Un Ajawab ha desaparecido de la existencia, pero quienes quedan deben recoger los pedazos y continuar con la misión, aunque Aiacos no está en condiciones de nada. Violate le muestra ternura y decisión. Por otro lado Artemisa por fin ha despertado y comienza a lidiar con su vida después de aquella horrible experiencia. Por cierto, ¿Dónde se metieron sus ángeles?
¡HOLA A TODOS! A estas alturas, en el Santuario de Athena, los eventos del quinto capítulo del fic Nec Spe, Nec Metu se están desarrollando. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!
Capítulo 19: Consecuencias de Distintas Batallas.
Xibalbá. Selva de Jícaros.
15 de mayo.
El grito de Ahaltocob aún resonaba por la selva y, en resonancia a aquella muerte, los cosmos de los otros señores de Xibalbá se elevaron, sorprendidos, y rápidamente se movilizaron para defenderse. Nada de eso parecía importar de momento, los espectros (si es que seguían vivos) tenían que reagruparse y rápidamente decidir si proseguían o no con el plan original. Huir era una opción, pero puede que no la consideraran.
"¡ARGH!"
La energía liberada por la muerte de Ahaltocob les dio una buena arrastrada y ninguno quedó inmune a ella. No quedó duda de que aquél ajawab había desaparecido de la existencia, que su única debilidad había sido descubierta y aprovechada. El vacío que dejó su cosmo se cerraba en la tela del tiempo como una herida infectada que por fin comenzaba a sanar. Cuando dejó de rodar, Violate se incorporó de golpe, retirando algunos escombros de encima (ramas, piedras y el ocasional tronco) y buscó con la mirada entre los árboles caídos y la destrucción que había arrasado con aquella porción de selva, distinguiendo espectros que se ponían de pie poco a poco. Por instinto encontró a Aiacos, quien quedó tirado boca abajo allí donde cayó, incapaz de defenderse. Llegó hasta él y rápidamente lo puso sobre su espalda, suspirando de alivio al notar que todavía vivía. Estaba sudado y tenía los ojos muy abiertos, con las pupilas muy dilatadas. Las manos le temblaban muchísimo, parecía tener temperatura y dificultades para respirar.
"¿Señor Aiacos?"
"…"
Un agitado Aiacos solo la quedó viendo, pero sin reconocerla o registrar siquiera que estaba allí. Intentó hacerse bola, pero Violate no lo dejó. Le acarició una mejilla con ternura, más de la que se permitía, y apretó la mandíbula para reprimir un puchero: conocía estos síntomas, aunque nunca los había visto en Aiacos. Le despejó la frente de los flecos de cabello, como si aquellas caricias le confirmasen que no se iba a morir. En eso llegó Radamanthys, a las zancadas, quien tras agacharse junto a ellos y revisar si el juez tenía fiebre, le dio algunas palmadas en las mejillas para hacerlo reaccionar, en vano.
"Those bloody stupid ass slut cunt bitches!" Reclamó el juez, apretando los dientes. Violate lo quedó viendo con sorpresa. Rada era muy mal hablado en su idioma, pero se cuidaba mucho de no decir groserías frente a mujeres, así que si había dejado esos ejemplos del vocabulario, debía estar muy enojado. "¡Se lo cargaron!" Dijo mientras le revisaba los ojos. Una rápida revisión de otras heridas reveló el lugar por donde le habían inyectado la droga. "Bloody hell! This looks bad!"
"¡No diga eso! El señor Aiacos es fuerte, ¡Va a salir de esta!"
"No lo dudo, Violate, pero esto es serio." Radamanthys miró con severidad a Violate. "Aiacos necesita ayuda. Debe regresar a Giudecca."
Violate lo miró severa, mientras acomodaba a Aiacos por inercia en su regazo, como protegiéndolo. Era evidente que el juez no podría proseguir con la misión, pero el que lo sacaran del campo de batalla destrozaría a su señor quien, al igual que ella, anhelaba con toda su alma servir bien y dar honor y gloria a su señor Hades en combate. Pero en este estado… ¡Horror! Ni siquiera tenía control sobre su cuerpo.
Radamanthys cerró los ojos y bajó la cabeza, consciente de lo que podría estar pasando por la cabeza de Violate. Iba a hacer un comentario al respecto cuando oyeron un débil gemido. Aiacos tenía los ojos bien apretados y parecía hacer un esfuerzo notable en controlar los temblores. Cuando abrió los ojos los fijó en su ala derecha, pero no la reconoció. Parpadeó algunas veces sin poder enfocar. Sus pupilas estaban bien dilatadas. Tragó saliva.
