Capítulo 2 - Mirando desde las sombras
Ya habían transcurrido un par de semanas desde el funeral de Tamaki. Haruhi había decidido tomar sus cosas, salir de la casa que por años compartió con su esposo y mudarse con su padre. Como si de ese modo pudiese superar su pérdida o quizás intentar olvidar su vida anterior.
Kyouya miraba con discreción cada espacio del lugar. Sin duda, Ranka se aseguraba de mantener la limpieza y el orden, era un hogar bastante acogedor. Sin embargo, aquella casa no contaba con suficiente espacio para dos adultos y una niña, ni hablar siquiera del bebé que estaba en camino. No consideraba que fuese adecuado que estuviesen en esas condiciones.
Haruhi se aproximó al pequeño recibidor llevando consigo una bandeja con té y algunos postres. Él intentó levantarse para ayudarle pero la joven negó con la cabeza colocando el servicio frente a ambos. Segundos más tarde compartían la bebida en humeantes tazas.
-¿Cómo te encuentras?- preguntó Kyouya
-Supongo que bien.
-¿Qué hay de Kotoko? ¿Cómo lo está llevando?
-Como podría llevarlo cualquier niña de cinco años: pregunta por su padre e intentamos desviar su atención a otro asunto. Cada día pregunta menos.
-Lamento escuchar eso.- expresó él, suspirando con algo de pesadez.-¿Y el bebé?
-Nacerá pronto. Mi médico cree que serán por lo menos diez días más.
-No dudes en mantenerme al tanto, por favor.
-No es tu obligación, Kyouya.- Haruhi le sonrió con amargura.
-No he dicho que lo fuera. Lo hago en nombre del aprecio que le tengo a tu familia. Y es por eso que también me atrevo a ofrecerte otro lugar para ti y tus hijos. Puedo encontrar una casa para que los tres vivan con tranquilidad.
-Te lo agradezco pero no es necesario. Quiero quedarme aquí, con mi padre.
-Entiendo que esta situación es difícil y que quieras sentir apoyo cercano, sin embargo no considero adecuado que vivan en estas condiciones. El lugar es muy pequeño para dos niños.
-Tendré que pedirte que no insistas...por favor.
La puerta de la casa se abrió, haciendo un ligero chasquido, luego una voz infantil resonó en la estancia.
-Estamos en casa, mamá.- anunció Kotoko
-Bienvenida.- saludó Haruhi a la niña una vez que llegó a donde se encontraban. -¿Qué tal la escuela?
-Ha estado bien. ¡Hola, tío Kyouya!
-Hola, Kotoko.
-¡Qué agradable visita, Kuouya!- expresó Ryouji. -¿Nos acompañas a cenar?
-Le agradezco la invitación pero tengo algunos asuntos que atender. Será en otra ocasión.
Kyouya se dispuso a ponerse de pie luego de hacer una reverencia y agradecer a sus anfitriones. Kotoko le sujetó de la mano y le dirigió una mirada de súplica.
-Quédate un poco más, por favor, tío Kyouya.
-Vendré a visitarte pronto. Lo prometo.
Sin más, Kyouya se despidió y salió de la casa, ante la mirada triste de la niña.
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Era casi medianoche. Kyouya aun se encontraba enfrascado en asuntos de trabajo. Sus dedos dejaron de teclear un instante. Luego, se reclinó sobre su asiento y se quitó las gafas para poder masajear sus sienes. Aunque había estado demasiado ocupado, no había dejado de pensar en Haruhi y sus hijos. Sentía algo de impotencia ya que su preocupación era genuina. Tendría que pensar en el modo de ayudarla. Tenía que haber algo.
De pronto, el sonido de su móvil le distrajo. Sin revisar la pantalla, atendió puesto que le parecía algo tarde para que se tratara de alguna cortesía.
-¿Diga?
-¿Tío Kyouya?- respondió una temblorosa voz infantil del otro lado de la línea.
-¿Kotoko? ¿Qué ocurré? ¿Te encuentras bien?- inquirió él incorporándose sobre su asiento.
-Tío, es mamá. Algo le pasa a ella y al bebé. A mamá le duele...llora mucho.
