Los señores de Xibalbá toman algunos resguardos para que sus planes de revivir a Hun–Camé y Vucub–Camé lleguen a buen puerto, aunque eso implique la muerte de todos, excepto dos: Quicxic y Patán. Phantasos, aunque molesta, tiene una conversación con Hypnos, y durante la batalla… pues nada mejor que saquear la Casa de los Cuchillos.


¡HOLA A TODOS! A estas alturas, en el Santuario de Athena, los eventos del quinto capítulo del fic Nec Spe, Nec Metu se están desarrollando. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!


Capítulo 21: Planes, Huidas y Fin del Asedio.

Xibalbá. Casa de los Cuchillos.

Madrugada del 18 de mayo. 00:13 horas.

Cuchumaquic enterró su espada en el lugar que solía usar Ahaltocob. Ahalmez estaba sentado a un costado, con la mirada sombría, sin dejar de observar algunos de los objetos personales de su desaparecido colega. No sabía cómo sentirse, pero sin duda sentía un vacío muy extraño en la cabeza y corazón. Su par, su colega, su hermano, con quien compartía la sed de sangre y de ocasionar las desgracias de la humanidad, ya no estaba. Quicxic le dio una palmada en el hombro, al igual que Xiquiripat.

"Eliminado por dos espectros… dos humanos… ¿Cómo fue posible?" Se lamentó.

"Esto nos pasa por confiarnos." Dijo Cuchumaquic. "Por algo fuimos formados en pares, no debimos separarnos."

"Lección aprendida, pero nada podemos hacer por Ahaltocob ahora." Dijo Xiquiripat. El dios meneó la cabeza como si la pérdida le hubiera sido sensible. "Cuando nuestros señores Hun–Camé y Vucub–Camé vuelvan a la vida, restaurarán a nuestro hermano caído."

"Eso no lo sabes." Replicó Ahalmez. "Puede que se enojen porque no los revivimos antes."

"Lo harán, Ahalmez." Afirmó Ahalganá muy seguro. "La Muerte y Enfermedad no toleran estar solos: por algo nos crearon."

"Así es, y del mismo modo nos revivirán a nosotros, si es que llegamos a caer." Dijo Xiquiripat, antes de empezar a pasear su mirada por todos los presentes. "Pero tenemos que asegurarnos que ambos revivan y debido a que ciertos planes resultaron, puede que ya no necesitemos buscar sus cabezas."

"¡¿De qué hablas, Xiquiripat?!" Exclamó Cuchumaquic. "¡Estás insinuando que moriremos!"

Xiquiripat señaló la ventana y los señores de Xibalbá se concentraron en ella. A través de la misma solo se veía una interesante desolación. Los espectros de Hades habían hecho un gran trabajo, devolviendo cada ataque hecho al inframundo, pero aumentado por tres. Esqueletos les quedaban bastantes como para defenderse un buen rato, calaveras algunas pocas, pero ya no tenían tiempo para conjurar más. Y se venía un ataque. Era inminente.

"Hades no esperó por atacarnos. Viene con sus huestes, además de algunos dioses. Zeus me preocupa en particular." Comentó Xiquiripat.

"Kukulcán el muy maldito viene también. Con Huitzilopochtli: puedo oler la peste desde aquí." Dijo Ahalpuh. "¿Qué no se puedan quedar quietos el par de metiches?"

Los señores de Xibalbá se miraron lúgubres el uno al otro. Aiacos de Garuda había descubierto su punto débil y pese a su incapacidad no había fallado en difundirlo, por lo que las tropas que ahora avanzaban a paso firme en su dirección sabían perfectamente como eliminarlos. Lo que los deprimía era que un simple humano los había descubierto y que, si no se cuidaban, podían morir a manos de ellos. Aún así, tenían un mínimo de esperanza.

"Insisto, este será nuestro fin temporal. Hun–Camé y Vucub–Camé deben revivir." Dijo Xiquiripat. "Quicxic, Patán: Vayan a la superficie, consigan a la criatura que lleva esa diosa en las entrañas, ¡arránquensela de ser necesario! Pero hagan todo lo que puedan para llevar a cabo el rito."

"¿Y como quedamos nosotros?" Preguntó Ahalganá bastante alarmado.

"Tapamos su huida. Como sea, es aquí donde tenemos que retener la pelea que se nos viene encima." Xiquiripat se quedó viendo a los burlones Quicxic y Patán. "Depende de ustedes dos, par de bastardos."

