Ante la imperiosa necesidad de ir por ayuda, Phantasos idea un plan con el que Huitzilopochtli está de acuerdo, aunque no le guste mucho, y no dudan en llevarlo a cabo. Una batalla en el Inframundo se desarrolla ante Caína que obliga a la intervención de los dioses. Hypnos se entera de algo horrible.
¡HOLA A TODOS! A estas alturas, en el Santuario de Athena, los eventos del fic Nec Spe, Nec Metu se están desarrollando. En este momento, va más o menos a la par de los primeros tres capítulos de aquél fic, que transcurren entre los días 11, y 12 de mayo. Wow… creí que ese fic iría más adelantado a estas alturas XD. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!
Capítulo 15: Mortal Inmortalidad.
Dominios de Xibalbá.
11 de mayo. Hora sin determinar.
"Es porfiado el desgraciado."
"Porque sabe que estás viva y por aquí cerca. No te dejará escapar."
Ya llevaban un buen rato esperando que Patán se aburriera y se alejara del lugar para que ellos pudieran salir de su escondite más tranquilamente, pero nada. El señor de Xibalbá estaba empeñado en encontrar a la joven diosa, que sabía se encontraba en las inmediaciones. Al menos estaba más tranquilo. Phantasos se mordió la lengua, y se cruzó de brazos. Por lo visto, iba a tener que dar una carrera hasta la salida más cercana, y solo si Huitzilopochtli accedía a ayudarla. No le gustaba esa solución.
"Entonces, a ver si entendí." Comenzó a decir de pronto Huitzilopochtli. "Seguiste a Patán y Quicxic al Xibalbá desde el Inframundo, porque los viste infiltrarse con un rehén."
"Sí, eso dije."
"¿No se te ocurrió invocar tu kamei, por casualidad?"
"No creí que me tardaría tanto."
"Oooooh. ¿Señito?"
Phantasos rodó los ojos al cielo. Tenía que reconocer que Huitzilopochtli era muy simpático, pero a ratos se le hacía molesto. El dios parecía estar haciendo esfuerzos por llamar su atención, vaya Hades a saber porqué, lo que comenzaba a irritarla. ¿Quién creía que era? ¿Una niña tonta que fangirleaba cada vez que veía a un chico guapo?
Err…
Bueno, sí lo era, pero ahora no estaba de humor para andar babeando a nadie. Miró de reojo a Huitzilopochtli… a juzgar por esas abdominales, seguro el tipo ejercitaba un montón, pero no era el momento de andar fijándose en esas cosas. Sin mencionar que no confiaba del todo en el sujeto, por simpático que fuera. Bajo circunstancias normales no había dudado en decírselo a la cara, pero en serio, ahora no quería. Además la había visto con su cara fea y… ¡Aaargh! ¿Por qué tuvo que verla así? por inercia, se llevó las manos a la nariz y se la apretó como intentando respingarla. ¿Por qué tenía que tener la nariz tan gorda? A propósito…
"¿Qué significa señito?" Preguntó Phantasos molesta.
"Que no sé como decirte."
"¿Decirme como?"
"Que no sé si estás casada o no. ¿Señorita o señora?" Huitzilopochtli alzó varias veces seguidas las cejas, dejando perpleja a Phantasos una vez más.
"Dejémoslo en señito nada más."
"¡¿No me dirás si estás casada o soltera?!" Preguntó escandalizado.
"¿Qué tanto te interesa eso?" Gruñó Phantasos.
"No quiero meter las patas y no me gustaría que un novio o esposo me despellejaran." Huitzilopochtli rodó los ojos. "Bueno, no es que me vaya a dejar así tan tranquilo si se diera esa situación, no soy Quetzalcóatl, pero ya ves."
Nuevamente Phantasos se quedó marcando ocupado, procesando la información sin comprenderla del todo. Bufó molesta y se cruzó de brazos. ¡No era el momento, ni su tipo! Bah. Al menos era divertido.
"Dije que lo dejemos en señito."
"Vaya. No te he arrancado ninguna sonrisa. Eres ruda."
"No lo soy tanto, solo estoy de mal humor. No he dormido bien, tengo hambre, he pasado frío, tengo que llevar un mensaje y encima me quedé sin carga en el celular. Para colmo de males, no he podido avisarle a mi mamá como estoy." La diosa entrecerró los ojos. "¿Ruda? No, como se te ocurre."
Phantasos se cruzó de brazos y miró feo al dios, esperando con eso desanimarlo, pero para su sorpresa Huitzilopochtli no pareció para nada afectado. Solo se encogió de hombros segundos antes de rebuscar entre sus cosas, desde donde extrajo su celular, ofreciéndoselo con una sonrisa tímida, pero con una mirada muy decidida.
"Para que llame a su mamá, señito. Llámelo apoyo gremial: al menos en mi caso, si no llamo a la mía para decirle como estoy, me cobra sentimientos. Y si la preocupo sin haber necesidad, me pega con la chancla y eso no me gusta." Explicó la deidad con algo de travieso relajo. La diosa pareció olvidar todo resquemor en ese instante, tomó el teléfono sin dudarlo un solo momento.
