Capítulo 6 - Contra todo pronóstico

-Bienvenido, señor.- saludó una comitiva de empleados en cuanto Kyouya cruzó las puertas de la mansión Ootori, despojándose de su abrigo negro.

Él asintió como respuesta, avanzando en medio de reverencias.

-¡Vaya! Había comenzado a olvidar que tenía un tercer hijo varón.- dijo una elegante mujer mientras bajaba la larga escalera hacía el salón de recepción.

-¡Por favor, madre! ¡Hoy no! He estado ocupado.- rogó Kyouya con una sonrísa cansada, una vez que hizo su reverencia.

-Al menos esta vez has tenido la decencia de acompañarnos a la cena de Navidad.

-Kyouya.- llamó la grave voz de Yoshio desde el piso superior. -Necesito hablarte. Acompáñame un momento.

El heredero Ootori apretó discretamente la mandíbula. Había esperado que su padre no notara su presencia sino hasta que llegara el resto de la familia.

-Con tu permiso, madre.- se excusó el joven antes de pasar a su lado para comenzar a subir por la escalera.

Tomó el camino que había recorrido ya tantas veces, hacia el despacho de su padre. La puerta se encontraba entreabierta. Cuando Kyouya entró, Yoshio lo esperaba de pie frente a su escritorio, vertiendo un poco de vino en el interior de una copa. El mayor levantó la botella, indicando una invitación a su hijo.

-Te lo agradezco, padre, pero no me apetece.- respondió él, mientras cerraba la puerta tras de sí.

-Toma asiento, Kyouya.- le indicó, haciendo lo mismo.

El heredero Ootori obedeció, completamente tenso. Sabía con desagradable certeza cuál era el asunto del que Yoshio quería hablarle. Esperó a que su padre diera un ligero sorbo a su bebida. Permanecía en silencio, esperando las palabras que no tenía deseos de escuchar.

-Kyouya, hay un viejo amigo, un antiguo socio, de hecho, que vendrá a visitarnos pronto. Matsuo Yamada, seguro lo recuerdas.

-Sí, lo recuerdo.

-Su hija acaba de terminar sus estudios y tomará el lugar de su padre a la cabeza del negocio familiar. Es bastante menor que tú pero está muy interesada en conocerte.

-No es necesario, padre, por favor...

Yoshio miró a su hijo con severidad.

-Kyouya, cuando decidí nombrarte heredero del legado de nuestra familia, tomé como adecuado que te concentraras en tu labor...-

-Y lo he hecho aún mejor de lo que esperabas..-interrumpió el joven, siendo frenado en su argumento por un ademán de su progenitor.

-Permite que continúe. Me pareció bien que pusieras toda tu energía en tu cargo como Presidente, pero considero que ya es momento de que te concentres en otras prioridades.

-Me encargaré yo mismo de eso, padre. Por lo pronto, no quiero más citas.

-Dime que esto no tiene que ver con esa mujer, con la viuda de Suou.

Kyouya no fue capaz de responder. Su padre lo había tomado por sorpresa.

-Escúchame.- indicó Yoshio ante el silencio de su hijo. -Durante años te he dejado hacer tu voluntad sin cuestionar nada. Sabía que le brindabas cuanto podías a esa familia y asumí que era porque sentías responsabilidad por la muerte de tu amigo Tamaki. Pero ese asunto me ha parecido de lo más extraño desde que comenzaste a rechazar citas.

-¿Qué hay de extraño en querer ser dueño de mi vida, padre? Te sugeriría dejar de hacer suposiciones absurdas.

-¿Crees que puedes engañarme? Te creí más astuto.- dijo el patriarca Ootori, sonriendo con malicia.

La mirada de Kyouya se endureció.

-De acuerdo. Seré claro, padre. No quiero que interfieras. Lo que ocurre con ese asunto me concierne únicamente a mí.

-¡Vaya insolencia!- soltó Yoshio con burla. -¿Cuando adquiriste el valor para enfrentarme así?

-Sabes que siempre he tenido un profundo respeto por tí, padre. Sin embargo, jamás dudaré en hacer frente a quien se atreva a dañarlos a ellos. Sea quien sea...-

-No tienes ninguna oportunidad con esa mujer, lo sabes. Eres mi hijo y veo la necesidad de velar por tus intereses.