"Jejeje, supongo que me dieron ganas de ver a la madre de mi hijo no nacido." Se rió Quicxic entre dientes. Se golpeó el pecho con el puño. "Nos vamos entonces."

"Llévense a un puñado de esqueletos. ¡Contamos con ustedes!" Les dijo Chamiaholom.

"¡LARGO!" Exclamó Xiquiripat. "¡Y No Lo Arruinen!"

Fundiéndose entre las sombras, y equipados con sus mejores armas, Quicxic y Patán desaparecieron con la seguridad de que su plan daría resultado. Tenían que dar una vuelta larguísima para huir del Xibalbá y evitar que las huestes que se aproximaban a la Casa de los Cuchillos los descubriesen en pleno escape. Aquello era lo más peligroso, pues si llegaban a atraparlos, todo habría sido en vano, desde la conquista del Mictlán hasta los intentos por tomarse el Inframundo. Huyeron como las sombras que eran, sabiendo que su travesía era peligrosa. Los demás señores de Xibalbá se miraron entre sí.

"Yo no sé ustedes, pero no dejaré que me maten tan fácil. Mi vida la vendo cara." Dijo Chamiabac. "Si esos infelices piensan que se los voy a poner fácil, se encontrarán de narices con una sorpresa."

Todos en el lugar hicieron resonar sus armas.

"Todos tenemos la misma idea. ¡Demostrémosle a los invasores qué significa agitar la ira de los Señores de Xibalbá!"


Inframundo. Giudecca, Habitaciones de Hypnos.

Algunas horas antes. 17 de mayo. 19:57 horas.

Phantasos se cruzó de brazos y revisó su celular. Tuvo un tic nervioso al notar un breve mensaje de Apolo junto con un selfie suya en plena marcha hacia el Xibalbá. ¿Qué mosco le había picado a ese? Rodó los ojos al cielo y se guardó el teléfono en el bolsillo, para proceder a mirar la bandeja con bastante saña. Era un plato de sopa, un vaso de agua y un postre: la cena del señor Hypnos.

"¿Y yo porque tengo que llevársela?"

No estaba contenta, pero sí perpleja. Había rabiado mucho por haberse quedado a cuidar el palacio y a su padre. Quizás no hubiera sido para tanto si solo se hubiera quedado cuidando la casa, pero que ella supiera, el señor Hypnos se sabía cuidar solo.

Claro… cuando no estaba infartado.

¿Por qué le había dado un infarto? ¡Él no se enfermaba con nada! Seguro el muy maldito lo hacía para llamar la atención.

Se sopló el flequillo, molesta. Honestamente la había tomado por sorpresa ver a su padre sufriendo un infarto, más cuando se enteró que era el segundo episodio que tenía y que el primero no solo había involucrado varios muy seguidos, sino que le había pegado en el pecho cuando le mintieron respecto de su cautiverio. Le habían hecho creer algo bastante horrible, tenía que admitirlo, pero ¿desde cuándo Hypnos se preocupaba por ella de ese modo? Phantasos frunció el ceño: él no debería asustarse, siquiera sorprenderse. Ella era una guerrera, tomaba riesgos y acataba las consecuencias de sus actos. Hypnos lo sabía, nunca se había preocupado por ella. ¿Por qué un infarto justo ahora? Llevaba milenios sin que le diera uno. De hecho, nunca había visto que le diera uno.

"Merecido se los tiene, todos ellos. ¡Lástima que no se pueda morir!"

Phantasos tomó la bandeja con más cuidado del que quería y comenzó a llevarla a la habitación de su padre. Se sentía como una idiota, debería dejar que él mismo viniera por su comida. No se iba a morir el muy infeliz, quizás se iba a tardar un montón en buscar la maldita bandeja, pero lo haría. ¿Por qué tenía que estar ella llevándole algo si nunca, nunca en la maldita existencia había hecho algo por ella?

Aun así lo respetaba. O quizás al fondo de su corazón aún guardaba la esperanza de que quizás todo lo que contaban sus hermanos sobre sus padres, sobre Hypnos, también lo compartiera con ella. ¡Se sentía tan tonta pensando eso! Nunca entendió porque no la quiso. Cierto, había sido traviesa de pequeña, pero ni siquiera recordaba haberlo visto cerca suyo… a menos que le dijera que se largara. ¿Qué tan diferente había sido con sus hermanos? ¿Cómo se hubiera sentido si lo hubiera hecho con ella?

