Capítulo 3 - Sentimientos silenciosos
-¡Mamá, mira! ¡El jardín es enorme!-exclamó Kotoko para luego correr al exterior y tirarse para sentir el pasto debajo de ella.
Haruhi sostenía a Tsuneo en sus brazos. Ella y Kyouya se aproximaron al enorme ventanal que daba al jardín trasero y observaron a la niña mientras corría y jugaba.
-¿Te gusta?- preguntó el joven Ootori sin apartar su mirada de Kotoko.
-Es un hermoso lugar. Los niños estarán muy bien aquí.
-Puede que sea más pequeña que tu antigua casa, pero me parece bien para criar a un par de niños y el vecindario es bastante pacífico.
-Para mi es perfecto. Gracias, Kyouya.
-No hay nada que agradecer. ¿Cuando quieres mudarte?
-Cuanto antes. Ya le he dado a papá muchas preocupaciones. También a ti.
-Sabes que yo haría lo que estuviera a mi alcance para procurar a estos niños aunque no me lo pidieras.
-Lo sé...por eso Tamaki pensó en ti para ser el padrino de Kotoko. No pudo confiar en alguien más. Sabía que no la abandonarías.
La mirada de Haruhi se tornó nostálgica y se perdió en algun punto del jardín. Kyouya la observó un momento y luego su vista volvió al frente. Deseaba decirle que estaba equivocada. Deseaba poder ser totalmente honesto. Su mente viajó inevitablemente a aquellos días.
Flash back
La boda había finalizado, para alivio de Kyouya. No se sentía capaz de permanecer más ahí. No con esa sensación en su interior que le resultaba...tan incómoda. Era algo con lo que no estaba para nada familiarizado. Había sido un espectador lejano del noviazgo entre su mejor amigo y la chica de la que estaba enamorado. Un día, simplemente anunciaron que se casarían y eso le había causado una especie de vacío.
Se dijo a sí mismo que fuese lo que fuese, debía superarlo y continuar su vida. Pero ese sentimiento perduraba y fue más fuerte mientras presenciaba aquella unión. Hubo un breve momento en el que deseo ser el hombre frente al altar. Aun así, Kyouya era un maestro reprimiendo emociones. El juego continuó hasta que los novios decidieron que debían marcharse.
El joven Ootori permaneció distante mientras Mori, Mitsukuni y los gemelos se despedían de Tamaki y Haruhi en un escándalo amistoso. De manera fugaz, la mirada del heredero Suou se encontró con la de Kyouya. El primero sonrió con amabilidad y comenzó a caminar hacia su amigo, apartándose del resto.
-Ha sido muy importante para mi que me hayas acompañado este día...amigo.
Sin previo aviso, Tamaki envolvió a Kyouya en un abrazo. Totalmente desconcertado, el heredero Ootori solo atinó a dar un par de palmaditas en la espalda del rubio.
-¡Anda! Suéltame ya. No hagas esperar a tu esposa.- apremió Kyouya para liberarse del agarre.
Cuando Tamaki emprendió su camino hacia el auto que lo esperaba, Haruhi agitó su brazo en dirección a Kyouya y le sonrió a modo de despedida. Él levantó su brazo y luego dio media vuelta para alejarse.
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-¿Diga?- contestó su móvil un adormilado Kyouya.
-¡Hola, mamá! Hace mucho que no llamas. Papá estaba preocupado por ti.
-Tamaki...sabes que son las tres de la mañana en Nueva York, ¿cierto?
-¡Lo siento! Lo olvidé.- respondió divertido el rubio. -No has llamado en dos semanas y quería saber de ti.
-He estado atendiendo muchos asuntos ahora que soy el Presidente.
-Lo sé, pero te echo mucho de menos.
-Deberías ocuparte de tu vida de pareja ahora. No quiero reclamos de Haruhi.
Tamaki rió de buena gana.
-Nosotros estamos bien. Tenemos nuestras propias actividades pero al final del día nos tenemos el uno al otro.
-Es bueno escuchar eso...pero Tamaki...estoy exhausto. Quisiera seguir durmiendo.
