Capítulo 4 - Padre

-Ya estoy aquí.- anunció Kyouya desde la entrada, antes de cerrar la puerta detrás de él.

-¡Bienvenido! Pasa.- respondió Haruhi desde la cocina.

Kyouya llevaba entre sus manos una caja de cartón con la publicidad de una prestigiosa pastelería. La depositó sobre la mesa del comedor y luego caminó hacía la estancia, en donde Tsuneo jugaba confinado en un corral para bebés. Cuando el niño vio al joven Ootori, sonrió y agitó sus manitas, balbuseando alegremente. El mayor lo tomó en sus brazos y caminó con él hasta la cocina.

-He puesto el pastel sobre la mesa del comedor.

-Te lo agradezco mucho, aunque no debiste molestarte. Yo hubiese podido recogerlo al salir de la oficina.

-Ya tienes suficiente preparando la sorpresa de cumpleaños. Además has tenido que pasar por Tsuneo a la guardería. Si puedo aligerar aunque sea un poco tus labores está bien para mí.

-Como si ser presidente de una Corporación no fuese labor suficiente.- dijo Haruhi, sonriendo de buena gana. -Es muy amable de tu parte que dediques un tiempo para mis hijos todos los días. Algunas veces me pregunto si no es algo problemático para ti.

-¿Por qué lo sería? Soy un adulto capaz de tomar decisiones y una de ellas es pasar tiempo con estos niños.

-Y estoy en verdad agradecida por eso. Aun más desde que que decidí regresar a trabajar. Es solo que no me gusta pensar que interrumpimos tu ritmo de vida.

-No es como si hubiese alguien esperándome en casa. Deja de preocuparte, Haruhi.

Haruhi continuó con lo que hacía, esforzándose por no hacer evidente el malestar que las últimas palabras de Kyouya le habían ocasionado. Era cierto que cuando lo conoció él no era alguien especialmente cercano a las personas y que más allá de las actividades del club no buscaba la compañía de otros, ni siquiera de su familia. Con el paso de los años, ella notó que el joven Ootori se volvía aun más solitario y antes de la muerte de Tamaki, su trabajo tenía toda su energía y atención.

-Me parece que Tsuneo quiere tomar su siesta ahora.- dijo Kyouya, interrumpiendo el rumbo de sus pensamientos. -Lo llevaré a su habitación.

-De acuerdo. Gracias.

El joven Ootori se alejó con el niño, quien emitía un profundo bostezo. Haruhi los observó marcharse. Aunque quería olvidarlo, no podía dejar de sentir esa desagradable sensación en su interior.

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Haruhi se despojó del delantal en cuanto la comida estuvo lista y dispuesta sobre la mesa. Faltaba muy poco para que Kotoko regresara de la escuela. Apenas ĺe daría tiempo de mudarse de ropa. Subió las escaleras para dirigiese a su habitación. Antes de que pudiese abrir la puerta, un suave murmullo proveniente de la habitación del bebé llamó su atención. Se acercó con cuidado. La puerta de la recámara estaba entreabierta lo suficiente para mirar al interior. Kyouya estaba de pie junto a la cuna, meciéndola lentamente.

-Sí, eres muy parecido a tu padre. Aunque tú pareces ser muy astuto...en cambio, él solía actuar como un bobo la mayor parte del tiempo.- los labios de Kyouya se curvaron en una amarga sonrísa. -Actuaba como un tonto...pero se preocupaba por el bienestar de todos. Siempre le gustó ver felices a otros...y lo echo de menos, ¿sabes?

Tsuneo lanzó algunos alegres balbuceos. Kyouya tomó al niño en sus brazos y lo acomodó sobre su hombro izquierdo para hacerlo dormir.

-Lo echo de menos...pero comienzo a olvidar esa sensación con tu compañía. Supongo que puede ser algo bueno.

