerdos de toda una vida juntos, ahí tirados en la habitación que habían compartido por milenios. Una vida de la que se había abstraído, que había ignorado hasta el punto de no sentirla propia. Era como el paso natural, ¿verdad? Había descuidado a su querida Pasitea y esta finalmente lo dejó solo. La última vez que se había sentido así de desolado fue durante la muerte de sus hijos. Porque sí le habían afectado una enormidad, más de lo que le gustaba admitir. Incluso milenios después, seguía echándolos de menos y sin poder pronunciar sus nombres (no podía, en serio se le trababan hasta las cuerdas vocales).

Todo cambió luego de esas muertes. No quiso saber más de hijos, el tema ya no le interesó en lo más mínimo… incluso perdió intimidad creadora con Pasi: Phantasos fue concebida casi por accidente, y fue el último sueño que concibieron.

Solo veinte de sus hijos sobrevivieron a la Sofocación, de los cuales solo mantenía contacto estrecho con los tres mayores y la menor, nacida poco después de la epidemia. ¿Dónde estaría el resto? ¿Y por qué pensaba en ellos justo ahora? Por milenios no había pensado en la muerte de sus hijos… o en los que le quedaban vivos.

Sintió un dolor en el pecho cuando ese pensamiento cruzó su mente. Si hubiera sido mortal, hubiera creído que tenía un infarto…

"¿Señor Hypnos?"

Desde la puerta del despacho, y asomándose casi con timidez, Phantasos llamó su atención. Hypnos le hizo una seña y la diosa entró con calma y silencio, cerrando la puerta con delicadeza. Caminó hasta él hasta ubicarse a unos pasos de distancia. La mujer carraspeó y empuñó las manos, nerviosa, mordiéndose los labios.

"¿Qué pasa, Phantasos?"

"Err… estaba algo preocupada por usted, no ha comido nada hoy. ¿Quiere que le traiga algo de las cocinas?" Preguntó sorprendiéndose a sí misma. Por lo general siempre hacía toda clase de esfuerzos por estar lo más lejos posible de Hypnos. No creía tenerle cariño: todo afecto que pudiera haber sentido por su padre se había evaporado hacía siglos, o eso creía. No digamos que Hypnos le prestó atención sino hasta que demostró tener talento, y ya era adulta para ese entonces. Este acercamiento seguro obedecía a que todo el asunto del divorcio de sus padres la tenía inquieta.

No era de piedra, igual se le había movido el piso con el anuncio, al igual que a todos sus hermanos.

"No."

"Oh… errr… ¿Necesita algo?"

"Phantasos. ¿A qué viniste? Porque eso de ofrecer comida es una excusa. ¿Qué quieres?"

Phantasos bajó la cabeza. Nunca había logrado familiaridad con su padre, y aunque podía considerársele un sueño de relevancia, siempre se sintió ignorada por Hypnos. A diferencia de su abuela Nix, sus hermanos y su propia madre, que siempre le habían prodigado con mimos y afecto, su padre apenas la tomaba en cuenta. Le había costado muchísimo a Phantasos llegar al lugar donde estaba ahora, y tuvo que luchar cuesta arriba para convertirse en uno de los cuatros sueños más relevantes de todos, pero… Hypnos la ignoraba la mayor parte del tiempo. O eso creían ambos.

"Pues verá… yo estoy algo… preocupada y… pues… este…"

En cierta medida, Phantasos le recordaba a Hypnos a sus hijos muertos. Y de ellos el dios del sueño no hablaba. Pero he aquí estaba la pequeña, viva y coleando con particular energía, como un insulto a los fallecidos, tratando de llamar su atención, como siempre lo hacía. ¡Aaargh, no tenía tiempo para esto! Ojalá se fuera rápido. No debía encariñarse con la pequeña.

"Habla claro que no tengo todo el día."

"¿A dónde irá mamá?" Preguntó de golpe.

