Aiacos sufre solo porque quiere no más, su imaginación bastante que lo castiga… y le hace meter las patas, pues dudo que Violate aprecie sus impresiones. Hypnos por su parte en serio está muy preocupado por Phantasos… lo que incluso desbloquea algunos de sus recuerdos. Al menos él no ha tenido noticias de su hija.


¡HOLA A TODOS! A estas alturas, en el Santuario de Athena, los eventos del fic Nec Spe, Nec Metu se están desarrollando. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!


Capítulo 13: Y siguen los líos.

Giudecca. Palacio de Hades. Comedor Principal.

Dos días después. Esa noche. 10 de mayo. 20:30 horas.

Pandora y Radamanthys se miraron de reojo, sintiéndose ambos igual de incómodos. De hecho, eran los únicos que estaban actuando normal en esa cena. Hacía unos días que habían incorporado a Violate como invitada permanente, lo cuál no fue mal recibido. La cara que le puso Aiacos el primer día cuando llegó la espectro fue, durante una fracción de segundo, como la de un cachorrito tierno que está siendo mimado, porque se puso contento como no tienen idea con esta noticia, pero luego se había retraído al interior de su mente a refunfuñar a gusto, mirando cada tanto a Violate con más ternura de la que hubiera creído. Cierto, se enojaba mucho cada vez que veía a Minos interactuando con ella, pero se portaba como todo un caballero con la mujer: le afirmaba la silla, le sujetaba la puerta… ese tipo de cosas que Violate apenas toleraba nada más porque Hades estaba presente. En circunstancias normales ya le habría dicho que dejara las tonterías.

En todo caso, invitar a Violate y asegurarse que estuviera sentada junto a Aiacos durante las cenas, había sido un acierto, aunque no se notara mucho. Era evidente que sí se buscaban para conversar, aunque uno de ellos terminara cohibiéndose, pero algo conversaban. Hades y Perséfone estaban muy entusiasmados con esos signos, lo que los tenía de buen humor. Otro que estaba de un estupendo ánimo era Minos de Griffin, que estaba en las nubes de contento y no había fuerza sobre el inframundo capaz de borrar su sonrisa, y eso que durante el ataque de esa tarde se habían hecho grandes esfuerzos por dejar que se riera. Nada derribaba su felicidad, lo que incluso llegó a perturbar a sus propios espectros, ya acostumbrados que su jefe se portara como un sociópata.

Aun con lo contento que estaba, cada tanto Aiacos se ponía azul de angustia. Ni los dioses parecían notarlo, quizás porque cada vez que miraba de reojo hacia Violate, sonreía como tonto sin darse cuenta, pero una vez que se fijaba en su plato, volvía a ponerse azul. Claro que cuando miraba hacia Minos, se ponía rojo, pero de ira contenida. Para colmo se estaba alimentando muy mal. No tenía hambre y comía obligado, siempre haciendo pucheritos como nene remilgoso. Sobra decir que la presencia de Violate en algo había incentivado su apetito e intentaba componerse.

Pandora y Radamanthys eran los únicos que se estaban comportando normalmente: preocupados y pesimistas. Algo iba a pasar, lo sentían en los huesos. Al menos la conversación parecía estar bastante animada, lo suficiente como para que Aiacos pudiera aventurar preguntarle algo a Violate sin ser centro de la atención.

"Y… Hmm… ¿Cómo te has sentido?" Le preguntó Aiacos en voz tan baja, que por un momento Violate pensó que había sido su imaginación. Era como si estuviera haciendo un esfuerzo extra por no meter las patas.

"Bastante bien, al contrario de usted, señor."

"Yo me siento bien."

"Apenas ha probado bocado. Usted suele tener buen apetito, si no come es porque se siente mal." Rezongó Violate. Oh sí, había bastado apenas una cena y media para que se diera cuenta que Aiacos no estaba comiendo con el apetito de siempre.

"¿Te fijas en lo que como?" Preguntó Aiacos sorprendido y enternecido. No había burla en su pregunta. Violate le miró de reojo y le dedicó una sonrisa que le hizo esbozar otra al juez.

"Alguien tiene que hacerlo. Y deje de sonreír así de cursi, arruina su reputación."

Aiacos carraspeó y se concentró en su comida. Como que de pronto le había dado más hambre. Comenzó a probar bocados con más ganas, sintiéndose cada vez mejor, lo que contribuyó a que su rostro adoptara colores más saludables. A su lado, Violate parecía rezongar molesta, pero estaba contenta con el cambio de actitud de Aiacos: llevaba días que lo veía enfermo y retraído, sin mencionar que había notado que las noches previas apenas había cenado.

