Los jueces enfrentan el limbo con decisión y peligro, dispuestos a llevarse a sus enemigos por delante. La venganza de Hades se ha desatado… aunque puede esperar a que Minos hable por teléfono. Así como Touma ha tenido un despertar más o menos violento, Pasitea e Hypnos comparten una íntima conversación. El peligro acecha a los jueces.
¡HOLA A TODOS! A estas alturas, en el Santuario de Athena, los eventos del fic Nec Spe, Nec Metu se están desarrollando. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!
Capítulo 17: Mi vida contigo.
Inframundo. Límite del Limbo.
15 de mayo. 06:46 horas.
Minos se detuvo ante el límite del Limbo, con mirada medianamente depredadora. Tenía algunos raspones en la cara y se veía muy serio, como si quisiera destruir lo que tenía al frente con el pensamiento. Apretó la mandíbula y mostró los dientes, al tiempo que empuñaba los puños. Sus tropas lo seguían, tan silenciosas como él. Habían tenido bajas, que vengaron prontamente.
Radamanthys aterrizó a su derecha, y Aiacos algo más tarde a su izquierda. Los tres habían visto acción. Un camino que no les tomaría más de tres horas a buena velocidad se había tardado bastante más, pues a medida que adentraban en su propio territorio trazaron nuevos caminos, distintos de los normales, para cubrir más terreno y confundir al enemigo. De ese modo encontraron campamentos de esqueletos ocultos, que no dudaron en destruir. Tres fueron las rutas que cubrieron y los tres llegaron más o menos al mismo tiempo, quizás con diferencias de minutos entre uno y otro, pero llegaron.
El gato decidió sentarse junto al Juez de Wyvern y comenzó a asearse.
"Ya estamos aquí. Toca cruzar hacia el Xibalbá." Dijo Radamanthys.
"Lo más probable es que nuestros poderes disminuyan estando allá." Comentó Aiacos, entrecerrando la mirada. "Tenemos por lo mismo que dar golpes certeros y no dudar."
"Y cuidarnos de los señores de Xibalbá. Hasta ahora hemos podido hacerles frente porque hemos peleado en el Inframundo. Nada nos asegura que al otro lado las cosas sean iguales."
"Sin mencionar que han sido los dioses quienes se han enfrentado a ellos." Gruñó Radamanthys. "
"Son deidades, cierto, pero pueden morir: es su desventaja. Hay que poner atención a como luchan." Gruñó Aiacos. El juez de Garuda apretó los dientes: estaba casi seguro que si prestaba atención al combate podría identificar la debilidad de los ajawab. "Será un buen ejercicio. Si Seiya pudo lastimar a nuestro señor Hades, ¿Cómo no vamos a poder nosotros bajarnos a un ajawab maldito?" Añadió con una sonrisa.
"Pues…"
Minos comenzó a hablar, pero en ese momento sonó su teléfono. Radamanthys y Aiacos lo quedaron viendo con cara de circunstancias, pero el juez de Griffin ni siquiera los tomó en cuenta. Sonrió como idiota al ver quien llamaba y no se tardó en contestar.
"¡Elskerinne! ¿Cómo está mi bomboncito?"
Radamanthys se palmeó la cara y Aiacos hizo como que vomitaba un arcoíris. El juez de Garuda procedió a resoplar muy molesto. ¡Lindo! Una llamada de Ingrid. El juez de Wyvern le hizo señas a Minos para que colgara pronto, que estaban ocupados.
"Sí, aquí en el trabajo. ¡Ha sido una masacre! Falta la sangre y las tripas eso sí. ¿Cómo ha estado tu día?" Explicó Minos con voz tranquila, ignorando a Rada. "No, hoy no podré verte, meloncito. Quizás mañana en la noche… Ya sabes, una velada llena de pasión y lujuria… No…. Sí. ¡CLARO! Me encanta la idea. Lo que tú quieras, sabes que confío en ti."
"Ahem. Minos…" Gruñó Radamanthys, señalando la frontera del Limbo. "Por si no te has dado cuenta…"
"Ingrid, tengo que irme. El deber llama." Continuó Minos, aparentemente ignorando a sus colegas. "No, yo te amo más. ¡Yo te amo más! No… Bueno, me amas más. ¡Cuelga!… espero a que cuelgues… no, cuelga tu… No, cuel… ¡OYE!"
Aiacos le quitó el celular y colgó el teléfono antes de regresárselo, sin decir ni pío. Ambos jueces se miraron feo varios segundos, y todo hubiera terminado mal si Radamanthys no hubiese intervenido. Minos y Aiacos estaban en una suerte de ley del hielo bastante atípica, sobre todo desde que el juez de Griffin había decidido que Violate sería su amiga del alma. A veces conversaban bastante bien hasta que Aiacos recordaba que estaba celoso… aunque tenía que admitir que desde hacía unos días que el nepalí estaba mucho menos hostil hacia Minos. Al menos habían mantenido sus diferencias fuera del ámbito laboral. Prefirió intervenir antes que se pusieran raras las cosas.
"Minos, mejor nos concentramos. Mientras antes ataquemos el Xibalbá, mejor."
"Además no podemos perder tiempo: Saben bien que los que entraron a rescatar a la señora Artemisa esperan nuestra señal para poder escabullirse lo más en secreto que puedan."
"¡Ah, cierto! Tenemos prisa. ¿Pues a qué esperamos?" Preguntó Minos con una sonrisa burlona. "Tenemos nuestras misiones: Que los de Xibalbá sepan quienes son sus mamás, como en el fútbol."
