Capítulo 8 - El guardián de su alma

-Presidente Ootori, ¿me permite pasar?- preguntó una mujer de mediana edad. La asistente de Kyouya.

-Adelante, Naoki.- le respondió sin siquiera dirigirle una mirada.

Ella se aproximó al escritorio de Kyouya y depositó frente a él una pequeña bandeja con una taza de té y un cuenco con arroz. El heredero Ootori la miró entonces, completamente impasible.

-No recuerdo haber pedido que trajeras esto.

-Lo sé, señor. Sólo...creí que podría tener hambre. Ha trabajado muy duro y ni siquiera ha salido a probar alimento.

-Puedes llevártelo. No me apetece.

-Pero señor...-

-¿Mi instrucción ha sido tan complicada que no es posible seguirla como se debe?

-No, señor. Pero si usted no se alimenta, su salud se puede ver afectada.

Naoki miraba a su jefe con un gesto casi maternal. No podía evitar que sus ojos reflejaran algo de angustia...y pena. Aquello fue lo que detonó la furia de Kyouya.

-No necesito de la compasión de ninguna persona. Y si de verdad pretendes conservar la pizca de simpatía que tengo hacia tí, no volverás a hacer algo como esto. ¿Ha quedado claro?

-No ha sido mi intención importunarlo. Ruego me disculpe.

-Está bien...sólo marchate a casa.

-Mi horario de salida es dentro de una hora, señor.

-Entonces ve a hacer lo que sea que te venga en gana. No me interesa.

La mujer lanzó un suspiro apesadumbrado y salió de la oficina. Justo afuera, a mitad del pasillo, Yoshio Ootori se acercaba a ella. Naoki saludó con una reverencia.

-No la he encontrado en la recepción, así que me tomé la libertad de pasar por mi cuenta.

-Señor, si me permite, el Presidente Ootori se encuentra...bastante irritable. Quizá podría considerar visitarlo más tarde.

-Descuide, conozco la manera de lidiar con él. No se moleste en anunciarme. Puede retirarse.

La mujer hizo de nuevo una reverencia y continuó por el pasillo. Yoshio dio tres golpecitos a la puerta.

-¿Y ahora qué?- se escuchó desde el interior.

El patriarca Ootori abrió sin esperar autorización. Cuando cerró la puerta tras él, Kyouya reparó en su llegada, sin embargo, no dijo una sola palabra. Continuó con la mirada fija en la pantalla de su computadora.

-Kyouya.- le llamó con suavidad su padre, buscando ganarse su atención.

-¿A que debo esta visita?- le respondió aún sin mirarlo.

-No había sabido de tí en semanas.

-Pues, como puedes darte cuenta, estoy bien.

Pero no. No era verdad. Kyouya no se encontraba bien. Lucía pálido, ojeroso y estaba de mal humor todo el tiempo. Apenas comía. Y él conocía muy bien la causa.

-Estoy enterado de lo que pasó. Debo decir que te advertí sobre ello.

-¿A eso has venido? Puedes ahorrarte el sermón y lárgarte.

-No soy tu enemigo, Kyouya.

-Me resulta extraño, has actuado toda la vida como si lo fueras.

-Ruego en verdad que algún día puedas comprenderme.

-Déjate de sentimentalismos absurdos, padre y dime de una vez qué es lo que quieres.

-Kyouya, me parece que ya has tenido suficiente de esto. Si atiendes a mi consejo, te aseguro que no volveras a llevarte ninguna decepción.

El joven Ootori sonrió con amargura. Por supuesto que ya no habría más decepciones...porque decidió que dejaría de esperar algo de los demás.

-Ya no tienes nada que perder, Kyouya.

Era cierto. Ya lo había perdido todo.

Justo en ese momento, la puerta de la oficina se abrió sin consideración alguna. Yuna Yamada se había detenido apenas habiendo dado un par de pasos al interior.

-Te he pedido que esperaras afuera.- le indicó Yoshio, tratando de conservar su paciencia.

-¡Tonterías! Si este hombre va a ser mi marido me veo en la necesidad de intervenir.

Ella se aproximó hasta quedar justo frente a Kyouya. Él solo pudo mirarla con frialdad.

-¿Y cuando vas a dejar tu papel de víctima? ¿Tienes idea de lo patético que te ves?

Kyouya se puso de pie para encararla.

-Haz el favor de largarte.

-¿Por qué? ¿No soportas que alguien te diga la verdad?

El heredero Ootori tuvo que apretar los puños. No se veía a sí mismo como un hombre violento. Mucho menos había llegado a ponerle la mano encima a una mujer. Sin embargo, en aquel momento lo estaba considerando.

-Deja que yo me encargue de esto, Yuna.- sugirió Yoshio. Ella lo ignoró por completo.