Haruhi se alejó con sigilo y se dirigió a su habitación. Jamás se había detenido a pensar en los sentimientos de Kyouya, porque él los mantenía tan lejos que era difícil siquiera notarlos. Aunque eso no significaba que no existiesen. No significaba que no hubiese llorado la pérdida. Él tambien lidiaba con la ausencia del único amigo que había tenido.

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La casa era un estallido de voces y risas infantiles. Kotoko y algunos amiguitos jugaban y corrían por la casa. La niña estaba evidentemente agradada con la fiesta sorpresa de cumpleaños. Haruhi observaba complacida desde uno de los sofás del recibidor. Kyouya y el bebé la acompañaban.

-Hacía mucho que no la veía sonreír así.- admitió Haruhi.

-Muchas cosas han cambiado en los últimos meses. Puede ser complicado de sobrellevar para un niño.

Ella lo miró y sonrió con algo de tristeza al notar que evitaba nombrar aquellos "cambios", como si le resultara un reto mencionar la muerte de Tamaki.

-Mamá, ¿puedo abrir mis regalos ahora?- pidió Kotoko.

-Lo haremos en cuanto apagues las velitas.

-¡De acuerdo!

Kotoko tomó asiento en el comedor con el resto de los niños. Kyouya llevaba en brazos a Tsuneo y Haruhi encendía las velas del pastel. Luego de un descoordinado canto de Feliz cumpleaños, la pequeña sopló las velitas mientras pedía un deseo. Minutos después comenzó a abrir los regalos. Cuando se encontraba abriendo el último, Kyouya se acercó a Kotoko y le extendió una caja envuelta en un lindo papel rosa y con un moño blanco.

-Feliz cumpleaños.

-¡Gracias, tío Kyouya! ¿Puedo abrirlo ya?

-Por supuesto.

La niña se apresuró a quitar en envoltorio. Una vez que lo logró, abrió la caja y permaneció un momento mirando el contenido. Después, miró al joven Ootori con una sonrísa iluminada mientras abrazaba el muñeco del felpa que sacó del interior.

-¡Es el zorro del cuento! ¡Muchas gracias!

Kyouya asintió con satisfacción ante aquella alegría infantil. Kotoko tomó el muñeco y se echó a correr hacia donde sus amiguitos la esperaban.

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Kotoko ya se encontraba acostada sobre su cama cuando Haruhi entró a la habitación. La niña sostenía el zorro de felpa por las patitas delanteras y lo movía de un lado a otro, simulando bailar. Su madre tomó asiento en un espacio libre mientras la arropaba para dormir.

-¿Te ha gustado tu fiesta de cumpleaños?

-¡Sí, mamá! ¡Gracias! Me he divertido mucho.

-Me alegro.

-Ha sido lindo que el tío Kyouya haya venido.

-Lo quieres mucho, ¿cierto?

-Sí.- respondió la niña, un tanto distrída por algunas ideas que acababan de llegar a su mente.

-Ahora descansa. Tienes escuela mañana.

-Mamá...¿puedo hablarte sobre mi deseo de cumpleaños?

-Puedes, si es que quieres hacerlo.

-Yo quiero mucho al tío Kyouya. No quiero que se vaya nunca. Por eso...mi deseo de cumpleaños fue...que el tío Kyouya esté con nosotros siempre. ¿Debí desear otra cosa?

-¿Por qué deberías? Amar a otra persona es algo muy noble y no debes avergonzarte de eso.

-Tengo miedo...de que el tío Kyouya tenga que irse como papá se fue.

Haruhi sonrió amargamente mientras acariciaba el cabello de su hija.

-Que papá se haya marchado...fue algo desafortunado en verdad, pero confía en mí si te digo que tío Kyouya estará cuando lo necesites. No debes preocuparte.

-Está bien, mamá.- convino Kotoko antes de abrazar al zorro de peluche y cerrar sus ojos para dormir.

Haruhi permaneció un poco más en la habitación, observando como la niña iba quedándose dormida. Había un leve sentimiento de tristeza en su interior y por increíble que pareciera, no lo ocasionaba la nostalgia por el recuerdo de su esposo. Le conmovía su hija y su temor a la pérdida del hombre que le daba a su vida esa sensación de protección. Por otro lado, no había dejado de pensar en Kyouya y su duelo. Si lo analizaba un poco, sus hijos necesitaban a Kyouya tanto como él a ellos.

