Conducir una guerra es complicado, pero Hades se las ingenia, además de velar por la vida amorosa de sus espectros. Aunque hay que admitir que él y Perséfone necesitan otro pasatiempo. Thanatos trata de equilibrar su vida familiar y laboral y a Aiacos… El karma comenzó a pasarle la cuenta.
¡HOLA A TODOS! Creo que los voy a malacostumbrar, pero si no actualizaba ahora, ya a la tarde no iba a poder. Considerar que este fic sucede más o menos en forma paralela a algunas situaciones ocurridas en el Santuario (a partir del fic Magistri). A estas alturas, en el Santuario de Athena se desarrollan los eventos del fic Gens. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y sí… hay imágenes nuevas en las portadas de los fics. Se las debo a Lallen–Fanart, quien me las regaló hace un tiempo. Irán apareciendo conforme se actualicen los servidores. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Clasificación M,porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!
Capítulo 4: Caminos Separados
Giudecca. Despacho de Hades.
Una semana después. 26 de marzo. 10:52 horas.
Hades se desplomó en su sillón y se talló los ojos. Tenía ganas de patalear como niño pequeño, pero se contuvo. Todo este asunto de la guerra contra los señores de Xibalbá lo tenía de un humor de la patada, y la burlona actitud de sus enemigos, lograban que tuviera ganas de ver arder el mundo. Calzonazos, le había gritado uno; Emo llorón le gritó otro. ¡BAH! Bola de envidiosos que no tenían una mujer que los mimase tan linda como su Perséfone.
…
Ya. Era un calzonazos. ¡¿Y qué?! Al menos tenía con quien pasar la eternidad.
"La enfermería está llena. Tiene capacidad para diez heridos, y hay al menos dieciocho. Ordené que abrieran las celdas del ala oeste y que llevaran ahí a los que sobran. Han muerto unos doce espectros. Thanatos dice que entraron al ciclo de la reencarnación y que dos fueron aniquilados por Xibalbá." Rezongó Hades. "Esta madrugada atacaron Caína, dejando tres heridos que están siendo atendidos ahí mismo."
"Si seguimos a este ritmo, vamos a ser sobrepasados. ¡Te dije que teníamos que ampliar la enfermería! Además con suerte había algodones." Le dijo Perséfone, levantando la nariz de unos documentos. "Creo… que podríamos comenzar a cobrarle la palabra a Athena… tienen un mini hospital en el Santuario."
"Y médicos. Quizás derivar a los más graves… no sé. Me parece buena idea." Hades se acomodó en su asiento y apoyó su cabeza en las manos. Le sonrió travieso y serio al mismo tiempo. "A propósito. ¿Recuerdas que te conté que pedí voluntarios para tu escolta?"
Desde que se habían reconciliado, Hades había hecho cambiar el escritorio de Perséfone a su despacho, de manera que ahora ambos trabajaban juntos en la misma oficina, gestionando el manejo de todo el Inframundo. Tenían áreas de gestión separadas y comunes, pero lograban complementarse de excelente manera. Además así aprovechaban para pasar tiempo juntos y se les facilitaba el cuidado de las nenas.
"Claro que me acuerdo." Perséfone sonrió. "Sigo sin encontrarle mucho sentido, pero…"
"Ojo, tenemos un trato."
"Sí, me dejas quedarme con las niñas, donde nos corresponde, contigo, pero yo acepto tener esa escolta." Asintió Perséfone. "Me parece un buen trato. ¿Por qué lo traes a colación?"
"Varios espectros han postulado. He tenido que revisar yo mismo las inscripciones, pues Hypnos apenas sí puede atarse los cordones solo (¡Le ha hecho pésimo el divorcio!), pero ya comenzaron las pruebas…"
"¡Qué bien! Pero, ¿Qué te aqueja?"
"Nada… algo… algo llamó mi atención."
"¿Qué cosa?"
"Violate de Behemoth postuló. Hasta ahora va ganando por paliza (literal): se estaría quedando con la plaza de capitán de tu escolta."
Perséfone parpadeó muy perpleja, como si al principio no hubiera entendido nada de lo que Hades le decía, pero cuando le cayó la teja, carraspeó sorprendida. ¿Violate no era la lugarteniente de Aiacos? ¿No que era apoyo, su más leal espectro, su agente más eficaz, su ala derecha? Esos dos se adoraban con locura, el que no lo aceptaran no era esencial, pero sí era evidente que más temprano que tarde esos dos se iban a confesar sentimientos. No obstante… al menos a ella le parecía rarísimo que Violate hubiera postulado a ese cargo, pues sabían que estaba más que conforme siendo la segunda al mando en Antenora.
Una mirada a los ojos de Hades le reveló a la diosa que su esposo pensaba algo parecido.
"¿Y qué pasó allí?"
