Hades ha llegado al límite de la paciencia con la inseguridad de Violate y Aiacos. Hora de intervenir. Conste: esos dos tuvieron la oportunidad de arreglarlo por las buenas, pero como no lo hicieron, lo harán por las malas. ¡Y las malas son estrechas!
¡HOLA A TODOS! A estas alturas, en el Santuario de Athena, los eventos del quinto capítulo del fic Nec Spe, Nec Metu se están desarrollando. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!
Capítulo 23: Intervención nivel Hades
Giudecca. Palacio de Hades. Gran Salón.
Tres días después. 25 de mayo. 9:00 horas.
La ceremonia que se estaba llevando a cabo en el Gran Salón del palacio no tenía otro fin sino celebrar la victoria sobre los Señores de Xibalbá, que habían sido muertos la semana anterior y cuyas almas, como medida de seguridad, se encontraban selladas en una calavera de zafiro, que sería lanzada a lo profundo del tártaro en cuando atrapasen a los malditos que faltaban. Todos los espectros sobrevivientes, heridos o ilesos, se encontraban allí, con sus sapuris lustrados y brillantes, esperando que diera inicio la ceremonia y los discursos. Los dioses del Inframundo lucían sus mejores galas y las pequeñas princesas, en brazos de sus padres, se veían como muñequitas. Luego de las formalidades, tenían listo un banquete en el que esperaban comer y beber hasta perder la conciencia, si es que podían.
Era un día muy alegre. Excepto para dos espectros.
Hades simplemente tuvo un tic en el ojo al notarlos e ignoró olímpicamente a Eurídice, que le daba palmaditas en el rostro. Volvió a mirar a su espalda, solo para ver a esos dos que miraban en direcciones contrarias sin atreverse a girar la cabeza, mientras una profunda pena, tan presente que hasta él se daba cuenta, los rodeaba y aprisionaba. Resopló molesto y sacó algunas conclusiones: la idea de haber puesto a Violate como capitana de la escolta personal de Perséfone había sido lo acertado. Eso le había permitido a la espectro mejorar en muchos aspectos, aunque la lejanía de Antenora le había restado puntos de alegría. Tanto ella como Aiacos se habían echado (horriblemente) de menos. Si bien esto les había motivado a buscarse, solo se encontraron para meter más las patas, lo que sin duda había sido muy contraproducente. Como notal mental, tenía que darle un puñetazo a Radamanthys por insinuar que no durarían tres días alejados: Aiacos y Violate eran más porfiados que eso. Tercero… debió hacerle caso a la sugerencia que la diosa Afrodita le hiciera desde el principio.
Era hora de una intervención divina.
Rápidamente intercambió una mirada con Perséfone, quien supo en seguida que esposo tramaba algo, y la convivencia de miles años le hizo saber exactamente qué pretendía. La diosa asintió con la cabeza, en completo apoyo. Hypnos, que no se perdía detalle, creyó estar viendo una escena de la película "300": rápidamente le hizo una seña a Thanatos y a Pasitea para que prestaran atención.
Hades giró sobre sus talones y avanzó hacia los espectros que tenía en mente, justo antes que empezaran los discursos. Pandora, al darse cuenta y en su calidad de maestra de ceremonias, contuvo todo.
"¡AIACOS, VIOLATE!"
Toda la atención se concentró rápidamente en los aludidos, quienes al escuchar la voz de su señor, se pusieron firmes por unos segundos, antes de arrodillarse en sumo respeto ante el dios el Inframundo.
"Ordene, mi señor Hades." Dijo Aiacos, acomodando a Benito en sus brazos.
"Minos de Griffin… errr… no. Mejor Pandora… nah. ¡Kagaho de Bennu!: toma a Benito de los brazos de Aiacos y cuídalo con tu vida." Ordenó Hades muy serio. Por perplejo que se haya puesto, Aiacos apenas tuvo energía para protestar cuando Kagaho se acercó y tomó al niño de sus brazos, sonriéndole lastimeramente como forma de disculpas. Cuando se lo hubo llevado, Hades carraspeó. "¡De pie los dos!" Exclamó Hades, acomodando a Eurídice entre sus brazos. "¡Me Tienen Harto! De verdad Ya No Los Soporto, Ni A Ustedes Ni A Toda La Tensión Que Están Arrastrando. ¡Violate: de Pie Junto a Aiacos! Más. Cerca."