"… Q… q… que… que… Violate no… no me… vea así… ¡Benito!… tampoco…" Cerró los ojos bien apretados, sacudiendo su cabeza como si intentase sacudirse las drogas del sistema. En serio parecía estar haciendo un esfuerzo consciente en tratar de controlar su estado. "… dile que la… amo…" Aiacos comenzó a resoplar. "… a vio… a Violate…"
Radamanthys carraspeó algo incómodo, aunque no más que Violate, quien al escuchar esas palabras se sonrojó bastante, aunque fruncía el ceño.
"¡Guarde su aliento, señor Aiacos!" Protestó en aparente mal humor, mientras le acariciaba la cabeza. "Lo necesita para recuperarse, no para decir ñoñerías."
Pero el juez de Garuda se enajenaba cada vez más al perder la batalla contra los estupefacientes en su sistema.
"… la… la amo… y… a mi… hijo…"
"¿Tiene que ponerse pesado y cursi justo ahora?" Preguntó Violate al aire. Radamanthys se encogió de hombros y sonrió para sus adentros.
"Dicen que no hay borracho que mienta." Comentó a la pasada, cosa que engrifó rápidamente a la espectro.
"El señor Aiacos está con la pálida, señor Radamanthys. ¡Es diferente!" Protestó la mujer.
"Es casi lo mismo. Aún drogado piensa en ti." Radamanthys se puso muy serio. "Enajenado y todo te dijo que te ama. Eso es tan cursi que me dan ganas de vomitar unicornios (no arcoíris, esto lo supera)."
"¡No diga tonterías! Son solo los efectos de las…"
"Te ama. Lo amas. Las pruebas están a la vista. ¡Deja de complicarte, mujer! Te pones igual o peor que Aiacos cuando le digo esto mismo. ¡Están los dos con la permaregla!"
"¡Señor Radamanthys!" Bramó Violate indignada.
"La verdad no más digo."
Hay que decir algo bien dicho. En todo este tiempo, Radamanthys había sido uno de los pocos espectros que siempre le había dicho tanto a Aiacos como a Violate lo evidente: que el otro lo amaba. Sin embargo esto no consoló a la espectro, pero sí la impulsó a dar más información de la que le hubiera gustado de lo nerviosa que se puso. Violate hizo un enojado puchero, pero optó por concentrarse en atender al caído juez de Garuda. Rada se sintió algo incómodo al ver la expresión que le dedicaba la mujer al caído.
"¡¿Eso de qué me sirve, señor, si no me dice nada?!" Reclamó Violate sin saber si estar de mal humor o sensible. Continuó con las caricias, las que por cierto parecían calmar a Aiacos, por enajenado que estuviera. "Las palabras de un borracho valen NADA."
Radamanthys negó con la cabeza. ¡Women!, pensó para sí, pero se reservó el comentario. Le puso una mano sobre el hombro a la mujer.
"Tampoco le demuestras nada que no sean golpes… Somos hombres, espectros, jueces al servicio de Hades, pero eso no quiere decir que no tengamos algún grado de sensibilidad. También nos gustan los mimos (ojo, no indirectas) y que nos acojan. Tú nunca le has dado a entender a Aiacos nada de eso." Le dijo muy serio. Carraspeó algo asqueado por su propia confesión: se supone que un hombre rudo no debía admitir esas cosas. "Aunque admiro tu devoción por él."
Violate casi hace un puchero. Lo que acababa de decirle Radamanthys era tan real, como lógico e ignorado. Sentido común en el que nadie pensaba. La mujer bajó la mirada hacia Aiacos, cuya mirada perdida y contenidos temblores la perturbaban. Entrecerró los ojos muy decidida.
"Me lo llevo a Giudecca."
"¡Ni una posibilidad!" Se apresuró en decir Radamanthys. Ambos se mantuvieron la mirada con intensidad un buen rato. "Toma el mando de esta columna, difunde el punto débil de los ajawab y termina la misión de Aiacos, es una orden. Yo me llevo a la Urraca."
Por instantes Violate lo escaldó con la mirada, pero apretó la mandíbula con fuerza, al igual que las manos. Gruñó de mal humor y se puso de pie. Se obligó a relajar sus músculos y observó hacia el horizonte, a donde se suponía que se dirigía Aiacos antes de haberse cruzado con Ahaltocob.
"A su orden, señor Radamanthys." Violate le dio al tiempo que volvía a inclinarse junto al caído. "Ahora si me permite…" Y sin pedir mayor permiso, despejó la frente de Aiacos de algunos cabellos y le besó la mejilla. "Buena lucha mi señor."