"¿Va en serio?" Preguntó Phantasos con carita ilusionada. "¡Gracias!" El dios le sonrió.
"Muy en serio… con la condición que me preguntes luego qué hago en el Xibalbá."
Phantasos tomó el teléfono y no tardó en marcar el número de Pasitea. Esperó paciente a que conectara la llamada, pero con tal mala suerte que le salió el buzón de voz. Ni modo, se mordió el labio y esperó la señal para comenzar a hablar.
"Mamá, soy Phantasos. Discúlpame, me quedé sin carga en el celular, me prestaron este. Estoy bien, en el Xibalbá… tengo algunas noticias importantes, así que espero llegar lo antes posible. Perdóname por no llamar antes. Da saludos míos. ¡Te quiero!" Phantasos colgó la llamada y devolvió el celular. "Gracias Huitzilopochtli."
"No es nada."
"Y… ¿Qué haces en el Xibalbá?"
"¡Me preguntaste! Creí que nunca lo harías." Rió el dios de buena gana, aunque en seguida se puso serio. "Ayudo a Quetzalcóatl. La diosa Artemisa fue raptada por los señores de Xibalbá y estamos ayudando en lo que podemos. El plumero pensó que dos buscan mejor que uno y como me vio aburrido, aquí me tienes." Huitzilopochtli la miró con tierna severidad.
"¿Solo ayudas por aburrido?"
"No tan así. Estos tipos son malignos y no me gusta nada la idea que hayan raptado a una doncella, por malgenio que sea. Mi hermana Coyolxauhqui me dice que su similar olímpica tiene muy mal carácter, pero eso no justifica un sacrilegio como el que seguro están cometiendo. Temo que este rapto esté enmarcado en algún rito perverso que permita traer de vuelta a Hun–Camé y Vucub–Camé." Huitzilopochtli suspiró preocupado y cerró los ojos, meditando algunos instantes la información. Entonces abrió un ojo y la miró con simpatía. "¿Fuiste tú la que se contactó con la madre de la señorita Artemisa? Algo me dijo Quetzalcóatl."
"¡SÍ! Fui yo." Phantasos le dio un par de manotazos. "¡¿Por Qué No Me Dijiste Antes Que La Estabas Buscando?! ¡Sé donde está! Estuve con ella. ¿Por qué crees que tengo tantas ganas de irme rápido de aquí? ¿Creías que era porque me estoy perdiendo mi telenovela?"
"Jejejejeje, como te ajizas, mujer." Huitzilopochtli aguantó los manotazos con dignidad. "¿Sabes donde está la doncella?"
"Sí. Lo sé." Phantasos bajó la mirada. "Ocurrió lo peor, ve tú a saber por qué. Sumado a lo que me dices, me preocupa muchísimo. Entiende que no soy ajena a las torturas, pero lo que vi…" La diosa frunció el ceño y no terminó la frase. "Se les van a venir encima todas las maldiciones del cielo y la tierra por esta afrenta. Todas."
Huitzilopochtli irguió la espalda con una expresión sombría en el rostro. Existía la posibilidad que fuera un rapto, no era tan inocente como para pensar que no ocurriría tal vileza, incluso había comentado tal cosa con Quetzalcóatl, pero siempre era un horror confirmar esa noticia. Artemisa siempre había sido celosa guardiana de su propia castidad, llegando incluso a matar para conservarla, lo que hacía del acto incluso más abominable. ¿En qué estaban pensando al cometer tal bajeza? Quizás si le preguntaban a Tezcatlipoca… él conocía muchos ritos oscuros, podía tener alguna idea.
Iría a preguntarle, si es que le daba el tiempo. Claro, cuidando de no mencionar a Quetzalcóatl: el tipo se ponía de malas cuando mencionaban a la serpiente emplumada.
"Señito Phantasos… Dices que sabes donde está Artemisa. ¿Acaso la viste?"
"¡Dije que estuve con ella! ¿No me escuchaste?"
"¿Lo dijiste?"
"¡Claro que lo dije! No me estás prestando atención."
"Es que sus ojos son muy bonitos, me distraje con ellos." Dijo con toda sinceridad y una amplia sonrisa.
Phantasos carraspeó sorprendida, tomada por sorpresa. No se esperaba una respuesta así, sino algo que le permitiera seguir enojándose con Huitzilopochtli. Infló las mejillas. ¿Le dijo que tenía ojos lindos? Oh.
"Estuve con ella, dije. ¡Hasta conversamos! Ella es fuerte, pero está en el límite. ¡A saber tú como la han tratado esos malditos pervertidos!" Gruñó Phantasos empuñando las manos. "Está en una celda en el segundo subterráneo de una casa llena de murciélagos. No pude sacarla, no se puede mover: le paralizaron las piernas y los brazos. Le prometí que iría por…" Phantasos abrió los ojos como platos. Se le había ocurrido una idea. "¿Dices que conoces a Quetzalcóatl y una salida de aquí? ¿Qué Patán no se dio cuenta de tu presencia?"
"Sí…" El dios entrecerró los ojos. "¿Alguna razón en especial, señito?"