-De acuerdo. Solo me gustaría...anunciarte que Haruhi tendrá un bebé.
Aquella frase fue suficiente para que Kyouya abriera los ojos y perdiera el sueño. Ella iba a ser madre. Tendría un hijo. Un hijo de Tamaki. Sintió una ligera punzada en el estómago. En el fondo, sabía que solo era cuestión de tiempo para que eso sucediera.
-¿Sigues ahí? ¿Verdad que es una gran noticia?
-Lo es. Felicitaciones.
-Te mantendré al tanto del embarazo. Quiero que estés aqui cuando el bebé nazca.
-De acuerdo. Debo colgar.
-Está bien. Descansa.
Kyouya terminó la llamada y dejó el teléfono sobre el buró. Cerró los ojos para intentar dormir de nuevo, pero en su mente solo resonaba "Haruhi tendrá un bebé". Aquel desconocido malestar seguía ahí. Era más fuerte aun que el día de la boda. El peso de la noticia fue suficiente para mantenerlo despierto el resto de la noche.
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A lo largo de aquellos meses, Kyouya sa había mantenido viajando constantemente. Algunas veces por cuestiones de trabajo pero la mayoría buscando mantener distancia con Tamaki y Haruhi. Le resultaba absurdo. Sabía que no había malas intenciones en su proceder, solo era el hecho de que no le agradaba lo que sentía estando junto a ellos, en medio de su amor y felicidad. No sabía como manejar eso.
Una tarde, Kyouya se encontraba en su habitación en un lujoso hotel de Berlín. Era fin de semana y no había reuniones que atender. Abrió su computadora personal y se enfrascó en el trabajo. Se encontraba enviando algunos correos electrónicos. Luego, su mirada se desvió hacia el ícono de Correos recibidos. Marcaba 25 de ellos no leídos. Todos los había enviado Tamaki.
En un impulso, Kyouya dio click y comenzó a revisar el apartado de "Asunto" en cada uno de esos correos. Los primeros, "No he sabido de ti", "Algunas novedades", "Te extrañamos" fueron eliminados sin ninguna consideración. A esos le siguieron "Primeras imágenes del bebé" y "Estás invitado a...". Finalmente, "¡Es una niña!" fue el único que considero que debía leer. Tamaki indicaba en el correo que había intentado llamarle en varias ocasiones pero su móvil permanecía apagado. También informaba del nacimiento de su hija. La pequeña Kotoko. Anexaba una fotografía de la recién nacida con su carita enrojecida y abultada. Había sido enviado hacía casi un mes.
Kyouya suspiró con pesadez antes de borrar aquel correo y hacer lo mismo con los siguientes.
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Luego de un día extenuante, Kyouya abandonaba el edificio sede de la Corporación Ootori en París. Se disponía a abordar su vehículo cuando una mano se posó sobre su hombro.
-Un día voy a tener que sacarte a rastras de esa oficina. Trabajas demasiado.- dijo una voz bastante familiar.
-Alguien debe hacerlo.
-Ya que he venido hasta aquí, ¿qué te parece si vamos a beber un café para conversar?
-Está bien. Vayamos.- accedió el joven Ootori sabiendo que aquel encuentro era inevitable.
Llegaron a un establecimiento cercano a la torre Eiffel. Tomaron asiento y ordenaron sus bebidas. Una vez que la camarera se alejó. Tamaki sonrió con tristeza a su amigo.
-Ha sido una larga temporada sin saber de ti. Comenzaba a preocuparme.
-¡Por favor! No soy un niño. Si algo me ocurriera, te enterarías enseguida.
-No es por eso. Empezaba a preguntarme qué pude haber hecho para que te alejaras de ese modo.
-Deja de pensar que ha sido por ti. Soy el presidente de una corporación y hay asuntos de los que debo encargarme.
-Sé tus razones y no tengo nada que reprocharte. Pero eres mi mejor amigo y sentí deseos de verte.
-Sabes que tu aprecio es correspondido. Lamento haberte preocupado.