Tanto Violate como Radamanthys se pusieron de pie, levantando con ellos a Aiacos quien, aunque vivía, era peso muerto. El juez de Wyvern, al ver una última caricia de Violate hacia el juez de Garuda cuando lo ayudaba a acomodárselo, rodó los ojos al cielo. ¡Bloody Women!,pensó, pero no la detuvo.
Aiacos sin duda era un bastardo con suerte: tener la devoción de Violate no era cosa menor, aunque sabía que a lo largo de las reencarnaciones siempre había sido así. Resopló molesto. ¡Su pobre compañero juez! Este ataque era la suma de todos sus miedos: antes de la guerra contra Athena, cuando Thanatos comenzó a rastrearlos y despertar sus cosmos, se encontró con un adolescente Aiacos en Nepal, cuya vida había sido un desastre. No tenía padre conocido y su madre, agente de altas inversiones en un banco, nunca tenía tiempo para él. Cuando Thanatos lo encontró, ya era irremediablemente drogadicto, ni siquiera se molestaba en disimular, pero ni aun así su madre se daba cuenta. El dios se lo llevó al Inframundo a que tomara su papel como juez de las almas, aunque primero hubo que desintoxicarlo, que dejara de consumir drogas…
… no digamos que Aiacos recibió tratamiento médico de primer nivel: simplemente lo encerraron en una mazmorra a que se le pasara tanto los efectos de la cocaína como los de la abstinencia, y hasta que se le quitaran las ganas de recaer. Sí, lograron su cometido. Aiacos se desintoxicó, pero recayó un par de veces más y en ambas ocasiones usaron la misma brutal solución. Casi se desquició durante el segundo tratamiento, pero bueno… cuando salió de su horrible tercer encierro, donde incluso casi se infartó, Aiacos decidió no volver a probar una droga en su vida, aunque fuera una inofensiva y triste aspirina. Desde entonces habían pasado doce años, los mismos que acababan de irse por el caño por este cobarde ataque de Ahaltocob. Radamanthys maldijo entre dientes y en su propio idioma, ventilando una sarta de groserías en honor del cobarde ultraje hecho a su compañero. Él conocía bien la lucha de su hermano de armas y tomaba profunda ofensa por su actual predicamento. No era fácil superar una adicción, menos en sus condiciones, mucho menos de la manera que Aiacos lo había logrado.
Minos estaba pendiente por cosmonet, conste. También les había hecho una florida dedicatoria en noruego.
"¿Lo van a encerrar en la mazmorra de siempre?" Preguntó Violate con angustia.
"Sí."
"Ojalá que no se les muera. Pero es fuerte." Dijo muy severa, aunque solo para ocultar su preocupación.
"No morirá." Radamanthys frunció el ceño. "Vamos mujer, cumple tu misión. La urraca no se nos muere (He knows better than that, Damn it!). ¡Te veo en Giudecca!"
Violate asintió, pero ni bien Radamanthys comenzó a alejarse de la zona, no perdió tiempo y, girando sobre sus talones llamó la atención de los espectros que se habían reagrupado no lejos al dar una patada autoritaria en al piso. Con las manos en las caderas esperó a que las tropas formaran filas.
"La Columna Obedece Mi Voz A Partir de Ahora." Dijo Violate con firmeza. "Vamos a cumplir con la misión encomendada y lo haremos de forma eficiente. Haremos que estos malditos paguen caro las ofensas que le han hecho a nuestro señor Hades, y a nosotros, los espectros. ¡Andando! Por Hades, ¡Y a la victoria!"
A un tiempo, a medida que Violate daba pisotones en dirección de su objetivo, los demás espectros la siguieron en silencio y sin dudar de su autoridad, tal como lo habían hecho al seguir a Aiacos, dispuestos a darles una lección a los ajawab, a vengar a sus compañeros caídos y a preparar el terreno para el ataque de los dioses.
Nadie hería al Inframundo de ninguna manera, sin que ellos vengaran la afrenta de la peor manera posible.
Monte Olimpo. Estancias de Leto.
Dos días después. 17 de mayo. 11:23 horas.
Ya llevaba un buen rato encerrada en el baño, mirándose en el espejo y con el rostro surcado por las lágrimas. Le había costado estar sola, Leto no la dejaba ni un instante y su insistente hermano la buscaba con ahínco, justo en el momento en que no quería ni verle la cara. No era desagradecida, valoraba incluso más que su propia madre el interés que su familia estaba mostrando por ella: Artemisa había sido la primera que había llamado por su mamá en el peor momento y quien más agradeció su abrazo cuando éste llegó, pero… necesitaba estar sola.