"¡Sus papás, Minos!" Gruñó Radamanthys. "Tenemos que mostrarles que somos sus padres. ¡No tienes idea de fútbol!"
"Sí, lo que digas, sabelotodo."
Aiacos rodó los ojos al cielo y tras darles una palmada en los sapuris a los otros dos jueces, se alejó corriendo a toda velocidad. Llegó junto a sus tropas, a quienes les dio una silenciosa instrucción y pronto esa columna de espectros se adentró en el Limbo. Minos aguzó la mirada y sin necesidad de voltear a ver a Radamanthys, supo cuando éste decidió imitar a Garuda. Esperó unos minutos antes de imitarlos a los dos.
"Hora del show." Dijo tras acariciar la cabeza del gato, mientras echaba a correr en dirección del Limbo, junto con sus tropas.
El minino se quedó en el Inframundo, con cara de malas pulgas y esperó a que todos los espectros se fueran. Maulló en señal de aprobación y se devolvió hacia Giudecca.
No le gustaba el limbo.
Santuario de Athena. Templo Principal. Enfermería.
15 de mayo, 07:50 horas.
Lo que lo despertó, fue la caricia de una conciencia ajena a la suya. Parecía estar llena de curiosidad, de inocencia incluso. Hasta podía detectar un velado cariño. Pero no era su propia consciencia, era otra, o al menos eso le parecía. Una que además tenía mucho miedo. Le dio la impresión que tanteaba terreno, como analizando si sería o no seguro acercarse a él, si acaso lo lastimaría.
¿Por qué lastimaría a alguien sin provocación?
Touma abrió los ojos, pero recuperó la conciencia en cámara lenta, como si no se hubiera dado cuenta que estaba despierto. Poco a poco, a medida que transcurrían los segundos, el dolor que sentía en el torso y lo entumidas que sentía las piernas, comenzaron a hacerle caer en cuenta que sí, estaba consciente. Suspiró profundo, cada vez más alerta: estaba sobre una cama, tendido y cómodo. Escuchaba equipo médico cerca y una actividad sosegada alrededor suyo, como si estuviera en alguna suerte de hospital. ¿Por qué estaba en ese lugar? Giró la cabeza hacia un costado, fijándose en la cama de junto. Ahí estaba Teseo, conectado a unos tubos que por lo visto le ayudaban a respirar. Su cosmo estaba en el mínimo posible y se le veía muy grave. Cerró los ojos con fuerza y volvió a enderezar la cabeza sobre la almohada. Odiseo estaba cerca… en condiciones parecidas, pero sin tubos metidos en la garganta. Él tampoco tenía nada en la tráquea, o no lo sentía, pero sentía piquetes en los brazos… ¿Qué había pasado? ¿Por qué estaban ahí y qué miércoles…?
¡ARTEMISA!
Se levantó de golpe, pasando a llevar vías y equipo. La urgencia y la adrenalina hicieron que olvidara donde estaba y en qué condiciones. ¡Artemisa! No la percibía por ningún lado, ¡Tenía que ir con ella! Estaba en peligro y él muy campante echado en una cama y…
"¡AAAAAAAAAAARGH!"
"¡Quieto, Touma!"
"¡Marín!"
La amazona de Águila se abalanzó sobre su hermano y lo obligó a volver a la cama. No le fue difícil, pues al ángel le dolían hasta las pestañas, y no digamos que su hermana mayor fue delicada. De hecho, Marín había tenido que usar fuerza (incluso encendiendo algo de cosmo) para reducir a su hermano menor e impedirle que saliera de la cama.
"¡Cálmate Touma! Estás malherido, tienes que calmarte." Ordenó la amazona, quien estaba sin su máscara. Adolorido y todo, de pronto el dolor le recordaba que estaba bien vivo, Touma bufó acelerado.
"¡Artemisa Está en Peligro! Tengo Que Ir Por Ella." El ángel intentó levantarse de nuevo, pero su hermana no lo dejó. "¡Suéltame, Marín!"
"No. Así herido no le sirves a nadie." Marín lo soltó poco a poco y se observó sus propias ropas. Tenía manchas de la sangre de su hermano por todas sus prendas. Con la agitación y al intentar contenerlo, se le habían reabierto las heridas. "Estuviste a punto de morir. Te atravesaron con una espada y te rompieron varias costillas. Entiende que tienes que calmarte. ¡Casi te mataron!"
Touma pestañeó seguido, tratando de procesar la información que le daba su hermana, a la que había reconocido de milagro. Pero no podía, la angustia comenzó a carcomerle el pecho. Los recuerdos comenzaron a bombardear su mente sin descanso, repitiéndose uno tras otro. Recordaba la cercanía con la mujer que amaba de forma patente, y lo cerca que había estado de besarla, como queriendo ahuyentar sus propios miedos, además de los de ella. ¡Cómo le había costado resistirse a ello!
No podía dejar de ver la imagen de horror en el rostro de Artemisa, ni la sensación de lacerante dolor que le abrumó todo el pecho, al llenarse sus pulmones y su boca de sangre, y el desquiciante pánico que inundó sus sentidos justo cuando comenzó a sentir esa lluvia de golpes de la que no pudo defenderse.
¿Qué había sido de su hermosa y querida luna?
Se levantó de improviso de nuevo en cuanto detectó que podría hacerlo, sin que Marín pudiera atajarlo mejor. Esta vez incluso se bajó de la camilla y pudo dar un par de pasos, pero segundos más tarde Aioria lo devolvió a su lugar de un solo movimiento. Él quejándose como quebrado obviamente.
