Una difícil conversación entre Artemisa y sus ángeles reafirma la lealtad de éstos y su irrestricto apoyo. Touma toma una decisión sobre la presencia. En el Inframundo, se terminan de deshacer de los cuerpos de los ajawab, aunque saben que faltan dos… Minos también mete las patas, pero eso era de esperarse.
¡HOLA A TODOS! A estas alturas, en el Santuario de Athena, los eventos del quinto capítulo del fic Nec Spe, Nec Metu se están desarrollando. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!
Capítulo 22: No más normalidad.
Santuario de Athena. Enfermería.
18 de mayo. 8:12 horas.
Artemisa no había regresado al Olimpo. No quería hacerlo sin sus ángeles, su intuición no la hacía sentirse segura sin ellos, por lo que porfió en quedarse allí, pese a estar apenas en un triste pijama. Saori no reclamó nada y en seguida hizo preparar una habitación para ella, al mismo tiempo que le prestó algo de ropa, mientras Leto volvía al Olimpo a buscarle algunas cosas. La presencia de la diosa pareció impulsar de golpe la recuperación de sus ángeles, aunque Teseo seguía en calidad de bulto y fuertemente vigilado por Electra. Al menos estaba consciente y lúcido, pero muy adolorido. Por este motivo, Touma y Odiseo ya habían planeado la manera de escaparse hacia donde alojaría Artemisa para cuidarla durante la noche.
Hasta habían asegurado la complicidad de un espectro de Hades y de Aioria de Leo.
Ahora estaban los cuatro reunidos en la enfermería, en una de las habitaciones del fondo en donde habían instalado a los tres ángeles para que terminaran con su proceso de sanación, una vez que Apolo lo hubo autorizado. Artemisa estaba sentada a los pies de la cama de Odiseo, mientras que Touma y Teseo estaban sobre la cama de éste último. Mantenían una conversación difícil, más privada.
Le dolió muchísimo a la diosa admitir qué le habían hecho, pero a los ángeles mucho más escucharlo. Y eso que fue una sola y tímida frase que dijo más que un potente discurso.
Touma vomitó y a Odiseo se le fue la presión a las nubes. A Teseo le bajó. Algo disimularon, no mucho. Se controlaron rápido cuando vieron que Artemisa lloraba con el recuerdo; después de todo tenían que ser fuertes para su diosa.
"Debimos haberlo previsto. Entrenar más: nos hemos vuelto flojos." Se lamentó Teseo. "Nos creímos invulnerables y aquí estamos."
"Lo que me pasó no es culpa de ustedes. O mía." Artemisa comenzó a jugar con los dedos, afirmando ocasionalmente la manta que Touma le puso encima. "Pasó no más. Lo que venga ahora es mi propia batalla." La diosa les miró con un puchero. "No me dejen sola, por favor…" susurró entre pucheros.
"Eso no debió pasar nunca, se supone que debimos impedirlo." Suspiró Odiseo, acongojado. "Este fallo nuestro es imperdonable."
Artemisa les miró con los ojos grandes. Parte de ella quería encontrarles la razón, quería echarles la culpa. Quizás si esto le hubiera pasado un par de siglos antes, su reacción habría sido fulminarlos ni bien los viera por haber permitido que se la vejara de tan horrible forma… pero… no. ¿Qué sacaría con eso? ¿Cambiaría algo de lo que había pasado? Era un desperdicio demasiado grande de energía (que necesitaba para recuperarse, que bien poca le habían dejado), además ella sabía bien quién era el culpable, y ciertamente no eran sus ángeles: era Quicxic, aunque no entendía sus razones. Estos tres eran sus compañeros, sus queridos hermanos. ¡Los necesitaba!
Miró de reojo a Touma: el pelirrojo tenía mejor cara. El corazón le dio un vuelco… más cuando éste le guiñó un ojo de improviso. Rápidamente bajó la mirada, sonrojándose un poco. ¡Mortal Insolente! ¡No era el momento!
"Yo no sé ni con qué cara la miro, señorita." Le dijo Teseo muy entristecido y con los ojos humedecidos. "No puedo ofrecerle nada para desagraviarla, yo… quisiera poder retroceder el tiempo." Teseo se sentía muy sensible. Seguro eran las medicinas. "Pero no puedo: excepto darle mi fuerza…"
"Tiene mi sangre, mi fuerza, señorita." Le dijo Odiseo. "¡Voy a desgarrar al que le hizo esto!"
"Yo… solo necesito que se queden conmigo, que no me abandonen." Artemisa hizo un puchero. "Todavía no es un fracaso rotundo, creo que esta pelea todavía no termina, no me quebraron, pero… me siento frágil e insegura. ¡Me Siento Sucia!" Artemisa les miró avergonzada. "¿Cuántas veces en mi vida expulsé gente de mi servicio, de mi culto, porque fue víctima de algo tan horrendo como esto? ¡Ahora mírenme!… yo no sabía… ¡no tenía idea!"
Artemisa se tapó la cara con las manos y sollozó en silencio y con vergüenza. Teseo hizo un puchero, mientras Odiseo se maldijo a sí mismo. Touma, como siempre, observaba y escuchaba en silencio, aunque en verdad era el que más sufría de los cuatro que estaban allí, incluso tanto como la diosa. Suspiró y bajó la cabeza, pensando.