Hades y Perséfone, al notar el sutil intercambio, se dieron un codazo y fangirlearon en secreto. Lo que veían los entusiasmaba y echaban chispas por los ojos. Fue ese momento el que Pandora comenzó a considerar el más peligroso, Radamanthys se fijó en Minos que llegaba a vibrar de alegría y tuvo el mismo instinto: algo iba a pasar. Le hizo una seña a Pandora y levemente comenzó a levantar el mantel para darle un mejor acceso bajo la mesa en caso de que la heraldo tuviera que buscar refugio. En mal momento tomó su copa de vino y tomó un sorbo para calmar los nervios.

"¡ME CASO CON INGRID!"

Radamanthys casi escupió lo que había bebido y todos soltaron los cubiertos. Los dioses se quedaron mirando a Minos boquiabiertos, quien estaba de pie y agitaba los brazos. Violate, quien ya sabía y había tenido tiempo de asimilar la idea, se puso contenta por su amigo, bebiendo a su salud. Aiacos volvió a ponerse azul, perdió el apetito de golpe y se hundió en la silla. Pandora también fue tomada por sorpresa, pero dirigió su mirada hacia Hades antes de decidir como se sentía. Ingrid no era del agrado de todos, pero nadie podía negar lo enamorado que estaba Minos (quizás Aiacos, pero por celoso), por lo que el dios, tras sacudir un par de pensamientos negativos, se puso de pie con los brazos extendidos.

"¡FELICITACIONES!" Exclamó con alegría. Cierto, si Afrodita tenía razón, el karma estaba por darle una soberana paliza, pero ¿para qué arruinar su momentánea felicidad? "¡¿Cuándo es la fiesta?!" secretamente, Hades contactó a Perséfone por cosmo. "Recuérdame que sí o sí debemos contratar un psicólogo, un experto en terapia de parejas y un psiquiatra." La diosa asintió con disimulo.

"¡Minos de Griffin!" Perséfone se levantó y al rodear la mesa, le abrazó, aunque… más que de felicidad absoluta, parecía un abrazo de apoyo absoluto. "¡Hasta que Por Fin Sientas Cabeza! ¡Esto es una gran responsabilidad!"

"¡PEDAZO DE IMBÉCIL!" Exclamó Pandora, rodeando la mesa. Ella sí que le dio un abrazo alegre… al menos en estándares pandorianos. "¡Serás la Ruina de esa Mujer! Ojalá que seas muy feliz."

"¡Otro Que Se Matrimocidia! Ya parecemos dorados." Gruñó Rada, dándole un fuerte palmazo a su colega en la espalda. "¿Ya le dijiste que eras un juez de Hades?"

"¡Naaaah, todavía no!" Exclamó Minos muy sonrojado. "Le diré en la noche de bodas."

"La que por cierto tienen más que adelantada. ¡Ya se lo dije el otro día!" Comenzó Violate, muy tranquila. "Si usted es feliz, yo también."

"Vas a tener que decirle pronto a Ingrid que eres uno de mis jueces, o pensaré que te avergüenzas de mi." Bromeó Hades. "¡Esto amerita un brindis!"

"Espero que no fijen fecha pronto o tendremos que apurarnos en detener esta guerra pronto." Comentó Perséfone. "¡Será una fiesta muy linda!"

No pasó desapercibido para Violate que Minos no dijo nada sobre su inminente paternidad. Ella tampoco lo iba a comentar, cuando estuviera listo, sabía que diría algo. Las felicitaciones y bromas de doble sentido se sucedieron unas tras otras, pero la espectro no se sentía con ganas de participar de ellas. Harto que había molestado a Minos por esta decisión, que esperaba fuera la adecuada. En poco tiempo había logrado encariñarse bastante con el juez de Griffin, ahora que se había dado permiso para conocerlo, comenzó a recordarle a su hermano mayor, lo que la puso en modo hermana menor. Sin embargo no podía sacudirse la sensación que esto iba a terminar mal para Minos, pero no sabía si era prudente entrometerse todavía.

Si Ingrid llegaba a hacerle daño a Minos, se las vería con ella. Entrecerró los ojos, sin poder evitar pensar en el bebé que venía. Mejor se sacudía esos pensamientos tan negativos de la cabeza.

Fue cuando notó la mirada de Aiacos. Estaba morado de angustia y rabia, pero al mismo tiempo desolado. Apenas se movía.

"¿Señor Aiacos? ¿Se siente bien?"

