Una conversación entre Violate y Perséfone, mientras las gemelas y Benito juegan, hace que la estrella celeste de la soledad se cuestione algunas cosas. Por otro lado, el hambre nocturna y una súbita conversación corazón a corazón con su hermano, consigue reflotar algunos recuerdos e inesperadamente, Hypnos admite algunos de sus dolores. En la Primera Prisión ocurre una muerte.


¡HOLA A TODOS! A estas alturas, en el Santuario de Athena están por concluir los eventos del fic Gens. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

¡TSUYU ACTUALIZÓ LUZ AMATISTA! =D... òOo Vayan a leer.

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!


Capítulo 9: Trampas que engañan

Giudecca. Palacio de Hades. Guardería.

Media hora después. 15 de abril.

Alcistes estaba chochísima jugando con Benito, y competía con su hermana Eurídice por la atención del peque. Bueno, jugando en un sentido muy amplio de la palabra: los tres estaban sentados en el suelo y rodeados de cojines, vigilados por Perséfone y Violate. Parecían mantener una fluida conversación que solo ellos entendían. Benito comenzaba sus primeras tentativas para gatear, cosa que era muy celebrada por las nenas. Más cuando en efecto lograba desplazarse. Hasta ahora, la más favorecida con la atención de Benito era Alcistes, por lo que su hermanita comenzaba a resentirse.

"Ben… dije que no es de hombres hacer llorar a una nena. ¿Qué estás haciendo?" Preguntó Violate muy quedita, mientras señalaba a la pequeña diosa. Benito la quedó mirando y luego se volvió a Eurídice, quien tenía un enorme puchero.

"Agú." Dicho y hecho, Benito se giró a Eurídice y le pasó unas llaves de plástico de colores brillantes. La favorecida estalló en risas y en seguida se las metió a la boca.

"Me encanta esa mirada tan enojona que tiene Benito." Dijo de pronto Perséfone, sentándose en el suelo junto a los bebés. "Se la aprendió a Aiacos, seguro. Lo hace ver tan dulce."

Violate simplemente asintió, y acarició la espaldita de Benito.

"Benito es muy gentil, pese a su expresión. Admito que me sorprende mucho la forma en que Aiacos lo adora."

"El señor Aiacos es gentil, aunque lo esconda, señora Perséfone." Contestó la espectro con delicada calma. La diosa le miró de costado.

"Violate… ¿por qué dejaste tu puesto como lugarteniente de Aiacos? El pobre anda como alma en pena, sin querer admitir que te echa de menos. Y tú lo echas de menos." La diosa acarició la cabecita de Benito, que seguía jugando de lo más tranquilo. "Benito los echa de menos a los dos."

Violate suspiró profundo y se sopló el flequillo. Como que la razón que la había motivado a dejar el lado de Aiacos ya no tenía sentido en estos momentos, pero no iba a echar pie atrás. Así se lo confesó a la diosa, con palabras lacónicas y sin drama añadido.

"No quiere confiarme la vida de su hijito, como si le fuera a hacer daño. No quiero estar a medias con él, así no se puede… tampoco me valora como mujer, no me ve como me gustaría y… si eso no va a resultar…"

"¿Qué has hecho tú para hacer que Aiacos te vea como mujer?" Preguntó Perséfone.

"¿Señora?" Preguntó Violate sorprendida y perpleja.

"Entiendo lo de la confianza. Una llega a un punto en que no quiere cosas a medias, sino el todo y sin medidas. Pero de lo segundo… ¿Qué hiciste para llamar la atención de Aiacos y hacerle ver que eres una mujer y no solo una dama espectral?"

"Bueno… este…"

Violate se mordió el labio. La verdad… no había pensado en eso ni por si acaso. O sea, solo se había mostrado ante Aiacos como su más leal espectro y más fiel apoyo, pero ¿A qué se refería la diosa cuando le preguntaba eso?

"No creo entenderla, señora."

"Jijiji… ¿Qué has hecho para motivar a Aiacos como hombre, para seducirlo? ¿Qué has hecho para demostrarle que eres la mujer que él quiere?"

"Pues…"

"O sea, tengo la certeza que te adora así tal cual vienes, que no te cambiaría ni un solo cabello, pero ya sabes… ¿cómo demuestras que eres una mujer que lo ama?"