"… Yo no la voy a dejar." Dijo Odiseo. "Todos cometemos errores de juicio alguna vez… podemos cambiar de opinión, es parte de la madurez, ¡No pasa nada!"
"¿Cómo piensa que la abandonaremos justo ahora?" Dijo Teseo.
Touma quiso decir algo, pero no pudo, sentía un nudo en la garganta que no lo dejaba hablar. Se contuvo una vez más y orgulloso miró por la ventana. Percibió de nuevo aquella tímida conciencia, como tentando si poder acercarse o no, siempre temerosa y cada vez más cohibida. Touma suspiró y la dejó pasar, por decirlo de algún modo: la presencia no dudó en refugiarse en su pecho. Touma miró a Artemisa de soslayo, con ternura. Comenzó a juntar aire y valor para hablar con ella… ¿No era su deber protegerla? ¿Entonces porqué no lo hacía?
"Ustedes son mis guardianes, mis más queridos amigos." Les dijo Artemisa, con toda la fuerza que pudo. "Los tres… confío más en ustedes que en nadie más… Yo… los vi casi matándose por protegerme y eso… nunca lo voy a olvidar por el resto de mi vida."
La diosa se detuvo unos instantes, paseando su mirada por sus ángeles, recordando en silencio alguna anécdota en especial que hubiera tenido con ellos. Como que de pronto comprendía la devoción de Athena por sus santos… ¡Estos eran sus pilares! La diosa miró a Touma, tan orgulloso, tan guapo… había estado callado, como solía quedarse, y aún no aportaba con ningún sarcasmo o idea tan propia de él. Pero su severa mirada no la rechazaba, sino que la acogía, como cuando le había dado ese abrazo. ¡Por el Olimpo! Eso fue como si le recompusiera todas las fracturas de su alma, la mantuvo entera. ¿Qué poder tenía este humano? ¿Y por qué tan callado?
La pequeña conciencia pareció acercarse a la suya, como pidiendo permiso para acariciarla, pero Artemisa decidió ignorarla… aunque el corazón se le apretó un poco cuando sintió que la presencia gemía con un dolor muy parecido al suyo y corría a buscar refugio lejos de ella.
"… quisiera ser fuerte, superar esto me está costando." Les confesó Artemisa, como preparándose para continuar su discurso. "… los necesito conmigo."
"Nos tendrían que borrar del planeta para apartarnos de su lado, señorita." Le aseguró Odiseo.
"… Tengo la certeza que estoy esperando una criatura." Les dijo con voz sepulcral, sin siquiera habérselo propuesto.
No supo porqué lo hizo. Hasta ese momento ni siquiera había pensado en eso, más allá de alejar a aquella pequeña conciencia que estaba segura era el pequeño dios que crecía en su vientre, tratando de llamar su atención. Apolo y Leto habían insinuado la situación, incluso estaba segura que medio Olimpo ya sabía (lo que era cierto), pero ella no quiso pensar en tal cosa. No quería… y ahí estaba, admitiendo algo de lo que tenía una dolorosa certeza, con sus ángeles.
Lloró de nuevo, sin ser capaz de mirar a quienes la acompañaban. Ahora más que nunca parecía ser real.
Los ángeles quedaron estupefactos. Touma la miró sorprendido, y un dejo de ira se apropió de sus sentidos. Esto hizo que la pequeña conciencia que hasta ese momento se mantenía refugiada en su pecho, entrara en pánico e intentase huir despavorida, como temiendo alguna represalia por parte del ángel. En vez de lograrlo, Touma la aferró con su cosmo y la atrajo a su pecho, donde la cobijó tratando de calmarlo. No, de él no se escaparía. No, no tenía nada que temer de él.
"… No sé qué haré con esta criatura. ¡No la quiero cerca!: no tengo la ventaja de las mortales de abortar… tampoco sé si resulte, considerando los antecedentes. Hay una posibilidad que de pueda morir." Les dijo con voz fría. "Apolo quiere matarlo, igual Zeus. No temo por mi vida, pero sí por… ¡Argh!" La diosa hizo un puchero y se abrazó a sí misma. "¡No Quiero Esto!… No… ¡No Quiero A Esta Criatura!"
"Entiendo que no saca nada con abortarlo… ¿Acaso lo va a abandonar a su suerte?" Preguntó Teseo bastante inquieto. Tanto él como Odiseo pasearon las miradas de la diosa a Touma, quien se veía impactado. Artemisa negó con la cabeza, quizás honestamente escandalizada por la sugerencia.
"NO. No lo quiero cerca de mí, pero tampoco soy tan maldita como para abandonarlo a su suerte." Sin poder reprimirse, la diosa volvió a hacer un puchero. "Toca buscarle a una familia que lo quiera…"
"Es tu decisión, Artemisa. Tú sabrás qué hacer, no tenemos derecho a intervenir." Dijo Touma de pronto, casi con voz lúgubre. El ángel tenía los ojos brillantes de dolor, pero estaba decidido.
"Touma…" Artemisa abrió los ojos como platos. No se esperaba eso, pero tampoco sabía qué era lo que debía haber pasado.
"No quiero que pienses en el infeliz que les hizo esto a ustedes dos, yo me encargaré de él." Afirmó peligroso, entrecerrando los ojos. "Le arrancaré la piel, se lo juro." Añadió con un gruñido, empuñando las manos, mientras miraba a sus dos colegas. "Me reservo ese derecho, conste."