"Violate. ¿Cómo puedes estar así de tranquila?"

Como ya se había hecho costumbre, Aiacos se había pasado tremendo rollo en la cabeza. El anuncio de Minos no podía haberle hecho peor. ¡¿Cómo que se casaba?! Obviamente no diría nada al respecto del supuesto embarazo de Violate, pero ¡¿Cómo tenía el descaro de casarse con Ingrid y dejar a la madre su hijo a la deriva?! ¡ESO NO SE HACÍA! ¿Quién se haría cargo del pequeño? No era por subestimar a Violate, pero, ¿cómo se las arreglaría? ¡¿Y como se había rebajado tanto?! Era su culpa. Tenía que ser su culpa: creyó que su ala derecha nunca se iría de su lado y que podría estar por siempre con ella y al darla por hecho, la hizo sentir soltera. ¡ERA SU CULPA!

Mientras todos estos pensamientos se arremolinaban en su cabeza, Violate le miraba perpleja, y hasta ladeó la cara.

"¿Siente bien señor?" Le preguntó con una media sonrisa. Aiacos tuvo un tic en el ojo.

"NO. ¡No puedo creer que estés contenta!"

"Minos está contento, y eso me hace feliz. La tipa no me cae bien, pero está enamorado de ella." Violate se encogió de hombros. "El sabrá cómo vive su vida."

"¡¿Pero cómo permites esto?!" Exclamó Aiacos escandalizado. ¿Tan bajo había caído su flor carmesí? Debió atender mejor sus necesidades afectivas. "¿No tienes dignidad acaso?"

Esta pregunta molestó bastante a Violate, quien en seguida frunció el ceño. Obviamente no tenía ni la más pálida idea de todo lo que pasaba por la mente de Aiacos. Aunque si supiera la imaginación que tenía el pobre y qué le estaba provocando…

"Oh sí, claro que la tengo, señor Aiacos." Gruñó entre dientes. "Por eso tomé el puesto como capitana de la escolta. Si usted no confiaba en mi, traje mis servicios donde sí fuera apreciada. ¡Al menos obtuve lo que buscaba!"

Obvio que Violate se refería al nuevo puesto, pero Aiacos lo interpretó mal. Casi se fue de espaldas cuando la espectro terminó de hablar.

"¡Apruebas!" Exclamó con la voz en un hilo y a punto de infartarse. "Pero… pero… pero…"

"Ya deje los tartamudeos y al menos felicite a su hermano de armas, que bien contento está." Violate se puso de pie, pero se inclinó amenazadoramente hacia el juez. "El señor Minos tomó una decisión muy seria y está feliz. Usted no tiene idea lo que pasa por su corazón. Hay cosas que debería entender."

Violate no quiso traicionar el secreto que le había confiado Minos, pero de todos modos quiso explicar que el momento por el que atravesaba el juez de Griffin era de los más importantes por los que un hombre decidido podía pasar, más si se tenía a consideración la inminente llegada de su pequeñín, cuya eco llevaba cerca del corazón. Aiacos no lo entendió de ese modo, pero no dijo nada, mudo de la impresión, mientras trataba de sofocar el volcán de ácido que de pronto tenía en el estómago. Violate se alejó y se acercó al festejo, pues ya llevaban un rato felicitando a Minos, y hasta sospechaba que Pandora había traído otra botella de vino para celebrar.

Aiacos se quedó ahí, pasmado, sin saber qué hacer.

¿Y ahora como cuidaría de Violate?

… como si necesitara cuidados…


Giudecca. Despacho de Hypnos.

Día siguiente. 11 de mayo. 10:03 horas.

Abrió los ojos, aunque todavía tenía la sensación de arena en ellos. Hypnos gruñó un poco y estiró los músculos de los brazos. Estaba echado en un sillón, vigilando como Pasitea dormía. La gracia había pasado una pésima noche, preocupada porque de Phantasos no se sabía nada y para colmo no podía descansar. Se la pasó sufriendo toda la noche e incluso se descubrió a sí mismo bastante preocupado… No, Phantasos no se iba a morir, solo estaba perdida. No se le iba a morir otro hijo más, solo estaba perdida. Perdida, no era lo mismo que fallecida. No sabía donde estaba, no los llamaba, pero eso no significaba que estuviera muerta. Solo estaba en algún lugar del mundo, con el celular apagado y sin acceso a la cosmonet, eso no quería decir que estuviera muerta. No estaba muerta, solo perdida.

Como ven, él mismo trataba de convencerse que no estaba preocupado. Tampoco había tenido una buena noche.