"¡A la Cama, Cuñadito!" Gruñó el león. "Vuelve a intentar escapar de aquí y Astrea te pondrá amarras. Créeme, las probó con Seiya."
"AAAAARGH, Aioria…" Touma se retorció en la camilla bufando de dolor. Quiso hacerse bola, pero ni Aioria ni Marín lo dejaron. "¡Tengo que ir… por Artemisa!"
"Lo sabemos." Aioria le puso los brazos sobre los hombros, obligándolo a quedarse acostado. Marín le sujetó las piernas, pensando seriamente sentarse arriba de él.
"¡No, NO Lo Entienden! Está En Peligro, ¡Tengo Que Ir Por Ella!"
Touma comenzó a resistir el agarre de Aioria y de su hermana con más ganas, por lo que tuvieron que contenerlo con más fuerza de la necesaria. ¡De verdad estaba empeñado en irse a rescatar a su diosa! Marido y mujer se miraron preocupados: el ángel estaba alteradísimo y los resistía con toda su voluntad, pese a lo debilitado que estaba, sin importarle que sus heridas se reabrieran. ¡Cómo comprendían al pobrecito! En su lugar ellos no estarían mucho mejor. Además Marín tenía esta preocupación aún más profunda en el pecho, pues sabía que la devoción de su hermano por Artemisa iba más allá de una simple relación de un guerrero con su deidad. Lo había visto antes, en la forma en que Seiya miró alguna vez a Saori, con la diferencia que en el caso de Touma sí había un afecto más profundo de Artemisa hacia él.
Los dos se correspondían y se detenían a sí mismos: Artemisa y Touma se amaban y lo sabían. Cierto, se reprimían y mantenían una dolorosa distancia, pero habría que ser ciego e imbécil como para no darse cuenta. Marín suspiró con pena… sea lo que sea que hubiera pasado, iba a ser muy doloroso para los dos.
"¡A un lado los dos! ¡Lastiman a mi paciente!"
Astrea llegó acompañando al médico de turno. Touma, al verlo, redobló sus esfuerzos por intentar huir, por lo que Aioria y Marín tuvieron que sujetarlo de forma que permitiera al galeno revisarlo. Éste, tras una rápida ojeada, intercambió una orden con Astrea y pronto le estuvieron inyectando calmantes, pues de otro modo el ángel no entraría en razón por cuenta propia. La vieja enfermera se lució en la administración de la medicina: la mujer tenía arte en lo suyo, se reconocía.
Touma siguió resistiéndose, tratando incluso de elevar su cosmo y eliminar de ese modo los sedantes que le habían inyectado, pero algo llamó su atención. Un ruido pequeño, más o menos cercano. Era como un débil gemido asustado en algún lugar de la habitación, como escondido tras un mueble. ¿Estaría alucinando?… no, no era él… era esa pequeña presencia…
… la misma que lo había despertado. Se la notaba muy asustada…
Era… era… le recordó a su sobrino. Quizás Héctor estaba cerca. ¿Sería eso u otra cosa?
Subyugado por la medicina, Touma comenzó a calmarse de a poco, aunque en contra de su voluntad… en teoría debió haber perdido la consciencia en el acto, pero no se iba a dejar ir a negro… no sin saber…
"Por favor… tengo que ir con mi diosa…"
"Touma…" Marín se le acercó y le tomó el rostro. "Necesitas estar fuerte para ir por ella… así no le sirves a nadie…"
"¡Está en peligro, Marín!… Me necesita…"
"Así no eres oponente de nadie. Artemisa te necesita fuerte… No puedes ir así por ella."
"Deja de pelear con el calmante Touma." Le gruñó Aioria. El león aflojó su agarre tentativamente. "Recupera tu aliento."
"… pero Artemisa… está en… peligro…"
"Deja de pelear, hermanito." Le dijo Marín acercándose a su cabeza, acariciándole los cabellos y apartando los flecos de su cara.
"¡Ya Dejen de Hablarle O No Se Dormirá Nunca!" Gruñó Astrea.
Touma de pronto ya no tuvo fuerza para seguir resistiendo, las medicinas se la robaron todas…
"¿Marín?" Balbuceó Touma a punto de perder la batalla.
… La calma comenzó a asentarse en su pecho y su respiración se hizo cada vez más pausada. Seguía preocupado a morir… percibía como esa presencia tan diminuta lloraba de miedo. Necesitaba rescatar a la diosa… y consolar a lo que fuese que…
… ¿Quién tenía un susto así?… ¡¿Acaso habían asustado a Héctor con su escándalo?! Apenas podía estar despierto…
"Dime hermanito…"
"… Creo… que Héctor… está… asustado…" Murmuró segundos antes de cerrar los ojos y suspirar, dejándose abrazar por la inconsciencia.
Astrea apartó a Aioria y le tomó los vitales al paciente, cuando vio que éste había sucumbido a las medicinas. El médico en cambio comenzó a revisarle las heridas que se había reabierto con todo el trajín. El león y su esposa se apartaron unos pasos, siempre vigilantes a la condición del ángel, se miraron preocupados.
"Les dará una apoplejía cuando sepan lo que pasó con la señora Artemisa. ¡A los tres!" Comentó Aioria en voz baja. "¡Cómo lo lamento!" El león deslizó su brazo por los hombros de la amazona. "Touma se va a recuperar bien, ya verás…"
"Pobrecito…" Marín se volvió hacia el león. "Temo por su vida cuando se entere." La amazona entrecerró los ojos. "¿Qué habrá querido decir cuando dijo que Héctor estaba asustado?"
