En la distancia, mientras regresa a casa, Phantasos nota algo que llama su atención y decide ir a ver qué es… horas después, y al notar que su hija no regresa, Pasitea decide pedir ayuda. Con los ángeles heridos y fuera de combate, nadie sabe bien por donde comenzar a buscar a Artemisa, pero Quetzalcóatl puede tener alguna idea…


¡HOLA A TODOS! A estas alturas, en el Santuario de Athena, da inicio el fic Nec Spe, Nec Metu. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!


Capítulo 11: Quien sabe dónde

Santuario de Athena. Bosque.

3 de mayo. 13:30 horas.

Se sentía extraño poder tomarle la mano sin que le hiciera el quite o que estuviera atento a miradas indiscretas, pero no se quejaba. Ahora que eran una reconocida pareja, Shaina se sentía con todo el derecho de poder sujetar a Afro de la mano a su antojo. Eran parte de las medidas compensatorias por tanto tiempo escondiéndose. Ya ni siquiera le molestaba cuando Afro la rodeaba con el brazo y le ponía la mano en la cadera, cosa que al principio la ponía muy a la defensiva. Ya no. Simplemente se apapachaban uno al otro permitiéndose expresar cariño de esa manera.

Esta vez iban de la mano, lo que no quería decir que era por falta de chispa. Hacía muchísimo calor y por mucho que se amaran, como que el clima no invitaba a los arrumacos así que, mientras se abrazaban mentalmente y se acariciaban el cosmo, paseaban de la mano por el bosque, buscando la agradable sombra en ese abrasador día.

"¿Estás seguro que no estás perdido?"

"¡Por supuesto! En cualquier momento llegamos a la laguna." Afro la miró algo indignado. "Te llevo por la ruta escénica."

"Pues… ya hemos pasado dos veces por aquí, amore mío." Shaina le cortó el paso y se puso delante de él, abrazándole por la cintura. "¿Te parece que te guíe yo? Creo saber dónde vamos."

"No, me niego: te tengo una sorpresa, la idea es que te guíe yo." Protestó el pez. Shaina le besó traviesa. "¿Qué haces, mujer?"

"Distrayéndote para que te concentres un poquitín."

Shaina se separó de Afro y avanzó siguiendo una senda diferente mientras contoneaba las caderas a propósito. Era el día libre de ambos, una coincidencia que hacía al menos unas seis semanas que no les ocurría. Sobra decir que estuvieron de acuerdo en pasarlo juntos, y en esos momentos se dirigían hacia la pequeña laguna que estaba en lo profundo de ese bosque, en donde no solo tendrían un picnic, sino además Afro había preparado una velada especial, cosa en la que se había esmerado bastante… al punto de cobrarle un favor a Máscara para que ese día también le echara un ojo a Rin, para así poder tener a Shaina toda para él y en paz y tranquilidad.

Incluso se había tomado la molestia de sembrar algunas rosas venenosas en el camino para disuadir gente. La idea era estar tranquilos.

Afro observó algunos instantes el andar de Shaina, antes de salir en pos de ella, sintiéndose contento. Cuando la alcanzó, la abrazó por la cintura y le besó el cuello, solo para proceder a hacerle cosquillas.

"¡Afro! Aquí no, Jejejejejeje, suéltame atún, jajajajajaja, no aquí…"

"¿Qué pasa, amazona? ¿No me puedes detener acaso?"

"Jajajajajajaja, ya basta bagre, no hagas eso. Jajajajajajaja."

"¿Qué acaso no pides clemencia?"

"¡Ya verás cómo te va! JAJAJAJAJAJA… ¡Detente!"

Pero Afro no se detuvo. De pronto la idea de hacerle cosquillas a Shaina se le hacía muy divertida, su amazona tenía mucha sensibilidad a ellas y su risa le resultaba adictiva. Además que siempre la ponía de humor para otro tipo de actividades y, si jugaba bien sus cartas, esa tarde sería memorable. Shaina eso sí, no estaba dispuesta a dejarse ganar y pronto comenzó a retorcerse y sacudirse del agarre de Afro y antes que se dieran cuenta estaban atacándose en el suelo como si fueran…

¡KABOOOOOOOOOOOOOOOOM!

Un fuerte trueno resonó en el aire, lo que los distrajo inmediatamente del juego que estaban teniendo. No pocas aves aprovecharon para huir y el bosque quedó sumido en un silencio tétrico. No había nubes en el cielo, ni nada que indicase que se formaría una tormenta. Rápidamente ambos se pusieron de pie y en actitud de alerta, observando el paisaje y los alrededores con interés.

Hasta donde ellos sabían, solo había un motivo del porqué un trueno resonaría en aquél bosquecito sin que hubiera causas naturales aparentes que lo provocara, y ese era que algún cosmo divino maligno había ingresado sin permiso al Santuario… ni bien esa noción cruzó sus mentes, sintieron la asquerosa presencia de dos intrusos. Ambos invocaron sus armaduras y Shaina se calzó la máscara. Recelosos, se fijaron en la dirección contraria por donde habían venido.

"Sígueme." Le dijo Afro sin darle mayores explicaciones. La amazona asintió e hizo lo que le indicaron, mientras el dorado comenzaba a caminar en aquella dirección en actitud de acecho.

