Capítulo 5 - Entrar a su corazón

-¡Mira este, papá! Lo hice ayer.- dijo Tsuneo, acercando tanto como pudo una hoja de papel con un dibujo plasmado a la webcam de la computadora personal de Haruhi. -Son Finn y Jake, de Hora de Aventura.

-Sí, lo veo.- respondió Kyouya sonriendo tranquilamente. En lo personal, detestaba ese horrible show de televisión que era el favorito del pequeño, sin embargo, disfrutaba mucho de su entusiasmo.

-¿Qué tal Norteamérica, tío Kyouya?- preguntó Kotoko, quien acompañaba a su hermano pequeño en la videollamada.

-Hace frío. Hay nieve por todas partes.

-¡Wow! ¡Debe ser grandioso! ¿Nos llevarás algún día?- cuestionó maravillado el niño.

-Es posible. Habrá que esperar a las próximas vacaciones.

-¿Cuando volverás?- inquirió Kotoko.

-Aun debo quedarme unos días más. Quizá...- un repentino ataque de tos interrumpió al heredero Ootori, quien desapareció de su vista en la pantalla por algunos segundos.

-¿Estás bien, tío Kyouya?

-Estoy...estoy bien. Sólo pesqué un resfriado.

-Debes descansar entonces. Te dejaremos para que vayas a la cama.- declaró la chiquilla, con una amable sonrísa.

-Envíale mis saludos a tu madre, por favor.

-Lo haré en cuanto ella llegue. Lo hará de un momento a otro. No te preocupes.

-Bien. Los veré en unos días. Cuídense mientras tanto.

-Cuídate, por favor, tío Kyouya.

-Cuídate, papá. ¡Te queremos!- agregó Tsuneo, con una enorme sonrísa.

-Y yo a ustedes.

Luego, la pantalla se oscureció, indicando que la llamada había terminado.

-¿Papá va a estar bien, hermana?- preguntó el niño. Se notaba visiblemente angustiado.

-Estará bien. Sólo es un resfriado.- le indicó Kotoko, forzando una sonrísa. En realidad, ella también se encontraba preocupada por Kyouya.

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Haruhi esperaba fuera de un lujoso apartamento, ubicado en una torre habitacional en Tokio. Miraba su reloj de tanto en tanto. No podía ocultar que se encontraba algo ansiosa. Algunos minutos más tarde, uno de los ascensores emitió un ligero sonido mientras las puertas se abrían. La joven sonrió ligeramente e hizo una reverencia.

-Le agradezco que haya venido, señor Tachibana.

-No podía ignorar su llamada. ¿En que puedo ayudarle, señora Suou?

-Estoy enterada de que Kyouya regresó ayer de su viaje. Mis hijos han hablado con él por teléfono y no lo notaron muy bien. Decidí venir a visitarlo, como puede ver, pero no abre la puerta ni contesta mis llamadas. Estoy algo...preocupada y pensé que quizás usted pudiera ayudarme.

Los labios de aquel hombre se curvaron en una media sonrísa.

-Así es. El señor Ootori me entregó una copia de las llaves de su departamento hace años, para cualquier emergencia.- le indicó mientras sacaba dicho objeto de uno de los bolsillos de su abrigo. Luego introdujo una llave en el picaporte y la abrió con un ligero chasquido.

Tachibana colocó el juego de llaves en una de las manos de una desprevenida Haruhi. Inmediatamente se dirigió de vuelta al ascensor.

-Cuide muy bien de él, por favor.- le dijo a modo de despedida.

Haruhi lo miró partir, un tanto confundida. En cuanto el ascensor cerró sus puertas, ella se adentró al apartamento y cerró el portal trás de sí. El interior se encontraba oscuro aunque aun era de día. Apenas algo de luz se filtraba por las persianas. La joven se tomó la libertad de correrlas para iluminar la estancia. Luego se dirigió a las habitaciones. Golpeó con suavidad la primera puerta. Al no recibir una respuesta, ella la abrió lentamente.