"Seguramente alucinaba. Le dieron de los calmantes fuertes." Aioria miró la hora y ladeó la cabeza pensativo. "Igual hace un rato que no vemos al niño."
Ambos decidieron que era tiempo de ir a ver al pequeño Simba, no fuera a ser que los estuviera echando de menos. Aunque más seguro no podía estar, lo habían dejado al cuidado de Aioros… y le habían pedido a Milo (aprensiones locas) que les echara un ojo cada tanto. Iban a comentarlo cuando una conmoción llamó la atención de todos en la enfermería. Todos levantaron cabeza y se asomaron al pasillo, para ver cómo Aldebarán de Tauro traía a Odiseo de regreso.
"Suelta, suelta… aaaaargh, déjame ir."
"¡¿QUÉ HACE ESE ÁNGEL FUERA DE LA CAMA?!" Bramó Astrea, agitando los brazos.
"Sobre la camilla y que se le administren sedantes." Ordenó el médico mientras se acercaba al par. "Por favor, señor Aldebarán, no lo sujete tan brusco."
Normalmente Odiseo hubiera sido más difícil de detener, por no decir imposible. El ángel había despertado más o menos al mismo tiempo que Touma, y había aprovechado el escándalo que había iniciado éste para intentar escapar por una ventana. Claro que toda la fuerza se le fue en el sigilo y ni bien salió al exterior, apenas sí se pudo mover, quedando donde había caído… y ciertamente no ayudó a su causa que Aldebarán lo encontrara por casualidad. ¿Qué estaba haciendo ahí el gentil Alde? Pues ayudando a arrear aprendices que tenían control médico y que se habían escapado solo con el ánimo de extender la visita y no volver tan pronto a los entrenamientos.
"Ya, ya, deja de moverte o te vas a lastimar solo." Le sugirió Alde muy gentil.
"¡Pero mi señora me necesita!" Se lamentó el ángel, sin poder retorcerse como le hubiera gustado.
"Ciertamente, pero no te puedes ni mantener en pie."
Aldebarán levantó a Odiseo en el aire con facilidad y lo puso de regreso en su camilla. Rápidamente el médico y la enfermera estaban encima de él, revisándolo y dándole las medicinas, por lo que el grandote optó por retroceder. Así, Alde se acercó a Marín y Aioria, cruzándose de brazos. Enarcó una ceja y suspiró, mientras observaba los últimos pataleos de ángel por impedir que lo sedaran.
"¿Tienen noticias nuevas sobre la señorita Artemisa?" Preguntó Aldebarán en un susurro. Marín negó con a cabeza, pero Aioria suspiró.
"No se ha sabido mucho sobre la partida de rescate que fue en su busca, pero pronto debería haber noticias." Explicó el león. "No me extrañaría que para esta hora ya la hubieran rescatado, pero no adelantaré nada."
"Es mejor de ese modo." Dijo Marín, deteniendo la mirada en su hermano, quién volvía a estar inconsciente. "Esto va a afectarlos mucho."
"Lo que no me extraña." Suspiró Alde. "Dieron una estupenda pelea en todo caso. Casi se mataron por protegerla."
Aioria frunció el ceño.
"Mejor tomamos resguardos y fortalecemos nuestras fronteras. También tenemos una diosa que proteger."
Los tres no podían estar más de acuerdo con las palabras del león, pero no hicieron mayor muestra de apoyo. Marín se abstrajo un poco y fijó su mirada en su hermano, sin poder evitar suspirar. Esta situación iba a ser un golpe durísimo para los ángeles de Artemisa, pero para Touma…
… Mejor le ponía más atención de la normal. Iba a necesitar todo su apoyo.
Giudecca. Palacio de Hades. Sala de estar.
15 de mayo. 8:56 horas.
Perséfone tenía la vista fija en la ventana, mirando en dirección hacia la frontera del Limbo. Podía sentir el movimiento de los jueces y sus tropas tan bien como percibía a los dioses y espectros que merodeaban Giudecca. Hacía mucho tiempo que no veía a Hades en actitud de combate, quizás unos cuatrocientos años. No lo había visto durante la última guerra santa, pues la habían enviado al Olimpo en contra de su voluntad. Ahora podía verlo, ahí con su kamei, montando guardia en el patio delantero.
La diosa se mordió el labio. Hades debería hacer guardia más seguido: se veía guapísimo.
Eurídice estalló en risas detrás de ella. Cuando se volteó a ver qué le causaba tanta gracia a su hija, sonrió enternecida. Benito acaba de prestarle uno de sus peluches de Totoro y la pequeña diosa abrazaba el muñeco encantada de la vida. Además el niño gesticulaba con los brazos y vocalizaba en una jerga que ni los dioses comprendían, pero que los peques parecían captar al detalle. Alcistes abría los ojos como platos y Eurídice parecía añadir detalles. Benito tomó otro de sus muñecos, un gatobús, mientras se lo mostraba a las niñas.
"No sé qué hablan, pero están muy entretenidos los tres." Dijo Perséfone a la pasada.
La diosa se alejó de la ventana y caminó hasta el grupo. Allí se sentó en el suelo, al medio de los niños y se dispuso a observarlos mejor. Las infantiles risas le habían levantado un poco el ánimo y eso se notaba. Violate estaba de pie, vigilante, a pocos metros. Con disimulo vio la hora: pronto tocaba el biberón de media mañana de Benito. Ojalá que Kagaho llegara pronto a reemplazarla.