"Es lo que quisiera saber: Aiacos y Violate hacen linda pareja, pero en serio que toda esa tensión que se traen me pone de mal humor." Hades buscó la carpeta con los antecedentes de Violate y se la alcanzó. "Ahí pasó algo y no me cuadra."
"A mi tampoco, quizás se pelearon. Desde que llegó Benito que esos dos andan de pelea en pelea…"
"Deberían sacarse las ganas y darse un buen revolcón y ya. Les mejoraría el carácter a los dos."
"¡Hades! No seas grosero."
"¡Pero es cierto! Si no fueran tan tímidos, hace rato que estarían juntos. ¡Por lo menos unos diez hijos deberían tener a estas alturas! Pero no."
"Hades…" Advirtió Perséfone, tratando de lucir grave, pero en su fuero interno creía que su esposo tenía razón. "Hacen bonita pareja, se adoran, pero algo pasó ahí…"
"¿Qué crees que sea?"
"No lo sé, pero podemos averiguar."
"¿En qué piensas, mujer?"
La mirada de Hades era traviesa y astuta; Perséfone se relamió los labios y se apoyó en el respaldo de su asiento. Ambos se dieron pataditas debajo de la mesa, parecieron ponerse de acuerdo.
"Envía por ellos, creo que sé como obtener respuestas de ellos mismos sin tener que preguntar mucho."
Hades le guiñó un ojo y le sopló un beso.
Hospital de Atenas. Oficina de Thanatos.
26 de marzo. 11:32 horas.
Thanatos dejó caer la carpeta que estaba revisando y se talló los ojos. Estaba cansado y sus motivos eran bastante variopintos. No solo la guerra en el Inframundo estaba minando su energía, sino que además su familia le estaba cargando la espalda. Por si fuera poco su trabajo en el hospital se le estaba acumulando.
Al menos ahora tenía tiempo de avanzar un poco con sus casos en el hospital. Había un par de vagabundos que necesitaban ayuda, unos cuantos ancianos solos, la joven familia que necesitaba los medicamentos de su niño… Ufff, estos casos eran de nunca acabar, pero le sorprendía la capacidad del ser humano de sobreponerse a sus tragedias. Cierto, era un dios, ¡la muerte sin ir más lejos!, podía decir que lo había visto todo, pero hasta ahora venía a darse cuenta de lo notable que era la capacidad de lucha que tenía el ser humano. En cierta manera agradecía ese momento de depresión tras la guerra contra Athena que le había motivado a tomar esta decisión, de asumir la personalidad del desaliñado Giannis y trabajar en un hospital como asistente social. Cierto, había momentos en que maldecía el momento en que había tomado aquella decisión, pero otros en los que no se arrepentía para nada.
Hoy era un día neutral. Su trabajo le estaba dando la oportunidad de salir un poco del Inframundo, cuyo nivel de alarma lo tenía de los nervios. Era una buena distracción y aprovechaba de ponerse al día. Iba a tomar una carpeta cuando se fijó en una de las muchas fotos que tenía regadas por toda la oficina. En ella, Icelos y Oneiros parecían reírse algún chiste, que Thanatos pareció recordar, pues esbozó una sonrisa sin querer. Recordaba que el día de la foto, celebraban un cumpleaños o algo. El dios de la muerte calma comenzó a pasear su mirada por las demás fotos. Todas eran familiares, su mamá, sus sobrinos (los veinte que le quedaban), su hermano, Pasitea, Hades y Perséfone, sus queridas ahijadas… Thanatos era un dios pendenciero, impulsivo en el mejor de los casos, insensible y tajante, grave como pocos, soltero empedernido, pero en el fondo de su corazón su familia ocupaba un lugar importantísimo y era el único dios que mantenía álbumes de fotos.
Sí, así arisco como lo veían, tenía su lado sensible.
Quizás por eso era tan popular entre sus sobrinos. Thanatos era el típico tío que les consentía, y… quizás algo más presente que el mismo Hypnos los últimos milenios.
Thanatos suspiró y tomó la foto de su gemelo y cuñada. ¿Qué se suponía que tenía que hacer con esta foto? O sea, técnicamente debería sacar a Pasitea de su colección, pero no podía, ¡Era su cuñada! Lo había sido por miles de años y uno no arranca a un familiar del árbol así tan de improviso…
… bueno, algunos humanos lo hacían, pero no era el punto ni él un simple mortal.
El asunto es que no podía pensar en ella como otra cosa que no fuera su pariente. Además Pasitea amaba a Hypnos, estaba seguro. Claro, estaba tan furiosa con su hermano que hasta le había pedido el divorcio, pero lo amaba. E Hypnos también la adoraba, nunca había dejado de hacerlo solo… solo que la comunicación entre ambos se cortó de repente… dejaron de hablar… comenzaron a sufrir por su cuenta… nunca hablaron sobre sus hijos muertos: los dos vivieron su duelo por separado (si es que lo habían procesado), sin contar con el otro y eso… los congeló. Phantasos se llevó la peor parte.