La joven se dispuso a abandonar la habitación no sin antes dirigir una última mirada a su pequeña. Ella ya dormía profundamente, aun con el muñeco en sus brazos. Haruhi sonrió con ternura. De alguna forma, el heredero Ootori le recordaba a aquel domesticado zorro de la historia.

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Hacía ya un rato que viajaban en auto. Kyouya conducía; Kotoko miraba en silencio hacia la ventana de lado del copiloto. Luego, la niña se volvió hacia a el heredero Ootori.

-¿De verdad no vas a decirme hacia dónde vamos?

-Debes esperar. Es una sopresa.

-Pero ya has conducido casi mil horas y aun no llegamos.

Kyouya sonrió de buena gana por el comentario infantil.

-Valdrá la pena. Te lo aseguro.

Continuaron su trayecto. Kotoko decidió que esperaría con más paciencia. Podría conversar con el tío Kyouya mientras tanto.

-¿Por qué aún no tienes una esposa, tío Kyouya?

-¿Qué?- la pregunta lo había tomado por sorpresa.

-¿Por qué no te has casado aun?

-No es una de mis prioridades ahora.

-¿Por qué?

-Porque...porque no hay una mujer con la que me gustaría casarme.

-¿Por qué?

-Porque no tengo tiempo para conocer mujeres.

-¿Eso es porque pasas tiempo con nosotros?

-No. Paso tiempo con ustedes porque es lo que quiero hacer.

-Tío Mori tiene una esposa; tío Mitsukuni, tío Hikaru y tío Kaoru tienen novias. Deberías tener una novia también.

-Prefiero que no sea así por ahora.

-¿Por qué?

-Tío Kyouya disfruta mucho lo que hace. Me gusta mi trabajo, me gusta ir a visitarte a ti y a Tsuneo por las tardes. Me gusta tanto que no necesito una novia. Además, si la tuviera ya no podría verte a diario, ¿estarías conforme con eso?

-No, creo que no me gustaría.

Kyouya sonrió triunfante al notar que Kotoko había regresado su vista hacia la ventana sin hacer más preguntas. Algunas veces, los cuestionamientos de los niños eran de lo más incómodo.

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-Kotoko, despierta. Tenemos que bajar.- indicó Kyouya mientras movía suavemente a la niña, quien se había quedado dormida en el camino.

-¿Llegamos?- preguntó la pequeña, frotándose los ojos.

-Aun no. Tenemos que abordar el ferry. Zarpará pronto.

La niña obedeció y salió del auto. Kyouya sacó las maletas y luego tomó a Kotoko de la mano para dirigirse a su destino. Ya había caído la noche y el puerto se iluminaba con brillantes luces. La pequeña miraba maravillada hacia todos lados. Luego de varios minutos se detuvieron en uno de los muelles. Un enorme y lujoso ferry era abordado por decenas de personas.

-¿Subiremos también?- preguntó Kotoko con asombro.

-Así es. Nos llevara a la sorpresa. Llegaremos por la mañana.

Una vez a bordo. Kyouya llevó a la niña al camarote que había reservado. Kotoko recorría y miraba todo sin dejar de sorprenderse. El joven Ootori enviaba a Haruhi un mensaje de texto para informarle que se encontraban bien.

-Nunca había subido a uno de estos.

-¿Y qué te parece?

-¡Es genial!

Kyouya sonrió satisfecho ante el entusiasmo de la chiquilla.

-Bien. Ahora ve a prepararte. Cenaremos y luego vas a dormir.

Kotoko obedeció. Tomó su maleta y se dirigió al vestidor dando pequeños saltos.