Aprovechó la primera oportunidad. Simplemente entró al baño y no salió. Leto tocó la puerta al cabo de unos momentos, pero por lo visto entendió la indirecta: necesitaba pensar. ¡Cómo necesitaba pensar! Bajó la mirada. Inspiró profundo un par de veces. Se dio ánimos a sí misma y volvió a enfrentar su reflejo.
El dolor le atenazó la garganta. No reconocía su cuerpo. ¡Pero era el mismo! Y a la vez no lo era…
"¿Cómo se atrevieron…? ¿Cómo no pude…?"
Estaba desnuda frente al espejo: había querido mirarse en paz, ver cómo había quedado, sin prendas que la tapasen, aunque en esos momentos se tapaba el pecho con sus brazos. Necesitaba verse así, sin filtros que ocultasen sus heridas, quería verse a sí misma, o de otro modo no podría comenzar a sanar. Los hombros, codos y sus caderas estaban horriblemente amoratados. Tenía marcas de arañazos por toda la piel, el lado derecho de su rostro estaba hinchado. Los nudillos de sus manos estaban pelados y las muñecas tenían el mismo color negro y violáceo que sus hombros. Su labio estaba partido. Cierto… sus heridas estaban curando rápido, el día anterior se veía mucho peor. ¡Era una diosa! Y tenía su cosmo de regreso, pero…
Dejó caer sus brazos al mismo tiempo que le caían varias lágrimas de sus ojos, buscando casi por inercia su pijama, que se puso sin tanta ceremonia. ¡Qué desastre! Y qué extraña sensación de saber que ese cuerpo que miraba y sentía era suyo, pero rechazarlo al mismo tiempo. Volvió a fijarse en su reflejo: los ojos los tenía enrojecidos más allá de lo saludable. Se llevó las manos al cabello…
… Afrodita había estado con sus gracias el día anterior, y entre todas le habían arreglado el pelo, para que no pareciera que se lo había tijereteado en un arranque de ira. La dejaron bonita, tenía que admitirlo, el corte le daba un aire menos grave a su rostro, pero aun así le dolía la pérdida de su cabello. Algo le dijeron de que Apolo había rescatado el resto de su melena y que las musas habían hecho una trenza con ella. Francamente no quería saber de eso.
Se tapó la cara y apoyó los codos en el lavamanos, echando a llorar en serio. No pasó mucho rato antes de que las rodillas le fallaran y cayó al suelo, dejando salir toda la negra desolación que tenía en el pecho. ¡¿Qué habían hecho con ella?! ¡¿Por qué?! Pasó milenios y milenios protegiendo su pureza, ¡al menos que hubiera tenido el derecho de elegir con quien y como!, no ser víctima de un acto tan ruin y asqueroso, que solo podría compararse a un sacrilegio de particular horror. ¿Y ahora? ¿Cómo iba a explicar a sus devotos que ya no era casta y pura? Intentó defenderse. ¿Cómo no pudo defenderse? ¡Era una diosa! ¿Cómo no pudo pelear? ¡Maldita sea! ¿Cómo iba a mirar a todo el mundo a la cara?
¿Cómo miraría a Touma? Eso era lo que más le dolía. Tenía terror que su querido ángel ya no la quisiera, que sintiera asco y la rechazara. ¿Cómo mostrarse ante su amado mortal así de humillada? Lo que los ajawab le habían arrebatado sin miramiento alguno había estado pensando seriamente en entregárselo a su pelirrojo… ahora ya no valía nada. ¡¿Cómo se atrevieron?!
Artemisa se quedó llorando un buen rato, sin estar muy segura si habían transcurrido minutos u horas. Era horrible sentirse así, no quería, dolía como el averno. Comenzó a calmarse… haciendo cada tanto algunos pucheritos. Ya no se sentía linda, ni deseada… Touma ya no la querría cerca, se sentía tan grotesca…
No podía cambiar el pasado, ni con todo su poderío de diosa. Frunció el ceño decidida: no habían alcanzado a quebrar su espíritu, aunque poco había faltado. Aún tenía fuerza dentro de ella. Mientras antes aceptase que la habían violado, antes se recuperaría: ¡Claro que iba a doler horrores!, pero si había mujeres mortales que habían aguantado violaciones incluso peores que la suya, ella tendría que ser capaz de lograrlo. Ni era la primera diosa a la que le pasaba esto, y seguramente no sería la última. ¡Como dolía! Era tan horrendo el dolor que tenía la impresión que nunca se lo podría arrancar del pecho. Sin mencionar el físico, pues también le habían dejado heridas bastante feas…
Se puso de pie, apoyándose en el lavamanos. Con mirada fiera se miró al espejo, desafiante y señorial. Aún con el rostro herido y los ojos tan enrojecidos como los tenías, miró fiera a su reflejo.