"Que tú puedes llevar el mensaje. Patán no te ha visto: en teoría, si yo salgo y corro en la situación contraria, irá tras de mí, creyendo que intento huir, pero tú podrás ir más rápido en la dirección contraria a entregar el mensaje. Conoces el camino, yo no."
Huitzilopochtli frunció el ceño y le tocó la frente por si tenía fiebre. Phantasos se lo sacudió de encima y le miró con decisión. Al cabo de un rato midiendo voluntades, el dios suspiró.
"Estás decidida, señito." El dios sacó de pronto un puñal de su cinto y, llevándose la hoja a los labios, murmuró secretas palabras que hicieron que el arma tomara un momentáneo brillo. Entonces se la ofreció por el mango. "No me gusta la idea, pero tiene lógica y podría resultar. Tenga esto: se fundirá en su cuerpo, solo usted podrá usarlo, cada vez que quieras, sin importar las circunstancias. Le he ordenado que te proteja y te sirva, por lo que los ajawab no podrán quitártelo. Yo, dios de la guerra, así lo ordeno. Defiéndete con esto."
Phantasos se llevó una mano al corazón, sorprendida y francamente conmovida con lo que acababa de escuchar. ¿Le habían regalado un arma blanca con ese discurso tan bonito? ¡Aaaaaaaw, ternurita! Nunca le habían hecho un regalo así. Por momentos casi sonrió.
"Oh. Gracias… ¿No intentarás detenerme?" Preguntó Phantasos sin animarse a aceptar todavía el puñal ofrecido.
"Intentar detenerte sería una falta de respeto, señito. Eres una guerrera digna, no te voy a subestimar." Huitzilopochtli sonrió y le tomó las manos. "Te llevo arriba. ¿Entonces es en el segundo subterráneo donde tienen recluida a la señorita Artemisa?" Phantasos asintió firme. El dios ladeó la cabeza. "¿Quiere que llame a su mamá, o a su familia, y les asegure que está bien?"
"A mi mamá, por favor: dile que estoy bien, no quiero que se preocupe. No me gusta angustiarla de este modo." Pidió la diosa. "Y Sí, Artemisa está en el segundo subterráneo. La celda está del lado izquierdo." Contestó Phantasos perpleja, bajando el rostro. Tomó el puñal con timidez y observó fascinada como éste se deshacía en miles de partículas, que parecieron fundirse con su antebrazo derecho. "Le puse uno de mis vestidos… sobra decir que el tiempo es oro." Huitzilopochtli le besó la mejilla. "¡¿Pero QUÉ?!" Ladró indignada.
"¡Para la Suerte, Señito!"
Sin darle oportunidad a seguir reclamando, Huitzilopochtli la tomó en brazos y, tras pegar una carrera, saltó al acantilado con la diosa bien aferrada a su torso. En vez de caer se elevaron, y pronto estuvo sobre la planicie por la que había estado huyendo. Una vez que la hubo dejado sobre sus pies, el dios señaló una determinada dirección.
"Patán se encuentra por allá. ¡Dales guerra, Señito! Volveré con ayuda lo antes posible." Le dijo instantes antes de saltar hacia el acantilado y desaparecer en la bruma.
Phantasos se quedó unos segundos de pie, perpleja, sin saber qué había pasado. No le duró mucho tiempo: casi en seguida hinchó el pecho y tras buscar su objetivo con la mirada, echó a correr. No tardó mucho en distinguir a Patán, y él la vio a ella.
Hora de poner su plan en marcha.
"¡VEN AQUÍ, MUJER!"
"¡ATRÁPAME, PANZÓN!"
Una hora después, Phantasos fue capturada…
Inframundo. Explanada de Caína.
Madrugada del 13 de mayo. 02:34 horas.
Aiacos resopló de disgusto cuando se quitó la mascarilla, que se puso en seguida solo por medida de seguridad. Por momentos incomodaba una enormidad respirar con ella, pero tenía que bancarse. Pelear en la oscuridad era, por decirlo de alguna manera, interesante. Los sentidos se afilaban y se tornaban más macabros. El cuerpo parecía funcionar en automático, de acuerdo al entrenamiento, con movimientos precisos que arrancaban, destrozaban y eliminaban enemigos, hasta los aromas parecían mejor definidos y todas las fibras estaban de punta y dispuestas a la acción.
"¡PRESTA ATENCIÓN, RADAMANTHYS!"
"¡A TU DERECHA!"
Los señores de Xibalbá nunca habían atacado de madrugada. Aiacos se había quedado en la habitación de Benito, en la mecedora con su nene en brazos y estaba durmiendo plácidamente cuando sonó el cuerno de guerra. Se hubiera levantado a desgano, pero en ese momento dieron la alarma de Antenora y hasta allí le llegó lo remolón. Tras dejar a su hijo a buen recaudo en los brazos de Violate, quién apareció desde una sombra para buscar al peque por lo visto, salió a toda prisa a defender terreno, cosa que hizo no sin esfuerzo. Las hordas de esqueletos que habían invadido esta vez parecían ser más fuertes, como potenciadas por esteroides y brotaban del suelo como si de zombies se tratara, incluso habían traído más calaveras molestas, pero no era un ataque con ningún otro motivo más que irritarles. Con todo, y gracias al apoyo de Ptolomea, habían logrado hacer retroceder la ofensiva de Xibalbá de regreso hasta Caína, pero allí fue cuando la lucha se tornó más encarnizada.