Quicxic dejó caer a Touma sin nada de cuidado sobre el suelo y sin dejar de mirar a sus alrededores. El ángel estaba por completo noqueado y apenas vivía: parecía que la poca fuerza que tenía en el cosmo la estaba utilizando para no morirse. Quicxic le dio una patada en el abdomen y miró hacia Patán, quien le daba un trato similar a Teseo y Odiseo. Estos dos ángeles estaban tan maltratados como Touma, y tampoco respondían, pero al menos eran inmortales. No quería ir al Santuario, pero Patán había insistido.

"Debimos dejar a estos tres que se pudrieran en las Termópilas. Aquí alguien los puede encontrar y curarles. ¡Sabrán que fuimos nosotros!" Gruñó Quicxic, mientras tomaba Artemisa, totalmente noqueada, y se la echaba al hombro, como si fuera un saco de papas.

"Con la paliza que le dimos no despertarán antes de una semana. Y ese mortal morirá antes que a alguien se le ocurra pasar por aquí. Este hallazgo atraerá la atención hacia este Santuario y si tenemos suerte, los olímpicos se enfrascarán en un problema diplomático de aquellos."

"¿La idea es que estén demasiado ocupados arrancándose las gargantas como para darse cuenta de lo que hice con Artemisa?" Preguntó Quicxic entrecerrando los ojos. "Le veo lógica, pero sigue siendo arriesgado y no me gusta… los santos de Athena son peligrosos. ¿O no te acuerdas lo que pasó cuando intentamos infiltrarnos en Escorpión hace tantos años?"

"¿Qué posibilidades hay que un santo dorado pase por aquí a esta hora con este calor? Seguro que esos ni salen de las doce casas, donde está fresquito."

"¡ROSA PIRAÑA!"

"¡A MI LA COBRA!"

Quicxic alcanzó a dar un salto y ponerse a salvo del ataque de Afro únicamente porque Patán lo cubrió con su cuerpo para repeler el ataque, y esto sólo porque la carga de su colega era demasiado preciosa y no podían darse el lujo de perderla. Pudo resistirlo hasta cierto punto, pero estaba demasiado consciente de que, mientras se encontrasen dentro del Santuario de Athena y gracias al cosmo de la diosa, sus santos llevaban la ventaja. El ataque de Shaina los derribó a los dos por momentos y Quicxic, quien huía con Artemisa, la soltó en su caída al suelo. Inconsciente, la diosa de la luna rodó un poco hasta detenerse.

Le Gasp –

"Afro, ¡Es la Señora Artemisa!" Exclamó Shaina llena de sorpresa.

Afro apretó los dientes y elevó su cosmo, atacando a los dos señores de Xibalbá sin perder tiempo y en sincronía con Shaina quien, decidida a llegar hasta la diosa caída, embistió sin perder tiempo a los malévolos dioses. A riesgo de quemar toda su energía, y en vista que estaban metidos en un inesperado problema, Patán combustionó su cosmo a toda potencia, lanzando por el caño la idea de no hacerlo en tanto estuvieran en el recinto de Athena (para así no acusar su presencia) pero entre eso y perder el botín…

"¡MUERE, MALDITA!"

Shaina pudo bloquear el ataque no sin dificultad; la embestida de un dios nunca era algo simple de evadir o aguantar. La amazona fue desviada de su curso y arrastrada varios metros a un costado, deteniéndose junto a un tronco. Afro tomó grave ofensa por ello y se puso en modo tiburón: atacó a Patán, quien de un manotazo lo apartó, pero fueron tan insistentes los golpes de puños con los que Afro lo acosaba, que el ajawab inflamó de nuevo su cosmo para mantenerlo a raya, pero no se atrevió a quedarse a averiguar qué más podía hacer el santo de Piscis así de enojado. Aprovechó la expulsión de energía para botarlo al suelo y salir corriendo, tratando de alcanzar a Quicxic, quien había aprovechado bien la ventaja que le había dado y ya llevaba un rato huyendo con Artemisa a cuestas.

"¡Están Huyendo!" Exclamó Shaina, comenzando a correr tras los señores de Xibalbá.

"¡Por Supuesto que NO!" Gruñó Afro apretando los dientes y los puños. Se puso una rosa en la boca y salió corriendo.

Afro y Shaina no dudaron en perseguir a los dioses, quienes usaron todo tipo de trucos para perderse de vista. Y huyeron, ante la soberana frustración de la pareja, quienes les perdieron el rastro sin poder recuperarlo. Fue como si de pronto se los tragara la tierra. Sus presencias se perdieron en el aire. Afro y Shaina se miraron con urgencia y ambos caminaron hacia un arbusto, con un extraño sentido de calamidad, sin dejar de vigilar. Allí, entre las ramas, algunos de los cabellos de Artemisa estaban enredados. Afro los tomó con el corazón en la mano.

"¿Viste por donde se fueron?" Preguntó Shaina agitada. Afro le enseñó los cabellos, logrando que la amazona lo mirara de hito en hito. "Esto no es bueno."

"Para nada."

"¡AFRO, SHAINA!" Saga y Kanon llegaron al mismo tiempo, en posición de ataque y con los pelos erizados. "Sentimos la pelea. ¿Qué acaba de pasar?" Preguntó con urgencia el gemelo mayor, en posición de ataque y presto a repartir golpes.

"Encontramos a los ángeles de Artemisa más atrás. Están como si los hubiera atropellado un tren." Puntualizó Kanon. "Alde está con ellos. El rubio está medio despierto, pero apenas se le entiende lo que…" El gemelo menor se detuvo cuando Afro les mostró las hebras de cabello sin emitir comentario. "… eso es cabello divino."