-Y agradezco que lo hagas pero ya no soy un niño. Puedo cuidarme por mi cuenta.

-¡Por favor, Kyouya! ¡Despierta y deja de perder el tiempo! No te haces más joven. Tienes treinta y seis años. Es hora de poner los pies sobre la tierra. Conocer a una mujer joven y de tu linaje con quien puedas formar una familia, tener hijos. Hijos que lleven tu misma sangre y tu apellido.

Kyouya continuaba escuchando con fastidio. Deseaba hacerlo callar, hacer que su padre detuviera aquellas estúpidas palabras. La mandíbula comenzaba a dolerle debido al esfuerzo que hacía por contenerse. Como si sus súplicas hubiesen sido atendidas, unos suaves golpeteos sobre la puerta interrumpieron a Yoshio.

-Lamento importunarlos, padre.-dijo Fuyumi, una vez abierto el portal. -He venido a avisarles que ya estamos todos en casa. Servirán la cena pronto. Madre te espera en el recibidor.

El patriarca Ootori se levantó de su asiento y comenzó a caminar para salir del despacho.

-Piensa en lo que te he dicho.- le dijo a su hijo mientras pasaba a su lado.

Fuyumi hizo una reverencia y dejó que su padre se alejara. Cuando lo perdió de vista en el pasillo, su joven hermano ya cerraba la puerta de la habitación.

-¿Te encuentras bien, Kyouya?- le preguntó, sonriéndole con ternura.

-Gracias, hermana.- le respondió, mirándola con tristeza.

Ella le acarició una mejilla con suavidad. Él correspondió sosteniendo su mano. No podía dejar de pensar que, en medio de esa gran familia, solo su hermana era capaz de comprenderlo.

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Los miembros de la familia Ootori comenzaban a tomar su lugar en el gran comedor. Yoshio se sentó en la silla principal, su esposa a la izquierda y Yuuichi a la derecha. La esposa y los hijos del primogénito le continuaban por ese mismo extremo. Akito se sentó junto a su madre, seguido por su compañera y su respectiva descendencia. Fuyumi tenía su asiento reservado justo a un lado de la hija menor de Yuuichi, su esposo a su lado, sus hijos frente a ellos. Finalmente, a Kyouya se le había asignado el otro extremo, frente a frente con su padre. Los asientos a cada lado del menor de los Ootori se encontraban vacíos, sin embargo, había servicios y cubiertos colocados sobre los manteles. Kyouya le lanzó una mirada fría a su padre. No iba a caer en aquella provocación.

Poco después comenzaron la cena. El ruido de los cubiertos era lo único que inundaba el lugar.

-Yuuichi, he escuchado que Daisuke está considerando dedicarse a la medicina, al igual que tú.- mencionó Yoshio haciendo referencia a su nieto mayor.

-Bueno...sí, está considerando la posibilidad. Aún está evaluando sus opciones.

-De cualquier modo, debes estar muy orgulloso del muchacho por querer seguir tus pasos.

-La profesión de mi padre me inspira una profunda admiración, además, resulta conveniente debido a los negocios de nuestra familia.- respondió el hijo mayor de Yuuichi.

Yoshio asintió en señal de aprobación, luego su mirada se dirigió a Fuyumi.

-¿Y qué me dices tú? Sé que Hajime ganó una competencia de robótica este año y que Rei es una alumna destacada en ballet.

-Así es, padre.- contestó ella, con una sonrísa nerviosa. El patriarca Ootori no había mostrado mayor interés en aquellos acontecimientos con anterioridad.

-Y Akito, Sakiko ya ha recibido varias ofertas de universidades de mucho prestigio, aún cuando apenas ha comenzado la preparatoria, ¿no es así?

-Es verdad, padre.

La mayoría de los presentes en la mesa se mostraban desconcertados al no comprender la repentina conversación de Yoshio. Kyouya, en cambio, sabía que las palabras de su padre estaban cargadas de intención. Él joven le dirigió una mirada desafiante.

-¿Hay algo que tú tengas que decir, Kyouya?- le retó su padre.

El menor de los Ootori miró a todos en la mesa, a su familia, luego sonrió con calma.

