Violate visita a Aiacos en la mazmorra antes de marcharse a su misión, al igual que los otros dos jueces, demostrando que en el fondo, sí se cuidan las espaldas. Artemisa se reencuentra con sus ángeles, quienes no se toman a bien lo que le pasó a su señora. Pasitea tiene una charla con Phantasos.
¡HOLA A TODOS! A estas alturas, en el Santuario de Athena, los eventos del quinto capítulo del fic Nec Spe, Nec Metu se están desarrollando. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!
Capítulo 20: Mi Vida sin Ti
Inframundo. Mazmorras de Giudecca.
17 de mayo. 12:37 horas.
Violate se aferró a uno de los barrotes. Aquella celda estaba acolchada, pero no dejaba de ser tétrica. Ella sabía bien que la habían acondicionado de este modo precisamente para este fin. La última vez que Aiacos había estado metido allí dentro había sido hacía doce años, y en aquella ocasión casi se había muerto de un infarto, terriblemente descompensado. Miró hacia adentro, con el ceño fruncido, para fijarse en el juez que estaba tirado sobre aquél camastro, sin su sapuri y en calamitoso estado. Como las veces anteriores, sin que mediara siquiera un chequeo médico, lo habían encerrado allí dentro hasta que se le pasaran los efectos de la droga y de la abstinencia. Apenas le darían agua, eso le constaba. Si sobrevivía a ese atroz tratamiento, entonces era digno de vivir, si no… pues qué pena, necesitarían otro juez.
"Esto raya en la tortura. El señor Aiacos necesita ayuda médica."
"Anda a convencerlo, sabes como se pone." Le respondió Minos, con voz lúgubre. "Ya antes ha sobrevivido a esto. Lo logrará." El tipo no quería reconocerlo, pero igual estaba preocupado.
"¿Sin ayuda? ¿Sin que nadie lo cobije? ¿Y si se muere qué le voy a decir yo a Benito? ¡Necesita a su papá!" Violate estaba molesta, pero era una forma que tenía para canalizar su pena.
"Benito tiene un papá muy fuerte. Se va a recuperar de esta."
"¡Le sacaron el sapuri y lo aventaron dentro sin mayor cuidado! Ni siquiera se debieron haber fijado donde cayó." Violate gruñó y aferró con más fuerza el mismo barrote. "¡Mire! Hay manchas de sangre fresca en las paredes."
"Aiacos se pone violento con las abstinencias. Se debió haber aventado él mismo tratando de sacarse la angustia." Minos bajó los hombros. Él se jactaba de que no le importaban las personas que le rodeaban, pero simplemente era un acto. En verdad era un sujeto bastante querendón de los suyos (a su psicópata manera), y a veces no podía negar que se preocupaba. Hacer como que no le importaba era su forma de protegerles.
Violate se alejó a pisotones de la celda y caminó hasta donde un espectro hacía guardia. Lo miró con tanta autoridad que el sujeto en seguida se cuadró en posición de firmes ante la mujer.
"Tráeme una botella de agua antes que pasen dos minutos, vendas limpias, desinfectante, dos mantas y una almohada decente." Al ver que el espectro la miraba perplejo, Violate dio una patada en el piso. "¡HAZLO!"
El espectro llegó a tropezarse con su propia sombra en lo que se apuraba en salir corriendo. Violate volvió hasta la celda a sujetarse de los mismos barrotes. Minos le puso una mano sobre el hombro.
"Aaaaw. Nuestra Violetita tiene su corazoncito de melón."
"Cállate, Minos."
"Uuuuuh, me tuteaste mal…" El juez puso las manos en las caderas. "Mejor no te provoco. Pero tengo razón: bajo esa chica ruda, violenta y macabra, hay una dulce violetita aromática."
"Cuatro palabras para ti, Minos: Patada En La Entrepierna."
"Está bien. Me callo."
Ambos se quedaron observando hacia el interior de la celda. Algo les habían comentado los espectros que pusieron en la guardia que, hasta hacía unas horas, Aiacos se la había pasado gritando y golpeándose contra las paredes, batallando con ilusiones que solo estaban en su cabeza, hasta que había caído al suelo con estrépito. Cuando pasó una hora sin moverse, entraron a la celda y lo subieron al camastro, dejándolo allí como muestra de consideración. ¡Por Hades! Ni siquiera habían atendido sus heridas del combate. En eso llegó el espectro corriendo con todo lo requerido. Violate tomó todas las cosas sin decir una palabra y, luego que Minos le abrió la puerta (tenía las llaves) la espectro entró a la celda con Aiacos. El juez de Griffin se quedó viendo al espectro que había traído las cosas. ¡Por el Buen Hades! Era un chiquillo. Con suerte parecía tener unos dieciséis años.