¿Por qué se había infartado? Oneiros le había contado hacía algunas décadas que Hypnos había tenido esas fallas en el corazón cuando la angustia lo había abrumado. Mientras sus hermanos morían sin que nadie pudiera evitarlo. Como deidad olímpica no moriría por causa de un fallo cardiaco (a menos que se hubiera contagiado con la Sofocación) pero le habían contado que el que sufrió cuando Gala murió… bien era capaz de haberlo matado unas cuatro veces de haber sido un simple mortal.

También tuvo un infarto bastante fuerte cuando Pasitea le dijo que la estaba esperando… aunque seguro ese fue porque temía por la vida de su mamá y no por ella. Pero no podía explicar los últimos que había tenido y que según sus hermanos, habían sido por ella. ¡JA! Seguro porque más le impactó que hubieran deshonrado a la familia, pero no le cuadraba: ¡No la consideraba su hija! Era solo el sueño feo que nunca quiso. ¡Seguro que le ortigó hasta el esófago verla bien de vuelta! Por eso debió haberle dado el último. ¿Aliviado por ella? JA.

Hizo un puchero. Ninguna de sus dos teorías cuajaba cuando pensaba en el abrazo que le había dado cuando la vio de regreso y bien. ¡Había esperado MILENIOS por un abrazo así! ¿Cómo era posible que, cuando finalmente lo recibía, no era capaz de aceptarlo? La había contenido como siempre lo quiso, hasta ella se dio cuenta que no fue un abrazo obligado, sino todo lo contrario. Casi, casi la hizo pensar en que a lo mejor la quería… Hubiera renunciado a su inmortalidad con tal de haber sido apapachada de ese modo cuando era pequeña.

A paso lento siguió llevando la bandeja, casi arrastrando los pies. ¿Y si la dejaba en el suelo y se iba a vigilar el castillo? Hypnos eventualmente daría con la bandeja…

Morfeo le contó una vez que, teniendo unos tres meses de nacida, se resfrió por primera vez. Nadie podía explicar por qué se había enfermado (siendo ella una diosa) pero ahí estaba, con una fiebre que bien habría matado a un bebé mortal, que incluso hizo temer la posibilidad que quedase con severos daños neurológicos: le contó que Hypnos no la soltó mientras duró el ataque del virus, excepto cuando Pasitea le cambiaba el pañal y trataba de alimentarla.

Icelos le confidenció que había visto a Hypnos ajustando el kamei de Gala a su talla cuando Phantasos le había dicho que se ganaría el derecho a portarlo. No le creía nada, pero sí le dio el beneficio de la duda cuando su hermano le recalcó el hecho que Hypnos no había prohibido que entrenase con ellos.

Todavía recordaba el año pasado, cuando le dio meningitis. Había sido Hypnos quien se dio cuenta que estaba enferma y a punto de colapsar; fue quien la levantó en brazos y protegió con su cosmo, quien la había traído de regreso al Palacio.

¡Al maldito Carajo! Hechos aislados y separados por miles de años no lo hacían un padre para ella. ¿De qué le servían esas malditas migajas? Había escuchado las historias de infancia de sus hermanos, como Hypnos había estado siempre presente, ¿Y ella qué? Nunca le dio nada de cariño. Ni la más mínima caricia. Dolor por haber perdido tanto hijo, le decía el tío Thanatos. No supo expresarlo nunca, repetía. ¡¿Quién lo mandaba a engendrar tanto hijo?! Su pobre madre se había pasado prácticamente un maldito milenio con panza. Y ella nacía después de tanta muerte y ¿Qué le tocaba? Ser fea, enfermiza y que ningún dios quisiera estar con ella. ¡Por todo el averno clavado al techo! ¿Qué hacía llevándole la comida? ¡Que se Viniera A Buscar La Bandeja Él Solo! ¿Por qué siempre caía en lo mismo? Era Phantasos. Una diosa FEA, pero peligrosa. Era independiente. No necesitabas traumas con papi para hacer drama. ¡No los quería y…!

Hypnos sujetó la bandeja de pronto.

"Venía a buscar la comida… Gracias Phantasos."