Hypnos se volvió hacia ella, perplejo. Cierto: Phantasos se refería a Pasitea. A veces se le olvidaba que llamaba a su ex esposa con ese título. El dios frunció el ceño… algunos días antes, entre los muchos reclamos que le hizo Pasitea mientras intentaba convencerlo que firmara los papeles, había sacado a relucir que nunca, nunca, nunca había sido un padre para Phantasos como sí lo había sido para los novecientos noventa y nueve anteriores, y que la pequeña diosa onírica lo admiraba y temía a partes iguales. Era un mal esposo y un pésimo padre. ¡Feh! ¿Acaso no se acordaba que con todos los anteriores hasta se había lucido? Que él supiera, era el único dios que se había involucrado con ellos, ¡hasta había cambiado pañales! ¿Phantasos? No, estuvo bien cuidada y era una diosa muy despierta y fuerte. Ni siquiera se le quiso acercar mientras crecía y eso no parecía haberla afectado en lo más mínimo.

"¿Cómo que a dónde irá tu mami? Giudecca es su casa, no tendría por qué irse." Hypnos ladeó la cabeza, muy malhumorado. "¿Por qué preguntas?"

"¿Va a volver a vivir en el Olimpo?"

"Pregúntale a ella." Hypnos se cruzó de brazos y se volteó a mirarla. "¡No tiene por qué irse! Nadie la está echando." Insistió molestándose cada vez más. "¿Cuál es tu interés?"

"¿Podré ir a visitarla?"

Phantasos se mordió el labio. Nunca había estado tanto tiempo sola con su padre, ni le había hecho tantas preguntas que Hypnos accediera a responder. La diosa estaba nerviosa y en serio, lo del divorcio de sus padres la tenía algo desconcertada.

"Phantasos, ¿Qué pretendes con estas preguntas? ¡Habla claro que no te entiendo!" Ladró Hypnos perdiendo la paciencia. Comenzaba a tener jaqueca.

"Discúlpeme señor Hypnos, pero es que todo esto de la guerra y el divorcio me tiene muy nerviosa y asustada… señor… yo… es que como mamá está sacando la maleta y no sé a dónde irá, yo…"

"¡Por todo el maldito Tártaro, Phantasos! Eres adulta, has estado en combates: esto de la guerra no debería ni mosquearte y lo del divorcio ni siquiera debería…" Hypnos se detuvo a media frase y descruzó los brazos con dificultad. "¿Qué dijiste sobre la maleta?"

"Que la está sacando. Creo que se va del palacio… yo…"

Hypnos no perdió ni un segundo en salir corriendo del despacho a toda velocidad, dejando a Phantasos sola con sus angustias. La joven diosa se abrazó a sí misma e hizo un puchero, sintiéndose por completo desolada y con ganas que alguien la sellara de nuevo en alguna vasija. Su mamá le había dicho que tratara de acercarse a su papá, que no era tan malo como parecía y que cuando quería podía ser muy atento, que no lo dejara solo… pero… pero…

"Mamá es demasiado optimista. El señor Hypnos me odia."

Phantasos bajó los hombros y se desvaneció en el aire… mejor regresaba a su cuarto.


Corredores del Palacio de Hades.

En esos momentos.

Hades daba largas zancadas de regreso a sus aposentos. Se había pasado la tarde pasando revista a las tropas y visitando a los heridos, mientras escuchaba los reportes escritos por Aiacos y de Radamanthys que le daba Thanatos, cuyos territorios habían sufrido sendos ataques aquél día con distintos resultados. La emboscada que Aiacos había repelido resultó a favor del Inframundo, pero el ataque que tuvo que enfrentar Radamanthys podía considerarse una victoria pírrica, pues si bien habían acabado con muchos enemigos, los Esqueletos del Xibalbá se robaron muchas almas en espera de ser juzgadas. Seguramente a estas alturas ya habían sido convertidas en esqueletos al servicio de esos malparidos.

