Capítulo 7 - Abriendo heridas

¿Qué tal? Esta vez he colocado mis notas antes de iniciar el capítulo por una sencilla razón: tiene CONTENIDO ADULTO.

Realmente lo considero muy ligero a lo que acostumbro pero quedé satisfecha con el resultado. Espero que lo encuentren de su agrado. Y unicamente me resta anunciar que el siguiente capítulo es el último. De verdad me gustaría recibir sus impresiones acerca de esta historia.

En fin, agradezco mucho a quienes leen y a mutemuia (gracias de verdad por tu apoyo capítulo a capítulo), a Cheshire 2313 (me alegra que el fic logre esas emociones en ti, gracias) y a cristianrey1980 (servida, ojala lo disfrutes y gracias por el apoyo).

Nos leemos pronto

0/0/0/0/0

A pesar de ser una noche de invierno, hacía calor en la habitación. Mucho calor.

-¡Aaah! ¡Por Dios, Kyouya! Si continuas...voy a morir.

El aludido levantó la cabeza, que hace apenas un segundo se encontraba entre las piernas de Haruhi. Luego subió hasta encontrarse de frente con el rostro de ella. La besó apasionadamente, haciéndole saborear su propia esencia.

-¿Quieres parar?- preguntó el heredero Ootori, aún muy cerca de sus labios.

-¡No! Solo dame un minuto. Necesito respirar.

¿Quien no lo necesitaría con alguien como Kyouya? Cuando le mencionó que le daría toda una noche de placer, no creyó que fuera...tan literal. Habían hecho el amor ya tres veces y aún no le daba oportunidad para reponerse. Él no lucía agotado. Aquello no era para nada a lo que estaba habituada.

Mientras Haruhi luchaba por recuperar el aliento, Kyouya llenaba su cuello con besos cortos que le erizaban la piel. Sus manos habían viajado hasta sus senos, acariciándolos de manera delicada. Ella había comenzado a gemir otra vez. Entonces decidió participar también en las caricias. Los largos dedos femeninos recorrían la parte posterior del cuello del joven Ootori, arañándolo suavemente, haciéndolo gruñir. Ella había descubierto con agrado que aquella zona de su anatomía era sumamente sensible.

Kyouya buscó su boca y atrapó sus labios con desesperación, amortiguando sus suspiros de placer. Él la mantenía atrapada entre su cuerpo y la cama, haciéndole notar su dureza, frotándose contra su suave y femenina piel. A Haruhi no dejaba de sorprenderle el hecho de que él estuviera excitado de nuevo.

-Creo...que no podré soportar más.- dijo el joven Ootori, sintiendo ese particular cosquilleo a lo largo de su miembro que le indicaba que pronto terminaría.

Entonces Haruhi se incorporó sobre sus antebrazos, obligándolo a recostarse un poco. Ella lo colocó por completo de espaldas sobre la cama, poniendo ambas manos sobre su pecho y abdomen, disfrutando sentirlo tan sólido. Para la joven fue una agradable sorpresa el hecho de saber que Kyouya se procuraba a pesar de estar siempre tan ocupado.

Las piernas de Haruhi tomaron su lugar a cada lado de Kyouya. Sin más preámbulos, ella colocó aquella firmeza en la entrada de su ser. Lentamente, comenzó a bajar y subir, marcando un ritmo que los dejaba sin aliento. La joven había comenzado a gemir de nuevo.

Sobre la frente del heredero Ootori se acumulaban pequeñas gotas de sudor. Se aferraba a las caderas de Haruhi, resistiendo la tortura de sus movimientos. Luego de algunos segundos, no pudo contenerse más y de sus labios salieron gruñidos de gozo.

Sin detener el vaivén de ella, Kyouya se incorporó hasta quedar sentado. Ambos continuaron moviéndose. Estaban a punto de culminar. Se besaron nuevamente, con ardor, con deseo, mordiéndose los labios con suavidad el uno al otro. Las manos de Haruhi perdiéndose entre el cabello de él.

-¡Kyouya...aaaaah, Kyouyaaa!- gritó, en medio de un abrumador orgasmo.

Escuchar su nombre en ese placentero gemido y sentir las uñas de Haruhi clavándose sobre su cuello, bastaron para que Kyouya derramara su simiente en el interior.