"No es nada señor Hypnos." Bah. Al cabo que sí vino a buscar la maldita bandeja. ¿Ven? No la necesitaba. Phantasos la soltó, y girando sobre sus talones, comenzó a alejarse. "Buenas noches."

"¿No vienes conmigo?"

"No."

"No quisiera comer solo…"

"Una lástima que el tío Thanatos no esté. Estoy ocupada."

"Ya darás una vuelta al palacio luego. Ven, acompáñame a cenar. ¿Comiste algo?"

Phantasos tuvo un tic en el ojo que casi desarmó la ilusión sobre su rostro. Empuñó las manos y tomó aire para mandarlo a freír monos al África.

"Está bien. Supongo que no hace daño. Y ya comí."

¡¿Pero Qué Demonios?!

¡No Se Suponía Que Debía Decir Eso! Tenía que mandarlo al quinto pino, no aceptar pasar un rato con él. ¿Cuál era su problema? Hypnos sonrió y continuó su camino, con la bandeja en las manos. Caminaba lento, como apenas recuperando sus fuerzas, o fingiendo muy bien. Enfiló hacia el pequeño comedor en el que la familia onírica solía tomar las comidas pero, cuando fue evidente que derramaría todo, Phantasos recuperó la bandeja y se adelantó. Llegó al comedor, dejó la bandeja sobre la mesa, revisó que estuviera a buena temperatura y regresó por Hypnos, maldiciéndose internamente.

Se encontró a su padre más cerca de lo esperado y lo ayudó a caminar el último trecho, incluso ayudándolo a sentarse. Ella tomó su asiento usual… el más lejano a la cabecera, y esperó a que terminara de comer.

"No has comido Phantasos. Mentiste."

"No tengo hambre, señor Hypnos."

"Al menos come una fruta."

"No tengo ganas. A esta hora comer fruta me da frío."

"Entonces toma algo de sopa."

Phantasos no respondió. Se sopló el flequillo y comenzó a contar los minutos para poder irse a dar la maldita vuelta al castillo. No quería estar ahí, la situación la angustiaba mucho. ¿Qué quería Hypnos de ella?

"Phantasos."

"¿Señor Hypnos?"

"¿Qué hiciste hoy?"

"Nada interesante, señor."

La diosa ni siquiera levantó la mirada, se limitó a responder mecánicamente. Hypnos recordó la última vez que le había llamado papá y supuso que ese beneficio nunca lo recobraría. El corazón le dio unos latidos raros y se sobó el pecho. Si iba a arreglar su relación con su única hija, esto no sería algo rápido. ¡Perdió tanto tiempo! Por más que se esforzara nunca, nunca podría compensarle su ausencia ni el rechazo que la hizo sentir mientras ella crecía. Tampoco podía imponerle siquiera una amistad, o portarse como un padre; él… sentía como si se le hubiera muerto un hijo en vida.

No tenía ningún tema de conversación con Phantasos.

Bueno, no exactamente.

Terminó de comer, aunque no disfrutó la cena. No porque hubiera estado mal hecha, sino porque se sentía horrible (no debió haber salido de la cama). Cuando se puso de pie, su hija le imitó, y le miró más que perpleja cuando le vio acercarse; claro que se engrifó cuando con un gesto de su mano, Hypnos le borró la ilusión del rostro. Phantasos no tardó en retroceder mientras hacía aspavientos exagerados para levantar su ilusión, o taparse la cara cuando Hypnos no la dejó ocultar sus verdaderas facciones de su vista.

"¡¿Pero Qué?! ¿Qué Se Supone Que Hace? ¡Es Mi Cara! Déjeme En Paz."

Phantasos detestaba mostrar su rostro real. Frente a extraños, como lo fue con Huitzilopochtli, la angustia era breve y rápidamente reemplazada por irritación y aceptación. Pero frente a Hypnos, era una ofensa en su grado máximo, la muestra más evidente de su fracaso como hija. ¡Era la única hija viva del dios del sueño y era fea! Nunca le mostró su rostro a Hypnos una vez que aprendió a dominar la ilusión que ocultaba su fealdad. Quiso enterrar sus manos en su rostro, no quería que la viera así.

Casi sin resistirse dejó que Hypnos le apartara las manos del rostro. Y sin poder evitarlo, se le arrancaron unas lagrimitas.

¡No era fea! Solo diferente. Estas facciones… eran lesiones por haber pasado un embarazo complicado. Hypnos le acarició las mejillas y la nariz, no con desprecio sino como una forma de aceptación.

