Quicxic y Patán planean a quien podrían raptar mientras recuerdan palizas pasadas. Bien pueden decir que Aiacos no trata bien a Violate por inseguridades propias, pero de que es buen padre, lo es, o al menos pone un buen esfuerzo en ello. Ahora si dejara que la *mamá* del nene lo ayudara con la carga, mucho mejor.


¡HOLA A TODOS! Considerar que este fic sucede más o menos en forma paralela a algunas situaciones ocurridas en el Santuario (a partir del fic Magistri) Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y sí… hay imágenes nuevas en las portadas de los fics. Se las debo a Lallen–Fanart, quien me las regaló hace un tiempo. Irán apareciendo conforme se actualicen los servidores. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!


Capítulo 2: En Antenora suceden cosas.

Limbo entre inframundos.

18 de marzo. 8:23 horas

El limbo entre los reinos de los muertos era un lugar difuso. Tenía el aspecto de un bosque montañoso, con árboles decrépitos y siempre cubierto por una densa y gris neblina. Era peligroso, pues si no se sabía a donde se quería llegar, la gente se extraviaba sin remedio y nunca podía salir. Se decía que los árboles muertos que se veían en el camino, eran las personas que se perdieron y vagaron por tanto tiempo que terminaron convirtiéndose en esas sombras, que ni los dioses podían reformar.

Pero si sabías bien a donde ir, entonces bastaba un poco de paciencia y quizás un abrigo para soportar mejor el frío, y en dos horas alcanzabas tu destino. El chiste era nunca dudar hacia donde te dirigías, como aquél grupo de esqueletos que se movían persistentes, aunque con las miradas muertas, drogadas y persistentes. Un par de calaveras flotaban por sobre el grupo, que no ascendía a treinta individuos y en medio de todos ellos Quicxic levantó la cabeza por sobre el grupo, olfateando el aire, gruñendo y avanzando con pisadas fuertes. Al igual que su colega, Patán, estaban pintados de acuerdo al rito, pero no se les veía contentos. A estas alturas ya deberían había sobrepasado el Inframundo, pero muy por el contrario, no estaban ni cerca de conquistarlo.

"Entonces, Xiquiripat ya nos dijo que nuestro plan va." Comentó Patán. "Es la tercera vez que nos lo dice, debe ir en serio."

"Me pone feliz, temía que nunca lo pusiéramos en práctica. Es lo que debimos haber hecho desde el comienzo." Quicxic se relamió los labios. "Aaaah, será agradable desvirgar a alguna mojigata. Al menos para mi."

"No entiendo porqué yo no puedo."

"Porque te gané el derecho. Pero serás el segundo."

Patán rodó los ojos al cielo, pero no comentó nada más. Al menos tendría su chance con la desafortunada que cayera entre sus manos y no se quejaba. Entrecerró los ojos al ver a una de las calaveras atacar a uno de los esqueletos y comérselo. Vaya.

"Tenemos que elegir a qué diosa nos robamos." Dijo Patán casi en un suspiro. "De las vírgenes, podría ser Athena. Está en el mundo humano y bastante a la mano. Si Quetzalcóatl pudo entrar en su Santuario, nosotros…

"¿Athena? ¡¿Acaso perdiste la razón?!" Preguntó Quicxic muy serio.

"No… es la que está más a la mano." Afirmó Patán, pero su colega le dio un golpe con el revés de la mano. "¡¿CUÁL ES TU PROBLEMA?!"

"¡NO! ¿Cuál es el TUYO?" Quicxic le dio un empujón. "¡¿Qué te hace pensar que Athena es un blanco fácil?!"

"No está en el Olimpo, por eso. Su santuario está en el mundo humano, ¡Pan Comido! Dudo que sus guardianes puedan detenernos."

"¿Ya se te olvidó lo que pasó cuando intentamos aniquilar el alma de ese aprendiz?"

"¿Cuál aprendiz?"

"¡El de Escorpión! ¿O te olvidaste de la paliza que recibió Ahaltocob cuando lo intentó?"

Patán se quedó viendo a su colega sin entender mucho, pero cuando este frunció más el ceño e hizo el ademán de golpearlo de nuevo, recordó lo ocurrido.