-¡Permíteme hablar con tu abuelo!
-Abuelito ha salido a trabajar. Olvidó su móvil en casa. Tío Kyouya, no sé que hacer...estoy asustada.
-Estaré ahí pronto. Mantén la calma.
Sin importarle nada más, el joven Ootori se levantó rápidamente de su asiento, tomó algunas de sus pertenencias y abandonó la comodidad de su soliario hogar.
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Kotoko se apresuró a abrir la puerta de la entrada al escuchar la voz de Kyouya. Los ojos de la pequeña se iluminaron de alivio al verlo llegar.
-¿Dónde está tu madre?- preguntó de inmediato
-Está en el cuarto de baño. No pudo salir.
Kyouya se precipitó al sitio indicado. La puerta se encontraba cerrada y forcejeó con ella tratando de abrirla. Del otro lado, la respiración acelerada de Haruhi era evidente. Al no ver resultados con el portal, Kyouya empujó fuertemente con el hombro derecho. La puerta cedió al segundo golpe.
Al entrar, el joven Ootori encontró a Haruhi sentada el el suelo con las piernas flexionadas y la espalda descansando sobre la pared. Había estado tomando un baño cuando la labor de parto inició, por lo que se encontraba desnuda, intentando cubrirse con una pequeña toalla. Kyouya tomó una bata de baño de un estante y se apresuró a colocársela encima.
-¡Tranquila! Te llevaré al hospital.- le dijo una vez que la arropó.
Kyouya cargó en sus brazos a Haruhi y salió a toda prisa rumbo al hospital.
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Kyouya esperaba sentado con Kotoko sobre su regazo. La niña se encontraba cansada, por lo que de vez en cuando inclinada su cabeza contra el pecho de él. El heredero Ootori aceptaba aquel contacto dando ligeras palmaditas en la espalda de la pequeña. Era algo a lo que no estaba del todo acostumbrado pero no le resultaba desagradable.
-¿Por qué tarda tanto?- preguntó Kotoko aun recostada sobre su tío.
-No te preocupes. Tu madre va a estar bien.
Continuaron esperando un par de horas. Kotoko se había quedado finalmente dormida. Luego, un médico de mediana edad se acercó a ellos. Kyouya se levantó con la niña en sus brazos.
-Es un varón, señor Ootori. Está en perfectas condiciones.
-¿Cómo está ella?
-Va a estar bien. Necesita descansar...pero..- el hombre dudó un segundo antes de continuar. -Ella solo miró al niño un instante y luego le exigió a la enfermera que se lo llevara. El bebé pasará a los cuneros en cuestión de minutos. Espero que con el descanso adecuado ella esté pronto en condiciones de cuidar del pequeño.
-¿Puedo verlo?
-Si fuesen otras circunstancias, le pediría que esperara al horario de visitas, pero tratándose de usted podemos hacer una excepción.
Kyouya hizo una ligera reverencia y comenzó a caminar en dirección a los cuneros. Mientras lo hacía, despertó con un ligero movimiento a Kotoko.
-Iremos a conocer a tu pequeño hermano.- le dijo una vez que ella abrió los ojos.
La niña sonrió y bajó de sus brazos para caminar tomados de la mano. Pronto llegaron a un ala del hospital decorada alegremente y con suaves colores. Kyouya y Kotoko se acercaron a una vitrina desde la cual podían verse unas pequeñas cunas traslúcidas. Algunos bebés dormían tranquilamente, otros lloraban con suaves quejidos y otros simplemente se limitaban a mover sus bracitos y piernas. Kotoko miraba maravillada de un lado a otro.
-¿Cuál de todos ellos es mi hermano?
La mirada de Kyouya dió una rápida inspección hasta encontrar la palabra "Suou" en uno de los cuneros. Enseguida le señaló a la niña su localización. Una enfermera que se encontraba dentro de la habitación tomó al bebé en brazos al notar que lo habían señalado. Lo acercó a una distancia prudente del cristal para que pudiesen observarlo mejor. Entonces el joven Ootori lo vio. Notó aquellos mechones dorados y esos ojitos azules. Era idéntico a su padre. Y sin que pudiese evitarlo, algo se movió en su interior.
