Siguen pasando las semanas y la guerra no se detiene. Mientras Minos conversa con Violate, algunas confidencias salen a la luz, pero elige un mal momento para abrazarla. No habrá tiempo para pensar en eso, pues un nuevo ataque se deja caer sobre Caína. Hypnos y Pasitea tienen una nueva pelea.
¡HOLA A TODOS! A estas alturas, en el Santuario de Athena se desarrollan los eventos del fic Gens. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!
Capítulo 7: Echando de Menos.
Giudecca. Jardines de Palacio.
Una semana después. 14 de abril. 22:34 horas.
Es curioso como las relaciones humanas pueden darse en el curso de una semana. Entre combate y combate, Violate había tenido que lidiar con su extraña idea de aceptar la amistad de Minos de Griffin. Había aceptado tal cosa como una molestia más que una amistad real, pero no solo el emocionado juez había probado ser bastante menos molesto de lo esperado, sino que se había sorprendido de buena gana cuando aceptó ser su amiga. Minos era simpático, un loco desquiciado sin duda, sin tacto y dolorosamente directo, pero de alguna manera habían logrado sintonizar bastante bien. Como amigos, conste, por más que la imaginación de Aiacos se imaginara el otro escenario.
En serio, se cayeron genial. En poco tiempo descubrieron que congeniaban muy bien y hasta lograron un curioso estado de confianza. Tanto Minos como Violate eran lo que el otro necesitaba en lo que amistad se refiere. ¿Cómo fue que no se habían hecho amigos antes?
Por supuesto que Violate tenía amigas. Faraón y Queen eran en muchos casos sus comadres, pero las conocía lo suficiente como para saber que no era prudente confiarles todo. Kagaho también podía llegar a ser muy buen amigo, pero aparte que era un poco inmaduro (a su parecer), también era compadre de Aiacos y eso lo hacía notar. Minos era ese tipo de amigo que estaba todo el día molestando, pero en quien podías confiar. Decía la cruel verdad de frente y sin anestesia antes de ofrecer un entrenamiento para quitar el estrés de encima. ¿Lo más extraño de todo? Si le contabas un secreto, no traicionaba esa confianza, a menos que amenazara a Hades. Era raro tener un confidente así, pero bueno, lo disfrutaría mientras durara. Que conste que solo eran amigos.
Por cierto, Minos era el único espectro aparte de Aiacos que se atrevía a entrenar con ella, aunque nunca le había preguntado a Radamanthys si le gustaría un round o dos. Hmm. Ahora que lo pensaba, como que el juez de Wyvern solo entrenaba con los jueces, y rara vez con algún espectro, a menos que les estuviera haciendo alguna demostración especial. Sabía que cada tanto tenía entrenamientos amistosos con Kanon de Géminis, pero sería todo. Bah. Un día de estos le preguntaría si se animaba a entrenar con ella a ver qué le decía.
Claro que su amistad con el juez de Griffin era un arma de doble filo. Por un lado se había ganado un buen amigote, pero por otro Violate sabía muy bien que estaba encelando a Aiacos como nunca y que las relaciones entre ambos jueces se habían deteriorado un montón. No ayudaba para nada que Minos provocaba a Aiacos a propósito y que éste cuando la saludaba en las mañanas, no sabía si tener un tic nervioso o hacer un puchero. El juez de Garuda tampoco tenía claro cómo hablarle, pues al mismo tiempo que la quería de regreso con él y nunca más dejarla salir de su lado, intentaba respetar su decisión de estar saliendo con Minos. Porque el pobre estaba convencido que, pese a la existencia de Ingrid, esos dos estaban teniendo algún tipo de relación amorosa. ¿Qué brujería era esa? Se supone que Aiacos la conocía mejor que eso. ¿En serio creía el tipo que ella, Violate de Behemoth, se iba a rebajar de ser la amante de Minos? Eeeew, ni siquiera querría ser su primera opción con lo guarro que era el noruego. Como amigos estaban más que bien.
