Palabras: 495

Los tres individuos ingresaron a la cocina, los dos niños tomaron asiento, mientras que la madre se dispuso a hacer café antes de comenzar, otra manera de retrasar el momento que había querido evitar, tener que volver a hablar de él, y reabrir la herida, una que le había tomado mucho tiempo "cerrar".

Puso dos tazas de café frente a los niños y la tercera la mantuvo entre sus manos, se sentó, y finalmente comenzó a hablar.

—Bien... niños, su pregunta fue ¿quién es Natsu Dragneel?¿no es así?— Algo cruzó fugazmente los ojos de ella, ¿rencor? No, dolor, crudo y punzante dolor.

—Ésta historia se remonta mucho tiempo atrás, cuando escapé de mi hogar buscando una aventura. Quería unirme a Fairy Tail, ya que había escuchado los rumores de los increíbles magos que allí estaban afiliados, y tuve la suerte de encontrarme con un chico, que pertenecía a ese gremio, aunque era un impostor.— Hansha la interrumpió.

—pero si Natsu pertenecía a Fairy Tail, ¿por qué el tío Gray ni la tía Erza lo han mencionado nunca?

Lucy ignoró el comentario de su hijo menor y continuó.

Luego...— La chica siguió su relato contando a sus hijos como había conocido a Natsu, cómo este había perdido a su padre adoptivo, el dragón Igneel y como lo único que le había dejado era una bufanda y un misterio por resolver. Les contó de su llegada a Fairy Tail y como conoció a Erza, a Gray y a todos los demás miembros del gremio. Les contó sus hazañas, sus caídas, la alegría en la victoria y la frustración en la derrota, y profundizó en todo lo relacionado con Natsu Dragneel. Cuando guardó silencio, los niños estaban tan inmersos en el relato que no reaccionaron enseguida, pero Nashi hizo la pregunta clave.

—Entonces... si era dulce, impulsivo, inocente, tierno, gracioso, radiante, intrépido, inmensamente valiente y demás— preguntó. —¿por qué no está aquí ahora?—.

—Porque toda esa valentía no le alcanzó para atreverse a ser padre— les dijo fríamente agregó —puede que ya lo hayan deducido niños, pero... Natsu Dragneel, es... es su padre— los chicos guardaron silencio, esa era una verdad que requería ser procesada. —Cuando faltaban tres meses para que nacieran, él me dijo que no estaba preparado para tener esas responsabilidades, tomó sus cosas, me dijo que me quedara con la casa y nos abandonó para siempre.

Luego de ésta declaración, los tres se quedaron callados, cada uno, a solas con sus pensamientos. Lucy no iba a decirle a sus hijos todo lo que había sufrido por Natsu, cuántas noches lo había buscado, cuántas noches se había despertado y no lo había encontrado a su lado para poder abrazarlo, cuán intenso había sido el dolor de saber, que el fruto de su vientre, en un principio... crecería sin conocer a su padre. Cuánto dolor le habían provocado los sueños rotos, por la culpa de un niño, que jugó a ser hombre cuando aún no estaba preparado.