Había ocurrido unos veinte años atrás, cuando los astros anunciaron que la constelación del escorpión estaba vulnerable. Siempre en el afán de recuperar las cabezas de los principales señores, habían ideado otro plan para conseguir este objetivo, el que implicaba tener un espía permanente en el Santuario de Athena. La idea consistía en atrapar al joven aprendiz dorado, Milo, que por entonces contaba con cinco años, y aniquilar su alma, de manera tal de dejar solo el cuerpo vivo, un mero envase, que usarían como espía a su servicio. Parecía ser algo sencillo que no debía ocupar mucho tiempo.

Lamentablemente para los señores de Xibalbá, Ahaltocob, el dios comisionado para realizar el ataque, solo alcanzó a darle un buen golpe en la cabeza al niño, pero sería todo. Antes que Milo cayera al suelo noqueado, su maestro le lanzó siete agujas al agresor y comenzó a atacar a Ahaltocob con todo lo que tenía, ¡Y qué paliza le propinó! El entonces santo de escorpión atravesaba por una notable resaca y entre sueños de borrachera y migraña se dio cuenta que su aprendiz estaba en peligro. Reaccionó acorde y en automático. Ahaltocob apenas tuvo oportunidad, pudo aterrizarle algún golpe a Erich, pero no tuvieron mucho efecto. Al estar borracho, era bastante impredecible, y como estaba enojado, peor. El dorado terminó por asestarle las quince agujas y Antares, pero si no lo mató, fue porque Ahaltocob prefirió escapar, aunque no sin antes de asestarle un buen golpe en la cabeza a Erich para que dejara de intentar masacrarlo.

Unos diez minutos después que el señor de Xibalbá se puso en dolorida huida, aparecieron por la octava casa los santos dorados Antoine de Acuario y Telémaco de Géminis, quienes encontraron a Milo despertando y a su maestro en el suelo de borracho (supuestamente). Ninguno de esos dos pudo explicar bien qué había pasado. Milo porque estuvo inconsciente y nunca vio qué le pegó, y Erich pues… bueno. Sus recuerdos eran difusos.

"¡Cierto! Lo había olvidado: Estuvo como siete años sufriendo el efecto de esos piquetes…"

"Si un santo dorado medio borracho pudo hacerle eso a Ahaltocob, ¡Imagina lo que harían doce muy sobrios y enfurecidos!" Gruñó Quicxic. "No. Athena está fuera de las alternativas."

"Las dos que quedan están en el Olimpo. Al menos las interesantes. Artemisa tiene un santuario en Éfeso, pero hace un par de siglos que no va para allá y el recinto no está activado… Hestia nunca ha bajado al mundo humano… entrar al Olimpo va a estar complejo."

"No tanto, es cosa de esperar a que salgan a pasear. Eso hacen a menudo."

"Hestia no sale."

"¿Te gusta Hestia, Patán?" Se burló Quicxic. "Tengo a la otra en mente: me gustan los ojos verdes."

"Solo porque el maldito de Kukulcán le tiene echado el ojo que no te quieres meter con Hestia, seguro." Gruñó Patán escupiendo al suelo. "La ojiverde esa es mal genio y tiene antecedentes de venganzas atroces a quien atente contra ella. Hestia me han dicho que solo huye: la otra ataca."

"La diosa de la cacería es la opción. Hestia se puede poner maternal y aceptar al chiquillo cuando necesitamos que lo aborte. Artemisa es la opción: con lo celosa que es de su castidad, cuento con que se sienta asqueada." Quicxic se detuvo unos instantes con una mirada lasciva en los ojos, quizás imaginando el momento. "Me pregunto qué tan fuerte logro hacer que chille."

"Eso si la atrapamos."

"Esa es la otra ventaja: Artemisa sale a pasear a menudo con sus guardianes. Les caemos encima en cuanto salgan y no les damos oportunidad. Sugiero que los droguemos antes. ¿Qué opinas, Patán?"

El oscuro dios pareció sumirse en sus pensamientos, ensombrecido, pero poco a poco esbozando una sonrisa.

"¿Y bien? Porque te guste o no, igual la…"

"Pienso que tendremos que sujetarla bien." Patán entonces le quedó mirando de reojo. La malévola entidad señaló hacia el frente. "También pienso que es hora de atacar Antenora."

Ambos señores de Xilbalbá chocaron los puños a un tiempo y se pusieron las máscaras de guerra, y tras dar un grito, azuzaron a los esqueletos y a las calaveras que se dejaran caer sobre los espectros.

Esta victoria sería de ellos.


Antenora. Despacho de Aiacos.

Momentos antes.