"Al menos vocalizan. Están muy conversadores los tres." Comentó Violate, fingiendo desinterés.
"Deja que rían y disfruten: nunca más en la vida estarán así de despreocupados." Dijo Perséfone, fascinada observando cómo conversaban los retoños. Sus niñas la saludaron y ambas señalaron a Benito al mismo tiempo quien, con su ceño fruncido, la saludó con las dos manitos, incluso lanzándole un beso. "Cada día que pasas, te pareces más a Aiacos. Aunque tu papá no es tan coqueto, Benito."
"Casi da pena interrumpirlos." Comentó Violate con el mismo tono de voz.
"Ven aquí, Violate, siéntate conmigo." La invitó la diosa, palmeando el suelo junto a ella. Algo cohibida, la espectro obedeció, tomando un lugar junto a Benito, a quien acarició en su cabecita. "Noto que te manejas como toda una experta con Benito."
"Algo de práctica tengo."
"De tanto ir a escondidas en las noches a cuidarlo, supongo." La tentó la diosa. Un ligero rubor decoró las facciones de Violate.
"Solo un poco. Se hace lo que se puede y solo ayudo al señor Aiacos. Él se esfuerza mucho, es buen papá."
"Benito tiene mucha suerte. Tiene la mejor vida de todos." Dijo Perséfone enternecida. "Algún día Aiacos va a entender el tremendo error que cometió al privarte de tu hijito."
Sorprendida y con los ojos muy abiertos, Violate se quedó mirando a Perséfone, como si no hubiera entendido lo que la diosa le dijo. Esta solo le sonrió de vuelta, casi inocente.
"Benito es del señor Aiacos, yo no podría…"
"Te dice mamá. Lo he escuchado."
"Es solo un niño, ¿Qué va a saber?"
"Sabe lo suficiente. Eres su mamá."
Violate bajó el rostro, pero luego el orgullo la impulsó a levantar el mentón y mirar por la ventana, como tratando de lucir indiferente. Casi por inercia tomó a Benito cuando este pidió subirse a su regazo.
"¡Maaaaaaa!" Exclamó Benito con una sonrisa.
El nene nunca había pasado tanto tiempo con la mujer que identificaba como su mami. Sobra decir que estaba fascinado a morir. Violate ni siquiera intentó soltarlo. Es más, lo abrazó y acunó.
"El señor Aiacos no quiere que sea mamá."
"¿Y le vas a hacer caso?"
"No me gustan los niños. Si llegara a tener los míos propios, quisiera que… pues… bueno, que él me ayudara con lo que me falta… pero no va a pasar."
"¿Por qué dices eso?"
"Dice que sería mala madre. Tampoco creo que me vea atractiva, seguro busca mejores genes…"
"Oooh, tonterías: ¿Qué mejores genes que los tuyos? Aish." Perséfone tomó uno de los peluches de Totoro y comenzó a jugar con sus niñas. "Aiacos te quiere mucho, pero también tiene miedo."
"El señor Aiacos no es un cobarde."
"Teme perderte. ¿Por qué crees que anda tan fuera de centro? El solo hecho de pesar que te puedes ir con otro y dejarlo solo, lo desquicia. Le cuesta expresar eso… además desde que se dio cuenta que le gustas como mujer…"
"¡No me ve como mujer! No le gusto."
"¿En serio Violate eres tan ingenua? De un momento a otro te vio como mujer, tuvo pánico de perderte como su amiga. Se dio cuenta que quería algo contigo, pero no sabe cómo decírtelo. Nunca ha querido perder tu amistad."
"Soy su más fiel apoyo…"
"… he visto santos dorados con más inteligencia emocional que Aiacos. Incluso piedras. En todo caso, tú no lo haces mal y se nota. ¡Soy una diosa! Me doy cuenta."
"…"
"¿Lo amas?"
"Soy su ala derecha."
"Pregunté si lo amabas."
"Soy la estrella celeste de la soledad… yo…"
"Sí o no."
"Sí."
Perséfone sonrió muy contenta. Iba a añadir algo más cuando…
¡PELIGRO!
Giró la cabeza como un látigo hacia la ventana, en dirección del límite con el Limbo. Sus ojos se fijaron en el infinito y se sintió como transportada en un segundo hacia donde estaban las columnas. Reprimió la sorpresa, pero se puso pálida. No pudo ver nada, pero sí supo que era urgente e importante. Era un asunto de vida o muerte, tanto que se asustó por varios segundos. Antes de dar las alarmas que correspondían… vio una oportunidad.
"Lo amas lo suficiente como para ayudarlo." Comentó con gravedad capital.
"Ya dije que soy su más fiel apoyo, señora." Afirmó Violate como intuyendo peligro.
"Entonces ve a ayudarlo. Aquí yo me quedo con Benito: sé que ahora toma un biberón."
"¿Señora?"
"Ve con Aiacos. Necesita tu ayuda: es de vida o muerte."
Sin entender, Violate ladeó la cabeza y por inercia acunó a Benito más protectora. Pero no hubo miedo en sus ojos, tampoco dudas, menos cuando su mirada se cruzó con la de Perséfone, quien asintió muy seria. Con delicadeza Violate se puso de pie, tras dejar a Benito de regreso con sus amiguitas. El pequeñajo la miró curioso mientras se ponía en posición de firmes y se despedía con una formal seña. Instantes después que hubo salido, entro Kagaho de Bennu a ocupar su sitio y él se quedó ahí perplejo.
