Dos semanas han pasado y la guerra no se detiene. Hades recibe un recordatorio de cuán grave se está tornando. Honestamente ya está en el límite de su paciencia, puede que pierda las ganas de pactar la paz y se decida por la destrucción total de su enemigo. Xibalbá no se va con bromas. Quetzalcóatl sigue con ganas de hacer rabiar a Zeus.
¡HOLA A TODOS! A estas alturas, en el Santuario de Athena se desarrollan los eventos del fic Gens. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y sí… hay imágenes nuevas en las portadas de los fics. Se las debo a Lallen–Fanart, quien me las regaló hace un tiempo. Irán apareciendo conforme se actualicen los servidores. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!
Capítulo 6: Entre ataques y dioses frustrados.
Inframundo. Explanada de Ptolomea.
Dos semanas después. 8 de abril. 15:43 horas.
Decir que había mucha gente molesta esa tarde frente al juzgado de Minos, era como descubrir que el agua moja. Esa guerra tan aleatoria comenzaba a desgastarles; entre que dormían, comían y se recuperaban mal y combates impredecibles que no tenían ningún orden, ya los tenía a todos de muy mal humor. Podían pasar días sin ver siquiera un esqueleto, pero de pronto no dejaban de hostilizarlos sin darles tiempo siquiera a pestañear.
Los últimos tres días se habían ensañado con Ptolomea, lo que a su vez quería decir que habían repasado Caína y Antenora. Las fuerzas de Xibalbá no parecían querer pasar hacia Giudecca en todo caso, pero su interés en atacar las esferas del Inframundo residía que desde allí robaban las almas que esperaban juicio y las convertían en esqueletos. Otros incidentes se producían por todo el lugar; las prisiones y los valles eran bastante castigados, pero aún no se tenía claridad sobre qué buscaban con esos ataques. No tenían ni pies ni cabeza… Los jueces estaban convencidos que eran simples voladores de humo, distracciones. Evidentemente Quetzalcóatl tenía razón cuando les advirtió que los Señores de Xibalbá buscaban por esas cabezas.
"¡¿Alguno sabe si en verdad esas malditas cabezas están aquí?!" Ladró Hades de pronto, mientras inspeccionaba los daños de Ptolomea. Minos se encogió de hombros y Thanatos negó con la cabeza. Hypnos tenía la mirada perdida en el infinito.
Pobre Hypnos. Desde que lo habían divorciado, no era aporte. No podía dejar de pensar en Pasitea y en como recuperarla. Era el estratega de Hades, por lo que esta súbita depresión había dado justo en un nervio sensible. Por fortuna Morfeo y Phantasos lograban suplir en parte esa falencia, y aunque se notaban que eran hijos de su padre, también era evidente que no eran Hypnos.
"Tendría que revisar los archivos, si es que vinieron en alguna ocasión a esconder alguna de esas cabezas aquí, pero conozco la colección de reliquias del Inframundo como la palma de mi mano… tenemos algunas cabezas reducidas, pero no las de esos dos." Explicó Thanatos.
"Lo más probable es que quienes cortaron aquellas cabezas las hayan escondido sin permiso ni avisarle a nadie." Susurró Hypnos tratando de aterrizar a la realidad.
"Eso me parece de pésimo gusto." Rezongó Perséfone, mientras se cruzaba de brazos
Antes que pregunten, la diosa había insistido en ir a aquella inspección. Si su esposo se exponía, ella también, y no hubo manera de convencerla de lo contrario. ¿Y las niñas? En sus habitaciones en Giudecca, al cuidado de Queen de Alraune, junto con dos espectros más. Violate (oculta en la sombra de la diosa), Kagaho y los demás merodeaban a poca distancia, muy atentos. Aiacos, con Benito en los brazos, estaba muy alerta (y con unas ojeras poco envidiables), junto con Radamanthys, cuyo brazo izquierdo estaba vendado.
"¡Claro Que Es de Pésimo Gusto!" Bramó Hades. "¡Yo no les voy a llenar de basura sus territorios! ¿Qué se han creído para hacer eso con el mío? ¡Juro que voy a desviar el río de sangre en su dirección!"
"Minos, ¿Cómo está el parte de fuerza?" Preguntó Thanatos. El juez de Griffin se sopló el flequillo.
"La fuerza total de Ptolomea es de treinta espectros, de los cuales forman en condiciones de combate dieciocho, faltan doce: nueve se recuperan de sus heridas, tres han fallecido."
"¿Qué tan graves son las heridas de los que se recuperan?"
"Cuatro están con peligro de muerte, señor Thanatos."
"¡LA P*}{[]%&$#¬&!"