No tenía tanto trabajo apilado, aún era temprano y la carga laboral era por completo manejable. Eso sí, jugaba en contra del juez los diferentes ataques que cada tanto quebraban la paz de alguno de los juzgados principales o del mismo palacio. Éstos ya habían pasado de ser una molestia a una preocupación que tenía a Hades, y a todos ellos, de muy mal humor. Pero todo eso podía esperar, ahora tenía un asunto mucho más importante que atender.

Benito estaba sobre su regazo, observando con atención el librito con dibujos de vivos colores y texturas que su papá le mostraba, mientras le inventaba una historia, con las debidas muecas del caso. Sí, definitivamente los juicios podían esperar un poco, Benito no.

"¡Mira eso! Una oveja. Tiene lana…"

"… laaa." Benito estiró la mano y acarició el trozo de lana que estaba pegado en el librito. "Ooooh."

"Sí, lana. Suave y todo. Las ovejas también dan lechecita, como la que te tomas… ¿Y sabes como dicen? ¡BEEEEEH!"

"¡BEEEEEEH!"

"¡Eso Es!"

Podrían decirle imbécil y todo lo que quieran, pero Aiacos gozaba cuando veía a Benito tan despierto y contento. ¡Porque su nene era inteligente! Solo había que tenerle un poco de paciencia y ya.

"¿Y cómo dice el perro? ¡Guau!"

"Guaaa."

"¿Y los condenados como dicen?"

"¡Aaaaaaaah!"

Benito era todo risas y alegría. Alcanzó su libro y Aiacos dejó que lo tomara, llevándoselo en seguida a la boca. El juez aprovechó para firmar un documento aquí y allá y en hacerle cosquillas a Benito, quien con todo y libro en la boca, miraba con muchísima atención la variedad de cosas que su papá tenía encima del escritorio: los lápices, los papeles, los clips… ¡Tanto para echarse a la boca y tan fuera de alcance!

"¿Agúuuuuuu?" Preguntó Benito mirando a su papá, como señalando con la mirada su escritorio.

"¡Sueña si crees que te los voy a acercar!" Se rió Aiacos entre dientes.

El juez podría haber tenido la fama de lento, pero no iba a dejar al alcance de su hijo ningún objeto que pudiera sofocarlo si lo chupaba y se lo tragaba por accidente. Todo lo que Benito tomaba, se lo llevaba a la boca: eso era un desastre esperando pasar y no estaba dispuesto a pasar por ese estrés. Que se llevara sus libros, sus juguetes, su biberón si quería, que para eso los tenía, pero ¿sus artículos de escritorio? ¿Sus lápices? Un clip podía matarlo, como mínimo, si es que se lo tragaba.

"¡… apá!" Exclamó indignado el nene. Aiacos no cedió.

"Nada de apá! Quizás si dices pitaji, pero de momento, no." El juez lo acomodó en la otra pierna y le quitó el librito. "¿Probamos otra página? Vamos a ver… ¡Mira, un Gato! ¿Cómo hace el gato? Miiiaaaauuuu…."

"¿Mow?"

"Hmm… cerca."

Benito hizo una mueca de alegría y se acurrucó en el pecho de su papá, mientras tomaba de nuevo el libro y comenzaba a hojearlo y chuparlo. Aiacos simplemente lo dejó ser, meciéndolo cada tanto y sin dejar de prestarle atención. Sí, los juicios podían esperar: esas almas iban a estar muertas por siempre, su hijito no tenía el privilegio del tiempo. Casi involuntariamente revisó su frente, en el caso que tuviera fiebre.

La sirena de alerta comenzó a sonar de pronto. Aiacos, sin alterarse, levantó la cabeza y entrecerró los ojos. Benito se había quedado con el libro en la boca y observaba muy atento: comenzaba a asociar las sirenas con rompimiento de rutinas y si había algo que no le gustaba, era que su vida tuviera cambios bruscos. Soltó el libro e hizo un puchero, al tiempo que miraba a su papá con los ojos amenazando lagrimones gruesos.

"¿Viste malas caras que te pones así?" Le preguntó Aiacos con una sonrisa. El juez se levantó de su silla, acomodándose al pequeño en los brazos, y caminó hacia la ventana.