¡Por todo el Olimpo! Esos dos no necesitaban un divorcio, sino terapia de parejas.
"¡GIANNIS!"
Thanatos pegó un brinco de la sorpresa cuando sintió la violenta intrusión de Rea Laurens en su oficina. La mujer no dudó en poner las manos en las caderas luego que cerró la puerta, y le miró con cara de poquísimos amigos. Thanatos estaba cansado y aunque la mayor parte de tiempo Rea lo intimidaba, hoy no tenía ni un gramo de paciencia extra.
"¿Ocurre algo?"
"Falleció la señora Amelia anoche." Gruñó mientras se acercaba a su escritorio. "También don Roberto de la habitación 602 y don Niko del 304. ¡Y adivina con lo que me encuentro!"
"¿Que estaban fríos y tiesos?"
"¡GIANNIS! Eso fue de muy mal gusto." Rea empuñó las manos con fuerza y entrecerró los ojos. "Me vengo a dar cuenta que tú fuiste el último que los visitó."
"Ya, ¿y?"
Rea le miró con intensidad. No confiaba en el desaliñado asistente social que tenía al frente. Todas sus observaciones e instintos le decían que este sujeto tenía mucho que ver con varias muertes en el hospital, que no tendrían porqué haber sucedido. Estaba convencida que Giannis era un ángel de la muerte, y uno estupendo, solo que no tenía más pruebas que sus sospechas.
¡Si supiera que no estaba tan lejos de la verdad! Con la diferencia que Thanatos no había asesinado a esas personas, simplemente había consultado en sus listados a quien le tocaba morir ese día y había ido a buscar sus almas. Bien capaz que era el dios de asesinar a los hombres, pero eso solo lo hacía en caso de guerra santa. Como fuese, no se le podía acusar de asesino solo por darle espacio a que la vida siguiera su curso natural… ¡Además era la Muerte!
"¡¿Cómo que Y?! No sé como lo haces, pero siempre que visitas a algún paciente, este muere sin que hubiera presentado síntomas que indicasen que se descompensaría." La mujer se cruzó de brazos y arrugó la nariz. "¿No te parece mucha coincidencia?"
"¿De qué me acusa, doctora Laurens? La gente muere todo el tiempo."
"¿Dónde estuviste anoche, Giannis?"
"Atendiendo asuntos familiares. ¿Cuál es su obsesión conmigo? ¿Acaso está enamorada de mi que me presta tanta atención?"
A Rea casi le dio hipo. ¿Cómo se le ocurría a este tipo insinuar algo así? En serio, Giannis era el hombre más desaliñado del hospital. No es que anduviera con ropas sucias ni nada de eso, solo que sus prendas estaban todas ajadas, viejas y desteñidas… y tampoco tenía mucho éxito combinando las ropas, lo que no lo hacía muy atractivo para nadie… en defensa de Rea, no había visto a Thanatos en gloria y majestad.
"¡¿Pero qué…?! Giannis, por toda la ciencia, ¡¿Crees que voy a estar perdiendo mi tiempo fijándome en ti?!"
"¡Entonces déjame hacer mi trabajo en paz!"
"No confío en ti Giannis." Gruñó desafiándolo a la cara. "¡Hay demasiadas muertes a tu alrededor!"
"Ja. No tienes idea." Dijo Thanatos dejando escapar una carcajada. "La gente muere, asúmelo. Soy asistente social, a veces mis casos estiran la pata."
"No la que está a mi cuidado: la señora Amelia entró caminando. ¡No tenía porqué morirse! La visitaste ayer y ¡Drama! ¡Se muere!; don Niko…"
"También se mueren tus pacientes y no me ves acusándote de negligencia."
"Eso es otra cosa totalmente distinta." Gruñó Rea sin argumentos, apretando los puños, pero volvió a insistir. "¡Reconoce que visitaste a esos pacientes!"
Rea tenía ganas de morderse el labio, como solía hacerlo cuando las cosas no iban como quería resultaban de otro modo. No era la primera vez que discutía con Giannis, pero sí la primera que el escuálido sujeto no dudaba en retrucarle. Seguro estaba cansado, tenía ojeras, y las enfermeras le habían comentado que lo notaban preocupado.
"¡Claro que lo hice! Es mi trabajo visitarlos: necesitaban mis gestiones." Protestó Thanatos. "Los visité a los tres ayer por la mañana. Pasé gran parte de la tarde ocupado con otras cosas y cuando salí del trabajo, tuve que atender asuntos familiares y solo pude volver a casa pasadas la una de la mañana. Para esa hora ya habían muerto los tres."
"¡Hasta te sabes la hora, Desgraciado!"
"¡Porque lo leí en el informe de esta mañana!" Exclamó impaciente. "¿Y desde cuando que te debo explicaciones?"
"¡Sigues sin convencerme! ¿Familia tú con lo áspero que…?"