"Eran dos deidades malignas, no las conozco… pero se llevaban a la señora Artemisa inconsciente con ellos."

Los gemelos palidecieron.


Santuario de Eleusis. Entrada al Inframundo.

3 de mayo. 17:45 horas.

Phantasos colgó el celular y se lo guardó en un bolsillo. Acababa de avisarle a Pasitea que ya estaba regresando a casa y que calculaba que en una hora y media más llegaría a Giudecca, dependiendo de cuanto la hiciera esperar Caronte. La diosa tenía una sonrisa en el rostro: se sentía de mucho mejor ánimo ahora, estaba con la mente incluso más despejada. Fiel a la decisión que había tomado, tras el último ataque a Caína se había marchado al mundo humano a descansar un poco, cosa que le había hecho inmensamente bien. Habían sido casi tres días, no necesitaba más y ya estaba lista para volver.

"Bien, el deber llama."

Observó el Santuario a su alrededor. Los turistas aún pululaban por las ruinas, sacando fotos y obteniendo recuerdos. Pronto cerrarían al público, por lo que ya veía a los guardias del sitio arqueológico y a varios de los escoltas de Démeter quienes, disimuladamente, incentivaban a los turistas a retirarse. Phantasos sonrió y se escabulló entre las sombras, caminando con toda la tranquilidad hacia el ploutonium, o entrada al Inframundo, que más le gustaba. Cierto, había otras, incluso en el centro mismo de Atenas y en la aldea de Rodorio, pero esta entrada al Inframundo tenía más estilo.

Coincidía además que justo por fuera del sector turístico de las ruinas, se ponía una señora con un carrito de frutas picadas que le gustaban mucho y siempre le compraba una porción.

Miró hacia atrás y tras una sonrisa, se deslizó hacia el interior del ploutonium, el que al detectar la presencia de la joven diosa se activó, dejándola cruzar por el limbo hasta que llegó a la entrada de los dominios de Hades. Una vez allí se sacudió las ropas y caminó un buen trecho, quizás unos veinte minutos, hasta llegar al pequeño muelle en donde debía esperar a que pasara el barquero. Phantasos miró la hora… Por lo visto estaba de suerte: Caronte estaba allí desatando las amarras.

"¡Caronte! Espera un poco."

"¡Señorita Phantasos! Creí que se quedaría más tiempo fuera." Comentó sorprendido el espectro. El tipo solía estar de muy mal humor, más últimamente si consideramos que la guerra lo había tratado mal, pero no podía gruñirle a Phantasos, la diosa era linda y le gustaba.

"Naaah, ya fue suficiente descanso. Es hora de volver a casa: dame un segundo." Phantasos buscó en su bolso y pronto sacó una moneda para pagar su pasaje. Caronte, tras revisar el pago, le extendió la mano y la ayudó a subir.

"Llegó justo a tiempo, estaba por zarpar. ¿Le fue bien?"

"Claro que sí. Logré mi objetivo."

El barquero sonrió de costado y suspiró. Guió la balsa hasta el otro lado del río, conversando con bastante soltura con la diosa, cuyo buen humor la tenía muy contenta. Una vez al otro lado y tras atar la balsa, la ayudó a bajar y se despidieron sin mayores ceremonias. Phantasos inició así la caminata por el Inframundo. Si tenía suerte, en una hora llegaría al castillo. ¡Cómo ansiaba dormir con su almohada!

No llevaba ni media hora caminando cuando sintió ese cosmo.

"¿Huh?"

Miró hacia su izquierda y se fijó en un punto en la lejanía. Notó movimiento donde no debería haberlo. Aquellos yermos páramos no ofrecían muchos escondites pero allá, a unos cientos de metros, pudo ver dos bultos que se las ingeniaban para desplazarse lo más subrepticiamente posible. ¿Por qué un espectro o un alma muerta se ocultarían en su territorio? ¿Por qué estas cosas intentaban ocultar su presencia? Phantasos entrecerró los ojos y comenzó a caminar en aquella dirección.

Aquí había gato encerrado.

Y no, no se refería al gato que cruzaba la escena un poco más allá con un ratón en el hocico.

Agazapándose contra el suelo lo más que podía, y aprovechando que conocía el terreno bastante bien, comenzó a seguir aquello que había llamado la atención… que por cierto, se dirigían a toda velocidad hacia el límite del limbo. ¿Por qué?

¿Y por qué había llamado su atención? Bien podría haberse tratado de nada importante, pero algo la impulsaba a perseguirlos. Eran dos… ¿Quiénes eran? Se acercó más, cuidando de no delatarse a sí misma. Algo llevaban con ellos, algo importante. Phantasos apuró el paso y se acercó todo lo que podía sin llamar la atención. Sabía que en el momento en que si delataba su presencia, estaría en serio peligro. Un poco más…

"¡Un Señor de Xibalbá! ¡El Que Estaba Prisionero!" Pensó para sus adentros, llena de sorpresa.

Pero ni comparada a la que sentiría cuando se dio cuenta de qué era lo que estaban llevando a cuestas. ¡Era Artemisa!

Phantasos decidió entonces seguirlos.


Santuario de Athena. Templo Principal. Enfermería.

En esos momentos. 17:20 horas.