-Me alegra enterarme de estas novedades. Es bueno saber que todos hacen su mayor esfuerzo. Hermanos, hermana, me permito felicitarlos por su desempeño como padres. Comprendo en verdad la responsabilidad y el compromiso que conlleva. La felicidad y el éxito de sus hijos serán el fruto de esa dedicación.

-¿Qué puedes comprender tú, muchacho? Ni siquiera tienes hijos.- espetó Yoshio.

-¡Padre, por favor!- intervino Fuyumi.

-¿Qué hace padre a un hombre? ¿El simple hecho de preñar a una mujer? ¡Cualquier imbécil puede hacerlo!

-¡Basta, Kyouya!- reprendió su madre.

-Si esa es tu respuesta, entonces tienes razón: no sé lo que es ser un padre. A mi me basta con el hecho de saber que hay dos niños que me esperan cada día y me ofrecen su cariño sin condición alguna. Me basta con saber que estoy con ellos cuando me necesitan.

-Puedes pretender que eres un padre para esos niños, pero la madre no te ama. Entonces, en realidad no tienes nada.

Kyouya depositó su servilleta sobre la mesa y se puso de pie. Comenzó a avanzar con tranquilidad hasta la salida.

-Me retiro. Felices fiestas a todos.

-¡Kyouya, espera!- trató de detenerlo Fuyumi.

-¡Deja que se vaya!- ordenó Yoshio, frustrando el intento de su hija de levantarse de su asiento.

El silencio general les permitió escuchar el momento en el que la puerta principal se cerraba. En la gran mesa del comedor de los Ootori sólo podía sentirse tensión.

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Kyouya comenzó a conducir sin rumbo fijo por la ciudad. Las calles estaban muy poco habitadas. Los faros y las luces conmemorativas iluminaban la noche. Sin embargo, no era capaz de admirar la belleza de su entorno. Las palabras de Yoshio resonaban en su mente, como un eco terrible "ella no te ama" "no tienes nada".

Había creído aquello durante mucho tiempo, incluso después de la muerte de Tamaki. Sabía que llevaba un hueco muy grande en su corazón pero ya no estaba ahí. Eso lo sabía muy bien porque su despertar cada día era distinto. Esperaba esos momentos en los que las voces infantiles llegaban del otro lado de un auricular, cuando esos dos pares de brazos pequeños se aferraban a él. Cuando escuchaba que lo llamaban "papá". Cuando esa suave voz femenina lo recibía con aquel cálido "Bienvenido". Ellos habían sanado la enorme herida de su alma.

El vehículo del heredero Ootori se detuvo frente a una luz roja. Delante de él, sobre el cruce peatonal, un hombre caminaba con las manos llenas de bolsas y paquetes. Dos jovencitos, una niña y un niño, de edades cercanas a Kotoko y Tsuneo, lo instaban a aumentar su velocidad, empujándolo suavemente mientras brincoteaban a su alrededor.

-¡Vamos, vamos, papá! ¡Hay que llegar a casa pronto!

-¡De prisa, papá! ¡Mamá nos espera en casa!

Un vehemente deseo inundó el interior de Kyouya. Una fuerte añoranza. Casa...quería ir a casa. En cuanto el semáforo cambió a verde, él condujo hasta un parque que se encontraba a solo un par de avenidas. Aparcó el auto y descendió, quedando solo a pocos centrímetros de distancia. Sacó su móvil y se dispusó a hacer una llamada.

-¿Diga?- respondió una voz familiar, del otro lado de la línea.

-Haruhi.- se limitó a responder el joven Ootori.

-¡Kyouya, qué gusto!- un alegre alboroto interrumpió la comunicación por breves instantes. -Disculpa, Mori y los demás se encuentran de visita. Dime, ¿ya ha terminado tu reunión familiar?

-Supongo.

No hizo falta que él dijera nada más. No fueron necesarias más palabras, más detalles. Haruhi y Kyouya habían alcanzado un nivel de comunión del cual ni siquiera ellos eran concientes. Ella sabía que el heredero Ootori no se encontraba bien del todo.

-¿Por qué no te das prisa y vienes a casa?- le pidió, sonriendo con ternura aún cuando él no podía verla.

-Sí...de acuerdo.

Entonces la llamada terminó. Kyouya guardó el aparato en uno de los bolsos de su abrigo y subió a su auto. Con sus pensamientos y su corazón un poco más en calma, se dirigió al hogar de Haruhi.