-Está olvidado. ¿Sabes? Hay otro asunto por el que necesitaba verte. Verás, Kotoko cumplirá seis meses pronto. Haruhi y yo hemos pensado pedirte que seas padrino de nuestra hija.
Kyouya pareció perturbado por un instante.
-¿Ser su padrino? Tamaki, es un gran honor...pero no creo ser la persona indicada. Entiendo que es una labor de mucha responsabilidad y no estoy en condiciones de adquirir ese compromiso.
-No podría confiar en alguien mejor para cuidar de mi hija. Si yo llegara a partir, sé que tu cuidarías de ella como si fueses su padre.
-No soy nada paternal, ni siquiera soy bueno con los niños.
-Puede que no sea así, pero sé que en cuanto conozcas a Kotoko, la amarás casi tanto como yo.
-No estoy seguro, Tamaki.
-Hagamos un trato: irás a conocer a la niña en unos días. Si me equivoco, aceptaré tu negativa a ser su padrino sin ningun resentimiento. ¿Qué dices?
Kyouya negó suavemente antes de suspirar resignado. Conociendo a aquel loco, sabía que no aceptaría un "no" como respuesta.
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El auto del joven Ootori aparcó justo en la entrada de la casa. Descendió del vehículo y se aproximó a la entrada. Antes de que pudiese siquiera llamar a la puerta, esta se abrió dejando ver a un sonriente Tamaki.
-Bienvenido.- le saludó mientras le permitía el acceso. -¿Qué tal tu viaje?
-Ha ido tranquilo. ¿Dónde están tu esposa e hija?
-Haruhi ha salido a atender un asunto de trabajo. Kotoko y yo jugabamos en el jardín. Acompáñanos.
Tamaki guió a su invitado a la parte trasera de la casa, en donde se encontraba un amplio jardín con un pasto verde y muy suave. En un punto del lugar, la pequeña Kotoko permanecía sentada, totalmente maravillada con la sensación del pasto en sus diminutas manos. Se encontraba dando la espalda a los recién llegados, por lo que era imposible para Kyouya verle el rostro. Cuando los adultos salieron, el padre de la niña se adelantó hasta llegar a ella y la abrazó para levantarla.
-Alguien ha venido a visitarte, Kotoko. Saluda al tío Kyouya.
Entonces el heredero Ootori pudo verla. Unos grandes ojos castaños. Idénticos a los de su madre. Todo en la pequeña era como ella. Y esos ojitos lo miraban con una curiosidad e intensidad que causaron algo en su interior. Era como si no pudiese resistirse. Luego de un instante, Kotoko le dirigió una enorme sonrísa...y fue cuando Kyouya supo que estaba perdido.
-¿Quieres sostenerla?- preguntó Tamaki al notar que la bebé alzaba sus bracitos en dirección a él.
-De acuerdo.- accedió, un tanto confundido por lo que le ocurría.
Kotoko soltó una alegre risita en cuanto Kyouya la acercó a su pecho. La niñita comenzó a tocarle el rostro, casi como si lo estuviera inspeccionando. No había dejado de sonreír. Y aunque le costara trabajo admitirlo, para el joven Ootori era la criatura más adorable y dulce. Comenzaba a disfrutar el tenerla en sus brazos.
-Sabía que la amarías solo con verla.- soltó Tamaki, interrumpiendo el momento.
-¿A que te refieres?
-Sabes de lo que hablo.- insistió el rubio, sonriendo con tristeza. -Sé que muchas veces he sido un poco idiota, sin embargo, no soy indiferente a tus sentimientos.
Kyouya lo escuchó sin dirigirle la mirada. Continuaba observando en silencio a la bebé. Hubo un periodo breve en el que ninguno de los dos fue capaz de decir algo.
-¿Hace cuanto que lo sabes?- preguntó el heredero Ootori.
-Con certeza, desde hace unos meses, cuando te alejaste. Aunque creo que debí haberlo sabido siempre. Lamento si te he herido...