La puerta se abrió de golpe. Tanto Thanatos como Rea pegaron un brinco y abrieron espacio. Hypnos, muy desmejorado, pálido, ojeroso y con los ojos brillantes, sin tener consideración con nadie, irrumpió en la oficina y se sentó en una de las sillas, a irradiar desolación y pena. Lucía tan desaliñado como Giannis, y su estrés emocional era tan evidente que Rea estuvo tentada de tomarle los signos vitales en caso que se fue a descompensar.
Pasaron unos segundos en los que estuvo absorbiendo aire por la nariz y se largó a llorar con ganas. Thanatos y Rea intercambiaron una mirada, se mordieron el labio y comenzaron a tamborilear los dedos de las manos casi al mismo tiempo: a los dos se les olvidó la discusión que estaban llevando.
"Errr…" Balbuceó Thanatos, mientras le inventaba un nombre a su hermano. Primera vez que lo veía subir al mundo humano. "¿Niko?"
"Pasi… Pasi no quiso que…" Hypnos miró a su gemelo con una expresión que rompía el corazón. "No quiso salir a almorzar conmigo, ni… el regalo que le hice." Hizo unos veinte pucheros temblorosos. "Supo que volví a confundir a Phantasos con Gala y se enojó conmigo… y Phantasos no me habla… Pasi… no quiso escucharme… ¡entiendo que es mi error! La descuidé, la perdí, no me porté bien, pero… pero…" Hypnos se apoyó en el respaldo de la silla y se tapó la cara con los brazos. Segundos después estaba llorando tratando en vano de mantener la dignidad.
"Doctora Laurens, este es mi hermano gemelo Niko." Le dijo algo compungido. "Atraviesa un mal divorcio… ¿podríamos seguir nuestra discusión más tarde?"
Rea le miró con una súbita compasión en los ojos. Ella podía ser muy incisiva si quería, pero no dejaba de ser humana. Hypnos, o Niko como lo había llamado su hermano, lloraba con toda la honestidad del mundo. Esto no era un show y ciertamente no era el momento de seguir con descargos y acusaciones.
"Claro… ¿Necesitan algo?"
"¡NECESITO A MI PASI!" Lloró Hypnos desolado.
"¡Argh, ya está jugoso!"
Thanatos se palmeó la cara con fuerza. ¡Pedazo de Hipócrita! Miles de años descuidando a su esposa y dándole el mismo tratamiento que ahora ella le daba a él y ¿ahora se hacía el desvalido? ¡Pobre Pasi que lo aguantó callada tantos siglos!
Igual le daba penita. ¡Pobre infeliz! Mejor se aseguraba de darle aunque fuera agua con azúcar o Nix le arrancaría la cabeza si llegaba a enterarse que no había ayudado a su único gemelo. Thanatos suspiró empático y miró a Rea a los ojos.
"¿Sería mucho pedir algo para los nervios? Lleva así varios días y no se calma…"
"Vuelvo en cinco minutos."
Despacho de Hades
Mientras tanto. 11:20 horas.
Aiacos y Violate llegaron casi al mismo tiempo ante el despacho de Hades. Habían sido convocados por separado no hacía mucho rato y no dudaron en ir. Cuando se encontraron al final del corredor, simplemente se miraron y quizás se esbozaron alguna sonrisa.
Llevaban una semana sin hablarse. Cierto, se veían a diario e incluso entrenaban, pero pronto fue evidente para Aiacos que Violate no quería entrenar con él y trataba que las sesiones fueran lo más breve posible, para poder irse pronto. Además, en los ataques en los que habían necesitado luchar hombro con hombro, perdieron un poco de sincronización, cosa que solo podía ser achacada al hecho que no se hablaban.
Aiacos esperaba en serio que esto pronto pasara, quería recuperar a su ala derecha lo antes posibles para poder hacer frente a la amenaza de Xibalbá como correspondía, con ambos apoyándose y luchando al lado del otro. La tenía al lado, pero la echaba de menos: Violate había puesto una pared gigantesca entre ambos y se notaba. Pero Violate también lo echaba de menos.
"¿Vienes por tu cuenta o también te ha convocado nuestro señor Hades?"
"…"
Esa mañana Aiacos había decidido tragarse algo de su orgullo y quizás tratar de hacer las paces con su flor carmesí. Sabía que debía pedirle disculpas por la manera que la había tratado, y estaba dispuesto. ¿Qué podía perder? Solo un poco de orgullo que recuperaría en poco tiempo, solo iniciar alguna conversación, preguntar cómo estaba y volver a la normalidad.
Claro… si Violate decidía responderle. Porque le respondería, ¿verdad?
"¿No me vas a responder, Violate? Hace una semana que no me hablas… ¿Por qué?"
"El señor Aiacos no confía en mí. ¿Por qué tendría yo que confiar en usted?"
"Aaargh, ¡Violate! ¿Sigues pegada con eso? ¿Por qué no lo dejas ir?"