"Te tardaste poco más de tres minutos. Te dijeron dos." Gruñó entre dientes. "¿Qué tienes que decir en tu defensa?"
"Tuve que hacerle el quite a Faraón de Esfinge." Confesó compungido. "Si sabe a qué me refiero."
"Oh." Minos parpadeó perplejo. Primera vez que le daban esa excusa, pero la creía verosímil. Él tenía un don para detectar excusas falsas y le estaban diciendo la verdad. Se compadeció del muchacho. "Hablaré con él para que no te moleste. Pero tendrás que aprender a defenderte solo." Ve a tu sitio."
El juez de Griffin entró a la celda y rápidamente se dio a la tarea de ayudar a Violate con las heridas de Aiacos. El tipo estaba con los ojos abiertos, pero estaba ido, exhausto y a lo mejor aún bajo el influjo de las drogas (o fingía muy bien). Lo atendieron como mejor pudieron, limpiando sus heridas y vendándolas si correspondía. Extendieron una de las mantas sobre el camastro y lo dejaron reposar allí. Antes de arroparlo con la que sobraba, Violate le ayudó a beber unos sorbos de agua que el juez no rechazó. No parecía querer interactuar con el mundo, si es que estaba lúcido. Esto le preocupaba: durante las siguientes cinco horas ella misma podría bajar a darle agua y mantener sus condiciones más o menos cómodas, pero luego tendría que llevar a la señora Perséfone, a Pasitea, a las niñas y a Benito a Atlantis… ¿Quién cuidaría de su señor Aiacos? Se levantó con cuidado, asegurándose de que el juez de Garuda estuviera todo lo cómodo que podría estar en tan horribles condiciones, antes de arroparlo. Intercambió una mirada con Minos, pero no se dijeron nada, sino que en silencio comenzaron a retirarse de allí. Fue cuando se encontraron con Radamanthys.
"Así que aquí estaban." Gruñó haciéndose el rudo. Entre sus brazos traía una muda de ropa fresca para Aiacos. "Veo que ya se encargaron."
"No del todo: no le cambiamos la ropa. Vamos."
Minos le hizo una seña a Radamanthys y ambos jueces volvieron a entrar. Violate aprovechó para salir y esperó afuera unos minutos. Volvió a entrar una vez que hubieron salido los jueces, solo para asegurarse que Aiacos estuviera arropado y cómodo, que no le hubieran jugado alguna trastada (como rayar su cara con marcadores), y le ayudó a beber unos sorbitos extra de agua. Salió sin emitir comentario. Una vez fuera, se enfrentó a los jueces.
"Creo que quedó más cómodo. Gracias por la ayuda… y no diré que lo ayudaron… si no dicen que le ayudé." Les dijo muy seria, cruzándose de brazos. Radamanthys y Minos se movieron incómodos, incluso rascándose las nucas.
"Me parece un buen trato." Dijo Radamanthys. "Además… creo que los tres sabemos que de algún modo nos cuidamos la espalda."
"Sí… pero no lo repitas mucho o se rompe el encanto." Añadió Minos algo avergonzado. "Vamos, salgamos de aquí: casi no hay señal y quisiera llamar a min kjære engelantes de volver al Xibalbá."
Violate siguió a los tres jueces fuera de la mazmorra, dedicándole un gesto de agradecimiento al joven espectro que fungía como guardia de aquella prisión. ¡Era apenas un chiquillo! ¿De dónde habría salido? Quizás cuando volviera le traería alguna revista o algo para comer. Después de todo, no estaba vigilando prisioneros, sino a su señor Aiacos. Ni modo, siguió su camino.
Estaba preocupada.
Santuario de Athena. Enfermería.
En esos momentos. 17 de mayo. 12:40 horas.
Touma y Odiseo se postraron a sus pies ni bien la vieron. No tenían colores en el rostro, estaban más que horrorizados y con esa sensación de fracaso tan a flor de piel que llegaba a quemarles. Odiseo no sentía los dedos y su corazón parecía que se había olvidado de latir, mientras que a Touma, de la impresión, el mundo comenzó a darle vueltas, se le atenazó la garganta y sintió un volcán de ácido en el estómago que le provocó ganas de vomitar. Hasta comenzó a sangrar por la nariz. No eran tontos, bastó que vieran a Artemisa para confirmar con horror lo que le había pasado.