-¿Kyouya?- susurró.

Sobre la cama, una figura envuelta en mantas emitía pesadas respiraciones. Haruhi entró a la habitación y encendió la luz. Entonces pudo verlo con claridad. El heredero Ootori se encontraba acostado, con un edredón cubriéndolo casi por completo. Ella se acercó a la cama.

-Kyouya, ¿te sientes bien?

Él no contestó. Sus ojos se mantenían cerrados y respiraba con dificultad mientras su cuerpo temblaba ligeramente. Haruhi le tocó la frente.

-¡Cielos, Kyouya! ¡Estás ardiendo en fiebre!

De inmediato, ella se dirigió a la cocina. Tomó un recipiente y lo colocó debajo del grifo para llenarlo con agua fría. Luego fue al armario y sacó algunas toallas pequeñas. También preparó un poco de té con manzanilla y canela. Regresó al dormitorio de Kyouya y lo descubrió para colocarle paños húmedos sobre la frente y el cuello. Él abrió los ojos con dificultad.

-Haruhi...¿de verdad...estás aquí?

-Sí, estoy aquí. Calma.

-Los niños...-

-Mi padre cuida de ellos ahora. No te preocupes.

-Hace frío.- replicó Kyouya intentando cubrirse de nuevo.

-Espera.- le ordenó Haruhi. -Bebe esto. Te sentirás mejor.- le indicó mientras acercaba a sus labios la taza con el humeante té, haciendo que él se incorporara un poco.

Kyouya bebió casi todo el contenido de la taza. Luego volvió a recostarse y cerró los ojos. Su respiración continuaba siendo pesada. La joven le cambió los paños húmedos. Colocó uno sobre la frente de él; otro lo frotó contra el cuello y el pecho masculino, desabotonando algunos botones de la camisa en el proceso. En medio de su delirio, el heredero Ootori sujetó suavemente la mano con la que Haruhi frotaba su cuerpo. Los dedos de Kyouya acariciaban con delicadeza la piel de ella, provocando que se ruborizara.

-No es una mentira.- dijo él, esforzándose en sonreír y sin dejar de acariciarla.

Haruhi le devolvió la sonrísa sin comprender aquellas palabras. Posiblemente él estaría delirando a causa de la fiebre. Ella continuó colocándole las compresas frías.

-No merezco...que seas buena conmigo.- susurró Kyouya.

-Eres un buen hombre y un gran amigo. No veo por qué no lo merezcas. Estás enfermo y necesitas que cuiden de tí..

-No lo soy. No he cambiado...incluso ahora, soy de lo peor.

-¡Vamos! No digas esas cosas.

-No soy desinteresado. Como en todo, hago méritos buscando un beneficio.

-¿Y qué interes puedes tener en ayudar a una viuda y amar a un par de niños?- preguntó ella, siguiéndole el juego mientras sonreía con ternura.

-Yo los quiero...los adoro...más que a nada en el mundo. Y...a Haruhi..-

Ella pareció confundida por aquellas palabras. Esperó a que Kyouya agregara algo más. Luego de un momento, se dio cuenta de que él se había quedado dormido. Haruhi le tocó la frente. La fiebre comenzaba a ceder. Ella tomó asiento sobre la cama para vigilar el sueño del heredero Ootori. Mientras lo observaba dormir, la joven no pudo evitar el impulso de acariciarle el rostro. Le tocó dulcemente una de las mejillas y de ahí subió a su frente. Tomó entre sus dedos un pequeño mechón de cabello, el cual deslizó hacia atrás, acariciando entonces su cabeza. Kyouya parecía no incomodarse. Dormía con una tranquilidad envidiable.

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Haruhi tomó el termómetro digital en cuanto lanzó un par de pitidos.

-¡Qué bien! Ya no tienes fiebre.