"Cosa de mujeres. No lo comprendería, señor." A Violate le costó decir eso más de lo que quiso admitir, pero no se arrepentía. Le dolía alejarse de su señor, ¿quién lo iba a cuidar?, pero si él no confiaba en ella y era capaz de menospreciarla tanto, entonces ella no quería migajas de su aprecio.
¡Ay, como dolía!
La puerta del despacho se abrió y la voz de Hades les llamó. Ambos se pusieron de firmes y entraron con movimientos sincronizados. Cuando hubieron recorrido un buen trecho, cayeron sobre una rodilla con la cabeza baja. Hades y Perséfone les observaban tranquilos. Ambos dioses intercambiaron miradas y asintieron con la cabeza.
"Ha llamado mi atención, Violate, que postulaste a la escolta personal de mi familia." Dijo Hades muy curioso. Tanto Aiacos como Violate se quedaron helados, pero por diferentes razones. "Tuviste un más que estupendo rendimiento en las pruebas de ingreso, por apuradas que hayan sido… Dime por qué quieres el puesto. Creí que estabas conforme como lugarteniente de Antenora."
"Necesito un cambio en mi carrera señor. La manera de servirlo a usted de mejor manera." Afirmó Violate sintiendo un revoltijo en las tripas. "He perdido la confianza del señor Aiacos, si es que la tuve alguna vez, y siento que ya no tengo nada que hacer allí."
"¡Siempre has tenido mi Confianza! ¡Eres mi Ala Derecha!" Reclamó Aiacos sin poder aguantarse. "¡¿Estabas postulando?! ¡¿Por qué no me dijiste?!"
"Con el debido respeto, señor, no le importa."
"¡Claro que me importa! Soy tu jefe, debiste haberme dicho. ¡Te saltaste el conducto regular de forma grosera!"
Aiacos tenía un nudo en las tripas y el corazón. ¡¿Violate lo abandonaba?! ¡¿Qué Brujería Era Esta?! Esto no era un ascenso, no era buscar nuevas oportunidades en su carrera: siendo su lugarteniente tenía todas las opciones para mejorar y perfeccionarse como guerrera y como espectro. ¡¿Y lo dejaba sin haberle dicho?!
"Lo hecho, hecho está. Soy la estrella celeste de la soledad, no necesito su aprobación para optar a un cargo dentro del ejército del señor Hades."
"¡¿Esa Es Tu Excusa?!" Aiacos se volvió hacia Hades. "¡Señor! Confiando en el juicio que pueda emitir en este asunto, tengo que dejar en claro que yo no estaba enterado de esto y me opongo tenazmente."
"Ya veo." Dijo Hades muy neutral. Miró a Violate con curiosidad. "Dices que has perdido la confianza de Aiacos. ¿Por qué?"
"Me ha dicho que no me confiaría la vida de Benito. El señor Aiacos cree que puedo lastimarlo."
"¡Qué lo vas a estar lastimando! Solo no te quiero cerca de mi hijo, ¡Eso no quiere decir que no confíe en ti!"
"¿Entonces qué quiere decir, señor?" Violate le miró frunciendo el ceño. "Tal insinuación me ofende, primero me despellejan antes de dejar que algo le pase a Benito, pero aun así no me confiaría su vida ni me deja verlo."
"¿Qué te hace creer que eres capaz de cuidar de mis hijas?" Preguntó Perséfone con delicadeza. "Porque al ser parte de mi escolta, inevitablemente te encargarás de su seguridad también."
"¡Violate no puede cuidar niños! Es una guerrera, no una niñera."
"Aiacos: tú eres un juez de Hades y padre soltero de un niño adoptado." Le recordó Perséfone, antes de centrar su atención en la espectro. "¿Violate?"
"Soy la segunda de nueve hermanos. Prácticamente ayudé a criar a los tres menores." Dijo Violate con honestidad. "Puede que no sea perfecta, pero no voy a retroceder ante un desafío, ni dejaré que algo malo les ocurra a usted o a las princesitas." La espectro de Behemoth miró de reojo a Aiacos. "Puede que no sea perfecta, ni haga las cosas bien, pero tengo el ardiente deseo de no decepcionarla, señora Perséfone."
"¿Y yo qué? No es momento para que me quiten a mi mejor espectro. ¡No cuando nos atacan casi todos los días!"
"Además le caigo bien a las pequeñas señoritas."
"Oh sí, eso es cierto. Las niñas te adoran, Violate." Comentó Perséfone abstrayéndose un poco de la discusión. Hades rodó los ojos al cielo y tras apoyar el codo en el sillón, afirmó su cabeza.
"Entraron a la carrera por las tres plazas de estrellas celestes solo siete espectros. Violate, le ganaste a todos ellos, y con eso tu lugar como capitana de la escolta de mi esposa. ¿Estás segura que quieres dejar tu puesto como lugarteniente de Antenora?"