-¿Has decidido hundirte junto a tu imperio? ¿Es así? Te creí mejor que eso.

-Deja de hablar como si supieras algo sobre mí.

-Me veo reflejada en ti. Somos ambiciosos, ansiamos el poder, amamos el control. ¿Por qué no puedes darte cuenta de las grandes cosas que haríamos juntos?

La mirada de Kyouya se ablandó. Yuna había descrito al viejo Kyouya. Al Kyouya que no se había permitido amar abiertamente a alguien más. El Kyouya que no sabía lo que era ser amado sin ninguna condición. El Kyouya que estaba bastante herido. Ese era el Kyouya del que ella hablaba. El que comenzaba a ser otra vez.

-Ayúdame a alcanzar mi grandeza. Yo estaré también para impulsarte. Te daré la familia que tanto deseas. Sólo debes decir que sí.

Él lo sabía. Debía aprovechar aquella oportunidad. Después de todo, en su mente seguía rondando una verdad innegable: ya no tenía nada más que perder.

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Hacía apenas treinta minutos que el avión privado había despegado de la pista. Tamaki miraba con nostalgia por la ventanilla de la aeronave. Lanzó un profundo suspiro.

Kyouya se encontraba sentado a lado suyo, con la mirada fija en la pantalla de su computadora personal, tecleando con destreza. Un nuevo suspiro volvió a escucharse.

-¿Quisieras dejar de hacer eso?- sugirió el joven Ootori, sin apartar la vista de la pantalla.

-¿Hacer qué?

-Ese sonido molesto de niñita enamorada.

Tamaki soltó una agradable carcajada.

-Lo siento, mi amigo. Las echo mucho de menos. Diez días sin verlas va a ser una eternidad.

-No ha pasado ni una hora siquiera. Solo tú puedes ser tan sentimental por algo como eso.

El rubio sonrió con amabilidad.

-¿Sabes? Al amar a Haruhi y a Kotoko, es como si mi corazón se fraccionara y se quedara junto a ellas. Cada vez que debo alejarme de su lado, es como si esos fragmentos de mi corazón comenzaran a doler.

-Suena ridículo. Tu corazón aún se encuentra dentro de tí, bombeando sangre a todos los rincones de tu cuerpo.

Tamaki volvió a sonreír de buena gana.

-Algún día, querido amigo, también sentirás tu corazón partido en pedazos...y dolerá cuando debas estar lejos de aquellos aquienes ames.

Y había dolido a lo largo de siete semanas. Kyouya se había dado cuenta con solo escuchar esas conocidas voces infantiles al teléfono. Finalmente comprendía aquellas palabras de Tamaki.

Kotoko y Tsuneo acababan de aparecer por la puerta de la heladería en donde Kyouya los esperaba. Tachibana los escoltó hasta la mesa.

-Agradezco que los hayas traído hasta aquí. Yo me encargaré de llevarlos a casa más tarde.- indicó el heredero Ootori.

-Fue un placer, señor.- se despidió el mayor haciendo una reverencia.

Los niños ya habían tomado asiento frente a él cuando Tachibana desapareció de su vista. Los pequeños no mostraban su alegría habitual, en cambio, parecían bastante tristes y desanimados.

-Hola.- saludó él.

-Hola, papá.

-Hola, tío Kyouya.

Enseguida, el heredero Ootori ordenó que llevaran a la mesa los helados que sabía que eran los favoritos de Kotoko y Tsuneo. Ellos no dijeron una sola palabra mientras esperaban. Cuando por fin llegó su pedido, los niños ni siquiera probaron un bocado. Aquello no pasaba desapercibido para Kyouya.

-¿Cómo han estado?

-Supongo que bien.- respondió la niña, encogiéndose de hombros.

-No has ido a casa en mucho tiempo.- habló Tsuneo, por fin.

-Lo sé.

-¿Tú y mamá...pelearon?- cuestionó Kotoko.

-No. Jamás podría molestarme con ella.

-Mamá llora mucho. Cree que no nos damos cuenta. La he escuchado por las noches.- agregó el pequeño.

-¿Por qué ya no vas a casa? ¿Por qué mamá llora cuando se acuerda de tí? No entendemos nada, tío Kyouya.

-Niños, escuchen, veo la necesidad de hablarles con total honestidad. Yo...intenté ser alguien más cercano para su madre. Sin embargo, ella aun no esta lista para corresponder a lo que siento. Debo pedirles que no la juzguen por eso. Seguramente tiene buenos motivos.

-¿Tú quieres a mamá? ¿Quieres ser...nuestro papá de verdad?- preguntó Tsuneo, con un brillo de ilusión en sus ojitos azules.

-Nada me habría gustado más, pero debo respetar la voluntad de Haruhi.