Kyouya frunció el ceño mientras comía un plato con sopa caliente que ella le había preparado.

-Te he dicho que ya me siento mejor. Deberías ir a casa.

-Me iré en cuanto me asegure que estarás bien.

-No estás tratando con un niño. Puedo cuidarme solo. Los chicos deben estar esperándote.

-Ellos se encuentran bien, ya te lo dije. -Haruhi tomó su bolso y sacó una tarjeta del interior. -Te han enviado esto.- le dijo entregándole el papel.

Kyouya la recibió y se dispuso a leer el contenido. Tsuneo había hecho un dibujo en el que se apreciaban cuatro personas. Eran ellos. Kotoko había dibujado algunas flores. Una infantil caligrafía indicaba un colorido "Recupérate pronto. Te amamos." Él no pudo más que sonreír.

-Tsuneo es muy hábil dibujando. Seguramente será un gran artista.

-Es posible. Su profesora del jardín de niños dice que es brillante.

-Me alegra saber que disfrute ir. Aún recuerdo el primer día.

-¿Cómo olvidarlo?- rió Haruhi. -Todavía me apena haber tenido que pedir tu ayuda para sacarlo de su habitación.

-Todo por aquella tonta historia de Hikaru y Kaoru. Sólo esos cretinos pudieron hacerle creer a un pequeño niño que el edificio estaba lleno de pasajes secretos donde podría perderse.

-Lo sé.- convino ella. -Sentí deseos de estrangularlos en cuanto me enteré.

Ambos rieron de buena gana ante aquellos recuerdos. Luego, Haruhi miró a Kyouya con una sonrísa triste.

-Has estado presente en muchos momentos importantes. Mis hijos no lo olvidarán. Por eso, no quiero que vuelvas a hacer lo que has hecho.

-¿A qué te refieres?

-No vuelvas a pasar por esto solo. No quieras llevar todo el peso por tu cuenta. Pudo ser peor si no me hubieses permitido ayudarte. Promete...que me dejarás cuidar de ti si hace falta...por favor.

Kyouya la había observado mientras le decía aquello. La suplica en la mirada de Haruhi le provocó un vuelco en el corazón. Ella en verdad se había preocupado por él.

-De acuerdo. Lo prometo.

Haruhi sonrió radiante. Kyouya se limitó a seguir comiendo su sopa en silencio. Lo cierto era, que verla sonreír de esa manera provocaba que se acelerara su corazón.

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Era un soleado día de primavera. Un enorme jardín con verde pasto estaba dispuesto ya para una recepción. Un altar estaba coronado con un arco plagado de flores en color rosa y blanco. Dos largas hileras de sillas fueron colocadas enfrente. Poco a poco los invitados comenzaron a llegar.

-¡Vaya! Es un lindo lugar.- dijo Haruhi viendo todo a su alrededor. Kyouya solo era capaz de mirarla con aquel elegante vestido azul que enmarcaba su figura.

-Va a ser una boda muy hermosa.- comentó Kotoko, quien caminaba junto a su madre. Resultaba increíble ver lo mucho que había crecido.

-¿Cuando comeremos pastel?- preguntó Tsuneo, tratando de desanudar la incómoda corbata que llevaba puesta.

-Después de la comida.- le respondió Kyouya, ayudándole a soltar un poco el nudo y arreglándole el traje de gala.

-¿Me veo como tú, papá?- cuestionó el niño.

-Por supuesto. Luces muy bien.

Tsuneo sonrió complacido y orgulloso por la aprobación de Kyouya, luego se adelantó para alcanzar a su madre y hermana. El heredero Ootori paseó la mirada de un lado a otro y pronto encontró a Mitsukuni y Mori. Se dirigió a ellos casi de inmediato. Honey sostenía un plato con una gran rebanada de pastel. Con la mano derecha sujetaba un tenedor, el cual se movía de forma errática entre sus dedos. Evidentemente, estaba temblando.