Los signos estaban demasiado claros: Aiacos estaba muy celoso y triste, ¿por qué se sentiría así? Violate sabía que la rondaba, lo había visto hacerlo abierta o subrepticiamente, pero desde la batalla de la explanada de Ptolomea que el juez no le dirigía palabra y sus ojitos habían perdido algo de brillo. Eso al mismo tiempo la preocupaba… al menos la dejaba visitar a Benito en las noches, pero hacía como que no se daba cuenta que iba a verlo. Estaba segura que Aiacos prestaba mucha atención al monitor de bebé cuando ella estaba mimando al pequeño… siempre tenía la opción de apagar el aparato, pero Violate no tenía corazón para hacer tal cosa. Era como… una suerte de conexión que tenían los dos, que no querían romper…
A propósito, Violate, por culpa de los últimos ataques, llevaba dos noches sin poder visitar a Benito. No había podido mimarlo siquiera, por lo que tendría que compensarlo. Se lo había comentado a Perséfone esa mañana y la diosa le había ordenado que fuera a ver al niño cuando terminase su turno. Hades había añadido que mejor aprovechara de saltarle encima a Aiacos y revolcarse un rato con él. ¡Por todo el Inframundo! ¿Tenía su señor que ser tan directo? Violate se sonrojó y sacudió la cabeza. Lo trágico es que la idea no le parecía tan mala después de todo, ¡también echaba de menos a Aiacos y sus paseos a torso desnudo tras los entrenamientos! Suspiró y sacudió la cabeza avergonzada. ¡Sí claro! Ella la marimacha llena de cicatrices en esos afanes con su muy escultural y apetecible ex jefe. ¡Sí como no!
"Ya deja de pensar, mujer, hasta acá se oye como te suenan los sesos."
"Dices eso porque no te estoy prestando atención, señor Minos."
"También: me gusta que me presten atención y no lo haces."
"Has de sentirte muy miserable cuando estás con Ingrid entonces."
"Min kjære engel me pone otro tipo de atención, si sabes a qué me refiero." Minos se apoyó en la gradas, con una sonrisa de ganador. "Si quieres te lo describo."
"Hmpf."
"Ya te enojaste. ¿Te has visto refunfuñando alguna vez? Te ves mal, mujer."
"No busco verme bien."
"¿No has pensado que una sonrisa tuya podría perturbar mucho más a tus enemigos?"
"Sí, pero, ¿para qué destronarte como nuestro psicópata residente?"
"¡GRACIAS!"
Ambos espectros estaban en el techo de Giudecca, mientras vigilaban la noche, escudriñando el horizonte en busca de detalles que acusaran un ataque inminente. Ambos bebieron un sorbo de café al mismo tiempo, y al menos Violate suspiró. Minos intentó tironearle el pelo.
"No hagas eso, no estoy de humor."
"Uuuh, ¿no hay amenazas de que voy a perder la mano ni nada? Qué decepción."
"Lo superarás." Violate entonces le pasó una teja suelta. "Ten: puedes lanzársela a Myu de Papillón. Lo noto distraído."
Minos miró en la dirección en la que indicaba Violate, mientras tomaba la teja de sus manos. En efecto, el mencionado espectro que se suponía tenía que estar prestando más atención a su trabajo, no parecía tan concentrado como debería y se dedicaba a acicalar una de sus antenas. ¡Tan linda Violate! Lo dejó lanzar a él la teja.
Y eso hizo: Minos se rió a carcajadas cuando Myu recibió el golpe y se sujetó el área afectada por completo adolorido y sorprendido, pero más fue su goce cuando el espectro se volvió hacia ellos en busca de culpables y solo se encontró con que Violate le saludaba con el dedo medio, como advirtiéndole que dejara de hacer tonterías.
"He ahí una mariposita molesta."
"Me importa un cuerno que se moleste: que trabaje, que para eso está."
"¿Cómo nosotros? Porque aquí estamos de ociosos, en el techo, tú y yo…" Minos le acarició el brazo con sensualidad, solo para hacerla rabiar. "¿Qué dices, Violetita?"
"¡Ya te hiciste ideas! ¿Siempre tienes la cabeza metida en el desagüe?"
"No siempre, a veces la saco para respirar." Minos le guiñó un ojo. "Además encelar a Aiacos es divertido."
"Hmpf. No sé como Ingrid te aguanta."
"¡Debe ser porque soy encantador y sé lo que le gusta! La vuelvo loca." Suspiró Minos enamorado. "Hablando de amores… ¿Todos esos refunfuños y suspiros son por Aiacos, verdad?"
"Pues… ¡¿Usted de dónde saca esas ideas?! El señor Aiacos y yo…"
"Hasta Afrodita de Piscis se daría cuenta que estás loca por él."
"¡Bola de Metiches! ¿Qué se meten en lo que no les importa?"