-No creo...que eso sea lo que quiere en realidad. Quizá deberías hablar con ella de nuevo, tío Kyouya.

-Eso ya no será posible. Si quise que vinieran aquí, es porque tengo algo más de lo que me gustaría hablarles.

Los niños lo miraron, expectantes. Kyouya suspiró con pesadez antes de continuar.

-Voy a casarme pronto.

-¿Casarte?

-¿Será con mamá? ¿Vas a casarte con mamá?- inquirió Tsuneo.

-No. Lo lamento pero no será ella. Como les he dicho, su madre ha decidido no corresponderme. La fiesta de compromiso será la próxima semana. Me gustaría mucho que pudieran acompañarme...

Kotoko bajó su mirada; su hermano, en cambio, dirigió a Kyouya una mirada cargada de furia.

-¡No!- replicó el chiquillo.

-Los visitaré tanto como me sea posible.-continuó Kyouya.

-¡No!- repitió, gritando con más fuerza.

El heredero Ootori lo miró con condescendencia. Lo comprendía. Sabía que ese pequeño no tenía otra manera de expresar su frustración. Él trató de acariciar el cabello del niño. Tsuneo rechazó el gesto, propinándole un manotazo.

-¡Ya no quiero verte más! ¡Te odio! ¡Ojalá mi verdadero papá estuviera aquí y no tú!- dijo antes de levantarse de su asiento y precipitarse hacia la salida.

-¡Tsuneo, vuelve!- exigió Kotoko, saliendo detrás de su hermanito.

Kyouya permaneció en su asiento. Por fuera, parecía que nada le afectaba, pero su interior estaba destrozado. Les había fallado y no iban a perdonarlo jamás. Había terminado por decepcionar a aquellos niños que había jurado proteger.

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Aquel viernes por la tarde, Ryouji se encontraba de visita en casa de Haruhi. Él, Kotoko y Tsuneo estaban en el recibidor viendo un programa en la televisión.

-Si, de acuerdo, señor Tachibana. Se lo agradezco. Enseguida se los informaré.

Haruhi llegó a la estancia con teléfono en mano, tras haber finalizado la llamada.

-Niños, la fiesta de compromiso del tío Kyouya es esta noche. Enviará al señor Tachibana por ustedes si es que deciden asistir.

Tsuneo se aproximó a su hermana y colocó sus pequeñas manos junto a su oído para susurrarle. Kotoko suspiró con pesadez.

-Aún no quiere hablar contigo.- dijo la niña a su madre.

Ella miró al niño y sonrió con tristeza.

-¡Vamos, pequeño! ¿No te parece..?

Pero Tsuneo atravesó la estancia ignorándola por completo. Tomó rumbo hacia su habitación y luego, un fuerte portazo resonó por toda la casa.

La mirada de Haruhi se dirigió entonces hacia su hija mayor, quien veía el televisor con aire ausente.

-¿Que hay de tí? ¿Acompañarás al tío Kyouya?

-¿Irás tú?- le replicó Kotoko, sin dirigirle la mirada.

-No. No planeo asistir. Para Kyouya solo es importante que sean ustedes quienes estén ahí.

-Él...te quiere.

-Cariño, eso ya lo hablamos. Cuando seas mayor comprenderás muchas cosas.

Kotoko se levantó del sofá. Su cuerpo entero temblaba mientras miraba a su madre a los ojos.

-¿Qué...Qué es lo que según tú no soy capaz de comprender ahora? ¿Que rechazaste al hombre que quieres por miedos tontos? ¿Es eso?

Haruhi miró a su hija, totalmente desconcertada. Kotoko era una niña dulce y amable. Jamás le había hablado de esa forma. Jamás le había levantado la voz. Ryouji también permaneció estupefacto.

-¿Qué ha sucedido contigo, mamá? La madre que yo conozco...es una mujer muy valiente y decidida. Pudo levantarse cuando el destino la lastimó. Hizo fuerte a nuestra familia cuando estuvimos a punto de derrumbarnos. Enfrentaste muchas cosas... y no tienes idea de la gran admiración que sentía hacia tí. Pero a la mujer que tengo frente a mí...no la conozco. ¡Esa no es mi mamá!

Haruhi había comenzado a llorar. Nunca habría creído que el interior de Kotoko guardara aquellas palabras. La conmovían y le hacían sentir una gran culpa. La niña también derramaba algunas lágrimas.

-Papá se fue...pero en realidad nunca dejamos de ser una familia. Tú...tuviste un compañero que estaba a tu lado sin importar nada. Y aunque yo había perdido a un padre, encontré ese mismo afecto en el tío Kyouya. Y gracias a él, mi hermano no tuvo que extrañar nada. Eramos una familia de verdad.