Se derrumbaron sobre la cama, sudorosos y jadeantes. Kyouya se llevó una mano a la frente, la otra acariciaba la piel de Haruhi, quien reposaba sobre su pecho. Ella, por su parte, se esforzaba por recuperar el aliento mientras escuchaba los latidos del agitado corazón de su amante. Luego de algunos minutos, las respiraciones de ambos se normalizaron.

Kyouya se separó de Haruhi lo suficiente para sujetarle el mentón y levantarle el rostro con delicadeza. Ella le sonrió, visiblemente soñolienta y cansada.

-¿Debería marcharme para que puedas dormir un poco?

Ella negó suavemente

-Me encantaría que te quedaras, si es que no te molesta dormir acompañado.

Pronto comenzaría a amanecer.

-Kotoko y Tsuneo despertarán en un par de horas.

-Dudo que les perturbe en lo absoluto enterarse que has pasado la noche aquí.

-Entonces, creo que debo dejarte muy claro que mis intenciones van más allá de estar en tu cama. Quiero hacerte mi esposa.

Haruhi pareció sorprendida por un instante.

-¿Casarnos? Yo...-

-No me respondas aún. Lo último que quiero es presionarte. Pero si vamos a decírselo a los niños, quiero que sepan desde el principio que mis pretensiones son honorables.

El móvil de Kyouya comenzó a sonar. Él no hizo el mínimo intento por responder al llamado. El sonido se prolongó conforme los segundos. Fastidiado, el heredero Ootori abandonó la comodidad de estar entre lo brazos de Haruhi. Buscó en los bolsillos de su abrigo hasta encontrar el condenado aparato.

-Lo siento. Debo responder.

-Adelante.- le instó ella.

-¿Diga? Espero que tengas una justificación para molestarme a esta hora, Katsuhiro.- dijo Kyouya antes de verse obligado a permanecer en silencio. Una voz alterada llegaba a través del auricular. Los hombros del heredero Ootori se tensaron. -¿Qué tan grave es?- de nuevo la urgida voz. -De acuerdo. Salgo enseguida. Encárgate de todo hasta que llegue. Y Katsuhiro, espero que seas conciente que esta incompetencia va a tener consecuencias severas.

Cuando la llamada terminó, el heredero Ootori hundió el rostro entre sus manos y tomó asiento sobre un extremo de la cama.

-¡Mierda!- masculló.

-¿Qué ocurre?- preguntó Haruhi, abrazándolo por detrás.

-Hubo un percance en uno de nuestros laboratorios en Okinawa.

-¿Es muy grave?

-No estoy seguro. El idiota negligente que está a cargo no me ha dado todos los detalles. Debo irme.- dijo mientras comenzaba a vestirse.

-De acuerdo. No te preocupes.

-Volveré en cuanto me sea posible. Espero que sea cuestión de un día o dos. Por favor, promete que pensarás en mi propuesta.

-Lo haré. Tú ocúpate en regresar pronto.

Kyouya la besó una vez más como despedida. Un beso cargado de pasión.

-Me voy.- le anunció en cuanto se separó de ella.

-Sí.- susurró Haruhi, tocándose los labios.

En ese momento sólo podía desear que él no tuviera que marcharse de su lado.

0/0/0/0/0

Sentada apaciblemente en uno de los sofás del recibidor, Haruhi miraba con buen ánimo a sus hijos mientras abrían sus obsequios navideños.

-¡Mira este, mamá! ¡Es de parte de papá!- exclamó Tsuneo tomando una gran caja y deshaciéndose del envoltorio sin ninguna consideración. -¡Wow! ¡Es el set para armar la guarida de Batman! ¡Justo lo que quería!

-No olvides darle las gracias en la primera oportunidad.- indicó Haruhi, sonriendo tranquilamente antes de beber un poco de té.

Kotoko miraba con calma cada uno de los presentes, leía las tarjetas con dedicatoria y admiraba los colores de las envolturas. Cuando debía abrirlos, lo hacía con una delicadeza propia de una damita. Haruhi le dirigió una mirada nostálgica. Aquella pequeña niña comenzaba a convertirse en una adolescente. En cuestión de pocos meses cumpliría doce años.

-¡Oh! Este es de parte del abuelo Yuzuru y de la abuela Anne. Lo han enviado junto con una postal.- dijo Kotoko con una contenida emoción antes de comenzar a abrirlo. -Vaya, es una muñeca. La agregaré a mi colección.- señaló mientras sonreía con calma.