Athena estaba pálida como el mármol de las columnas, mientras observaba como Apolo y Asclepios trabajaban de nuevo con Teseo, quien nuevamente se había descompensado de la forma más espectacular de todas. Cierto, era inmortal, no podía morir, pero era derechamente cruel mantenerlo en un estado de crisis constante cuando bien se le podía aliviar. Shion le dio unas paternales palmaditas en la espalda e intercambió una mirada con ella. En las manos de la diosa estaban las hebras de cabello de Artemisa, su hermana mayor, las mismas que Afro había recuperado del bosque.

"Fueron los señores de Xibalbá, ¿verdad, Shion?"

"Fue lo que Odiseo le dijo a Aldebarán cuando los encontraron, antes de perder la conciencia." Shion suspiró. "Me sorprende que el señor Apolo no haya querido dejar a esos tres a su suerte."

"Apolo llega a hacer eso y Misi se entera, no le habla en todo un milenio, seguro." Bufó Athena con angustia. "No fue culpa de los ángeles: se nota que dieron guerra… ¡Casi los mataron! Ni Apolo pudo negar esa evidencia." Athena se mordió el labio. "Creí que la disputa era con el Inframundo. ¿Por qué se llevaron a Artemisa?"

"No lo sé, señorita. No lo sé."

Athena hizo un puchero y abrazó más las hebras de cabello. No digamos que entre los dioses olímpicos hubiera un verdadero sentido de familia, pero tenían sus momentos. Athena y Artemisa no siempre estaban de acuerdo y no cabía duda que la diosa cazadora era bastante antipática cuando quería (solo era muy tímida, se decía Athena), pero curiosamente ambas tenía bastante contacto y no se llevaban mal. La diosa cazadora solía tener la delicadeza de avisarle cuando estaba de excursión en la Tierra y en alguna ocasión se habían juntado en el Santuario a tomar el té.

Peleaban como nunca, hay que decirlo, pero lo normal para dos hermanas, y al final de cuentas, solían cuidarse las espaldas la una a la otra cuando era importante. Es más, ahora que lo pensaba, Artemisa nunca había iniciado una guerra santa en su contra. Sí le hacía uno que otro reclamo, armaba berrinches y ambas dejaban de hablarse unos días, pero más allá de eso, nada grave.

Estaba preocupada. Athena se sorprendió a sí misma muy angustiada.

Shion abrazó a la diosa cuando esta se refugió entre sus brazos a llorar. Sobra decir que había sido un día de locos. Ni bien se dieron cuenta que las heridas de los ángeles sobrepasaban sus habilidades, Athena llamó a Apolo, quien llegó en el acto, y al enterarse que su hermana había sido raptada, montó en cólera. Por momentos quiso destruir a los ángeles por haber fallado la única misión que tenían, pero se contuvo en el último instante… probablemente tuvo una visión de cómo había sucedido todo, por lo que cambió de opinión, optando por salvar la vida de Touma, el único mortal, y ayudar a los otros dos, que suerte tenían de ser inmortales. Incluso llamó a Asclepios para que ayudara… aunque debió haber llamado también a sus nietos Podalirio y Macaón.

Mientras calmaba a Athena, veía como Apolo trabajaba con Teseo y Asclepios se aseguraba que Odiseo respirase bien y no se descompensara de nuevo. Shion cruzó miradas con Aioria, quien se mantenía cerca de la camilla en la que estaba Touma gravísimo, pero estable, a quien Marín velaba. El león le hizo una seña con la cabeza cuando notó su mirada.

Touma era el único que tenía real peligro de morir, pero gracias a su propia porfiadura y a la inmediata atención que recibió primero de los santos, luego del médico de turno, y luego de Apolo (casi, casi, casi se lo llevaron a un hospital), salvó la vida. Enfrentaba una noche crítica que decidiría si vivía o moría, pero estaba respondiendo. Cierto, lo habían drogado, apaleado, apuñalado por la espalda y casi reventado la caja torácica, pero vivía. Estaba recibiendo ayuda para respirar y se veía pálido como la misma muerte, pero… mejor no adelantaban nada y esperaban a la mañana. Cualquier pronóstico que dieran antes de eso sería muy irresponsable.

"Está bien cuidado, Marín, no te preocupes." Le dijo de pronto Pólux. "No podría asegurarlo, pero si ya ha resistido todo esto, entonces va a sobrevivir… Tu hermano todavía tiene que cobrar revancha y si es como tú…"

La amazona se quedó viendo al enfermero muy neutral, aunque miles de emociones le pasaban por la mente. El gentil Pólux de Carina era otro de los aprendices de Astrea que había logrado convertirse en enfermero. De origen guaraní, su familia le nombró Pólux cuando supo que el pequeño estaba destinado a ser el portador de la mencionada armadura. Marín suspiró y asintió agradecida.

"Gracias Pólux."

Pólux le sonrió amable y terminó de revisar los datos y de ajustar los medicamentos. Cuando se retiró, Marín se acercó a su hermano y, tras observarle unos instantes, se quitó la máscara (que dejó a un lado) y le despejó los cabellos del rostro. El lado derecho, a la altura del pómulo y la mejilla estaba amoratado, lo mismo el torso, que tenía lleno de vendajes y manchones de sangre. Marín apretó los dientes y le sujetó una mano.