¿En qué momento había sucedido? ¿Cuando había sido que la pequeña y tímida niña se había convertido en una madura y centrada jovencita?

-Lo arruinaste, mamá. Tuviste miedo...y lo arruinaste.

-Kotoko, hija...es que...no sé que más hacer.

-El piloto...tenía razón- dijo la niña, sonriendo con tristeza. -Los adultos nunca entienden nada.- concluyó antes de retirarse también a su habitación.

Ryouji se acercó entonces a su hija, colocó una mano sobre su espalda, brindándole consuelo.

-Sabes que no suelo entrometerme en tus decisiones pero creo que esta vez los niños tienen razón.

-No puedo retractarme ahora, papá. Kyouya decidió continuar adelante. Puede que ese matrimonio logre darle muchas cosas.

-Quizá sea así...pero no le dará amor. Eso no lo hará feliz.

-Con algo de suerte, es posible que lleguen a quererse. Él es un hombre excelente, merece todo lo mejor.

-¿Y tú no hubieses sido lo mejor? ¿Es que acaso te sientes tan poca cosa? También eres una mujer excelente. Eres una gran madre, una buena hija, fuiste una esposa amorosa y tus amigos te adoran.

-Pero le he hecho un daño terrible. No sé si yo...-

Haruhi sintió una repentina debilidad. Su rostro palideció. Ranka tuvo que ayudarle a llegar al sofá.

-¿Te sientes bien?- preguntó Ryouji, muy preocupado.

-Sí, solo...ha sido un mareo. No he tenido mucho apetito últimamente.

Él le dirigió a su hija una mirada de completa incredulidad. Ella rehuyó, desviando su rostro. Sabía que su padre no tardaría en darse cuenta. No cuando la había visto ya un par de veces en esas condiciones.

Ranka lanzó un profundo respiro.

-Iremos a la cocina de inmediato, comerás algo...y luego irás a esa fiesta para hablar con Kyouya.

-No puedo hacerle algo tan cruel, papá. Aún no estamos seguros...-

-Será más cruel si no le dices la verdad. Y aún más cruel si permites que otro de mis nietos se quede sin padre.

Haruhi continuó dudosa. Ranka no se daba por vencido.

-Si decides no hacerlo, lo haré yo. Y sabes que no será de la mejor manera.

-Yo...está bien. Lo haré.

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Ya había oscurecido. A la mansión Ootori comenzaban a llegar los primeros invitados. Kyouya se encontraba en uno de los balcones de la propiedad, junto a algunos visitantes anticipados.

-Permítanme procesar esto.- dijo Kyouya. El tono de su voz era impasible. -Están exigiéndome una explicación acerca de mis decisiones, ¿es eso?

-No estamos aquí para cuestionarte nada.- indicó Mitsukuni. -Sólo queremos saber qué fue lo que ocurrió.

-Tú y Haruhi parecían haberse entendido finalmente. De pronto nos enteramos que vas a casarte con otra mujer.- expresó Kaoru.

El heredero Ootori se encogió de hombros, con un semblante de completa indiferencia.

-Simplemente sigo un ciclo. La naturaleza humana dicta una necesidad de reproducción.

-¡Serás imbécil!- se exaltó Hikaru, abalanzándose contra él y sujetándolo por el cuello de la camisa. Kyouya no se inmutó. Mori fue el encargado de separarlos, conteniendo al mayor de los gemelos.

-Te creímos diferente, Kyouya. Llegamos a pensar que habías cambiado.- expresó Honey, con evidente decepción en su voz.

-En aquel momento, fue bueno pensar que alguien por fin la cuidaría tanto como Tamaki.- dijo Mori.

Y fueron justo esas palabras las que hicieron pedazos la careta impasible del heredero Ootori.

-¡Basta! ¡Ya basta! ¡Estoy harto de que terminen comparándome con él! ¡Yo no soy Tamaki!

Los antiguos miembros del club de anfitriones compartieron una fugaz mirada de entendimiento.

Kyouya se cubrió el rostro con una mano, desconcertado por haber perdido el control de aquella forma.

-No soy Tamaki. Jamás podré ser Tamaki...sin embargo, llegué a amarla...quizá tanto como él.- susurró con la voz rota.

-Ella te ama también, Kyouya. Y no es porque tenga a Tamaki como punto de comparación. Te ama porque siempre has estado junto a ella, porque la comprendías como ninguno de nosotros podía hacerlo, porque has sido un buen padre para sus hijos, porque ha visto en ti algo que los demás no hemos podido ver.- le dijo Mitsukuni, con una tierna mirada y en completa calma.

De pronto, una magnífica mujer con elegante porte les interrumpió.

-Kyouya, debemos ir a recibir a nuestros invitados.- dijo mientras les dirigía a los cuatro una mirada hostil.