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En cuanto el heredero Ootori apagó el motor del vehículo, la puerta de entrada a la casa se abrió. Haruhi se dirigió al exterior, envolviéndose a sí misma con sus brazos a causa del frío invernal. Kyouya descendió del auto y cerró con un ligero portazo. La joven se acercó a él, con una dulce sonrísa en sus labios, y sin que lo esperara siquiera, lo estrechó en sus brazos. Aun en medio de su desconcierto, aceptó aquel cálido abrazo y se aferró a ella.

-Bienvenido. Estás en casa.

-Sí...en casa.- respondió Kyouya, haciendo más intenso su agarre, aspirando el suave perfume de la piel de Haruhi.

-A los niños les dará mucha alegría tenerte aquí. ¡Anda! Entremos. Hace frío.

Entonces pasaron al interior. Ella cerró la puerta trás de sí. Desde la cocina llegaban sonidos de risa y animadas conversaciones. En el jardín trasero, Kotoko, Tsuneo y Matsuri jugaban con pequeñas luces de bengala. Hikaru y Kaoru hacían los preparativos para lanzar fuegos pirotécnicos de mayor intensidad.

-¡Oigan, es Kyouya! ¡Está aquí!- anunció Honey con alegría una vez que logró verlo entrar junto a Haruhi.

-¡Papá! ¡Papá!- se precipitó Tsuneo, desde el exterior, lanzándose directamente a los brazos de Kyouya. -¡Has venido, papá!

-No había otro lugar en el que quisiera estar.

-¡Tío Kyouya!- le saludó Kotoko, abrazándolo también.

-Vayamos al jardín, papá. Tío Hikaru y tío Kaoru lanzarán fuegos artificiales.

Entonces comenzó el espéctaculo. El cielo se iluminaba con alegres colores. Mori alzó a Matsuri sobre sus hombros y con otra mano sujetó la de Chiharu. Shiori frotaba la espalda de Hikaru de un modo cariñoso mientras él miraba maravillado al firmamento. Kaoru y Yumiko se abrazaban uno al otro. Mitsukuni rodeaba a Umi por la espalda, colocando ambas manos sobre su enorme barriga. Kyouya y Haruhi permanecían muy cerca. Él sostenía la mano de Tsuneo, quien tenía toda su atención el la pirotécnia. Haruhi posaba una de sus manos sobre el hombro de Kotoko.

Hubo un breve momento, Kyouya y Haruhi compartieron una mirada. Se permitieron perderse en las pupilas del otro. Ella sonrió, ligeramente ruborizada. Él extendió la mano que mantenía libre y la enlazó con la de la joven, quien pareció confundida por un instante. Sin embargo, enseguida afianzó el contacto, regalándole una sonrísa. Permanecieron tomados de la mano hasta que los fuegos artificiales terminaron.

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Ya había pasado la medianoche. Los adultos se disponían a tomar té en el recibidor. Los niños aún jugaban en el jardín. Haruhi preparaba lo necesario en una bandeja. Kyouya se había ofrecido a ayudarle. Ninguno había dicho nada aún, compartían un cómodo silencio mientras preparaban el té. Durante algunos instantes, la vista de Haruhi se desvió a la ventana que comunicaba con el jardín trasero. Pudo ver cómo Tsuneo jugaba a perseguir a su hermana y a Matsuri. La pequeña hija de Mori se dejaba atrapar por el niño con demasiada facilidad, abrazándose a él entre alegres carcajadas. Resultaba evidente darse cuenta que Tsuneo le agradaba demasiado.

Haruhi soltó una ligera carcajada. Kyouya desvió su vista para descubrir lo que causaba su hilaridad. Sonrió también.

-Son lindos, ¿no te parece?

-Lo son.

-¿Alguna vez...lo has pensado?

-¿El qué?

-Casarte...tener hijos.

Kyouya la miró con tal intensidad, que Haruhi sintió un leve cosquilleo recorriendo su cuerpo. Él lo supo entonces: era el momento. Podía correr aquel riesgo...necesitaba hacerlo. Sin apartar su mirada de la de ella, tomó una respiración profunda.

-No. No he podido pensarlo, en realidad.

-Ya veo.- respondió Haruhi, un tanto apenada por sentirse como toda una entrometida.