Un vendaval de insultos dejó la boca de Hades, quien recibió una recriminatoria mirada por parte de Perséfone. El príncipe de la humanidad difunta se volvió hacia Radamanthys y Aiacos, quien simplemente se acomodó a Benito en los brazos cuando no pudo asumir del todo la posición de firmes. Nadie le decía nada por la presencia del niño: sabían que no lograba conseguir una niñera y que no confiaba en sus espectros para cuidarle.
"Radamanthys: Parte de fuerza de Caína."
"La fuerza total de Caína, señor, es de treinta espectros, forman en condiciones de combate quince, faltan quince: nueve en la enfermería, dos gravísimos, y seis fallecidos." Rezongó el juez. Hades tuvo un tic en el ojo, pero se volvió a Aiacos.
"Parte de fuerza de Antenora…"
"Fuerza total de veintinueve, dieciocho forman en condiciones de combate, faltan doce: ocho por estar en enfermería y cuatro han fallecido."
"¿Veintinueve en Antenora?" Repitió Hades entre dientes, extrañado.
Cada una de las esferas del Inframundo tenía una fuerza de treinta espectros. Los dieciocho que sobraban o protegían Giudecca o merodeaban por el Inframundo en lo que hacían carrera dentro del ejército de Hades. ¿Por qué Aiacos contaba veintinueve espectros en Antenora cuando debería tener treinta? El dios miró con disimulo hacia su derecha, hacia la sombra de Perséfone en donde se ocultaba Violate. ¡Cierto! Ya no la estaba contando entre sus espectros.
"Así es señor."
"¿Todavía no eliges lugarteniente nuevo ni llenas la plaza vacante?"
"No señor."
"Pues date prisa en eso." Hades le ordenó de mal humor antes de girarse hacia Hypnos. Estuvo a punto de pedirle el parte de fuerza de Giudecca, pero al verlo haciendo pucheros mientras miraba en dirección del castillo, hacia donde se suponía que estaban las nuevas habitaciones de Pasitea, desistió. Mejor le preguntaba a su gemelo. "¿Parte de Fuerza de Giudecca, Thanatos?"
"Fuerza total de dieciocho, forman once en condiciones de combate, faltan siete: tres en enfermería y cuatro muertos."
"De ciento ocho espectros, sesenta y dos están en condiciones de combate, veintinueve heridos, diecisiete fallecidos." Repitió Perséfone suspirando triste. La diosa alzó la mirada para observar el edificio de la tercera esfera. Los daños en Ptolomea eran evidentes.
"Los heridos entre mis tropas, al menos los menos graves, están dispuestos a dejarse la piel por usted, mi señor Hades." Anunció Aiacos. "Estoy seguro que en Caína y Ptolomea pasa lo mismo."
"Pero necesitamos comenzar a movernos. No podemos quedarnos a esperar que nos ataquen otra vez." Ladró Hades. "Tenemos que asegurar nuestro territorio, si tenemos que peinar todo el Inframundo buscando por donde se están metiendo y por donde están buscando, mejor. ¡Los quiero eliminados!"
"Así se hará, señor." Dijeron Minos, Radamanthys y Aiacos a una sola voz.
"Ahora," continuó Hades dando un paso hacia Aiacos, "¿Se puede saber porqué chin#%&*s no hablas con Violate?
"¡¿Huh?!"
Perplejo, Aiacos erizó la espalda. Y desde la sombra de Perséfone, en donde estaba oculta, fue evidente que Violate carraspeó de la sorpresa, mas no se dejó ver. Radamanthys rodó los ojos al cielo y Minos aguantó la risa.
"Ahí te quiero ver, pajarraco." Se burló Radamanthys muy serio.
"JAJAJAJA."
"Pues… verá señor, creo que…"
Aiacos nunca pudo terminar su excusa. En ese momento se dejó caer la eléctrica y agresiva presencia de cinco señores de Xibalbá que puso a todos los presentes en guardia. Hasta Hypnos despabiló para hacerles frente. Sopló una putrefacta brisa y una neblina cubrió temporalmente la explanada de Ptolomea. Cuando se disipó, pudieron ver que les rodeaban unos cien esqueletos, como brotados de la nada, con siete calaveras flotando por encima mientras se reían a carcajadas.
Hades desenvainó la espada y apretó los dientes, viendo como entre los malignos señores de Xibalbá, una figura avanzaba peligrosa. Xiquiripat se detuvo a unos metros del dios del Inframundo. Los jueces se aprestaron a atacar, pero Hades levantó una mano, deteniéndolos a tiempo.
"No querías hablar, Hades. Habla: vine especialmente a escucharte."
"¿Acaso lograste juntar las agallas para venir hasta aquí a hablar?"
"Están en desventaja, tu ejército disminuye. Vine a escuchar… tus últimas palabras."