¡ARGH!

Como si la mocosa no tuviera recursos. ¡¿Pero en qué estaba pensando?! ¡¿Qué no sabía que su mamá estaba casi loca de la preocupación?! ¿Cómo se atrevía a angustiarla tanto?

Esa desolación… como cuando un hijo estaba a punto de morir. La conocía bien… la había sentido demasiadas veces en su vida, más de lo que era sano. ¡Pero Phantasos no estaba muerta ni iba a morir! Y aunque así ocurriese, ¡Era solo Phantasos!, ¿Cuál era el problema que desapareciera? No era eso lo que siempre…

Nunca había mostrado preocupación por su hija. Nunca. ¡¿Qué derecho tenía de angustiarse por ella?! Había crecido perfectamente sin su ayuda, alejada de él, de su corazón. Era una buena guerrera, tenía recursos… nunca le enseñó nada y ahí estaba… autosuficiente, independiente, fuerte y bien despierta… nunca lo necesitó.


Flashback

"¡¿Cómo puede ser normal que tenga fiebre?! Tiene tres meses, es una diosa, no es normal que ARDA en temperatura." Protestó Pasitea con energía, muerta de preocupación. Apolo le puso una mano sobre el hombro.

"No se va a morir, esto es solo un resfrío humano…"

"¡He visto bebés humanos morir por menos!" Insistió la Gracia. "¡Los dioses no nos resfriamos!"

"Tu pequeña sí… entiende, sobrevivió a la Sofocación…"

Hypnos no quiso seguir escuchando la explicación con la que Apolo intentaba hacer que Pasitea entendiese. No le importaba. Miró entre sus brazos a la pequeña que ardía en fiebre, cuyas regordetas mejillas y naricita estaban rojas por la temperatura. Su carita estaba contraída de dolor y cansancio. La meció un poco: ¡Era tan pequeñita y calzaba tan bien en sus brazos! Miró de reojo hacia Apolo y gruñó. No quería escuchar su explicación, ya había entendido lo que quería… Phantasos no se iba a morir.

No iba a perder a otro hijo.

Fin del Flashback.


No conocía a su hija. Para nada. Pero no se iba a morir, eso no iba a pasar. Se miró los brazos y los posicionó como si la cargase de nuevo siendo peque. ¿Por qué lo asaltaban esos pensamientos justo ahora? Había olvidado que la había cargado de esa manera. ¿Por qué pensaba tanto en Phantasos? ¿Por qué justo esos pensamientos lo acosaban ahora? Se supone que ni siquiera debería incomodarle, pero daba la impresión que tenía una espina de mil años de peso clavada en el corazón mismo. ¡¿Por qué JUSTO ahora?!

¿Estaría bien?

Hypnos bajó los brazos y se levantó. Arropó a Pasitea con una manta y salió de la habitación. Arrastrando los pies se dirigió hacia su despacho, a tratar de despejarse un poco, gruñendo entre dientes por no estar acostumbrado a preocuparse por la mocosa. Eso le contrajo el corazón bastante feo. ¿Qué pasaba con él? Toda una pequeña eternidad sin mosquearse por lo que pasara con su hija y ¿ahora venía a traumarse?

¿Tendría frío? ¿Hambre?

"Phantasos seguro está bien." Le dijo de pronto Thanatos. "Tiene recursos, es buena guerrera. La encontraremos pronto."

"Claro que tiene recursos. Es ajedrecista ¡Y bastante buena!"

"¿Tú como sabes eso?" Preguntó Thanatos sorprendido. Hypnos no respondió.

No sabía ni como explicar que lo sabía.


Flashback.

Un año antes.

"¿Qué haces aquí?"

Más que molestarse, Hypnos sonó sorprendido. Había salido un momento de su oficina al baño, y al regresar se encontró a Phantasos, con una carpeta con papeles en la mano (seguramente los informes que le había pedido) observando con atención su tablero de ajedrez. Algunos de sus hijos habían mostrado interés por el juego, pero ninguno perseveró en el hábito, por más que lo intentó. Con la mocosa ni siquiera lo intentó.

"Disculpe, señor Hypnos." Se apuró en decir sorprendida, como si no hubiera esperado que llegara tan pronto. "Vine… vine… a dejarle el reporte que me pidió… y…"

"¿Acaso entiendes las piezas que las miras tanto?" Hypnos se ajustó los lentes y se acercó, con las manos en la espalda. Phantasos se alejó del tablero y bajó la cabeza, en actitud de respeto. "Responde, Phantasos."