"¿Agú?"
Perséfone tomó al nene en brazos y lo acunó unos instantes. Se dio el lujo de lucir muy preocupada por los momentos en que se quedó viendo a Kagaho.
"Aiacos de Garuda está en serio peligro. Acabo de ordenarle a Violate que fuera a ayudarlo. Temo que muera." Explicó algo angustiada. Lo mismo le dijo a Hades por la cosmonet divina cuando éste le preguntó por qué había despachado a Violate.
La única reacción de Kagaho fue levantar ambas cejas.
Palacio de Hades. Habitaciones de Hypnos.
En esos momentos. 09:00 horas.
Thanatos enarcó las cejas cuando vio a Pasitea entrar a la habitación. Se sonrieron a manera de saludo y se encontraron a mitad de camino. Tras intercambiar un breve saludo, la gracia se quedó mirando a Hypnos, quien yacía en la cama con un aspecto muy enfermo. Los dioses olímpicos solo podían morir de dos maneras, ya fuese por medio de la Sofocación (desaparecida enfermedad que había sido controlada gracias a la ambrosía y que había hecho una breve reaparición al enfermar a la ojizarca Anfitrite, para volver a desaparecer) o que Zeus decidiera fulminar a la pobre deidad con su keraunos. Un infarto no iba a matar a Hypnos ni por si acaso, pero… eso no quería decir que no sufriera sus efectos. Es más, ser inmortal le había jugado en contra: por último un mortal se muere y deja de sufrir, ¿pero un dios olímpico? Pues… el infarto lo hacía sufrir por días.
Desventajas de la inmortalidad. ¡No te mueres!
El corazón de Hypnos había dejado de infartarse durante la noche anterior. En aquellos momentos estaba exhausto, apenas podía mover siquiera los dedos. Asclepios lo tenía bajo control, había dejado cientos de indicaciones para su cuidado y no quería moverlo por temor a que le diera otro infarto. No era la primera vez que le ocurría…
… cuando los sueños comenzaron a morir, en el poco tiempo que medió entre la muerte del primero y del último, tuvo al menos siete infartos. El peor de todos fue cuando Gala falleció; el último, casi tan grave como aquél, lo tuvo cuando supo que Pasitea estaba embarazada de Phantasos.
Este era su primer infarto en miles de años. Y como siempre, ligado a sustos que le daban sus hijos. El que Hypnos hubiera sufrido uno tras enterarse que Phantasos era prisionera de Xibalbá no pasó desapercibido para Pasitea.
De verdad creyó que Hypnos odiaba a su hija menor. Esto le probaba que al menos notaba su existencia.
"¿Cómo está?"
"Ahí como lo ves. Va y viene. Despierta a ratos de muy mal humor. A veces no se sabe si está despierto."
Pasitea lo miró con bastante paciencia. Ya antes Hypnos había fingido enfermedad para llamar su atención y conseguir mimos, incluso con la complicidad de Thanatos, pero esta vez era evidente que fingiendo no estaba. Lucía pálido y tenía ojeras, los labios resecos y su piel se notaba deshidratada.
"¿Hace cuánto que lo vigilas?"
"Reemplacé a Icelos después de la partida de los espectros."
"No has desayunado."
"No…"
"Y tienes que ir a trabajar al hospital."
"Sí, pero no me voy a morir por vigilar a mi gemelo, por idiota que sea. ¿Dónde se ha visto? ¡Un dios infartado!"
"Giannis…" Le llamó Pasitea en clara referencia a la identidad humana que había asumido. "Vete a desayunar y trata de poner más esmero en como te vistes. No luzcas desaliñado… yo me quedo con Hypnos."
"¿Pasi, estás segura?"
"Estoy divorciada, Thanatos, pero no soy una maldita. Además Hypnos es el padre de mis hijos, y evidentemente no se puede cuidar solo, el muy burro."
"¿Estás segura?"
"No le haré daño. Solo…" Pasitea miró a Hypnos tendido y enfermo. "… Lo cuidaré un rato. Le debo al menos eso."
Thanatos abrazó a su ex cuñada murmurando las gracias. Se retiró en silencio, pero no fue sino hasta que dejó de percibir la presencia de su cuñado en la habitación, que tomó un rol más activo en el cuidado del enfermo. Se notaba que si bien era un cuidado cariñoso, habían sido hombres brutos quienes habían estado a cargo del enfermo. Le arregló las cobijas, se fijó que tuviera puesto un pijama decente, acomodó sus almohadas. Abrió las cortinas para que entrara luz y una de las ventanas para ventilar un poco la habitación. Nuevamente regresó con él y, tras humedecer un algodón, le mojó los labios… acarició sus facciones con la mirada e incluso le apartó algunos flecos de cabello de sus ojos. Sin lentes se veía incluso un poco más joven… como cuando lo había conocido.
Se le apretó el corazón. Nunca, nunca había dejado de amar a Hypnos. No recordaba un solo momento de su vida en que no lo amase. El dios seguía como el único dueño y señor de su corazón.
Lo había dejado solo. Tan solo como él la había dejado a ella. El abandono fue mutuo.
"Buenos días, Pasitea." Le dijo de pronto, abriendo los ojos.
Pasitea no le contestó, solo le sonrió. Se quedaron mirando un rato a la cara, a corta distancia. El último año había estado muy agitado para ambos, y no solo por la guerra. La gracia se había deshecho en vanos esfuerzos por reencantar a su marido y había sido necesaria una medida tan extrema como un divorcio para que ambos se dieran cuenta de que el otro existía.