Enseguida, el llamado de la puerta llamó la atención de los tres. Tsuneo se puso de pie con rapidez y se precipitó hacia la entrada.

-¡Yo atenderé!

El niño abrió la puerta y una imponente figura apareció ante sus ojos. No era un hombre muy alto ni robusto pero su sola presencia tenía algo que intimidaba. Tsuneo dio un ligero paso hacia atrás.

-¿En qué...puedo ayudarle, señor?

La fría mirada del recién llegado se posó en el pequeño un instante. Luego forzó una sonrísa.

-Me parece que este apuesto jovencito es Tsuneo Suou, ¿o estoy equivocado?

-Sí, soy yo. ¿Quién es usted?- preguntó con curiosidad.

Haruhi llegó hasta ellos en ese momento. Desconcertándose al ver a Yoshio al otro lado de la puerta.

-¡Señor Ootori!

-¿Ootori? ¿Igual que papá?

-Soy el padre de Kyouya.- le indicó con una falsa sonrísa de simpatía, causando en el niño una alegría enorme.

Una alegría que Haruhi no compartía para nada.

-Tsuneo, ¿por qué no vuelves adentro y continuas abriendo tus obsequios?

-Pero...-

-¡Por favor, vuelve adentro!

Una vez que el pequeño regresó al interior de la casa, Haruhi cerró la puerta y dio un par de pasos hacia adelante.

-Ese niño es la viva imagen de su padre.- señaló Yoshio.

-Señor Ootori, no quiero ser descortés pero no encuentro un motivo para esta repentina visita. Como pudo darse cuenta, Kyouya no está aquí.

-No es a él a quien busco en realidad. Me gustaría charlar contigo unos minutos, si no tienes inconveniente.

Ella desvió la mirada, dudando.

-Puedo asegurarte que es algo de suma importancia para mi familia. Buscaré no derrochar tu valioso tiempo.

-De acuerdo. Permítame un momento, iré por mis cosas.

Algunos minutos después, Haruhi y Yoshio abordaron una enorme limusina. La joven permanecía sentada frente al patriarca Ootori, sintiéndose intimidada por aquella mirada tan fría y calculadora.

-Estoy enterado de que mi hijo ha pasado el resto de la noche en tu casa.

Ella se ruborizó de un modo escándaloso.

-¿Có...cómo..?

Yoshio soltó una ligera carcajada.

-Me inspira simpatía que esos detalles aun puedan alterarte, considerando el tiempo que llevas conociendo a Kyouya.

-De cualquier modo, su hijo es lo suficientemente adulto para responder por sus acciones.- contestó ella, una vez que logró superar su incomodidad.

-Y no es el asunto que nos atañe, te lo aseguro. Simplemente, es un hecho que me ha permitido sacar ciertas conclusiones. Kyouya te ha hablado de las intenciones que tiene contigo, ¿no es así? Y sugongo...que has decidido corresponderle, ¿me equivoco?

Haruhi decidió no responder. Su silencio fue tomado por el líder Ootori como una afirmación.

-Verás...- comenzó mientras acomodaba la montura de sus gafas para luego cruzarse de brazos. -Me gustaría dejar en claro que no tengo hacia a ti ninguna aversión. Hubo de hecho, una breve época en la que una unión entre tú y mi hijo me hubiese dado bastante satisfacción. Elegiste al hijo de Suou. Una elección bastante conveniente, si me permites decirlo. El punto es que, como son ahora las cosas, el que Kyouya y tú tengan una relación no es lo más...adecuado.

-¿No le parece que esa decisión no le corresponde?

-Me es comprensible tu desavenencia pero considerando que los intereses de mi heredero están en riesgo, mi deber como padre es evitar que eso suceda. Seguramente me entiendes.

-¿Y qué puede saber usted sobre los intereses de Kyouya? ¡Ni siquiera lo conoce!

-¿Me lo dice quien ignoró su afecto por casi veinte años?

Haruhi lo miró, consternada. Yoshio había dado un golpe bastante bajo. Él esbozó una ligera sonrísa.

-Si tomé la decisión de hablar contigo, fue porque me parece que eres alguien bastante razonable. Kyouya está cegado desde la muerte de Tamaki. No ve más allá de la culpa y su sentido del deber.

-No, usted no lo sabe.

El patriarca Ootori negó con suavidad. Comenzaba a sentirse frustrado.

-De acuerdo. Veo que no encuentras sentido en mis palabras. Te preguntaré entonces, ¿qué es lo que puedes ofrecerle a mi hijo?