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Durmieron el resto del trayecto. El viaje en ferry duró cerca de ocho horas. Llegaron poco antes del amanecer. Cuando descendieron, Kyouya agradeció que Kotoko continuara cansada y decidiera dormir un poco más, así podría sorprenderla cuando finalmente llegaran a su destino. El joven Ootori aun llevaba en brazos a la niña cuando llegaron a un lujoso hotel en la isla Mikurajima.

-Kotoko, hemos llegado.- le susurró con suavidad.

La pequeña despertó un tanto desorientada, mirando todo a su alrededor.

-¿Qué lugar es este?

-Estamos en una isla. Podrás ver tu sorpresa muy pronto. Ve a prepararte.- le indicó Kyouya entregándole un paquete.

Kotoko miró el contenido sin terminar de comprender. Luego fue a mudarse de ropa. Una vez que estuvo lista, regresó a donde Kyouya la esperaba.

-¿Hemos venido a nadar? No necesito esto, ya sé hacerlo.- dijo la niña mientras tenía dificultades para asegurar su chaleco salvavidas.

-Creéme, lo necesitarás.- indicó el joven Ootori cuando se acercó a ayudarle con su equipo de seguridad. -Además, le prometí a tu madre que estarías segura.

Cuando Kyouya y Kotoko estuvieron preparados, él tomó la mano de la niña para guiarla. Pronto llegaron a un extremo del hotel que contaba con una picina enorme, con una ambientación natural. La pequeña ahogó un grito cuando vio la fauna en el agua.

-¡Son delfines! ¡Son delfines, tío Kyouya!

-Lo son.- respondió con una sonrísa mientras le acariciaba la cabeza. -Siento haberme demorado...feliz cumpleaños.

Sin duda, nada en el mundo podría reemplazar la satisfacción que Kyouya experimentaba al ver la felicidad en el rostro de aquella niñita. Si algo le había enseñado la muerte de Tamaki era que no había garantías en la vida y que no volvería a abandonar a las personas que tanto le importaban.

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Tsuneo comenzó a dar alegres pasitos una vez que su madre lo colocó sobre el suelo. Kotoko se despojó de su abrigo y lo colocó sobre el perchero mientras Haruhi cerraba la puerta tras ellos. Volvían a casa luego de un largo día.

-Kotoko, ¿por qué no llevas a tu hermanito a jugar? La cena estará lista pronto.

-Está bien, mamá.

La niña sujetó la mano de su pequeño hermano y lo guió hasta el recibidor. Lo colocó dentro del corral para bebés y le entregó algunos juguetes. Luego, Kotoko encendió la televisión y sintonizó un canal para pre-escolares. Era la hora del programa favorito de Tsuneo, quien comenzó a aplaudir de alegría. Ella sonrió al verlo y tomó asiento en el suelo, junto al bebé, mientras hacía sus tareas.

Tsuneo miraba los dibujos en la televisión con suma atención. En el programa, unas tiernas marionetas con forma de ositos representaban el esquema de una familia tradicional. Una voz femenina indicaba el rol de cada personaje. Una osita pequeña con un moño rosa sobre la cabeza era la hermana.

-¡Toto!- exclamó el niño, al reconocer en la marioneta a su hermana mayor.

Luego apareció la mamá oso, con un lindo delantal.

-¡Mamá!- dijo Tsuneo sonriendo y mirando en dirección a la cocina, donde Haruhi preparaba la cena.

Finalmente, apareció un oso de mayor tamaño, vestido con un traje azul y corbata roja. La voz femenina del programa lo presentó como "papá". Entonces el bebé pareció confundido. Miraba de un lado a otro, buscando a quien representaba esa función. Después de varios segundos dejo aquello de lado y volvió su vista al programa.

Cuando la emisión terminó, Kotoko apagó el televisor. Haruhi había anunciado que la cena ya se encontraba sobre la mesa, por lo que los niños acudieron a lavarse las manos. Cuando regresaron al comedor, Tsuneo fue colocado en una silla alta y la niña se sentó a su lado. El timbre de la entrada sonó antes de que la cena comenzara.

-Debe ser Kyouya.- indicó Haruhi mientras se dirigía a atender el llamado.