La espectro sintió un vacío en el pecho, pero fue incapaz de desobedecer la orden directa. Se le erizaron todos los pelos de la piel cuando estuvo junto al juez. Desde que había cambiado de jefe directo que no estaban tan cerca (y los combates de los días pasados no contaban). Aiacos aguantó la respiración.
"¡Así están bien! Ahora bésense." Gruñó Hades de mal humor, gesticulando con las manos.
"¿Qué?"
"¿Cómo?"
"¡Que se besen!" Ladró Hades de nuevo. "No me hagan explicarles con dibujitos. Aiacos, vas a besar a Violate, y Violate se va a dejar. ¡Y A Los Dos Les Va A Gustar!"
Todo espectro en el Gran Salón de Giudecca estiró el cuello, viendo como Aiacos y Violate palidecían. Algunos comenzaron apuestas, otros no se perdían detalles. Minos y Radamanthys casi taladraban agujeros en la cabeza de Aiacos y cruzaban los dedos tras sus espaldas.
"Fue una orden, no una sugerencia." Gruñó la taciturna deidad.
Aiacos tragó saliva y miró de reojo a Violate, quien no podía controlar el tic nervioso en su ojo izquierdo. Inspiró con fuerza, sin pensar en nada y le dio un codazo a la mujer. Violate apenas giró el rostro para ver al juez, y tragó saliva. En un rápido movimiento, agachó la cabeza y le dio apenas un piquito en los labios, antes de volver a ponerse firme, pálido de espanto y vergüenza. Violate no estaba mucho mejor.
¡Qué Anticlimático!
"¿Eso nada más?" Se lamentó Hades estupefacto.
"Ordenanza Para el Régimen, Disciplina, Subordinación y Servicio de los Ejércitos de Espectros de Hades, Capítulo Segundo, Artículo Tercero: Si bien las relaciones interpersonales, ya sean de amistad, camaradería y amor no están prohibidas, estas quedan restringidas dentro de los límites de la decencia y nunca de manera abierta, menos frente a nuestro señor Hades. En caso de que nuestro señor Hades ordene a una pareja de espectros una demostración pública de afecto, esta será breve, casta y de duración no superior a dos segundos." Recitó Lune de Balrog de repente.
Se produjo un silencio tal, que bien habría podido oírse un alfiler cayendo al piso. Lune, al sentirse centro de la atención, tragó saliva y retrocedió un par de pasos, ocultándose detrás de Minos, ruborizándose por completo.
"Solo obedecemos la ordenanza, mi señor." Explicó Aiacos en voz bajita, sintiendo agujas en los labios allí donde los suyos rozaron los de Violate.
Si no hubiera sido por la ordenanza, y el público allí presente, se la hubiera comido a besos ahí mismo.
"¡Patrañas! Me Hartaron. ¡Ustedes Se Lo Buscaron!"
Los ojos de Hades resplandecieron y el dios elevó su cosmo, haciendo flotar sus cabellos detrás de él, lo que pareció fascinar a Eurídice. Los sapuri de ambos espectros abandonaron sus cuerpos. Si bien estaban vestidos, tuvieron la sensación de desnudez, por lo que no pudieron reprimir el impulso de cubrirse con las manos. Sin embargo no alcanzaron a hacer mucho más, pues ambos desaparecieron con dirección desconocida.
El tic nervioso del dios solo desapareció cuando sintió las manitas de su hija sobre su rostro. Notó entonces que todos los espectros los miraban. Perséfone ladeó la cabeza.
"¿Y bien? ¿Quitaste la puerta al menos?"
"Sí. De ahí no salen hasta que resuelvan todo eso." Hades se acomodó a la beba y siguió caminando. "Vamos que aún tenemos cosas que hacer."
Antenora. Despacho de Aiacos… Err… Armario de suministros de oficina.
En esos momentos.