"Tengo razón, ¿no es verdad?"
Violate infló las mejillas y se cruzó de brazos. Minos se encogió de hombros y se terminó el café, optando por darle tiempo a la espectro de ordenar sus ideas. De todos modos, sabía cuál era la respuesta y no significaba una novedad para él. Sabía que Radamanthys debería estar haciéndole la misma pregunta a Aiacos en esos momentos: se habían puesto de acuerdo para ayudarles a estos dos con un empujoncito en la dirección adecuada.
Podían patalear en el suelo negándolo, pero de alguna u otra manera, los jueces se cuidaban unos a otros.
"En parte sí." Reconoció Violate de mala gana. "Pero no es porque lo ame, ¡Eso es absurdo!, es porque… trabajé mucho tiempo codo a codo con él y… usted sabe: lo echo de menos. Una se acostumbra." Gruñó la mujer, aunque en seguida suspiró con tristeza. "… extraño a Benito."
"¡¿Al minion?!"
Violate asintió con la cabeza y suspiró de nuevo, mientras trataba de endurecer su rostro y actitud. Minos le dio tiempo e incluso le sirvió más café del termo que había llevado.
"No entiendo como es que te encariñaste con el enano ese. Cierto, es adorable el mocoso, pero… Aiacos apenas te deja verlo. ¿Por qué inviertes emociones en el niño? Se va a morir. Y encima arriesgaste la amistad que tienes con la urraca…"
"¿Qué más le da si me encariño con Ben? Yo sabré a quien querer." Ladró Violate decidida. "Aunque no me den la oportunidad."
"¿Oportunidad de qué exactamente?"
"…"
"¿Violate?"
"… mi señor Aiacos nunca me ha dado la oportunidad de quererlo, pero adoro a ese enano." Reconoció Violate al cabo de unos momentos. "Dice que no sirvo para madre. Argh. ¡¿Quién se murió y lo nombró experto?! Es cierto que no soy el ser más demostrativo del mundo y que no tolero las ñoñerías, pero… tan mala no soy… y… quiero ayudarlo. El señor Aiacos hace un esfuerzo tan noble…"
"Tan noble que una chica enamorada como tú no pudo evitar notarlo. ¿Sabes? La visión de un hombre cargando a un crío tiene algo que enloquece a las mujeres."
"Hmpf."
"De verdad… Lo he estado pensando. Cuando conociste a Benito te quedaste muda, y cada vez que Aiacos lo lleva a pasear al mundo humano, tiene un arrastre notable entre las mujeres que lo ven pasar. Me consta que eso te pone celosa." Minos se sopló el flequillo. "Como que aumentan los puntos de atractivo. Una vez cargué a Benito en brazos para probar esa teoría y me fue de maravilla. Vieras como me miró min kjære engel cuando me vio así."
"¿Ah sí…?"
"Sí. Ingrid se puso muy… bonita. No sé, como que me miraba de una manera especial, ¡se veía preciosa!" Minos reconoció con ternura y algo de sonrojo en las mejillas. El pobre estaba en verdad enamorado de su chica.
"Y dices que yo tengo problemas."
Se produjo un momento de silencio entre los dos amigos, aunque Violate no pudo evitar notar que Minos asumía una postura más cautelosa, como si se asegurara que no hubiera enemigos cerca. ¿Acaso habría detectado una intrusión? Puso atención ella también en caso de que fuera así, pero no logró detectar a nadie. Minos entonces la quedó viendo y se acercó a ella, como si le fuera a contar un secreto.
"A Ingrid le gustaría ser mamá, me lo dijo el otro día." Le dijo en apenas un susurro. "Dejó de tomar los anticonceptivos: cree que no me di cuenta."
"¡¿Qué Cosa?!"
"No me desagrada tanto la idea… aunque primero me gustaría encontrar a mi hermanita." Minos sacudió ese pensamiento de su cabeza y miró a Violate con una sonrisa torcida, dando a entender que no diría más al respecto. La espectro lo respetó: si quería dar más información, lo haría a su momento. "Serías buena mamá." Añadió Minos, provocando algo de tristeza en su amiga.
"No de acuerdo al señor Aiacos. Soy una guerrera, no sirvo para ser la madre de nadie."
Minos le pasó la mano por la mejilla con bastante delicadeza, forzando a que la mujer lo viera a los ojos. No tenía su típica expresión burlona, sino una más empática. ¿Minos y empatía en la misma frase? Sujétense los calzones que puede que haya un terremoto en alguna parte.