"Pues… yo… No sé. El señor Minos me dijo que se dio cuenta que uso perfume… pero eso he usado toda mi vida… y… bueno… puede ser que lo haya cambiado y le llamó la atención el nuevo, no sé…"

"¿Cuándo se puso raro contigo?"

"Creo… creo que comenzó a ponerse pesado una vez que me vio dándole un biberón a Benito."

"¿Y cuando te diste cuenta que lo amas?"

Violate abrió los ojos de par en par, sonrojándose un poco. Pero bajó la mirada, fijándola en Benito y sonrió suavemente.

"Después de la primera vez que me venció en un entrenamiento. Me atacó con todo y me obligó a defenderme con todo lo que tenía. Fue el primero que no me menospreció por ser mujer y me venció porque lo subestimé…"

"¿Cómo así?"

"Creí que no se atrevería a usar todo su potencial conmigo por verme como algo inferior. Me equivoqué. Cuando me levanté del suelo y él todavía se alejaba, le dije que sería su más leal apoyo siempre."

"Aaaaaaw."

"No le veo lo lindo a eso. No me gustan las ñoñerías: me hace sentir como tonta. ¡Juré nunca más decirle otra cursilería de esas en público!"

"En público." Acentuó Perséfone. Violate simplemente asintió, un poco ruborizada.

Ambas quedaron en silencio un buen rato, observando como los peques terminaban de conversar entre sí. Alcistes y Benito seguían muy animados, pero Eurídice comenzaba a quedarse dormida, y eso que tenía la manito de Benito bien sujeta, sin que el niño protestase. Perséfone carraspeó.

"Aiacos confía en ti, incluso su más grande tesoro. En medio del combate fue capaz de pasarte a su hijito para que lo pusieras a salvo. Ni siquiera se lo cuestionó. Debes tener paciencia."

"…"

"Hades no será muy severo con ellos. No es la primera vez que esos tres causan destrozos con sus ajustes de cuentas. En serio, Violate… ten paciencia. No dejes que tu orgullo o el de Aiacos, intervenga en la felicidad de los dos. Aiacos solo está asustado, y no quiere perderte."

"Tendré en mente sus palabras, señora." Le respondió Violate con educación. Perséfone sonrió traviesa.

"Sé que lo harás."


Inframundo. Primera Prisión.

Dos semanas después. 29 de abril. 00:56 horas.

En el Inframundo eran bastante creativos con las torturas, sin duda, e incluso él, un ajawab de Xibalbá, tuvo dificultades para soportarla, pero todo tenía un propósito. Deja que se confíen, era la idea. Deja que piensen que te tienen atrapado. Quicxic sabía bien lo que tenía que hacer, tenía apoyo. Dos largas semanas en que le pasó de todo, en que resistió los interrogatorios y las torturas a las que lo sometieron. ¿Habló? Solo lo justo. ¿Le creyeron? No lo sabía y prefería mantener un sano grado de escepticismo. ¿Su plan resultaría? No lo sabía hasta que lo pusiera en práctica y se pusiera a prueba ante los imprevistos. ¿Cuándo daría comienzo?

Quicxic levantó la cabeza, provocando que las cadenas chirriaran. Estas estaban diseñadas de tal manera que con cada movimiento más brusco que una simple respiración, aumentaban la fuerza con la que restringían a su presa, y daba una alarma al espectro que lo estaba vigilando.

Faltaba poco, ya era tiempo suficiente. Podía percibir la cercanía de su colega de matanzas. Lo olía cerca, casi podía sentir sus latidos. Seguramente ya había descubierto las vías más rápidas de escape del Inframundo al mundo humano, y desde allí… a su misión.

"¡¿Qué Tanto te Mueves, Gusano?!"

La cristalina mirada del joven espectro, se le clavó en el alma. La anónima estrella terrestre dejó fluir toda la cizaña en su voz. Había recibido la orden del mismo Hades de vigilar constantemente al señor de Xibalbá, y para ello hasta había puesto una silla frente a la celda en donde tenían al sujeto encadenado.

Había hecho un buen trabajo y literalmente no lo había perdido de vista. También había probado ser bastante resistente a las provocaciones, y toda la energía de su insolente juventud la tenía dedicada a cumplir con este especial encargo de Hades. Quicxic casi tuvo pena por él.

Casi.

"¿Me tienes miedo?"

"…"

Nada. El muchacho resumió su frío silencio y gélida vigilancia. Quicxic comenzó a reír, causando que la cadena ajustara su agarre.