En ese momento las paredes vibraron e hicieron que el juez desistiera de acercarse a mirar qué ocurría. Pedacitos de estuco cayeron del techo. Benito se le sujetó con fuerza y escondió su rostro en el pecho de su papá y comenzó a gemir. Aiacos simplemente lo contuvo y giró sobre sus talones. Tarareando alguna melodía que recordaba a una canción de Metallica, caminó hacia la puerta en momentos en que Sofía, la niñera, entraba agitada.

"¡Señor! Están atacando…"

"¡Casi no me doy cuenta!" Exclamó molesto. "Respira profundo tres veces."

"¡Estoy Calmada, Señor! Solo un poco…"

BRRRRROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOM

"¡AAAAh!" La niñera se tapó la boca con las manos. Miró de reojo a Aiacos, quien la miraba severo. Le obedeció e inspiró tres veces seguidas, tratando de recomponerse. "Estaré bien señor."

"Más te vale." Aiacos frunció el ceño y le entregó a Benito, no sin una buena dosis de aprensión. Sofía era buena niñera y el niño no hacía berrinche cuando lo dejaba con ella, pero no confiaba del todo en la muchacha. "Vete a su habitación, allí es seguro. ¡Y no asustes a Benito!"

"Nunca lo he asustado y…"

"Te voy a despellejar viva si lo haces." Gruñó muy sincero. La niñera asintió rápidamente con la cabeza al tiempo que otro golpe sacudía el edificio. "Vete."

"¡AGÚ!"

Sofía hizo lo indicado y salió a toda prisa con el niño del despacho de su jefe. Una vez que se hubieron marchado, Aiacos corrió a la ventana mientras invocaba su sapuri. Abrió de un empujón y saltó fuera, aterrizando segundos más tarde en el piso, ya cubierto por la armadura. Podía ver dos Calaveras, unos treinta esqueletos y a algunos de espectros que estaban bajo sus órdenes, que en aquella ocasión no eran más de siete, batallando contra ellos, decididos a expulsar a los invasores.

"¡BRUTAL REAL!"

La técnica de Violate remeció el piso y lo levantó en una potente onda que no dejó a nadie indiferente. Todos aquellos que se vieron en su camino resultaron afectados y causaron daños considerables en las filas enemigas. Los espectros presentes y que intentaban repeler el ataque a duras penas lograron apartarse, pero aun así no fue suficiente. Derrotar a un esqueleto de Xibalbá, sobre todo cuando había calaveras presentes, era un poco más complejo.

¿Creen que eso desanimó a Violate? No. La espectro simplemente apretó los puños y con una sonrisa en el rostro se lanzó contra una de las Calaveras, a la que intentó derribar a tierra, pese a los ataques de la misma. Los demás espectros cargaron contra los esqueletos con renovados bríos. Aiacos no se preocupó, pues notó a la distancia que su ala derecha estaba disfrutando una buena pelea. Si bien le hubiera encantado quedarse observando viendo a su mujer, tenía cosas más importantes que hacer ahora.

Había muy pocos espectros presentes, contándose a él o a la misma Violate, pero algo estaba fuera de lugar. La presencia de las calaveras fortalecía a los esqueletos, por lo que había que destruirlas primero, pero cuando se encontraban con una calavera particularmente robustecida, significaba que había algo de más rango aumentando su poder en los alrededores.

"AAAAAAAAAAAAARGH."

Un esqueleto le cayó encima por la espalda con un grito atronador y mordió una de las extensiones de su sapuri. ¿Cómo era que gritaban estas cosas sin cuerdas vocales?, nadie sabe, pero lo hacían y era molesto. Aiacos sujetó a la cosa por la cabeza y se la quitó de encima de un simple y brusco movimiento. Ni bien la tuvo en el suelo le pisó la mandíbula y el cuello, quebrándoselo al tiempo que le arrancaba las costillas. Otro esqueleto se le vino encima, pero tuvo un destino similar cuando el juez lo sujetó por la columna y lo partió a la mitad, teniendo cuidado de hacerle pedazos la mandíbula (había una buena razón para hacer eso). Continuó destrozando los huesos, soportando algunas patadas y ataques varios, hasta que por fin se dieron por muertos.