Xiquiripat, ese señor de Xibalbá que fungía como líder, se enfrentaba a espadazos contra Hades y se reía de lo lindo, burlón y provocador. Estaba más o menos al mismo nivel combativo que su señor, pero a diferencia suya, el príncipe de la humanidad difunta no se reía.
"Podemos seguir a este ritmo por siglos, Hades, ¡JAJAJAJA! Podemos ir y volver y nunca nos cansaremos. Tú te quedarás sin aliados ni espectros."
"Deja de reír, infeliz. ¡Nadie Me Ofende Impunemente! Mi venganza será terrible."
"El ganso le dijo a la gansa: ¡Venganza! JAJAJAJA."
"¡Que Dejes De Reír!"
Xiquiripat, quien hace sangrar a los humanos, se rió con más fuerza, irritando sobremanera a Hades, quien en un esfuerzo por callarlo, atacó con más bríos. Dos calaveras intentaron atacar al dios por la espalda, pero Minos atrapó una con sus hilos y la hizo chocar contra la otra, destrozándolas antes que pudieran acercarse a su señor. Esto llamó la atención de una tercera calavera, que atacó al juez de Griffin con golpes de energía y embestidas que por momentos lo puso en aprietos.
Pandora observaba el combate de cerca, sujetando su tridente con fuerza. Respiraba agitada y un hilillo de sangre le recorría la comisura de los labios. En esta encarnación no era tan hábil guerrera, pero podía mantener un ritmo. No obstante, el ataque de Cuchumaquic, el colega de Xiquiripat, la tuvo contra las cuerdas y la habría eliminado de no ser por la oportuna intervención de Thanatos, quien se trenzó a golpes con el sujeto, tras empujarla fuera del camino.
"¡Radamanthys! ¡Saca a Pandora de aquí!"
"¡En Ello!"
Radamanthys de Wyvern intentó abrirse paso, pero el constante acoso de las hordas de esqueletos se lo dificultaba. Minos cayó embestido por la espalda no lejos de él, pero no tardó en ponerse de pie y atacar precisamente a la calavera que lo hostilizaba con insistencia. Aiacos le dio una mano encargándose de varios esqueletos y, tras librarse de aquél problema, ambos intercambiaron una mirada y sin hablar siquiera, le dieron apoyo a Radamanthys al despejarle el camino de esqueletos para que pudiera llegar hasta Pandora, quien se defendía con dificultad de los enemigos que se le venían encima mientras Thanatos, a pesar de estar en abierto combate contra Cuchumaquic, trataba de protegerla como podía. Esta intervención de los jueces de Griffin y Garuda, ayudó de paso a algunos espectros que estaban más complicados que otros.
"¡No Pueden Salir de Aquí! Comienzan a Avanzar de Nuevo. ¡Perdemos Terreno!" Ladró Minos, quien tomó aire y le gritó a los espectros cercanos. "¡DESTRUYAN AL ENEMIGO, %&$%#& VAGOS BUENOS PARA NADA!"
"¡Si Llegan a Giudecca Estamos Perdidos!" Exclamó Aiacos preocupado, sin dejar de dar golpes. Radamanthys aterrizó junto a sus compañeros y puso a Pandora al centro. Ellos la rodearon dándole la espalda, protegiéndola mientras analizaban el combate, aprovechando que tenían unos segundos a disposición. "¿Estás bien, Pandora?" Preguntó el juez de Garuda.
Sí, la tuteó. Los jueces solían hacer eso con ella cuando estaban en medio de una batalla. Pandora se sentía más segura de esa manera.
"¡Señorita y La Boca Te Queda Donde Mismo, Aiacos!" Exclamó la aludida queriendo disimular el susto que se estaba llevando.
"Te debiste quedar en Giudecca, Pandita." Le reclamó Minos. ¿Acaso había sonado paternal? "Creo Radamanthys que tienes una sola oportunidad para sacar a Pandi de aquí."
"Lo Sé Y La Tomo." Radamanthys tomó a Pandora por el brazo.
"¡No quiero dejar el combate!" Protestó la heraldo de Hades. Asustada estaba, pero eso no quería decir que no fuera capaz de enfrentar el combate.
"No es una pregunta, Pan: esta pelea te sobrepasó. El señor Hades te quiere viva, lo sabes." Aiacos se aprestó a atacar. "Te cubrimos, Hermano."
"¡Largo de Aquí, Unicejo!"
Radamanthys tomó a Pandora por la cintura, echándosela al hombro como un saco de papas. Corrió con ella a cuestas adentrándose en el combate, pese a las protestas de la mujer. Minos y Aiacos cubrieron su retirada con especial ahínco. El juez de Garuda miró hacia el palacio y apretó los dientes…
Estaba preocupado.
"¿Crees que estén bien?" Preguntó al aire. Minos le dio una palmada en la espalda.