"No sabría decirlo, señor." Dijo Phantasos con calma. "Esta partida parece estar muy complicada de resolver…"

"Está en tablas." Hypnos se rió burlón, mientras se acercaba al tablero. "Deja de mirar las piezas, que se van a gastar."

"No me parece en tablas, solo dije que estaba muy complicada de resolver." La diosa gruñó por lo bajo, nada contenta con estar bajo el escrutinio de Hypnos. Suspiró cansada. "Discúlpeme señor. Ahí le traje los informes, así que si me disculpa, me retiro."

"¡Vaya! Crees que sabes jugar." Comenzó de súbito interesado, sentándose frente al tablero. "Ven Phantasos: Toma asiento, y dime… ¿Qué torpeza harías? Es el turno de las negras."

Con el orgullo picado, la diosa se sentó frente a su padre e inflando las mejillas, observó el juego con mayor interés, con la suficiente concentración como para dejar caer la ilusión de su rostro durante algunos momentos. Fue cuando movió un peón con el que todavía no se jugaba, quizás despejando algunas posibilidades.

"Torpeza mis polainas, señor." Le dijo mirándolo a la cara, desafiante.

"Estás sensible, niña…" Hypnos se fijó en sus piezas. Mover aquél peón parecía una torpeza sin duda, pero abrió posibilidades en el juego. No, no era una jugada torpe. Hizo su jugada. "Hmmm… ahí tienes." Dijo burlón, pero Phantasos jugó rápido y decidida, obligándolo a tomárselo en serio. Volvió a jugar, sorprendiéndose con la facilidad con la que Phantasos se reponía. La mocosa sí sabía jugar y lo hacía veloz. "Vaya…" Murmuró. Phantasos volvió a hacer su movida.

"Jaque."

"Hmpf." Hypnos se deshizo del jaque, pero nuevamente lo dejaron contra las cuerdas. Volvió a deshacer la movida de su hija, sorprendiéndola con una jugada sorpresiva que cambió sin duda la dirección del juego. "Jaque, Phantasos."

Phantasos frunció el ceño, mientras su mirada bailaba por el tablero. Se sopló el flequillo y molesta, botó el rey, dándose por vencida.

"¿Por qué hiciste eso? Aún quedan algunas jugadas."

"Solo un par más y de todos modos me ganaba, señor Hypnos. No tenía escape, hiciera lo que hiciera." Reconoció sin mucho drama. Hypnos reordenó las piezas con su cosmo, y la miró entrecerrando los ojos.

"No sabía que jugaras ajedrez. ¿Cuándo aprendiste?"

"Hace poco." Mintió, pues había aprendido de pequeña. Eso la puso incómoda: no quería que su padre supiera que tenía algo en común con ella. "Juego en el Tablet. Aunque soy muy mala." Rezongó impaciente, sin decirle que adoraba jugar.

"¿Juegas contra una máquina? Aburrido y poco desafiante." Hypnos pareció comprar su versión. "¿Aprendiste sola?"

"Sí, juego contra una máquina. Aprendí por ahí." Le dijo de mala gana, sin decirle que había aprendido mirando a escondidas como él y su tío jugaban ajedrez, siendo todavía peque. "Juego pésimo."

"Mala no eres, aguantaste varias de mis jugadas." Le comentó, sorprendido por notar el potencial que tenía su hija. Quizás… ¡quizás hasta podrían jugar…!

"Nunca estaré a su nivel, señor Hypnos, ni a usted le gusta pasar tiempo conmigo. ¿Ya me puedo ir?" Preguntó Phantasos con una frialdad glacial.

"¿No quieres jugar de nuevo?"

"No." Gruñó al ponerse de pie. "¿Me puedo retirar señor Hypnos?"

El dios del sueño, por alguna razón, se irritó bastante. Se levantó de su sitio y caminó hacia la ventana, dándole la espalda.

"Largo." Le dijo.

Y Phantasos se fue.

Fin del Flashback


"Lo dicho." Repitió Hypnos cansado, y preocupado. "Mi hija tiene recursos y los usa bien. El ajedrez ayuda mucho al pensamiento. Es buena ajedrecista…" Thanatos se encogió de hombros e hizo un gesto como quien le quita importancia.

"Es tarde para que te preocupes por ella, pero no es malo. Recuerda que Phantasos siempre puede aceptar o rechazar esta preocupación tuya. No presiones o será peor." Dijo tratando de subirle el ánimo. Entonces cayó en cuenta de algo. "¿Hypnos?"

"Thanatos…"

"¿La llamaste hija?"