"… eso me conmueve, en serio." Artemisa suspiró, sin quitarle los ojos de encima a Touma. Lo lograse o no, la promesa que le hizo Touma le llegó al corazón.
"Sobre el bebé… sé que sabrá ponerlo a salvo del señor Apolo y el señor Zeus." Añadió con menos frialdad y bastante más suavidad. "Esa criatura es también parte suya y creo que es tan víctima como usted…"
"¿Qué dices, Touma?"
"Nadie merece ser concebido en un acto de violencia." Se apuró en decir, negando con la cabeza. "Tiene mi apoyo ciego en lo que sea que decida. Si entrega al niño, yo mismo me voy a asegurar de llevarlo tan lejos que nunca más lo verá: yo mismo lo desarraigaré, nunca más la va a molestar y no tendrá que pensar jamás en él, pero si decide conservarlo, aquí estaré para apoyarla en lo que necesite."
En ningún momento la tuteó, quizás para simbolizar lo mucho que iba en serio. Artemisa se tapó la cara y comenzó a llorar, rechazando el consuelo que pudiera haberle dado Odiseo, sin explicarse el motivo de tanta emotividad. Podía escuchar en su corazón el llanto de pena que emitía la pequeña conciencia, lo que obviamente no tenía nada que ver con su propio dolor. Estaba tan asustado como ella, por las mismas razones. Teseo se limpió los ojos con disimulo, mientras Odiseo mascullaba pestes contra los señores de Xibalbá que habían herido a su señora de esta manera. Touma se sentía destrozado pero decidido, y demasiado consciente del llanto de miedo que también percibía de la conciencia aquella… Casi sin pensarlo, justo antes de que ésta huyera espantada (como pensaba que lo iba a hacer), lo aferró con fuerza sobre su corazón.
"… siempre contarás conmigo, minion, sin importar lo que decida tu mamá. Te lo prometo." Le dijo Touma a la criatura, con más seguridad de la que hubiera creído."Me quedo contigo hasta que me muera. Tenle paciencia a tu mamá, también está muy asustada."Y al mismo tiempo que hacía esto, más se tentaba de dar esa zancada final, cruzar el espacio y abrazar a la diosa.
"Hasta aquí llega mi fuerza, ¡no puedo lidiar con un niño! No me gustan. Sin él me sería más fácil avanzar… ¡Por favor no me juzguen!"
"Nunca señorita. Nadie lo hace." Le dijo Odiseo. "Cuente con nosotros."
"¡No diga que no es fuerte, señorita, usted lo es!" Exclamó Teseo muy rudo, pero estaba tan emocionado que el efecto se perdía. El ángel infló el pecho, orgulloso. "Vengaremos su honor, le traemos la cabeza de esos malparidos en estacas y… ¡AUCH!" se quejó de improviso.
"¡Aaaargh!" Exclamó Touma.
Electra, salida quizás de donde, sujetó a Touma y a Teseo de una oreja al verlos fuera de sus camas y sin descansar. La amazona les dio una buena sacudida a los dos. Odiseo, al verla, quiso esconderse debajo de las sábanas y Artemisa no supo qué pensar al respecto, bastante perpleja con la interrupción. Aprovechó para calmarse y limpiarse el rostro.
"¡Suficientes muestras de lealtad por una tarde! Van a terminar todos llorando y descompensados." Una buena sacudida de las respectivas orejas sofocó cualquier protesta de los ángeles. "Vengo a darles las medicinas a mis pacientes, ¡Y miren donde los pillo! ¡Los quiero de regreso en sus camas AHORA!"
Ninguno de los presentes se atrevió a protestar, menos los principales afectados. Como que detectaban que Electra tenía algún trastorno de personalidad peligroso y las vibras que emanaba los asustaban un poco, sobre todo a Teseo. De hecho, el ángel estiró sus brazos hacia Artemisa en una clara súplica de ayuda.
"¡Piedad, señorita! No me deje con ella." Dijo entre pucheros.
"¡AUCH!" Protestó Touma sin muchas ganas. Aioria le había metido bastante susto con Electra. "¡Suelta! Ya voy. Auch. Auch."
"¡Con cuidado!" Exclamó Artemisa, poniéndose de pie.
"Ya dejen de lloriquear, angelitos, y a la cama." Electra no cedió y pronto no solo hubo bajado a Touma de la cama de Teseo, sino que lo subió a la suya y consiguió que ambos se acomodaran bajo las cobijas. "¡Vuelvan A Arriesgar La Perfección De Mi Trabajo Y Van A Ver Como Les Va!"
"Y hasta ahí nos llega lo épico…" Murmuró Odiseo, palmeándose la cara con disimulo y cruzando los dedos para que Electra no reparase en él.
"¡Calladito, que vengo enseguida por ti!" Le dijo Electra, quien le miró feo.
Entonces la amazona fijó la mirada en Artemisa, sin sentir ninguna emoción. Evidentemente había escuchado la última parte e hizo los cálculos mentales adecuados, Electra no era tonta. Frunció el ceño de tal modo, que la diosa de la caza quiso retroceder, sin saber si irritarse del todo. Quizás no lo hizo porque pudo ver a través de la máscara y, dentro de los ojos de la amazona, la mujer tenía una batalla contra sí misma: Electra sabía que debía ser empática, pero no como debía serlo. Como si hiciera un tremendo esfuerzo más allá de lo humano para que la gentileza le saliera de forma natural y no obligada.