La gran ventaja de enfrentar esqueletos, es que eran puso hueso, y por macabras que fueran las heridas que les infligían, no había sangre, ni carne desgarrada, ni tripas regadas. Era limpio, y si saben lo difícil que es sacar manchas de sangre, no necesito decir más. Lo malo de enfrentar estas cosas… es que prácticamente había que pulverizarlas para impedir que siguieran atacando, y tenían una fuerza macabra para apoyar. ¡Mordían los desgraciados cada vez que podían! No se recordaban en el Inframundo mordidas peores o moretones más espantosos que los de estos esqueletos. Además, antes de morir exhalaban un gas alucinógeno potentísimo sobre el rostro de quien los eliminaba, narcotizándolo y dejándolo vulnerable. Por eso el chiste era destrozarles las mandíbulas antes de aniquilarlos.

Ya estaba harto.

"¡GARUDA FLAP!"

La Calavera que quedaba emitió un chillido agudo cuando no pudo huir del ataque del juez, estalló en pedazos, mientras los esqueletos que quedaban no hacían mucho por huir. La técnica del juez inclinó la balanza a favor de Antenora y ni bien se disipó el humo, los espectros se dieron a la tarea de rematar a los que aún parecían moverse. Aiacos avanzó a pisotones, con la vista fija en su Ala Derecha que le daba la espalda. Pisó un cráneo quebrado y pronto se vio corriendo. Violate no estaba tranquila, al igual que él sabía que había algo fuera de lugar. Rápidamente dio zancadas hasta las salas de espera del juzgados, en donde las almas esperaban su juicio, sin detenerse a hacer preguntas y aunque no parecía haber nada…

"BRUTAL REAL."

… Violate desató su técnica. Pero a diferencia de la vez anterior, esta pareció ser congelada y las ondas se disiparon en el suelo, por completo anulada. No obstante, y como golpeados por un camión, Quicxic y Patán cayeron de bruces, adoloridos, dejándose ver y perdiendo el factor sorpresa.

"¡AAARGH!" Quicxic se levantó y las emprendió contra la espectro. "¡Ya te enseñaré, mujer, a no golpear a un dios!"

"¡Ven, que te estoy esperando!" Tentó Violate emocionada ante la perspectiva del nuevo combate.

"¡Flanco Derecho, Violate!" Exclamó Aiacos a tiempo, advirtiéndole del ladino ataque de Patán.

Violate saltó a tiempo, y se trenzó a golpes con Patán, aunque bastaron dos patadas de la maléfica deidad para arrojarla lejos. El señor de Xibalbá tenía pensado arrancarle los pulmones, pero Aiacos no se detuvo a preguntar nada.

"Galactica Illusion."

Patán, tomado por sorpresa, retrocedió varios metros golpeado por la técnica del juez, pero blandió su hacha por sobre su cabeza, lo que lanzó un haz de energía que golpeó el edificio de la segunda esfera con bastante estruendo. La estatua de la garuda que dominaba el techo, perdió un ala.

"¡MIS OJOS, Bastardo Infeliz!"

"Ya tenemos lo que queríamos." Quicxic lo sujetó del brazo con fuerza. "¡Vámonos, Patán!"

Aiacos abrió los ojos a todo dar, pero no dejó que la sorpresa lo paralizara. El otro señor de Xibalbá tenía un saco transparente en la mano, y dentro de él pudo distinguir almas que estaban esperando el juicio. ¡Se las estaban robando!

"¡DEJEN ESO!" Ladró con fuerza, lanzando su Garuda Flap sin pensarlo dos veces, gesto apoyado incluso por la técnica de Violate, pero fue en vano.

Los señores de Xibalbá, con un inesperado botín y sin el batallón con el que habían llegado, huyeron entre burlescas risas, desvaneciéndose en el aire no muchos metros a lo lejos. Aiacos había comenzado a darles caza, pero al verlos desaparecer en el aire se detuvo, pateando el suelo de la frustración. Gruñó entre dientes y se volvió hacia el Violate.

"¿Estás bien?"

"Por mí no se preocupe, señor. ¡Vaya por Benito!"

Aiacos miró a Violate a los ojos, notando su maravillosa y fiera belleza. Asintió con la cabeza y echó a correr en dirección del edificio, con un solo pensamiento en la cabeza: Benito.


Giudecca. Palacio de Hades.

Esa noche.

"Al menos esta vez no fue Violate quien te espantó a la niñera." Comentó Radamanthys con elegancia. "Fuiste tú mismo."

Como normalmente sucedía todas las noches, Hades y su esposa solían cenar con sus tres jueces, Pandora y algún espectro cada tanto. Esta guerra en curso no interrumpía la costumbre, y aunque habían tenido que suspender la ocasión un par de veces, Hades insistía en que la cena se realizara: no les iba a dar a los Señores de Xibalbá el gusto de alterar su vida más de lo que lo habían hecho.