-Déjalo ya, Mitsukuni.- sugirió Mori mientras intentaba apartar el pastel de las manos del rubio.

-¡No puedo, Takashi! ¡Lo necesito!

-Felicitaciones, Mitsukuni.- interrumpió Kyouya.

-¡Gracias! ¡Estoy...muy nervioso en realidad!

-Tómalo con calma.- aconsejó Mori con su típica serenidad.

Kyouya se alejó de ellos sonriendo con algo de burla. Sin duda no querría estar cerca si a Honey le daba una crisis de ansiedad.

Hikaru y Kaoru habían llegado también. Los acompañaban sus respectivas novias, así como su padre y su hermana Ageha. De inmediato, los gemelos buscaron la atención del pequeño Tsuneo. Kyouya los miraba desde su sitio a lo lejos. Los hermanos reían y parloteaban mientras se dirigían al niño.

-No lo creo. ¡Es una mentira!- respondió Tsuneo frunciendo en ceño.

-¡Por supuesto que no lo es!- replicó Hikaru, fingiendo indignación.

-He visto a mamá hacerlo en las mañanas. La leche con chocolate no se obtiene si le das una barra a una vaca antes de ordeñarla. Tampoco les creo que hayan ido a la luna a conseguir queso.

-Deberían aceptar de una vez que es un chico listo.- atajó Kyouya. -Ya no hay manera de que puedan tomarle el pelo.

-¡Es verdad!- admitió Kaoru, sonriendo con resignación. -Es demasiado astuto para ser un niño de cinco años. No es ni la mitad de ingenuo de lo que era su padre.

-Mi señor solía creer todo lo que le decíamos, aun cuando sonara demasiado absurdo.- agregó Hikaru.

Aquellas palabras provocaron curiosidad en Tsuneo.

-Hikaru, Kaoru, déjense de boberías. Vengan acá.- ordenó Ageha antes de dar media vuelta y comenzar a caminar seguida por sus hermanos.

Kyouya y el niño se quedaron solos.

-Papá, él...era tu mejor amigo, ¿cierto?

-¿Hablas de Tamaki?

Tsuneo se limitó a asentir.

-Tu padre fue el mejor amigo que he tenido.

-Era un buen tipo, ¿no es verdad?

-Lo era. Se ganaba el afecto de las personas con mucha facilidad.

-Algunas veces...creo que me hubiera gustado conocerlo...pero..-

-¿Pero?

-Ya sé que...en realidad no eres mi papá. Mi verdadero papá se fue al cielo antes de que naciera y nunca pude conocerlo. Veo su foto en un altar todas las mañanas...pero eso no es lo que yo quiero. Tú siempre estás con nosotros, nos cuidas...y eso para mí te hace mi papá. Y no quiero que sea diferente.

-¿Crees que tendrías que dejar de quererme si quisieras a tu verdadero padre?

El pequeño asintió, cabizbajo. Los labios de Kyouya se curvaron casi imperceptiblemente. Aunque Tsuneo fuese un chico inteligente, no dejaba de tener la inocencia propia de su edad.

-No tiene que ser así. Aunque Tamaki no esté aquí, puedes tenerlo. Cada vez que alguien hable sobre él, guarda ese momento y hazlo tuyo. Permítete conocerlo a través de todos los que tenemos gratos recuerdos a su lado. Atesora eso. Porque gracias a ese buen hombre tú estás aquí. Yo me quedaré a tu lado sin importar nada más. Como un amigo, como un compañero y...si aun lo quieres, como un padre.

Tsuneo se aferró a la cintura de Kyouya en un abrazo. Él frotó con suavidad la espalda del niño.

-No quiero que dejes de ser mi papá. ¡Te quiero!

-Y yo te quiero a tí.

El sonido de la marcha nupcial inundó el ambiente. La novia estaba entrando.

-La boda va a comenzar. Anda, busquemos a Kotoko y a tu madre.