"¡Ya deja de sufrir que parece que estás con la regla!" Le dijo Minos, frunciendo el ceño, antes de suavizar por instantes su expresión. "Tu Violetita protege el castillo. ¿Crees que los dejaría pasar sin tener que decir algo al respecto?"
Aiacos miró fiero a Minos por varios momentos, pero cedió al cabo de unos segundos. Negó con la cabeza, antes de darle un golpe en el brazo. Ambos jueces se gruñeron, pero solo por camaradería, antes de lanzarse de cabeza de vuelta al combate.
Pasitea, Perséfone, las gemelas y Benito estaban en la habitación segura del palacio, custodiados por Violate. Estaba seguro que su ala derecha no dejaría que nadie se acercara más de la cuenta, pero no podía evitar estar preocupado. Kagaho le había comentado por la cosmonet que habían destruido algunos pocos esqueletos y un par de calaveras que lograron burlar las defensas, lo que no lo tranquilizaba.
Por este motivo Hypnos les había ordenado a sus hijos Morfeo, Oneiros e Icelos que mantuvieran la línea de defensa justo detrás de Ptolomea, y que si algún enemigo llegaba a filtrarse, debían pulverizarlo. Había sido una idea certera, pues Ahalpuh y Ahalganá, los que hinchan a los hombres, se habían infiltrado tras las líneas de la tercera esfera con un pequeño pelotón y ahora se enfrentaban a sus tres hijos.
¡Por el Tártaro que era difícil detener a un señor de Xibalbá decidido!
"HAGAN RETROCEDER A ESTOS MALDITOS."
"¡MUERTE, MUERTE!"
Mientras Hypnos, ayudado ocasionalmente por los jueces, intentaba ordenar los esfuerzos defensivos, atacando ocasionalmente a alguna calavera, apenas se percató de la sombra que se le vino encima. Chamiabac, se le abalanzó con su vara de hueso en alto, y entre golpes y patadas comenzaron ambos un combate de desgaste.
"¡SORPRESA!"
"¡¿Tú de donde sales, infeliz?!"
"De por ahí, había un sueño que me divertía."
"Créeme que no me hace gracia."
"¡Debería!"
Chamiabac le asestó con la vara de hueso y como Hypnos bloquease el golpe, le pegó con un bolso en la cabeza. ¿Quién llevaba un bolso a un combate? En fin. Ignorando la agresión, ambas deidades comenzaron a atacarse de lo lindo, sin poder romper la dedicación de la otra. Hypnos estaba demasiado concentrado: quizás si jugaba sus piezas de manera adecuada podría averiguar dónde ocultaban a Artemisa. Ninguna deidad había quedado indiferente a los esfuerzos que estaban haciendo desde el Olimpo para encontrarla. Quizás eso lo tenía algo amargado… Phantasos estaba perdida y sabía que Pasitea había pedido ayuda, pero sus súplicas habían caído en oídos sordos por lo visto. Esa tarde su ex esposa había armado un escándalo de proporciones cuando descubrió un mensaje en el buzón de voz de Phantasos, quien desde un teléfono prestado se comunicó avisando que estaba en el Xibalbá y a salvo. Que tenía noticias. ¿Acaso su ex y sus hijos eran los únicos que estaban preocupados? Corrieron todos ellos, hasta el mismo despacho de Hades con la noticia y sí… tenía que reconocer que al menos comenzaron a hacerse preparativos para ir en busca de su hija… Bah. Él nunca estuvo preocupado, sabía que Phantasos estaría bien… solo estaba en un reino de muertos desconocido, hostil… ella no tenía su kamei con ella…
… Tenía la impresión que si averiguaban donde estaba Artemisa, también la encontrarían a ella… por eso su interés en tirar de lengua a Chamiabac. No es que estuviera preocupado por la mocosa… Para nada. ¡Solo era su pequeña hijita!
Flashback.
"¡Tiene fiebre de nuevo! Hypnos, ¡La Bebé Está Ardiendo!"
"¿Y qué quieres que haga, Pasitea?"
"¡Consigue un médico o algo!"
"No. No se va a morir, Mujer."
Fin del Flashback.
Por supuesto que no… no estaba preocupado. Phantasos tenía recursos: seguro pondría a parir a los ajawab sin mayor problema si le causaban muchas molestias.
"¡CONCÉNTRATE!"
Patada, patada, llave. Golpe. ¿Desconcentrado él? Nada de eso. Claramente podía hacer dos cosas al mismo tiempo (al contrario de Chamiabac), como por ejemplo, pensar y dar palizas. Hypnos apretó los dientes. No estaba preocupado por Phantasos, o eso se decía. Nunca había tenido tanta cercanía con ella, aunque desde que había reconocido en voz alta que había perdido tantos hijos, como que le despertaron una ansiedad primordial por acercarse a ella, esfuerzo que obviamente chocó con una gran pared: su hija menor, la única niña que tenía, no quería saber nada de él. Cierto, lo respetaba y obedecía sus órdenes, pero más allá de eso nada. Seguro lo odiaba, se había asegurado de eso.
"¡¿Con quién se supone que estás luchando?!"