Hades entrecerró los ojos. Xiquiripat no le pidió rendición. ¡Eso no le gustaba! Pero bueno… hora de plantar los pies. Intercambió una fugaz mirada con Thanatos e Hypnos, luego con Perséfone, que miraba todo con los ojos muy abiertos (quizás un poco asustada). Miró al suelo… y dio un fuerte pisotón, como clavando el talón en la tierra, queriendo asegurar su dominio. Fulminó a Xiquiripat con la mirada, provocando la burlona carcajada de éste y que las lágrimas de sangre que siempre le recorrían las mejillas, aumentasen.
"Si es que ganamos, no tomaremos prisioneros. Disfrutaré arrancarles el corazón a tus hijas y comérmelos…"
Hades sujetó de improviso la garganta de Xiquiripat y le acercó el rostro hasta que estuvieron a centímetros.
"Si es que ganan." Gruñó peligroso, al tiempo que inflamaba su cosmo.
Así la batalla dio inicio.
Monte Olimpo. Estancias de Hestia.
En esos momentos.
Aquella ninfa le miró extrañada y no supo cómo interpretar su sonrisa, pero el dios que tenía delante no cedió ni en carisma ni en decisión. Finalmente la muchacha terminó por devolver la sonrisa y, al tiempo que asentía con la cabeza, le indicaba una salita a su derecha.
"Por favor, pase y espere ahí: póngase cómodo, iré en seguida por la señora."
"Agradecido."
El dios hizo lo que le indicaban y pasó al pequeño recibidor, mientras la ninfa desaparecía a pasitos rápidos por la casa. Una vez que la hubo perdido de vista (y aunque estaba casi seguro que era objeto de un intenso escrutinio por los demás miembros del staff de la ígnea casa de Hestia), Quetzalcóatl se acicaló un poco las plumas de su tocado y se aseguró que el resto de su atuendo estuviera impecable. No era la primera vez que se colaba al Olimpo para visitar a la diosa, pero tampoco sería la última. Le agradaba la compañía de la mujer, y sobre todo verla sonreír. Además había que considerar la subida de adrenalina que tenía cada vez que se infiltraba en el Olimpo: Zeus detestaba que viniera de visita y, aunque no había prohibido expresamente su presencia, la sensación de tentar su suerte y arriesgar que el padre de los dioses jugara tiro al blanco con sus rayos usándolo de diana era genial.
Además podía ver a Hestia.
Al interior de la casa, Démeter, Hera y Hestia pasaban una agradable tarde. Poco después de almuerzo se habían reunido simplemente a conversar y a pasar el rato. Hay que decir que detrás de eso había una segunda intención, quizás algo velada: Hera llevaba varios meses con el ánimo muy decaído, deprimida, y aunque apenas se le notaba, sus hermanas se daban cuenta demasiado bien. Cada vez que podían sacarla de su rutina y lograr que se divirtiera era sin duda un éxito.
Hera estaba pasando más tiempo en el mundo humano, incluso iniciando algunos emprendimientos propios que estaban haciendo maravillas con su autoestima. Eso las alegraba un montón y hasta la ayudaban… lo triste era que era cosa que Hera volviera a las estancias que compartía con Zeus para que su ánimo se precipitara a un abismo.
Ahora estaba contenta en todo caso.
"¿Entonces dices esa chica que estás vigilando (¿Gaby?) está mejor?" Preguntó Démeter. "Pobrecita… de todos los hombres con los que empezar una relación, tenía que fijarse justo en el peor de todos."
"Los hay peores, Démeter. El mundo humano está muy loco." Hera bufó con elegancia. "Pareciera que no tiene arreglo, pero cada tanto encuentras perlas."
"¿Es eso esperanza lo que detecto en tus palabras, hermanita?" Preguntó Hestia.
"Puede ser… quizás son ideas mías, pero aunque el mundo pareciera ser un desastre y que no hay hombres, o mujeres, que valgan la pena… todavía hay quienes se lo toman en serio." Hera tomó su taza de té. "Eso me alegra y rompe el corazón al mismo tiempo. No sé cómo cuidar de los que sí valen la pena… eso me angustia un poco."
"Ya se te ocurrirá algo, Hera, verás que sí."
"Es cosa que te tomes todo con calma y…"
"¿Señora Hestia?"
Una de las ninfas a su servicio entró a la presencia de la diosa con ingenua delicadeza. Las tres hermanas la quedaron viendo curiosas, pero sin signos de altivez en sus miradas. Hestia levantó la cabeza, mirando en su dirección.
"Dime Maudie."
"El señor Quet–cot–katzeun." La ninfa se detuvo unos instantes y con disimulo se miró la mano, en donde había escrito el nombre del visitante. "El señor Quet–zal–cóa–tl vino a visitarla. La está esperando en el recibidor. Le dije que estaba ocupada, pero me dijo que solo serán unos minutos."
"¿Quetzalcóatl?"