-Vamos.- accedió el niño, tomando la mano de Kyouya.

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-¿Saldrás con el tío Kyouya?

-¿Tú y papá tendrán una cita?

-¡No es una cita!- respondió Haruhi con una breve carcajada. -Los chicos y yo le hemos preparado una pequeña fiesta por su cumpleaños. Yo lo llevaré. Es todo.

-¡Oh!- expresaron los niños casi al unísono, visiblemente decepcionados.

Kotoko y Tsuneo se dirigieron una mirada cómplice. Luego se sonrieron.

-¿Sabes, mamá? Aun cuando no sea una cita, debes lucir preciosa.

-¡Sí! ¡Más linda de lo que eres!- apoyó el niño.

-¿Por qué no usas tu largo vestido blanco?

-¡Sí! ¡Ese es muy bonito, mamá!- volvió a secundar Tsuneo

-¿El vestido blanco? No creo que sea adecuado para la ocasión.- objetó Haruhi.

-¡Vamos, mamá! ¡Usa el vestido!

-¡Póntelo, mamá! Dí que sí.

La joven sonrió ante la insistencia y el buen ánimo de sus hijos. Pronto se dio por vencida.

-De acuerdo. Usaré el vestido.- accedió

Haruhi se dirigió a su habitación y cerró la puerta. Los niños se sentaron afuera para esperar su salida. Luego de varios minutos, la puerta volvió a abrirse, dejando ver a la joven.

-¿Y bien?- preguntó mientras agitaba el vestido por uno de los costados. Usaba también unos zapatos altos del mismo color.

-¡Luces preciosa, mamá!

-¡Eres la mamá más linda en todo el mundo!

-Bien. Entonces supongo que ya estoy lista.

-Aun no.- objetó Kotoko. -Dejarás que me encargue de tu cabello.

La jovencita empujó suavemente a su madre hasta su propia habitación hasta sentarla frente a un pequeño tocador. Luego comenzó a cepillarle el cabello mientras preparaba algunos instrumentos. Kotoko parecía muy concentrada mientras se entregaba a la labor. Tsuneo miraba con atención. Haruhi esbozó una ligera sonrísa al pensar que su hija había heredado de su padre el sentido de la estética.

Kotoko comenzó alisando el cabello de Haruhi, luego tomó los mechones de los costados y los unió haciendo una pequeña coleta que caía con el resto del cabello en la nuca. Sólo un ligero mechon caía sobre la frente de su madre, el cual sometió a un rizador. Cuando determinó que estaba lista, la niña la miró con detenimiento y luego sonrió con satisfacción, dando así su aprobación.

-¡Ahora sí estás lista!

-¡Hermana, lo hiciste muy bien!

-Te lo agradezco, cariño. Ahora debo darme prisa.- dijo Haruhi.

El timbre de la puerta hizo un llamado. Tsuneo se apresuró a atender. Ryouji acababa de llegar para hacerse cargo de los niños.

-Mamá irá a una cita, abuelo.- comentó el niño en un susurro en cuanto saludó a Ranka.

-Lo sé.- le respondió en voz baja.

-Gracias por venir, papá.- le dijo Haruhi mientras se acercaba a darle la bienvenida.

-¡Vaya! ¡Pero sí que han hecho un buen trabajo estos niños! ¡Luces muy bien!- expresó Ranka con exagerada alegría al verla.

Casi de inmediato, el timbre de la puerta volvió a sonar. Esta vez fue Haruhi quien atendería el llamado.

-Seguramente es Kyouya.

En efecto, el heredero Ootori estaba detrás de la puerta. Él tuvo que contener su asombro al verla. La mirada de Kyouya no pudo evitar recorrerla de arriba a abajo. Ese vestido tenía un escote ligero, se ceñía a su cintura permitiendo ver con claridad sus formas. Era increíble ver lo que dos embarazos habían hecho de ella. También estaban aquellos delgados tirantes que dejaban al descubierto la suave y blanca piel de sus hombros.