"Que sus angelitos se queden en sus camas, señora. Acompáñelos, pero no los quiero en pie." Electra ladeó la cabeza. "Le traeré chocolate y una pera de box. Eso siempre ayuda."
Artemisa no supo si conmoverse o no. La amazona lo intentaba y evidentemente no le era fácil. Asintió con calma y miró a sus ángeles, que parecían niños castigados. Teseo tenía la mirada fija en el carrito con insumos médicos que traía Electra con ella.
"Gracias. Solo sé buena con ellos."
"Solo si se portan bien."
Los cuatro tragaron saliva.
Inframundo. Camino de Giudecca.
En esos momentos. 18 de mayo. 8:30 horas.
Aquél enorme zafiro que Huitzilopochtli sostenía en sus manos, había asumido la forma de una calavera, aunque todavía parecía imperfecta. Tenía un brillo siniestro, pero al mismo tiempo tenía belleza. Sin embargo no dejaba de contener maldad. Quetzalcóatl se ajustó las plumas antes de cruzarse de brazos, bastante aburrido. Thanatos tomó la calavera y, tras un brillo de sus ojos y cosmo, aplicó su propio sello, cosa que antes hiciera Hades con algo de disgusto. Se la devolvió a Huitzilopochtli.
"Las almas de los señores de Xibalbá están selladas dentro, pero el soporte es frágil."
"Frágil para una divinidad como nosotros. Mi mami me regaló esta gema exclusivamente para este fin, para sellar a los de Xibalbá." Explicó Quetzalcóatl.
"Pero faltan cuatro malditos." Gruñó Zeus, engrifado. "Los dos cuyas cabezas estaban buscando. ¡Y los malparidos que violaron a mi hija!"
"Faltan, pero no detecto que sea difícil añadirlos." Comentó Hades. "Esos dos están malditos por lo que le hicieron a mi sobrina."
"Esos dos y el engendro que le impusieron a Artemisa." Refunfuñó Zeus.
"¿Qué chin***** te hizo el chiquillo ese que te desquitas con él? ¿Sigues con esa tontera?" Reclamó Quetzalcóatl. "El enano queda protegido por mi, conste: no permito que lo maldigas, Zeus."
"¡Esos malditos hicieron que mi hija quebrase su voto de castidad!"
"El engendro será un permanente recordatorio de tal aberración. Debe morir o mi hermana nunca encontrará la paz." Apolo entrecerró los ojos. "Es mestizo, puede que haya heredado la capacidad de morir."
"Y si no, el keraunos siempre es una opción."
"BASTA."
Hades levantó las manos con autoridad, deteniendo la pelea. Miró a Zeus, a Apolo y a Quetzalcóatl con cara de circunstancias, dedicándole además un autoritario mirotón a Huitzilopochtli, cuyas plumas estaban erizándose. Thanatos carraspeó: cómo detestaba estas discusiones familiares por honor perdido, nunca las aprobaba. Si ya entre los mortales era frustrantemente irritantes, entre divinidades se tornaban incluso peores. Zeus se sacudió algo de estática de encima.
"Ese dios mestizo, como le dicen, es el único hijo de Artemisa: tu nieto y tu sobrino." Dijo Quetzalcóatl, apretando los dientes, mirando alternadamente a Apolo y a Zeus. "No tiene la culpa de la forma en que fue concebido…"
"Sin mencionar que es decisión de la señorita Artemisa conservarlo o no." Dijo Huitzilopochtli, cruzándose de brazos. "No tenemos nada que opinar ahí."
"Argh. ¡Artemisa no lo dejará crecer en su cuerpo! La conozco bien, ella no es madre. Matrona sí, pero de maternal tiene tanto como yo tengo de humildad." Protestó Apolo.
"¡Ya dejen de subestimarla!" Protestó Quetzalcóatl. "La mente femenina es un misterio, nunca se sabe como va a reaccionar una mujer, mucho menos una diosa."
"¡Artemisa tendrá que entender razones! Esa aberración que lleva es producto de un sacrilegio. NO LO QUIERO en el Olimpo ni cerca de mi hija."
"¡PROHÍBO QUE LE TOQUES UN PELO DE LA CABEZA a ese pequeño!"
"Pues si tanto lo quieres, ¡LLÉVATELO a una tus cosmogonías, plumero escamoso, y que se olvide que tuvo madre!" Sentenció Zeus de golpe.
Todos los dioses se lo quedaron viendo de hito en hito. Hades se palmeó el rostro y Quetzalcóatl entrecerró los ojos sin responder. Huitzilopochtli por su parte intuyó que la serpiente emplumada no había encontrado aquello tan mala idea. Era una opción al menos, en caso de emergencia, y sabía que a la señora Tonantzin le gustaban los niños. De hecho, su propia mamá, Coatlicue, también podría considerarse una opción.
"Creo que hemos perdido el rumbo." Dijo Thanatos de pronto.