"Mis servicios no son requeridos allí. Otros pueden cumplir mi rol. Iré a donde mi señor Hades ordene."
"¡Claro Que Se Requieren Tus Servicios en Antenora!"
Hades bufó molesto. Observó a sus dos espectros, mientras parecía palpar la emoción en el aire. Desde que se había dado cuenta que ambos hacían una bonita pareja que esperaba el día que anunciaran su relación a los cuatro vientos. Sabía que se amaban, pero que no aceptaban dar el siguiente paso. Miró a Perséfone y asintió con lentitud: su esposa tenía la misma opinión que él sobre estos dos, y a ninguno le hacía gracia separarlos, pero… puede que el cambio de aire les hiciera bien. Quizás pasar tanto tiempo juntos había hecho que dieran muchas cosas por sentado y eso los llenó de una macabra rutina. Quizás si los separaban les incentivaban a buscar las maneras para reunirse ¿Y quién sabe? Puede que terminaran en un armario estrecho resolviendo problemas de la manera más primitiva de todas.
"Les diré lo que pienso." Dijo Hades muy grave. "Ustedes dos son un par de idiotas, de una vez deberían admitir lo que sienten por el otro. ¡Soy un dios de muertos y hasta yo me doy cuenta de eso! Pero bueno, ya podrán arreglar sus diferencias luego."
"¿Señor?" Preguntó Aiacos, temeroso por lo que se venía.
"Violate, desde ahora puedes dejar Antenora y asume tu puesto como capitana de la escolta personal de Perséfone y de mis hijitas. Te trasladarás aquí a Giudecca: te encargarás de diseñar los planes y estrategias de seguridad de mi familia, de que los espectros a tu mando obedezcan mis ordenanzas y estén siempre bien entrenados. Debido a la urgencia, espero los primeros planes pronto." Hades se puso de pie. "Aiacos, espero que comprendas mi situación. Recuerda que debes suplir la vacante que deja Violate pronto y ojalá que no le pongas muchos problemas con el traslado. He dicho. ¡Ahora retírense!"
Ambos espectros asintieron lentamente y, tras ponerse de pie, se retiraron en tenso silencio. Hades tenía la certeza que había remecido emocionalmente a sus dos espectros de manera ruda, pero se dijo a sí mismo que era lo mejor. Sintió como Perséfone le tomaba el brazo y se apoyaba en su hombro.
"Se van a echar de menos… eso los va a motivar a encontrar una solución a su problema." Opinó la diosa. "Les doy unos meses."
"Si no lo hacen, juro que los encierro en un armario."
Perséfone simplemente soltó unas risillas traviesas y le guiñó un ojo a su esposo. Bien capaz que era y creía su amenaza. Quizás resultaba interesante y divertido que tal cosa sucediera.
Afuera en el pasillo, ni bien salieron del despacho y hubieron avanzado varios metros, Aiacos se detuvo de golpe y sujetó a Violate del brazo, obligándola a encararlo. Se midieron con la mirada y quizás con el cosmo, mientras ambos ponían sus manos en sus caderas, desafiantes y altivos. El juez de Garuda se sentía traicionado y por completo desvalido, y Violate trataba de controlar sus emociones y no dejar que se filtraran por sus ojos. Seguramente luego de esto colarse a la habitación de Benito para mimarlo se tornaría más difícil, pero los desafíos no la intimidaban.
"¿Cuándo pretendías decírmelo?"
"En algún momento, señor. Solo si quedaba en el puesto."
"¡Por supuesto que ibas a quedar! Eres la estrella celeste más fuerte que conozco sin contarnos a nosotros los jueces. ¡Claro Que Ibas A Quedar!" Le reclamó molesto. "Te conozco, mujer. Sé de lo que eres capaz."
"No del todo, señor Aiacos." Violate se cruzó de brazos e hizo un desprecio. "No me conoce bien, o se niega a querer hacerlo."
"Conozco lo que quiero conocer de ti." Aiacos iba a continuar con algún comentario mordaz, pero se mordió la lengua. "Me abandonas, espectro. Tú que decías que siempre serías mi apoyo."
"Siempre seré su apoyo señor. Pero no tengo nada que hacer a su lado si no tengo toda su confianza. No deja que cuide de Benito, eso es no confiar en mi." Gruñó Violate. "Por eso me voy." Aiacos endureció sus facciones y mirada.
"No." Le dijo muy grave. "Toda esa payasada de que no confío en ti, es una falacia. ¡Tú quieres cuidar niños! Y ese papel de mujer no te corresponde. ¡Vas a ver que no serás capaz! Desde ya te digo… ¡NO SIRVES para eso! ¡Por algo no te paso a Benito!"
"¡No me deja cuidar de Benito porque está celoso!" Ladró Violate con las manos apretadas. "Usted no me ve como mujer, por eso no le cuadra que pueda tomar un rol femenino."
"¡Tú no eres ninguna mujer! ¡ERES MI ALA DERECHA!"