"Esto ya me está hartando. Thanatos, ¿dices que se negaron de nuevo a un parlamento? ¡¿Cómo Ch***ad*s Voy a Saber Qué Buscan Si No HABLAN DE FRENTE?!"

"Buscan la aniquilación total de nuestras fuerzas, por eso no nos hablan. Creo, señor, que se sienten lo suficientemente confiados como para no querer hablar." Thanatos trataba de seguir las zancadas de su señor. "Mucho me temo que tendremos que darles una lección que nunca olviden."

"Eso lo tengo claro desde el maldito principio. ¡Pero no podemos iniciar una guerra a muerte sin asegurar que no nos ataquen!" Hades se detuvo y le miró enojadísimo. "Mis hijitas y Cerberos están en este palacio, Benito en Antenora. ¡Mi Persefoncita está aquí! Lo mismo nuestras familias. Y ya han recibido dos ataques directos."

"Siempre podemos enviarlas a Atlantis. Poseidón honrará su palabra. O al Santuario de Athena: el trato está vigente."

"¡Pues Trata de Convencer a Perséfone! No se quiere mover de Giudecca si sabe que estoy en peligro." Hades bufó molesto, mientras se despeinaba con fuerza. "Tengo que formar una escolta personal para ella, te lo digo."

Thanatos asintió con la cabeza. Una escolta personal para Perséfone no era en absoluto una mala idea. Todo el ejército de Hades tenía la capacidad de iniciar una ofensiva poderosa que dejara claro quién era el que mandaba, pero eso implicaba dejar Giudecca vulnerable, junto con sus ocupantes, sus familias en el fondo, y no se podían permitir eso. Eran su punto débil y no podían exponerlos de esa manera. Tomó aire para emitir un comentario, pero…

"¡NO TE VAYAS!"

"¡Suelta, Hypnos, Déjame ir!"

Hades y Thanatos volvieron las miradas al fondo del pasillo. Allí vieron a Hypnos y a Pasitea tironeando de una maleta, que de milagro no se rompía. Ambos dioses estaban al tanto que esa mañana por fin Pasitea había logrado que Hypnos firmara el divorcio y por lo visto la gracia estaba dispuesta a irse del palacio. Hades no la culpaba, tampoco Thanatos, aunque les extrañaba que Hypnos estuviera tan emocional al respecto.

"Pobre Hypnos… la dignidad se le fue al tártaro." Comentó Hades condolido, negando con la cabeza. "¿Así me veía yo cuando Perséfone se fue del Palacio?"

"Más o menos, señor." Thanatos se pasó una mano por la cara. "E Hypnos me dice a mí el impulsivo." Hades se masajeó las sienes.

"No sé qué pensar… Nunca había visto a Pasitea tan decidida… y de verdad no la culpo por la decisión que tomó." Comentó con calma y algo de empatía. "Persefoncita me dice que Pasitea llevaba tiempo tratando de reencantar a Hypnos y cuando no pudo, comenzó a tramitar esos papeles… pero que Hypnos siempre supo lo que pasaría, nunca hizo nada."

"Es cierto, Hypnos no la tomó en serio y esto es el resultado. ¡Conste que se lo dije!" Thanatos gruñó entre dientes. "Supongo que ahora Hypnos recién me cree. Lo lamento por los niños en todo caso." Añadió tranquilo y condolido.

"¿Niños? ¡Los sueños son bien grandotes, hediondos y peludos todos, Thanatos! Todos tienen más de dos mil años: no son niños para nada."

"No lo son, cierto, pero… son impresionables." El dios de la muerte se pasó una mano por la nuca. "Mis sobrinos están bastante desconcertados."

"¿Has hablado con ellos?"

"Algo… en la medida de lo posible."