-No me entiendes. La razón por la que esa idea no ha cruzado por mi cabeza...es porque la mujer de la que estoy enamorado tiene dos hermosos niños a los que quiero como si fuesen míos.

Ella palideció. Lo había escuchado con total claridad. La mirada de Kyouya no vaciló cuando decidió aproximarse más a Haruhi.

-Finalmente, he tenido el valor para decírtelo. Estoy enamorado de ti.

-Yo...- la joven se había quedado sin palabras.

El heredero Ootori continuaba acercándose, acorralando a Haruhi contra la barra. Ella pasó saliva con dificultad al caer en la cuenta de que la mano derecha de Kyouya se acercaba a su mejilla. Él se detuvo antes de poder tocarla.

-Aunque muero de ganas por hacerlo, jamás haría algo que tu no quisieras. Espero que eso quede muy claro.

-Kyouya...yo..- los labios de la joven temblaban ligeramente, como si se tratara de una adolescente en su primera cita. Él no pudo más que sonreír.

-Tus labios siempre me han parecido lindos. Muchas veces he soñado con poder besarlos.- dijo mientras su rostro se acercaba al de ella.

Fueron segundos de tensión. El avance de Kyouya era tan lento que Haruhi creyó que se le iría la vida antes de que la besara. Al final, él se detuvo, quedando a una distancia tan corta que sus alientos se mezclaban.

-Una vez más, voy a detenerme. Como te dije, no haré algo con lo que no estés de acuerdo...pero si quieres esto, sólo debes hacérmelo saber.

Haruhi gimió en voz muy baja, completamente azorada. Sin embargo, y contra todo pronóstico, cerró los ojos y comenzó a acortar la distancia que los separaba. Entonces los labios de ambos se unieron por primera vez. El beso era suave, pausado, profundo. Las respiraciones se agitaban a cada segundo.

-¿Acaso necesitan ayuda con el té?

Mitsukuni había entrado a la cocina sin previo aviso, siendo testigo de aquel naciente romance. Haruhi se separó de Kyouya, empujándolo con suavidad. Honey se ruborizó al saberse inoportuno.

-¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡No he visto nada!

El rubio volvió con el resto de los amigos. De inmediato y cual si fuera una casualidad, todos decidieron retirarse alegando estar cansados o tener otros compromisos por la mañana. En cuestión de minutos, Haruhi, Kyouya y los niños los miraron partir.

Tsuneo bostezó sonoramente.

-Quisiera abrir mis regalos de navidad ahora, mamá.

-No, ahora no. Lo harás por la mañana. Es momento de ir a dormir.

-¿Te quedarás, tío Kyouya?- preguntó Kotoko con voz soñolienta.

-Sólo unos minutos. Me gustaría charlar un poco con su madre.

-De acuerdo. Buenas noches, mamá, tío Kyouya. Tsuneo, vámonos.

-Está bien, hermana. Hasta mañana, mamá, papá.

-Descansen.- indicó Kuouya.

Cuando los niños desaparecieron de su vista, Haruhi se volvió hacia el heredero Ootori, completamente consternada.

-¿Qué ha sucedido con nosotros? ¿Qué..?- no pudo continuar. Se acariciaba los labios con evidente culpabilidad.

-Te hablé de lo que siento. Nos besamos. No es como si hubiesemos cometido un delito.

-¿Hace cuanto que tú..?

-¿Hace cuanto que siento esto? ¿Tiene alguna importancia?

-La tiene para mí.

-Confórmate con saber que Tamaki estaba enterado de ello. Saca tus conclusiones.

Haruhi mordió su labio inferior. Si aquello era cierto, entonces eran bastantes años. Si comenzaba a pensarlo, entonces muchas cosas del pasado tenían mayor sentido. Aquello no hizo sino aumentar su complejo de culpa.

-Entonces...todos estos años, ha sido eso. Toda la ayuda, el velar por mis hijos...-

-No confundas las cosas. Eso no tiene nada que ver. Mis sentimientos por ti son honestos, sin embargo, no fueron mi motivación. Sería hipócrita no admitir que a lo largo de este tiempo he deseado poder ser algo más que un amigo para tí pero no busqué apoyarte para cambiar tu sentir hacia mí. No se pueden moldear los sentimientos de otros a nuestra voluntad o capricho. Si no eras capaz de corresponderme yo no guardaría resentimientos. Quedarme a tu lado estos años, es una decisión de la que nunca voy a arrepentirme. Porque si tú y los niños estaban bien era satisfactorio para mí.