"Creo que eres una mamá muy buena. Y encima una guerrera: eso te hace incluso mejor." Le dijo con toda honestidad. "No voy a justificar al tarado de mi camarada, pero… está asustado. Ten en mente que viene de un hogar con muchísimas carencias."
"… Lo sé."
"Aiacos de pronto te vio como guerrera, mujer y madre. ¿Por qué crees que se asusta? Teme perder esa química que tiene contigo… Y no había pensado en ti como la mujer que eres, capaz de tener una faceta más femenina que nunca has explotado, pero que sin duda tienes."
"El señor Aiacos no se asusta." Lo defendió tajante. Minos continuó.
"Oh sí se asusta. Sobre todo de las figuras maternas." El juez endureció la mirada. "Recuerda que la perra de su madre lo dejó a merced de su padrastro en Nepal. ¡Tiene trancas! Y después vino lo de las drogas…"
"¡A él no le gusta que repitan eso, señor Minos!" Interrumpió Violate, dándole un soberbio zape. "Esa mujer sí es una maldita y no debió tener nunca hijos, pero inventó el 60 % de lo que acaba de decir."
"¡Pero es la verdad!" Minos sonrió con travesura. "Lo que dije y los inventos."
"…"
Violate solo lo miró molesta, y cruzada de brazos. Y por largo rato, tanto que Minos se sintió un poco incómodo. Finalmente la espectro dejó escapar un suspiro doloroso y dejó caer los hombros.
"¿Y ahora qué te pasa, mujer?"
"¿El señor Aiacos nunca me va a querer como mujer, verdad?"
"Él ya te ama, solo que no sabe cómo aceptar eso. Pero lo hará, y verás que te va a corresponder y compensar por todo." Le dijo sin ninguna anestesia. Violate dejó escapar gruesos lagrimones, y se tapó la cara con las manos. Esto en su caso equivalía a llorar con histeria. Minos se acomodó mejor y la rodeó con los brazos, refugiándola en su pecho para darle privacidad. "Mientras eso no ocurra, tendrás que tener paciencia. Mejor te acostumbras, mujer." Le susurró mientras dejaba que se desahogara.
No lejos de allí, lo bastante cerca como para distinguirlos, pero lo suficientemente lejos como para que su presencia pasara desapercibida, Aiacos dejó caer los hombros y optó por devolverse por donde venía, desolado y pálido. ¡Quizás qué se había imaginado! Kagaho nuevamente se veía en una situación incómoda, y además, Radamanthys lo miraba feo. El juez de Wyvern siseó en dirección de Minos, quien seguía abrazando a Violate, maldiciéndolo entre dientes, y no tardó en darle un zape a Kagaho en la cabeza.
"¡Opa! ¿Y eso?"
"Por no preverlo."
Radamanthys salió tras los pasos de Aiacos. Se había pasado la última hora tratando de convencerlo de que hablase con Violate, incluso animándolo a buscarla. Había sido testigo de una montaña rusa de emociones en la que finalmente había logrado convencer a la Garuda de ir a hablar con su flor carmesí en ese instante y resolver los problemas que tenían. ¡Hasta Pandora Había Ayudado! No era bueno ni para el ejército ni para ellos que estuvieran separados. Aiacos resentía la distancia con Violate y se angustiaba, lo que afectaba su rendimiento. Eso debía cambiar u ocurriría una tragedia y sin duda no estaban dispuestos a perder a un hermano de armas, o que este fuera infeliz por el resto de sus días. ¡Tenían que Intervenir por el bien de ambos! Por eso había coordinado con Minos una estrategia para reunir a este par de idiotas para que todo volviera a su cauce y quizás que esos dos por fin aceptara abiertamente lo que sentía por el otro. PERO NOOOOOOOO, ¡Ahí iba Minos y lo arruinaba todo con un abrazo! ¿Es que no lo había escuchado cuando le dijo que Aiacos se torturaba con esa nefasta imaginación que tenía?
"¿Puedes esperar un poco, Aiacos?" Ladró Radamanthys molesto con el mundo. ¡Tanto que le había costado coordinarlo todo!
"No. Necesito ir a Antenora." Aiacos mostró su reloj. "Tengo que atender a Benito."
"Acabamos de verlo, estaba bien. ¡Detente un poco!"
"¡Atender a Benito, dije!"