Ambos dioses resoplaron al mismo tiempo y procedieron a fijarse en la escena que se desarrollaba al fondo del corredor. Es que cuando Hypnos cayó en cuenta que Pasitea estaba haciendo abandono de las habitaciones que compartían, entró en pánico. Cierto, la diosa no tenía por qué quedarse con él ahora que estaban divorciados, pero ¿tenía que irse tan pronto? Todo esto le daba un toque demasiado real a todo y más que nunca quería evitarlo. ¡No! Firmó el divorcio, ¿Qué más quería Pasitea? ¿No podía quedarse a vivir en la misma habitación? Él no se oponía, no era necesario que se fuera. ¿Por qué se iba y lo dejaba solo?

"¡En serio! Puedes estar divorciada y viviendo aquí todo lo que quieras." Le suplicó Hypnos, mientras le sujetaba la maleta, tratando de llevarla de regreso a su cuarto. "¡No tienes que irte, Pasitea!"

"¡Que No! Suelta mi maleta, Hypnos, en serio me voy."

A Pasitea le rompía el alma tener que dejar a Hypnos. No en balde habían cumplido una buena cantidad de milenios como marido y mujer, y lo seguía amando con toda su alma. De hecho, porque lo amaba hizo todo lo posible por recuperarlo, por tratar de salvar un matrimonio que solo existía en los papeles, sin éxito. Ella no lo abandonaba, él lo había hecho primero y esta era la última medida posible. Por mucho que lo amara, no quería ni tenía la energía de vivir una mentira, de seguir siendo un adorno.

Ella no era un florero.

Claro que esto tenía a Hypnos de los pelos. Se dio cuenta demasiado de golpe que quería a su mujer consigo, ciertamente no como un florero. ¡Y se iba! Porque ahora era una mujer soltera y podía irse si le daba la gana. La había descuidado y perdido, así sin más.

"¡Pero los Niños! ¿Qué les vamos a decir a los niños?" Argumentó Hypnos.

"¡No te has preocupado por ellos en el último par de milenios!" Pasitea trató de recuperar la maleta. "Como padre dejas mucho que desear."

"¡Más respeto que soy el padre de tus hijos!"

"¡Ni los conoces!" Pasitea gruñó y le dio un buen tirón a la maleta.

"¡Claro que los conozco!" Exclamó Hypnos asustado… pues él sabía que era una mentira a medias. Como que se había desconectado de sus hijos. Cierto, sabía quienes eran, sus nombres, ¡pero hacia tantísimo tiempo que no se sentaba a conversar con ellos! Como que ya no los conocía. Ni hablar de Phantasos: la evitaba, lisa y llanamente. Tironeó de la maleta a su favor. "¡Están asustados! No podemos dejarlos a la deriva."

"Son todos adultos, y saben bien sobre esto." Pasitea finalmente le arrebató su maleta. "Ellos saben, les expliqué bien. ¡Y no dejaré de cuidarlos! Nunca he dejado de hacerlo, ¡Son mis niños!" Reclamó bastante engrifada. "Y solo me voy a la otra ala del Palacio."

La determinación de Pasitea flaqueó varios puntos cuando vio que Hypnos, el implacable estratega máximo de Hades, que no se conmovía con nada ni dejaba que las emociones traicionaran su rostro… hizo un puchero y dejó escapar honesta desesperación por los ojos. La gracia endureció su corazón, no podía fallar ahora.

"¡No puedes dejarme solo!" Exclamó el dios, quedándose sin argumentos. "¡Por favor!"

"¡Son solo quinientos metros y cuatro pisos!" Reclamó molesta. "No puedo irme al Olimpo todavía, pero no quiero estar contigo…"

"¡Pero es por el lado más expuesto a ataques!"

"¡Ahí Están Las Habitaciones de mis Hijos!" Ladró Pasitea. "Me importa un rábano si estoy lejos de ti, pero mientras dure esta guerra, a ellos no los dejo solos."