Aiacos miró a Radamanthys molesto, pero no dijo mucho, pues sabía que su compañero tenía razón. En aquellos momentos los jueces estaban todavía solos, pues Hades y Perséfone aún no llegaban, pero Pandora se encontraba no lejos hablando por teléfono. Después del ataque a Antenora, Aiacos se había dejado la piel corriendo hacia Benito, temeroso que pudiera haber sufrido daños por culpa de una técnica salida de control. Por fortuna, la niñera había tomado todos los resguardos y mantenido a Benito a salvo, pero ni bien puso al niño de regreso en los brazos de su padre, renunció a su cargo y se regresó al mundo humano.

Sus nervios no soportarían más combates y ni por todo el dinero del mundo se quedaría trabajando en el Inframundo.

Además que Aiacos la asustaba.

"¿Al menos te dijo porqué la asustabas?" Preguntó Minos con una sonrisa burlona.

"Me dijo alguna payasada de que era muy severo con ella. ¡No la traté diferente a como hago con mis espectros! Bah."

"Ahí estuvo el error… esa niñera nunca fue espectro, solo una humana normal." Se burló Minos. "A las mujeres no les gusta que uno sea brusco con ellas: uno debe ser gentil y honesto con ellas… o no se van a la cama contigo."

"¡Tonterías! Trato igual a mi Ala Derecha y nunca la he escuchado quejarse." Aiacos entrecerró los ojos. "Lo que me recuerda, ¿Cómo está Ingrid?" preguntó con malicia. "¿Sigue creyendo que eres un simple ejecutivo de la banca?"

Radamanthys no disimuló la carcajada. Minos solía ser bastante mujeriego y no del todo leal, pero con la tal Ingrid, una noruega bellísima de largas piernas, había cambiado sus mañas. Hacía como unos ocho meses que salía en exclusividad con ella y su atención solo se había visto desviada de su querida mujer cuando comenzó a buscar a su hermana menor. El juez estaba enamorado, pero no era completamente honesto: la mujer no sabía que Minos era un juez de Hades, y creía que solo era un simple ejecutivo de inversiones de la filial en Grecia de un banco noruego, con una carrera muy prometedora.

Tan alejada de la verdad no estaba, solo faltaban detalles a esa explicación, por ejemplo… el padre de Minos había sido el dueño del banco antes de morir y él tenía un puesto en el directorio del mismo. Sin embargo, no era algo que comentase en lo absoluto.

"¡Claro que todavía lo cree!" Reclamó Minos. "Si se llega a enterar que soy un juez de Hades me deja, con lo pacifista que es. No: min kjære engel no se va a enterar nunca."

"Ingrid es una tirana, Minos. No te acepta por lo que eres y no te valora. La mujer solo busca sacar provecho de ti." Ladró de pronto Pandora. "Cuando estás con ella eres todo un calzonazos."

Pandora puso las manos en las caderas y le miró fijo. Ella conocía a la tal Ingrid y no le caía bien. Cierto, era una mujer encantadora y muy diplomática, pero medía la valía de las personas por el tamaño de la billetera y su intuición femenina le decía que solo jugaba con Minos. ¿Cómo no se daba cuenta el juez? Pues porque no quería. Estaba enamorado en serio y no vería defectos en su kjære engel ni aunque se golpeara de narices con ellos. Pandora se sopló el flequillo muy irritada: solo ella tenía derecho de subestimar a los jueces, no una aparecida cualquiera que encima se platinaba el cabello.

Ya saben lo que dicen: una falda tira más que una yunta de bueyes.

De todos modos se encontró con la ácida mirada de Minos, quien no toleraba que Pandora le dijera cosas así todo el tiempo. Pandora era la única que se lo decía tan abiertamente, y aunque le ortigaba el alma, no le reclamaba mucho. A los demás jueces la presencia de Ingrid les irritaba un poco, pero al menos la mujer tenía momentos agradables. Sí tenía actitudes desubicadas que no terminaban de cuajar. En fin.

"Yo sabré a quien amar, señora Pandora. Mantenga la distancia."

"No queda de otra, supongo." Pandora bufó con desdén, antes de volverse a Aiacos. "Leí tu reporte del combate, ¿cuántas almas se robaron esos dos?"