"Phantasos, Mírame a la cara."

"¡NO!" Se negó la diosa, retrocediendo un paso. Pero allí donde esperaba más firmeza, se encontró lo contrario. Hypnos dio un paso adelante y sujetó con delicadeza la barbilla de su hija y levantó su rostro. "No quiero que me vea, señor, por favor." Le rodaron dos gruesos lagrimones. "Al menos concédame mi privacidad."

"La primera vez que te vi, también me mirabas llorando. Fuiste la más pequeñita de todos tus hermanos. No alcanzaste a pesar tres kilos." Le confesó Hypnos. "El tuyo fue un parto complicado: tu mamá quedó agotada."

"¿Qué pretende, señor Hypnos? ¡Déjeme esconder mi cara! No quiero que me vea así…"

"No te conocía, Phantasos."

"¡Claro que no me conoce! No tiene que quitarme mi belleza, ya es suficiente saber que soy fea y que no…"

Hypnos le besó la frente. Esto calló en seguida a Phantasos, más que nada por perplejidad.

"Yo no tengo hijas feas. ¡Sácate esa idea de la mente! Mis hijas no son feas."

"¡¿Qué Clase De Broma Es Esa?! ¡¿No Me Ha Visto La Cara?!" Preguntó con una buena dosis de sarcasmo. Señaló su nariz. "¡Parece una Papa!"

"Te estoy viendo. Veo a mi hija."

"¡A la que nunca ha querido!"

"Lo pongo en duda. Por milenios quise convencerme de tal cosa, pero… supongo que la noción que te había pasado algo me probó lo contrario."

"¡¿Acaso el señor quiere que lo aplauda por haber recapacitado?!"

"No. Quiero una oportunidad."

"NO." Phantasos retrocedió. "No tengo nada en común con usted, nunca se interesó por mi, ¡nunca quiso saber nada de mi! De todo lo que aprendí, NADA llegó de usted y…"

Phantasos se calló sola. Eso no era tan cierto, muchas de las motivaciones para aprender que tuvo a lo largo de su vida se habían debido a Hypnos. ¿No era una oportunidad lo que había estado esperando toda su vida? ¿O acaso le dolía tener que ilusionarse después de tantas decepciones? Quizás su mamá tenía razón, Hypnos la quería, aunque en el fondo.

¡BAH! ¡LE PROBARÍA LO CONTRARIO! Ya vería su madre que Hypnos no la quería ni para…

Se le tiró encima y lo abrazó con fuerza, llorando como si tuviera cinco años. ¡Y la protegieron en ese abrazo! La misma sensación que había sentido el año anterior cuando le dio meningitis y la había levantado en brazos. O como cuando llegó de regreso del Xibalbá. Hypnos no le dijo nada, solo la abrazó y dejó que llorara. Él mismo estaba un poquitito emocionado.

"¿Quieres jugar ajedrez?" Preguntó en un susurro.

"¡Tengo Que Darle La Maldita Ronda Al Palacio!"

"¿Después?"

"No sé." Phantasos soltó a su padre y volvió a levantar la ilusión sobre su rostro. "Mamá dejó escrito que tenías que dormir. El señor Apolo también escribió lo mismo en sus instrucciones…"

"Lo que tu madre no sabe no la lastima." Hypnos rodó los ojos al cielo. "Puedo chantajear a Apolo para que no diga nada."

"Mientras no le dé otro infarto." Phantasos se sacudió un poco más y, fingiendo molestia, tomó la bandeja en las manos. "Iré a dar la maldita ronda y a darle su medicina. Quizás si estoy de humor juguemos ajedrez. Quizás… pero no se haga ilusiones. ¡No crea que lo voy a perdonar así tan fácil!" La diosa entrecerró los ojos. "De hecho, no sé si lo perdone."

"Me iré a mi cuarto entonces."

Hypnos se llevó las manos detrás de la cabeza y comenzó a caminar en dirección de su habitación, mientras Phantasos daba pisotones con la bandeja en la dirección contraria. Brevemente miró hacia atrás a medida que su hija desaparecía en una esquina. Hizo un puchero… por un momento creyó que las cosas iban a resultar mucho peor. Quizás podía resultar… siempre era desafiante tener otro adversario en el ajedrez: Thanatos solía aburrirlo. Se sopló el flequillo y se ajustó los lentes.