"Espero que estés juntando fuerza, Touma. Necesitas recuperarte, salir de aquí y rescatar a tu corazoncito. Demuestra que eres fuerte." Marín se detuvo unos instantes, le temblaba la barbilla. "Hermanito… tienes que sobrevivir. Sé que puedes…"

"Es terco, va a sobrevivir solo para hacerme rabiar." Dijo de pronto Aioria, mientras rodeaba a Marín con un brazo y la atraía contra él. "O voy a creer que no quiere entrenar conmigo por susto." Añadió a modo de broma. Marín sonrió débilmente y se refugió en el león, aunque sin soltar la mano de su hermano.

"Más le vale. Lo de sobrevivir me refiero." Marín miró expectante a Aioria. "¿Alguna noticia sobre la señora Artemisa?" Preguntó casi en un susurro.

El león negó con la cabeza, sin emitir sonido. Marín suspiró angustiada: ella conocía bien a su hermano y aunque Touma nunca le había dicho palabra sobre sus sentimientos, a ella no la engañaba. Sabía lo importante que era Artemisa para su hermano, no solo como diosa y tenía claro que esto que había pasado, atormentaría a Touma muchísimo.

Ninguno notó que, ante la ausencia de respuesta verbal por parte del león, el dedo meñique de Touma tuvo un pequeño espasmo.


Giudecca. Despacho de Hades.

Más tarde ese día. 3 de mayo. 20:06 horas.

El reporte de daños había hecho que el humor de Hades se agriase a niveles que no se veían desde la guerra contra Athena de 1493, en la que había tenido un épico disgusto del que nadie quería hablar. Si seguían así se iban a quedar sin espectros, y encima tendrían que enviar a tres más a que se atendiesen en la enfermería del Santuario. Los dioses gemelos, Pandora y los tres jueces tenían expresiones parecidas, todas indignadas y molestas. ¡Por el Tártaro en Llamas! Hades ESTABA HARTO de los ataques.

"Al menos la escolta de Perséfone ha funcionado sin problemas." Dijo Thanatos. "Y si bien hay daños importantes, nuestra capacidad de reacción ha mejorado mucho. Los espectros están contraatacando y no hemos sufrido bajas en las últimas dos semanas."

"AHEM." Carraspeó Minos algo molesto.

"… Excepto el espectro del otro día. Pobre. Hades guarde su alma."

"Estimo que podemos seguir a este ritmo unos dos meses, pero la idea es que esto se detenga ya o no quedará mucho qué recuperar." Añadió Hypnos muy serio.

"¡La idea era que nunca nos hubieran atacado!" Gruñó Hades. "Sé que no soy el mejor vecino de todos los reinos de los muertos, pero al menos no ataco fuera de mis fronteras. El mundo de los vivos es otra cosa, mis disputas iban hacia allá, pero ¿Otros reinos de muertos? NO."

"He revisado los archivos, no tenemos registro que en este Inframundo hayamos aceptado ocultar alguna de las cabezas que esos malditos buscan, pero sospecho que podrían no habernos avisado. Quizás si negociamos…"

"ABSOLUTAMENTE NO." Ladró Hades, golpeando el escritorio. "Ya estoy más allá de eso, Tengo testigos de que intenté parlamentar con ellos, pero no me hicieron juicio y ahora el que no quiere hablar, SOY YO." El dios se alejó del escritorio rezongando de enojo. Se detuvo frente a un ventanal. "Es hora de tomar la ofensiva. Me cansé de esperar a que me…"

"¡HYPNOS!"

La puerta se abrió de golpe y Pasitea irrumpió en el despacho pálida de susto. Pandora y Radamanthys intentaron atajarla en vano. Los espectros que habían puesto a cuidar la puerta ni siquiera lo habían intentado. La gracia avanzó hasta su ex y le sujetó por las manos.

"¡Tienes que hacer algo! ¡Phantasos todavía no llega! Debió llegar a las 19:45, pero nada. No contesta el teléfono y Caronte dice que sí la ayudó a cruzar el río…"

"Err…"

"¿Pasitea?" Preguntó Hades perplejo, quizás un poco molesto por la interrupción, pero al mismo tiempo curioso.

"Señor Hades, mis disculpas, pero no doy más. Phantasos me tiene preocupada, ella no es así… Fue al mundo humano y me llamó cuando estaba en Eleusis diciéndome que ya regresaba…"

Hades levantó las cejas. No sabía que Phantasos había salido del Inframundo. Hypnos en cambio tuvo que hacerse el sorprendido, pues se había enterado por accidente del paseo de su hija. Thanatos bajó los hombros.

"¿Quién le dio permiso a Phantasos de salir? Estamos en medio de una guerra, no debió…" Comenzó Hypnos.

"Yo le di permiso." Gruñó Pasitea, pero en seguida insistió. "Debió haber llegado, ya debería haber cenado, y no está… ¿Y si le pasó algo camino aquí?"

"Pasi." Le dijo de pronto Thanatos. "Quédate tranquila, quizás se entretuvo en el camino…"

"¡Pero son más de las 20:00! Me hubiera avisado por cualquier cosa."

"Yo sé, pero quizás se quedó sin batería… o algo. Mira: Terminamos la reunión, yo mismo iré a buscarla. ¿Dijiste que Caronte ya la cruzó?" Preguntó Thanatos. Hypnos carraspeó.