Hypnos asintió con la cabeza, mientras miraba hacia abajo, su brazo izquierdo. De pronto le molestaba un montón, como que le pesaba.

"¡Hypnos!" Insistió su gemelo.

El dios del sueño lo ignoró y comenzó a dar zancadas más largas. Nunca respondió.


Giudecca. Arena de Entrenamiento.

11 de mayo. 10:15 horas.

¡¿QUÉ LE PASABA A ESTA BOLA DE IDIOTAS?! Violate soltó a Faraón y enfrentó al público presente. En las graderías solo estaban Queen y Kagaho, quienes le sonreían incómodos y con ganas de que la mujer mirase hacia otro lado. Las estrellas terrestres que estaban al mando de Violate habían desaparecido y los demás espectros que se supone debían estar ahí brillaban por su ausencia. Desde el día anterior que nadie quería entrenar con ella, solo Queen, Faraón y Kagaho, aunque este último únicamente porque estaba obligado a obedecerla, porque de buena gana se hubiera negado. Minos le había prometido un entrenamiento, mas nunca estaba cuando lo necesitaba, pero sería todo.

La noticia que le acababa de dar Faraón durante el entrenamiento sin duda la había enfurecido. Violate infló los pulmones y señaló al espectro de Esfinge.

"¡QUEEN, KAGAHO! ¡¿Es Verdad Lo Que Me Dice Faraón?!" Exigió saber a los gritos.

Queen tragó saliva y Kagaho, con el dolor de su alma, se mordió el labio y asintió con la cabeza. Para el espectro de Bennu fue difícil admitir esto, pues se sentía como traicionar una confidencia, pero no es que tampoco pudiera mentirle a su capitana. Oooooh, Aiacos le iba a deber una buena después de esto.

"Ay, niña, no te pongas así." Le dijo Faraón todo adolorido, mientras se ponía de pie y arreglaba su musculatura. "Te lo dije porque te quiero mucho, pero no es para que te aloques."

"¡No estoy alocada Faraón! Pero no tienes idea lo furiosa que estoy." Reclamó la mujer incluso encendiendo cosmo. Hasta estaba despeinada y no por la pelea. "¿Cómo se atreve a hacer tal cosa?"

"Atreviéndose nada más."

"¡Faraón! Aiacos no tiene ningún derecho a prohibirle a nadie que entrene conmigo. ¡¿Cómo quiere que mejore si no tengo oponentes?!"

"Quizás quiere que vayas a entrenar con él. Se aburre mucho en Antenora."

"¡Nos atacan día por medio! No alcanza a aburrirse."

Violate, a pisotones, se acercó a los dos que estaban en las gradas, con Faraón veloz detrás de ella. Queen levantó las manos para indicarle que bajara las revoluciones y Kagaho, aparte que se sintió empequeñecer, no pudo ni moverse cuando Violate de Behemoth se le vino encima, con las manos en las caderas y luciendo peligrosa como el mismísimo tártaro. No digamos que Kagaho es fácil de intimidar, pero bueno: sacó pecho con gallardía y a soportar como un hombre lo que sea se le viniera encima.

Como que en ese momento entendió qué le veía Aiacos a la mujer.

"El payaso ese del señor Aiacos es tu mejor amigo. ¿Es cierto lo que me dicen? ¿Qué le prohibió a los espectros que entrenaran conmigo? ¡¿Con qué derecho se cree el infame para hacer tal cosa?! HABLA."

"Pues… sí." Alcanzó a decir Kagaho antes que Violate lo sujetara por las solapas de cuello y lo levantase hasta quedar mirándose a la par de los ojos. "No sé por qué, pero al menos me dijo que no quería que te hiciéramos rabiar o esforzar." Violate soltó al espectro como papa caliente.

"¡Pero este qué se cree! ¡¿Hacerme Rabiar?! ¿Va en Serio? ¡¿Qué no quiere que me esfuerce?! ¡¿QUÉ PRETENDE?! ¿Qué me quede tejiendo a crochet mientras viene otro y me quita el puesto? Aaaaish, ahora me escucha el desgraciado, Oh sí que me va a escuchar."

Violate invocó su sapuri, que la vistió en un santiamén, y dando pisotones de rabia, se hundió en la primera sombra que vio, desapareciendo al instante. Seguro iba camino a Antenora y con ese mal humor, haría seguro hacía volar el recién instalado techo por el aire. Queen y Faraón se miraron, antes de posar la mirada en Kagaho.

"¿Qué me ven? Yo no la incentivé a que fuera por la cabeza de Aiacos."