Hestia levantó ambas cejas de la sorpresa, sin saber cómo tenía que sentirse. No era la primera vez que la serpiente emplumada la visitaba, pero ya no sabía qué pensar al respecto. No parecía que quisiera cortejarla o algo, pero al mismo tiempo sí. O no. O al menos sí, pero nunca buscaba ofenderla o faltarle el respeto. ¡Era un galán! Aunque sabía que también era muy coqueto. La hacía reír, sin duda, y se contentaba con conversar con ella y preguntarle cosas al por mayor, mientras le contaba sus diferentes aventuras. Mentalmente repasó el estado de su peinado y sus ropas, mientras estaba muy consciente de las miradas que le dedicaban Démeter y Hera.
"Así es, señora."
"Dile que iré en unos momentos. Ofrécele un chocolate caliente por mientras."
"Como no, señora." La ninfa hizo una venia y se retiró tan rapidito como había llegado.
Hestia dejó escapar el aire, pero se quedó sentada, como si no supiera exactamente qué debía hacer. Se ajustó algunos cabellos rebeldes de su peinado y suspiró de nuevo.
"¿Chocolate caliente?" Preguntó de pronto Démeter. "¿Desde cuándo no le ofreces café a una visita tuya?"
"Estuve averiguando y me dijeron que a la serpiente emplumada le fascina el chocolate." Afirmó Hera con una sonrisa traviesa y torcida. "Y que te trajo cacao de alta calidad como regalo hace unas semanas."
"¿De qué hablan ustedes dos? El señor Quetzalcóatl es una visita en mi casa. Me gusta que mis invitados se sientan bien."
"Pues a mí también me gusta el chocolate, y no me ofreciste." Puntualizó Démeter.
"¡Pero si estás a dieta, Demi!"
"El cacao no engorda." Rezongó cruzándose de brazos, sabiendo que eso no era verdad. "¡Viene de una planta! Cuenta como ensalada."
"Luego nos ocupamos de eso, señoras: tenemos algo más importante qué atender." Comenzó Hera poniéndose de pie.
"No, no. No se preocupen por mí. Tengo que ir a ver qué necesita, ustedes quédense aquí y volveré…"
"¿Irás en esa facha?" Preguntó Hera cruzándose de brazos.
"¿Huh?"
"No te ves mal, estás muy bien vestida, pero esa combinación te hace envejecer como mil años. ¡Dame eso!" Hera le quitó el chal y se lo cambió por el suyo. "Deja que te ajuste aquí… esto lo usas asá… ¡Demi, el peinado!"
"¡En eso!"
Rápidamente Hestia, sin que pudiera hacer nada, se vio a merced de sus dos hermanas menores que no dudaron en acicalarla y refrescar su imagen. Hasta unas gotas de un fresco perfume le echaron encima. No tardaron cinco minutos, pero fue suficiente.
"¡Niñas! Les agradezco la preocupación, pero saben que mi voto…"
"No me vengas con la excusa de tu voto. ¡Juraste por la piedra de Zeus nunca salir con nadie con quien tuvieras lazos de sangre!" Reclamó Hera con las manos en las caderas. "El que los humanos hayan conocido una versión más extrema de tu voto, y que tú misma te lo hayas creído, es otra cosa."
"Además no estamos diciendo que te vas a ir a liar a revolcones con ese dios, solo necesitabas una manito de gato."
"Necesitas más amigos, ampliar tus círculos." Hera chasqueó los dedos y le indicó la salida. "Ahora ve a ver que quiere, como la buena anfitriona que eres."
Hestia no supo cómo responder o reaccionar, pero Démeter se lo puso fácil. Comenzó a darle empujoncitos hasta que la sacó de la salita y le dejó encaminada hacia el recibidor en donde Quetzalcóatl esperaba. La diosa del fuego y el hogar tragó saliva, y sin saber si se sentía contenta o no, caminó dispuesta a cumplir su rol. ¡Bah! ¿Por qué se estaban haciendo ideas? Quetzalcóatl era solo un buen amigo y hasta ahí llegaría.
¿Verdad?
Cruzó el umbral del recibidor y se encontró con la sonrisa de la serpiente emplumada, en su versión humana. Fornido y atlético, risueño y amable. Mentalmente Hestia repasó su peinado y atuendo, esperando que estuvieran perfectos. Le indicó la salida.
"Espero señorita que no sea un mal momento. Pasaba por aquí y me preguntaba si podría visitarla." Le dijo el dios con alegría. "Claro que me puedo marchar si está ocupada."
"No, pierda cuidado. Tome asiento por favor. ¿Le ofrecieron algo? ¿Gusta galletitas?"
"Claro que sí. Usted es muy amable conmigo." Ambos dioses se sentaron, aunque el recato de Quetzalcóatl (si es que lo tenía) quedó olvidado tras una desbordante alegría. "No vine por mucho rato. Solo quería verla, señorita."