"Eso dijo." La gracia se volvió hacia Hades. "Sé, mi señor, que la guerra consume muchos recursos, pero si pudiera disponer de tan siquiera un espectro que me acompañe a buscar a mi hija…"

"¡Por ningún motivo! No te puedes arriesgar sola fuera de palacio." Gruñó Hypnos cruzándose de brazos. El dios tuvo un presentimiento extraño, que hizo que le subiera una extraña acidez por el esófago. "Phantasos aparecerá. Pasitea: si me das unos momentos…"

La gracia hizo un puchero y se soltó del agarre de Thanatos. Intercambió una mirada con Hades, quien se veía neutral a simple vista, como intentando convencerlo de algo, negándose al mismo tiempo de cruzar miradas con su ex esposo. Sintió el suave toque de las manos de Pandora.

"Vamos señora, los señores se encargarán ni bien termine la reunión. No queda mucho en todo caso, puede quedarse tranquila."

Pasitea echó una última suplicante mirada a Hypnos, pero se rindió pronto y se dejó guiar hacia la salida. Una vez fuera, Pandora cerró la puerta dejando a la diosa fuera sin más compañía que de los espectros que no habían querido detenerla momentos antes. La Gracia hizo un puchero y empuñó las manos.

"Nada de esperar: ¡Yo misma voy por mi niña!"

Exclamó entre dientes y con toda la decisión del mundo, se alejó por el corredor. Los espectros cruzaron una perpleja mirada. Pasitea avanzó decidida con esa sola idea en la cabeza, incluso pensando en donde podría haber metido su propio kamei (sabía que tenía uno, pero no recordaba donde lo guardaba). Estaba por comenzar a subir unos escalones cuando le atraparon la mano.

"¡Hypnos! Suéltame: ¡Tengo que ir por mi niña!"

"No lo harás." Le dijo severo. "Es peligroso allá afuera."

"¡Claro que es peligroso! ¿Quieres que me quede tranquila mientras…?"

"Yo iré a buscar a Phantasos." Le dijo con firme gravedad, pero muy decidido y ocultando su inesperada preocupación. "Ahora… dime todo lo que sabes o no sabré por donde comenzar: tú la conoces. Yo no."

Algo en la mirada de Hypnos tocó el corazón de Pasitea, quien sintió como sus ojos se deshacían en lágrimas. ¿Era acaso alivio y angustia a partes iguales? Antes que se diera cuenta había caído sentada en los escalones y lloraba de preocupación, mientras se dejaba consolar por su ex esposo.

Ninguno de los dos rehusó el contacto.


Monte Olimpo. Estancias de Hestia.

Dos días después. 5 de mayo. 16:42 horas.

Zeus estaba de un humor del terror y se había asegurado que todos en el Olimpo lo supieran. Las noticias del rapto de Artemisa se habían esparcido como la pólvora y nadie quedó indiferente. Inmediatamente comenzaron a buscarla por toda la faz de la tierra, pero sus guardianes no podían dar mucha información. O estaban inconscientes (Odiseo iba y venía), o en coma inducido para ayudar su recuperación (como Teseo y Touma) y no parecía que serían de mucha ayuda pronto. En algún momento de más lucidez, Odiseo volvió a decir que los habían atacado dos ajawab de Xibalbá, pero esa pista era de difícil manejo. El único acceso conocido a ese reino de muertos era a través del Inframundo, pero los constantes ataques a los dominios de Hades hacían de esa tarea algo casi imposible, y no había certeza que Artemisa estuviera en el Xibalbá, dado que todas las pistas indicaban que se habían quedado en el mundo humano.

Hades estaba perfectamente al tanto de esta desaparición, pero apenas podía disponer de gente para que ayudasen a buscar, sin mencionar que Phantasos seguía desaparecida, afectando de ese modo el desempeño de los dioses oníricos.

Quetzalcóatl suspiró apenado. Siempre le afectaban estas malas noticias y, como era su costumbre, no quería quedarse al margen cuando él mismo podía ayudar en la búsqueda. Un dios olímpico solo podía acceder al Xibalbá si entraba desde el Inframundo de Hades, pero él podía ir y venir a gusto al ser parte también de la cosmogonía maya, bajo el nombre de Kukulcán.

No podía quedarse de brazos cruzados cuando necesitaban su ayuda, pero eso al mismo tiempo le rompía el corazón. Buscar en el Xibalbá era algo que fácilmente podía tomar días, y eso le quitaría tiempo para visitar a cierta diosa del hogar.

Sonrió para sí mismo al tiempo que se masticaba una barra de chocolate. ¡Por la vida entera! AMABA el chocolate. En ese momento vio a Hestia de reojo, que le miraba con dulzura y educación, por lo que la subida de endorfinas en su sistema fue particularmente placentera. No la había sentido llegar: tragó rápidamente sin atragantarse y se acicaló las plumas. Le sonrió lo más educadamente que pudo, con toda la elegancia del caso, pero solo se vio como un idiota con manchas de chocolate en la comisura de los labios. En serio, ¿en qué momento esta diosa conseguía que se sintiera como mocoso imberbe e inexperto?

Hestia se le acercó y con un pañuelo que sacó de entre sus ropas, le limpió los restos de chocolate.

"Parece un niño pequeño, señor. Déjeme." Hestia terminó de revisarle la cara. "Me sorprende que con tanto chocolate no le dé indigestión."

"Jejeje, estoy acostumbrado, señora." Le toma las manos. "¿Ya consideró la invitación que le hice?"

"Todavía falta mucho para la fiesta de todos los muertos…"

"Aaah, solo preveo tiempo para poder convencerla. Por ahí me dijeron que a usted no la convencen fácil. Es una fiesta muy linda… sé que la disfrutará mucho."