Había durado un instante apenas. Hacía un segundo que estaban ante Hades y al siguiente ahí encerrados. Aiacos reconoció enseguida el interior del armario donde guardaba sus útiles de escritorio, pero por más que daba golpes contra la puerta, menos se convencía que esta no existía: había desaparecido. Se sentía estrecho. Muy estrecho. Si bien era un armario de suministros de buen tamaño para el fin que estaba concebido, apenas cabía una persona y media adentro, y eso siendo amables. ¡Estaba tan estrecho! Apenas se podía mover, ya algunos útiles le habían caído en la cabeza con sus aspavientos. ¿Qué era lo que le presionaba el pecho y no… dejaba de… moverse con incomodidad? Ah sí, era cierto. No estaba solo. Aguantó la respiración. A duras penas levantó la mano, pasando a llevar algo blandito que intentó apartar con el otro brazo, aunque por la estrechez no se podía mover casi nada. Le dio un apretoncito poco. Encendió la lamparita, tirando del cordelito y…
¡POR HADES Y TODO EL INFRAMUNDO!
"¡Violate!" Exclamó en un susurro mortificado.
Se puso de color blanco. Violate lo miraba con ansias asesinas, pero enrojecida como un semáforo. Notó que lo blandito que sujetaba, y a lo que le había dado un apretoncito, no era otra cosa que sus… errr… bueno… su personalidad, y que por lo estrecho del lugar… err, no tenía otra opción. Aiacos se puso azul, mientras trataba de mantener la compostura. Era un juez del Inframundo en una posición muy incómoda (tenía que soltarle la delantera a Violate) y de alguna manera tenía que portarse como el caballero que era (sentía el contorno de las formas de la espectro contra su cuerpo) y no deslucir, pues además era padre de familia y tenía que dar un buen ejemplo (¡Violate se veía tan preciosa ahí apretada contra él!), por mucho que Benito no fuera a sobrevivir los tres años.
¡POR TODO EL AVERNO! No era de palo, en serio. ¡¿Qué clase de tortura era esta?!
Violate estaba tan linda. La tenía tan cerca. Podía oler su perfume y notaba como su torso subía y bajaba a medida que respiraba. Era evidente la urgencia de Violate por alejarse, la tensión de su musculatura que tenía tan cerca, pero como él, estaba atrapada sin poder moverse. Nunca la había tenido tan cerca, excepto cuando entrenaban, pero allí el contacto era breve y violento, sin acceso a la mujer, su ex ala derecha. ¡Ahora la tenía tan cerca! Podía ver los detalles de sus ojos, como entrecerraba la boca, como los contornos de ambos limitaban uno contra el otro. El roce de la piel, el particular aroma tan personal de ambos. Aiacos casi podía oír como su sangre fluía a raudales por las venas, impulsada por sus potentes latidos de… momento…
Hey…
… No. NO. ¡Ahora no! Sintió frío en el espinazo y aguantó la respiración. Comenzó a sentirse más incómodo que nunca y se vio en la urgente necesidad de restringir sus actitudes. ¡Tenía que Gobernarse! Toda su fuerza de voluntad se enfocó en disciplinar sus reacciones. Cierto, no era de palo, pero ¡Ahora no era el…!
¡Momento!
¿Desde cuando Violate tenía tanto…? Err… ya saben. Airbag por delante. ¿Acaso el Sapuri se lo aplastaba todo? Eso tenía que doler. Y sí, era blandito, pero firme al mismo… tenían una linda forma, al menos lo que estaba tocando.
Los dos se pusieron de una bonita tonalidad azulina al notar que las manos del juez parecían tener voluntad propia y trataron, en vano, de alejarse, lo que solo provocó más fricción entre ambos. Sobre todo hacia la…
Aiacos tragó saliva: al Carajo Con La Auto Disciplina.
"¡AAAARGH! ¡ALÉJATE, ESPECTRO, ALÉJATE!"
Violate no podía sentirse más incómoda. Nunca, nunca había estado tan cerca de Aiacos, ni siquiera cuando entrenaban, al menos no de ese modo. Claro que esos meses lo había echado de menos, la lejanía que ella misma había buscado la mantuvo de un permanente mal humor. Ella era la Estrella Celeste de la Soledad, se suponía que podía soportar toda lejanía, pero… pero… sintió al juez tratando de alejarla, maniobrando sus manos y… ¡¿la estaba empujando por las…?! Enfurecida alzó la mirada justo en el instante en que Aiacos encendía la luz.