"¡Pero si no es fea!" Reclamó al aire, antes de atravesar la puerta. "¡No tengo hijas feas!"


Xibalbá. Casa de los Cuchillos.

18 de mayo. 03:00 am.

El Keraunos resonó por el campo de batalla como un enorme gong que ensordeció a cuántos estaban cerca. Los espectros hacían un buen trabajo repasando a los esqueletos, mientras los jueces, más que acabar con las calaveras que quedaban, ya jugaban con ellas antes de aniquilarlas, como gatos que torturan a un pajarillo o ratoncillo antes de morfárselo. Los dioses por otro lado…

Ahalganá cayó al suelo de bruces, pero encendió su cosmo lo más rápido que pudo para aguantar la embestida de Apolo, quien ni lento ni perezoso le caía encima dispuesto a causar el mayor daño posible. Chocaron las espadas y, al contacto de los metales y la fuerza, saltaron chispas por todos lados. Los enardecidos ojos de Apolo centelleaban prometiendo un océano de dolor, mientras Ahalganá, quien ya daba desesperados manotazos de ahogado, aún tenía voluntad de lucha.

"¡Quicxic, Desgraciado! ¡¿Dónde Está Ese Infeliz?!" Le espetó a la cara al acorralarlo contra el suelo.

"Donde Nunca Podrás Encontrarlo Farolito." Ahalganá le escupió sangre encima, que Apolo alcanzó a esquivar… aunque no tuvo la misma suerte en evadir la patada que le dieron.

Los dos siguieron rodando por el suelo, tratando uno de eliminarse mutuamente. Los sueños presentes se divertían reduciendo la Casa de los Murciélagos a sus cimientos, tras haber eliminado de manera bastante sádica a Ahalmez, el colega del fallecido Ahaltocob, y a Chamiaholom. Huitzilopochtli y Quetzalcóatl se habían concentrado en eliminar las fumarolas de aquél incienso debilitador (aunque guardaron un poco como medida de precaución) y en liberar las almas de quienes estaban ahí (ya fuera para orientarlas al Mictlán o al mismo Inframundo) y cada tanto caerle a golpes a algún ajawab incauto.

En aquellos momentos Huitzilopochtli se batía a duelo con Chamiabac con especial ferocidad, y no pasó desapercibido para Oneiros que el dios mexica de la guerra y la venganza no solo era un guerrero bastante probado, sino que también estaba jugando con el muy maldito.

Thanatos pisó una última calavera, que expiró sin haber estado viva. Observó el campo de batalla y apenas pestañeó cuando Minos, quien mostraba las clásicas señales tanto de estar saliendo de un frenesí berserker como de estar pasándoselo en grande, se detuvo junto a él.

"¡¿Vio Los Cuchillos Dentro de la Casa Esa, señor Thanatos?! ¡Hay Unas Espadas del Siglo XV de los Conquistadores Que Son Maravillosas!"

"¡¿Qué cosa?! ¡NO LAS VI!"

"¡Y los puñales!" El juez sacó algunos que llevaba en un bolso que vaya a saberse de donde había sacado. "Le llevo este de regalo a min kjære engel, entre otras cosas."

"¡YO QUIERO!" Exclamó Thanatos emocionado.

"Todavía quedan." Minos echó a correr. "¡El Último Que Llega Paga La Cuenta!"

Tanto Minos como Thanatos echaron a correr hacia el interior de la Casa de los Cuchillos, pasando por el lado de Radamanthys, quien finalmente acababa con una calavera. Resopló, pero no indignado, pues había sido el primero en sacar de aquella casa los cuchillos que le gustaron, todos patrimoniales. Incluso le llevaba algunos recuerdos a Aiacos y souvenirs para cuando tuviera que hacer algún regalo de emergencia.

"Mencionas cuchillos y el señor Thanatos se aloca." Comentó Pandora cruzándose de brazos. "Le fascinan tanto como a Minos."

"Ojalá encuentre la guadaña que lleva años buscando." Radamanthys dio un violento codazo hacia atrás y Pandora, con un movimiento de su tridente, se lo clavó en la mandíbula al esqueleto que quiso atacarlos por la espalda.

"Esto ya me aburre. Creí que pondrían más resistencia." Rada arrugó la nariz y miró de reojo a Pandora. "Al menos te sirvió de práctica: en serio tienes que mejorar tu técnica de pelea." Pandora hizo un desprecio y no le dio importancia al comentario.