Athena alcanzó a sujetar a Artemisa, tratando de darle apoyo. Ni bien le habían dicho que sus ángeles casi se habían muerto tras su rapto, y que en esos instantes se encontraban recuperando en el Santuario de Athena, Artemisa había echado a correr así como estaba, en pijama, a verlos. Se manifestó frente a las doce casas y simplemente no hubo quien la detuviera hasta la casa de Géminis, en donde se encontró con su hermana menor, quien rápidamente había bajado a recibirla. Uno de los guardianes gemelos abrió un portal a otra dimensión que las llevó a la enfermería. Una vez ahí, y seguida por Athena, corrió hasta donde estaban sus ángeles.
Touma y Odiseo percibieron su cercanía y despertaron momentos antes. Se levantaron entre las protestas de quienes les cuidaban y salieron al encuentro de su diosa, arrojándose a sus pies ni bien la vieron. Con estrépito, avergonzados y angustiados por el fracaso.
"Señorita: ¡le hemos fallado!" Le dijo Odiseo con la voz en un hilo.
"Disponga de nuestras vidas como considere justo… no merecemos ser sus guardianes." Añadió Touma con voz fantasmal. Sus ojos se le inundaron de lágrimas y no hizo nada por contenerlas, tampoco por detener su hemorragia nasal. Sentía como le arrancaban el corazón del pecho, ¡Había fallado! ¡Su preciosa Artemisa! ¿Cómo se atrevían a lastimarla así? Empuñó las manos para ocultar el temblor que tenía e inconscientemente empezó a buscar un basurero: en serio las náuseas amenazaban con hacerle perder el desayuno.
Ambos ángeles querían arrancarse los latidos del pecho. Artemisa miró a Athena unos instantes, turbada por lo que veía. Sus ángeles no estaban mucho mejor que ella, en el trajín habían reabierto sus heridas y sangraban. Sus cosmos, tan apacibles la mayor parte del tiempo, se sentían alterados y llenos de vergüenza. Fracasados por completo.
"Artemisa… ten en mente que tus angelitos casi se mataron por protegerte." Le dijo Athena por cosmonet. "Touma incluso intentó irse herido como está a buscarte… no pudo pasar de Aioria. Ni te cuento Odiseo."
"Yo sé. Los vi luchando." Le respondió Artemisa, con el cosmo en un hilo. "¡Mira como me los dejaron!"
Artemisa se soltó del agarre de su hermana, apenas notando que Leto y Apolo habían llegado. Dio unos pasos hacia adelante y observó a sus ángeles postrados en el suelo. Apretó la mandíbula y cerró los ojos. ¿Fracaso? Ella misma los vio luchar, con todo el ahínco y garra de sus fuerzas, aun estando en clara desventaja por las drogas que les habían echado encima para debilitarlos. Fue una emboscada traicionera y ruin, pues si esos dos asquerosos los hubieran atacado de frente y en igualdad de condiciones, ahora no estaría viendo a sus ángeles así de impactados al punto de ofrecer sus vidas. ¡¿Qué demonios…?!
"¿De qué hablan ustedes dos? ¡¿Cómo se les ocurre sugerir eso?!"
Odiseo no pudo responder. Sin dejar de mirar al piso, se tapó la cara, llorando: de buena gana se hubiera arrancado los ojos, no soportaba ver a su señora tan lastimada, cuando pudo haberlo evitado. Touma sentía mucho frío, tenía la piel de gallina y la sensación que se le vaciaba el pecho con cada respiración. Las náuseas se habían ensañado con él. Tragó saliva, no se atrevía a levantar la mirada. ¿Cómo poder verla a la cara? Era culpa de los tres, sobre todo de él, que la hubieran lastimado así. ¡Quizás qué le habían hecho! No quería ver los moretones, las heridas, no quería verle el rostro hinchado ni el labio partido. ¡Su cabello! ¿Qué hicieron con su luna hermosa? Si hubiera estado más atento, si hubiera sido más fuerte, NADIE habría rozado a su Artemisa ni con el pétalo de una rosa. Empezó a hiperventilar… ¡Necesitaba un basurero! Sus mejillas se tornaron un poco azules.
"Teníamos un solo deber, señorita, y fallamos… es nuestra culpa."