"¡Entonces los cambiamos a nuestra ala del castillo!" Replicó Hypnos, sujetándola por los hombros.

En serio, como que daba cosa verlo tan desolado, pero Pasitea ya había tenido bastante.

"¡Déjame en paz, Hypnos!" Exclamó encendiendo su cosmo lo suficiente como para convencerlo de que la soltara.

Pasitea nunca había encendido su cosmo con este fin, menos contra Hypnos, por lo que el dios del sueño montó en cólera durante varios segundos, antes de bajar las revoluciones al niveles depresivos. Dejó ir a su ex y esperó que se alejara unos pasos, antes de echarse a correr junto a ella y cortarle el camino.

"¡Puedes Cuidarlos Desde Nuestra Habitación!"

"¡No Vuelvo A Poner Un Pie Ahí Dentro!"

"¡Pero es tu Habitación! Si quieres…"

Thanatos le interrumpió poniéndole una mano sobre el hombro. Su rostro no se veía grave, sino lleno de tacto y empatía. Comprendía a su gemelo más de lo que el mismo Hypnos creía. Hades suspiró y tomó la maleta de Pasitea. La gracia se sorprendió por este gesto, pero no dijo nada.

"Hermano, vamos… deja que se vaya." Le dijo Thanatos, con afecto. El dios se volvió a su ex cuñada. "Te ruego lo disculpes, no está pensando claro."

"¡Claro que estoy pensando claro! No quiero que me deje solo… la quiero conmigo…"

"Te acompañaré a tus nuevas habitaciones, Pasitea." Le ofreció Hades. "Y todo el castillo es seguro, no le creas a Hypnos."

"Yo lo sé: fue Hypnos quien diseñó las defensas del Palacio." Murmuró Pasitea. "Le agradezco, mi señor Hades."

Hades le indicó el camino a la gracia y la escoltó hasta sus nuevas habitaciones. Thanatos se quedó atrás con un enmudecido Hypnos, quien no dejaba de observar como su querida Pasitea se alejaba por el corredor. Como que eso le destrozó el corazón y le quitó algo de su voluntad. Thanatos le dio algunas palmaditas en la espalda.

"Vamos a la cocina: debes comer algo."

"No tengo hambre."

"O comes o llamo a mamá para decirle que hace tres días que no pruebas bocado." Amenazó el dios. Hypnos miró a Thanatos con un tic en el ojo. Nix ya estaba bastante enojada por lo de su reciente cambio de estado civil, y no podía arriesgarse a que se enojara aún más con él.

"¡No te atreverías!"

"¿Apostamos?"

Hypnos tragó saliva cuando Thanatos le mostró el celular, listo para llamar a la madre de ambos. El dios de la muerte calma se veía muy decidido. Hypnos bajó los hombros derrotado.

"Está bien… vamos."

Y con pasos pesados, se dejó guiar por su hermano gemelo.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: En Antenora Pasan Cosas

emitió un chillido agudo cuando no pudo huir del ataque del juez, estalló en pedazos, mientras los esqueletos que quedaban no hacían mucho por huir. La técnica del juez inclinó la balanza a favor de Antenora y ni bien se disipó el humo, los espectros se dieron a la tarea de rematar a los que aún parecían moverse. Aiacos avanzó a pisotones, con…

Nota Mental: Los problemas para Hypnos apenas comienzan a estallarle en la cara, en pésimo momento, como pueden ver. Creo que podrán comprender porqué Hypnos se enojó conmigo y me mando pesadillas varios días seguidos. No fui una persona muy popular en el Inframundo, como pueden ver. Al menos tuvimos el privilegio de imaginar y babear a Aiacos a torso desnudo. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR LEER Y BIENVENIDOS!


Consejo de Minos de Griffin para no aburrirse en el supermercado:

Programa todos los despertadores de la sección hogar para que suenen en intervalos de cinco minutos.


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.