"¡Escúchame bien! ¡Eres Artemisa! Vas a superar esto, no te derrotaron y te queda fuerza. ¡Este dolor ARDE como ninguno! Pero NO TE MUERES. ¡Ni te dejo morir!" Le dijo a su reflejo. Se irguió en toda su altura al momento que tomaba una fuerte bocanada de aire. "Creo que… es lo que a Touma le gustaría." Repitió en voz baja. "No sé con qué cara los voy a ver ahora… Touma ya no me va a querer nada…"
Se abrazó y lloró encorvada por unos instantes, pero antes de estallar de nuevo en llanto, volvió a mirar su reflejo.
"Lloraré todo lo que quiera, no me dejaré nada dentro… ¡Pero me niego que el llanto domine mi vida!" Se le arrancaron varios pucheros y lagrimones. "¡Por el Olimpo! No puedo sola…"
De nuevo estalló en llanto, pero al menos se mantuvo en pie, aunque encorvada sobre el lavamanos. Al cabo de un rato, cuando se hubo sosegado un poco, abrió la llave del agua y se mojó el rostro, lavándose con cuidado. Volvió a erguirse y dejó caer los brazos. Respiró varias veces ante su reflejo, sacando fuerza y recuperando la compostura. Casi por inercia levantó su mano izquierda y la puso sobre su abdomen, acariciándose con reticencia. Abrió los ojos: no era ingenua, ella era matrona, era su vocación junto con la caza, sabía bien lo que estaba ocurriendo allí dentro en su vientre; no la habían rescatado solo a ella de aquella celda en Xibalbá. Dejó caer la mano y desvió la mirada, muy seria, pero neutral… ignoró a propósito aquél pequeño pedacito de conciencia que acarició la suya, cariñosa y muy dulce, pero con inmenso temor. Trataba de llamar su atención, obtener algo de ella, pero Artemisa no quería reconocer que existía, no todavía… quería pensar que eran ideas suyas, que no era posible. Se negaba a pensar en ello.
Gruesos lagrimones recorrieron sus mejillas al notar la insistencia de aquella presencia, pero endureció su corazón. Apretando los dientes, tomó un trozo de papel y se limpió la cara.
"No me molestes. ¡Aléjate de mí!"
Casi se le rompió de nuevo el corazón cuando dijo eso, más al notar como aquella presencia retrocedía como si le hubiera echado ácido encima, llorando desolada. Artemisa se gruñó a sí misma, no tenía tiempo para lidiar con otro drama. Volvió a respirar un par de veces y salió del baño. Tenía hambre… y el temor de que sus ángeles estuvieran en los calabozos del Olimpo. Porque no podía explicar su ausencia de otro modo. No sabía con qué cara miraría a sus queridos ángeles, a Touma, pero… necesitaba verlos, saber si la apoyarían o no. ¡Necesitaba a sus angelitos!
…
Sobre todo a Touma.
"¡Misi! Menos mal que saliste, llevas horas encerrada allí dentro." Leto no dudó en arrojarse sobre su hija y tomarla de las manos. "¿Por qué no dejabas que entrase? No tienes que sufrir esto sola…"
"Necesitaba un momento, mamá. Tengo un desastre en la cabeza, tenía que poner orden en mis pensamientos." Artemisa reprimió un puchero, pero no soltó las manos de su mamá. "Esto me duele, pero ya dejará de doler."
"Claro que sí, hijita querida. Sé que saldrás adelante." Le dijo mientras le acariciaba la mejilla. "Pero no te encierres ni rechaces la ayuda que te ofrecemos, eso es lo peor."
"Nunca pensé en hacer tal cosa. No voy a poder sola, no soy tan ruda como creí." Artemisa suspiró y se limpió una mejilla. "Mamá, ¿Dónde están mis ángeles? ¿Acaso están presos que no han venido? Los conozco bien, no se me ocurre otro motivo del porqué no fueron al Xibalbá por mi… o por qué no han venido a mi presencia…"
Leto abrió los ojos y dejó escapar una sorpresa muda. Palideció un poco y sus ojos se llenaron de lágrimas. Esto no le gustó nada a Artemisa.
"Artemisa… ¿tienes que hacer esa pregunta tan pronto?"