"¿A mí? ¿Y por qué tan rápido? Tengo tiempo, ¿o no quiere quedarse aquí?"
"Estoy planeando travesuras. Ya sabe, tengo gente que hacer reír, enojar… planes que urdir… pistas que investigar…"
"Oh… ya veo. ¿Todavía tiene ganas de hacer rabiar a mi hermano Zeus?"
"Siempre: es muy cascarrabias el pobre. Hacerlo enojar es casi tan divertido como enrabiar a Tláloc. ¡Muy adrenalínico!" Le dijo guiñándole un ojo. "Hablando en serio… tengo pistas sobre las cabezas que los señores de Xibalbá buscan… y como tomaron medidas para que no pudiera entrar al Inframundo después de lo que pasó la última vez… espero que Zeus acceda a pasarles el dato." Quetzalcóatl puso cara de drama. "Se lo pediría a la señorita Athena, pero en su Santuario me quieren convertir en bolso. No gracias, me gusta dónde está mi piel."
"Oh, ya veo." Asintió la diosa. "Dudo que Zeus se oponga a pasar la información, solo no lo haga enojar, es muy susceptible." Hestia suspiró con calma. "¿Necesita que lo ayude a conseguir una audiencia con Zeus?"
"No gracias, señorita: no vine a abusar de su buena voluntad, solo vine a verla." La serpiente emplumada le sonrió e hizo aparecer una pequeña canasta. "Y a entregarle esto… me pareció escucharla decir el otro día que no encontraba de calidad aceptable. No sé qué tan buenas sean estas, pero aquí las tiene."
"¡Por el Olimpo! Son varas de vainilla. ¡Señor Quetzalcóatl! ¿En serio son para mí?"
"Tendrá que disculpar lo poco." La serpiente emplumada puso una tierna sonrisa. "Y que me hayan ayudado a elegirlas, no sabía cómo."
"¡Para nada! No creí… Muchas gracias." Le dijo Hestia con una sonrisa. "¿Cómo puedo corresponderle?"
"No tiene que hacer nada, señorita. Con su sonrisa me doy por pagado." El dios se puso de pie e hizo una reverencia. "Si me disculpa, tengo que marcharme."
"¿Se tardará mucho? Tengo un pastel en el horno."
Quetzalcóatl levantó ambas cejas y sonrió a todo lo que le dio la boca. Le guiñó un ojo y asintió con la cabeza.
"Usted me consiente, señorita. Pero debo declinar."
"No más que usted a mí." La diosa se mordió el labio cuando notó que no podría convencer a Quetzalcóatl de quedarse. "Lo acompaño a la puerta."
Quetzalcóatl le ofreció el brazo, que Hestia aceptó de buen grado y ambos caminaron la corta distancia hasta la entrada principal de las estancias sin emitir palabra, pero en alegre armonía. Una vez allí se despidieron de la manera más formal posible y antes que Hestia pudiera verlo, el dios asumió su forma de serpiente y se alejó reptando.
Tenía lindas plumas.
No alcanzó ni a suspirar cuando sus dos hermanas la sujetaron de los brazos y la obligaron a entrar a la casa, arrastrándola de regreso a la salita de estar que habían estado ocupando antes.
"¡Y ahora nos cuentas todo!" Le dijo Démeter.
"¡Con lujo de detalles!" Añadió Hera.
Hestia no tendría escapatoria.
Explanada de Ptolomea. Inframundo.
En esos momentos. 16:01 horas.
Se levantó entonces una putrefacta columna de humo, invocada por Ahalpuh, y se dejó caer sobre la comitiva. Los espectros de Ptolomea que se encontraban en formación rompieron filas al mismo tiempo que se dispersaban para proteger a sus señores y contener el ataque. Los esqueletos no tardaron se abalanzarse sobre ellos, de manera mecánica y sin emoción, pero no por ello menos letales. Violate surgió de la sombra de Perséfone y de un puñetazo le voló la mandíbula a un esqueleto que había llegado demasiado cerca de su señora, sin detenerse a perder el tiempo en los demás. Kagaho dio rápida cuenta de los que osaban acercarse al tiempo que Violate, diligente como pocas, sacaba a Perséfone de allí.
"¡Hades!" Exclamó la diosa asustadísima, temblando sin parar.
"El señor es fuerte, señora, ¡Vamos!" Gruñó Violate mientras la sacaba.
Se detuvieron por una fracción de segundo. Aiacos le cortó el paso a Violate y puso a Benito en los brazos de la espectro, sin intercambiar palabras. La dama espectral refugió al pequeño en su regazo, sujetándolo con un solo brazo, mientras que con el otro sujetaba a la diosa, y ambas saltaban a la sombra del juez de Garuda, desapareciendo en ella, mientras que Aiacos soltaba una de sus técnicas más letales.