Quizás se había aproximado mal al problema. Más que tener actividades juntos, lo que necesitaban era expresar qué les causaba dolor. En miles de años nunca se sentaron a conversar de aquello…
¿Por qué a Hypnos le había dado un infarto por Phantasos? Solo le habían dado por los hijos que amaba y se supone que la menor de sus hijos… no contaba con el aprecio de su padre. ¿Por qué de otro modo le había permitido acercarse a un combate? ¿Por qué nunca hizo esfuerzos por acercarse a ella cuando crecía? Hypnos estuvo muy involucrado en la crianza de los sueños, pero dejó a Phantasos sola. No quiso tener nada que ver con esta niña, quizás por miedo a perderla y que le dejara un vacío tan horrible como el que le dejó tanta perdida.
A ella también le dolían los sueños muertos. Por cada una de sus muertes sintió que le desgarraban el alma y cuando sintió los primeros síntomas de la Sofocación, hasta lo agradeció, pues significaba que seguiría el destino de sus hijos y de alguna forma los acompañaría en el Vacío, pero… entonces concibió a Phantasos y por alguna razón que nadie logró explicarse, el embarazo salvó su vida. Se volcó en esa niñita, dedicando todo su tiempo para criarla y educarla, no dejó que nadie más se encargara. Era la segunda hija que daba a luz y se aseguraría que fuera feliz.
Hypnos no hizo esfuerzos por involucrarse. Se alejó, prohibió incluso que Phantasos se le acercara. ¡¿Por qué?! Siendo que era un buen padre, al menos hasta ese momento, ¿Qué lo motivó a alejarse así de su hija? Phantasos nunca tuvo culpa de nada, simplemente había comenzado a existir. Y su concepción sí había sido un acto de amor, como con cada sueño. ¿Acaso se debía a que no era bonita? A ella le parecía preciosa, sus ojitos eran como los de su papá y tenía una astucia tan aguda igual que Hypnos. Allí donde Gala fue más parecida a ella en porte y en carácter, Phantasos se parecía a su padre…
Fue su culpa. Debió perseguirlo, obligarlo de alguna manera a aceptar a su hija, de no hacer esa abismal diferencia. ¡Era su culpa! Acaparó a la niña por temor a que muriera, porque no podría soportar la muerte de un solo sueño más… y… olvidó a su marido. Dejó a Hypnos solo. ¿Acaso alguna vez le había preguntado porqué había tomado esta actitud hacia la niña? ¿Cómo había superado la muerte de los sueños? Porque ella no la superaba todavía. ¿Alguna vez se habían sentado a conversar al respecto?
Tanto que le reclamaba a Hypnos que nunca más se había preocupado por ella y ahora caía en cuenta que ella hizo lo mismo exactamente lo mismo de lo que se quejaba.
Ahora se revolcaba de preocupación por Phantasos. La ansiedad le carcomía las entrañas, pero a diferencia de Hypnos, que hizo lo imposible por ser indiferente con la niña, había tenido dos desahogos… primero con el mensaje en el buzón de voz que le dejó la diosa, y segundo con esa llamada de aquél dios mexica, tranquilizándola. ¿Por qué no los había compartido con Hypnos? Porque asumió que no quería saber de Phantasos, o que no le importaba. Pero el dios se infartó ante la provocación de Chamiabac… por esa cruel insinuación que su hija podría estar partida en dos… Si el destino de la chica le era tan indiferente como quería hacer ver, ¿por qué se había infartado?
"Te infartaste Hypnos." Le dijo Pasitea. "¿Por qué? Se supone que no la quieres…" Le dijo derramando algunas lágrimas. El dios abrió los ojos, humedecidos de pronto.
"¿Alguna noticia?"
"¿Por qué te interesa tanto?"
Hypnos cerró los ojos con fuerza y apartó el rostro. Se sujetó de las sábanas y esperó a calmarse. Sentía que tenía ácido en las venas, no sangre. Hizo el ademán de levantarse, pero Pasitea ni siquiera tuvo que hacer un esfuerzo en detenerlo. Deidad o no, un infarto era un infarto y el que le había dado bien lo hubiera matado tres veces seguidas.
"…"
"Phantasos se encontró con un dios mexica en el Xibalbá. Huitzilopochtli. Me dejó un mensaje de voz desde su teléfono para decirme que estaba bien y… ayer por la tarde Huitzilopochtli me llamó: hay un grupo que partió a rescatar a Artemisa. Me prometió que él mismo traería a Phantasos a casa." Lejos de aliviarse, Hypnos se sintió más desolado. En silencio miró por la ventana, pero se llevó una buena sorpresa cuando sintió como la mano de su ex lo obligaba a mirarla a la cara. "Dime dios del sueño…"
"… No la odio ni me es indiferente. ¡Que te quede claro! Solo… solo…" Hypnos se detuvo y suspiró. "… supongo que toca seguir viviendo." Hypnos volvió a apartar el rostro. "¿Qué haces aquí?"
"Estaba preocupada por ti." Le dijo con calma. "Trato de expiar algunas culpas."
"¿Culpas de qué, señorita perfecta?"
Pasitea se mordió la lengua. Hypnos estaba de mal humor por lo visto: últimamente se la pasaban discutiendo, más que cuando estaban casados incluso. Nunca creyó que lo del divorcio lo iba a afectar tanto como a ella. Se había convencido que ya no la quería…
"Me heriste, Hypnos."