"Son mis queridos hermanos… mamá: ¿Dónde están?" Preguntó temerosa, más al ver lo reacia que se mostraba Leto, como si no le quisiera decir. Artemisa sintió un vacío en el estómago. "Mamá… dime."
"Artemisa… el ataque que sufriste cuando te raptaron, fue… no les fue bien. Ellos…"
Por alguna razón Artemisa pensó en Zeus y su intolerancia a ese tipo de fallas. Derechamente se asustó, su corazón se desbocó. ¡Pero si sus ángeles habían peleado como leones como protegerla! Acaso… ¡¿Acaso…?!
"Mamá… ¿Acaso mi padre los fulminó que no me quieres decir?" Preguntó mientras comenzaba a hiperventilar, con la voz en un hilo. Leto la sujetó.
"No hijita. Ganas no le faltan, no mentiré al respecto, pero… Odiseo, Teseo y Touma… ellos…" Leto se mordió los labios. ¿Cómo podría decirle la verdad a su hija sin que tuviera una crisis nerviosa? Artemisa la miró severa y asustada.
"¿Dónde están mis ángeles, mamá?"
Inframundo. Giudecca. Sala de Guerra del Palacio de Hades.
17 de mayo. 12:00 horas.
Violate de Behemoth estaba arrodillada ante Hades y Perséfone. Se notaba que venía de un combate, con la armadura sucia, raspada y abollada por partes y ella misma mostrando las consecuencias de los golpes dados y recibidos. La Estrella Celeste de la Soledad lucía con orgullo la victoria que le había traído a su señor, aunque al mismo tiempo tenía algo de agridulce. Hades la miró también orgulloso, sin sentirse defraudado por los logros obtenidos, ni por el hecho de que Aiacos no había podido completar la misión. El sacrificio del juez de Garuda tenía muchísimo valor a sus ojos pues, si bien lo dejó fuera de combate, pudo revelar el punto débil de los señores de Xibalbá. Con ese conocimiento en mano dejaría caer su venganza sobre ellos, y con intereses añadidos.
La campaña contra ellos había sido exitosa. Minos y Radamanthys, quienes no lucían mucho mejor que Violate (todos los que participaron del ataque estaban machucados), ya habían dado sus reportes. Las casas de la tortura habían sido atacadas y debilitadas, muchos de los esqueletos fueron evaporados. Los señores de Xibalbá fueron sorprendidos y tuvieron que defenderse. La aniquilación de Ahaltocob quebró su templanza, provocando un pánico entre ellos que los llevó a cometer errores graves. En aquellos momentos intentaban reagruparse, convocando lo que quedaba de sus fuerzas hacia la Casa de los Cuchillos, en donde pretendían atrincherarse.
"Están retirando los esqueletos que les quedan desde el Mictlán y del Tlalocán. También desde nuestras propias tierras." Comentó Hades.
"Eso parece, mi señor." Le respondió Violate.
"Los campamentos de esqueletos que habían instalado en el Inframundo fueron arrasados en su mayoría. Los rezagados están siendo eliminados en estos instantes." Aseguró Minos con voz grave. "No sacarán mucho en limpio desde aquí."
Hades se cruzó de brazos, muy meditabundo, mirando ocasionalmente hacia su esposa, quien mantenía un glacial silencio. Ambos parecían conversar entre ellos sobre esta situación. Pandora dio un paso adelante y, con un gesto de su mano, hizo aparecer un mapa del Cocytos en la pared. Hizo un acercamiento sobre un punto en específico, un lugar remoto y aparentemente inaccesible incluso para ellos.
"Las tropas de Radamanthys encontraron un campamento de esqueletos y calaveras en esta área." Explicó la mujer con profesionalismo. "Al ir a investigar, se encontraron con una excavación. La cabeza de Vucub–Camé fue hallada en lo profundo de uno de los fosos de hielo eterno."
"Los esqueletos y calaveras halladas en el lugar fueron exterminados, mi señor." Afirmó Radamanthys orgulloso, golpeando su armadura.
"Sacaron la cabeza de Vucub–Camé del hielo." Explicó Pandora. "Se la entregué al señor Thanatos para que hiciera con ella lo que juzgara adecuado."
"La cabeza ya no existe. Pensé en lanzarla al interior del Tártaro, pero preferí derretirla en ácido. Ese ya no revive." Afirmó Thanatos.
"¿Qué hay de la otra cabeza?" Preguntó Hades.
"Sigue perdida, incluso para los ajawab." Afirmó Pandora.