"Unas setenta almas que esperaban juicio." Rezongó Aiacos. "No sé si las recuperemos algún día. En cuanto a los heridos… dos de los espectros que intervinieron en el combate están en la enfermería con fracturas expuestas y uno con sobredosis. Del personal administrativo de Antenora… solo heridas menores."

"¿Benito está bien?" Preguntó Pandora con bastante tino y en verdad interesada en la respuesta. No le gustaban los niños para nada, pero toleraba a las gemelas y a Benito bastante bien. Incluso les conversaba. "Supe que te quedaste sin niñera. ¿Cuándo te envían la nueva desde la agencia?"

"El enano está bien, pero no me van a mandar niñera nueva. Dicen que este trabajo es indeseable y peligroso." Bufó Aiacos molesto. "No sé quien podría cuidar de mi hijo, o ayudarme siquiera…" Añadió angustiado.

"Violate seguro te ayuda." Dijo de pronto Radamanthys. "Con todo lo que lo cuida y quiere, prácticamente es su madre. No pondrá problemas y la harás feliz."

La cara que puso Aiacos fue de antología. Lívido de espanto miró al juez de Wyvern, mientras Pandora y Minos se mordían la lengua para no reírse. Para nadie era un misterio del pánico que tenía Aiacos sobre el hecho de ver a Violate en una faceta de aquellas, y se negaba rotundamente a las sugerencias que pudieran ponerla en ese papel. Se levantó de su asiento con ansias homicidas, pero Radamanthys solo sonrió torcido. Aiacos había dado un agresivo paso hacia él cuando Hades y Perséfone entraron del brazo y bastante acaramelados.

"Buenas noches todos, disculpen la demora." Saludó Hades de bastante buen humor. Perséfone sofocó una risita. Los presentes rápidamente hicieron una reverencia, pero no pasó desapercibido para el dios que algo había pasado. "De pie los cuatro… ¿Ocurrió algo?"

"Aiacos perdió a la niñera, no por culpa de Violate, y Radamanthys le sugirió que le pidiera ayuda a Behemoth con Benito, señor Hades." Explicó Pandora. Aiacos volvió a fulminar a Rada con la mirada, quien le ignoró a propósito, mientras Minos aguantaba la risa.

Hades suspiró profundo.

"¿Sigues con eso, Aiacos? En serio, sigue así con Violate y los mandaré a los dos a terapia de parejas." Amenazó el dios.

"¿Por qué terapia de parejas? No soy pareja de Violate." Rezongó Aiacos, causando que todos los presentes carraspearan para ocultar la risa.

"¡Justamente por eso!" Exclamó el dios. "¡Porque NO SON pareja!"

"Será mejor que cenemos." Intervino Perséfone con presteza. "Por favor, pasemos a la mesa." Les invito cordial la diosa.


Antenora, Habitación de Benito.

22:30 horas.

Benito luchaba contra el sueño en brazos de Violate. La espectro había entrado a hurtadillas a ver al niño, aprovechando que Aiacos estaba en la cena con los señores. Habían dejado a una de las chicas del servicio al cuidado del niño en lo que volvía el juez, pero la muchacha ni siquiera se atrevió a cuestionar la presencia de Violate, pese a que le habían pedido expresamente que no la dejara pasar. La mujer simplemente entró a ver a su nene, encontrándolo despierto y muy alerta, seguramente planeando ponerse a llorar pronto por alguna necesidad que no sabía expresar de otro modo que no fuera con llantos.

Se llenó de sonrisas cuando la vio aparecer y no dudó en estirarle los brazos. Violate lo tomó en brazos y lo aferró contra su pecho como si fuera el tesoro más grande de la vida, meciéndolo unos instantes, antes de decidir cambiarle el pañal, que se notaba sucio. Cuando el niño estuvo limpio, Violate se dedicó a mimarlo, asegurándose que no tenía heridas, antes de hacerlo dormir.

"… ¿mami?"

"Shhhh… hora de dormir, Ben."

Claro que el niño se resistía, pero el latido del corazón de Violate, que escuchaba con claridad, sumado a una suave tonada que recordaba a la banda sonora de la película "The Nightmare Before Christmas" que tarareaba su mamá, estaban por rendirlo. Finalmente se rindió y cerró sus ojitos, plenamente confiado en los brazos de Violate, que se sentía honrada cada vez que el pequeñito se dormía en sus brazos.