"Ay no, pero creo que lo va a intentar…"

"Esa pelea va a estar épica. Yo voy a ver." Dijo Faraón, antes de salir corriendo en dirección a Antenora. Queen y Kagaho se miraron con intensidad.

"Vas a ver: mi perra va a desplumar a la urraca esa amiga tuya." Dijo Queen con orgullo de amiga. Kagaho, en una súbita subida de amistad, entrecerró los ojos con fiereza.

"¿Qué apuestas, florecita?" Gruñó entre dientes. "Porque mi compadre le va a enseñar a tu amiguita su lugar en el piso."

Ambos se gruñeron, mostrando los dientes y el cosmo, antes de salir corriendo en dirección a Antenora.

Es que en el predio de entrenamiento de la segunda esfera había ocurrido una súbita estampida. Mientras Aiacos descargaba presiones con un espectro incauto de sus tropas que había pillado desprevenido y con quien prácticamente jugaba ping pong, Violate surgió de entre las sombras con un carácter tan agriado que bastó una mirada para que todos los curiosos evacuaran con presteza. Avanzó hacia Aiacos casi echando humo por la nariz y en un rápido movimiento, le quitó al espectro y lo lanzó lejos. Ni se detuvo a ver dónde había caído ni huido y le dio un solo empujón al juez que lo dijo todo.

"¿Cuál es su maldito problema, señor Aiacos?"

El juez de Garuda mantuvo la calma y aunque él mismo estaba enojado, no hizo mucho por seguirle el juego a Violate. ¡Vaya! No se había demorado mucho ni en enojarse ni en descubrir su treta. Se rió de costado, orgulloso de sí mismo y de la mujer. ¡Claro que sí! Violate hacía gala de su terrorífica belleza cuando estaba así de molesta y le revolucionó las hormonas verla enfurecida.

"¡Respétate, Mujer! No es para que te agites así."

Bajo la idea que Violate estaba de encargo, y con real angustia de que pudiera lastimarse durante alguna batalla o entrenamiento y que algo pudiera pasarle al bebé, Aiacos se había asegurado que cada espectro en el Inframundo, fuesen de la categoría que fuesen, incluidos los jueces (quienes le habían dedicado una aburrida mirada), supiera que él personalmente haría mazamorra al maldito que osara ponerle una manaza encima a su flor carmesí, o que la agitara más de la cuenta. No dio razones para ello, solo lo dijo e incluso demostró que estaba muy dispuesto a poner acción a sus palabras si alguien lo desobedecía. Evidentemente Minos no cuidaría de la madre de su hijo, por estar cuidando a la tal Ingrid, por lo que él asumiría ese papel.

"¿Qué me respete? ¡Yo le voy a mostrar todo el respeto que me tengo a mi misma cuando le arranque las cuerdas vocales! ¡¿Cómo se atreve a prohibirle a los espectros que entrenen conmigo?!"

"No me levantes la voz, mujer, soy tu superior y no tolero rebeliones."

"¡Responda la pregunta!"

"¡Atreviéndome! No quiero que entrenes."

"Estamos en medio de una guerra. Soy un espectro de Hades, NO UNA MUÑECA DE PORCELANA. ¿Qué maldita razón podría tener para eso? ¿Por qué no quiere que entrene?"

"¡No me hagas echarte en cara mis argumentos!"

Violate lanzó un derechazo que Aiacos bloqueó con facilidad, pero el segundo no. Tampoco la patada o la zancadilla. Pronto se enredaron en una serie de katas y movimientos de artes marciales bastante bruscos por parte de la mujer, pero que por parte del hombre eran más defensivos y destinados a neutralizar la energía… lo que solo hizo enojar mucho a Violate mucho más de lo que estaba, que intentaba por todos los medios lograr que Aiacos al menos le lanzara una ofensiva. El juez la sujetó en una llave y al soltarla, le dio un suave empujón.

"¿De qué argumentos me habla? ¿Está loco? No tiene ningún derecho de prohibirle a nadie que entrene conmigo. Si no lo hago, no me perfecciono y si no me perfecciono haré mal mi trabajo. ¿Acaso quiere que fracase?"

"No. Quiero que te respetes."

"¡Claro que me respeto!"

"No lo haces. No te cuidas: ¡No estás en condiciones de estar liándote a patadas con nada!"

"¡Somos guerreros! Estamos en una guerra. VIVIMOS por nuestro señor Hades. ¿De qué me está hablando?" Violate le lanzó un golpe que Aiacos detuvo con facilidad.