"El señor Hades quería acabar con este ejército lo más rápido posible. Ya tuvo suficiente con ellos." Explicó Pandora.

Hablando de Hades, el dios del Inframundo, príncipe de la humanidad difunta, estaba arreglando cuentas con Xiquiripat, a quien había buscado expresamente en el campo de batalla. Con el cosmo encendiéndose cada vez más y obligando a su contrincante a hacer lo mismo (sobre todo porque sabía que lo debilitaba) Hades no le daba respiro alguno. Xiquiripat había probado ser un enemigo a su nivel y ambas deidades mostraban signos de la lucha. Heridas, raspones, arañazos, cardenales. No se daban tregua ni piedad.

"¡¿Qué Te Pasa, Escoria?! ¿No Eres Capaz De Hacerme Frente Ahora Que No Tienes Donde Esconderte, Alimaña?"

"No Digamos Que Te Defendiste Bien: Causamos Muchas Bajas A Tu Ejército."

"Con Ataques y Emboscadas a Traición, ¡No Es Manera de Hacer Una Guerra!"

"¡¿Qué Tienen de Romántico las Guerras, Hades?! Me Extraña Tu Hipocresía, Tramposo."

"¡MUERE!"

Las espadas resonaron por el campo de batalla, mientras Hades y Xiquiripat medían fuerza y voluntad. Era un combate que acabaría con la guerra y ambos lo sabían, pero aún así el señor de Xibalbá no dejaba de reír.

"¡Ya Verás Lo Que Pasa Con Tu Maldito Reino, Hades! DESAPARECERÁ. Yo mismo me encargaré de esclavizar a tu mujer, tus hijas serán mis mascotas."

"ESO NUNCA."

"Hun–Camé y Vucub–Camé volverán en gloria y majestad: la humanidad perecerá bajo su reino y su muerte será vengada. Todos ustedes morirán como lo hicieron los dioses gemelos cuando empezamos toda esta cruzada."

"Hun–Camé y Vucub–Camé Nunca revivirán. Y si lo hacen, Yo mismo les arrancaré los ojos."

"Jejejejeje… Vas a ver como te equivocas. ¡Nada detendrá a esos dos! Nos revivirán a nosotros… no hay fuerza capaz de detenerlos."

"Te recuerdo que su derrota se debió a un ardid, no fuerza bruta."

"ESTA aparente derrota no es más que un ardid. Esos dos volverán y serán la ruina de todos."

En eso se produjeron dos explosiones similares. Cuchumaquic y Ahalganá dejaban de existir al mismo tiempo. Zeus, quien batallaba con el primero, se lanzó sobre Ahalpuh junto con Apolo y rápidamente dieron cuenta de él. Al sentir la muerte de su colega, de su hermano, Xiquiripat se desconcentró y quiso ir en su ayuda, pero Quetzalcóatl le bloqueó el camino. Antes de poder hacerle el quite, Hades inflamó su cosmo, lo sujetó por los cabellos y lo lanzó en la dirección contraria, para embestirlo con toda su fuerza y energía rodeándole como si de llamas se tratase. Xiquiripat se puso apenas de pie para soportar el golpe, pero por reflejo inflamó su propio cosmo. El choque entre ambas deidades generó un potente estruendo que no dejó a nadie indiferente, pero lejos de hacer una pausa, en el momento en que el cosmo de Xiquiripat se apagó y quedó vulnerable, Hades le atravesó el corazón con su espada en ese preciso instante.

"Y hasta aquí llega la gloria de Xibalbá." Gruñó Hades, mirando directo a los ojos de Xiquiripat, antes de girar su espada, aún clavada en el pecho del ajawab, y retirarla.

La energía se liberó en todas direcciones, como un alarido que se dispersa en el viento. Hades apenas apartó la cabeza, queriendo observar con gusto como el culpable de tantas jaquecas moría.

Era raro… ver la muerte de una deidad.

SPLOOOSH

Quetzalcóatl no perdió tiempo y enterró su propia espada en el cuerpo de Xiquiripat. Ante la perplejidad de Hades, la serpiente emplumada se encogió de hombros.

"Nunca está de más una repasada."

"Pues… tienes tu punto." Reconoció Hades.

WAAAAM.