Antes de que comenzara a avanzar, Hikaru sostuvo con firmeza uno de los hombros del heredero Ootori.

-No interferiremos en tu decisión...sólo...te pedimos que lo pienses y hagas lo que creas correcto.

Él solamente asintió. Entonces el mayor de los Hitachiin lo soltó para que pudiera continuar su camino.

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Cuando Haruhi puso un pie en la mansión Ootori, esta ya rebozaba de actividad. La joven recorría cada espacio, buscando a Kyouya entre la multitud. Un inmenso nerviosismo comenzaba a embargarla. Estaba a punto de darse por vencida y volver a casa. De pronto, todos los presentes comenzaron a batir palmas. Una suave luz se proyecto desde lo alto, iluminando a la pareja a la que estaban celebrando. Aquella delicada mujer se aferraba al heredero Ootori con una sonrísa orgullosa, como si exhibiera un trofeo. Él no mostraba ninguna emoción.

Haruhi miró a esa chica, sintiendo una ligera punzada en el pecho. Era joven, era hermosa, no tenía un pasado...jamás podría competir con alguien así. Sintiéndose desolada, optó por desistir y volver a casa. Comenzó a abrirse paso entre la gente hasta que sintió que alguien la sujetaba del brazo con fuerza. Al girar su mirada, encontró a Yoshio Ootori.

-¡Sigue caminando!- le ordenó con una furia contenida, sin soltarla.

Ambos continuaron hasta la salida. Justo en ese momento, Kyouya dirigió su mirada a aquel punto. Pudo ver a su padre llevando a Haruhi del brazo. Inmediatamente quiso comenzar a seguirlos. Yuna se lo impidió, aferrándose a su brazo.

-Haz el favor de quitarme las manos de encima.- susurró con peligrosa calma.

-Tu padre se está encargando. No armes un escándalo.- le respondió, de la misma forma.

-No es tu asunto, ni el de mi padre. Suéltame ahora.

-¿Para qué? Ella se encargó de rechazarte y ahora vas a convertirte en mi esposo. Te exijo que te quedes.

-No vas a darme ordenes, niña.

Finalmente, Kyouya se deshizo del agarre ante la impotencia de la joven Yamada, quien lo miró alejarse, teniendo que contener su rabia.

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-¡Me lastima! ¡Suélteme!- exigió Haruhi.

Yoshio soltó el agarre con brusquedad una vez que se alejaron a una distancia considerable de la puerta.

-¡No te creí tan idiota para presentarte aquí precisamente hoy! ¡De haber sido así habría ordenado que no te permitieran acercarte siquiera!

-Solo quiero hablar con Kyouya. Solo eso.

-¿Para qué? ¿Acaso no puedes estar satisfecha? Al fin va a casarse con una mujer adecuada.

-¡Claro! Debí haberlo intuído.- interrumpió la fría voz Kyouya. Haruhi y Yoshio giraron en su dirección. -No podías dejar de entrometerte, ¿no es así, padre?

-He hecho lo que debía.

-Y has hecho bastante. Ahora, voy a pedirte atentamente que te vayas.

-Kyouya...-

-¿Tengo que repetirlo? ¡Maldición!

Yoshio apretó la mandíbula, furioso e indignado. Luego volvió al interior de la mansión. Cuando estuvo seguro de que su padre ya no estaba presente, Kyouya se volvió hacia Haruhi con un semblante frío. Ella se sintió intimidada.

-De todas las personas en el mundo, sabes que es precisamente ese hombre al que llamo padre a quien le tengo la mayor de las desconfianzas...y decides tomar en cuenta sus palabras. ¡Te felicito!

-No tienes idea.

-Claro que la tengo. Y supo envolverte muy bien para lograr sus planes. ¿Quien diría que serías tú la que me enviaría directo a la horca?

-¡No te atrevas a culparme! ¡No eres un niño pequeño al que deben decirle qué hacer! Has sido tú quien decidió esto.

-Pero sabes muy bien el por qué. ¿Qué más podía hacer si no te tenía conmigo?

Haruhi enmudeció. No podía replicarle nada.

-Lo lamento. Lo siento en verdad. Jamás ha sido mi intención hacerte daño.

Kyouya se aproximó más a ella. Su mirada gélida continuaba sobrecogiéndola.

-Ahora vas a decirme la verdad.- le ordenó.

-No te merezco, Kyouya.- respondió ella, al borde de las lágrimas.

-¿Y qué te ha llevado a esa conclusión?

-Me basta con ver a la mujer que será tu esposa. Es muy bella, joven, elegante...y seguramente te dará una maravillosa familia.