-No quiero tus disculpas. Tampoco es como si yo le hubiese hablado a ella de lo que sentía. Y aun si lo hubiese hecho, debía elegir a uno, y te eligió a ti. Deja de preocuparte, voy a estar bien.
Volvieron a sumirse en el silencio. Kotoko, al sentirse cómoda y protegida, se acurrucó en el pecho de Kyouya y se dispuso a dormir.
-¿Aceptarías...ser el padrino de mi hija?- inquirió Tamaki, luego de algunos minutos.
-Lo haré. Seré su padrino.- respondió Kyouya, acariciando con delicadeza el suave cabello de la pequeña que dormía en sus brazos.
Fin del flash back
La mudanza se dio varios días después. El interior de la casa estallaba en bullicio y movimiento.
-Permíteme ayudarte con eso.- dijo Mori, levantando con facilidad una caja que Haruhi movía con serios esfuerzos.
-Te lo agradezco.- dijo ella con una sonrísa.
Kyouya, Hikaru y Kaoru hacían lo propio, desempacando y acomodando algunos muebles donde la joven les indicaba. Mitsukuni cuidaba de Kotoko y Tsuneo en el jardín.
-Honey debe estarlo pasando bien en el jardín con los chicos. Con gusto cambiaría de lugar con él.- se quejó Kaoru mientras secaba el sudor de su frente.
-Apuesto a que no será tan divertido cuando Tsuneo necesite un cambio de pañal.- comentó Hikaru con cierta malicia.
-Cierto. Me encantaría verlo.
-Aunque seguramente Haruhi acudirá a su rescate.
Kyouya sonrió discretamente al escuchar las tonterías de aquellos dos. Aunque no fuera bueno admitiéndolo, la realidad era que muchas veces había extrañado estar con el grupo. Haber formado juntos el club de anfitriones era un preciado recuerdo para él. El joven Ootori se había distraído lo suficiente para no notar que Haruhi estaba muy cerca de él.
-Aquí tienes, Kyouya.- dijo la chica ofreciéndole un vaso con limonada fría.
-Gracias.
-Soy yo quien está agradecida, con todos ustedes. Gracias por su ayuda.
-¿Qué esperabas? ¿Cómo no ayudarte si está claro que nos necesitas?- dijo Hikaru desviando la mirada y fingiendo molestia.
-Con un "de nada" hubiese bastado, hermano.- replicó Kaoru, sonriendo por la infantil actitud de su gemelo. Siempre era así cuando se trataba de ella.
-Prepararé algo de comer. Pronto estará listo.- anunció Haruhi sin dejar de sonreír. Tener de nuevo a sus amigos le reconfortaba.
Cuando se alejó, el semblante de Hikaru se endureció debido a la impotencia. Kaoru lo miraba compartiendo su preocupación.
-Desearía poder hacer más por ella que solo mover estos muebles.- expresó el mayor de los Hitachiin.
-Haruhi está comenzando a superar esto. Si por ahora estar aquí es lo único que podemos hacer por ella, hagámoslo.- respondió Kyouya con su acostumbrada serenidad.
-Resulta tan fácil para ti.
-¿Y para quién lo ha sido? Todos perdimos un amigo, Hikaru. Ella también lo perdió. Al igual que a su esposo y al padre de sus hijos. Pero he decidido admirar su fortaleza en lugar de compadecerla. ¿Acaso está mal?
Aunque la mayor parte del tiempo era reservado y dueño de su control, Kyouya había dicho aquello con tal vehemencia, que Hikaru se vio obligado a bajar la mirada, avergonzado. El joven Ootori exhaló un suspiro y luego continuó con sus labores. Los gemelos le imitaron casi enseguida.
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Ya había anochecido cuando Haruhi determinó que ella podría encargarse del resto del trabajo, que consistiría en desempacar el contenido de cajas pequeñas y asignarlas en su sitio. Agradeció de nuevo la ayuda de sus amigos y uno a uno los vio partir. Solo Kyouya se había quedado.
-¿Estás segura que no necesitas algo más?
-Lo estoy.- reiteró ella sonriendo con cansancio. -Debes ir a descansar.