-¿Qué esperas de mí?

-Parece que debo reiterarlo. No tomaré nada que tu no quieras ofrecer.

-¿Y...si te rechazara?

-Nada cambiaría. Seguiría cuidando de tí y de los niños, a menos que tú no lo desees.

-¿Por qué, Kyouya?

El le sonrió, condescendiente.

-¿Qué es lo que esperas oír? ¿Quieres que huya al saberme humillado y rechazado? Discúlpame, pero no comparto esa forma de pensar.

-Debería ser incómodo y desagradable estar con alguien que no aprecie tus sentimientos.

-Estoy habituado a esa sensación. Ni siquiera deberías preocuparte.

Ella sintió un nudo en la garganta. Aún cuando luchó por evitarlo, un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas. Él suspiró frustrado.

-Lo siento. Lo siento, Kyouya.

-Te suplico que no sientas pena por mí. Atentas contra mi orgullo.- le dijo, sonriendo de lado.

-Es que...todo este tiempo...Debí darme cuenta.

-Deja de lamentar el pasado. Ya no hay nada que cambiar.

-¿Qué vamos a hacer ahora?

Kyouya sonrió, resignado. Buscó su abrigo y caminó hacia la puerta.

-Mi presencia no parece ayudarte mucho ahora. Me voy a casa. Mis cartas ya se encuentran sobre la mesa. Lo que suceda desde ahora será tú decisión. Sólo ten en cuenta que seguiré aquí, pase lo que pase.

Una profunda desesperación inundó a Haruhi. Sin siquiera pensarlo, corrió hasta él, aferrándose a su espalda. Kyouya detuvo su paso.

-Me encuentro terriblemente confundida.

Él se giró para mirarla. La joven hundió su rostro en el duro pecho masculino.

-Lamento si te he abrumado. Necesitaba decírtelo.

-Tengo mucho miedo.

-No tienes nada que temer conmigo.

-No es por tí...es todo lo demás.

-Permíteme entonces...cuidar de tí. ¿Me dejarás hacerlo?

-Por favor, quédate conmigo.

Nuevamente unieron sus labios. Esta vez en plena conciencia de sus actos. Había desenfreno en aquella caricia. Ansiedad de sentirse uno al otro.

-Haruhi...quizás...debamos detenernos. Te deseo demasiado.

-¿Me deseas?

-Tanto que apenas puedo respirar pero no quiero que te sientas obligada.

Ella se sonrojó visiblemente ante lo que aquello implicaba. Habían sido más de seis años desde la última vez. Seis años en los que no había sido otra cosa que una madre velando por el bienestar de sus hijos. Apenas recordaba las sensaciones de su cuerpo.

-Podemos ir lento. No hay ninguna prisa.- reiteró él.

Sin embargo, ella no compartía aquella opinión. Los besos de Kyouya habían logrado despertarla de su letargo.

-Lo quiero. Quiero que me ames, Kyouya.

El heredero Ootori pareció desconcertado un segundo. Haruhi lo estrechó en sus brazos y luego besó la base de su cuello, haciendo que su piel se erizara mientras emitía un gemido bajo. Entonces decidieron ir a la habitación de ella. Esa noche, finalmente harían el amor.

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¿Qué tal? Dos capítulos en tan corto tiempo sí que es novedad para mí. Pero sucede que este fic es corto y no podré prolongarlo sino un par de capítulos más. En fin, ¿qué tal el avance que ha tenido nuestra parejita? En realidad, estuve muy tentada a describir con lujo de detalles su momento de amor...pero no quise parecer tan pervertida. Aunque, si es del gusto de mis lectores, puedo colocarlo como un flash back en la siguiente entrega. Solo es cuestión de que me lo comenten para hacer lo pertinente. Ojalá este capítulo haya sido de su agrado.

Agradezco de nueva cuenta a quienes leen y han agregado esta historia a favoritos o alertas. Agradecimientos especiales a mutemuia (ahora sí podrás ser testigo de la presión que has mencionado) y a Sofitkm (disfruta mucho el capíulo de hoy) por sus reviews.

Nos leemos pronto.