En medio del caos, Kagaho aterrizó junto a Aiacos y le pasó una mascarilla, antes de volver a lanzarse de cabeza al fragor del combate. El juez de Garuda, aliviado que su hijo estaba en buenas manos, se puso la mascarilla y dio rienda suelta a su entrenamiento y más agudo instinto de pelea.
La espada de Hades parecía cortar el aire y buscaba constantemente a cualquiera de los señores de Xibalbá, mientras que Thanatos e Hypnos hacían lo propio. En honor a la verdad los tres dioses estaban empeñados en acabar con ellos para así eliminar su influencia sobre las calaveras, que eran atacadas por jueces y espectros, al tiempo que todos, sin importar la condición, trataban de eliminar cuantos enemigos pudieran.
Poco más de una hora duró la batalla y una vez más, por frustrante que fuera, los de Xibalbá se retiraron sin haber dejado claro el motivo del ataque. Quizás se había debido a la llegada de Morfeo y sus hermanos, o a lo mejor necesitaban que la atención del ejército de Hades se concentrara en Ptolomea por algún periodo de tiempo, lo que sí era claro, es que quedaron con una frustración marca mayor.
"¡¿PERO QUE…?! Malditos Hijos de Tifón, ¿QUÉ SE CREEN?" Hades pateó el suelo y clavó su espada. "¿CUÁL es la idea de estos ataques? ¡¿CUÁL?!"
"Sugiero que nos movamos." Gruñó Thanatos, señalando al Palacio. "¿Hypnos?"
"Jueces: ¡Conmigo al palacio!" Ladró Hades sacando su espada y envainándola a su costado. Con paso decidido comenzó a dar zancadas hacia Giudecca.
Thanatos lo vio partir y cruzó miradas con Morfeo. Eso bastó para indicarle que su padre no escucharía razones de momento: Hypnos estaba concentrado en la lontananza, como calculando posibilidades, sin darse cuenta que Oneiros e Icelos atendían a Phantasos, quien había recibido de lleno una dosis bastante alta con el narcótico que solían vomitar los esqueletos cuando morían antes de que les destrozaran las mandíbulas. Thanatos asintió. Morfeo ya se aseguraría que Hypnos llegase al castillo. Los jueces en cambio, prestos a obedecer las órdenes de Hades, se apresuraron en coordinar con sus subordinados la limpieza, el traslado de los heridos y que les hicieran rápidamente informes sobre lo sucedido. Una vez que hicieron eso, se apresuraron en ir a Giudecca, sin atender sus heridas.
"¿Te sientes bien?" Le preguntó Radamanthys a Aiacos. Se había dado cuenta que el juez de Garuda había hecho un esfuerzo sobrehumano para alejarse de los gases narcóticos.
"Sobrio." Gruñó el aludido, sin mayor cosa en la mente que llegar pronto a Giudecca. ¡Necesitaba ver a Benito!
Cuando Violate saltó al interior de su sombra del juez junto con la diosa, aprovecharon la sombra de Queen de Alraune quien estaba en el palacio, cuidando de las niñas junto con algunas damas negras, para aparecer al interior del palacio. Ni bien estuvieron sobre suelo firme, Perséfone se abalanzó contra la ventana sin poder ver nada e intentó salir de la guardería, pero Violate la contuvo.
"¡Señora! Debemos esperar."
"¡Pero Hades! Viste el tamaño de esa fuerza. ¡Necesito volver…!"
"El señor estará bien, podrá luchar concentrado si sabe que no está usted en peligro."
"¡Pero…!"
"Violate tiene razón, señora Perséfone." La apoyó Pandora sorpresivamente, tomándole las manos. "Si gusta podemos esperarlo en su despacho, pero, ¿no cree que sus niñas necesitan un abrazo?"
Perséfone iba a retrucar cuando notó a sus gemelas. Las niñas, cuidadas por una de las damas negras que fungía como niñera, la miraban con enormes pucheros y Alcistes incluso le estiraba una manito. La diosa exhaló aire y, tras respirar agitada por varios momentos para componerse, cambió su actitud.
"Mis niñas… Gracias Pandora." La diosa entonces se volvió hacia Violate, a quien le tomó los brazos, antes de acariciar a Benito, que estaba muy agarrado del sapuri de su mami. "Gracias Violate… yo…"
"No me dé las gracias todavía, esto no acaba." Violate miró a Queen. "Ve a ver que el despacho sea seguro y que el trayecto hasta allá esté despejado de peligros. Que los demás te ayuden. Parto en cinco minutos con la señora."
"Así se hará." Queen asintió con la cabeza y tras dar un giro, salió al corredor.
Perséfone entonces se abalanzó sobre sus hijas, no como una madre desesperada, sino con calma para no asustarlas de sobra. Tras asegurarse que estaban a salvo y tranquilas, las tomó a las dos en brazos y se dispuso a salir de la guardería.