"¡SOY BIEN MUJER LE GUSTE O NO!"
"¡¿Ah sí?! Pues desde que recuerdo, nunca te he visto en actitudes femeninas." Le dijo burlón mientras le daba un empujoncito con los dedos. "¡Nadie aquí te ve como mujer! ¡Queen es más femenina que tú! No podrías llamar la atención de un hombre nunca."
Eso le dolió un poco a Violate, pero al mismo tiempo la enfureció unos cuantos grados más. Cierto era que inconscientemente la chica llevaba un tiempo tratando de llamar la atención de Aiacos, pero sin éxito alguno, por lo que su orgullo le dolió un buen poco. Echando humo por las orejas, se dio la media vuelta y empezó a caminar por el pasillo.
"¡No he terminado contigo, mujer! ¡VEN AQUÍ!" Aiacos comenzó a dar zancadas para seguirla, e incluso estiró la mano para sujetarla del brazo e impedir que se fuera, pero antes de poder rozarla siquiera, Violate se giró, plantó los pies y gruñó.
"¡NO!"
La exclamación de Violate no solo sorprendió a Aiacos, que hasta retrocedió un paso. Pandora, junto con Minos y Lune de Balrog también se detuvieron perplejos, pero la pareja apenas les dio atención. Los recién llegados se miraron las caras con desconcierto.
"¿Qué te pasa, mujer? ¿Molesta porque no logras llamar la atención de nadie?"
"Puedo llamar la atención de quien me plazca."
"¡Ver para creer!" Aiacos parpadeó como sorprendido. "Aaaaah, ya veo, cierto que estás buscando tu propio crío." Le comentó burlón, cruzándose de brazos. Violate le dio un empujón con ambas manos.
"Obsérveme, señor Aiacos."
Violate suspiró profundo y mejoró su postura. Miró hacia los recién llegados, notando por primera vez la presencia del grupo. Con calma avanzó hacia ellos, aunque no estaban a gran distancia. Tentados se sintieron de ocultarse tras Minos, quien comenzaba a considerar que sacar un video podía ser buena idea. Violate se detuvo frente a Lune, a quien la intensa mirada de la estrella celeste de la soledad intimidó un poco (nunca lo reconocería, por cierto).
"¿Violate? ¿Sucede algo?" Le preguntó el espectro con la voz en un hilo. La mujer le sonrió.
"Err, ¿Qué ocurre aquí?" Preguntó Pandora curiosa.
"Con tu permiso Lune…" Apenas susurró, acercándosele un poco.
Al pobre de Lune se le subieron todos los colores al rostro, pero justo cuando pensó que lo iba a besar (hasta había estirado la trompita)… Violate se giró de improviso y sujetando a Minos por las patillas, lo atrajo hacia ella y lo besó justo en los labios, con una sensualidad que no dejó indiferente a nadie. Aiacos se puso azul de rabia e hirviendo de celos y sorpresa.
– Le Gasp –
A la sorpresa inicial, que no fue poca, Minos se resistió con bastante entereza, pero no al mucho andar y a medida que Violate profundizaba el beso, comenzó a entusiasmarse y a disfrutar él también. Pandora no podía abrir más los ojos, mientras se tapaba la boca con una mano y Lune… se sentía en lo profundo de la friendzone el pobrecillo. ¡Hubiera matado por haber recibido ese beso!
Fue entonces cuando Violate soltó a Minos, quien solo atinó a tratar de recuperar aire de la sorpresa, con todos los colores del mundo en el rostro. Por ser casi albino, esto se le notaba con fuerza. ¡Quién hubiera dicho que Violate besaba tan bien! Ni en sus más locos sueños se lo hubiera imaginado.
Quería más…
"¡¿Me Vas A Dejar Así, Mujer?!" Demandó saber el juez de Griffin cuando recuperó el habla. Fue cuando vio a Aiacos.
"Minos…" Le advirtió en un peligroso tono…
… que hubiera tomado en cuenta si no hubiera sentido esa caricia tan delicada en sus mejillas. Minos miró hacia Violate una vez más, descubriendo toda una nueva faceta que nunca había visto en el ala derecha de Aiacos. No se había dado cuenta que también tenía bastante sensualidad guardada por ahí…
"Luego terminamos, si me animo señor Minos." Le dijo con lascivia. Violate entonces miró a Aiacos por encima del hombro, con dureza. "Si el señor Aiacos me disculpa, me retiro… Tengo una mudanza pendiente."
Violate se alejó del grupo, no sin antes acariciar el pecho de Minos de la misma guisa que lo había besado, caminando con esa leve cojera que arrastraba desde hacía varios días. Pandora intercambió otra mirada con Lune, quien no se perdía detalle.
"Aiacos, ¿Qué acaba de pasar aquí?" Preguntó Pandora con las manos en actitud de pregunta. Minos seguía hiperventilado… y en severa necesidad de una ducha CONGELADA.