Milenios alejando a su hija, negándose a conocerla o a tener siquiera una expectativa, enrostrándole su fealdad y que nunca sería tan buena como su hermana mayor. ¿Cómo fue que la descuidó de ese modo? ¡Era su hija! La menor de todas… ¡¿Cómo fue que se atrevió a hacerla llorar?! Siempre cuidó de todos sus hijos, fue lo más partícipe que pudo con sus crianzas, a todos les había enseñado a leer, a estudiar, se había ocupado de jugar con todos. ¡Pero no a Phantasos! Tenía conciencia de haberla cargado un par de veces de pequeña, de haber sentido honesta repulsión por ella, de haberla regañado cuando se le cruzaba entre las piernas… ¡De pronto tenía trece años y le demostraba que sí podía usar el kamei de su hermana! ¿Qué había pasado entre los tres y trece años? Y luego tuvo más de cincuenta y era parte activa de las guerras santas, siempre buscando su aprobación y de pronto… tenía mil años… y luego dos mil… y ya ni sabía qué edad tenía.
Cuando Gala cumplió cincuenta años, le hizo regalos, entre ellos su kamei. No sabía cuándo era el cumpleaños de Phantasos. ¿Con qué derecho se irritaba cuando le llamaba señor Hypnos?
Su hija lo odiaba. Su única niña pasaba de él.
Sujetó al señor de Xibalbá en una llave y lo redujo al suelo, procediendo a golpearlo con saña, descargando frustraciones que no sabía tenía acumuladas. Supo que le provocó daño porque Chamiabac se sacudió con ganas, gimiendo de dolor.
"No tengo tiempo para juegos. ¿Dónde está Artemisa?"
"¡Debería darte vergüenza!" Resoplando de dolor, y escupiendo sangre, Chamiabac intentó soltarse de nuevo, pero Hypnos no lo dejó moverse. "Preguntando por esa furcia y no por tu hija…"
"No me harás caer en eso. ¡No la tienen!" Hypnos aplastó al señor de Xibalbá contra el suelo. "¡Responde la pregunta!"
"Toca darle crédito: nos dijo que la odiabas." Chamiabac se levantó ni bien sintió que Hypnos aflojó su agarre. "… ¡Qué guerra nos dio! No se dejaba sujetar… ¡Pero chillaba! Jejejejeje…"
"¿De qué se supone que estás hablando? Explícate."
Chamiabac levantó el bolso con el que ocasionalmente le había estado pegando. A Hypnos se le heló el corazón y de pronto las manos. Era de cuero café y tenía algunas manchas de sangre. El señor de Xibalbá lo abrió y dejó caer el contenido al suelo: labiales, un espejito de gatito, una billetera peludita, un cepillo, aspirinas, audífonos, pañuelitos… caramelos… el celular…
¡Reconoció por instinto todos aquellos objetos!
"Tuve un sueño muy húmedo debajo de mí. Hubo sangre por todos lados cuando la partí en dos… reconozco que nunca suplicó por ayuda." Chamiabac se complació al ver la mirada de horror del dios del sueño, relamiéndose los labios. Aprovechó el pasmo de Hypnos y de una patada se lo quitó de encima, dispuesto a devolverle los golpes, pero una vez que lo tuvo en el suelo, se le sentó encima, lo sujetó del cuello y comenzó a asfixiarlo. "… tenías una hija más fea que el hambre. Pero de todos modos nos divertimos con ella. ¡Era cosa de taparle la cara con un trapo! Lástima que no durara mucho entera… ustedes no pueden morir, pero te aseguro que está partida a la mitad, en carne viva y expuesta… ¡Cómo sufre!"
Thanatos en ese momento golpeó a Chamiabac con el revés de la espada, noqueándolo en el acto. De una patada lo apartó a un lado y levantó a su hermano del piso, mientras trataba de repeler a toda una horda de esqueletos que se les vino encima como un tornado de maldad. Hypnos ni siquiera tenía fuerza para levantar las manos y defenderse. Tenía la vista pegada en el bolso y los objetos que estaban regados. El labial, el espejito… la horrible billetera peludita, ¡Su hija no era fea! ¿Qué nunca le habían visto los ojitos? Eran iguales a los de Pasitea, los más lindos del mundo. ¿A quién m**rda le importaba cuál era su color favorito si la veían a los ojos? ¡Era su hija! La que nunca acogió, ni protegió, la que siempre mendigó migajas de cariño que nunca le quiso dar. ¡Su Niña No era Fea! Maldita sea, ¡NO era…! Hizo un puchero doloroso cuando notó en su corazón… que él creía que era bonita. La belleza está sobrevalorada después de todo.
¡PAAAAAAAAH!
Fue como si lo atropellase un tren bala a exceso de velocidad. El corazón le dio un mazazo siniestro en el pecho y se negó a seguir latiendo, provocando dolor en cada fibra de su cuerpo, robándole la fuerza como si se la hubieran arrancado de adentro.
"¡AAARGH!"