"Eras un buen vasallo."

La joven estrella terrestre ni siquiera arrugó la nariz, inconmovible ante las palabras del señor de Xibalbá. No se dejaría provocar ni le demostraría nada, que suficiente le había dicho al hacerle la pregunta. ¿Qué tanto te mueves, Gusano? Quicxic tenía planeado pronto darle su respuesta. Sonrió malévolamente, mostrando los dientes, reuniendo fuerzas. Inflaba sus pulmones, juntando ímpetu y sus manos comenzaban a flexionarse, peligrosas y asesinas. El espectro siguió vigilándole con una expresión de piedra, pero comenzaba a asustarse. Tuvo el tino de avisar por cosmonet de que algo ocurría con el prisionero.

Minos y Lune reaccionaron. No tardaron en comenzar a correr hacia las celdas.

"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH!"

Quicxic se abalanzó de golpe sobre los barrotes de su celda, exclamando un fuerte grito de guerra, capaz de helarle la sangre al más rudo. Las cadenas se ajustaron a tiempo y el malévolo dios apenas llegó a centímetros de la puerta, y aun así casi se desprendieron de la pared. El joven espectro se puso de pie y le fulminó con la mirada. Se mantuvieron en silencio algunos segundos.

"¡Hasta que te saqué una reacción!"

El muchacho iba a responder cuando las cadenas que sujetaban a Quicxic se soltaron y cayeron al suelo, como obedeciendo una orden externa. Iba a dar la voz de alarma, pues era imposible que eso ocurriera a menos que alguien soltase el mecanismo desde fuera, cuando un agudo dolor en la nuca lo detuvo. Algo parecía que se le había clavado de improviso. Sus ojos se pusieron en blanco y un eléctrico dolor le recorrió toda la espalda. Abrió la boca para gritar, sin que ningún sonido escapase de sus cuerdas vocales. Un frío líquido le inundó el cerebro y lo hizo babear sin control, antes de hacerle perder el control de su cuerpo. El anónimo espectro se desplomó sobre sus piernas, muerto antes caer al suelo. Patán retiró los dedos de la nuca del chiquillo y, tras lamer la sangre y apartar el cuerpo de una patada, dejó a Quicxic salir de la celda. Ambos golpearon puños.

"Supe que te maltrataron."

"Son creativos, se los concedo. Pero yo soy mejor."

"Vámonos. La idea es salir de aquí sin mucho escándalo."

"Sin perder tiempo entonces."

Ambos dioses asintieron y no volvieron a intercambiar palabras. Patán tomó la delantera y rápidamente se escabulló por los túneles de aquella mazmorra en la Primera Prisión, sin encontrar resistencia alguna. Tuvieron que ser ligeros y escabullirse entre los pasajes, más cuando Minos y Lune descendieron al complejo sistema de túneles que formaban parte de esos calabozos.

Casi los atraparon, e incluso fueron perseguidos por varios corredores, pero Patán conocía bien los túneles, los había estudiado; y pese a que Minos también los conocía, pudieron escapar. Dos horas duró la persecución, y aunque se produjo un intercambio de golpes y técnicas, Minos y Lune apenas pudieron con el ritmo combinado de los dos señores de Xibalbá a los que daban caza.

"Tenemos que tener cuidado, los espectros de Hades están cada vez más difíciles de derrotar." Gruñó Patán.

"Son simples mortales, Patán. ¿De qué te preocupas?"

"Hmpf."

Quicxic y Patán lograron escapar.


Palacio de Hades. Cocinas.

En esos momentos. 29 de abril. 1:20 horas

Tanto que se había reído de Hades por no saber ni prepararse un sándwich y ahora ahí estaba él, en la misma situación, viendo el desastre culinario que había preparado. Bueno, al menos no había despertado a Pandora y harto bien que se había defendido. Cierto, quizás no tenía buena presentación, pero al menos lucía comestible. Suspiró.

"Pasitea los prepara mejor." Se lamentó.

"Has desbloqueado un logro, Hypnos: preparar tu propio sándwich."

"Buenas noches, Thanatos."

"¡Noches!"

El dios de la muerte se fue derecho al refrigerador. Sacó varios ingredientes y solito se preparó su propio sándwich en silencio y con bastante más destreza que su hermano, mientras Hypnos le miraba entristecido. Esperó a que Thanatos terminara de preparar su comida y se sentara en el mesón para comenzar a comer.