-¡Bienvenido! Pasa, por favor. Nos iremos enseguida.- le indicó ella al recibirlo.

-Gracias.- respondió el heredero Ootori, sin salir del todo de aquel trance.

Cuando ella dio media vuelta, Kyouya tuvo que pasar saliva al notar que el vestido dejaba su espalda completamente al descubierto.

-¡Papá!- gritóTsuneo mientras se aproximaba corriendo a sus brazos.

Kyouya lo recibió, cargándolo con cierta dificultad.

-¡Vaya que eres enorme! Pronto ya no podré levantarte.

-¡Feliz cumpleaños, papá!- lo felicitó el niño mientras le entregaba una tarjeta.

Cuando él la abrió, vio un simpático dibujo infantil donde se apreciaba al mismo Kyouya junto a algunos superhéroes como Batman, Superman y el Hombre Araña, que eran la nueva afición del pequeño. El heredero Ootori sonrió complacido.

-Gracias. Me ha gustado mucho.

-¡Tío Kyouya!- saludó Kotoko acercándose a ellos. -¡Feliz cumpleaños!- agregó mientras le daba un cálido abrazo que él correspondió de buena gana.

-Ya podemos irnos.- anunció Haruhi. -Niños, su abuelo tendrá la cena lista pronto. Sean buenos con él, ¿de acuerdo?

-Sí, mamá.- convinieron ambos jovencitos.

-Bien. ¡Los adoro!- agregó depositando un beso en la mejilla de sus hijos.

Kotoko y Tsuneo los acompañaron hasta la salida. Vieron cómo Kyouya abría la puerta del coche para su madre y le ayudaba a entrar. Luego él tomaba su lugar dentro del vehículo. Cuando el auto encendió sus luces y comenzó a ir en reversa, los niños agitaron sus manos en señal de despedida.

-¡Diviértanse!- gritaron los chiquillos.

Cuando el coche desapareció de su vista, Tsuneo y su hermana compartieron una mirada y sonrieron. Su idea parecía haber funcionado como esperaban.

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Luego de conducir unos minutos en silencio, Kyouya carraspeó un poco antes de poder hablar.

-No tenía idea de que la reunión exigía mayor...formalidad. De ser así, hubiese elegido algo más de mi guardarropa.

El heredero Ootori vestía un pantalón oscuro y una camisa blanca ligeramente arremangada.

-¡Oh, no! Luces muy bien así. Esto ha sido idea de los niños.- admitió, un poco apenada.

Los labios de Kyouya se curvaron ligeramente. Aun sin pretenderlo, Kotoko y Tsuneo podían ser casi tan malévolos como Hikaru y Kaoru. Ver a Haruhi vestida de ese modo había logrado ponerlo bastante nervioso. No dejaba de pensar en lo mucho que le gustaría acariciar aquella suave piel. Hacía un gran esfuerzo por contenerse.

-Por cierto, he leído el diario esta mañana. La celebración que preparó tu familia sí que fue un gran evento.

-Sólo ha sido una formalidad en realidad.- respondió Kyouya tratando de no hacer evidente su fastidio. Su padre había aprovechado el festejo para presentarle tantas mujeres como fue posible. - Como sea, la situación con mi familia es...algo tensa por ahora.

-Lo siento. No tenía idea. ¿Hay algo que pueda hacer por ti?- preguntó Haruhi con genuina preocupación, colocando una mano sobre el antebrazo del heredero Ootori, causándole un ligero cosquilleo.

-No. No quiero que te preocupes. Lo resolveré.- concluyó Kyouya sonriendo con cansancio. Ella le devolvió el gesto.

Ambos se sumieron en un cómodo silencio, un silencio cómplice, pacífico. Continuaron así el resto del camino.

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El viaje les había llevado un par de horas. Haruhi miró por la ventana maravillada. El monte Fuji estaba lo suficientemente cerca que se podía apreciar con total claridad.