El juez de Wyvern optó por cortarle el paso y detenerlo físicamente. Aiacos tenía el rostro endurecido y grave, pero hacia esfuerzos por mantener esa expresión. Radamanthys supo en el acto que estaba muy afectado. Como que no lo culpaba, aunque al mismo tiempo sí. Tanto había pasado con Violate que inconscientemente se proyectaba al infinito con ella y ahora que ya no la tenía consigo, no sabía qué pensar o como continuar. Era su culpa… debió ser… diferente. Tanto miedo había tenido de perderla que ni siquiera pudo reaccionar cuando ella lo dejó. ¿Y ahora? Tenía otro amor y buscaba lo que no le dio en brazos de otro. ¡Era su Culpa!
"¿No quedamos en que ibas a pedirle que entrenara de nuevo contigo?" Le dijo Rada de brazos cruzados.
"…"
"Así dejabas de darnos lata a Minos y a mí." Insistió el Wyvern.
"¡No nombres a Minos!" Siseó Aiacos. Radamanthys le dio un zape.
"¿No le vas a preguntar?"
"No. No voy a interrumpir eso."
"¡No seas infantil! Ahí no está pasando nada. ¡Es solo un abrazo!"
"Todavía."
Aiacos no quería saber nada. Le pasó por el lado a Radamanthys e incluso ignoró a Kagaho, que lo miraba con ganas de querer obligarlo físicamente a ir a interrumpir. ¿Interrumpir qué? NO iba a ir hasta allá y meterse entre esos dos. ¡Se los veía cómodos! En serio, ahora tenía otras cosas qué hacer en vez de ir como violinista mal pagado. Violate lo había dejado, se buscó la vida con otra persona, sin que le importara nada. ¿Y él? Obviamente perdió su oportunidad.
¡Por Hades! ¿De qué oportunidad hablaba? Si estaba muy bien con Violate, hasta que claro, a ella se le ocurrían esas payasadas de querer cuidar niños o reproducirse. ¡¿Cuál era su problema?! ¿Es que Violate no se daba cuenta del enorme trabajo que implicaba cuidar un niño como su Benito? Apuró el paso, dando pisadas tan fuertes como intentando destrozar el suelo.
¡Oh, Benito lindo!
Su hijito estaba echando en falta a Violate. ¿En qué momento esos dos se hicieron tan cercanos? ¿Por qué Violate tenía tanto interés en cuidarlo? ¿Acaso lo querría lastimar? ¿Acaso se lo quería quitar? ¿Qué le iba a decir ahora a su niño? Violetita nos dejó a los dos. ¡Qué melodramático se ponía! Pero iba en serio…
¿Qué era lo que iba en serio? ¿El que Violate ya no fuera parte de la vida diaria de ambos o que no supiera qué hacer con esa ausencia?
Él también la echaba de menos.
"Kagaho, estás en mi camino."
"No, su camino, señor, está en la dirección contraria." El espectro de Bennu le dio un empujón, tratando de girarlo sobre su eje. "Violate está por allá. Vaya a hacerle la pregunta."
"Lo estuvimos ensayando, Aiacos. ¡No te vas a echar para atrás ahora!" Le dijo Radamanthys mientras le cortaba el camino, extendiendo además las alas de su sapuri, apoyando a Kagaho.
"¡Ni me acuerdo de la pregunta! No, no iré. Ahora si me disculpan."
Aiacos estaba dispuesto a abrirse paso entre los espectros, cuando de pronto resonó histérico el cuerno de batalla de Caína. Radamanthys maldijo entre dientes y se apuró en ir de regreso a su esfera a protegerla, mientras Aiacos apretaba los dientes. Por el rabillo del ojo vio a Minos saltando al vacío, presto para el combate. Kagaho le detuvo.
"Violate está mirando, señor. ¡Lúzcase!"
"No seas payaso. ¡Como si no me hubiera visto antes!" Ladró Aiacos enojado, ganándose una sonrisa sabihonda por parte del espectro menor. El juez de Garuda lo ignoró y enfiló veloz hacia Caína siendo, en efecto, observado por Violate cuando dio el salto en dirección de la primera esfera.
Hora de agarrarse a patadas.
Giudecca. Habitaciones de Phantasos.
Horas después. 15 de abril. 02:18 horas.