"Primero nos concentramos en esto, cuando la guerra termine, buscaremos la cabeza que falta y se le dará el mismo tratamiento." Ordenó Hades. "Tenemos cosas más importantes que hacer en estos momentos, como planear nuestra siguiente movida. Saldremos en seis horas más para el ataque final: Zeus y Apolo se nos unirán, al igual que Quetzalcóatl y Huiteloponcla."
"Huitzilopochtli, señor." Carraspeó Thanatos con disimulo.
"¡Ese mismo! Fue lo que dije, ¿no?"
Se oyeron algunas toses disimuladas por doquier y varias miradas se intercambiaron.
"Se entendió perfecto la idea."
"Bah. El asunto es que partimos en seis horas." Gruñó Hades de mal humor y cruzado de brazos. "Lo que me recuerda…"
Hades se interrumpió con elegancia. Miró hacia Violate por el costado y sonrió paternal. Algunos espectros encontraban algo perturbador que su señor hubiera adoptado expresiones más paternales durante el último año, pero no les sorprendía, considerando que se había convertido en padre no hacía mucho. Lo que sí les extrañaba que a veces extendiera ese beneficio hacia ellos. Era raro y algunos se asustaban. Violate tragó saliva.
"… Obedeciste una orden de mi bella Perséfone. Terminaste la misión de Garuda con la excelencia esperada. ¡No te he dado las gracias, Violate de Behemoth!"
"Mi señor me honra injustamente. Yo solo llegué al final de la pelea, apenas di el golpe de gracia: no permitiría que su nombre cayera en desgracia, señor Hades." Violate bajó la cabeza, con el corazón apretado: de pronto temía por el futuro de Aiacos. "Estoy segura que el juez de Garuda hubiera hecho un mejor trabajo."
"Aiacos descubrió una ventaja crucial, que estoy seguro nos dará la victoria. Cayó como un héroe en el proceso. Evitaste que pisotearan su honor, y el de Antenora. Te estoy agradecido, Violate, y mucho."
"¡Señor!"
"Sin embargo tengo una duda." Le dijo Hades. "Tendría que ser ciego para no haberme dado cuenta que Aiacos y tú no solo se traen ganas, sino que además han estado peleados ya varias semanas. Si tanta distancia mantienes con él, ¿Por qué fuiste en su ayuda?"
"Pues… porque la señora Perséfone me lo…"
"¡Dime la verdad, Violate, la verdad!"
"Violetita echa de menos a Aiacos. No han podido resolver diferencias, pero se tienen ganas hace años, solo que son demasiados orgullosos para dar el brazo a torcer, sin mencionar esa maldita timidez." Se apuró en explicar Minos. De la vergüenza, Violate abrió como platos los ojos e intentó sacar la voz para defenderse, pero…
"Aiacos también extraña a su Violate. Si me lo pregunta, señor, creo que necesitan conversar con calma sobre los temores que tienen." Añadió Radamanthys. "Sugiero terapia de parejas."
"¿Mis jueces han dicho la verdad, Violate de Behemoth?"
"En parte señor." El rostro de Violate estaba de rojo furioso y al mismo tiempo se quería morir de la mortificación. "Al menos en lo que a mí respecta, sí he extrañado mucho al señor Aiacos." Añadió con la voz en un hilo.
Perséfone dejó escapar un sonoro suspiro, y Hades se palmeó la cara. Thanatos optó por mirar hacia otro lado, aburrido, al igual que Pandora, mientras tanto Minos como Radamanthys no se perdían detalle.
"Violate: Aiacos y tú me sirven mejor juntos y revueltos que separados. En serio: son una fuerza imparable. ¿Qué les pasó?" Preguntó el dios. "Los hombres somos más brutos para estas cosas, pero se supone que ustedes las mujeres tienen más delicadeza para notar estos detalles. ¿Por qué ustedes dos permitieron esta distancia?
"Señor." Balbuceó Violate muy decidida y algo cohibida. "Hemos tenido problemas de comunicación y… pues… ambos… verá…"
"Aiacos es un imbécil y tú también: no los culpo." La interrumpió Hades. "Yo mismo les doy mal ejemplo, pero dime una cosa Violate… ¿Cómo es que no le has dado una buena paliza para hacerlo entrar en razón y disipar toda tensión sexual entre los dos? Porque en serio ustedes dos necesitan un buen revolcón." El dios bufó molesto. "Hace tiempo que se lo debieron haber dado, ¿o acaso están esperando que se los ordene?"