Artemisa resopló cansada, cerrando los ojos. Tragó saliva e inspiró una buena bocanada de aire. Sintió como la mano de Athena sujetaba la suya e intercambió una mirada con su hermana una vez más. La diosa de la sabiduría se mantuvo atenta, empática, un apoyo a toda prueba. Ella humedeció sus labios con la lengua y, por instantes, miró a Leto, quien la miraba preocupada, pero apoyándola en todo.
"Nos emboscaron, fue un ataque a traición. Se aseguraron que ninguno de nosotros, los cuatro, pudiéramos usar nuestros cosmos a toda capacidad." Comenzó Artemisa con calma, tratando de lucir noble y fuerte. "Aun así los vi pelear, los vi protegerme con todas sus fuerzas, y más allá de ellas… yo…" La diosa tragó aire. Comenzó a fallarle el temple.
"Misi… mejor te sientas, no es bueno que estés…"
"¡Cállate Apolo!"
"Yo no más decía."
Artemisa se volvió hacia sus ángeles y relajó las manos. Quiso morderse el labio, pero se pasó a llevar la herida, por lo que desistió en el acto.
"De pie los dos… por favor. Entre nosotros siempre ha existido confianza y necesito mirarlos a los ojos… o yo me sentaré en el suelo con ustedes." Artemisa esperó que sus ángeles, muy a regañadientes, se levantaran. La sorpresa en los rostros de Odiseo y Touma fue notoria, aunque este último además se lo veía angustiado. "Vamos… tan mal no me veo. Ya se bajará la hinchazón… yo…"
"Le arrancaré los ojos al que le hizo esto. Y las uñas de los dedos. ¡Quebraré todas sus falanges!" Gruñó Odiseo muy en serio, apretando los puños. "Con el mayor dolor posible."
"… Jejeje, gracias Odiseo… pero yo quisiera hacer eso." Le dijo Artemisa con calma. De pronto la garganta se le llenó de emociones y comenzó a sentirse sobrepasada. "… Todavía no se acaba esto, no… estoy bien. Han sido días muy difíciles y… aún tengo que algunas batallas que librar y no sé si pueda sola… No me pidan que tome sus vidas, porque ahora es cuando más necesito su apoyo. Los necesito conmigo…" Por unos instantes Artemisa cruzó miradas con Touma, quien pareció encenderse de emociones que no supo identificar. "… no me dejen sola, no cuando los…"
Artemisa, sintiéndose de pronto tan frágil y desvalida, bajó la mirada y se abrazó a sí misma. Comenzó a sollozar sin control, de la nada, sintiéndose desvalida como nunca. ¡Por el Olimpo en Colores! ¿Qué pasaba con ella?
Touma, antes siquiera de pensar lo que hacía, y obedeciendo a un impulso repentino, dio un paso adelante y rodeó a Artemisa con los brazos, cobijándola en su pecho, sin darle tiempo a resistirse. La diosa en un primer momento erizó la espalda y tensó toda la musculatura, reacia a cualquier tipo de contacto, pero al primer atisbo de que los horribles recuerdos de los días previos la abrumarían, ella misma los relegó a lo profundo de su mente. ¡Este era Touma, no ese maldito! No estaba presa en sus brazos, sino protegida. No era una diosa, sino una muchacha a merced de su amado. Confiaba en Touma. Nunca la trataría como los ajawab habían hecho con ella. ¡No la rechazaba! Sino que la contenía. Casi sin dudar correspondió el abrazo, se aferró al pelirrojo y se largó a llorar, desahogando parte del terror que todavía tenía en el pecho, sintiéndose más segura que nunca.
Pero sin dejar de sollozar.
Touma no le dijo nada, no necesitaba decirlo, él mismo se sintió mucho mejor al abrazar a Artemisa. ¡La tenía en sus brazos! Sentía que respiraba, percibía su cosmo, los latidos de su corazón. La tenía apretada contra su cuerpo y ella lloraba, pero él la protegía y que lo demás se fuera por un tubo. Inspiró una buena bocanada de aire, como absorbiendo el aroma de la diosa, como si tal gesto le fuera a confirmar de nuevo que Artemisa estaba con él. Athena hizo un puchero enternecida, igual que Leto, y Apolo, aunque trataba de lucir indignado, un simple mortal le estaba dando cobijo a su hermana en sus brazos, no lo logró y hasta les sacó una foto con el celular para fijar tal evento en la posteridad.