Morfeo intercambió miradas y asintió con la cabeza. Miró por última vez a la puerta de la habitación de su hermana que acababan de abandonar y bajó los hombros. Pasitea tenía razón, ya no sacaban nada con quedarse aquí, y tanto Icelos como Oneiros parecieron entenderlo. Cada uno y por turnos le dieron un abrazo a Pasitea y se despidieron rumbo a sus propias habitaciones. Todos estaban igual de cansados, la noche había sido larga. Arrastrando los pies, casi a regañadientes porque no querían dejar a su hermana, se alejaron.
Excepto por Hypnos, quien estaba apoyado en una pared cercana y seguía tal cuál como había salido del combate. Pasitea lo miró largo rato, sin saber qué sentir. La diosa miró hacia las puertas que daban a la habitación de la menor de sus hijos y sintió como le hervía la sangre de rabia. No obstante, tomó aire y recuperó elegancia, dando unos pasos en dirección de su ex.
"Me contacté con Aceso. Dice que vendrá a la mañana a ver a Phantasos. No logré convencerla que viniera antes." Pasitea frunció el ceño. "Fue la única deidad de la salud que pude contactar para nuestra hija. ¿Es que no puedes ayudarme ni siquiera con eso?
"Phantasos no se va a morir." Afirmó Hypnos con fiera decisión.
"Eso no lo sabes: ya se nos murieron hijos antes por más que dijeras que no se nos iban a morir." Siseó Pasitea con un nudo en la garganta y empuñando las manos. "¿Tenías que pegarle tan fuerte? Lleva días con gripe: tiene las defensas bajas, ¿Tenías que ser tan brusco?"
"Phantasos estaba alucinando de nuevo. Atacaba todo lo que se le pusiera por delante, no discriminaba y era un peligro para otros y para sí misma. ¡Claro que tenía que pegarle fuerte!" Hypnos sintió un dolor en la garganta mientras decía eso. "No es la primera vez que le pasa en esta guerra: ¡Esos gases la afectaron otra vez!"
Pasitea hizo un puchero, se miró los pies y empuñó las manos. Miró de nuevo hacia las puertas de caoba de la habitación de su hija, en donde yacía en su cama en espera de atención médica (no había tal lujo en el Inframundo) desde hacía poco más de una hora. Casi se había muerto de la angustia cuando, al término de aquél combate en Caína, Morfeo volvió cargando a su hermana en los brazos, derecho a su habitación.
Eso le trajo muy mal sabor de boca. Tenía poca tolerancia al sufrimiento de sus hijos.
Phantasos estaba inconsciente. Había cometido un error durante el combate y había quedado expuesta a los gases narcóticos. Comenzaba a causar estragos entre las filas amigas cuando Hypnos tuvo que noquearla. Obviamente la diosa no se iba a morir, ni por el golpe ni por los gases, pero considerando su pobre salud, no podía exponerse de ese modo. Al recibir de lleno los narcóticos en toda la cara, por no tomar las precauciones del caso, sufrió alucinaciones bastante interesantes durante el combate que arriesgaron a sus camaradas. Hypnos no tuvo otra opción más que noquearla de un golpe en la nuca con el mango de su espada.
Ahora dormía con fiebre. Una que por poco casi se había salido de control momentos antes.
"¡Eres el dios del sueño, Hypnos! ¡No tenías que pegarle!" Reclamó Pasitea indignada y con los ojos llenos de lágrimas. "Bastaba con que la hicieras dormir y ya."
"Estábamos en medio de un combate por si no te diste cuenta, ¡No había tiempo para cortesías!"
"¿Cortesías? ¡Es tu hija! Si hubiera sido Gala seguro ni siquiera la habrías rozado."
"¡No metas a Gala en esto!"
"¡Es la verdad! Sabes que tengo la razón, a Gala no le habrías pegado tan fuerte ni expuesto tanto. ¡Ni siquiera la habrías dejado entrar en combate!"
"No voy a cuestionar las decisiones que Phantasos toma como adulta y…"
"¡Debiste Haber Disfrutado Lastimándola!" Le acusó Pasitea con fiereza, interrumpiendo a Hypnos. "¡Con Todo Lo Que La Odias Seguro Hasta Disfrutaste Pegarle!"
Alarmado e impactado, Hypnos se saltó un latido de su corazón y miró indignado a Pasitea, quien no parecía arrepentida. Esa afirmación, por alguna razón, la sintió como si le echaran ácido de baterías en la garganta.
"¡¿Cómo se te ocurre decir eso, Mujer?!" Apenas murmuró de la sorpresa.