-Es muy pequeño, ¿verdad, tío Kyouya?- dijo Kotoko con una sonrísa tierna
-Lo es.
En efecto, era un bebé pequeño. Pequeño, rubio y con unos grandes ojos azules. Y esa indefensa criatura acababa de despertar en Kyouya un deseo ferviente de protección. Él acababa de decidir que, mientras estuviera a su alcance, nada en el mundo lastimaría a ese niño.
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Kyouya miraba de un lado a otro dentro de enorme tienda sin saber exactamente qué hacer o a donde dirigirse. En otras circunstancias, habría pedido a alguno de sus empleados que se encargara de la faena, sin embargo, aquello no era algo en lo que quisiese que alguien más se involucrara.
Comenzó a caminar por uno de los pasillos observando cada uno de los productos. Pronto, una mujer con un delantal distintivo de la tienda se acercó a él.
-¿Puedo ayudarle, señor?- preguntó un tanto melosa, con evidente coquetería.
-Busco artículos para bebé. Pañales, fórmula...pero no tengo idea de cuál debería llevar.
-¡Oh, ya veo!- dijo la mujer tratando de no hacer evidente su decepción. -Lo que busca está a dos pasillos de aquí.
Kyouya se dirigió a donde le indicaron luego de hacer una reverencia. El pasillo estaba plagado de distintos artículos y luego de evaluar varios de ellos, aun no podía decidir cuales elegir. En un acto desesperado, llenó el carrito de supermercado con varios de ellos.
Minutos después se encontraba conduciendo en dirección a la casa de Ranka. Cuando llegó tenía las manos tan ocupadas que se le dificultó llamar a la puerta. Ryouji abrió y no pudo evitar sonreír apenado al ver al joven Ootori.
-Le ofrezco disculpas. No estoy familiarizado con cuestiones de bebés y no tenía idea de qué comprar.- justificó Kyouya mientras entraba con innumerables bolsas.
-No tienes razón para disculparte. Soy yo quien está apenado contigo. Seguramente tienes mejores cosas por hacer que estar aquí.
-No diga eso. Sabe que puede contar con mi ayuda.
-¡Y te lo agradezco tanto! Con esta situación no puedo salir a la calle ni un segundo.
-¿Sigue igual?
-Así es. No ha salido de la habitación y aun no quiere ver al bebé. Me preocupa.
-Quizá solo es cuestión de algunos días.
-Ya han pasado cinco días. No sé si sea momento de intervenir. A veces trato de llevarle al bebé pero no resulta. Ni siquiera ha querido nombrarlo todavía.
Un sonoro llanto interrumpió la conversación. Ranka sonrió a modo de disculpa y fue hasta la habitación donde el pequeño descansaba. Luego de algunos instantes, regresó al recibidor con el niñito, quien continuaba llorando.
-Está hambriento.- señaló Ryouji. -Iré a preparale una mamila...¿te importaría sostenerlo un momento?
-En realidad...no recuerdo muy bien cómo hacerlo.
-No te preocupes.- respondió el padre de Haruhi colocando al bebé en los brazos de un desconcertado Kyouya. -Solo debes tener cuidado con su cabeza. Es simple.
Pero al joven Ootori no le parecía para nada simple. Sujetaba al niño con una mezcla de miedo y precaución mientras el infante continuaba llorando y agitando sus bracitos. El mayor trataba de moverse un poco para tranquilizarlo. Ryouji observaba con un aire divertido mientras regresaba con la mamila.
-¿Sabes, Kyouya? Kotoko llegará del colegio pronto y seguramente tendrá hambre también. ¿Podrías darle la mamila al bebé mientras me encargo de cocinar?
-De...de acuerdo.
Kyouya estaba aterrado. Se preguntaba a sí mismo si esa sensación era propia de los padres primerizos o era simplemente propia de él. Imaginaba que, si no tenía el cuidado suficiente, podía lastimar al pequeño. En cuanto tomó asiento, buscó una posición que procurara la seguridad del bebé, luego introdujo la mamila en su boca con casi el mismo temor.
-¿Lo ves? Es sencillo.- expresó Ranka antes de perderse en la cocina.