-¿Qué es...lo que puedo ofrecer? Me parece que no le comprendo aún.

-Si Kyouya se desposa contigo, tú y tus hijos gozarán de estabilidad económica y un privilegiado estatus social. Algo a lo que no tienen acceso ya que renunciaste a todos los beneficios de llevar el apellido Suou una vez que enviudaste. Corrígeme si estoy equivocado. Decidiste no tocar un solo centavo que Yuzuru te ofreció, a cambio de eso, decidieron que tus hijos hereden en primer término sólo si él y Anne Sophie llegan a fallecer. Por lo tanto, tu unión con Kyouya no podría ser provechosa para él en ese sentido.

-No me sorprende que a usted sólo puedan preocuparle las cuestiones de estatus y poder. Hay cosas más importantes aún.

-Lo entiendo. Sinceramente, no lamento tu decisión, de cualquier forma. Aun cuando tu situación fuera lo contrario, la Corporación Ootori ha alcanzado una posición que difícilmente se podría superar. Todo gracias a Kyouya.

-Sigo sin comprender entonces el motivo de su inconformidad.

-Has mencionado que existen cuestiones más importantes y estoy dispuesto a darte la razón. Kyouya ha engrandecido a nuestra familia. Nos ha llevado a la cima. Lo menos que podríamos esperar de él es que continúe el legado de los Ootori mediante...su descendencia.

Haruhi palideció. Se negaba a creerlo. Yoshio no tenía por qué saberlo. Él le dirigió una severa mirada.

-Estoy al tanto de tu...desafortunada condición.

-¿Quién..? ¿Quién le ha dado ese derecho?- preguntó ella, completamente indignada.

-El derecho que me otorga procurar lo mejor para mi hijo.- le contestó sin inmutarse. -Me permito recordarte que, en nuestro círculo, acceder a este tipo de datos es bastante sencillo.

Lágrimas de rabia comenzaron a deslizarse por las mejillas de la joven. Aquello no conmovió al patriarca de los Ootori.

-Tu último parto tuvo complicaciones. Aunque el nacimiento de tu hijo se dio de manera satisfactoria, tu cuerpo sufrió las consecuencias. Dificilmente podrías tener otro embarazo. Pero claro, en aquel momento eso no tenía la mínima importancia para tí. Acababas de enviudar.

-Se lo diría a Kyouya, cuando fuera el momento adecuado.

-Y estoy seguro de que lo harías. Y sé también que lo habría aceptado sin objeción alguna, dado que les tiene afecto a tus niños.

-Sí, Kyouya los ama.

-Sin embargo, aún cuando ese sentimiento sea lo bastante fuerte, jamás podría compararse por el de un verdadero hijo.

-Para mi basta con saber que los ama. Me tiene sin cuidado que usted deba poner parámetros al amor que él les brinda.

-¿No te parece que estás siendo muy injusta? Piensa tan solo en el rostro de tu difunto esposo, en su expresión cuando le anunciaste que se convertiría en padre. ¿Acaso Kyouya no merece también esa satisfacción?

Haruhi lo recordaba. Lo recordaba como si hubiese sido ayer. Aquella mañana en la que había abandonado el cuarto de baño con un test de embarazo en mano. Era positivo. Había visto en Tamaki la sonrísa más radiante en todo el mundo. Derramaron lágrimas de felicidad juntos. Él ni siquiera quizo ir al trabajo. Se quedó con ella todo el día, abrazándola, mimándola, besando su vientre mientras agradecía su buena fortuna. Algo que con Kyouya no podría experimentar jamás.

La mirada de Yoshio se ablandó un poco al notarla tan afectada.

-Te recuerdo que esto no es para nada personal. Me agradas, te lo digo con total honestidad. Pero no veo en tí lo mejor para mi hijo.

La limusina se detuvo. Se encontraban fuera de la casa de Haruhi. El chofér abrió la puerta.

-He dicho todo cuanto tenía que decir. Te pido de la manera más atenta que consideres detenidamente nuestra conversación. Si amas a mi hijo, confío en que tomarás una adecuada decisión. Ten un buen día.

Haruhi bajó del vehículo, completamente desolada. Miró el ostentoso auto marcharse. Cuando desaparecio en la lejanía, la joven dio rienda suelta a un amargo llanto.