El dios de la muerte calma se quedó mirando a la hoguera que cuidaban los espectros y que sus sobrinos animaban cada tanto, en donde quemaban los cuerpos de los señores de Xibalbá. Habían decidido calcinarlos en el Inframundo, para desarraigarlos de su territorio y que su quema fuera más fácil. El fuego era sagrado, lo había donado Hestia como apoyo a la causa.
"Aquí nos separábamos. Tenemos hogares a los que volver y determinar qué hacer con esa cosa." Añadió señalando la calavera de zafiro. Huitzilopochtli sonrió y se la ofreció a Hades.
"Como compensación por las molestias. Es un soporte frágil que solo se fortalecerá cuando las almas de los dos ajawab restantes sean eliminadas. Aun así, un humano no puede romperla: sugiero que una vez muertos esos dos, la arrojen a lo profundo del Tártaro."
"No es mala idea. Agradezco el regalo y…"
"¿Puedo venir a visitar a la señorita Phantasos cuando quiera a cambio?" Se apresuró en preguntar Huitzilopochtli, con una ilusionada sonrisa. Hades parpadeó perplejo.
"Errr…"
"Aléjate de mi sobrina." Gruñó Thanatos entre dientes, empuñando las manos.
"Oooow… vendré de todos modos." Sonrió Huitzilopochtli. Quetzalcóatl le dio un zape.
"Fue un placer darles una paliza a esos demonios." Dijo la serpiente emplumada. "Vamos, pajarillo, hay que ir a casa." Ordenó mientras sujetaba a su colega por un brazo y comenzaba a llevárselo.
"¡Cuiden esa cosa!" Exclamó Huitzilopochtli antes de desvanecerse en el aire junto a Quetzalcóatl. Zeus se cruzó de brazos.
"Tampoco quiero al plumero ese en el Olimpo, pero si le llego a prohibir la entrada, a Hestia le bajará el síndrome premenstrual y hasta ahí no más llegamos." Gruñó de mal humor.
"Bah." Apolo miró la calavera que tenía Hades con desdén. "Lindo pisapapeles, pero concuerdo en eso de lanzarlo al Tártaro ni bien matemos a los dos que faltan. Iré a mi templo a ver si me llega alguna visión de donde anden esos malditos. ¡Adiosito!"
Apolo se alejó a pisotones, sin ninguna dirección en específico. Antes de que pasara mucho rato, se desvaneció en el aire. Zeus le hizo una seña a Thanatos y le pegó a Hades en el brazo.
"Vuelve con tu esposa, hermano, y si necesitas ayuda con el desastre aquí abajo, me avisas." El padre de los dioses frunció el ceño. "Atento a la calavera de zafiro, que las almas de esos dos van a llegar con bastante violencia."
"Sí, sí: ¡Largo de mis dominios!"
Zeus sonrió de costado y retrocedió algunos pasos, antes de desaparecer en un estallido de rayos y truenos. Hades se masajeó las sienes.
"Y por esto es que evito ir al Olimpo: demasiada socialización por lo que me resta del mes." Se lamentó para sí. "Thanatos, envía por mi Persefoncita y mis bebas, las quiero de regreso. ¡Y volvamos a casa! Los necesitamos todos."
"Por supuesto. Es hora de regresar."
No tardaron en avisarles a las tropas, quienes se ordenaron en cosa de minutos. Pronto reiniciaron la marcha.
Inframundo. Mazmorras de Giudecca.
Cuatro días después. 22 de mayo. 9:30
Aiacos se sentía como si le hubiera caído encima un avión. Llevaba casi todo un día sin tener síntomas de abstinencia y podía considerarse recuperado. No, no le habían llevado un médico, esperaron que se desintoxicara solo sin más ayuda que su propia fuerza de voluntad. Lo cierto es que lo hubiera pasado bastante mejor si hubiera contado con ayuda profesional, más aún porque en algún momento de su estadía tuvo la presión en las nubes y de verdad creyó que le daría un infarto. Fue una experiencia horrible, terrorífica, más que la última vez que había estado allí metido. En aquella ocasión había jurado y cumplido nunca más volver a drogarse por voluntad propia, y sin duda que no volvió a aquella celda por su causa. Esta vez no fue una transgresión a su juramento, era una cobarde herida de combate, pero bueno…
… que el primer pensamiento lúcido que tuviera fuera ese terror patente de que de alguna manera había sido culpa suya, no se la daba ni a su peor enemigo.
Se sentía muy débil. Tenía ganas de dormir en su propia cama, aunque primero quería ver a Benito. ¡Oh, Benito! Su pobre hijito. ¿Estaría bien? Sacó cuentas mentales. Si sus cálculos estaban en lo correcto, en unas dos semanas más le tocaba su examen semestral de sangre. ¡Qué vergüenza! ¿Qué clase de padre era? Debió prever ese ataque. ¡Doce años tirados a la basura! Si hubiera estado más atento, no lo habrían inyectado, por lo tanto no habría pasado tiempo allí metido. ¡Benito dependía de él! Lo había dejado solo… y Violate…
… sabía que su ala derecha cuidaba de su retoño, y que lo haría estupendamente. Benito la adoraba, no habría pasado susto alguno… ¿por qué Violate tuvo que verlo así?