"Lo estoy pensando, señor, todavía tengo que coordinar muchas cosas y…"

"Siempre puedo traer la fiesta para su casa." Añadió con una sonrisa. "Con todo y decoración, comida también. No es por ser arrogante, pero hago un guacamole que siempre me piden más… bueno, a Tláloc no le gusta." El dios se detuvo pensativo. "Aunque nunca le gusta nada al muy gruñón."

"¿También cocina? Vaya, usted es un dios de muchos talentos." Hestia sintió una gota en la cabeza. Ninguno de sus hermanos sabía cocinar.

"Uno tiene que aprender a hacer de todo." Le dijo con travesura, mientras le guiñaba un ojo. Claro que en seguida puso cara seria. "Señora… creo que me veo obligado a romper mi promesa."

"¿Cuál promesa?" Preguntó Hestia desconcertada. No recordaba que Quetzalcóatl le hubiera prometido algo.

"Prometí que vendría seguido, pero tendré que espaciar mis visitas. Sé del secuestro de su sobrina y no puedo hacerme el loco: creo que puedo ayudar a buscarla en el Xibalbá. Aun cuando ustedes logren entrar allá… no conocen ese reino. Yo sí." Hestia parpadeó sorprendida sin duda. La serpiente emplumada hablaba en serio y podía sentirlo. "Por el bien de la doncella, no puedo dejar pasar esta oportunidad. Me duele en el alma decepcionarla."

"¿En serio pretendes ir en busca de Artemisa?" Preguntó con interés. La desaparición de la diosa de la luna tenía a todo el mundo muy preocupado, y ella no era indiferente. Se sonrojó un poco. "¿Puedo preguntar a qué se debe que desvíe su atención a asuntos más importantes?"

"¿Está celosa, señora?"

"¡Claro que no!" Se apuró en aclarar, aún más roja. "Solo me llama la atención, ¿por qué un dios como usted se involucraría en una búsqueda como esta?"

"Que quede claro que no hay nada más importante para mí que usted, señora." Quetzalcóatl le sonrió travieso, pero de nuevo se puso serio. "No quiero darle esperanzas, ni a usted ni a la madre de la muchacha. Conozco el Xibalbá, tengo una buena posibilidad de encontrar a la señorita Artemisa allí, incluso creo que puedo conseguir ayuda de otros dioses mexicas. Quiero partir cuánto antes a investigarlo."

"En serio piensa ir por ella." Hestia se tomó sus propias manos con fuerza, en señal de preocupación. "… es peligroso, señor, yo…" Quetzalcóatl la tomó por la barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos. Supo en ese instante que la diosa estaba enternecida por su gesto, pero al mismo tiempo muy preocupada por él.

"No dejaré a una doncella a merced de esa situación si puedo evitarlo. Necesita toda la ayuda que pueda conseguirse y no soy indiferente a eso." La serpiente emplumada ladeó la cabeza, quizás coqueto. "Además su rapto ha ensombrecido su bello rostro y quiero remediarlo."

"¡¿Mi rostro…?!" Hestia no estaba para nada acostumbrada a ese tipo de insinuaciones, pero no supo si sentirse ofendida o no. Se encendió como una brasa brillante. Es que no podía enojarse con ese dios. Aun así, había que mantener la dignidad: Carraspeó y frunció el ceño. "Seguro se lo dice a todas."

"Usted es mi todas, señora." Insistió Quetzalcóatl contento con el efecto que causaba. Hestia le miró enfurruñada unos momentos más antes de suspirar.

Como que de pronto… este dios extranjero le hacía tener latidos lindos de corazón…

"¿Tendrá cuidado, mi señor?" Le preguntó casi con timidez.

"Todo el del mundo. Prometo no acercarme a ninguna fogata." Añadió con alegría. Hestia entonces le tomó ambas manos y le besó las palmas, sintiendo un agradable calorcito.

Aquel gesto le aceleró el corazón, más al notar como una de las bendiciones de la diosa se derramaba en su sistema. Esta vez el sorprendido fue él.

"Sé que no se lleva bien con las llamas… pero… en lo que a mí respecta, desde ahora cuenta con la protección de todas y cada una de las fogatas que se encuentre."

"Errr… mi señora, no era necesario… yo…" Quetzalcóatl se cohibió un poco, enternecido. Sus plumas se achataron contra su cabeza. "Verá que volveré con bien."

"Más le vale, mi señor." Asintió Hestia muy severa. Entonces la diosa puso un saquito pequeño en sus manos. El olorcillo que emanaba le llenó el pecho de alegría. Sin esperar nada, abrió para ver de qué se trataba. "¡BARRAS DE CHOCOLATE!"

"Con avellanas, almendras o solas. Le darán energía." Hestia sonrió como colegiala. "Las preparé anoche."

"¡¿Las Hizo Usted?!" Preguntó con entusiasmo.

"Sí… Err… pues…"

"¡ESTO ENAMORA, SEÑORA!" Sin medir sus actos, y de lo contento que estaba, Quetzalcóatl abrazó a la diosa con ganas. Antes de soltarla del todo, la besó en los labios, provocando la sorpresa de la misma. El dios no podía dejar de sonreír. "¡Ya Verá Que Vuelvo En Unos Días Con Noticias! No Tengo Tiempo Que Perder. ¡Ha Llenado Mi Vida De Felicidad! LA AMO."