"¿Sabes que Mamá está bien preocupada por ti? Dice que esta es la cuarta noche al hilo que te levantas a depredar el refrigerador."

"Al menos dejo limpio."

"Sí, cierto, no lo niego."

"A Pasitea no le gusta cuando dejo sucio."

"Estás divorciado. No tienes que hacerla feliz."

"La fuerza de la costumbre."

"…"

"…"

"Ya. Desembucha."

Thanatos le dio una mordida a su sándwich, para así darle tiempo a su hermano de pensar y responder. Le observó atento mientras éste buscaba las palabras adecuadas, con un mohín en la cara que le hacían parecerse mucho a Phantasos. Y quizás también a Oneiros. Suspiró con algo de tristeza… sabía que sufría, era su gemelo, pero el no saber expresar esos dolores sería su ruina. Primero habían impedido que Hypnos se acercara a su hija menor, luego arruinado su matrimonio y ahora… se estaba quedando solo.

"Creo… que no debí haberle pegado así a Phantasos."

"Uuuuuh, te diste cuenta." Hypnos le miró feo y se cruzó de brazos, pero su gemelo lo ignoró. "¿Qué te hizo llegar a esa conclusión? No me digas que estás preocupado porque de nuevo dejó de hablarte."

"Hablé con ella."

"¿Con Phantasos o Pasitea?"

"Con la niña. O al menos lo intenté." Hypnos se miró la mano derecha, recreando en su mente el momento en que sin pensar le había pegado a Phantasos. Ni siquiera se había medido, solo lo hizo… y mientras más vueltas le daba a la situación, más aislaba en su mente el recuerdo, de ver a la mocosa cayendo peso muerto, como crujió su cabeza…

"Has estado hablando mucho con ella últimamente. Pareciera que la estás buscando. ¿Qué ocurrió?" Preguntó Thanatos muy paciente.

"Nunca le había pegado." Gruñó de mal humor y quizás con algo de cargo de conciencia. Se sopló el flequillo. "Me reclamó que pude haber hecho otra cosa y de nuevo me viene con el cuento que la odio, que nunca le habría pegado a… a su hermana y…" A Hypnos se le trabó la lengua y no pudo seguir. Thanatos levantó ambas cejas, pero entendió bien lo que quiso decir.

"… a Gala. No sabe que le pegaste a Gala una vez." El dios de la muerte se cruzó de brazos y suspiró. "Se lo merecía, no lo voy a negar."

Hypnos apartó el rostro con los ojos apretados, como si hubiera metido las manos al fuego. Siempre le pasaba lo mismo cuando pensaba en cualquiera de sus hijos muertos, sobre todo en su hijita. Hypnos no se enorgullecía de haberle levantado la mano a su entonces única hija, pero había sido necesario. En aquella ocasión, cuando la pequeña diosa contaba con catorce años, tuvo un berrinche descontrolado debido a que Pasitea le prohibió tajante salir con algunos de sus hermanos mayores a una de las fiestas de Dionisos. Como ninguno de sus estridentes chillidos logró que su madre cambiara de opinión, la mocosa agarró una jarra de vino cercana y se la quiso lanzar a su madre, gritándole que era una mala mujer y que la…

¡PLAF!

La jarra nunca abandonó sus manos. Hypnos apareció de súbito, se la quitó y, tras propinarle un buen bofetón, le dio vuelta el contenido encima y la encerró en su cuarto hasta que se calmara y le pidiera perdón a su madre por haber sido tan insolente. Y que por cierto, estaba castigada hasta que volviera a pasar el cometa Halley cerca del planeta, cosa que cumplió a rajatabla.

Sobra decir que la muchacha nunca más intentó algo similar. Era astuta y comprendió en seguida el mensaje.

"¡¿Tienes que recordármelo?! Me sentí pésimo después de eso."

"Un poco de disciplina nunca le ha hecho mal a nadie. Hay un dicho español que me gusta mucho: más vale una hostia a tiempo." Thanatos le dio un mordisco a su sándwich y lo masticó a medias antes de tragárselo. "No te hizo mal padre ni traumaste a la chiquilla. Gala nunca más hizo berrinche, ni volvió a ser insolente con Pasi. Pfff, ni que le hubieras pegado cada vez que te antojaras."

Hypnos se cruzó de brazos. Tenía sentimientos encontrados con todo esto, y el que le nombraran a Gala no le ayudaba en nada. Le dio una mordida al sándwich y masticó con mesura.