"¡No te hagas la tonta! Sabes de lo que estoy hablando."

"¡Claro que lo sé! Usted quiere que fracase como capitana de la escolta." Violate siseó molesta. "En serio lo desconozco señor, nunca lo creí de usted. Me subestima, me aleja de su lado, ¡de pronto ya no soy digna de pelear con usted!, no confía en mí ni deja que me acerque a Benito, me trata como si fuera basura, yo que daría la vida por la suya y encima ¡¿Me aserrucha el piso?!"

"Te estoy cuidando que es distinto."

"¡Me cuido sola, señor!"

"¡Y sí te acercas a Benito! Te he escuchado por los monitores en las noches. Lo visitas todos los días y le cantas cosas, y a mí que me parta un rayo."

"¡Me ha hecho el quite todo este tiempo! ¿Cree que no lo extraño?"

"¡Claaaaaaro que me extrañas! Tanto que hasta me hiciste caso y te embarazaste de Minos." Le gruñó entre dientes, solo para sus oídos. "¿O crees que no vi cómo celebraban la ecografía el otro día en la arena de Giudecca?"

– Le Gasp –

Violate no se esperaba eso. Abrió la boca sorprendida sin saber qué pensar, pero la teja le cayó más temprano que tarde. ¡¿Pero en qué estaba pensando?! Pálida, retrocedió un paso, sintiéndose muy traicionada. ¿Cómo Aiacos podía pensar que ella se entregaría de ese modo? ¿Hacerle caso? ¿Así de irresponsablemente? El corazón pareció enfriársele en el pecho y en serio, quiso llorar de frustración. ¿En serio pensaba que ella era así de voluble y fácil? Ahora comprendía la reacción del juez durante la cena de la noche anterior: creía que ella era la amante de Minos. Una amante embarazada que tolera que el hombre se case con otra mujer, con tal de no perder sus afectos.

Le asestó un bofetón fuerte y sonoro a Aiacos, que le hizo voltear el rostro.

"No estoy embarazada. Como ha dicho usted, no soy ni femenina ni sirvo para madre." Siseó entre dientes. "He descubierto en el juez de Griffin a un muy buen amigo, pero no tan amigo. Es Ingrid la que está embarazada, no yo. Ese día Minos me mostró la ecografía de su pequeño." La mujer retrocedió dos pasos. "Eso es algo que nunca me va a pasar a mi. ¿Quién querría tener hijos conmigo? Además… ¿En serio me cree tan idiota como para dejar que Minos se reproduzca? Esa fue Ingrid. ¡Creí que pensaba mejor de mí! No soy ninguna prostituta."

Violate dio una patada de frustración en el piso y giró sobre sus talones, alejándose a pisotones, que pronto cambiaron en pasos agitados para convertirse en carrera abierta. No le dio tiempo de replicar. La espectro desapareció en la primera sombra decente que encontró. Faraón y Queen al verla desaparecer, corrieron de regreso a Giudecca, en actitud de apoyo. Kagaho se quedó, manteniendo la distancia.

Aiacos se quedó allí quieto, en medio de la arena, rumiando pestes en solitario, procesando a información, sin acabar de creérsela.

¡Por Hades!

Parece que había metido las patas…

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Los Dominios de Xibalbá

No era ingenua ni mucho menos inocente. Ella conocía de torturas y sadismos, pero ese presentimiento malo que tenía anidado en el pecho se había vuelto negro. Esto era un rapto, no un secuestro, pero se negaba a aceptarlo. No quería asomarse al interior de la celda, intuía lo que vería, pero no lo quería aceptar. Por instinto se aferró a su bolso…


Nota Mental: Sigo muy, muy molesta con Word. Ocurre que se está comiendo mis archivos: no sé exactamente qué pasa, pero si los abro en otro computador, y los vuelvo a abrir en mi laptop, el archivo se vuelve incompatible. Y sí, estoy usando Word 2010 en ambos casos. Ni modo, toda tomar medidas extra. ¿Alguien sabe porqué pasa esto? Por cierto, oficialmente esta es la última gran metida de pata de Aiacos. No obstante, el karma no lo dejará tranquilo. Tampoco a Hypnos, que por lo visto al haber admitido sus dolores, inconscientemente comenzó a asumir un tardío rol de padre hacia Phantasos, que va a ser muy, muy complicado que la diosa acepte. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.

SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. El camino hacia Xibalbá estaba plagado de peligros; escarpado, espinoso y por completo prohibido para los extraños. Son como siguen:

1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.

2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.

3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.

4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.

5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.

6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.