-Estaré aquí pronto si necesitas algo.
-Por ahora solo debo tomar una ducha y estaré bien.
-¿Mamá?- interrumpió una adormilada voz infantil.
-¿Qué haces fuera de la cama, Kotoko?
-Desperté y ya no pude dormir. ¿Puedes leerme una historia?
Haruhi sonrió condescendiente y miró a Kyouya con resignación.
-Creo que mi ducha puede esperar un poco más.
-Yo puedo encargarme de Kotoko mientras tomas un baño.
-¡No, no podría aceptarlo, Kyouya! Tu debes estar agotado también.
-Te aseguro que en cuanto la niña se duerma me marcharé a casa. Será mucho más rápido de lo que te imaginas.
-De acuerdo. Gracias.- dijo la joven antes de tomar su rumbo.
Kyouya tomó la mano de la niña mientras la guiaba a la habitación que se le había asignado.
-¿Qué historia te gustaría escuchar?
-No lo sé. Papá había comenzado a leerme un libro nuevo...no lo continuamos.
-Lo leeré para ti, si es lo que quieres.
Kotoko tomó su lugar en la cama, haciendo un espacio para que Kyouya se sentara a su lado. La niña sacó un libro con empastado azul que escondía bajo sus almohadas.
-Este es, tío Kyouya.- le indicó la pequeña al momento de entregárselo.
-¿El Principito?
-Papá dijo que era una historia linda. ¿La leerás para mi?
-Lo haré si eso te hace feliz.
Justo cuando el joven Ootori estaba comenzando, el suave llanto de Tsuneo logró escucharse en la habitación.
-Iré a ver a tu hermano, ¿de acuerdo? No tardaré.-indicó él al levantarse para dirigirse a la habitación contigua.
Kyouya se acercó a la cuna y vio al bebé agitando sus bracitos. En cuanto Tsuneo lo vio, dejó de llorar. Abrazó al niño, acunándolo delicadamente en sus brazos y decidió regresar a la habitación de Kotoko. Los ojos de la pequeña se iluminaron al ver regresar a su tío. Él tomó de nuevo su lugar en la cama, procurando que Tsuneo se encontrara cómodo.
-De acuerdo. ¿En dónde me quedé?
-El piloto está perdido en el desierto.
-Bien, entonces vamos a continuar.
El heredero Ootori prosiguió la lectura ante la atenta mirada de dos pequeños niños. Luego de algunos minutos, la voz de Kyouya tranquilizó al bebé y volvió a quedarse dormido. Kotoko lo escuchaba con sus ojitos entrecerrados.
-Tienes una voz muy linda, tío Kyouya.- dijo la niña antes de bostezar.
-"No supe comprender nada entonces. Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras. Me perfumaba y me iluminaba. ¡Nunca debí de haber huido! Debí haber comprendido su ternura, detrás de sus pobres astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla."
Kyouya apartó la vista del libro. Kotoko también se había quedado dormida acurrucándose contra él. Al ver limitado sus movimientos, el joven Ootori decidió esperar un momento antes de levantarse. Con su mano izquierda acariciaba la cabeza de la niña, con la derecha frotaba la espalda de Tsuneo, quien descansaba sobre su duro pecho. No se dio cuenta de que había comenzado a cerrar los ojos.
-Lamento la tardanza, yo me encar...- Haruhi enmudeció ante la escena que encontró al abrir la puerta de la habitación de su hija.
Sus niños descansaban junto a Kyouya, quien seguramente estaba exhausto. Le pareció una imagen sumamente hermosa, tanto que le formó un ligero nudo en la garganta. No se atrevió a despertarlos. Ella tomó una manta y lo arropó junto con el bebé. Luego apagó la luz y entrecerró la puerta.
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¿Qué tal? Espero que hayan disfrutado del capítulo. No dejo de agradecer a quienes se toman la molestia de leer, así como a mutemuia (amiga, como podrás ver, los chicos del club tendrán apariciones breves como esta) y a Sofitkm (agradezco tu comentario) por sus reviews.
Nos leemos pronto.