"Me va a dejar así…" Balbuceó casi temeroso, y aún bien sonrojado. Minos tomó aire y miró en la dirección por la que Violate se alejaba, ignorando las señales de peligro que le estaba lanzado Aiacos. "¡Violate! ¡No me puedes dejar así! ¡MUJER PÉRFIDA!" Dispuesto a seguirla, Minos comenzó a dar zancadas, pero Aiacos lo detuvo del brazo. "¿Qué haces, Pajarraco? "
"¡¿Tú No Tienes A Ingrid, Maldito Infeliz?!" Le recordó con malicia, verde de celos. "¡¿Qué andas besuqueándote con mi Ala Derecha?!" Le preguntó mientras lo sujetaba en una dolorosa llave.
"¡Ella me besó primero!" Exclamó Minos, mientras comenzaba a defenderse. Pronto los dos se estuvieron dando de golpes y patadas llenas de malicia.
"¡No Se Pueden Pelear Aquí! La Ordenanza para el régimen, disciplina, subordinación y servicio de los Ejércitos de Espectros de Hades, Capítulo Primero, Artículo Sexto indica que los jueces no pueden participar en pendencias dentro del recinto de Palacio…" Se quejó Lune. Él también quería un beso.
Obviamente lo ignoraron más que olímpicamente. Y mientras rodaban por el piso dándose de puños a manos llenas, Pandora solo retrocedía cuando correspondía y se mordía los labios. ¿Ahora cómo separaba a estos dos?
"¿De qué me perdí?" Murmuró comenzando a molestarse. Accedió a la cosmonet. "Radamanthys… Violate acaba de besar a Minos *frente* a Aiacos. Creo que voy a necesitar tu ayuda para separarlos… ¡se están peleando!"
"Wait a Bloody Minute! ¿Qué, qué quien besó a quién y quién se pelea con quién dijiste?" Preguntó Radamanthys perplejo.
"Solo ven y ayuda." Ladró Pandora, antes de carraspear. "Menos mal que esto no es el Santuario o ya se sabría en todos lados." Gruñó la mujer, cruzándose de brazos. Miró hacia Lune, quien tenía los hombros bajos, en actitud de derrota.
"Besar a un juez de Hades sin permiso en los pasillos también va contra las Ordenanzas…" Se lamentó. Pandora solo rodó los ojos al cielo.
"¡Lo que tengo que soportar!"
Ojalá que Radamanthys llegara pronto.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Hermanos, Amigos y Cómplices Varios
… más aun considerando que el ángel tenía el carácter adecuado para lidiar con su hija Artemisa: la respetaba, sabía manejarla sin ser invasivo, la hacía reír y rabiar, la trataba como a una igual, pero tenía la suficiente firmeza de carácter como para no permitirle berrinches y decirle la verdad directo a la cara, fuera buena o mala. Sí, el pelirrojo era tan mandón como Artemisa, pero eso no parecía incomodarle a la diosa de la luna (hasta le gustaba). Apolo pensaba…
Nota Mental: Lune quedó con ganas y Minos tuvo que hacerle una visita de urgencia a su Ingrid. Aiacos… no digan que no se lo buscó. Al menos Radamanthys llegó a tiempo para separarlos. ¿Por qué Lune no lo hizo? Pues porque aprecia su integridad física: esa era pelea de perros grandes y quedó picado porque no le cayó el beso. Aunque hay que decir que fue mejor de esa manera, o Aiacos lo muele a golpes. Para quienes preguntan por Artemisa y sus angelitos… ya vienen: andaban dando vueltas por Australia, pero ya regresaron al Olimpo. E otras noticias, creo que Camus anda de visita por mi ciudad, considerando las bajas temperaturas. A todo esto, ¿debería traducir del inglés o lo dejo así tal cuál? Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
Consejo de Minos de Griffin para no aburrirse en el supermercado:
Mueve una señal de "Cuidado – Suelo Mojado" a una zona alfombrada.
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.
SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. El camino hacia Xibalbá estaba plagado de peligros; escarpado, espinoso y por completo prohibido para los extraños. Son como siguen:
1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.
2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.
3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.
4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.
5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.
6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.
Fueron vencidos por los dioses gemelos Ixbalanqué y Hunahpú: Ixbalanqué decapitó a Hunahpú y le volvió a colocar la cabeza, reviviéndolo, lo que divirtió tanto a los malvados señores que les pidieron que los decapitaran a ellos mismos y volvieran después a la vida. Los hermanos simularon obedecer y decapitaron a los dioses pero no recompusieron sus cuerpos con lo que los derrotaron para siempre y permitió triunfar al bien sobre el mal. Así, el mundo estuvo preparado para la creación de los hombres.
Para efectos de este fic, solo Hun–Camé y Vucub–Camé fueron los decapitados. Y no, los dioses gemelos Ixbalanqué y Hunahpú no aparecerán en este fic.