-Es un lugar muy bello.

-Este sitio cuenta con una agradable zona turística. Aunque solo he pasado tiempo aquí muy pocas ocasiones.

La familia Hitachiin había comprado un yate que mantenían en uno de los muelles del lago Shoji. Hikaru y Kaoru habían ofrecido de buena gana la embarcación para hacer la reunión. Sería algo bastante íntimo. Solo los antiguos miembros del club de anfitriones y sus parejas. Cuando Haruhi y Kyouya llegaron ya todos se encontraban presentes.

A Mori le acompañaba Chiharu, su esposa. Era una chica amable y nada tímida, con una sonrísa bastante agradable. Él era por lo menos una década mayor, sin embargo, aquello no había sido un obstáculo para su relación. Llevaban casados casi siete años y tenían una niña pequeña, Matsuri. Mitsukuni llevaba a su esposa, la joven con la que apenas unos meses antes había contraído matrimonio. En su vientre florecía ya un evidente embarazo. Su nombre era Umi.

Por su parte, la acompañante de Hikaru era su novia Shiori. Su relación había durado ya poco más de dos años y comenzó luego de un periodo de soltería del mayor de los gemelos. Aquella muchacha no provenía de una familia adinerada. Él la había conocido durante una pasarela en la que se exhibía una colección de los hermanos Hitachiin. Ella era modelo. Hikaru había quedado cautivado desde que sus miradas se habían cruzado. Haruhi recordaba con una sonrísa la tarde en la que su amigo le había dicho, con el rostro completamentente sonrojado, "Creo que me he enamorado de una plebeya."

Kaoru no tenía compañía. Su novia, Yumiko, se encontraba en Alemania cursando su último semestre en la carrera de medicina. A pesar de eso, él se encontraba de bastante buen ánimo. Ambos parecían manejar bien la relación a distancia.

Todos ellos le daban a Kyouya una cálida bienvenida con sus sinceras felicitaciones. Como era de esperarse, los gemelos y Mitsukuni habían comenzado con las bromas y el alboroto. Aunque habían pasado ya varios años, el heredero Ootori aun era capaz de sentirse cómodo con aquello. Resultaba sencillo para sus antiguos amigos crear un ambiente ameno y agradable.

Las horas comenzaban a correr entre alegres charlas. Se habían hecho varios brindis a la salud del festejado. Kyouya apenas bebía de su copa vino, hacía girar el contenido en todo alrededor del recipiente. Su mirada se posaba discretamente sobre Haruhi de tanto en tanto. La veía mientras conversaba con Chiharu y Umi, al parecer acerca de sus experiencias con el embarazo. La miraba reir reservadamente ante algunos comentarios.

Mori se acercó al joven Ootori hasta quedar a una prudente distancia.

-¿Cuando piensas decírselo?- preguntó Takashi en voz baja, lo suficiente para que él lo escuchara.

-¿A qué te refieres?- replicó Kyouya, sin inmutarse.

-A Haruhi. A tus sentimientos por ella.

Kyouya negó con la cabeza mientras sonreía con amargura.

-Puedes pretender que no sucede nada, pero en el fondo sabrías que no es así.- expresó Mori, serenamente.

-No creo que necesite escucharlo.

-¿Por qué has tomado tú esa decisión? Ella debería ser capaz de decidir si debe o no corresponder a lo que sientes.

-No veo necesidad de complicarle más las cosas.

-Ya han pasado más de seis años. Haruhi parece lista para continuar.

-Tomaré en cuenta tu consejo.

-Sólo...no la hagas esperar demasiado. La vida se va poco a poco...y ella también necesita ser amada.

Entonces Takashi se alejó, dejando al heredero Ootori sumido en sus confusos pensamientos.