¡Esa mirada de Aiacos! Tan profunda, bonita y asustada, fijada solo en ella…
En defensa del Juez, éste estaba azul de espanto, pero no porque sintiera repulsión por ella, sino por la inevitable invasión de su espacio personal y respeto que le tenía a su físico. O eso quería creer. No era algo que disfrutaba, seguro, se había paralizado al encender la luz y verla tan cerca. Ella misma lo estaba, pero al mismo tiempo estaba demasiado consciente del hombre contra el que estaba presionada. Sus caderas, su agitación, ese aroma tan particular suyo, sus manos contra su anatomía… tentada estuvo de trazarle las abdominales. ¡No quería que la soltara nunca! Frunció el ceño, sintiendo como toda la sangre se le iba a las orejas y luego se le derramaba a las mejillas: ¡Nunca había dejado que un hombre le pusiera las manos encima de ese modo! Ni en combate ni en otro contexto. Cierto, al menos era Aiacos, pero aun así… Apretó los dientes e intentó anular la embriagante sensación de tener a su juez favorito tan cerca de ella, y quizás a su merced, pero justo en ese momento le estaba bajando una inoportuna sensación de modestia. ¡Ooooh, Minos nunca dejaría que se olvidara de esto! Estiró los brazos para intentar alejarlo, tratando de ayudarse con las piernas, pero solo consiguió frotarse más contra la musculatura y las caderas de su inesperado compañero de desventuras, lo que produjo una inesperada y placentera fricción.
Ninguno de los dos sabía si tenían o no permiso de disfrutarla, así que por si las dudas…
"¡Suélteme en este instante!" Exigió Violate sin dejar de retorcerse, en un desesperado intento de alejar al juez. "¡Señor Aiacos!"
"¡Detente!" Aiacos supo en ese segundo que eso era una idea muy mala moverse. Comenzó a angustiarse y a tratar de atajar las manos de Violate… aunque dado lo estrecho del lugar…
"¡No Hasta que me Suelte Primero!" Al menos no gritaba. Solo hablaba con firmeza. Punto a favor.
"No puedo, en serio, por favor. ¡Detente!" Suplicó Aiacos, morado.
"¡Está muy pegado!" Violate intentó alejarlo con las manos, pero ¡No había espacio! "Por favor, no me…"
"¡TE ORDENO QUE TE DETENGAS!"
Enfurecida, Violate volvió a mirar furibunda a Aiacos, pero no supo si estaba compungido o enfurecido. El juez levantó el brazo y apagó la luz, como avergonzado, pero la espectro alcanzó a notar que el pobre estaba demasiado mortificado como para mirarla a la cara… quizás se debía a que la sangre se le había concentrado en…
Ouh.
Ya comprendía. ¡Por Hades, Qué Vergüenza!
Bueno, al menos no era la única que se sentía igual. Violate volteó el rostro hasta donde se supone que debería estar la puerta, luchando por no respirar todo lo agitada que quería.
¡Por Hades y Perséfone! ¡Se quería morir de vergüenza! Momento incómodo. ¡Momento MUY Incómodo! ¿Qué se supone debía sentir? ¿Orgullo, recato o modestia?
"… lo lamento, señor."
"… solo… no te muevas."
"Que conste."
"¡Shhh!"
Aiacos se atrevió a bajar el brazo y lo apoyó contra la pared… en donde se suponía que debía estar la desaparecida puerta. Maniobró el otro brazo para llevarlo a su espalda. Inspiró profundo un par de veces, quizás para percibir la presencia física de Violate que se había quedado callada, muy quieta, y al igual que él trataba de sujetarse de las paredes. Ah, la linda Violate. ¡Siempre le obedecía! Incluso cuando ya no era su subordinada…
… Lo había protegido contra ese ataque y no había dejado que los esqueletos lo despedazaran. Había derrotado a Ahaltocob en su nombre, pero ya no le hablaba, no lo veía. Su ala derecha se había ido y lo dejó cojo, volando en círculos. ¡Y metió las patas! La ofendió mil veces, y no sabía como repararlo. ¡La echaba tanto de menos!...