Apenas pudo levantar la mano para sujetarse el corazón, que por más que su divina esencia se lo ordenase, se negaba rotundamente a latir. Quizás por eso sintió una terrorífica descarga eléctrica que recorrió su espinazo y lo obligó a funcionar, pero sus latidos eran tan frenéticos, que era como si siguiera detenido. Estas detenciones y partidas de su corazón se repitieron unas tres o cuatro veces más y consiguieron inutilizarlo. Hypnos no supo en qué momento cayó al suelo, ni quien lo atajó, o cuánto tiempo pasó. Alguna noción tuvo que el ataque había sido repelido con gran esfuerzo, pero el tiempo le era indiferente ante el sofocante dolor que tenía en el pecho y se le esparcía hacia las extremidades, por lo que nunca supo si pasaron horas o minutos. Vio a Hades acercarse corriendo, también a Thanatos, que nunca lo dejó solo. Sintió otra descarga eléctrica que detuvo su corazón por instantes, pero la influencia de su divinidad volvió a obligarlo a latir… muy débil y adolorido. Hypnos perdió todos los colores del rostro. Ni hablar podía… la angustia y el dolor le paralizaban las cuerdas vocales.
¿Cómo se supone que le diría a Pasitea que…?
"¡Por Todos los Gases del Tártaro! ¿Qué le pasa a Hypnos?" Ladró Hades preocupado. Perplejo Thanatos le miró asustado.
"¡Está Sufriendo un Infarto!" Thanatos se pasó las manos por el cabello. "Más bien varios… Los de Xibalbá atraparon a Phantasos…"
Todas las miradas se fijaron en los objetos regados en el suelo…
… y en las manchas de sangre que decoraban el bolso.
Xibalbá. Casa de los Murciélagos.
9:30 horas. 13 de mayo.
Ni estaba muerta ni de parranda. Y milagrosamente estaba intacta. Ni siquiera habían podido amarrarla, pero no se quejaba. Lo que sí, le habían dado una paliza que le dejó un ojo en tinta y el labio roto. Phantasos sacudió de nuevo la puerta de la celda en donde la habían metido, frustrada por no poder siquiera moverla un poco.
"¡SÁQUENME DE AQUÍ! NO VOY A DEJAR DE GRITAR. ¡P**OS COBARDES DE M**RDA!"
Phantasos retrocedió frustrada, se cruzó de brazos y se sopló el flequillo. ¡Ratas! Al menos sabía dónde estaba. En el tercer piso de la Casa de los Murciélagos, en una celda a la que la había arrastrado Patán el día anterior cuando la hubo atrapado, cosa en la que uso toda su voluntad para evitar que ocurriese. Tan solo esperaba que Huitzilopochtli cumpliese con su parte.
Por cierto, tenía que agradecerle por el préstamo que le hizo.
"ACOMPLEJADOS POR EL TAMAÑO, ¡SÁQUENME DE AQUÍ!"
Su cosmo estaba totalmente neutralizado. Dentro de la celda habían puesto fogones con ese incienso maldito que despedía ese aroma a azúcar quemada e impedía que su cosmo divino se encendiese a niveles peligrosos. No podía apagarlos, pues habían sido protegidos con magia. Tenía frío y le dolían los brazos: habían intentado desencajarle las articulaciones para que no pudiera moverlas, pero el tiro les había salido por la culata.
Cuando la llevaron dentro de la casa de los murciélagos, y en vista que no dejaba de dar patadas, le dieron un golpe en la cabeza que la hizo perder la conciencia. Fue el peor error que pudieron haber cometido, pues porque si bien la atontaron por varios instantes y su cuerpo físico quedó inconsciente, se reveló su verdadera esencia.
"Les debí haber castrado a todos mientras podía." Gruñó Phantasos para sí.
Mientras se orientaba, entraron a la celda dos señores de Xibalbá, Quicxic y Chamiabac, a ver qué tanto estaba haciendo Patán. Como la vieron inconsciente, y en vista que Patán pretendía desencajarle el hombro, los recién llegados decidieron ayudarle, pero… y he aquí lo bello del asunto, pudo atacar de vuelta.
Ella era un sueño, su especialidad era diseñarlos. Era una diosa capaz de atravesar las realidades oníricas, pues eran su elemento, y cuando más peligrosa se tornaba. Su esencia, al verse libre de las cadenas del mundo material, y gracias a que había reservado algo de cosmo para un momento como éste, defendió su propio cuerpo inconsciente y mantuvo a raya a los señores de Xibalbá que intentaron lastimarla. Para su enorme sorpresa (y eso se lo tenía que agradecer a Huitzilopochtli) pudo manipular el puñal que le habían prestado y lo usó con toda la destreza del mundo, y no se dejó mancillar por los ajawab.
Incluso había podido apuñalar a Chamiabac en la ingle, peligrosamente cerca de su masculinidad. ¡JA! Disfrutó como nunca la cara de espanto desmedido con la que el desgraciado la miró. ¡Hasta lo dejó hablando finito del puro susto!
Claro que en su empeño por alejarlos de ella, no se dio cuenta cuando Quicxic atrapó su esencia onírica dentro de aquella celda y la encerraron sin el menor miramiento. Solo podría salir de allí despierta, siempre y cuando le abrieran desde fuera. Ya no tenía caso estar en ese viaje astral, volvió a su cuerpo, recuperó la consciencia. Desde entonces que no se atrevía a intentar dormir.