El bebé bebía con avidez el contenido del biberón. El heredero Ootori lo observaba con atención, perdiéndose en los finos rasgos de aquel rostro infantil. Pronto dejó de preocuparse al notar que todo parecía ir bien. El pequeño terminó su alimento y su carita reflejaba satisfacción.
-Creo que esta es la parte en la que debo provocarte un eructo, ¿cierto?- preguntó Kyouya a la pequeña criatura que lo observaba atentamente.
Palmeó con suavidad la espalda del niño y luego de varios intentos obtuvo el resultado. Kyouya continuó cargándolo en sus brazos. El pequeño se encontraba pacífico, y de tanto en tanto, le sonreía a aquel adulto poco conocido, quien le devolvía el gesto.
Cuando Ryouji regresó al recibidor, encontró a Kyouya completamente embelesado con el bebé, quien se aferraba al pulgar del mayor. Decidió regresar a la cocina sin hacer ruido. Quizá unos minutos más a solas no les haría ningun daño.
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El heredero Ootori había terminado una videoconferencia con algunos socios extranjeros. Se sentía bastante cansado y había decidido que iría a casa pronto. Los días anteriores habían resultado extenuantes. Solía pasar a casa de Ryouji y le ayudaba con el cuidado de los niños. Haruhi continuaba recluida en su habitación y se negaba a ver a sus hijos. Y encargarse de dos pequeños resultaba demasiado para una sola persona. Comenzaba a considerar la idea de contratar a alguien que apoyara en esas labores pero necesitaba consultar primero a Ranka.
Kyouya había dado por concluidas sus labores pero la voz de su asistente por el intercomunicador lo retuvo un momento.
-Presidente Ootori, tiene llamada.
-Me voy a casa, pídele a quien quiera que sea que llame por la mañana.
-Dice que es urgente. Es la señora Suou.
De inmediato, Kyouya levantó el auricular para responder.
-¿Diga?
-Kyouya, soy Haruhi...Kotoko...Kotoko, ¿está contigo?
-No la he visto desde hace un par de días.
Se escuchó un ligero sollozo al otro lado de la línea. Kyouya permanecía expectante.
-Kotoko no ha vuelto del colegio. Debió llegar hace horas.
El corazón del joven Ootori se agitó involuntariamente.
-¿Has llamado ya a la policía?
-Lo he hecho...su protocolo establece que deben ser al menos doce horas para confirmarlo como desaparición. Me aconsejaron que llamara a sus amigos. Nadie la ha visto en la escuela hoy. Mi padre ha salido a buscarla.
-¿Hay algun sitio donde crees que pudo haber ido?
-No...no lo sé...
-Saldré de inmediato a buscarla. Quédate en casa por si decide regresar.
Kyouya subió a su auto y comenzó a conducir a una velocidad lenta. Buscó parques y otro lugares que los niños frecuentaban pero no vio rastros de Kotoko. Se aferró al volante con impotencia, tratando de pensar en algun lugar donde pudiese encontrarla. Debía darse prisa. Comenzaba a anochecer.
Ryouji se mantenía en comunicación constante con el joven Ootori para conocer los resultados de la búsqueda.
-He revisado ya su antigua casa. No está ahí.- indicó el padre de Haruhi.
-¿Para qué regresaría ella allá?
-No lo sé. Quizá extrañaba algo...o buscaría algunas pertenencias de su padre.
Su padre. Tenía sentido para Kyouya. No perdería nada si se aventuraba a buscarla en aquel sitio.
-Hay otro lugar donde podría estar. Iré a buscar.
-De acuerdo. Llamaré a Haruhi.
Kyouya aparcó fuera del cementerio. Bajó rápidamente del vehículo y buscó al encargado para que le permitiera el acceso. El hombre, quien era ya un anciano, se mostró un tanto incrédulo a sus palabras.
-Hubiese notado si alguien con esas características hubiese estado aqui.- decía el empleado. -Es mi trabajo.
-Por favor, solo le pido que me permita ir y cerciorarme que la niña no está. Es importante.