Instantes después, y quizás por este mismo motivo, Odiseo se unió al abrazo, desplegando además sus alas y rodeando a los tres con ella, ocultándolos de la vista. No solo necesitaba asegurarse que Artemisa estuviera a salvo, sino también como forma de proteger la privacidad de la pareja. Leto suspiró enternecida e intercambió una mirada con Athena. Apolo guardó el celular cabizbajo y no se resistió cuando Athena se recargó en su brazo para abrazarlo y darle cariño (también para evitar que separase a la pareja). El dios del sol agradeció el gesto de corazón, pues aunque ganas no le faltaban, necesitaba una excusa para no machacar al pelirrojo.
"¿No te parece tierno, hermano mayor?"
"Athenaaaaaa… ¡Me abrazaste a propósito!" Refunfuñó Apolo. La diosa le guiñó un ojo.
"Ya lo hemos hablado, Apolo. Sé que Misi te preocupa, pero tú mismo has reconocido que sus ángeles hacen un buen trabajo, y que ella los quiere mucho…"
"Seeeeeee… sobre todo el roñoso mortal…" Reconoció molesto.
"Míralo del lado positivo: ¡siempre seré tu hermanita menor!"
"Eso no es consuelo."
"Y siempre serás mi niño. ¿Eso te conforma, Febo bonito?" Le dijo Leto, mientras se unía al divino abrazo. "Misi va a necesitar mucho apoyo, partiendo por sus ángeles…y sobre todo el de Touma. Quizás algo bueno sale de esto y los anima a estar juntos…"
Todavía rodeados por las alas de Odiseo, Artemisa se separó de Touma, apoyando su frente unos instantes en la de él, antes de desenredarse del abrazo que la había contenido y evitado que cayera al suelo. Miró a los ojos de sus dos ángeles, quienes la miraban decididos y sin atisbos de sentir asco de ella. Sintió una caricia en la mejilla. Era Touma quien la mimaba. Aquél simple gesto fue muchísimo mejor que el ansiolítico más efectivo en el arsenal médico de su mellizo: de un plumazo le alivió el corazón.
"Fallamos una vez. No lo haremos de nuevo, Artemisa." Le dijo Touma casi en un susurro. "¡No permitiré que te lastimen de nuevo!" Añadió en voz aún más baja, solo para ella.
"Somos su apoyo señorita, ante todo." Añadió Odiseo. Artemisa, aún con los ojos cristalizados de lágrimas, sonrió sincera por primera vez en días. Fue entonces que se percató de algo… que de pronto la llenó de angustia.
"¿Dónde está Teseo?"
Como respondiendo a su pregunta, escucharon una escandalera cercana, de todo tipo de trastos que caían al suelo y una mini lucha. Todos levantaron la cabeza y se fijaron en esa dirección, para ver como Electra del Telescopio, tras haber hecho un berrinche, forcejeaba con Teseo en el suelo. Como no pudo regresarlo a la cama, optó por reducirlo en el piso y esperar por ayuda. Evidentemente el ángel no estaba al tope de sus capacidades, pues de otro modo se hubiera sacado de encima a la amazona con relativa facilidad, pero no en balde había sido el más grave de los tres y, aunque inmortal, la recuperación le estaba resultando bastante trabajosa.
"¡Plumífero Imbécil! ¡Se Sacó El Tubo de Ventilación Solo de Nuevo!" Gruñó Apolo, apurándose a ir en ayuda de la enfermera.
"¡Déjame ir! COFCOF, Está Mi Señora, ¡Necesito Ir Con Ella! ¡Que Me Sueltes, Mujer!"
"¡ESTÁS ARRUINANDO MI TRABAJO PERFECTO!" Electra lo sujetaba en una llave, intentando solo detenerlo y no hacerle tanto daño. "¡A LA CAMA DIJE!"
"¡Tú No Lo Entiendes! ¡TENGO QUE IR CON MI SEÑORA!" Teseo sin duda peleaba por soltarse, pero eso le hacía daño y Electra intentaba por todos los medios que su paciente se calmara, lo que obviamente enojaba al ángel. "¡SUÉLTAME MORTAL!"
"¡Estás Indefenso Como Un Gatito! A LA CAMA." Con la ayuda de Apolo, Electra levantó a Teseo del suelo y entre ambos lo devolvieron a su sitio. Quiso el destino que justo en ese momento, Teseo cruzara miradas con Artemisa, a quien estiró las manos, y aunque horrorizado por el aspecto de la diosa, aun así clamó por su ayuda.
"¡NO ME DEJE SOLO CON ELLA!" Suplicó acongojado. "¡Es Como Medea Renacida!"