-¿Hablas de belleza? ¿De verdad no logras darte cuenta?- finalmente, el heredero Ootori mostraba una sonrísa de autosuficiencia. -No existe para mí una mujer más hermosa que tú. Espero que te quede claro desde ahora. Y te puedo asegurar que cuentas con muchas otras cualidades que me parecen valiosas y motivan mi sentir hacia tí. En cuanto a la familia, tengo dos hijos, aunque no tuve la dicha de darles la vida, son mis hijos y nadie puede decir lo contrario.

Haruhi estaba visiblemente conmovida.

-Pero...quizá tu quieras un hijo...uno que lleve tu sangre.

Kyouya negó, un tanto frustrado.

-No recuerdo haberte hecho tal exigencia. Si al estar juntos pudieramos tener un hijo, sería una satisfacción completa para mí. Si no fuera así, no cambiará en nada mis sentimientos. Te reitero que tenemos dos hijos.

Y pronto serían tres.

Haruhi tuvo que contener sus palabras. Moría de ganas por decírselo, pero dada su delicada condición, las posibilidades de no llevar el embarazo a término eran bastante altas. No quería ilusionarlo en vano.

-¿Toda esta estupidez fue solo por eso?- cuestionó él, sujetándole el mentón para obligarla a mirarlo.

-Creí que era lo mejor. Perdóname.

-Entonces, ¿me quieres?

-No solo eso, Kyouya. Te amo.

-Bien. Si es así, no quiero escuchar más objeciones. Vas a ser mi esposa.

-Sí, quiero ser tu esposa.- le respondió Haruhi con un intenso brillo de amor en sus ojos.

Se besaron. Unieron sus labios, necesitados uno del otro. Con la ansiedad de haberse hecho falta en aquellos meses.

-Vámonos de aquí. Volvamos a casa.- le dijo Kyouya apenas se separaron.

Ella asintió con una sonrísa.

Tomados de la mano, se dirigieron hasta el auto donde Tachibana esperaba.

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-¡Señor! ¡Presidente Ootori, espere!- Naoki se levantó de su asiento para detener a Kyouya, quien continuaba avanzando en dirección a su despacho. -Lo esperan es su oficina. Su padre...-

-Descuida.- le respondió él, con calma. -No es ninguna sorpresa. Lo resolveré.

La mujer miró a su jefe continuar. No podía ocultar su preocupación.

Cuando Kyouya abrió la puerta de su oficina, una comitiva lo esperaba. Yoshio, Yuuichi, Akito y el resto de la Junta Directiva estaban presentes. El menor de los Ootori sonrió con calma.

-¿Y bien?- comenzó Kyouya, tomando asiento frente a su escritorio.

-Todo el mundo está al tanto de tus deshonrosos actos en contra de nuestro apellido. He convocado a esta reunión para exigir tu destitución.- indicó Yoshio.

-¿A razón de qué?

-Lo sabes de sobra.

-No he hecho más de lo que cualquier ser humano puede permitirse. Tomé mis propias decisiones.

-Has huído de un compromiso.

-Y me permito recomendarte que no entremos en detalles personales frente a estos caballeros. Has exigido mi destitución, de acuerdo. ¿Es unánime la moción?

Yoshio dio un paso al frente. Del resto de los presentes, solo tres levantaron la mano. Kyouya sonrió con suficiencia. Al ver aquella satisfacción, el patriarca Ootori dirigió su mirada hacia los demás, dándose cuenta de que había tres opositores.

-Al parecer hemos igualado la votación.- señaló el Presidente.

-¿Qué significa esto?

Uno de los miembros, Makoto Shido, esposo de Fuyumi, se encogió de hombros.

-No tengo objeción alguna en el desempeño de Kyouya y no estoy en disposición de juzgar sus acciones. Mi voto es en contra.

-¿Yuuichi? ¿Akito?- les confrontó Yoshio.

-Kyouya es un líder admirable, padre. Y es además un honor poder llamarlo hermano. No tengo más que respetar su entereza. Como parte de mi familia, cuenta con mi total apoyo.- dijo el primogénito Ootori.

-De igual forma, con el mío.- agregó Akito.

-He de solicitar entonces que emitan su voto nuevamente. Si están a favor de mi destitución, levanten la mano.

Esta vez, nadie votó a favor. Ni siquiera el patriarca Ootori, quien estaba más ocupado en contener su furia.

-De acuerdo, en vista de que esta decisión se determinó por unanimidad, pueden retirarse.

Uno a uno, los miembros de la Junta abandonaron el lugar, haciendo una reverencia antes de salir. Yoshio se quedó un momento más.

-Espero que estés disfrutando esto, muchacho.

-Te equivocas. Al contrario de tí, yo no disfruto de la humillación ajena.

-Pronto te darás cuenta de cuan equivocado estás. Te lo aseguro.

Kyouya se encogió en hombros.