Violate no supo qué contestar, o si quería hacerlo. Casi fulminó con la mirada a Minos, quien a duras penas aguantaba la risa, aunque varios lagrimones se le habían escapado en su intento por no echarse a reír. Radamanthys, estoico, solo tenía los ojos cerrados. Perséfone, quien hasta ese momento había estado muy callada y tranquila, se puso de pie y le dio un zape a su esposo.
"¡Hades, No Seas Grosero!: ¡Eso no se pregunta ni se insinúa!" La diosa se volvió hacia Violate. "No contestes, pequeña."
"No era necesario el zape, amor." Gruñó Hades, sobándose el área afectada. El dios se acercó a sus jueces y a Violate. "De pie los tres. Minos, Radamanthys, vayan a prepararse para una nueva incursión al Xibalbá: ahora sí vamos a remecerles hasta los cimientos. ¡Violate!" El dios esperó a que la mujer se pusiera de pie y le puso una mano sobre su hombro. "Eres la persona especial de Aiacos, y evidentemente le correspondes. ¡Par de idiotas! No tiene nada de malo quererlo… ¿sabes que ahora necesita todo el apoyo que pueda?"
"Sí señor…"
"Ve a verlo. En seis horas parto con el ejército hacia el Xibalbá. Necesito que escoltes a mi familia, a Pasitea y a Benito a Atlantis. Si Perséfone está de acuerdo, puedes volver a Giudecca a cuidar de Aiacos… necesita ese apoyo, y alguna vez dijiste que eras su más leal espectro."
"¡Señor!"
"Obedece y ve a echarle un ojo antes de que partan a Atlantis." Hades se alejó de la espectro y poniendo las manos sobre su espalda, se alejó en dirección de la ventana. "Retírense y a prepararse, que quiero salir puntual."
En un tumulto ordenado, la sala de guerra se vació de jueces, espectros y dioses del inframundo, a excepción de Hades y Perséfone. La diosa se acercó a su esposo y lo abrazó por la espalda, casi sin sorprenderse cuando Hades le sujetó las manos.
"Te viste guapo en esta reunión."
"¿Ah sí?"
"Claro que sí." Le sonrió la diosa al tiempo que Hades giraba sobre sus talones para verla a la cara y la abrazaba. "Sé que vas a ganar, pero me preocupa lo que pueda pasar. ¿Viste lo que hicieron con Artemisa? Me preocupa ese incienso debilitador de cosmos divinos que tienen del que hablaba Phantasos."
"Y a mí, mujer, pero ¿sabes qué?"
"¿Qué?"
"Ganaremos de todos modos. Sabemos cómo derrotarlos. ¡No comas ansias!"
Perséfone le sonrió apenitas, pero se dejó envolver por el dios y el beso que le dio. Permanecieron abrazados un buen rato.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Mi Vida SIN Tí
… El juez de Griffin entró a la celda y rápidamente se dio a la tarea de ayudar a Violate con las heridas de Aiacos. El tipo estaba con los ojos abiertos, pero seguía ido, exhausto seguramente, a lo mejor aún bajo el influjo de las drogas (o fingía muy bien). Lo atendieron como mejor pudieron, limpiando sus heridas y vendándolas si correspondía. Extendieron una de las mantas sobre el camastro y lo dejaron reposar allí. Antes de arroparlo con la que sobraba…
Nota Mental: El doncello fue puesto a buen recaudo por lo visto, y hasta que partan a la campaña final, tendrá bastante atención de su Violate. Sobre Artemisa… se le viene cuesta arriba y de momento no quiere tener nada que ver con presencias externas. Al menos piensa en sus ángeles, a quienes todavía no ve y bueno… Hades es Hades. De otra manera no sería todo lo bruto adorable que es. Radamanthys es un malhablado cuando quiere. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
Una mujer molesta es cosa seria, Sagitarius. Imagina no más a Violate: al menos la chica puso en algo el género y de paso le enseñó una muy buena lección a los de Xibalbá. Zeus no más está reaccionando conforme a como fue educado (hace miles de años), pero sin duda necesita que Hera le reacomode las prioridades con el sartén. Apolo no más le sigue el amén (y también necesita un reajuste). Artemisa… bueno, se le viene difícil, tiene mucho en su cabeza qué procesar y para eso necesita tiempo, calma y apoyo. Aun así con todo, es su decisión: el chiste es que tome una decisión en libertad (esto es, sin presiones de ningún tipo). Huitzi en cambio anotó un golazo ganándose a la suegra: le falta sí el resto de la familia y eso si es que logra galantear a Phantasos. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! =D
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.
SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. Son como siguen:
1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.
2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.
3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.
4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.
5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.
6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.