Volvió a darle un beso algo más apasionado, antes de soltarla y salir corriendo. Perpleja y pasmada, Hestia se quedó allí de pie, sin saber qué hacer. Estaba a punto de llevarse los dedos a los labios, cuando la serpiente emplumada, con nuevas manchas de chocolate en los labios, regresó corriendo, la abrazó y besó con pasión y volvió a dejarla sola, esta vez marchándose definitivamente. A la diosa le temblaban los pies y el corazón se le desbocaba en el pecho. Por instinto comenzó a buscar una silla, pues las rodillas comenzaban a fallarle, pero en ese momento.

"¡HESTIAAAAAAA!"

"¡QUÉ EMOCIÓN!"

Deméter y Hera explotaron de una puerta cercana y comenzaron a bailar emocionadas alrededor de su hermana mayor. No recordaba que estas dos hubieran ido de visita ese día y vaya a saber Zeus desde cuando estaban escondidas, pero como que eso de momento no le importaba…

… la sensación en sus labios ocupaba todas sus neuronas.

Se sentía feliz.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Muy Malos Entendidos

Leto rompió en lágrimas y se dejó consolar por su hijo, quien pensaba a toda velocidad sobre qué poder hacer. Pensó en Quetzalcóatl, en su melliza, en Hypnos. ¿Phantasos? Cierto, la más joven de todos los sueños. La última vez que la había visto fue cuando tenía como tres meses de vida: una cosa chiquita adorable, de nariz regordeta que se volaba en fiebre. ¡Vaya que había pasado el tiempo! Ni se acordaba que existía…


Nota Mental: Ármense de paciencia que Artemisa estará desaparecida algunos capítulos, y sus angelitos algo noqueados. Compréndanlos, a los pobres le dieron una buena paliza. Al menos alguien fue feliz en este capítulo, que Hestia quedó tan contenta que apenas sí escuchaba a sus hermanas chillando alrededor suyo. Quetzalcóatl también quedó muy entusiasmado: por lo visto, a todo hombre, sea cuál sea su naturaleza, se le conquista por el estómago. XDDD. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.

Ploutonium: (griego antiguo: Πλουτωνειον, "lugar de Pluto") Son las puertas al Inframundo. Eran lugares sagrados ubicados en algunos santuarios y templos que, en efecto, eran portales. Estaban dedicados al dios Pluto, (en griego antiguo Πλοῦτος, 'riqueza') la personificación de la riqueza, hijo de Démeter y Jasión (dicho sea de paso, la diosa amó a este héroe con todo su corazón) y en este sentido, es también un dios de la agricultura, relacionado a la cosecha como abundancia.

Los ploutonium son las entradas, entonces, al Inframundo. Hay una en el Santuario de Eleusis, Grecia (es la que usa Phantasos en este capítulo), y otra muy célebre que fue hallada hace poco en Pamukkale, Turquía. Estrabón escribió que la puerta estaba rodeada de vapores malignos, lo cual encaja con una gruta con aparentes construcciones rituales encontrada en 2013 en Pamukkale por arqueólogos italianos.

Podalirio: (en griego antiguo Ποδαλείριος) es un héroe de la Guerra de Troya. Es uno de los hijos de Asclepio, dios de la medicina, y de Epione, y por tanto hermano de Macaón. Como éste, fue pretendiente de Helena de Troya y fiel al juramento de Tíndaro, participa de la Guerra de Troya. Allí, junto con Macaón, se convierte en médico cirujano del bando aqueo, sin que ninguno participase de las acciones de guerra, pero su profesión no los hacía inmune a las heridas de guerra. De los dos hermanos, fue el único que sobrevivió la conflagración.

Según cuenta el Pseudo–Apolodoro, Podalirio eligió la vía terrestre al final de la guerra, y formó parte de los que enterraron en Colofón al adivino Calcas. Después consultó al oráculo de Delfos para saber dónde establecerse, y el consejo fue el de instalarse en la ciudad donde, si el cielo cae, no sufrirá ningún daño. Se instala, pues, en el Quersoneso de Caria, en un valle rodeado de montañas. En su Descripción de Grecia, Pausanias cuenta que Podalirio se extravió en su vuelta por mar y se instaló en Siros, también en Caria

Macaón: (en griego antiguo Μαχάων) reinó junto a su hermano Podalirio sobre tres ciudades de Tesalia (o la posible Mesenia). Tenía el don, que había recibido de su padre, de curar las heridas, hasta las más graves. Curó a Menelao, que había sido herido por una flecha de Pándaro, y a Filoctetes, que tenía una herida ulcerada que se había causado al herirse accidentalmente por una flecha de Heracles hacia diez años.

Durante una de las batallas, Macaón fue herido en la espalda por una flecha de Paris, y fue rescatado por Néstor. Quinto de Esmirna relata en sus Posthoméricas que Macaón fue muerto por Eurípilo, hijo de Télefo, en el transcurso de una batalla anterior al saqueo de Troya. Este aspecto entra en contradicción con la Eneida de Virgilio, donde se expone que Macaón entró en la ciudad metido en el Caballo de Troya. Sus cenizas fueron llevadas por Néstor a un santuario de Gerenia al que acudían los enfermos buscando curación.

SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. El camino hacia Xibalbá estaba plagado de peligros; escarpado, espinoso y por completo prohibido para los extraños. Son como siguen:

1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.

2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.

3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.

4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.

5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.

6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.