EXCREX: Es una donación que hace un cónyuge a otro en consideración a sus prendas personales, o aumento de dote que el marido asigna a la mujer. El talmud y la biblia mencionan esta práctica cuando se quería desposar a una menor, en ese caso habría que pagar a su padre.

El excrex, más propio de la cultura africana, se practica también en algunas regiones de Asia; en la cultura china en el día del 'Ti Qing' (propuesta de matrimonio), ambas familias se reúnen para discutir los pormenores del intercambio de bienes y otras cosas. Un par de días antes del casamiento llega el 'Guo Da Li' (consumación del rito). El novio y un casamentero visitan a la familia del padre de la novia llevándoles presentes.

Esta práctica también existe en la India, donde —por los problemas que ha producido— se quiere prohibir como la dote, aunque no se ha tenido tanto éxito en erradicarla. En España, el excrex se ha dado en Aragón y, bajo la denominación de escreix o décima, también en Cataluña.

Se menciona como tal en este fic, en consideración del mito de Ares y Afrodita. Cuando Hefestos los atrapa en la red dorada y acuden los dioses a reírse de ellos (bola de pervs), Poseidón, a manera de calmar los celos, la indignación y la pena de Hefestos (igual pena, pobrecito), promete pagarle el excrex de Afrodita para que se le pase la depresión.

NIX: (en griego antiguo, Νύξ) era la diosa primordial de la noche. También es llamada Nicte, y en los textos romanos que tratan este tema griego, su nombre se traduce como Nox.

En la Teogonía de Hesíodo, Nix nació del Caos. Su descendencia es mucha, y reveladora. Con su hermano Érebo (Oscuridad), la Noche concibió a Éter (Puro brillo, Luminosidad) y Hemera (Día). Más tarde, por sí misma y sin intervención masculina, Nix engendró a Moros (Destino), Ker (Perdición), Thanatos (Muerte), Hypnos (Sueño), Geras (Vejez), Ezis (Dolor), Apate (Engaño), Némesis (Castigo merecido), Eris (Discordia), Filotes (Amistad, Ternura), Momo (Burla), las Hespérides (Hijas de la Tarde), las Keres (Espíritus de la destrucción y muerte) y las Moiras (Hados), correspondiéndose estas dos últimas con Ker y Moros respectivamente.

En Grecia, la Noche rara vez es destinataria de cultos. De acuerdo con Pausanias, tenía un oráculo en la acrópolis de Megara.

Más frecuentemente, Nix merodea en el fondo de otros cultos. Por eso había una estatua llamada Noche en el templo de Artemisa en Éfeso. Los espartanos rendían culto al Sueño y a la Muerte, concebidos como gemelos: sin duda la Noche era su madre. Títulos de culto compuestos por la partícula nix- eran otorgados a varios dioses, notablemente a Dioniso Nyktelios (nocturno) y Afrodita Philopannyx (la que ama la noche entera).

*SEÑORES DE XIBALBÁ*

También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. El camino hacia Xibalbá estaba plagado de peligros; escarpado, espinoso y por completo prohibido para los extraños. Son como siguen:

1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.

2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.

3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.

4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.

5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.

6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.

Fueron vencidos por los dioses gemelos Ixbalanqué y Hunahpú: Ixbalanqué decapitó a Hunahpú y le volvió a colocar la cabeza, reviviéndolo, lo que divirtió tanto a los malvados señores que les pidieron que los decapitaran a ellos mismos y volvieran después a la vida. Los hermanos simularon obedecer y decapitaron a los dioses pero no recompusieron sus cuerpos con lo que los derrotaron para siempre y permitió triunfar al bien sobre el mal. Así, el mundo estuvo preparado para la creación de los hombres.

Para efectos de este fic, solo Hun–Camé y Vucub–Camé fueron los decapitados. Y no, los dioses gemelos Ixbalanqué y Hunahpú no aparecerán en este fic.