-Lamento la hora. Tenía que atender un asunto.- se disculpó el recién llegado en cuanto la puerta se abrió.

-No te preocupes. Vamos a cenar ahora, ¿quieres acompañarnos?

-No quiero ser una molestia.

-¡Por favor, Kyouya! Ni lo menciones. Nos dará mucho gusto que nos acompañes.

-Está bien. Te lo agradezco.

El joven Ootori caminó hasta el comedor para reunirse con los niños. Tomó asiento frente a Kotoko, quien le dirigió una cálida sonrísa.

-Hola, tío Kyouya.

-Hola.- respondió él. Luego su mirada viajó hasta Tsuneo. -¿Qué tal, hombrecito?

El niño no despegaba su vista del mayor. Lo observaba con seriedad, como si esperara encontrar algo. Haruhi se les unió con un servicio más para su invitado. Luego los cuatro comenzaron a comer. Tsuneo continuaba mirando a Kyouya. Él, al sentir la atención del pequeño, le devolvió la mirada con una discreta sonrísa.

-¡Papá!- explotó Tsuneo con una gran sonrísa. -¡Papá!

Kyouya estaba visiblemente contrariado. Haruhi tardó unos segundos en reaccionar.

-No. No, amor. No es papá.- le indicó ella, con calma.

-¡Papá!- repitió el niño con convicción.

Kotoko tapó su boca tratando de reprimir su risa al ver la reacción de los adultos.

-Él es el tío Kyouya, pequeño.

-¡Papá, papá, papá!

Kyouya permaneció congelado, sin saber qué hacer o qué decir. Haruhi lo miró apenada.

-Lo siento mucho, Kyouya.- se disculpó ante sus vanos intentos de corregir al niño.

El joven Ootori negó suavemente para indicarle que no debía preocuparse. Lo cierto era que escuchar esa simple palabra de los labios de aquel pequeño habían producido una sensación desconocida en su interior. No podría admitirlo frente a Haruhi, pero cuando Tsuneo lo llamó "papá" por primera vez, Kyouya se sintió el hombre más orgulloso en todo el mundo.

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Kotoko y Tsuneo corrieron tomados de la mano ante la atenta mirada de Kyouya y Haruhi. Era un domingo por la tarde y habían decidido llevar a los niños al parque. Ambos adultos tomaron asiento sobre una banca junto a un árbol.

-Gracias, Kyouya.- dijo ella, dirigiéndole una sonrísa.

-No me agradezcas. Lamento no haber podido estar en el cumpleaños de Tsuneo.

-Quizás haya estado un poco decepcionado al principio, pero entendió que el viaje que hiciste era muy importante.

-En verdad quería estar ahí. La situación se complicó un poco.

-No tienes que darme explicaciones. Estoy segura de que hubieras hecho cualquier cosa a tu alcance para asistir. Habrá otros cumpleaños.

-Lo sé. Aunque aquella fue la única ocasión en la que Tsuneo habrá cumplido tres años.

-¡Papá, papá, mira!- gritó el niño para llamar la atención de Kyouya antes de deslizarse por el tobogán.

A pesar de los esfuerzos de Haruhi, el pequeño continuaba llamando "papá" al heredero Ootori. Ninguna explicación había sido suficiente para complacerlo. Luego de varios meses se habían dado por vencidos y decidieron no corregirlo más. Personalmente, a Kyouya no le resultaba desagradable que Tsuneo le llamara de ese modo.

Los niños se dirigieron entonces a los columpios. Kotoko empujaba a Tsuneo para que pudiera balancearse. El chiquillo reía alegremente. Haruhi y Kyouya los miraban en silencio.

-¿Qué tal las cosas mientras estuve lejos?- preguntó él, luego de algunos minutos.

-Han ido bien. El señor Yuzuru y Anne Sophie se quedaron por unos días. Regresaron a Francia la semana pasada. Me pidieron que te enviara sus saludos.

-Aun me cuesta creer que ya hayan pasado tres años.