Artemisa, perpleja, paseó la mirada por todos los presentes, a quienes no veía tan preocupados por la salud de Teseo. Athena se acercó a ella y la tomó del brazo, seguida de cerca por Leto, quien le puso una bata encima.
"Creo que mejor te explicamos cómo llegaron estos tres y como se han portado en la enfermería. ¿Te parece? Están bien cuidados, te lo aseguro."
La diosa de la luna asintió.
Inframundo. Explanada de Giudecca.
Seis horas después. 17 de mayo. 18:35 horas.
Zeus se ajustó su kamei y paseó su mirada por los espectros que había allí formados. De ciento ocho espectros, apenas quedaban en estado de tomar las armas alrededor de cuarenta y ocho. Esta guerra había sido bastante demoledora por lo visto, pero aún con eso, el ánimo de los que quedaban valía por dos. Y en esta ocasión, iban con dioses apoyándoles en la batalla. Además Apolo se paseaba entre las filas, curando las heridas de aquellos que lo necesitaran.
¡Bah! Si dependiera de él, iría solo y le arrancaría los ojos a todos los señores de Xibalbá por lo que habían hecho con su hija. ¡Esa ofensa no iba a quedar así como así! Se llevó la mano a la derecha y acarició el Keraunos. Hades se detuvo a su lado cruzado de brazos.
"¿Cómo está Artemisa?"
"Todavía no hablo con ella. Supongo que está bien." Comentó Zeus. "Cuando vuelva al Olimpo veré como está. De momento quiero vengar mi honor."
"¿No has hablado con ella?" Preguntó Hades algo perplejo. "¿Un abrazo, algo? Pasó por una experiencia muy extrema…"
"No lo vi necesario." Dijo Zeus con algo de inocencia. "Artemisa es una diosa fuerte. Lo superará. Más me preocupa acabar con los señores de Xibalbá."
"Y a tu hija que la parta un rayo, ¿verdad?"
"¿Por qué le lanzaría el keraunos a ella?" Zeus miró a Hades con suspicacia. "Te has puesto muy sensible últimamente, pero bueno. Otra cosa es ese engendro que lleva…" Siseó entre dientes. "Me ofende su mera existencia, ¡es una mancha en el honor del Olimpo!"
"¿Estoy entendiendo bien cuando creo que dices que Artemisa espera familia?"
"Sí. Pero no por mucho, espero. Volviendo de esto tengo que conversar con ella para que se deshaga de esa cosa." Afirmó Zeus empuñando las manos. Hades se encogió de hombros y prefirió no opinar sobre ese respecto en específico.
"No he sido padre por mucho tiempo, Zeus…, yo preferiría apapachar a mi hija antes que nada. Pero ese soy yo." Dijo suspirando quedito. "Gracias por venir: esto no nos debería tomar mucho tiempo."
El plan era sencillo: Ir al Xibalbá y arrasar con cuanta cosa pillaran en pie, aprovechándose del estado de calamidad en que había quedado todo con la primera oleada liderada por los tres jueces. Esta vez no irían a tocar la puerta o vandalizar unas cuántas casas de tortura, sino que lo aniquilarían todo, y por ello no podían perder más tiempo. De los dioses del Inframundo irían Hades, Thanatos y los tres hijos mayores de Hypnos. El dios del sueño se quedaría en Giudecca, no necesariamente a cuidar el fuerte, sino porque apenas podía salir de la cama. Phantasos se quedaría cuidándolo a él y a Giudecca en caso de necesitarlo, aunque no se podía decir que la diosa brincara de alegría.
Cierto, no quería volver al Xibalbá, pero ¿quedarse cuidando de Hypnos? Nope.
Perséfone, las gemelas, Benito y Pasitea partirían a Atlantis. Serían escoltados por Violate y el resto de la escolta. Ya estaba todo dispuesto para la partida incluso: Poseidón había enviado a Krishna y a Sorrento para que les sirvieran de apoyo extra, cosa que por cierto había tostado mucho a Violate (¿Qué se creen que acaso no podía sola? Feh). Pasitea se estaba tardando un poco: acababa de despedir y darles su bendición a sus hijos mayores, y ahora hacía lo mismo con Phantasos.
"No me quiero quedar con el señor Hypnos, mamá." Rezongó Phantasos con tristeza. "Sabes que no me quiere cerca suyo…"
"Eso no es cierto, Phantasos, tú lo sabes."
"Sí lo sé. No me quiere ni quiero estar cerca de él. ¡Me odia!" La diosa se cruzó de brazos y dio una patada en el suelo. "No tengo problemas en cuidar el castillo, ¿pero a ese mañoso?"