Aunque no se hablaban, la espectro había bajado todos los días al menos dos veces a verlo. A llevarle agua, algo para comer y ropa fresca. También tuvo la visita de los otros jueces, de Pandora y el mismo Hades que bajaron a ver como estaba. Supo de la victoria en el Xibalbá, lamentándose no haber podido participar de ella, pero por lo que le habían dicho, de alguna manera había tomado parte.
… Tendría que compensar este fallo suyo.
Escuchó como se abría el cerrojo de su celda. Violate entró con calma, pero no cerró la puerta tras de sí. Llevaba un bolso con lo que suponía una muda de ropa. La mujer caminó hasta él y se sentó a su lado en el camastro.
"Hoy sale, señor Aiacos."
"Supongo. Me siento mejor."
"Más le vale." Gruñó Violate sin querer mirarlo a la cara. "Lo acompañaré a las duchas: le traje todo lo necesario. Una vez que esté fresco y limpio lo acompaño a Antenora. Benito lo echa de menos con furia. Anoche estuvo imposible."
Aiacos bajó los hombros. Seguramente habían perdido su peluche de Totoro, no dormía sin él. Iba a tener que hacer malabares para dormirlo si esa era la causa.
"No perdimos al Totoro. Lo echa de menos a usted."
"Oh. ¿Ha estado bien? ¿Ha molestado mucho? ¿Quién lo está vigilando ahora?"
"Está bien, no ha molestado tanto y Kagaho de Bennu lo cuida."
El juez de Garuda asintió con calma. Se quedaron en silencio un buen rato, mirando al piso y sin saber qué decirse. Sin ponerse de acuerdo, se levantaron a un tiempo y ambos salieron de la celda sin mayor ceremonia. La dejaron abierta y le entregaron las llaves al mismo joven espectro que había pasado vigilándolo los días previos. Salir de la mazmorra en dirección a las duchas despejó la mente de Garuda, quien inspiró profundo.
Todavía tenía que hablar con Violate.
…
¿Qué mejor momento que ahora?
"Te debo una disculpa."
"…"
"Sobre lo del entrenamiento el otro día… hace ya un par de semanas. Err… Cuando…"
"Sé a qué se refiere, no es necesario que de tantas vueltas, señor Aiacos."
"Oh. Eso es bueno." Dijo Aiacos, sin saber si estar aliviado o no. Como que le ahorraba una explicación. "Pues… perdón. Independiente de lo que pienses… de verdad lo siento mucho."
Violate se detuvo sobre sus pasos y le miró bien seria.
"¿Perdón de qué exactamente? Porque hasta donde me consta lleva poco más de un año ofendiéndome." La espectro le miró dolida. "¡Y encima no confía en mi! ¿Tiene idea lo mucho que eso me dolió?"
"No…"
"¡Entonces no me pida perdón si no sabe para qué!" Exclamó la espectro muy molesta. "A mí las cosas me las dice concretas o no las entiendo."
Violate resopló y reinició la marcha. Aiacos la siguió casi arrastrando los pies. Como que no se animaban a hablarse, pero era evidente que el juez de Garuda no quería dejar ir el tema. Intentó estirar la mano para tomar la de Violate, pero se contuvo y no lo hizo.
"¿Puedo empezar de a poco?"
"¿A hacer qué cosa?"
"Disculparme contigo… en serio quisiera hacer las paces, tu ausencia me lastima mucho…"
Violate le miró de reojo, antes de inflar las mejillas y resoplar molesta. El juez sonaba sincero, no había duda, pero aún así su orgullo no la dejó contestarle.
"Creí… creí que eras tú…" Le dijo avergonzado. "No debí haber asumido nada, ni haberme metido en tus asuntos. Debí aclararlo de inmediato y sin duda lo peor que hice fue subestimarte… pero… morí de celos."
"¿Celos? ¿De qué está hablando, señor Aiacos? ¿Por qué sentiría usted celos?"
"Me encelaste, mujer." Gruñó Aiacos. "Tanto me lo creí que de verdad pensé que estabas de encargo y me preocupé… muchísimo: Minos no es una buena pareja, creí que te dejaba en una posición muy desventajosa y no te mereces algo así… debí aclararlo contigo… pero antes debí confiar en ti…"
"Habla como si entre los dos hubiera alguna suerte de compromiso."
"… ¿Acaso no la hay?"
"No la hubo… excepto la relación entre un jefe y su subordinada."
"¿Nada más?" Preguntó Aiacos decepcionado, pues esperaba que Violate le dijera que era su más fiel apoyo y ala derecha. Esto le dolió un montón. "¿Sólo eso?"
"Al final que yo me preocupo más por usted que usted por mi. Así que sí, solo eso." A Violate también le dolió decir esto. "No espero familia, ¡Mucho menos del señor Minos! Ni siquiera he estado en peligro de estar embarazada, señor Aiacos. Por si no lo tenía claro."
"Mis disculpas." Balbuceó Aiacos muy lúgubre.
"Y si lo hubiera estado, ¿A usted qué más le da lo que yo haga?"
"Supongo que no es mi asunto." Respondió el juez, sintiéndose como una rata muy, muy triste. Tuvo que hacer esfuerzos para reprimir un puchero. "Entonces… ¿seguirás tu camino?"
"Sí."
"¿Al menos aceptarías mis disculpas? En serio vienen de corazón."