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La celebración y el buen ánimo continuó mientras las horas transcurrían. La noche se iluminaba con luces lejanas provenientes de la zona hotelera al otro lado del lago. El viento otoñal soplaba con tranquilidad, refrescando el ambiente. Las aguas se mecían suavemente. Kyouya permanecía inclinado contra la baranda, en una de las orillas de la embarcación, con la mirada a lo lejos, enfrascado por completo en sus pensamientos.

Haruhi se acercó al heredero Ootori, quedando a su lado, tan cerca que casi podían tocarse.

-Es un lindo lugar, ¿no es así?- dijo ella.

-Lo es. Se respira tranquilidad.

-El lago luce hermoso con todas esas luces reflejándose sobre sus aguas.

-¿Te gustaría dar un paseo por la orilla?

Haruhi pareció desconcertada un momento, luego sonrió.

-Sí, me encantaría.

Kyouya y Haruhi bajaron del yate dejando atrás el sonido de risas y animadas charlas. Nadie pareció darse cuenta de la salida de ambos. Cruzaron el muelle y se dirigieron a la parte baja cercana al agua. Comenzaron a alejarse de la embarcación poco a poco. Haruhi no dejaba de sonreír mientras el fresco viento les soplaba sobre el rostro. Él la miraba en silencio, solo contemplando su belleza, viendo como la brisa ondeaba su cabello y su vestido.

La joven continuó caminando. Kyouya se detuvo un instante, provocando que se formara algo de distancia entre ambos. Haruhi se volvió para mirarlo y le sonrió con dulzura, provocando que su corazón se agitara. Cuando ella estaba por avanzar, un paso en falso le hizo perder el equilibrio. El heredero Ootori se apresuró hasta ella para intentar detener su caída. La sostuvo del brazo derecho, sin embargo, la fuerza con la que ella se desplomaba terminó por arrastrarlos a los dos.

Kyouya había caído sobre Haruhi, siendo apenas capaz de sostener parte de su peso. Las piernas de él acabaron a ambos lados de la cintura femenina. La mano del heredero Ootori aun sostenía el antebrazo de ella. Sus rostros se encontraban uno frente al otro, a muy poca distancia. Era una pocisión muy comprometedora...y bastante familiar.

Las miradas se encontraron, perdiéndose una con la otra. Sus agitados alientos comenzaban a mezclarse. Los labios de Kyouya se acercaban a ella, haciendo que sus latidos se agitaran. Las mejillas de Haruhi estaban completamente enrojecidas. Antes de que los labios de ambos se rozaran, la cordura pareció llegar a él. Kyouya detuvo su avance y su rostro mostró un evidente sufrimiento. Él cerró los ojos y dejó que su frente bajara hasta posarse sobre el hombro derecho de ella, confundiéndola.

-¿Kyouya?- le llamó Haruhi, sin salir de su desconcierto.

Él no se movió. Su rostro continuaba hundido en la piel femenina, aspirando su aroma.

-¿Te encuentras bien?- insistió ella.

-Déjame estar así...solo un poco más...por favor.-pidió Kyouya. Su voz había sido casi un ruego.

Haruhi pudo percibir el dolor en su voz, sintiéndose conmovida. Levantó su mano derecha y la colocó sobre la nuca de Kyouya, acariciando su cabello con suavidad. Ninguno de los dos hizo el mínimo intento por levantarse. A lo lejos, Mori y Mitsukuni veían lo ocurrido.

-Parece que al final, no ha sido capaz de decírselo.- dijo el rubio antes de que ambos dieran media vuelta para darles algo de privacidad.

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¿Qué tal? Hasta aquí el capítulo de hoy. Espero que haya sido de su agrado, si es así, no duden en hacer llegar sus comentarios. Serán bien recibidos. En fin, agradezco mucho a quienes leen, especialmente a Sofitkm (espero que te guste el capítulo) y a mutemuia (gracias otra vez, disfruta el capítulo nuevo) por sus reviews que llegan lealmente capítulo a capítulo.

Nos leemos pronto.