"No le digas así, es tu papá. ¡Y tú no lo haces mal cuando te resfrías! Eres tan mañosa como él." Le reclamó Pasitea. "Además apenas ha molestado."
"…"
"Phantasos… él no es una mala deidad. Ten en cuenta que… ambos tenemos dolores que nos ha costado superar, pero no es que no te quiera. Es buen papá."
"No me consta. Me odia porque no soy su preciosa Gala." Teóricamente Phantasos creía que debía haber superado eso hacía muchos siglos, pero se le escapó un puchero y lagrimita a último momento. Pero no retrocedería en sus afirmaciones. Pasitea la tomó por las mejillas y le besó la frente a manera de bendición.
"Al menos trata de no pelearte con él, ha tenido varios infartos muy seguido." Pasitea sonrió con calma. "Asegúrate que se tome la medicina, coma lo que debe y beba lo suficiente. Te dejé instrucciones y…"
"¿Por qué te importa tanto? Te divorciaste."
"Cierto. Pero nunca he dejado de amarlo… y nos olvidamos que nos teníamos el uno al otro."
"Hmpf."
"No pongas ese mohín en la cara, no es de señorita. Con que no se peleen me conformo. ¡Cualquier cosa me llamas, hijita!"
"Te cuidas mamá… tráeme un souvenir si puedes."
Pasitea abrazó a su hija una última vez y la dejó sola. Aún tenía que despedirse de Hypnos, quien si estaba en la cama era porque no le quedaba de otra. Ni aunque quisiera hubiera podido levantarse. Y encima estaba bastante urgido: el ataque al Xibalbá no lo había planeado él, lo que lo tenía bastante preocupado: habían dejado el Inframundo tan vulnerable que ni siquiera era divertido. Estaba intentando levantarse cuando Pasitea entró a la habitación.
"¿Pasitea? Creí que ya se habían marchado…"
"No todavía, quería despedirme." Le dijo con calma, mientras se sentaba a su lado.
"¿De mi?" Hypnos se ajustó los lentes. "¿Qué te pasa mujer? Estas atenciones no las esperaba de ti…" El dios se mordió el labio y se quedó mirando el suelo. "Aunque no puedo negar tus cuidados… creí que me dejarías a mi suerte."
"No, Hypnos. No podría: sabes… que sigues teniendo mi corazón contigo."
"Pero te divorciaste de mi de todos modos." Hypnos hizo un puchero. "Aunque no hice nada por evitarlo."
"Hicimos todo mal, Hypnos… debimos buscar ayuda."
"No hicimos todo mal, tenemos hijos preciosos. Los que nos quedan al menos."
"¿Incluso Phantasos?"
"Sobre todo la niña."
Ambos dioses fijaron la mirada en el suelo y el único sonido que se escuchó entre ambos fue la respiración pausada que llevaban. Casi sin darse cuenta se tomaron de la mano.
"Nunca he dejado de amarte, Hypnos."
"Nunca he dejado de amarte, Pasitea." Dijo Hypnos al mismo tiempo. Cuando se encontró con los ojos de la gracia, le sonrió tierno, pero afligido. "No pude proteger a los niños, ni ser buen esposo, ni… pude canalizar mi dolor de buena manera…"
"… Yo nunca consideré que tú también habías perdido hijos. Phantasos pagó las consecuencias." La gracia suspiró con tristeza. "Le debo una disculpa a la niña."
"No es una niña. Es una mujer muy despierta, que me odia con toda su alma. Nunca fui padre para ella… mi única hija…" Hypnos suspiró. "… no me extraña que te hubieras divorciado de mi…"
"Pero te sigo amando…"
"…"
"…"
"… ¿Pasi?"
"Creo… que si ponemos los dos de nuestra parte y… considerando que también me amas (o eso dices)… podríamos hacer algunas pequeñas cosas… no sé. Creo que podríamos rescatar lo nuestro…"
"¡¿Me estás pidiendo que te corteje de nuevo?!" Preguntó Hypnos con los ojos muy abiertos.
"Sí… aunque la primera vez no me cortejaste, solo… arriesgaste el cuello para obtener mi mano." Le dijo con una media sonrisa. "Si quieres intentar cortejarme… no me opongo."
La sorpresa en los ojos de Hypnos fue más que evidente. Pasitea se ruborizó un poco y se arregló las ropas. De pronto sentía los dedos muy fríos.
"… ¿sabes qué sería lindo que hiciéramos?"