0/0/0/0/0

-Así es. Nos hemos encargado ya de todos los inconvenientes. Reanudarán sus actividades esta misma tarde. Sí, regresaré a Tokio mañana. Agradezco tu preocupación, hermano. Envíale mis saludos a tu esposa e hijos. De acuerdo. Hasta pronto.

Kyouya finalizó la llamada y guardó su móvil. Bebió el último trago de su café. Enseguida, una camarera se acercó a su mesa. Se encontraba en el restaurante de su hotel en Okinawa.

-¿Puedo ofrecerle algo más, señor?

-Le agradecería un poco más de café.

-Por supuesto. Se lo traeré de inmediato.

Cuando la chica se alejó de su mesa, el heredero Ootori sacó nuevamente su móvil del bolsillo. Haruhi no había respondido aún el mensaje de texto que le había enviado hacía poco más de una hora. Comenzó a considerar la opción de llamarla.

-¿Kyouya Ootori? ¿Eres Kyouya Ootori?- preguntó una voz femenina.

Él levantó la mirada y encontró a una mujer. Era joven, quizás no llegaba a los veinticinco años. Tenía el cabello de un tono castaño rojizo. Sus ojos eran grises y su mirada muy determinada. Su piel era blanca. Tenía una complexión delgada, con marcadas curvas y piernas largas.

-Soy Kyouya Ootori.

La desconocida tomó asiento frente a él, en su mesa, sin pedir siquiera autorización. Hizo un ademán y enseguida un camarero se aproximó.

-Tráigame una copa de vino blanco.

Cuando el mesero tomó su camino, Kyouya la miró con forzada simpatía.

-Usualmente conozco a las personas con las que comparto una mesa.

-Lo siento. No me he presentado. Mi nombre es Yuna Yamada. Quizá conozcas a mi padre.

-Si, tengo el gusto de conocerlo.

-El señor Yoshio me ha dicho que te hospedarías en este lugar y no he dudado ni un minuto en venir.

-Me halaga que se haya tomado la molestia pero tenía entendido que ni usted ni su padre se encontraban en el país..

-¡Oh, no! Llegamos a Japón hace unos días, sin embargo no estabamos en la ciudad.

-Bueno, lamento informarle que no he venido hasta aquí a vacacionar. He tenido que arreglar un asunto y me temo que debo volver a Tokio cuanto antes.

La joven sacó un cigarrillo de su bolso y se dispuso a encenderlo sin prestarle mayor importancia a las palabras de Kyouya. Cuando lanzó la primera bocanada, miró al heredero Ootori con una sonrísa burlona.

-¿Sabes? Te imaginaba un tanto diferente. He escuchado maravillas de tu persona pero teniéndote de frente...luces muy simple y aburrido.

-Lamento haberle causado tal decepción. Espero que logre superarlo. La única impresión que puedo permitirme compartir acerca de usted es que no parece ser japonesa.

Yuna lanzó una escandalosa risita que a Kyouya le resultó bastante falsa...y muy muy irritante.

-Lo sé. Mi padre ha tenido a bien emparejarse con una hermosa mujer americana, de la cual heredé mi atractivo. Y debo decir que tú no resultas desagradable.

-He de agradecer su cumplido. Lo apreciaría, de no ser porque me tiene sin cuidado lo que otros piensen acerca de mi apariencia.

-Comienzas a agradarme, ¿sabes? Puede que una alianza contigo no sea tan mala, después de todo.

-¿Una alianza?

-Así es. Verás, me considero una mujer ambiciosa y muy capaz. Pronto tomaré el mando en los negocios de mi familia. Sé que puedo llegar muy lejos sin tener que acatar las anticuadas ideas de mi padre pero para eso necesito aliados...aliados poderosos. Como tú.

-¿Y quisiera explicarme su idea sobre dicha alianza?

-Necesito alguien que me respalde y me ayude a expandir mi empresa. Y la Corporación Ootori resulta ser lo ideal. Aunque claro, debemos asegurar que dicha asociación sea...permanente.

-Un matrimonio.- afirmó Kyouya con aire ausente.

-Garantizaría un beneficio enorme, incluso para tí. Estaría dispuesta a darte en menos de un año aquello que tanto necesitas.

-¿Y qué podría ser aquello que necesito?

La sonrísa de Yuna se ensanchó con satisfacción.

-Un heredero.

Kyouya tuvo que carraspear.

-Me veré en la necesidad de declinar su generosa oferta.