-Es posible. Mientras tanto...mi esposa y mis hijos me han pedido que te envíe sus saludos. Que tengas un buen día, padre.

Sin siquiera despedirse, Yoshio Ootori salió de la oficina.

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Meses más tarde...

-Estoy en casa.- anunció Kyouya mientras se despojaba de su abrigo.

-Bienvenido, cariño.- le recibió Haruhi, dándole un corto beso sobre los labios y ayudándole a desanudar su corbata. Aquello era, sin duda, uno de los momentos predilectos para él. -¿Qué tal tu día?

-No ha estado mal, solo me hubiera gustado haber podido llegar a cenar.

-Puedo prepararte algo, si te apetece.

-No en realidad. Aunque con gusto aceptaría una taza de té.

-Lo prepararé entonces.

Un sonido inundó cada rincón de la casa: el llanto de un bebé. Kyouya y Haruhi compartieron una sonrísa tranquila.

-Creí que dormiría por lo menos una hora más.

-Descuida. Iré a saludar a los chicos mientras tanto.

Haruhi fue directo a la planta alta, hacia la habitación del bebé. Kyouya se tomó un momento para dejar el resto de sus pertenencias. Luego se dirigió también al nivel superior, deteniéndose frente al dormitorio de Tsuneo. Llamó con suavidad un par de veces. Al no obtener respuesta, abrió la puerta y entró.

El niño se encontraba ya sobre su cama, cubriéndose la cara con el edredón para que Kyouya no pudiera verlo. Él sonrió con simpatía y se sentó sobre uno de los costados del lecho.

-Sé que no estás dormido, Tsuneo.

Al escuchar su nombre, el pequeño mostró su rostro.

-Hola, papá.

-Hola. Haruhi me llamó por la tarde y me contó sobre la pelea.

-No ha sido una pelea. Empujé a ese chico y se lastimó el brazo al caer. Solo eso.

-¿Quieres contarme por qué lo has hecho?

Tsuneo pareció dudar un instante, luego suspiró y desvió la mirada, levemente sonrojado.

-Ese niño...le dijo cosas muy crueles a Matsuri. La hizo llorar...yo...no podía permitir eso.

La hija de Mori acababa de iniciar curso en la misma escuela que Tsuneo, como era de esperarse, en los horarios de descanso ella buscaba su compañia. Algo que en realidad a él no le desagradaba demasiado.

Kyouya sonrió ligeramente. Aun sin pretenderlo, Tsuneo era muy parecido a Tamaki, sin embargo, debía sentirse agradecido porque su hijo no tenía esa ridícula tendencia a ser exageradamente dramático.

Un hombre que hace feliz a una mujer lo es todo.

-De acuerdo, he de decir que me siento orgulloso de que te hayas expuesto de esa forma por alguien a quien aprecias, aunque no apruebo tal conducta. Confío en que en el futuro encontrarás otras maneras de resolver los conflictos sin necesidad de ejercer la violencia...Pero apuesto a que ese jovencito lo pensará dos veces de ahora en adelante antes de molestar a alguien indefenso.

-Sí...creo que sí.- convino el niño, curvando los labios tranquilamente.

-No le mencionaremos esta conversación a mamá. Solo le diremos que pasarás un par de días sin televisión ni videojuegos. ¿Queda claro?

-Sí, está bien.

-Ahora duerme.- le indicó Kyouya, acariciándole la cabeza y alborotando su cabello. -Buenas noches.

-Buenas noches, papá. Te quiero.

-Y yo te quiero a ti.- le respondió mientras apagaba la luz y luego cerraba la puerta.

Enseguida, Kyouya caminó hasta la habitación de Kotoko.

-Pasa.- le dijo la chica al escuchar los suaves golpeteos.

-Hola. ¿Estudiando hasta tarde?- preguntó él al notar un libro sobre la cama.

-Sólo un poco. No me gustaría que los exámenes me tomaran por sorpresa.

Kyouya sonrió satisfecho. Su hija había solicitado, por voluntad propia, la admisión a la secundaria en el instituto Ouran. Estaba de más decir que tanto él como Haruhi, y el mismo Yuzuru, se habían mostrado complacidos con dicha decisión.

-¿Qué tal tu día?

-¡Oh! Ha sido grandioso. Llegó una profesora nueva para impartir la clase de lenguas extranjeras. Es una antigua alumna de Ouran. Su nombre es Renge Hoshakuji. Cuando le he dicho mi nombre, sonrió y me habló sobre algunas cosas divertidas acerca de tí, de papá, de mamá y el club de anfitriones. No podía parar de reír.

-Creo que prefiero reservarme el derecho de conocer aquellas anécdotas tan divertidas.- dijo Kyouya, sonriendo con amabilidad. -Sólo te recomendaré que no creas con total fidelidad en sus historias. Al igual que Tamaki, es recurrente a la exageración.