"Nunca la has querido. No me lo niegues." Pasitea estaba bastante emocional y se le notaba. Tenía las manos empuñadas con tanta fuerza que hasta los nudillos se le veían blanquecinos. "Ni siquiera fuiste capaz de sacarla del campo de batalla o de quedarte a cuidarla. ¡Dejaste que se quedara allí, como si fuera un trapo expuesta quizás a qué peligros!"
"¡No La Dejé Sola! Oneiros se quedó con ella."
"¡Tú Eres Su Padre! Debiste quedarte con ella si no la ibas a sacar de la batalla." Pasitea se detuvo a sí misma y se masajeó las sienes. "No sé ni para qué me esfuerzo: nunca fuiste su padre, ¡menos lo serás ahora!" Refunfuñó mientras le daba la espalda y comenzaba a alejarse. "¡Buenas noches, Hypnos! Por favor no te metas a mis sueños."
"¡¿Qué Quisiste Decir Con Eso?!" Reclamó Hypnos, pero Pasitea simplemente lo ignoró y siguió caminando. "¡Pasitea! Ven Aquí Y Dime A Qué Te Referías." Insistió con fuerza. Pasitea se detuvo, esperó unos segundos y deshizo el camino algunos pasos. Entrecerró los ojos y le mantuvo la mirada.
"¿Cuál es el color favorito de Phantasos?"
"¡¿De qué hablas?! ¿Eso qué relevancia podría tener?" Gruñó Hypnos entre dientes. El dios miró fiero a las puertas de la habitación de su hija. No, no sabía qué colores le gustaban, ¿qué importancia podía tener eso? No le prestaba tanta atención. Pasitea volvió a darle la espalda y alejarse por el pasillo.
"Cuando sepas cuál color favorece, vas a entender a qué me refería. ¡Buenas Noches, Hypnos! Trata de no matar a mis hijos de aquí a la mañana."
Eso fue como si le dieran un golpe de corriente, y de la rabia Hypnos bien hubiera pateado el suelo repetidas veces, pero se tragó toda la indignación, y quizás el dolor que eso le causó. Fulminó con la mirada las puertas de la habitación de Phantasos y empezó a alejarse a pisotones a su cuarto, con las manos empuñadas e irradiando cosmo muy agresivo. ¿Él, matar a sus hijos? ¡Nunca! Prefería inmolarse antes de hacer tal cosa. No podía evitar que sus hijos decidiesen tomar riesgos y ciertamente no les iba a impedir eso. También se angustiaba cuando los veía marchar a la batalla y sin duda le dolía el corazón cuando alguno era sellado en algún artefacto o… como cuando murieron.
Hiperventiló y resopló.
Hizo lo imposible por conseguirles ayuda médica. Hubiera movido los planetas de sus órbitas si eso hubiera significado salvarlos a todos, evitarles el dolor y el miedo. Cualquier cosa, incluso habría renunciado a su divinidad con tal de mantenerlos con vida, pero nada sirvió. Una horrible mayoría de sus hijos, incluida su querida Gala, murieron. ¿Y cuál era el premio de consuelo? ¡Phantasos! Un burdo y feo recordatorio de todos los hijos que había perdido. Cada vez que la miraba no podía sino escuchar las voces que faltaban, las que se perdieron en la noche. Sí, era su hija, y se sentía muy rata y culpable por rechazarla, pero ¡No era perfecto!: le molestaba la presencia de la niña porque le recordaba a todos los que habían fallecido sin que pudiera hacer nada por ayudarlos.
¿Y le preguntaban cuál era su color favorito? BAH. ¿Qué iba a querer saber él de sus gustos si eso no le regresaba lo que había perdido?
"Señor Hypnos."
Radamanthys llamó su atención de improviso. El juez aun no pasaba por la enfermería ni se cambiaba de ropa. Su sapuri tenía signos evidentes de haber estado en un combate, pero el taciturno juez tenía una expresión que no auguraba una buena noticia. Con él venían Pandora y Valentine de la Harpía.
"¡¿QUÉ?!"
"Señor Hypnos." Le saludó Pandora con urgencia. "Los jueces y el señor Thanatos capturaron a uno de los señores de Xibalbá."
"¿A quien?" Preguntó demandante.
"Quicxic. O como se pronuncie." Gruñó Radamanthys. "Lo llevaron a la primera prisión para interrogación."