-Ellos parecen estarlo superando. Anne Sophie se sintió cómoda con Tsuneo.

-Es bueno escucharlo.

-En cuanto a los niños, todo va en orden. Kotoko continúa teniendo las notas más altas de su clase. Y Tsuneo...bueno, él te echó mucho de menos.

-¿Y...qué hay sobre tí?

-No hay nada interesante conmigo. Sólo el trabajo y los chicos, ya sabes...- dijo Haruhi, sonriendo mientras le restaba importancia a sus asuntos.

-¿Qué te hace pensar que lo que haces no me interesa? También me gustaría escuchar lo que Haruhi tiene que decir.

Ella se sonrojó, sorpresivamente. Sin que pudiese encontrar una explicación, el evidente interes de Kyouya le halagaba. Iba a responder al cuestionamiento, sin embargo, un adolorido grito los interrumpió. Al mirar al frente, encontraron a Tsuneo desplomado sobre el suelo mientras Kotoko intentaba ponerlo de pie. Haruhi y Kyouya corrieron hacia ellos.

-¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Tsuneo se ha soltado del columpio cuando lo empujaba!- explicaba angustiada Kotoko.

Kyouya giró a Tsuneo para inspeccionarlo. Al hacerlo, vio que la frente del niño sangraba profusamente. De inmediato, Kyouya lo tomó en sus brazos y comenzó a caminar tan rápido como era capaz.

-¡Debemos llevarlo a un hospital!- le indicó a Haruhi antes de comenzar a correr. Ella intentó seguir su paso, llevando a Kotoko de la mano.

El joven Ootori recordaba que había un hospital a algunas calles de ahí. Se dirigió a ese sitio sin dudarlo.

-¡Papá...me duele!- dijo Tsuneo en medio de su llanto.

-¡Resiste! Llegaremos pronto.

En cuestión de pocos minutos, Kyouya llegó al pequeño hospital, entrando estrepitosamente. Un médico se acercó a ellos al verlos entrar.

-¡Está sangrando! ¡Ayúdelo!

-¿Qué le ocurrió?- preguntó el hombre mientras colocaba al niño en una camilla para examinarlo.

-Cayó desde un columpio.

-¿Usted es el padre del niño?

-Lo...lo soy.- respondió Kyouya después de dudarlo un momento.

-De acuerdo. Necesitamos examinarlo a fondo. Haga el favor de llenar el formulario mientras tanto.- indicó el hombre antes de llevarse al niño tras unas enormes puertas. Haruhi llegó al hospital apenas momentos después de que se llevaran a su hijo.

-Van a examinarlo.- le explicó Kyouya al verla llegar.

La joven madre no pudo evitar comenzar a llorar. Él se acercó a ella y la estrechó en sus brazos. Ella se aferró a ese abrazo tanto como fue capaz.

-Estará bien. Te prometo que estará bien.

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-Es increíble lo resistentes que pueden llegar a ser los niños. No deben preocuparse, estas cosas ocurren todo el tiempo.- explicó el doctor en cuanto el niño estuvo listo para abandonar el hospital. Apenas unas horas más tarde.

Tsuneo había corrido a los brazos de Kyouya. Él lo sostenía mientras el niño comía una paleta de caramelo que el hombre de la bata blanca le había obsequiado por su buen comportamiento. Tres puntadas habían bastado para cerrar la herida.

-¿Significa que no es algo delicado?- preguntó Haruhi.

-Hicimos los estudios correspondientes. No hay ningún daño más alla de la herida en la frente. Puede estar tranquila. Les recomiendo ir a casa a descansar.

-Se lo agradecemos.- agregó Kyouya haciendo una leve reverencia.

Inmediatamente dejaron el hospital y Kyouya los llevó a casa. Tsuneo se durmió antes de llegar.

-Lo llevaré a su habitación.- le indicó a Haruhi antes de dirigirse a la planta superior con el pequeño en sus brazos.

Haruhi cerró la puerta con pesadez. Kotoko permanecía junto a ella.