-¿Me encuentras desagradable?

-No. Admito que al parecer, la belleza es su única cualidad además de su astucia.

-Entonces...¿acaso eres homosexual?

Él rio de buena gana.

-No, temo que no. Simplemente, no es de mi interés contraer matrimonio con usted.

-Ya entiendo. Hay alguien más.

-Me satisface que quede claro. Supongo que no insistirá más en su idea y tomará su camino.

-No, Kyouya. No me conoces. Soy alguien bastante perseverante. No me rendiré hasta el final. Mi idea continuará firme hasta que no hayas firmado un acta de matrimonio. Te daré algo de tiempo para que lo consideres. Si decides cambiar de parecer, solo tienes que llamarme.

Yuna se levantó de su asiento y depositó sobre la mesa una tarjeta de presentación. Luego se marchó. El heredero Ootori tomó el pequeño papel entre sus dedos...luego cerró el puño, haciéndolo pedazos.

0/0/0/0/0

Cuando vio el rostro de Kyouya una vez que abrió la puerta, Haruhi tuvo que contener sus ganas de llorar. Él no pasó desapercibida aquella reacción.

-¿Te encuentras bien?- inquirió con aparente tranquilidad.

-Lo estoy. Por favor, entra.- le indicó casi en un susurro.

La casa se encontraba bastante silenciosa.

-¿Los niños?- preguntó el heredero Ootori cuando ella cerró la puerta.

-Han ido de visita con mi padre. Pasarán con él el fin de semana.

-Ya veo.

-¿Cómo ha ido tu viaje?

-No es de lo que quisiera hablar ahora.

Entonces, Kyouya sacó de uno de los bolsillos de su abrigo una pequeña cajita azul con bordes dorados. Al abrirla, un magnífico anillo de diamantes apareció ante los ojos de Haruhi.

-He de disculparme por no arrodillarme delante de tí. No soy dado a cosas tan dramáticas como esa y espero que no le reste méritos a mi propuesta. Me gustaría que aceptes casarte conmigo.

-Yo...voy a tener que rechazarte.

Kyouya se desconcertó unos segundos, luego le dirigió a Haruhi una mirada inquisitiva, ella lo esquivó, desviando el rostro.

-¿Puedo conocer el motivo de tu negativa?

-Simplemente lo he pensado. No creo que sea lo mejor para nadie.

-Te agradezco que me tengas tanta consideración para tomar mis decisiones.- agregó Kyouya, sarcástico.

-Escucha, te agradezco...-

-¡No me agradezcas! No te atrevas. Me tiene sin cuidado tu gratitud.

-No tengo otro modo de expresar lo que siento por todos estos años.

-Te pido que no me tomes por idiota y me expliques lo que ha provocado este cambio.

-No ha ocurrido nada. Sólo lo he pensado. No es conveniente para ti, ni para mis hijos, ni para mí.

-¿Por qué?

-No puedo aportar nada bueno a tu vida...ni tú a la mía.

-¿De nuevo ese argumento absurdo?

Haruhi apretó los labios. No estaba resultando fácil. Kyouya no aceptaba sus motivos y ella estaba a punto de flaquear. No tenía otra opción. Tendría que jugar sucio...tendría que hacerle daño.

-Amé a Tamaki más de lo que he amado en la vida.

-Tamaki está muerto. No volverá.- susurró Kyouya, con peligrosa calma.

-Lo sé. De verdad lo sé. Lo he asumido ya. Pero sé también que nadie podrá tomar su lugar en mi corazón.

-Yo no pretendo ser un sustituto.

Haruhi sonrió con amargura.

-Y aunque lo hubieses pretendido alguna vez, jamás estarías ni cerca de ser como él. No podrías siquiera igualar a Tamaki ni aunque la vida se te fuera en ello.

Lo había dicho. Haruhi dejó salir aquellas palabras que le quemaban el alma. Y supo enseguida que había logrado su cometido. Kyouya sonrió con tristeza.

-Claro. Lo comprendo.

El heredero Ootori dio media vuelta para marcharse. Haruhi lo veía. Deseaba tanto poder correr para detenerlo. Deseaba tanto no haber tenido que decir esas palabras. Pero era lo mejor. Kyouya merecía todo aquello que ella ya no podía ofrecerle. Sin embargo, no dejaba de ser doloroso. Cuando la puerta se cerró, la joven lloró como no había llorado desde la pérdida de Tamaki.