"¿Qué te molesta de la actual situación? No me digas que te afecta: Phantasos te es bastante indiferente."

"Es mi hija."

"…"

Thanatos lo miró con cara de circunstancias, pero Hypnos no reclamó. El dios del sueño estaba consciente que hacía poco más de mil quinientos años que Phantasos había dejado de buscar su cariño. Y él la había dejado, no hizo nada por evitar que se alejara, incluso hasta se había aliviado de que eso pasara. Mirar a Phantasos le causaba dolor, traía demasiados recuerdos.

"Cuando… le pegué a Gala tenía motivos. Fue insolente con Pasitea, no iba a permitir eso. Cuando le pegué a Phantasos… fue un reflejo. Lo hice, la vi caer y ya, no sentí nada y me aboqué en el resto de la pelea. No fue sino hasta después cuando vi a Radamanthys apartándola a un lado y luego a Oneiros tratando de despertarla que me di cuenta…" Hypnos entrecerró los ojos. "No puedo haber llegado a ese grado de indiferencia con mi propia hija que ni siquiera me afectó haberle pegado. Y sin embargo… sigo sin sentir nada. Mi vida no mejoró nada con su presencia."

"Sí te afectó."

"¿No estoy diciendo que no lo hizo?"

"¡Claro que te afectó! Le has estado dando un montón de vueltas a ese recuerdo. Si no te hubiera afectado, ni siquiera lo recordarías."

"Pues… Hmpf." Hypnos se ajustó los lentes y se cruzó de brazos. "Puede que tengas razón." El dios puso cara de pena. "No entiendo… no entiendo porqué la rechazo tanto. Es como si ella hubiera provocado la sofocación… Cuando nació no podía celebrar su pequeña vida cuando acababa de enterrar tantas…"

"Qué condenado infeliz… Al menos agradécele que por su causa, Pasitea no muriera con la Sofocación. Fue porque estaba embarazada de Phantasos que no sucumbió a la enfermedad y sabes bien que Pasi sí estaba mostrando síntomas. Estar gestándola salvó su vida… aunque bueno… hubo efectos colaterales."

"…"

Hypnos le dio otra mordida a su sándwich, pero ni bien tragó ese bocado, decidió que ya no tenía más hambre. Thanatos esperó unos momentos en silencio mientras se acababa su comida, y suspiró. Phantasos había pagado un precio alto por ser el último sueño en nacer y había visto personalmente los esfuerzos que hizo por intentar ganarse el afecto de Hypnos. Incluso creyó que lo había logrado cuando ganó el kamei que iba a ser de Gala, pero no… el dios de la muerte tenía la sospecha que Hypnos comenzaría a mirarla con otros ojos cuando finalmente hablara de la devastación que le produjo perder tantos hijos en tan poco tiempo, incluida a su niña preciosa. Pero ya era demasiado tarde, Phantasos… no quería nada con él.

¡Tan parecidos que eran los dos, padre e hija! Si uno ponía atención, notaría un sinfín de detalles, desde gustos hasta gestos en común. Expresiones idénticas, más aún cuando la diosa estaba sin las ilusiones que ocultaban su rostro. El mismo color de cabello, quizás el mismo sadismo.

"Recuerdo que Gala siempre quiso una hermana."

"No hables de…"

"Nunca le has hablado a Phantasos de su hermana… o de sus hermanos."

"… ¡Detente!"

"Y encima lo de Pasitea…"

"¡Thanatos!"

"Hace días que no te quejas." Gruñó Thanatos, frunciendo el ceño. "Hypnos, si te embotellas todo, te va a dar un infarto otra vez. Toda esa presión que te gastas va a escapar de muy mala manera y en el peor momento posible."

El cosmo de Hypnos se cerró como si de una almeja se tratase. Infantilmente el dios se tapó los oídos sin querer oír nada, pero la penetrante mirada de Thanatos no lo dejó tranquilo. El que ignorase las cosas no iban a hacer que desaparecieran, y si de algo le servía su experiencia como la muerte, era para saber que, mientras más la gente hablara de sus traumas, mejor los superaría. Iba a hacer otra acotación cuando lo atajaron.

"Amo a Pasitea con toda mi inmortal alma… pero le hice más daño del que puedo manejar." Hypnos negó con la cabeza. "Nunca creí que me dejaría y parte de mi se resiste, pero… tengo que… dejarla ir…"

"¿Tan rápido renuncias a ella?"