"Dime"
"… que… rescatáramos a Phantasos. Ambos tenemos culpa que no sea más amiga tuya. Y necesita a su papá, siempre lo ha necesitado."
"A mi no me quiere…"
"Te quiere, y bastante. Solo está muy dolida (y rencorosa), pero te quiere." Pasitea le sonrió con cariño. "Está curiosa por tus infartos, pero no te engañes que solo con eso no lograrás ganártela. ¡Heredó lo mañosa y ese endemoniado carácter tuyo!"
"¡Si tan mañoso no soy!"
"Sí, como no." Pasitea gruñó. "Escucha Estratega: Phantasos se queda cuidando el palacio y a cargo de tus medicinas y comidas. Trata de no pelear con ella."
En ese momento, y hablando de la reina de Saba, Phantasos tocó la puerta y asomó la cabeza. Se la veía muy seria, y quizás cautelosa. Carraspeó para llamar la atención.
"Mamá, ya es hora: Te están esperando para partir…"
"Voy en seguida, hijita." Le dijo Pasitea. Phantasos asintió con la cabeza y no perdió tiempo en desaparecer de la habitación. La gracia se volvió hacia Hypnos. "Estaré bien. ¿Lo estarás tú?"
"Claro que sí."
Una mirada, un sentimiento. La pareja se quedó viendo largo rato, con sonrisas suaves.
"Como cuando te vi hace tantos siglos."
"No usabas lentes en ese entonces." Le dijo Pasi, mientras le acariciaba el rostro.
"Pero te veía claro aún sin ellos." Respondió sin dejarla de ver a los ojos. "Ven aquí, mujer."
Hypnos le pidió a Pasitea que se acercara un poco más y cuando la tuvo al alcance, la besó en los labios… cosa que por cierto llevaba un buen par de milenios sin hacer. La gracia parpadeó varios segundos una vez que se hubo separado de su ex, pero solo se limitaron a sonreírse mutuamente. La diosa se puso de pie y salió de la habitación, encontrándose con su hija en el pasillo, quien tenía los brazos cruzados y la miraba enarcando una ceja.
"¡Eeeew, mamá!"
"Ya calla, hijita. ¡Vete acostumbrando!"
Le dijo sin mucha autoridad, ni dejar de sonreír, mientras caminaba por el corredor.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Planes, Huidas y Fin del Asedio.
… ¡Al maldito Carajo! Hechos aislados y separados por miles de años no lo hacían un padre para ella. ¿De qué le servían esas malditas migajas? Había escuchado las historias de infancia de sus hermanos, como Hypnos había estado siempre presente, ¿Y ella qué? Nunca le dio nada de cariño. Ni la más mínima caricia. Dolor por haber perdido tanto hijo, le decía el tío Thanatos. No supo expresarlo nunca, repetía. ¡¿Quién lo mandaba a engendrar tanto hijo?!…
Nota Mental: Uuuuuuuuh, y así como ven este capítulo, faltan cuatro para terminar. Este es uno de los fics más largos que he escrito, pero al menos me deja con el gustito de haber visitado el Inframundo… y creo que lo seguiré haciendo, considerando las últimas ideas que me ha dado la musa. ¡Lo lamento por Aioros! XD… en fin. La corrección a la frase que sugirió Nymus en el capítulo anterior fue hecha: olvidé decirle cuando respondí su review n.n. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
Esa pequeña presencia está muy asustada, Guest, también me tiene bastante angustiada. Ni culpa tuvo del quilombo este y mira el tremendo lío en el que está metido, sin tener arte ni parte. ¡Claro que Artemisa lo intenta! Sin duda por lo que pasó es horrible, pero y aunque estuvieron a punto de quebrarle el alma, ahí la tienes, luchando por salir adelante. Es cosa que le den tiempo y le tengan paciencia. Sobre Aiacos… sí, de adolescente fue drogadicto. Si Thanatos no lo hubiera encontrado cuando lo hizo, se hubieran quedado sin juez de Garuda. Claro… no digamos que el tratamiento que aplican en el Inframundo para estos casos sea lo mejor, de hecho cuenta como tortura, pero sirvió. Tres veces lo soportó Aiacos, y créeme que esta cuarta vez le va a confirmar que *no quiere* recaer, que por algo las tres veces anteriores hasta le quitaron las ganas de tomar aspirinas. Al menos está a salvo. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! =D
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.
SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. Son como siguen:
1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.
2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.
3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.
4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.
5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.
Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.