-Lo siento mucho, mamá. No he cuidado a mi hermano como se debe.

-Fue un accidente. No debes sentirte mal por ello. Seguramente también estabas muy preocupada.- le respondió Haruhi, acariciándole las mejillas. -Ve a dormir. Mañana debes ir al colegio.

-Lo haré. Buenas noches, mamá.

-Buenas noches, pequeña.

Kotoko fue directo a su habitación. Haruhi entró a la cocina y preparó té. Minutos más tarde, Kyouya bajó las escaleras. Caminó hacia la cocina al encontrarla ahí.

-Parece agotado. Dormirá profundamente hasta mañana.

-Gracias. ¿Quieres acompañarme a beber té?

Él asintió y se aproximó a ella para recibir la taza que le ofrecía. Haruhi pudo entonces notar una mancha de sangre en la camisa del heredero Ootori.

-Nunca dejas de ayudarme, Kyouya. Jamás podré devolverte ni un poco de todo lo que haces por nosotros.

-No espero que lo hagas. No es como si me debieras algo. Solo quiero cuidar de los niños.

"Y de ti" quizo ser capaz de agregar.

-De nuevo, gracias.

Kyouya se limitó a asentir. Ambos continuaron bebiendo té. Cuando terminó el contenido de su taza, el joven Ootori se despidió y salió de la casa. Estaba a punto de subir a su auto. Entonces la puerta de la entrada se abrió y una pequeña figura salió a su encuentro.

-Deberías estar dormida, Kotoko.

-No podía dormir. Además, hay algo que quisiera darte.

Entonces, Kotoko le extendió a Kyouya un pequeño paquete envuelto en un suave papel azul. Él la miró extrañado.

-Puedes abrirlo, tío Kyouya.

El heredero Ootori obedeció. Cuando se deshizo de la envoltura, encontró un portaretrato fabricado con palitos de madera pintados de azul y con detalles brillantes. Había una fotografía reciente de Kotoko y Tsuneo. Ambos niños mostraban enormes sonrísas.

-Lo he hecho en la escuela. Es mi proyecto para la clase de artes. Es por el día del padre.

El rostro de Kyouya se endureció brevemente.

-Te lo agradezco...pero sabes que no debo aceptarlo.

-¿Por qué no? Yo quiero regalártelo.

-A tu madre no le gustará...

-Ella está de acuerdo. Me esforcé mucho para tener una nota alta en artes, me parece que mi proyecto es lindo y no quiero ponerlo frente al altar de papá. Creo...creo que eso pondría un poco triste a mamá. Y...me gustaría que lo tuvieras tú. Al igual que Tsuneo, yo...yo también te quiero como si fueras mi papá.

Kyouya sonrió con satisfacción y acarició la cabeza de la niña, quien le devolvió el gesto, complacida.

-Te prometo que lo cuidaré. Ahora debes entrar a casa.

Kotoko obedeció y volvió la interior. El joven Ootori subió al vehículo y permaneció un momento en silencio. Volvió su mirada al objeto que tenía en sus manos. Deseaba haberle podido decir a la pequeña que para él, ellos también eran sus hijos... y que su madre era la mujer que más amaba en el mundo.

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¿Qué tal? Hasta aquí el capítulo de hoy. Quise plasmar esa faceta de Kyouya tomando el papel de un padre comprometido, muy a su estilo. Ojala lo haya logrado y les agrade.

Agradezco de nuevo a quienes leen y han agregado este fic a favoritos. También a Sofitkm (amiga, Hikaru ha mostrado sus sentimientos hacia Haruhi en el manga, en mi fic ya ha pasado tanto tiempo de aquello que es más bien un amor platónico), a mutemuia (gracias por continuar apoyando esta historia, ojalá te guste el capítulo), a Cheshire 2313 (espero que te disfrutes este capítulo), a cristianrey1980 (gracias, saludos también para ti) y a sariahendrick (gracias por tu comentario, ojalá te guste el capítulo) por sus reviews.

Nos leemos pronto.