… le picaban los labios. ¡La tenía tan cerca! ¿Y si inclinaba un poco la cabe…?
¡¿PERO QUÉ DEMO…?!
Violate eligió justo ese instante para empinarse y besarlo a él en los labios. ¡Ah, maravilloso alivio! Esto… esto era su elíseo personal. Se suponía que él debió haber empezado ese contacto, pero no se iba a quejar. Sintió las manos de la mujer sujetándole el cuello y él mismo se animó a imitarla con el suyo, atrapando incluso sus labios con los suyos en un autoritario, pero tierno gesto. Sentía la yema de sus dedos entre sus cabellos y la sensual silueta de su Violate contra el suyo. Deslizó una de sus manos desde sus mejillas hasta sus pechos, describiendo el contorno de la piel con suave dulzura. Se separaron un segundo para tomar aire, y arremetieron a un nuevo beso, disfrutando cada momento y caricia, cada invasión de sus labios y las caricias que le prodigaba a los suyos, cada…
¡LA PUERTA VOLVIÓ A SU SITIO!
Sin pensarlo dos veces, ambos le dieron un empujón a la puerta y explotaron hacia fuera, cada cuál por lados diferentes. Aiacos trastabilló hasta la ventana cercana y se sujetó allí del marco, tratando de bajar las revoluciones y no pensar en la incomodidad que sentía en esos momentos, mientras que Violate se alejó algunos cuántos pasos en dirección del escritorio, dándole la espalda, sujetando su pecho… tratando al mismo tiempo de calmar sus latidos.
Ambos sentían como si la piel les hirviera. Al mismo tiempo sentían que lo que había ocurrido dentro del armario era solo un sueño, una ilusión. Nada debió pasar entre ellos y en nada se quedaría.
"¿Está bien, señor Aiacos?"
"No… ¡Ya vete!"
"¿Puedo ayu…?"
"¡No! Lo empeoras."
"Lo lamento."
Aiacos miró por encima de su hombro, cruzando miradas con Violate por algunos instantes. La espectro tenía como esa aura rosa en las mejillas, pero no había ingenuidad allí. Inocencia sí, pero de la fiera, aquella que sabía bien qué era lo que estaba pasando y lo que había pasado con él, pero que nunca había llegado tan lejos. También la vio un poco agitada… y resignada. ¿Habría sentido lo mismo?
La espectro irguió la espalda y cortó el contacto visual. Recuperó la compostura y caminó hacia la puerta, dejando a Aiacos con la sensación de que si la chica salía, nunca más en la vida volvería a estar tan íntimamente cerca. Violate iría a ocupar su puesto como capitana de la escolta personal de Perséfone… y no volvería a dedicarle un minuto de su tiempo a él.
Lo iba a dejar solo. Aguantó la respiración. ¡No Lo Permitiría!
Es que si no salía ahora, Violate no podría soportarlo. Sabía que el juez se vio muy afectado por ella, del mismo modo que ella lo estaba, pero aun así seguía rechazándola, apartándola de su lado. Seguía siendo poca cosa: el centro de su universo era Hades, pero Aiacos era su mundo y el juez era su corazón. Prefería alejarse ahora que podía, pues había estado demasiado cerca de la llama… casi se había quemado. Esto dejaba una nueva cicatriz en su cuerpo, una que se le marcó a fuego en el corazón y que como toda herida fresca, ardía… le iba a costar cuidarla y sanarla… quería volver con Aiacos. Violate avanzó con dignidad hasta la puerta, sin darse cuenta que la seguían con timidez.
Aiacos tenía que detenerla. Tenía que resolver sus dudas, no podía dejarla ir. Casi sin pensarlo la siguió. ¡Era su Behemoth! Su ala derecha, por mucho que ella hubiera renegado de tal título. ¡Tenía que estar a su lado! No bajo la tutela de otro: si ella partía y lo dejaba, no soportaría verla todos los días sin poder estar con ella. Apretó los dientes y gruñó. Era uno de los tres jueces de Hades: no permitiría esta falta de respeto. ¡No de nuevo como el otro día a la salida de la mazmorra!