"Eso mi chiquito… Deja que te ponga en tu cuna…"

"¡Violate!" Susurró angustiado Aiacos, de pronto. Violate giró la cabeza hacia el juez, con una calma expresión. "Sabes que no me gusta, ¿por qué insistes en desobedecerme?"

"No me decía como estaba Benito. Vine a asegurarme que estuviera bien."

"¡No es tu tarea! Sabes que no me gusta y…"

"Shhh." Lo calló Violate. "Con todo respeto, señor, vendré todo lo que quiera a cuidar del pequeño, le guste o no."

La mujer creía que se había ganado esa responsabilidad desde que Benito la había llamado mamá. Y ella no huía de sus deberes, aunque hiciera enojar a su señor Aiacos.

"¿Te estás insubordinando?"

"Supongo."

Violate le dio la espalda y con maternal cuidado dejó a Benito en la cuna, acomodándole y abrigándole con cariño, sonriendo como si el nene estuviera despierto y pudiera verla. Le quitó el chupete y se levantó. Decidió retirarse de la habitación, pasando por el costado del juez, que la miraba enrojecido.

"Ma–Mañana hablamos. Esto no quedará así." Le reclamó en susurros.

"Por supuesto que no, señor." Respondió Violate en el mismo tono antes de salir.

Cuando la mujer cerró la puerta, Aiacos dejó escapar un suspiro y algunas de las mariposas que le aleteaban en el estómago. Se acercó a la cuna, viendo que su hijito se encontraba bien y dormido. Se puso rojo y se talló los ojos con los puños.

"¡Por Hades que se veía Guapa!" Murmuró muy contento.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Rompimientos

nunca había tenido buena salud. De un manotazo abrió el cajón de su mesita de noche y se puso el termómetro, esperando que diera la señal para ver cuánto tenía. Los 37,2º C la saludaron de vuelta, lo que solo provocó un gruñido por parte de la diosa. ¡Bah! La divinidad no garantizaba buena salud, aunque ella era la única que solía tener fiebre a menudo. Efectos secundarios de haber sido…


Nota Mental: Hades shippea a Aiacos y a Violate. No lo culpo a decir verdad. Esos dos hacen linda pareja, aunque de verdad pareciera que a Aiacos le gusta sufrir de sobra. Al menos le dieron una paliza a los esqueletos… más o menos. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


Consejo de Minos de Griffin para no aburrirse en el supermercado:

Haz un rastro de jugo de tomate en el suelo camino de los baños.


A esos dos les gusta sufrir, Newfan. Hypnos porque ha evadido como ha querido todos sus traumas, y Aiacos por ser un imbécil. Entre los dos no hacen uno y tienen harta madeja que desenredar. Todo de a poquito en todo caso: puede que arreglen sus problemas, aunque no por lo pronto, que aún queda bastante fic por delante. ¡GRACIAS POR LEER!

Aiacos es todo un bombón, Nice, Violate tiene suerte y lo sabe. Hay que decirlo: está hecho a mano. Tanto él como Hypnos van a tener que meter mucho las patas antes de poder comenzar a arreglar las cosas, porque fic hay para rato. Sobre la tortas que mandaste, los sueños se la morfaron casi al instante, y se pelearon los trozos y Thanatos tuvo que proteger la suya a golpes. Pero se las comieron con ganas y contentos: agradecen mucho el gesto y mandan saludos. ¡GRACIAS POR LEER!


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá. Las traducciones del noruego… ._. Auspicio de Google traductor (no merezco vivir u.u).

Min kjære engel: Mi querido ángel.

SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. El camino hacia Xibalbá estaba plagado de peligros; escarpado, espinoso y por completo prohibido para los extraños. Son como siguen:

1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.

2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.

3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.

4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.

5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.

6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.

Fueron vencidos por los dioses gemelos Ixbalanqué y Hunahpú: Ixbalanqué decapitó a Hunahpú y le volvió a colocar la cabeza, reviviéndolo, lo que divirtió tanto a los malvados señores que les pidieron que los decapitaran a ellos mismos y volvieran después a la vida. Los hermanos simularon obedecer y decapitaron a los dioses pero no recompusieron sus cuerpos con lo que los derrotaron para siempre y permitió triunfar al bien sobre el mal. Así, el mundo estuvo preparado para la creación de los hombres.

Para efectos de este fic, solo Hun–Camé y Vucub–Camé fueron los decapitados. Y no, los dioses gemelos Ixbalanqué y Hunahpú no aparecerán en este fic.