-De acuerdo, padre. Lo tendré en cuenta.

Kyouya depositó un beso sobre la frente de Kotoko. Ella deslizó su mano sobre la mejilla de él, en una tierna caricia.

-Buenas noches, Kotoko.

-Buenas noches, padre.

Cuando el heredero Ootori abandonó el dormitorio de su hija, se dirigió sigilosamente a la siguiente habitación. Abrió la puerta con sumo cuidado. Haruhi se encontraba sentada sobre una mecedora, balanceandose muy lento mientras alimentaba a un pequeño bebé. Kyouya se posó justo a su lado, mirando con inmenso placer como ella amamantaba al hijo de ambos. Una relajante música provenía de un carrusel de juguete. Ella le sujetó una mano a su esposo. Él se arrodilló para estar más cerca de su mujer.

Haruhi recordaba con ternura la noche en la que le dio la noticia a Kyouya, la misma en la que se habían reconciliado. Cuando le anunció su embarazo, él se había limitado a sonreír con tranquilidad luego de un "Que bien". No hubo brincoteos a su alrededor, no hubo lágrimas como las hubo con Tamaki. Sin embargo, durante la madrugada, cuando Kyouya la hacía dormida, ella sintió como acariciaba su vientre y le susurraba palabras dulces al bebé. Haruhi tuvo que contener sus ganas de llorar

Fue un embarazo delicado los primeros trimestres. Kyouya fue el marido más comprensivo y protector del mundo. Después de la semana número veinticinco de gestación, el médico les informó con satisfacción que tanto madre como hijo se encontraban fuera de peligro. Y así, luego de una espera amorosa y paciente, Tadashi Ootori llegó al mundo. Un precioso bebé, idéntico a su padre.

Cuando Yoshio asistió a los cuneros a conocer al niño, Kyouya hubiera jurado haber visto una ligera sonrísa en sus labios. A partir de entonces, el patriarca Ootori había tenido a bien validar el matrimonio de su heredero. Incluso, la ocasión en la que Tsuneo le había llamado "abuelo", el hombre no había tratado de corregirlo.

-Tadashi se ha quedado dormido.- le dijo Haruhi.

Kyouya sostuvo a su hijo con delicadeza. Depositó un beso en sus mejillas regordetas y lo recostó sobre su cuna.

-Buenas noches.- le susurró.

Haruhi ya se encontraba en el resquicio de la puerta. Su marido le dio alcance y salieron juntos del dormitorio.

-¿Todavía te apetece el té?- inquirió ella.

-No...pero seguramente puedes ofrecerme algo mejor.- le respondió Kyouya, con una mirada cargada de intención.

-¡Cielos! ¡No puedo resistirme cuando te pones de ese humor! ¿Qué se supone que haga contigo, Kyouya Ootori?

-Amarme tanto como yo a tí.

Haruhi sonrió con ternura. Últimamente, a él le resultaba más sencillo expresar aquella palabra. Por supuesto que Kyouya la amaba, pero hacía por ella más que eso. Cuando se había sumergido en lo más profundo de la tristeza y la soledad, él le había protegido. Había cuidado de su alma.

Kyouya se acercó a su esposa y sostuvo su rostro entre sus manos antes de besarla con suavidad.

-Entonces...¿podré tenerte esta noche?

-Toda la vida, si lo quieres.

Así, entre caricias y apasionados besos, recorrieron el pasillo hasta llegar a su habitación.

FIN

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¿Qué tal? He aquí la conclusión de esta historia, que de verdad, disfruté bastante hacer. He quedado muy satisfecha con el resultado. Espero que les guste.

Debo agradecer de antemano a quienes, a partir de este punto, se tomen la molestia de leer, comentar y agregar este fic a sus favoritos. Y de verdad (DE VERDAD) me encantaría recibir sus impresiones acerca de esta historia, sin importar si han comentado o no antes. Aprecio cada review que recibo. Responderé a modo personal cada uno de ellos.

Gracias por tomarse su tiempo para leer esto. Gracias también a

mutemuia: amiga, me encantaron tus comentarios a lo largo de todo el desarrollo. Me causaba una enorme sonrísa leer cada uno de ellos. Ojalá te guste el descenlace. Gracias.

Sofitkm: te agradezco también tus constantes reviews. Me dio tanto gusto que te dieras el tiempo de leerme. Gracias por tu apoyo.

okita kagura: muchas gracias.

cristianrey1980: espero que hayas disfrutado el fic. Muchos saludos!

Cheshire 2313: gracias por tan lindos comentarios. Ha sido bueno saber que llegué a mover emociones a través de las letras.

sariahendrick: muchas gracias.

¡Nos leemos pronto!