Necesitaba a su Violetita.
"¿Por qué te fuiste?"
"…"
"¿Por qué dejaste de ser mi ala derecha?"
"…"
"¡Violate! Responde."
La espectro no le hizo caso, y mordiéndose la lengua, siguió hasta la puerta. Pero apenas dio un paso, tuvo que obligarse a dar otro. Y otro. No podía caminar con facilidad, como si hubiera una voluntad que no quisiera que se alejara, pero no había ningún cosmo que se lo impidiera. Iba a dar un quinto paso cuando tuvo a Garuda frente a ella, sujetándola con sus manos.
"Me dejaste solo el otro día. ¡¿Por qué?! Responde. Nunca supe si me puedo ganar o no tu perdón… Eso me está matando." Aiacos la soltó con calma. "Si me lo pides, nunca más te molesto, pero al menos dame tranquilidad. Fui un imbécil… no te traté como merecías, pero créeme que no miento cuando digo que estoy arrepentido. ¡Por favor!"
"Yo estaba sola. Tenía toda mi atención, pero… Ud. no la quería. Seguí mi camino." Le dijo con toda honestidad. Aiacos la sujetó por el mentón. "Ciertamente me dolió que no confíe en mi. Tiene mi vida y mi apoyo, pero yo no tengo el suyo… quería que estuviera orgulloso de mi, tener un poco de su apoyo. Me hirió no tenerlo…"
"¿De donde sacaste que no tenías mi apoyo? Sé que te ofendí más allá de toda reparación de mi parte, pero… te extraño, Violate. No sabía que no podía vivir sin ti… No te valoré. Merezco que me dejes solo." Aiacos le acarició el rostro. "Benito también te echa de menos… no debí asustarme cuando te vi con él." Se apuró en añadir, como si mencionar tal cosa mejorase sus posibilidades de ser perdonado.
"¿Temía que le hiciera daño a Ben?" Preguntó Violate engrifándose.
"¡No! Err… pasa… lo que pasa es… es… ¡Es que te vi preciosa y temí no poder manejar eso! Me asaltó un anhelo poderoso que no sabía que tenía y no supe manejarlo, o saber qué era. Además que me afectó: estuve como media hora en la ducha fría." Admitió a la rápida, arrepintiéndose ni bien terminó de hablar. Apartó el rostro avergonzado y se rascó la nuca. "Me di cuenta que eras una mujer muy bella… O sea, no es que no lo hubiera notado antes, es… solo… solo…" Aiacos suspiró, harto de no poder explicarse. "No quería perderte."
"¿Creyó que me perdería?"
"Te vi delicada, maternal. Por instantes te imaginé entre mis brazos y todavía no me puedo quitar esa imagen de la cabeza. Verte con Benito fue… como una epifanía"
"Pero aun así me alejó…" Violate tragó saliva y tuvo la impresión que nunca podría quitarse el sonrojo. "¿En serio piensa así de mi? Señor Aiacos, ¿por qué entonces me trató tan mal?"
"Porque como comprobaste, soy un idiota." Reclamó Aiacos levantando los brazos. "Nunca he estado en situaciones así. ¡Entré en pánico!... No quería arruinar lo que tenía contigo." Aiacos frunció el ceño. "¡Me dejaste sin ala derecha! Eso no se hace. ¿Por qué te fuiste sin contarme como te sentías? Creo que si lo hubiéramos hablado… nos habríamos dado una buena paliza, pero… habría terminado escuchándote. ¡Eres mi ala derecha! La mortal en quien más confío, ¿cómo no escuchar lo que decías?"
"Habría sido una pelea entretenida."
"Claro que sí. Nada como sacarse el estrés a golpes."
"Luego una queda livianita para conversar."
"Debimos haber hecho eso."
"Ya fue." Admitió Violate. "Yo debí ser más valiente. Me asusté verlo también bajo otra luz… Cuando adoptó a Benito… Me causó una impresión profunda… yo… quería ayudarlo de alguna manera. Tampoco fui asertiva."