"El señor Thanatos quiere arrojarlo al Tártaro con los Titanes, pero quiere saber su opinión." Pandora, al igual que Radamanthys o Valentine, quien mantenía un respetuoso silencio, no parecía muy contenta. Hypnos se dio cuenta en el acto.
"¿Por qué esas caras? Potencialmente esto es una buena noticia."
"Lo sería, señor, pero… fue demasiado fácil atraparlo." Gruñó Radamanthys desconfiado. "Dio una buena pelea y casi le arrancó un brazo a Minos, pero fue demasiado fácil."
"Radamanthys cree que se dejó atrapar." Anunció Pandora. "Estoy de acuerdo con él. Por eso el señor Thanatos pide que vaya a la Primera Prisión a evaluar al prisionero."
Hypnos entrecerró los ojos, inquieto, pues lo que escuchaba no le daba buena espina. Inspiró una buena bocanada de aire y relegó a lo profundo de su mente su más reciente disputa familiar. Esto le ayudaría al menos a distraerse.
"A trabajar entonces. Será una larga noche."
El dios, junto con los espectros, comenzó a dar zancadas decididas hacia la salida del castillo.
…
Varios metros más atrás, la puerta de la habitación de Phantasos se cerró casi sin ruido.
Continuará.
Por
Misao–CG.
Próximo Capítulo: Sueños de Mal Agüero
… Apolo entró corriendo con los brazos extendidos, seguido de Touma quien, por lo visto, intentaba detenerlo en vano. Se veía descompuesto, como si hubiera pasado un susto de muerte: hasta lágrimas había derramado en algún punto. El dios se abalanzó sobre su hermana y la abrazó con fuerza.
"¡Qué Bueno Que Estás A Salvo, Misi!" Exclamó con la voz en un hilo.
Perpleja, a Artemisa no le quedó de otra sino aceptar el afecto de su hermano menor…
Nota Mental: Oooooh, Que no se diga que los jueces son malos hermanos de armas. Claro… Minos debió estar un poco más consciente de sus acciones, más porque sabía que eventualmente Radamanthys se dejaría caer con Aiacos, pero ya fue. Pudo ser peor. Sobre Hypnos… pues… insisto, el tipo lleva la procesión por dentro, pero no tengan bronca con Pasitea, que solo reaccionó como lo haría una madre. Phantasos en cambio… pues… estará bien. Puede aguantar bien un golpe de esos, Hypnos quedó algo conmocionado, pero déjenlo en paz. Y sí, Artemisa es mayor que Apolo, nació primero que su hermano justamente para ayudar a su madre con el parto. n.n Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
Y tuvieron la cara, Nice, de decirme que los habían asaltado con la boca llena de chocolate. Creo que si quieres hacer llegar una encomienda al Inframundo tendrás que encontrar a un cartero muy rudo o llevar tú misma el paquete, pues es algo complicada la navegación. Parte por Caronte que siempre cobra el pasaje y no acepta trueques, hasta espectros ávidos de atención. Hades está perdiendo la paciencia, ya mucha no le queda. Claro, si quiere atacar, primero necesita información y eso puede que se tarde un poco en llegar, o que las circunstancias cambien radicalmente. Sobre Pandora y Radamanthys… jejeje, lindísima pareja, pero no logro verlos como otra cosa sino hermanos. Tengo planes para esos dos. Quetzalcóatl es una deidad muy simpática, pero también es capaz de ponerse pesado. No con Hestia, claro que no, pero sí con alguna otra deidad olímpica o no. ¡GRACIAS POR LEER!
Consejo de Minos de Griffin para no aburrirse en el supermercado:
Cuando haya un aviso por megáfono, ponte en posición fetal mientras gritas: "¡NOOO!, ¡OTRA VEZ LAS VOCES!"
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.
Aceso: (Ἀκεσώ) ¡Seguro que con esta deidad los sorprendo! =D era la diosa del proceso de curación. Era la hija de Asclepio y Epione, hermana de Yaso, Higía, Panacea y Egle, Macáon y Podalirio; por lo tanto, es nieta de Apolo. Todos los anteriores son divinidades relacionados con el área de la medicina y la salud, aunque esta en particular no es muy conocida ahora.
SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. El camino hacia Xibalbá estaba plagado de peligros; escarpado, espinoso y por completo prohibido para los extraños. Son como siguen:
1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.
2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.
3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.
4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.
5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.
6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.