Allí estaba, aburrida, estresada y con ganas de saber si su plan había funcionado o no.
"Hijos de su muy p**a madre."
Phantasos se alejó de la puerta y se acercó a una de las paredes, en cuya parte más alta había un hueco del tamaño de una caja de zapatos, por el que entraba algo de aire fresco y luz diurna. No era mucho, pero no se iba a quejar. No se apoyó en la pared por asco, aunque ganas no le faltaron. Chorreaba sangre y mucosidades de dudosa procedencia que le daban repelús. Miró hacia la ventanilla muy seria.
Estaba preocupada por su familia. Algo había escuchado sobre un ataque al Inframundo en el que Hades incluso había tomado parte. ¿Estarían todos bien?
"Ya hice mi parte. ¿Hiciste la tuya Huitzi–lo como sea que te llames?"
Por toda respuesta, el puñal prestado brilló con travesura.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Las Piezas se Mueven
…Despertó de súbito, habiendo recuperado la conciencia tan de golpe como abrió los ojos. Su respiración se tornó agitada en ese instante, resoplando de pánico por la nariz y boca y sintiendo dolor en cada fibra de su cuerpo. Tenía frío y pánico, la piel la tenía por completo erizada. Estaba expuesta, indefensa, vulnerable…
Nota Mental: Olvidé mencionar que en el capítulo anterior di una pista sobre los colores favoritos de Phantasos. Pongan atención porque es muy sutil y pasa desapercibida, pero puede ser evidente cuando ve a Huitzilopochtli la primera vez. Este dios es bastante colorido, así que ojo ahí. Acaban de ver como el Karma acaba de darle una buena paliza a Hypnos: No, no se va a morir, pero es evidente que eso no le evitó los infartos que le dieron por la impresión que le provocaron las palabras de Chamiabac. No, Thanatos no le dio el golpe de gracia: supongo que prefirió atender a su hermano y allí se lo debieron haber llevado. Hades por cierto está llegando al límite de su paciencia… Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
Oh sí, hay olor a romance para Phantasos, Marianne, aunque no digamos que sea el momento. Lo único que puedo decir es que Huitzilopochtli quedó muy contento e impresionado con ella. Por ahora hay que concentrarse en rescatar a Artemisa, que la pobre ya ha pasado por mucho. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! =D
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.
Coyolxauhqui: (en náhuatl: la adornada de cascabeles, coyolli, cascabel; xauhqui, que adorna'). Es una diosa mexica lunar. En la mitología nahua, Coyolxauhqui era hija de la diosa madre Coatlicue y regente de los Centzon Huitznáhuac, sus hermanos y dioses de las estrellas. Se representa como una mujer desmembrada, ya que su hermano Huitzilopochtli la descuartizó y arrojó su cabeza al cielo, pues ella y sus otros hermanos planeaban matar a su madre Coatlicue tras quedar ésta embarazada de Huitzilopochtli de un modo que consideraban deshonroso, por medio de una bola de plumas que guardó en su seno.
Tezcatlipoca: (en náhuatl: Espejo negro que humea. Tezcatl, espejo; tliltic, negro; poctli, humo). En la mitología mexica (y otros pueblos mesoamericanos de habla náhuatl), es el señor del cielo y de la tierra, fuente de vida, tutela y amparo del hombre, origen del poder y la felicidad, dueño de las batallas, omnipresente, fuerte e invisible. También fue el dios azteca de la noche y todas las cosas materiales. Entre los nahuas, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca son dualidad y antagonía. Quetzalcóatl es llamado también Tezcatlipoca blanco en tanto que el color de Tezcatlipoca es el negro.
Tezcatlipoca llevaba consigo un espejo de cualidades mágicas, que emanaba humo y era capaz de matar al enemigo, aspecto por el que también era llamado dios del espejo humeante. Fue deidad de la región norte y, como señor del mundo y de las fuerzas naturales, era el oponente de Quetzalcóatl, relacionado con lo espiritual; juntos complementaban la dualidad antagónica con que la cosmogonía azteca explicó el mundo. Entre los investigadores aún no existe acuerdo sobre quién, de los dos, fue el dios principal en el panteón, aunque no se duda de que ambos lo fueran. En ocasiones, Tezcatlipoca aparece en las narraciones como un tentador de los hombres, instándolos al mal: castigando la maldad y recompensando la bondad, él ponía a prueba la mente de los hombres frente a las tentaciones. También era el dios de la belleza y de la guerra, señor de héroes y muchachas preciosas, representado siempre con un cuerpo joven y hermoso.
Una leyenda cuenta cómo el mundo fue creado por Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, cuando sólo existían el océano y un monstruo de la tierra que habitaba sus aguas. Entonces, Tezcatlipoca ofrendó su pie, utilizándolo como carnada para atraer al monstruo hasta la superficie, en donde, tan pronto asomó, fue capturado por ambos dioses, que lograron estirar su cuerpo a lo largo del globo, creando así la superficie terrestre, la tierra firme. La herida de batalla aparece representada toda vez que se evoca a Tezcatlipoca, quien aparece con una de sus piernas sin pie.
SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. Son como siguen:
1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.
2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.
3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.
4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.
5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.
6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.