"…"
Violate quería saltar encima de Aiacos y comérselo a besos, pero su orgullo no la dejó. No le respondió nada, no se sentía con fuerza de decirle que sí, que lo perdonaba por ese desliz, pues aún tenía mucho dolor encima. En un año habían pasado de tener una relación más que armónica a cuestionarse qué sentían por el otro, si estaban dispuestos a dejar que eso se quedara en el fondo de sus mentes sin moverse, o actuar sobre esos sentimientos. Violate sentía que había perdido… y tenía miedo de darle una oportunidad más a Aiacos. ¡Tanto miedo!
Aiacos, por su parte, interpretó el silencio como que Violate no lo perdonaba y que seguiría su camino por su propia vereda, lejos de él. Eso le desgarró el corazón, como si se lo dejaran en carne viva. ¡Pero era un hombre hecho y derecho! Dejaría ir a su ala derecha… aunque eso lo dejara sin corazón.
"… creo… que serías una estupenda mamá… si es que te decides a serlo algún día." Le dijo apenas en un murmullo. "Cualquier niño tendría suerte de que lo criaras… ¿puedo pedirte que no dejes a Benito?"
La espectro sintió un hielo en la espalda, al percibir quizás una despedida velada en esa frase. Acaso… ¿Acaso la habían malinterpretado? ¡¿Cómo se supone que arreglaba todo eso?! ¡¿Sabía como arreglarlo?!
"No lo creo, señor Aiacos." Violate hizo un puchero, pensando en Benito. "Solo conozco formas de causar daño, no soy una madre."
"Yo te di esa idea, de que no sirves para eso, pero eso es un error de juicio de mi parte." Le respondió Aiacos con mucho respeto. "Eso es mi culpa."
La pareja se miró de reojo, ambos con el mismo grado de sonrojo en las mejillas. Cuando Violate por fin se hizo de ánimo para responder, Minos les cayó encima. Los rodeó a cada uno de ellos con un brazo y los abrazó, luciendo esa sonrisa de payaso suya.
"A ver, niños, ¿de qué estamos hablando? ¿Oigo bien, Aiacos? ¿Te culpas del hecho que Violetita no sea madre?" Las implicancias en las cejas levantadas y sonrisa sabihonda del juez de Griffin hizo que tanto Violate como Aiacos se erizaran. "Pues sí, compadre: se te está yendo el tren. Hace rato ustedes dos debieron haberse revolcado. A estas alturas Benito ya debería tener al menos un hermanito en espera. JAJAJAJA."
La cara que pusieron Aiacos y Violate fue un lívido poema. De dos manotazos se destrabaron del agarre del juez y se alejaron un par de zancadas, perplejos y sin saber bien como destripar al noruego, quien se reía de buena gana. Radamanthys se palmeó la cara.
"Minos, you arse!" Reclamó el inglés. "Serás hijo de p…"
"JAJAJAJAJA, ¡Deja a mi Mamá fuera de esto, Rada!" Exclamó Minos entre risas. Aiacos le dio un buen empujón.
"¡¿A ti quien te pateó la jaula, grifo desnutrido?!" Protestó con energía. Señaló entonces a Violate, mientras miraba a los dos jueces. "Intento arreglar las cosas aquí con Violate y ustedes…"
"Tengo que irme." Aprovechó de decir Violate. Había visto la oportunidad de escapar, estaba demasiado ansiosa como para seguir conversando con Aiacos y la dirección que estaban tomando las cosas la tenía con un ataque al páncreas de los nervios. Dejó el bolso en el suelo. "Creo que lo dejo en buenas manos, señor Aiacos. Lo veo al rato. Si me disculpan sus señorías…"
"¡Violate! Espera, ¡Es una orden!"
Pero la mujer no se detuvo y Aiacos se quedó ahí fijo sin perseguirla, no porque le faltaran ganas o fuerza, sino porque… con el dolor de su corazón, tenía que dejarla ir. Minos se tragó la risa luego que Radamanthys le diera otro zape más.
"Creo que no salió de acuerdo al plan…" Se lamentó Minos, pensando que a lo mejor había arruinado todo.
"Aiacos…" Rada ignoró a Minos a favor del aludido. Le dio una palmada en la espalda. "Al menos la vas a ver en un rato más, no te estreses. Quizás puedan conversar de nuevo."
"Supongo." Aiacos tomó el bolso a desgano y se encaminó a las duchas. "Vuelvo al rato…" Dijo mientras se alejaba arrastrando aún más los pies.
Radamanthys y Minos intercambiaron una mirada.
"¿Oops?"
"Idiota."
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Intervención Nivel Hades.
… Hades giró sobre sus talones y avanzó hacia los espectros que tenía en mente, justo antes que empezaran los discursos. Pandora, al darse cuenta y en su calidad de maestra de ceremonias, contuvo todo.
"¡AIACOS, VIOLATE!"