"Al despacho de Hades. Me voy con las niñas."
Y así fue que esperaron el desenlace del combate, en aquella oficina, a donde hora y media después llegaron los dioses, de muy mal humor. Claro, Hades cuando vio a su esposa y sus niñas a salvo, se abalanzó sobre ellas para abrazarlas con fuerza. Al menos eso le alivió bastante el mal humor. Thanatos se quedó al margen, aunque pronto tuvo que acudir al llamado de sus ahijadas. Violate esperó paciente y como relegada a un segundo plano, con un tranquilo Benito entre sus brazos, quien aprovechaba la cercanía del corazón de su mami para calmarse y dormitar un poco.
Radamanthys, Minos y Aiacos entraron sin mucha ceremonia, con distintas heridas de consideración, pero aguantando como los machos que eran. Violate al ver a Aiacos dejó escapar un suspiro que disimuló endureciendo su rostro. Los tres jueces se arrodillaron ante Hades en total respeto.
"El señor Hypnos reporta que cree que hubo un robo masivo de almas en las orillas del Aqueronte. Caronte no se ha reportado. Se llevó a sus dos hijos mayores con él, y un pequeño batallón de espectros." Informó Minos. "Nos pidió que le avisáramos, señor."
"Ya veo." Gruñó Hades. "Quisiera un reporte de daños antes de la cena, que atiendan sus heridas y que aumenten los niveles de seguridad. ¡Radamanthys!"
"¡Ordene, Señor!"
"Quiero un catastro de las almas perdidas en el cruce del río y que te asegures que no vuelva a pasar. ¡Minos! Sígueles la pista a los esqueletos que huyeron junto con los de Xibalbá: estoy seguro que no olían a la podredumbre normal, creo que se están escondiendo en nuestro territorio. ¡Aiacos! Rastrea las tres esferas y Giudecca y asegúrate que no quedaron enemigos rezagados que puedan significar un problema."
"A su orden, señor." Dijeron Minos y Aiacos al mismo tiempo. Los tres jueces se dispusieron a ir a cumplir su misión.
"¡Pero Primero!"
"¿Foto para el Facebook?" Preguntó Minos divertido. Radamanthys rodó los ojos y Aiacos se palmeó la cara.
"No, para nada. Pasen por la enfermería. No los quiero sangrando por todo el lugar. Así no sirven." Reclamó Hades de buena gana. El dios miró hacia Violate por el rabillo del ojo. "Además que hay un niño que quiere a su papá…"
Hades asintió con la cabeza y Aiacos respondió el gesto. Se puso de pie con calma y tranquilo cruzó el despacho hasta Violate. El juez y su ala derecha se mantuvieron la mirada todo el tiempo, sin emitir comentario. Incluso cuando hubo llegado hasta la mujer, Aiacos se atrevió a darle un sentido abrazo de varios segundos, que por cierto la tomó por sorpresa, y al soltarla, tomó a Benito en brazos, acunándolo contra su pecho.
"Está algo nervioso, pero más tranquilo de lo que se esperaría. No sufrió daños." Le informó Violate en un susurro. "Estuvo bien cuidado."
Aiacos no le dijo nada, aunque derramaba emociones por los ojos. Le puso una mano sobre la mejilla e infló los pulmones, como juntando coraje para decirle algo.
"¿Hasta cuándo ustedes dos van a postergar el revolcón que se deben?" Preguntó de pronto Hades, con las manos en las caderas. Aiacos soltó a Violate como si le hubiera dado un golpe de corriente. Tanto él como la mujer estaban azules de vergüenza.
"¡HADES!" Ladró Perséfone, de pronto engrifada.
Thanatos y Radamanthys carraspearon. Pandora se palmeó la cara, Queen, quien también estaba presente, miró hacia otro lado para ocultar que aguantaba la risa y Minos… pues riendo a carcajadas sin censura.
"¿Qué?" Se defendió al dios, mirando a su esposa como si no supiera qué hizo mal exactamente. Perséfone simplemente le siseó con la mirada.
"Errr… Mejor me voy a la enfermería y aprovecho que revisen a Benito." Se apresuró en decir Aiacos. "Con el permiso de los señores…" Y sin decir más, el juez puso pies en polvorosa, dejando a Violate muy taimada y avergonzada atrás.
Hades se sopló el flequillo… comenzaba a preguntarse si habría sido una buena idea separar a estos dos. Si seguían así, iban a necesitar una consultoría técnica por parte de Afrodita (la diosa).
"¡Bah! ¡Mortales!"