"No, no renuncio a ella. ¡Pero no puedo ser tan pendejo para pretender que se quede conmigo con lo… ausente que fui!" Hypnos apretó los dientes. "Yo fui quien la abandonó. No al revés… la dejé sola. Lidiando con Phantasos y…" El dios del sueño se golpeó el pecho con la mano. "… y… no… no la contuve, ni me dejé contener cuando… tras… tras la…"

"Anda, respira profundo y dilo… tras la muerte de tus niños."

"…" Hypnos se quedó pálido del susto, pero cerró los ojos con calma.


Flashback

"¡PAPÁ! Ayúdame, por favor…"

Por instantes Phantasos perdió las ilusiones que disfrazaban sus facciones, y ya paralizada de la cintura para abajo estiró los brazos en clara señal de ayuda. Aquella cajita estaba absorbiendo su cosmo y sus poderes a gran velocidad, y por más que se sujetara de cuanto borde pillaba, no sería capaz de detener el efecto. El sello de Athena estaba surtiendo efecto: aquél maldito santo de géminis había vencido a su hija en singular y complicado combate.

Sintió los resortes en los pies y saltó intentando tomar las manos de su hija, intentar ayudarla, pero llegó un segundo muy tarde. La caja se cerró con gran estrépito, sellando consigo a la joven diosa, y no se volvería a abrir en al menos doscientos cincuenta años.

Corría la Guerra Santa contra Athena del año 493. Fue la última vez que Phantasos lo llamó papá. Cuando el sello se rompió en el año 743, fue la primera vez que le llamó señor Hypnos y que notó su indiferencia. Nunca se lo reclamó.

Había perdido al último de sus hijos.

Fin del Flashback.


"Solo dilo y comienza a aceptarlo. Quizás al menos puedas recuperar a tu esposa."

"Ella no quiere."

"¡Pasitea te ama!"

"Claro que sí, pero… NO. Ya perdió demasiado por mi culpa, no puedo… no puedo…"

"Hypnos… dilo. Admite que estás huérfano de hijos." Insistió Thanatos. El dios del sueño dio un golpe en la mesa y se puso de pie, mirando enfurecido hacia su gemelo, quien no se inmutó, pero seguía sin poder decir nada. "Cobarde."

¿Por qué era tan importante que Hypnos dijera en voz alta que el corazón se le había desecho una y mil veces, cada vez que vio morir a sus hijos? ¿Cada vez que no pudo hacer otra cosa sino abrazar a su adorada Pasitea mientras los sueños expiraban, algunos tras una agonía horrible? ¿Qué el llanto se le quedó atorado en la garganta como si fuera ácido?… ¿o el susto que se llevó cuando comenzó a notar los síntomas de Sofocación en Pasitea…?

… ¿o cuando le dijo…?


Flashback

El abrazo fue brutal. Pasitea estaba temblando de miedo y con tanta fuerza que Hypnos creyó que se había sofocado otro sueño. ¿Quién sería? ¡Quedaban tan pocos! Estos golpes lo iban a liquidar lentamente, lo deshacían por dentro. Ya no podría aguantar mucho más… Pasitea levantó por fin la mirada, no supo discernir si su rostro bañado en lágrimas era de susto, de duelo o de ¡¿Qué?! Ya no soportaba más, menos a sabiendas que su Pasi comenzaba a mostrar síntomas de…

"… Tengo vida dentro…" Le murmuró. Le tomó una mano y se la puso por encima del vientre, esbozando una amorosa sonrisa. "… de nuevo estoy gestando un sueño…"

Fin del Flashback.


"No puedo."

"Claro que no puedes. ¡Pero Debes!"

"… No puedo…" Hypnos cerró los ojos con fuerza, aterrado, y frunció el ceño. "¿En qué podría ayudar a mi relación con mi Pasi admitir que…?" El pobre dios tuvo que tomar aire e incluso bufar para controlar los nervios. "¿En que puede ayudar que admita que mis hijos se… sof… se sofo… se me murieron casi todos mis niños?"

De la sorpresa, Hypnos sintió como se le arrancó el calor de la sangre, pero no se movió. Thanatos abrió los ojos como platos e irguió la espalda. Primera vez en miles de años que escuchaba a su gemelo admitir tal cosa. Hasta percibió como le bajó la presión y como algo pareció quebrarse en su presencia. Hypnos no pudo controlar las lágrimas, ni tampoco seguir hablando. La lengua se le había paralizado. Se desplomó sobre la silla, derrotado, quebrado… apartó el plato del pan a un lado, se quitó los lentes y lloró con amarga desolación.