Toda la atención se concentró rápidamente en los aludidos, quienes al escuchar la voz de su señor, se pusieron firmes por unos segundos, antes de arrodillarse en sumo respeto ante el dios el Inframundo…
Nota Mental: Dije que Aiacos no iba a meter las patas, pero no podía hablar por el resto de los jueces. Al menos está arrepentido en serio, aunque por lo visto Violate se nos asustó en el último momento posible. Ni modo, ahí Hades va a tener que intervenir. Sobre Artemisa… denle espacio, lo que le pasó no es un trago fácil y todavía parece estar asustada. Lo que más necesita es apoyo, no presiones de nada. Yo no la culpo… aunque me siento rata por provocarle ese miedo a su pequeñito. Ahora, se preguntarán donde andan los dos ajawab que faltan… pues… esperando la oportunidad perfecta para atacar: los necesito para la miniserie, así que se escondieron muy bien. Ahora, por asuntos de la miniserie que tengo planeada para Rada, he estado revisando varios blogs sobre cultura británica (Sobretodo uno llamado Anglophenia), por lo que comienza a afectarme: no puedo dejar de imaginar a Radamanthys de Wyvern como un pendenciero de lo peor, con problemas para controlar la ira, pero con momentos like a sir que me sacan de onda. O sea, que es un explosivo energúmeno, pero con modales si lo apuras un poco. Por cierto, ya quedan dos capítulos para el final. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
Estaban como en una dulcería, Nice, vieras lo bien que lo pasaron, ni siquiera tuve corazón para interrumpirlos. Al menos consiguieron buenas piezas y están bien entretenidos jugando con ellas. Mientras no se saquen un ojo, todo bien. La familia Onírica estará bien, Phantasos es ruda y sádica, pero en el fondo anhelaba un acercamiento con su papá. Claro que no lo tendrán fácil, en esto van a tener que esforzarse si quieren llegar a algún lado, pero todo bien. Lo mismo Hypnos y Pasitea, también tienen lo suyo, pero al menos están remando para el mismo lado en esta ocasión. Artemisa sigue muy confundida y todavía no procesa bien todo lo que se le vino encima. Ciertos parientes no son de mucha ayuda, pero dale tiempo. Claro, la pobrecita criatura está pagando los platos rotos, y ni culpa tiene… lo terrible es que aunque su mamá decida conservarlo y protegerlo de su abuelo y tío… los ajawab quieren matarlo antes que nazca. A cualquiera le baja la angustia. Sobre Thanatos, llegó solo con media docena de empanadas y anda algo indigestado. Comió mucho y de golpe. Lo dejo sufrir como escarmiento a su gula. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! =D
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.
Tonantzin: (en náhuatl: tonantzin, nuestra madre venerada) en la cultura y mitología mexica es el término con que se designaba a distintas deidades femeninas, principalmente Coatlicue, Cihuacóatl y Teteoinan (madre de los dioses).
El caso de Tonantzin repite el de otras mitologías, donde una divinidad recibe distintos nombres, Tonantzin se usaba de la misma manera en que Nuestra Señora se usa para la Virgen María en el catolicismo. En las religiones politeístas en particular, una divinidad puede tener distintos nombres, características y manifestaciones, como es el caso de la diosa hindú Durga, manifestación guerrera de Parvati. Otra posibilidad es la integración del culto a varios dioses en uno solo que adquiere las características y nombres de sus antecesores. Esto es posible en el caso de Tonantzin.
Algunos investigadores, como Jacques Lafaye, identifican abiertamente a Tonantzin como Cihuacóatl según las descripciones del cronista Bernardino de Sahagún, y con Centéotl siguiendo al cronista Francisco Javier Clavijero. Sahagún se refiere a Cihuacóatl como la diosa principal de los mexicas, y en dos ocasiones afirma que la llaman con el nombre de Tonantzin.
Para Lafaye, Jacques Soustelle y otros investigadores, hay una superposición de ritos de adoración e iconografía de distintas diosas donde también puede ubicarse a Tonantzin. En ocasiones se identifica a Tonantzin como madre de Quetzalcóatl, y en otras como su esposa y parte de su dualidad, especialmente en su forma de Cihuacóatl.
Para motivos de esta saga mía, asumo a Tonantzin como mamá de Quetzalcóatl, separada de Coatlicue.
Coatlicue: (en náhuatl: la que tiene su falda de serpientes) en la mitología mexica es la diosa de la fertilidad, patrona de la vida y de la muerte, guía del renacimiento, la madre gestante de Huitzilopochtli, esta diosa también recibía los nombres de Tonāntzin, nuestra madre, y Teteōīnān, madre de los dioses, siendo venerada por este motivo. Entre sus atributos era representada como una mujer usando una falda de serpientes, tiene los pechos caídos, símbolo de la fertilidad y un collar de manos y corazones humanos que fueron arrancados de las víctimas de sus sacrificios. Su esposo era Mixcoatl.
Coatlicue como diosa madre, es un claro ejemplo de la dualidad en la cual la cosmología precolombina parece basarse, la intrínseca relación entre vida y muerte, dos caras del mismo concepto. La representación más conocida de Coatlicue que aparece en la imagen superior, se encuentra en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México. Se muestra con la característica falda de serpientes, sin embargo se pueden ver serpientes por todo el monumento y sustituyendo partes de la anatomía. La cabeza es sustituida por dos serpientes que se encuentran, símbolo de la dualidad que al crearse dio inicio a todo el universo, otra referencia serían las coyunturas enmascaradas (con rostros). En la base, fuera de la vista del visitante está Tlaltecuhtli, sosteniendo dos cráneos en las plantas de los talones de la diosa.
Para motivos de esta saga mía, asumo a Coatlicue separada de Tonantzin.
SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. Son como siguen:
1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.
2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.
3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.
4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.
5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.
6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.