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Echando de Menos
… El juez de Wyvern optó por cortarle el paso y detenerlo físicamente. Aiacos tenía el rostro endurecido y grave, pero hacia esfuerzos por mantener esa expresión. Radamanthys supo en el acto que estaba muy afectado. Como que no lo culpaba, aunque al mismo tiempo sí. Tanto había pasado con Violate que inconscientemente se proyectaba al infinito con ella y ahora no sabía qué pensar…
Nota Mental: Una de las técnicas de Violate le permite ocultarse al interior de las sombras y usarlas como portales para trasladarse entre ellas, por lo que me aproveché de esto un poco, como pudieron notar. Sobre Quetzalcóatl ¿No lo echaban ya de menos? No tienen idea como molestó por ese cameo. Al menos es buena persona y con un chocolate en sus manos, pues mucho mejor. Benito no sufrió daños y el susto se le pasó bastante pronto gracias a su mami. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
Lo que más tortura a Aiacos es su propia imaginación, Nice, en serio el tipo ahora sabrá lo que es sufrir de amors. No me cabe la menor duda que una guerra de almohadas es mucho más segura que tirarse flechas el uno al otro, pero anda tu a explicare eso a estos adolescentes de más de 3.500 años. Seguro que a esa edad las almohadas los aburren y buscan más emociones. Aaaaah, ese beso entre Touma y Artemisa… ten paciencia que se va a tardar mucho en llegar, de hecho… más de un fic. Por mucho que Odiseo, Teseo y tres cuartas partes del Olimpo los shippeen, se van a hacer de rogar. Pobre Lune, lo compadezco al pobre. Al menos Minos se divirtió, aunque… no llegó ni el pastel ni las galletas. Minos y Lune dijeron que los asaltaron (Sí, como no) ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
Consejo de Minos de Griffin para no aburrirse en el supermercado:
Escóndete en los percheros y cuando la gente esté echando un vistazo grítales "¡ELÍGEME, LLÉVAME CONTIGO!"
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.
Apolo: (Ἀπόλλων, transl. Apóllōn, o Ἀπέλλων, transl. Apellōn) fue una de las divinidades principales de la mitología greco-romana, uno de los dioses olímpicos. Era hijo de Zeus y Leto, y hermano mellizo de Artemisa, poseía muchos atributos y funciones, y posiblemente después de Zeus fue el dios más influyente y venerado de todos los de la Antigüedad clásica. Los orígenes de su mito son oscuros, pero en el tiempo de Homero ya era de gran importancia, siendo uno de los más citados en la Ilíada. Era descrito como el dios de la divina distancia, que amenazaba o protegía desde lo alto de los cielos, siendo identificado con la luz de la verdad. Hacía a los hombres conscientes de sus pecados y era el agente de su purificación; presidía las leyes de la religión y las constituciones de las ciudades, era símbolo de inspiración profética y artística, siendo el patrono del más famoso oráculo de la Antigüedad, el oráculo de Delfos, y líder de las musas. Era temido por los otros dioses y solamente su padre y su madre podían contenerlo. Era el dios de la muerte súbita, de las plagas y enfermedades, pero también el dios de la curación, la medicina y de la protección contra las fuerzas malignas. Además, era el dios de la belleza masculina, la perfección, la armonía, del equilibrio y de la razón, el iniciador de los jóvenes en el mundo de los adultos, estaba conectado a la naturaleza, a las hierbas y a los rebaños, y era protector de los pastores, marineros y arqueros. Aunque tuvo muchos amores, fue infeliz en ese terreno, pero tuvo varios hijos. Fue representado innumerables veces desde la Antigüedad, generalmente como un hombre joven imberbe, desnudo, en la plenitud de su vigor, a veces con un manto, un arco y un carcaj de flechas, o una lira, creada para él por Hermes, y con algunos de sus animales simbólicos como la serpiente, el cuervo o el grifo. Como jefe de las Musas (Apolo Musageta) y director de su coro actuaba como dios patrón de la música y la poesía. Su lira se convirtió en un atributo común de Apolo. Los himnos cantados en su honor recibían el nombre de peanes.
SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. El camino hacia Xibalbá estaba plagado de peligros; escarpado, espinoso y por completo prohibido para los extraños. Son como siguen:
1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.
2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.
3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.
4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.
5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.
6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.
Fueron vencidos por los dioses gemelos Ixbalanqué y Hunahpú: Ixbalanqué decapitó a Hunahpú y le volvió a colocar la cabeza, reviviéndolo, lo que divirtió tanto a los malvados señores que les pidieron que los decapitaran a ellos mismos y volvieran después a la vida. Los hermanos simularon obedecer y decapitaron a los dioses pero no recompusieron sus cuerpos con lo que los derrotaron para siempre y permitió triunfar al bien sobre el mal. Así, el mundo estuvo preparado para la creación de los hombres.
Para efectos de este fic, solo Hun–Camé y Vucub–Camé fueron los decapitados. Y no, los dioses gemelos Ixbalanqué y Hunahpú no aparecerán en este fic.