"Hicimos todo mal. Y encima te fuiste, pero eso era necesario. Porque fui un imbécil y porque nadie mejor que tú para el puesto de capitana de la escolta."
"… Tenía que alejarme y seguir mi camino. No vi otra alternativa: también me asusté. Puedo hablar cualquier cosa con usted, pero esa no podía. Señor Aiacos: ¡Siempre seré su apoyo! Siempre estaré ahí cuando me necesite. Nunca lo dejaré solo. Si no eso no fuera verdad, lo habría dejado morir,… es solo que no puedo estar cerca de suyo y que… me rechace. También necesito sentirme querida: Eso me asusta."
"Te echo de menos.
"Yo también lo echo de menos a usted."
Violate apartó la cabeza con orgullo, mirando hacia un lado. No era buena con estas confesiones. Sí, se sentía mejor, pero demasiado femenina. ¡Seguro sonó como tonta necesitada! Como esas mujeres que son capaces de aguantar que les peguen, con tal de no quedarse solas. ¡No era así! No podía explicar su necesidad de Aiacos, pero sí entendía que lo necesitaba… que lo amaba.
"Perdóname Violate." Le dijo el juez en susurros.
Sintió una caricia en la mejilla, y unos dedos que atajaban algo de la orgullosa humedad que brotaba de sus ojos. Alzó sus ojos hacia el juez, quien la miraba con intenso orgullo.
"¿Buscas tu propia ala?" Le preguntó Aiacos casi en un susurro, como temiendo que se le quebrara la voz. "¿Un ala que te haga sentir lo que me hiciste sentir hace un rato en el armario y que siempre me harás sentir?"
"¿Acaso me encuentra atractiva?"
"¿Atractiva? No. ¡De Rechupete mejor dicho!" Afirmó Aiacos sin dudar, muy sonrojado. Al menos logró incomodar a Violate. "¡Perdóname o acaba con mi vida, mujer!"
"… Tú eres mi ala, Aiacos, la única que quiero." Respondió Violate del mismo modo, sujetando aquella mano, bajando la mirada, mordiendo sus labios, tuteándolo por primera vez desde que se conocían. "Te perdono." Aiacos suspiró aliviado, aunque no sabía porqué. Apoyó su frente contra la de ella y cerró los ojos, abrazándola con fuerza en el proceso, trazando cada uno de sus contornos. "¿Q–Qué hace?" Preguntó perpleja: no esperaba un tratamiento así.
"Siento a mi ala derecha, percibo su fuerza y el calor que tiene dentro de sí, su vida y su muerte. Me gustaría que mi ala bonita supiera lo mucho que la extraño, que necesito su presencia. ¡Nadie es digno de ocupar su vacío! Pero no quiere ser mi ala. Mi Violetita ya no quiere ser mi alita." Entonces la dejó ir, y la miró muy serio. "Preferiría morir por tu mano a que me dejes morir así, solo. Nunca te olvides de eso. Si te vas a ir, hazlo ya… respetaré eso, y no te molestaré. Aunque elijas otra ala."
Violate se soltó y retrocedió un paso… y luego otro, y otro. El juez la miró severo y apretó la mandíbula, como esperando que saliera de su despacho y se llevara con ella su corazón. Pero no: levantó ambos ojos sorprendido cuando la mujer arrugó la mirada y avanzó, un paso y luego otro, hasta estar frente a él, con las manos en las caderas.
"¡¿Acaso No Te Dije Que Tú Eres Mi Ala, Tontorrón?!" Gruñó la espectro, antes de darle un buen empujón. "¿Tienes idea de lo soberanamente cursi que acabas de sonar con lo que me dijiste? ¿Cuál es tu maldito problema? ¡DETESTO lo cursi!"
"Más o menos. Pero no estoy pensando bien." Aiacos sonrió burlonamente, señalando con la cabeza aquél pequeño armario de suministros. "Me siento algo incómodo." Confesó lo más sinceramente que pudo.
Inspirando aire, Violate levantó la mano con timidez y la puso sobre el hombro de Aiacos. Se acercó poco a poco hasta que encontró refugio en ese pecho, abrazándolo y dejándose envolver por ese latido ajeno que podía sentir bajo su piel. Aiacos no tardó en rodearla con los brazos y ambos se fundieron en un postergado y amoroso abrazo. Ninguno quería estar en otro lado que no fuera allí.