El anciano se mostró renuente pero finalmente le permitió entrar. Caminaron rumbo al mausoleo de los Suou. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, el corazón de Kyouya dio un vuelco. Una pequeña figura sobresalía de la piedra. Tenía que ser ella. Sin esperar, el heredero Ootori corrió hasta ella. La niña se había quedado dormida en el sitio.
-¿Kotoko? ¿Estás bien, Kotoko?- cuestionó tomando a la niña en sus brazos.
-¿Tío Kyouya? ¿Qué haces aquí?
-¡Nos tenías preocupados!- exclamó mientras se quitaba su abrigo y lo colocaba sobre la pequeña.
-Lo siento...quería ver a papá. Me quedé dormida.
-Ya no importa. Vayamos a casa.
Kyouya llevó a la niña hasta su auto. Una vez ahí, Kotoko volvió a cerrar sus ojos para dormir. Cuando el vehículo emprendió su marcha, Kyouya se comunicó con Haruhi.
-La encontré...está bien.- fue todo lo que dijo.
Al otro lado solo se escuchó llanto.
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Haruhi no había parado de llorar aun cuando tenía a la niña en un abrazo. Kotoko, apenada, acariciaba los brazos de su madre, a punto de derramar lágrimas también
-Lo siento, mamá. No quería preocuparte. Tenía que hablar con papá.
-¿Qué?- preguntó Haruhi, desconcertada.
-Escuché lo que le dijiste al abuelo esta mañana, por eso fui a hablar con él.
La joven madre volvió a desmoronarse. Se aferró a su hija como si su vida dependiera de ello. Kyouya solo podía observar en silencio.
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-Finalmente se ha dormido.- dijo Haruhi mientras cerraba la puerta de la habitación con sigilo.
-Tuvo un día difícil. Estaba agotada.
-Jamás podré agradecerte lo que has hecho hoy, Kyouya.
-Será suficiente con que se encuentren bien.
-Ya haces mucho por mis hijos y por mi...y yo...he sido tan egoísta.
-Pasas por un mal momento. Yo no tengo nada que recriminarte.
-Esta mañana...le dije a mi padre que...soñé con Tamaki. Fue...fue tan real. Y él quería que le acompañara...y yo...yo solo pensé en lo mucho que quería ir a su lado. Kotoko fue a la tumba de su padre...a decirle que no me pida que le acompañe. Ella ya tiene suficiente con haberlo perdido a él. No quiere perderme también.
Haruhi lloraba. Kyouya sentía muchos deseos de darle consuelo. De hacerle saber que estaba ahí, pero su mente solo le permitió extender una de sus manos hacia aquellos delicados hombros y posarlo en señal de apoyo.
-Me siento avergonzada...ha sido mi padre quien notó la ausencia de mi hija. Soy una pésima madre.
-No lo eres. Tu hija te adora.
-No he estado cuando me necesitaron.
-Aun estás aquí. Viva. Y a partir de ahora sé que harás lo mejor para tus hijos. Y yo estaré para apoyarte cuando lo necesites.
-La casa que me ofreciste...¿aun sigue en pie?
-Por supuesto. Encontraré un lugar en el que puedas estar tranquila con lo niños.
-Gracias, Kyouya.
Él asintió ligeramente.
-Debo irme. Tú también necesitas descansar.
-Si, creo que todos lo necesitamos.
-Por favor, no dudes en mantenerme al tanto acerca de Kotoko y el bebé.
-Tsuneo...será el nombre para mi hijo. Tsuneo.
-Suena bien. Descansa.
Sin más, Kyouya dio media vuelta para dirigirse a la salida.
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¿Qué tal? Espero que les haya gustado el capítulo y que no odien a Haruhi. Pasó por un momento complicado y las hormonas no ayudan mucho en esas circunstancias. En fin, agradezco mucho a quienes se toman la molestia de leer y a: mutemuia (¡gracias por tu apoyo!), okita kagura (me causó gracia tu comentario, aunque si me resultó un tanto difícil matarlo), Sofitkm (gracias, de hecho es el fic al que me refiero en mi nota. Aborda algo similar pero en diferente enfoque) y a cristianrey1980 (gracias, espero que te guste el capítulo).
¡Nos leemos pronto!