Huitzilopochtli golpeó en ese momento el cráneo de Xiquiripat con su fiel hacha Xiuhcóatl, hecha de la serpiente de fuego. Se quedó mirando a Hades y Quetzalcóatl y sonrió travieso.

"Así mero nos aseguramos que no haya cabeza que dé problemas después." Explicó Huitzilopochtli, quien en seguida sonrió. "¿Les parece si planeamos la victoria con una buena ronda de pulque? Yo invito."

Ambos dioses asintieron tras sopesar los dichos de Huitzilopochtli, aunque Hades no supo bien si tenía ganas de probar pulque. Encontró la manera de evadir la respuesta cuando notó los pasos de su hermano menor y su sobrino. Ladeó la cabeza en dirección de Zeus, quien se acercaba a paso amenazante. Apolo lo seguía de cerca y no se veía nada contento.

Al parecer no traían buenas noticias.

"Faltan los que raptaron a mi hermana." La voz de Apolo prometía plagas y destrucción.

Hades abrió los ojos como platos… ¿Tendría relación con lo que Xiquiripat le había dicho antes de morir? ¿Sobre que esta batalla era un ardid? ¿Habría otra manera de encontrar las cabezas que faltaban o de revivir a Hun–Camé y Vucub–Camé de la que ellos no estaban al tanto?

Frunció el ceño.

Continuará

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: No Más Normalidad.

Ahora estaban los cuatro reunidos en la enfermería, en una de las habitaciones de fondo en donde habían instalado a los tres ángeles para que terminaran con su proceso de sanación, una vez que Apolo lo hubo autorizado. Artemisa estaba sentada a los pies de la cama de Odiseo, mientras que Touma y Teseo estaban sobre la cama de éste último. Mantenían una conversación difícil, más privada…


Nota Mental: Algo estuve diciendo por mi cuenta del FB y en algunas respuestas por ahí: creo que me voy a quedar un par de temporadas en el Inframundo. La musa me dio ideas muy lindas para torturar a Radamanthys, Phantasos e incluso a Apolo. Al menos la miniserie de Artemisa ya está lista, así que bueno, le haré caso a la Musa y veré como me río con los espectros. Ya falta poco para el final, pero aún tengo sorpresas que sé que disfrutarán cuando las vean. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


Zeus es un imbécil, Nice, pero Hera puede que esté preparando su sartén modificadora de conductas. Y así como ves, a Hades, tranquilito y todo, resulta que tiene más sentido común como padre que sus hermanos, quienes se supone tienen más experiencia que él. Ya viste que Hypnos y Phantasos tuvieron un lindo acercamiento: eso no será fácil ni inmediato, hay mucho dolor y rencor qué disipar, pero por lo visto está la voluntad de salir adelante. Le dije a Thanatos que fuera a verte… le advertí que no hay comida, pero dijo que llevaría algunas cosas él mismo y que espera que esos muffins estén buenos. ¡Será Ingrato! ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.

Berserker: (también ulfhednar) eran guerreros vikingos que combatían semidesnudos, cubiertos de pieles. Entraban en combate bajo cierto trance de perfil psicótico, casi insensible al dolor, fuerte como osos. Llegaban a morder sus escudos y no había fuego ni acero que los detuviera. Se lanzaban al combate con furia ciega, incluso sin armadura ni protección alguna; hasta se ha testimoniado el caso de que se lanzaban al agua antes de tiempo desde un drakkar y se ahogaban sin que nada se pudiera hacer. Su sola presencia atemorizaba a sus amigos y enemigos durante una batalla, pues en ese trance no estaban en condiciones de distinguir aliados de enemigos, atacando a quien se les cruzase por delante.

Pulque: es una bebida alcohólica fermentada tradicional de México, cuyo origen es prehispánico y que se elabora a partir de la fermentación del mucílago –popularmente conocido en México como aguamiel–, del agave o maguey especialmente del maguey pulquero (Agave salmiana) o del Agave atrovirens. En lengua otomí se le conoce como ñogi, en la lengua purépecha como urapi, y en náhuatl como meoctli.

Se consume habitualmente en México –y partes de los Estados Unidos–, las entidades federales mexicanas donde destaca su cultivo y consumo son el Distrito Federal, el estado de México, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Tlaxcala y Veracruz.

SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. Son como siguen:

1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.

2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.

3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.

4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.

5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.

6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.