Thanatos se vio a sí mismo cambiando lugares y sentándose junto a él, rodeándolo con el brazo y apoyándolo en silencio, sintiendo un nudo en la garganta. Nunca creyó que Hypnos pudiera vocalizar tal cosa (menos ahora), pero bueno, la vida daba sorpresas. Casi se le rompió el corazón al notar que, entre murmullos y sollozos, Hypnos nombraba a cada uno de los sueños muertos por su nombre, cumpleaños y muerte. Le sobó la espalda en silencioso soporte: no lo dejaría solo.

Entonces Pandora irrumpió en la cocina. Hypnos ni se mosqueó, pero Thanatos cruzó miradas con ella, como advirtiéndole que no era el momento o, que si era muy urgente, que lo dijera rápido. Pandora levantó la mano, deteniendo a Radamanthys, quien por lo visto venía con tanta urgencia como ella. Al menos la mujer era perceptiva, e incluso retrocedió unos pasos.

"Señores… lamento la molestia." Comenzó Pandora. "Quicxic escapó de las mazmorras de la Primera Prisión. Tuvo ayuda externa."

"Minos les está dando caza con algunos de sus espectros. Lune fue herido, aunque no de gravedad." Añadió Radamanthys.

Thanatos asintió levemente, tomándole el peso a la situación. Miró a su hermano, que todavía no reaccionaba a nada y seguía llorando (con bastante dignidad en todo caso) y murmurando nombres. El gato saltó arriba de la mesa y comenzó a olisquear los restos del sándwich del dios del sueño, antes de seguir su camino. Thanatos sopesó la noticia que le daba Pandora y gruñó entre dientes.

"Yo me encargo por ahora. No molesten a mi hermano. Que los jueces se reúnan conmigo en la Sala de Guerra en media hora, con la información que tengan, por favor. ¿Y Pandora?"

"¿Señor?"

"¿Me ayudas a preparar algún tecito para los nervios?" Preguntó señalando a su hermano con los ojos.

Radamanthys carraspeó y retrocedió respetuoso, mientras Pandora simplemente sintió una gota deslizándose por su cabeza, pero de todos modos asintió.

"Claro señor… aunque sé que Valentine de la Harpía guarda gotas de clonazepan… ¿Le pido?"

"No. De momento probemos el tecito." Comentó Thanatos, poniéndose de pie y tratando de levantar a su hermano. "¿Radamanthys, me ayudas?"

El juez de Wyvern respondió con acciones la solicitud del dios. Pandora asintió con calma y ni bien el trío abandonó la cocina con el dios del sueño a cuestas, rápidamente hirvió agua y lo dispuso todo para preparar un té. Llamó al servicio y cuando apareció una joven sirvienta, le indicó que llevara el brebaje a las habitaciones de Hypnos lo antes posible. Pandora entonces procedió a retirarse, dejándolos solos. Tenían cosas que coordinar de carácter urgente y parecía que el tiempo se les escurría entre los dedos.

Esa noche sería larga… y difícil.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: El Arrebato de Artemisa

les afectó casi en seguida. Fue como si les cerraran las vías respiratorias y les sacudieran la cabeza. Los cuatro por igual se sintieron muy ligeros y como si los brazos y piernas, estuvieran desconectados de sus cuerpos, podían mover sus extremidades, pero no obedecían del todo las órdenes de sus cerebros…


Nota Mental: Casi lo lamento por el anónimo espectro de estrella terrestre que murió: era joven, tenía talento, mucho potencial… pero necesitaba que alguien muriese. u.u Era él o algún personaje conocido. Un minuto de silencio por él. Ahora, sobre el próximo capítulo… XB Llámenme cruel o lo que quieran, pero no tienen idea las ganas que tengo de publicarlo. =D Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


Consejo de Minos de Griffin para no aburrirse en el supermercado:

Cuando pruebes la comida de muestra, tírate al suelo, tose, retuércete de dolor y finge convulsiones.


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.

SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. El camino hacia Xibalbá estaba plagado de peligros; escarpado, espinoso y por completo prohibido para los extraños. Son como siguen:

1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.

2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.

3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.

4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.

5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.

6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.