"¡¿Qué te herí?! Mujer, si me vas a estar sacando eso en cara justo ahora…"
"Me heriste con tu indiferencia, me dejaste sola. Nunca mostraste interés por nuestra hija pequeña, y en serio creí que la odiabas, jamás me dijiste como… como te sentías respecto a nuestros hijos que fallecieron." Pasitea admitió con bastante dolor. Frunció el ceño al ver como Hypnos parecía estar juntando toda la artillería detrás de sus ojos. Le tomó una mano. "… y estaba tan cegada por eso, que no me di cuenta que hice lo mismo contigo. No quise buscar soluciones contigo, solo imponerte las que yo estimaba."
"¡¿Huh?!"
Esto sí que tomó a Hypnos por sorpresa.
"Te dejé solo. Y no pensé en tu dolor… solo me concentré en el mío." Pasitea se mordió el labio. "¿Te acuerdas como al principio hablábamos de todo? Y luego de… de…"
"… luego de la muerte de nuestros niños no hablamos más." Terminó Hypnos por ella. Se tragó el nudo en su garganta. "¡No creas que no me dolió decir eso!"
"¡Hypnos!"
"No me mires así, solo fui capaz de decir eso hace unas semanas… ¡Tan tarde para remediar cualquier cosa! Quien pagó las consecuencias de nuestra nula comunicación fue Phantasos y…" Un nudo en la garganta no dejó que Hypnos siguiera hablando. "… mi hija nunca dejará de odiarme."
"Phantasos no te odia. Te respeta y admira mucho, solo… que no le enseñé a acercarse a ti. Eso también es mi culpa."
"Eso es culpa de los dos. Y sí me odia."
"Rencor te tiene, pero no te odia. Créeme: la conozco mejor que tú."
"La conoces. Yo me perdí su vida entera." Hypnos suspiró con delicadeza y miró hacia la ventana.
Si bien el dios se le notaba de mal humor y algo deprimido, no pasó desapercibido para Pasitea el leve rubor que decoró sus mejillas cuando la vio de reojo, antes de volver toda su atención a la ventana. En cierta manera la enterneció un poco, pero no iba a pensar en eso. Con una sonrisa agridulce, se puso de pie.
"Iré a traer tu desayuno. Conociéndote, seguro ladras de hambre. ¡Oh!" Comenzó diciéndole cuando notó que Hypnos no le soltó la mano… que no supo en qué momento se la sujetó de regreso. Con timidez, se soltaron. "Vuelvo en seguida."
Con pies ligeros, Pasitea abandonó la habitación, tratando de mantener la calma. Se alejó por el corredor, y en su urgencia por alejarse lo más pronto posible no se dio cuenta que, detrás de un enorme reloj, Oneiros se asomó con cautela, mordiéndose el labio, como si estuviera reprimiendo las ganas de ilusionarse.
"No… no se pelearon. Conversaron en serio… ¡Se tomaron de la mano, estoy seguro!" Dijo el dios directo a la cosmonet divina.
"¡¿Qué más?! ¡¿Están conversando en serio?!" Le preguntó Morfeo por cosmonet.
"Nos tienes en ascuas, muchacho. ¡Habla!" Gruñó Thanatos.
"Ya sabía yo que esos dos no iban a durar mucho más divorciados." Comentó Hades.
"¿Creen que se reconcilien?" Preguntó Icelos.
"¡Déjenlos en paz y que lleven sus tiempos!" Gruñeron Morfeo y Perséfone casi al mismo tiempo.
Oneiros decidió ignorar a sus parientes, y esbozó una sonrisa. De pronto como que se sentía de mejor ánimo. Nunca se sabía, quizás sus padres aún tenían esperanza…
… Claro… ¡mejor sería si Phantasos regresara pronto!
¿Por donde andaría?
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Campos de Batalla
… Ahaltocob blandió su espada por encima de la cabeza y atacó a Aiacos, quien aprovechó para golpear el estómago expuesto del dios. Golpear a la deidad era en extremo difícil y peligroso, cada golpe se devolvía multiplicado por tres y solo enojaba más y más al dios en cuestión. Aiacos cayó al suelo y se pegó una buena arrastrada. Fue como si le hubiera caído una descarga de unos diez mil voltios, pero no se dejó derrotar. Pese a las protestas de sus músculos, se…
Nota Mental: Como que no me sorprende la recepción del binomio HuitzixPhantasos, aunque puede que pronto entre un tercero en discordia. Admito que me siento algo extrañada, pues por lo general, a estas alturas suelo estar en los capítulos finales de un fic, pero en esta ocasión, pues… faltan varios capítulos. No muchos, el final ya se vislumbra, pero no pronto. Todavía quedan un par de sorpresas. Yyyyyy… creo que desde ya puedo adelantar que hay una miniserie secuela de este fic que ya está escrita. Y puede que haya otra: intenté comenzar a escribir el próximo fic de Aioros, pero mi Musa tiene otras ideas. A todo esto, ¿comenté que hay imágenes de Huitzilopochtli en el pinterest? Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. La traducción es de Google Traductor. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.
Elskerinne: Querido/a. Se usa en los encabezamientos de las cartas dirigidas a alguien con quien se mantiene una relación de confianza, especialmente amistosa o afectuosa, precediendo al nombre que señala al destinatario. También se dice respecto de una persona casada con la que se mantiene una relación amorosa o sexual estable con ella.
SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. Son como siguen:
1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.
2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.
3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.
4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.
5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.
6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.