"¿Sigues necesitando ayuda con…?" Preguntó Violate al cabo de unos segundos, sonrojada, pero decidida. "Ya sabes."
"Solo si quieres volver a ser mi ala. Si no, no quiero nada." Protestó Aiacos.
"Nunca he dejado de ser su ala, señor Aiacos. No sé de dónde sacó que había renegado de eso: me costó ganarme ese título." Aún en el abrazo de Garuda, Violate miró molesta hacia arriba. "¡No voy a renegar de eso ni a permitir que se lo dé a otra mujer!"
"A menos que en un futuro, esa otra mujer te llame mamá." Le dijo Aiacos muy picarón, sonrojando a la espectro. "Pero eso sería un título compartido y tú tendrías privilegios."
"¡Señor Aiacos!"
"¿Entonces eres mi ala?"
"¡Que Sí Lo Soy! Soy su ala, mi señor Aiacos." Gruñó Violate. "¡Ya deje de decir cursilerías!"
"Oblígame."
Aiacos tomó a Violate en brazos, sorprendiéndose al notar que la espectro se dejaba. Ésta recostó la cabeza sobre su hombro. Con algo de esfuerzo, en serio no estaba tan cómodo que digamos debido a ciertas molestas al sur del ombligo, el juez se regresó al armario con la mujer en brazos y ambos entraron de nuevo ni bien los pies de Violate rozaron el suelo. Ni se mosquearon cuando la puerta volvió a desaparecer.
"No me molestan las cursilerías en relación a la elección de los lugares para… ¡MMPFHR! ¡Aiacos!"
"¡Cállate y ayúdame con esto, mujer!"
"¡Oblígame!"
Desde fuera se oyó un sonoro beso, y tras un ligero forcejeo… no volvieron a oírse ruidos desde el interior del armario. Al menos no de los llamativos o violentos. En Giudecca, por encima de la reunión y de las celebraciones en los que se sumergían los espectros, Hades y Perséfone intercambiaron una mirada sabihonda y se sonrieron cómplices.
Por lo visto… Afrodita sí tenía razón. Hicieron una libación en honor de dicha diosa y comenzaron a fangirlear emocionados.
"Yo creo…" Comenzó diciéndole Minos a Radamanthys. "Que mejor le sugiero a mi Ingridcita que hagamos una boda doble con Aiacos y Violetita."
"Hmpf." Radamanthys se peinó la uniceja. "Y yo creo que mejor les pasamos un limón para que muerdan."
"¿Un limón? ¿Para qué?" Preguntó Pandora de mal humor.
"Para que se les borre la sonrisa. Me irritan las sonrisas." Explicó Radamanthys con un suspiro de mártir. Pandora le dio un zape.
"Mejor voy a ver a Kagaho, por si necesita ayuda con Benito." Dijo Pandora de mal humor, mientras se alejaba a pisotones
"¡Dile a Ben Que Capacito se Convierta en Hermano Mayor!" Exclamó Minos con mucha alegría. Radamanthys lo miró con cara de circunstancias. "¿Qué?"
El juez de Wyvern simplemente se masajeó las sienes y se alejó en pos de otro vaso de whiskey.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Clausura.
¡No hay adelanto!
Nota Mental: Esta escena estaba escrita desde enero y no tienen idea como disfruté publicarla. Cierto, tuvo modificaciones, pero en esencia es tal cuál la ven. Jejejeje, esos dos nunca más volvieron a ver ese armario de la misma manera. MENOS MAL que Minos no sabe en donde los encerraron, porque de lo contrario, nunca dejaría de señalarlo. Y seeeeeee… ya llegamos casi al final… casi sin darme cuenta. Por cierto, ya quedan dos capítulos para el final. Pero FEAR NOT!, tengo una miniserie escrita y terminada. Solo tengo que acabar las otras dos (la de Phantasos y Rada), pero para allá vamos =D. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.
SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. Son como siguen:
1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.
2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.
3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.
4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.
5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.
6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.
